Sagradas Escrituras Version Antigua

Part 79

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28 Determinarás asimismo una cosa, y te será firme; y sobre tus caminos resplandecerá luz.

29 Cuando [los otros] fueren abatidos, dirás tú: Ensalzamiento habrá; y Dios salvará al humilde de ojos.

30 Un inocente escapará [de] una isla ([o de un reino]); y en la limpieza de tus manos será guardado.

CAPÍTULO 23

1 Y respondió Job, y dijo:

2 Hoy también hablaré con amargura; que es más grave mi llaga que mi gemido.

3 ¡Quién me diera el saber dónde hallar [a Dios]! Yo iría hasta su silla.

4 Ordenaría juicio delante de él, y llenaría mi boca de argumentos.

5 Yo sabría lo que él me respondería, y entendería lo que me dijese.

6 ¿Por ventura pleitearía conmigo con grandeza de fuerza? No; antes él la pondría en mí.

7 Allí el recto disputaría con él; y escaparía para siempre del que me condena.

8 He aquí yo iré al oriente, y no lo hallaré; y al occidente, y no lo percibiré.

9 Si al norte él obrare, yo no lo veré; al mediodía se esconderá, y no lo veré.

10 Mas él conoció mi camino; me probó, y salí como oro.

11 Mis pies tomaron su rastro; guardé su camino, y no me aparté.

12 Del mandamiento de sus labios nunca me separé; guardé las palabras de su boca más que mi comida.

13 Pero si él [se determina] en una cosa, ¿quién lo apartará? Su alma deseó, e hizo.

14 Por tanto él acabará lo que me es necesario; y muchas cosas como éstas [hay] en él.

15 Por lo cual yo me espantaré delante de su rostro; consideraré, y lo temeré.

16 Dios ha enternecido mi corazón, y el Omnipotente me ha espantado.

17 ¿Por qué no fui yo cortado delante de las tinieblas, y cubrió con oscuridad mi rostro?

CAPÍTULO 24

1 Puesto que no son ocultos los tiempos al Todopoderoso, ¿por qué los que le conocen no ven sus días?

2 Toman los términos, roban los ganados, y pacen [los campos ajenos].

3 Se llevan el asno de los huérfanos; prenden el buey de la viuda.

4 Hacen apartar del camino a los pobres; y todos los pobres de la tierra se esconden [de ellos].

5 He aquí, como asnos monteses en el desierto, salen a su obra madrugando para robar; el desierto es su mantenimiento [y de sus] hijos.

6 En el campo siegan su pasto, y los impíos vendimian la viña [ajena].

7 Al desnudo hacen dormir sin ropa, y que en el frío no [tenga] cobertura.

8 De la inundación de los montes fueron humedecidos, y abrazan las peñas sin tener en qué cubrirse.

9 Quitan el pecho a los huérfanos, y de sobre el pobre toman la prenda.

10 Al desnudo hacen andar sin vestido, y a los hambrientos quitan las gavillas.

11 De dentro de sus paredes exprimen el aceite, pisan los lagares, y mueren de sed.

12 De la ciudad claman los hombres, y las almas muertas dan voces, pero Dios no puso estorbo.

13 Ellos son entre los rebeldes a la luz, nunca conocieron sus caminos, ni estuvieron en sus veredas.

14 A la luz se levanta el matador, mata al pobre y al necesitado, y de noche es como ladrón.

15 El ojo del adúltero está aguardando la noche, diciendo: No me verá nadie; y esconde su rostro.

16 En las tinieblas minan las casas, que de día para sí señalaron; no conocen la luz.

17 Porque la mañana es a todos ellos como sombra de muerte; si son conocidos, terrores de sombra de muerte [los toman].

18 Son livianos sobre las aguas; su porción es maldita en la tierra; nunca vienen por el camino de las viñas.

19 La sequía y el calor arrebatan las aguas de la nieve; y el sepulcro a los pecadores. 20 El Misericordioso se olvidará de ellos; [de ellos] sentirán los gusanos dulzura; nunca más habrá de ellos memoria, y como un árbol será quebrantada la iniquidad.

