Sagradas Escrituras Version Antigua

Part 80

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18 ¿Por ventura se ha de decir al rey: Perverso; y a los príncipes: Impíos?

19 [Cuánto menos a aquél] que no hace acepción de personas de príncipes, ni el rico es de él más respetado que el pobre; porque todos son obras de sus manos. 20 En un momento mueren, y a media noche se alborotarán los pueblos, y pasarán, y sin mano será quitado el poderoso.

21 Porque sus ojos están [puestos] sobre los caminos del hombre, y ve todos sus pasos.

22 No [hay] tinieblas, ni sombra de muerte donde se encubran los que obran maldad.

23 No carga pues él al hombre más de lo justo, para que vaya con Dios a juicio.

24 El quebrantará a los fuertes sin pesquisa, y hará estar [a] otros en su lugar.

25 Por tanto él hará notorias las obras de ellos, cuando trastornará en noche, y serán quebrantados.

26 Como a malos los herirá en lugar donde sean vistos;

27 por cuanto así se apartaron de él, y no consideraron todos sus caminos;

28 haciendo venir delante de sí el clamor del pobre, y oyendo el clamor de los necesitados.

29 Y si él diere reposo, ¿quién inquietará? Si escondiere el rostro, ¿quién lo mirará? [Esto] sobre una nación, y lo mismo sobre un hombre;

30 haciendo que reine el hombre hipócrita para escándalos del pueblo.

31 Porque de Dios es decir: Yo perdoné, no destruiré.

32 Enséñame tú lo que yo no veo; que si hice mal, no lo haré más.

33 ¿Por ventura acabará por ti su obra, que no quieras tú, o quieras, o yo? Di lo que sabes.

34 Los hombres de entendimiento dirán conmigo, y el hombre sabio me oirá:

35 Que Job no habla con sabiduría, y sus palabras no [son] con entendimiento.

36 Deseo yo que Job sea probado ampliamente, para que haya respuestas contra los hombres inicuos.

37 Porque a su pecado añadió impiedad; bate las manos entre nosotros, y contra Dios multiplica sus palabras.

CAPÍTULO 35

1 Y procediendo Eliú en su razonamiento, dijo:

2 ¿Piensas ser conforme a derecho [esto que] dijiste: Más justo soy yo que Dios?

3 Porque dijiste: ¿Qué ventaja sacaras tú de ello? ¿O qué provecho tendré de mi pecado?

4 Yo te responderé razones, y a tus compañeros contigo.

5 Mira a los cielos, y ve, y considera que los cielos son más altos que tú.

6 Si pecares, ¿qué habrás hecho contra él? Y si tus rebeliones se multiplicaren, ¿qué le harás tú?

7 Si fueres justo, ¿qué le darás a él? ¿O qué recibirá de tu mano?

8 Al hombre como tú [dañará] tu impiedad, y al hijo del hombre [aprovechará] tu justicia.

9 A causa de la multitud de las violencias clamarán, y darán voces por la fuerza de los muchos.

10 Y ninguno dirá: ¿Dónde está Dios mi hacedor, que da canciones en la noche?

11 Que nos enseña más que [a] las bestias de la tierra, y nos hace sabios más que las aves del cielo.

12 Allí clamarán, y él no oirá, por la soberbia de los malos.

13 Ciertamente Dios no oirá la vanidad, ni la mirará el Omnipotente.

14 Aunque más digas, no lo mirará; [haz] juicio delante de él, y espera en él.

15 Mas ahora, porque en su ira no visita, ni [se] conoce con rigor,

16 por eso Job abrió su boca vanamente, y multiplica palabras sin sabiduría.