21 A la mujer estéril que no concebía, afligió; y a la viuda nunca hizo bien.

22 Mas a los violentos adelantó con su poder; se levantó, y no fió a nadie en la vida.

23 [Si algunos] le dieron a crédito, y se afirmó [en ellos]; sus ojos [tuvo puestos] sobre los caminos de ellos.

24 Fueron ensalzados por un poco, y desaparecieron, y son abatidos como cada cual; serán encerrados, y cortados como cabezas de espigas.

25 Y si no [es así], ¿quién me desmentirá ahora, o reducirá a nada mis palabras?

CAPÍTULO 25

1 Y respondió Bildad suhita, y dijo:

2 El señorío y el temor están con [Dios]; El hace paz en sus alturas.

3 ¿Por ventura sus ejércitos tienen número? ¿Y sobre quién no está su luz?

4 ¿Cómo pues se justificará el hombre con Dios? ¿Y cómo será limpio el que nace de mujer?

5 He aquí que ni aun la misma luna será resplandeciente, ni las estrellas son limpias delante de sus ojos.

6 ¿Cuánto menos el hombre [que es un] gusano, y el hijo de hombre, [también] gusano?

CAPÍTULO 26

1 Y respondió Job, y dijo:

2 ¿En qué ayudaste al que no tiene fuerza? ¿Has salvado con [tu] brazo al que no tiene fortaleza?

3 ¿En qué aconsejaste al que no tiene ciencia, y mostraste bien [tu] sabiduría?

4 ¿A quién has anunciado palabras, y de quién es el espíritu que de ti sale?

5 [Cosas] muertas son formadas debajo de las aguas, y de sus cavernas.

6 El sepulcro es descubierto delante de él, y el infierno no tiene cobertura.

7 Extiende el aquilón sobre vacío, cuelga la tierra sobre nada.

8 Ata las aguas en sus nubes, y las nubes no se rompen debajo de ellas.

9 El aprieta la faz de su trono, y extiende sobre él su nube.

10 El cercó con término la superficie de las aguas, hasta que se acabe la luz y las tinieblas.

11 Las columnas del cielo tiemblan, y se espantan de su reprensión.

12 El rompe el mar con su potencia, y con su entendimiento hiere [la] hinchazón [suya].

13 Su espíritu adornó los cielos; su mano creó la serpiente huidora.

14 He aquí, éstas son partes de sus caminos; ¡y cuán poco [es] lo que hemos oído de él! Porque el estruendo de sus fortalezas, ¿quién lo entenderá?

CAPÍTULO 27

1 Y volvió Job a tomar su propósito, y dijo:

2 Vive el Dios que me quitó mi derecho, y el Omnipotente, que amargó mi alma,

3 que todo el tiempo que mi alma estuviere en mí, y [hubiere] hálito de Dios en mis narices,

4 mis labios no hablarán iniquidad, ni mi lengua pronunciará engaño.

5 Nunca tal me acontezca que yo os justifique; hasta morir no quitaré de mí mi integridad.

6 Mi justicia tengo asida, y no la cederé; no me reprochará mi corazón en todos mis días.

7 Sea como el impío mi enemigo, y como el inicuo mi adversario.

8 Porque ¿cuál es la esperanza del hipócrita, [por mucho] que hubiere robado, cuando Dios arrebatare su alma?

9 ¿Por ventura oirá Dios su clamor cuando la tribulación viniere sobre él?

10 ¿Por ventura se deleitará en el Omnipotente? ¿Invocará a Dios en todo tiempo?

11 Yo os enseñaré [lo que hay] en la mano de Dios; no esconderé lo que [hay] acerca del Omnipotente.

12 He aquí que todos vosotros lo habéis visto, ¿por qué pues os desvanecéis con vanidad?

13 Esta [es] para con Dios la suerte del hombre impío, y la herencia que los violentos han de recibir del Omnipotente.

14 Si sus hijos fueren multiplicados, [serán] para el cuchillo; y sus pequeños no se saciarán de pan.

15 Los que de ellos quedaren, en muerte serán sepultados; y no llorarán sus viudas.

16 Si amontonare plata como polvo, y si preparare ropa como lodo;

17 la habrá preparado él, mas el justo se vestirá, y el inocente repartirá la plata.

18 Edificó su casa como la polilla, y como cabaña que el guarda hizo.

19 El rico dormirá, mas no será recogido; abrirá sus ojos, y no verá a nadie. 20 Asirán de él terrores como aguas; torbellino lo arrebatará de noche.

21 Lo tomará el solano, y partirá; y tempestad lo arrebatará del lugar suyo.

22 [Dios, pues,] descargará sobre él, y no perdonará. Hará él por huir de su mano.

23 Batirán sus manos sobre él, y desde su lugar le silbarán.

CAPÍTULO 28

1 Ciertamente la plata tiene su oculto [nacimiento], y el oro lugar [de donde] lo sacan.

2 El hierro es tomado del polvo, y de la piedra es fundido el metal.

3 A las tinieblas puso término; y a toda obra perfecta que él hizo, [puso] piedra de oscuridad y de sombra de muerte.

4 Sale el río junto al morador, y las aguas sin pie, más altas que el hombre, se fueron.

5 Tierra de la cual nace el pan, y debajo de ella estará como convertida en fuego.

6 Lugar que sus piedras [serán] zafiro, y tendrá polvos de oro.

7 Senda que nunca la conoció ave, ni ojo de buitre la vio;

8 nunca la pisaron animales fieros, ni león pasó por ella.

9 En el pedernal puso su mano, y trastornó los montes de raíz.

10 De los peñascos cortó ríos, y sus ojos vieron todo lo preciado.

11 Detuvo los ríos en su nacimiento, e hizo salir a luz lo escondido.

12 Mas ¿dónde se hallará la sabiduría? ¿Y dónde está el lugar de la prudencia?

13 El hombre nunca supo su valor, ni se halla en la tierra de los vivientes.

14 El abismo dice: No [está] en mí; y el mar dijo: Ni conmigo.

15 No se dará por oro, ni su precio será a peso de plata.

16 No puede ser apreciada con oro de Ofir, ni con ónice precioso, ni con zafiro.

17 El oro no se le igualará, ni el diamante; ni se cambiará por vaso de oro fino.

18 De coral ni de perlas no se hará mención; la sabiduría es mejor que [las] piedras preciosas.

19 No se igualará con ella esmeralda de Etiopía; no se podrá apreciar con oro fino. 20 ¿De dónde pues vendrá la sabiduría? ¿Y dónde esta el lugar de la inteligencia?

21 Porque encubierta está a los ojos de todo viviente, y a toda ave del cielo es oculta.

22 El infierno y la muerte dijeron: Su fama hemos oído con nuestros oídos.

23 Dios entiende el camino de ella, y él [solo] conoce su lugar.

24 Porque él mira hasta los fines de la tierra, y ve debajo de todo el cielo.

25 Haciendo peso al viento, y poniendo las aguas por medida;

26 cuando él hizo ley a la lluvia, y camino al relámpago de los truenos.

27 Entonces la vio él, y la tasó; la preparó y también la inquirió.

28 Y dijo al hombre: He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal la inteligencia.

CAPÍTULO 29

1 Y volvió Job a tomar su propósito, y dijo:

2 ¡Quién me volviese como en los meses pasados, como en los días cuando Dios me guardaba,

3 cuando hacía resplandecer su candela sobre mi cabeza, a la luz de la cual yo caminaba en la oscuridad;

4 como fue en los días de mi juventud, cuando Dios era familiar en mi tienda;

5 cuando aún el Omnipotente [estaba] conmigo, y mis hijos alrededor de mí;

6 cuando lavaba yo mis caminos con manteca, y la piedra me derramaba ríos de aceite!