CAPÍTULO 36

1 Y Añadió Eliú, y dijo:

2 Espérame un poco, y te enseñaré; porque todavía hablo por Dios.

3 Tomaré mi sabiduría de lejos, y daré la justicia a mi hacedor.

4 Porque de cierto no son mentira mis palabras; [antes se trata] contigo con perfecta sabiduría.

5 He aquí que Dios [es] grande, y no aborrece; fuerte [es] en virtud de corazón.

6 No dará vida al impío, antes a los humildes dará su derecho.

7 No quitará sus ojos del justo; antes bien con los reyes los pondrá en silla para siempre, y serán ensalzados.

8 Y si estuvieren presos en grillos, y cautivos en las cuerdas de la bajeza,

9 él les anunciará la obra de ellos, y que sus rebeliones prevalecieron.

10 Y despierta el oído de ellos para castigo, y [les] dice que se conviertan de la iniquidad.

11 Si oyeren, y [le] sirvieren, acabarán sus días en bien, y sus años en deleites.

12 Mas si no oyeren, serán pasados a cuchillo, y perecerán sin sabiduría.

13 Pero los hipócritas de corazón lo irritarán más, y no clamarán cuando él los atare.

14 Fallecerá el alma de ellos en su juventud, y su vida entre los fornicarios.

15 Al pobre librará de su pobreza, y en la aflicción despertará su oído.

16 Asimismo te apartaría de la boca de la angustia a lugar espacioso, libre de todo apuro; y te asentará mesa llena de grosura.

17 Mas tú has llenado el juicio del impío, [contra] la justicia y el juicio [que lo] sustentan [todo].

18 Por lo cual de temer es que no te quite con golpe, el cual no puedas apartar de ti con gran rescate.

19 ¿Por ventura estimará él tus riquezas, ni del oro, ni de todas las fuerzas de la potencia? 20 No anheles la noche, en la cual él corta los pueblos de su lugar.

21 Guárdate, no mires a la iniquidad; teniéndola por mejor que la pobreza.

22 He aquí que Dios es excelso con su potencia; ¿qué enseñador semejante a él?

23 ¿Quién le ha prescrito su camino? ¿Y quién le dirá: Iniquidad has hecho?

24 Acuérdate de engrandecer su obra, la cual contemplan los hombres.

25 La cual vieron todos los hombres; y el hombre la ve de lejos.

26 He aquí, Dios [es] grande, y nosotros no [le] conocemos; ni se puede rastrear el número de sus años.

27 Porque él detiene las goteras de las aguas, [cuando] la lluvia se derrama de su vapor;

28 cuando gotean de las nubes, gotean sobre los hombres en abundancia.

29 ¿Si entenderá también los extendimientos de las nubes, y los bramidos de su tienda?

30 He aquí que sobre él sobre extiende su luz, y cubrió las raíces del mar.

31 Con ellas castiga a los pueblos, y da comida a la multitud.

32 Con las nubes encubre la luz, y les manda [que vayan] contra ella.

33 [La una] da nuevas de la otra; [la una] adquiere ira contra la que viene.

CAPÍTULO 37

1 A esto también se espanta mi corazón, y salta de su lugar.

2 Oíd atentamente su voz terrible, y la palabra que sale de su boca.

3 Debajo de todos los cielos lo enderezará, y su luz [se extenderá] hasta los fines de la tierra.

4 Tras de él bramará el sonido, tronará su valiente voz, y aunque sea oída su voz, no los detiene.

5 Tronará Dios maravillosamente con su voz; él hace grandes cosas, y nosotros no lo entendemos.

6 Porque a la nieve dice: Sé en la tierra; lluvia tras lluvia, y lluvia tras lluvia en su fortaleza.

7 Con la vehemencia [de la lluvia] encierra a todo hombre; para que todos los hombres conozcan su voz.

8 La bestia se entrará en su escondrijo, y habitará en sus moradas.

9 Del mediodía viene el torbellino, y de los vientos del norte el frío.

10 Por el soplo de Dios se da el hielo, y las anchas aguas son constreñidas.

11 Además de esto con la claridad fatiga las nubes, y las esparce con su luz.

12 Y ellas se revuelven en derredor por sus designios, para hacer sobre la faz del mundo, en la tierra, lo que él les mandó.