7 Cuando salía a la puerta a juicio, y en la plaza hacía aparejar mi silla,

8 Los jóvenes me veían, y se escondían; y los viejos se levantaban, y estaban en pie.

9 Los príncipes detenían sus palabras; ponían la mano sobre su boca;

10 la voz de los principales se ocultaba, y su lengua se pegaba a su paladar;

11 cuando los oídos que me oían, me llamaban bienaventurado, y los ojos que me veían, me daban testimonio.

12 Porque libraba al pobre que gritaba, y al huérfano que carecía de ayudador.

13 La bendición del que se iba a perder venía sobre mí; y al corazón de la viuda daba alegría.

14 Me vestía de justicia, y ella me cubría como un manto; y mi diadema era juicio.

15 Yo era ojos al ciego, y pies al cojo.

16 A los menesterosos era padre; y de la causa que no entendía, me informaba con diligencia.

17 Y quebraba los colmillos del inicuo, y de sus dientes hacía soltar la presa.

18 Y decía [yo]: En mi nido moriré, y como arena multiplicaré días.

19 Mi raíz está abierta junto a las aguas, y en mis ramas permanecerá rocío. 20 Mi honra se renueva conmigo, y mi arco se renueva en mi mano.

21 Me oían, y esperaban; y callaban a mi consejo.

22 Tras mi palabra no replicaban, mas mi razón destilaba sobre ellos.

23 Me esperaban como a la lluvia, y abrían su boca [como a la lluvia] tardía.

24 [Si] me reía a ellos, no lo creían; y no abatían la luz de mi rostro.

25 Aprobaba el camino de ellos, y me sentaba en cabecera; y moraba como rey en el ejército, como el que consuela llorosos.

CAPÍTULO 30

1 Mas ahora los más mozos de días que yo, se ríen de mí; cuyos padres yo desdeñara ponerlos con los perros de mi ganado.

2 Porque ¿para qué yo habría menester la fuerza de sus manos, en los cuales pereció el tiempo?

3 Por causa de la pobreza y del hambre [andaban] solos; huían a la soledad, al lugar tenebroso, asolado y desierto.

4 Que cogían malvas entre los arbustos, y raíces de enebro para calentarse.

5 Eran echados de entre [los hombres], y [todos] les daban gritos como al ladrón.

6 Habitaban en las barrancas de los arroyos, en las cavernas de la tierra, y en las piedras.

7 Bramaban entre las matas, y se congregaban debajo de las espinas.

8 Hijos de viles, y hombres sin nombre, más bajos que la misma tierra.

9 Y ahora yo soy su canción, y soy hecho a ellos refrán.

10 Me abominan, se alejan de mí, y aun de mi rostro no detuvieron [su] saliva.

11 Porque [Dios] desató mi cuerda, y me afligió, [por eso] se desenfrenaron delante de mi rostro.

12 A la mano derecha se levantaron los jóvenes; empujaron mis pies, y pisaron sobre mí las sendas de su contrición.

13 Mi senda derribaron, se aprovecharon de mi quebrantamiento, contra los cuales no hubo ayudador.

14 Vinieron como por portillo ancho, se revolvieron por [mi] calamidad.

15 Se han revuelto turbaciones sobre mí; combatieron como viento mi voluntad, y mi salud como nube que pasa.

16 Y ahora mi alma está derramada en mí; días de aflicción se apoderan de mí.

17 De noche taladra sobre mí mis huesos, y mis pulsos no reposan.

18 Con la grandeza de la fuerza [del dolor] mi vestidura es mudada; me ciñe como el cuello de mi ropa.

19 Me derribó en el lodo, y soy semejante al polvo, y a la ceniza. 20 Clamo a ti, y no me oyes; me presento, y no me atiendes.

21 Te has vuelto cruel para mí; con la fortaleza de tu mano me eres adversario.

22 Me levantaste, y me hiciste cabalgar sobre el viento, y derretiste en mí el ser.

23 Porque yo conozco que me conduces a la muerte; y a la casa determinada a todo viviente.

24 Mas él no extenderá la mano contra el sepulcro; ¿clamarán por ventura [los sepultados] cuando él los quebrantare?

25 ¿Por ventura no lloré yo al afligido? Y mi alma ¿no se entristeció sobre el menesteroso?

26 Cuando esperaba el bien, entonces me vino el mal; y [cuando] esperaba la luz, vino la oscuridad.

27 Mis entrañas hierven, y no reposan; días de aflicción me han sobrecogido.

28 Denegrido anduve, y no por el sol; me he levantado en la congregación, y clamé.

29 He venido a ser hermano de los dragones, y compañero de los búhos.

30 Mi piel está denegrida sobre mí, y mis huesos se secaron con ardentía.

31 Y se ha tornado mi arpa en luto, y mi órgano en voz de lamentadores.

CAPÍTULO 31

1 Hice pacto con mis ojos; ¿cómo, pues, había yo de mirar a una virgen?

2 Porque ¿qué galardón [me daría] de arriba Dios, y qué heredad el Omnipotente de las alturas?

3 ¿Por ventura no hay quebrantamiento para el impío, y extrañamiento para los que obran iniquidad?

4 ¿Por ventura no ve él mis caminos, y cuenta todos mis pasos?

5 Si anduve con mentira, y si mi pie se apresuró a engaño,

6 péseme Dios en balanzas de justicia, y conocerá mi perfección.

7 Si mis pasos se apartaron del camino, y si mi corazón se fue tras mis ojos, y si algo se apegó a mis manos,

8 siembre yo, y otro coma, y mis verduras sean arrancadas.

9 Si fue mi corazón engañado acerca de mujer, y si estuve acechando a la puerta de mi prójimo,

10 muela para otro mi mujer, y sobre ella otros se encorven.

11 Porque es maldad e iniquidad, comprobada.

12 Porque es fuego que devoraría hasta el sepulcro, y desarraigaría toda mi hacienda.

13 Si hubiera tenido en poco el derecho de mi siervo y de mi sierva, cuando ellos pleitearan conmigo,

14 ¿qué haría [yo] cuando Dios se levantase? Y cuando él visitara, ¿qué le respondería yo?

15 ¿Por ventura el que en el vientre me hizo a mí, no lo hizo a él? ¿Y no nos dispuso un mismo [autor] en la matriz?

16 Si estorbé el contento de los pobres, e hice desfallecer los ojos de la viuda;

17 y si comí mi bocado solo, y no comió de él el huérfano;

18 (porque desde mi juventud creció conmigo [el huérfano] como con padre, y desde el vientre de mi madre fui guía de la viuda);

19 si he visto que pereciera alguno sin vestido, y al menesteroso sin cobertura; 20 si no me bendijeron sus lomos, y del vellón de mis ovejas se calentaron;

21 si alcé contra el huérfano mi mano, aunque viese que me ayudarían en la puerta;

22 mi espalda se caiga de mi hombro, y mi brazo sea quebrado de mi canilla.

23 Porque temí el castigo de Dios, contra cuya alteza yo no tendría poder.

24 Si puse en [el] oro mi esperanza, y dije al oro: Mi confianza eres tú;

25 si me alegré de que mi hacienda se multiplicase, y de que mi mano hallase mucho;

26 si he mirado al sol cuando resplandecía, y a la luna cuando iba hermosa,

27 y mi corazón se engañó en secreto, y mi boca besó mi mano,

28 esto también fuera maldad comprobada; porque habría negado al Dios soberano.

29 Si me alegré en el quebrantamiento del que me aborrecía, y me regocijé cuando le halló el mal;

30 que ni aun entregué al pecado mi paladar, pidiendo maldición para su alma;

31 cuando mis domésticos decían: ¡Quién nos diese de su carne! Nunca nos hartaríamos.