13 Unas veces por azote, otras por causa de su tierra, otras por misericordia las hará aparecer.

14 Escucha esto, Job: Repósate, y considera las maravillas de Dios.

15 ¿Supiste tú por ventura, cuando Dios las ponía en concierto, y hacía levantar la luz de su nube?

16 ¿Has conocido tú por ventura las diferencias de las nubes, las maravillas del Perfecto en sabiduría?

17 ¿Y eran calientes tus vestidos cuando [él] daba el reposo a la tierra del mediodía?

18 ¿Extendiste tú por ventura con él los cielos firmes como un espejo firme?

19 Muéstranos, qué le hemos de decir; [para que] no hablemos disparates. 20 ¿Por ventura cuando yo hablare le será contado? ¿Cuando alguno se anegare le será dicho?

21 También alguna vez no se ve la luz clara en los cielos, y pasa un viento y los limpia.

22 De la parte del norte vendrá la serenidad por el Dios terrible de alabanza.

23 El [es] Todopoderoso, al cual no alcanzamos; grande en potencia, y en juicio, y en multitud de justicia no aflige.

24 Por tanto los hombres lo temerán; todos los sabios de corazón no lo verán.

CAPÍTULO 38

1 Y respondió el SEÑOR a Job desde la oscuridad, y dijo:

2 ¿Quién es ese que oscurece el consejo con palabras sin sabiduría?

3 Ahora ciñe como varón tus lomos; yo te preguntaré, y hazme saber tú.

4 ¿Dónde estabas cuando yo fundaba la tierra? Hazmelo saber, si tienes inteligencia.

5 ¿Quién ordenó sus medidas, si lo sabes? ¿O quién extendió sobre ella cordel?

6 ¿Sobre qué estan fundadas sus bases? ¿O quién puso su piedra angular,

7 cuando alababan todas las estrellas del alba, y se regocijaban todos los hijos de Dios?

8 ¿Quién encerró con puertas el mar, cuando se derramaba por fuera como saliendo de madre;

9 cuando puse yo nubes por vestidura suya, y por su faja oscuridad?

10 Y determiné sobre él mi decreto, y le puse puertas y cerrojo,

11 y dije: Hasta aquí vendrás, y no pasarás adelante, y allí parará la hinchazón de tus ondas.

12 ¿Has mandado tú a la mañana en tus días? ¿Has mostrado al alba su lugar,

13 para que ocupe los fines de la tierra, y que sean sacudidos de ella los impíos?

14 Trasmudándose como lodo de sello, y parándose como vestidura;

15 mas la luz de los impíos es quitada de ellos, y el brazo enaltecido es quebrantado.

16 ¿Por ventura has entrado hasta lo profundo del mar, y has andado escudriñando el abismo?

17 ¿Por ventura te han sido descubiertas las puertas de la muerte o has visto las puertas de la sombra de muerte?

18 ¿Has considerado tú hasta las anchuras de la tierra? Declara si sabes todo esto.

19 ¿Por dónde va el camino a la habitación de la luz, y dónde está el lugar de las tinieblas? 20 ¿Si la tomarás tú en sus términos, y si entendieras las sendas de su casa?

21 ¿Si sabías [tú] cuando habías de nacer, y si el número de tus días había de ser grande?

22 ¿Has entrado tú en los tesoros de la nieve, y has visto los tesoros del granizo,

23 lo cual tengo [yo] reservado para el tiempo de la angustia, para el día de la guerra y de la batalla?

24 ¿Cuál sea el camino por donde se reparte la luz; por donde se esparce el viento solano sobre la tierra?

25 ¿Quién repartió conducto al turbión, y camino a los relámpagos y truenos,

26 haciendo llover sobre la tierra deshabitada, [sobre] el desierto, donde no [hay] hombre,

27 para saciar la [tierra] desierta e inculta, y para hacer producir [de] verdura renuevos?

28 ¿Por ventura la lluvia tiene padre? ¿O quién engendró las gotas del rocío?