32 El extranjero no tenía fuera la noche; mis puertas abría al caminante.

33 Si encubrí, como los hombres mis prevaricaciones, escondiendo en mi seno mi iniquidad;

34 si temí a la gran multitud, y el menosprecio de las familias me atemorizó, y callé, y no salí de mi puerta,

35 ¡quién me diera quien me oyese! He aquí mi señal es que el Omnipotente testificará por mí, aunque mi adversario me hiciera el proceso.

36 Ciertamente yo lo llevaría sobre mi hombro, y me lo ataría en lugar de coronas.

37 Yo le contaría el número de mis pasos, y como príncipe me llegaría a él.

38 Si mi tierra clamara contra mí, y llorarán todos sus surcos;

39 si comí su sustancia sin dinero, o afligí el alma de sus dueños;

40 en lugar de trigo me nazcan espinos, y abrojos en lugar de cebada. Se acaban las palabras de Job.

CAPÍTULO 32

1 Y cesaron estos tres varones de responder a Job, por cuanto él era justo en sus ojos.

2 Entonces Eliú hijo de Baraquel, buzita, de la familia de Ram, se enojó con furor contra Job; se enojó con furor, por cuanto [se] justificaba a sí mismo más que a Dios.

3 Se enojó asimismo con furor contra sus tres amigos, por cuanto no hallaban qué responder, habiendo condenado a Job.

4 Y Eliú había esperado a Job en la disputa, porque [todos] eran más viejos de días que él.

5 Pero viendo Eliú que no había respuesta en la boca de aquellos tres varones, su furor se encendió.

6 Y respondió Eliú hijo de Baraquel, buzita, y dijo: Yo [soy] menor de días y vosotros viejos; por tanto he tenido miedo, y he temido de declararos mi opinión.

7 Yo decía: Los días hablarán, y la muchedumbre de años declarará sabiduría.

8 Ciertamente espíritu hay en el hombre, e inspiración del Omnipotente los hace que entiendan.

9 No los grandes son los sabios, ni los viejos entienden el derecho.

10 Por tanto yo dije: Escuchadme; declararé yo también mi sabiduría.

11 He aquí yo he esperado a vuestras razones, he escuchado vuestros argumentos, entre tanto que buscábais palabras.

12 Y aun os he considerado, y he aquí que no hay de vosotros quién redarguya a Job, y responda a sus razones.

13 Para que no digáis: Nosotros hemos hallado [sabiduría]; que conviene que Dios lo derribe, y no [el] hombre.

14 Ahora bien, Job no dirigió a mí sus palabras, ni yo le responderé con vuestras razones.

15 Se espantaron, no respondieron más; se les fueron las hablas.

16 Y yo esperé, porque no hablaban, antes pararon, y no respondieron más.

17 Por eso yo también responderé mi parte, también yo declararé mi opinión.

18 Porque lleno estoy de palabras, y el espíritu de mi corazón me constriñe.

19 De cierto mi corazón [está] como el vino que no tiene respiradero, y se rompe como odres nuevos. 20 Hablaré pues y respiraré; abriré mis labios, y responderé.

21 No haré ahora acepción de personas, ni usaré con hombre de títulos lisonjeros.

22 Porque no sé hablar lisonjas; [de otra manera] en breve mi Hacedor me consuma.

CAPÍTULO 33

1 Por tanto, Job, oye ahora mis razones, y escucha todas mis palabras.

2 He aquí yo abriré ahora mi boca, y mi lengua hablará en mi garganta.

3 Mis razones [declararán] la rectitud de mi corazón, y mis labios proferirán pura sabiduría.

4 El espíritu de Dios me hizo, y la inspiración del Omnipotente me dio vida.

5 Si pudieres, respóndeme; dispón tus palabras, estás delante de mí.

6 Heme aquí a mí en lugar de Dios, conforme a tu dicho: De lodo soy yo también formado.

7 He aquí que mi terror no te espantará, ni mi mano se agravará sobre ti.

8 De cierto tú dijiste a oídos míos, y yo oí la voz de tus palabras [que decían]:

9 Yo soy limpio y sin rebelión; y soy inocente, y no [hay] maldad en mí.

10 He aquí que [Dios] buscó achaques contra mí, y me tiene por su enemigo;

11 puso mis pies en el cepo, y guardó todas mis sendas.