29 ¿Del vientre de quién salió el hielo? Y la helada del cielo, ¿quién la engendró?

30 Las aguas se endurecen a manera de piedra, y se congela la faz del abismo.

31 ¿Detendrás tú por ventura las delicias de las Pléyades, o desatarás las ligaduras del Orión?

32 ¿Sacarás tú a su tiempo los signos de los cielos, o guiarás el Arcturo con sus hijos?

33 ¿Supiste tú las ordenanzas de los cielos? ¿Dispondrás tú de su potestad en la tierra?

34 ¿Alzarás tú a las nubes tu voz, para que te cubra muchedumbre de aguas?

35 ¿Enviarás tú los relámpagos, para que ellos vayan? ¿Y te dirán ellos: Henos aquí?

36 ¿Quién puso la sabiduría en el corazón? ¿O quién dio al entendimiento la inteligencia?

37 ¿Quién puso por cuenta los cielos con sabiduría? Y los odres de los cielos, ¿quién los hace parar,

38 cuando el polvo se ha endurecido con dureza, y los terrones se pegan unos a otros?

39 ¿Cazarás tú la presa para el león? ¿Y saciarás el hambre de los leoncillos,

40 cuando están echados en las cuevas, o se están en sus guaridas para acechar?

41 ¿Quién preparó al cuervo su alimento, cuando sus polluelos claman a Dios, [y andan] errantes sin comida?

CAPÍTULO 39

1 ¿Sabes tú el tiempo en que paren las cabras monteses? ¿O miraste tú las ciervas cuando están pariendo?

2 ¿Contaste tú los meses de su preñez, y sabes el tiempo cuando han de parir?

3 [Como] se encorvan, quebrantan sus hijos, pasan sus dolores.

4 [Como después] sanan los hijos, crecen con el grano; salen y nunca más vuelven a ellas.

5 ¿Quién echó libre al asno montés, y quién soltó sus ataduras?

6 Al cual yo puse casa en la soledad, y sus moradas en la tierra salada.

7 Se ríe de la multitud de la ciudad; no oye las voces del que demanda los peajes.

8 Rebusca los montes para su pasto, y anda buscando todo lo que está verde.

9 ¿Por ventura querrá el unicornio servirte a ti, ni quedar a tu pesebre?

10 ¿Atarás tú al unicornio con su coyunda para el surco? ¿Labrará los valles en pos de ti?

11 ¿Por ventura confiarás [tú] en él, por ser grande su fortaleza, y le fiarás tu labor?

12 ¿Fiarás de él que te tornará tu simiente, y que la allegará en tu era?

13 ¿Diste tú hermosas alas al pavo real, o alas y plumas al avestruz?

14 El cual desampara en la tierra sus huevos, y sobre el polvo los calienta,

15 y se olvida de que los pisará [el] pie, y que los quebrará alguna bestia del campo.

16 Se endurece para con sus hijos, como si no [fuesen] suyos, no temiendo que su trabajo haya sido en vano;

17 porque Dios lo hizo olvidar de sabiduría, y no le dio inteligencia.

18 A su tiempo se levanta en alto, y se burla del caballo y del que se monta en él.

19 ¿Diste tú al caballo la fortaleza? ¿Vestiste tú su cerviz de relincho? 20 ¿Por ventura le espantarás [tú] como a alguna langosta? El resoplido de su nariz es formidable;

21 escarba la tierra, se alegra en su fuerza, sale al encuentro de las armas;

22 hace burla del espanto, y no teme, ni vuelve el rostro delante de la espada.

23 Contra él suena la aljaba, el hierro de la lanza y de la pica;

24 y él con ímpetu y furor escarba la tierra, sin importarle el sonido de la trompeta;

25 antes los toques de trompeta le infunden ánimo; y desde lejos huele la batalla, el estruendo de los príncipes, y el clamor.

26 ¿Por ventura vuela el gavilán por tu industria, y extiende hacia el mediodía sus alas?