12 He aquí en esto no has hablado justamente; [yo] te responderé que mayor es Dios que el hombre.

13 ¿Por qué tomaste pleito contra él? Porque él no dirá todas sus palabras.

14 Sin embargo, en una o en dos [maneras] habla Dios al que no ve.

15 Por sueño de visión nocturna, cuando el sueño cae sobre los hombres, cuando se adormecen sobre el lecho;

16 entonces revela al oído de los hombres, y les señala su castigo;

17 para quitar al hombre de la [mala] obra, y apartar del varón la soberbia.

18 [Así] detendrá su alma de corrupción, y su vida de ser pasada a cuchillo.

19 También sobre su cama es castigado con dolor fuerte en todos sus huesos, 20 que le hace que su vida aborrezca el pan, y su alma la comida suave.

21 Su carne desfallece sin verse, y sus huesos, que antes no se veían, aparecen.

22 Y su alma se acercará al sepulcro, y su vida a los enterradores.

23 Si tuviera cerca de él [algún] elocuente anunciador muy escogido, que anuncie al hombre su justicia;

24 que le diga que [Dios] tuvo de él misericordia, que lo libró de descender al sepulcro, que halló redención;

25 se enternecerá su carne más que de niño, y volverá a los días de su juventud.

26 Orará a Dios, y le amará, y verá su faz con júbilo; y él dará al hombre el pago de su justicia.

27 El mira sobre los hombres; y el que dijere: Pequé, y pervertí lo recto, y no me ha aprovechado;

28 Dios redimirá su alma, que no pase al sepulcro, y su vida se verá en luz.

29 He aquí, todas estas cosas hace Dios dos y tres veces con el hombre;

30 para apartar su alma del sepulcro, y para ilustrarlo con la luz de los vivientes.

31 Escucha, Job, y óyeme; calla, y yo hablaré.

32 Y si tuvieres palabras, respóndeme; habla, porque yo te quiero justificar.

33 Y si no, óyeme tú a mí; calla, y te enseñaré sabiduría.

CAPÍTULO 34

1 Además respondió Eliú, y dijo:

2 Oíd, sabios, mis palabras; y [vosotros], doctos, estadme atentos.

3 Porque el oído prueba las palabras, como el paladar gusta para comer.

4 Escojamos para nosotros el juicio, conozcamos entre nosotros cuál [sea] lo bueno;

5 porque Job ha dicho: Yo [soy] justo, y Dios me ha quitado mi derecho.

6 En mi juicio fue mentiroso, mi saeta es gravosa sin [haber yo] prevaricado.

7 ¿Qué hombre [hay] como Job, que bebe el escarnio como agua?

8 Y va en compañía con los que obran iniquidad, y anda con los hombres maliciosos.

9 Porque dijo: De nada servirá al hombre el conformar su voluntad con Dios.

10 Por tanto, varones de entendimiento, oídme: Lejos esté de Dios la impiedad, y del Omnipotente la iniquidad.

11 Porque él pagará al hombre [según] su obra, y él le hará hallar conforme a su camino.

12 Sí, por cierto, Dios no hará injusticia, y el Omnipotente no pervertirá el derecho.

13 ¿Quién visitó por él la tierra? ¿Y quién puso en orden todo el mundo?

14 Si él pusiese sobre el [hombre] su corazón, y recogiese así su espíritu y su aliento,

15 toda carne perecería juntamente, y el hombre se tornaría en polvo.

16 Si pues [hay en ti] entendimiento, oye esto: Escucha la voz de mis palabras.

17 ¿Por ventura se enseñoreará el que aborrece el juicio? ¿Y condenarás tú al poderoso [siendo] justo?