27 ¿Por ventura enaltece el águila por tu mandamiento, y pone en alto su nido?

28 Ella habita y está en la piedra, en la cumbre del peñasco y de la roca.

29 Desde allí acecha la comida; sus ojos observan de muy lejos.

30 Sus polluelos chupan la sangre; y donde hubiere muertos, allí está.

CAPÍTULO 40

1 Además [de eso] respondió el SEÑOR a Job y dijo:

2 ¿Es por ventura sabiduría contender con el Omnipotente? El que disputa con Dios, responda a esto.

3 Y respondió Job al SEÑOR, y dijo:

4 He aquí que [yo] soy vil, ¿qué te responderé? Mi mano pongo sobre mi boca.

5 Una vez hablé, y no responderé; aun dos veces, mas no volveré a hablar.

6 Entonces respondió el SEÑOR a Job desde la oscuridad, y dijo:

7 Cíñete ahora como varón tus lomos; yo te preguntaré, y explícame.

8 ¿Por ventura invalidarás tú también mi juicio? ¿Me condenarás a mí, para justificarte a ti?

9 ¿Tienes [tú] brazo como Dios? ¿Y tronarás tú con voz como él?

10 Atavíate ahora de majestad y de alteza; y vístete de honra y de hermosura.

11 Esparce furores de tu ira; y mira a todo soberbio, y abátelo.

12 Mira a todo soberbio, y próstralo, y quebranta a los impíos en su asiento.

13 Encúbrelos a todos en el polvo, venda sus rostros en la oscuridad;

14 y yo también te confesaré que podrá salvarte tu diestra.

15 He aquí ahora behemot, al cual yo hice contigo; hierba come como buey.

16 He aquí ahora que su fuerza está en sus lomos, y su fortaleza en el ombligo de su vientre.

17 Su cola mueve como un cedro, y los nervios de sus genitales son entretejidos.

18 Sus huesos [son] fuertes [como] acero, y sus miembros como barras de hierro.

19 El [es] la cabeza de los caminos de Dios; el que lo hizo, acercará de él su cuchillo. 20 Ciertamente los montes llevan renuevo para él; y toda bestia del campo retoza allá.

21 Se echará debajo de las sombras, en lo oculto de las cañas, y de los lugares húmedos.

22 Los [árboles] sombríos lo cubren con su sombra; los sauces del arroyo lo cercan.

23 He aquí que él tomará el río sin inmutarse; y se confía que el Jordán pasará por su boca.

24 [Su hacedor] lo tomará por sus ojos en tropezaderos, y horadará su nariz.

CAPÍTULO 41

1 ¿Sacarás tú al leviatán con el anzuelo, o con la cuerda que le echares en su lengua?

2 ¿Pondrás tú garfio en sus narices, y horadarás con espinas su quijada?

3 ¿Por ventura multiplicará él ruegos para contigo? ¿Te hablará él lisonjas?

4 ¿Por ventura hará concierto contigo para que lo tomes por siervo perpetuo?

5 ¿Jugarás por ventura con él como con pájaro, y lo atarás para tus niñas?

6 ¿Por ventura harán banquete por causa de los compañeros? ¿Lo partirán entre los mercaderes?

7 ¿Cortarás tú con cuchillo su cuero, o con asta de pescadores su cabeza?

8 Pon tu mano sobre él; te acordarás de la batalla, y nunca más tornarás.

9 He aquí que tu esperanza [acerca de él] será burlada; porque aun a su sola vista se desmayarán.

10 Nadie [hay tan] osado que lo despierte; ¿quién pues podrá estar delante de mí?

11 ¿Quién me ha anticipado, para que yo restituya? Todo lo que [hay] debajo del cielo es mío.

12 Yo no callaré sus miembros, ni lo de [sus] fuerzas y la gracia de su disposición.

13 ¿Quién descubrirá la delantera de su vestidura? ¿Quién se llegará a él con freno doble?

14 ¿Quién abrirá las puertas de su rostro? Los órdenes de sus dientes espantan.

15 La gloria [de su vestido son] escudos fuertes, cerrados [entre sí] estrechamente.

16 El uno se junta con el otro, que viento no entra entre ellos.

17 Pegado está el uno con el otro, están trabados entre sí, que no se pueden apartar.

18 Con sus estornudos encienden lumbre, y sus ojos [son] como los párpados del alba.

19 De su boca salen hachas de fuego, centellas de fuego proceden. 20 De sus narices sale humo como de [una] olla o caldero que hierve.

21 Su aliento enciende los carbones, y de su boca sale llama.

22 En su cerviz mora la fortaleza, y delante de él es deshecho el trabajo.

23 Las partes de su carne están pegadas [entre sí]; está firme [su carne] en él, y no se mueve.

24 Su corazón es firme como una piedra, y fuerte como la muela de abajo.

25 De su grandeza tienen temor los fuertes, y de sus desmayos se purgan.

26 Cuando alguno lo alcanzare, ni espada, ni lanza, ni dardo, ni coselete durará [contra él].

27 El hierro estima por pajas, y el acero por leño podrido.

28 Saeta no le hace huir; las piedras de honda se le tornan aristas.

29 Tiene toda arma por hojarascas, y del blandir de la pica se burla.

30 Por debajo [tiene] agudas conchas; imprime [su] agudez en el suelo.

31 Hace hervir como una olla el mar profundo, y lo vuelve como una olla de ungüento.

32 En pos de sí hace resplandecer la senda, que parece que el mar es cano.

33 No hay sobre la tierra su semejante, hecho para nada temer.

34 Menosprecia toda cosa alta; es rey sobre todos los soberbios.

CAPÍTULO 42

1 Y respondió Job al SEÑOR, y dijo:

2 Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti.

3 ¿Quién es el que oscurece el consejo sin sabiduría? Por tanto yo denunciaba lo que no entendía; cosas que me eran ocultas, y que no las sabía.

4 Oye ahora, y hablaré; te preguntaré, y tú me harás saber.

5 De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven.

6 Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en el polvo y en la ceniza.

7 Y aconteció que después que habló el SEÑOR estas palabras a Job, el SEÑOR dijo a Elifaz temanita: Mi ira se encendió contra ti y tus dos compañeros, porque no habéis hablado por mí lo recto, como mi siervo Job.

8 Ahora pues, tomaos siete becerros y siete carneros, y andad a mi siervo Job, y ofreced holocausto por vosotros, y mi siervo Job orará por vosotros; porque solamente por su respeto no os trataré afrentosamente, por cuanto no habéis hablado por mí con rectitud, como mi siervo Job.

9 Fueron pues Elifaz temanita, y Bildad suhita, y Zofar naamatita, e hicieron como el SEÑOR les dijo; y el SEÑOR tuvo respeto a Job.

10 Y tornó el SEÑOR la aflicción de Job, orando él por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job.

11 Y vinieron a él todos sus hermanos, y todas sus hermanas, y todos los que antes le habían conocido, y comieron con él pan en su casa, y se condolieron de él, y le consolaron de todo aquel mal que el SEÑOR había traído sobre él. Y cada uno de ellos le dio una oveja, y una joya de oro.

12 Y el SEÑOR bendijo a la postrimería de Job más que a su principio; porque tuvo catorce mil ovejas, y seis mil camellos, y mil yuntas de bueyes, y mil asnas.

13 Y tuvo siete hijos y tres hijas.

14 Y llamó el nombre de la una, Jemima, y el nombre de la segunda, Cesia, y el nombre de la tercera, Keren-hapuc.

15 Y no se hallaron mujeres tan hermosas como las hijas de Job en toda la tierra; y les dio su padre herencia entre sus hermanos.

16 Y después de esto vivió Job ciento cuarenta años, y vio a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, hasta la cuarta generación.

17 Murió pues Job viejo, y lleno de días.

SALMOS

CAPÍTULO 1

1 Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni se sentó en silla de burladores;

2 antes en la ley del SEÑOR [es] su voluntad, y en su ley pensará de día y de noche.

3 Y será como el árbol plantado junto a arroyos de aguas, que da su fruto en su tiempo; y su hoja no cae, y todo lo que hace, prosperará.

4 No así los malos, sino como el tamo que arrebata el viento.

5 Por tanto no se levantarán los malos en el juicio; ni los pecadores en la congregación de los justos.

6 Porque el SEÑOR conoce el camino de los justos; y el camino de los malos se perderá.

CAPÍTULO 2

1 ¿Por qué se amotinan los gentiles, y los pueblos piensan vanidad?

2 Estarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán unidos contra el SEÑOR, y contra su ungido, [diciendo]:

3 Rompamos sus coyundas, y echemos de nosotros sus cuerdas.

4 El que mora en los cielos se reirá; El Señor se burlará de ellos.

5 Entonces hablará a ellos con su furor, y con su ira los conturbará.

6 Y yo envestí mi rey sobre Sion, el monte de mi santidad.

7 [Yo] recitaré el decreto. El SEÑOR me ha dicho: Mi hijo [eres] tú; yo te engendré hoy.

8 Pídeme, y te daré por heredad los gentiles, y por posesión tuya los términos de la tierra.

9 Los quebrantarás con vara de hierro; como vaso de alfarero los desmenuzarás.

10 Y ahora, reyes, entended; admitid castigo, jueces de la tierra.

11 Servid al SEÑOR con temor; y alegraos con temblor.

12 Besad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis [en el] camino, cuando se encendiere [de aquí] a poco su furor. Bienaventurados todos los que en él confían.

CAPÍTULO 3

1 Salmo de David, cuando huía de delante de Absalón su hijo. ¡[Oh] SEÑOR, cuánto se han multiplicado mis enemigos! Muchos se levantan contra mí.

2 Muchos dicen de mi alma: No hay para él salud en Dios. (Selah.)

3 Mas tú, el SEÑOR, [eres] escudo por mí; mi gloria, y el que ensalza mi cabeza.

4 Con mi voz clamé al SEÑOR, y [él] me respondió desde el monte de su santidad. (Selah.)

5 Yo me acosté, y dormí, y desperté; porque el SEÑOR me sustentaba.

6 No temeré de diez millares de gente, que pusieren cerco contra mí.

7 Levántate, SEÑOR; sálvame, Dios mío; porque [tú] heriste a todos mis enemigos [en la] quijada; los dientes de los malos quebraste.

8 Del SEÑOR [es] la salud: Sobre tu pueblo [será] tu bendición. (Selah.)

CAPÍTULO 4

1 Al Vencedor, en Neginot: Salmo de David. Respóndeme cuando llamo, oh Dios de mi justicia. Estando en angustia, tú me hiciste ensanchar; ten misericordia de mí, y oye mi oración.

2 Hijos de [los] hombres, ¿hasta cuándo [volveréis] mi honra en infamia, amaréis la vanidad, y buscaréis la mentira? (Selah.)

3 Sabed pues, que el SEÑOR hizo apartar al pío para sí; el SEÑOR oirá cuando yo a él clamare.

4 Temblad, y no pequéis. Meditad en vuestro corazón sobre vuestra cama, y desistid. (Selah.)

5 Ofreced sacrificios de justicia, y confiad en el SEÑOR.

6 Muchos dicen: ¿Quién nos mostrará el bien? Alza sobre nosotros, oh SEÑOR, la luz de tu rostro.

7 [Tú] diste alegría en mi corazón, al tiempo que el grano y el mosto de ellos se multiplicó.

8 En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, SEÑOR, me harás estar confiado.

CAPÍTULO 5

1 Al Vencedor: sobre Nehilot: Salmo de David. Escucha, oh SEÑOR, mis palabras. Considera la meditación mía.