# Sagradas Escrituras Version Antigua

## Part 77

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4 E iban sus hijos y hacían banquetes en sus casas, cada uno en su día; y enviaban a llamar [a] sus tres hermanas, para que comiesen y bebiesen con ellos.

5 Y acontecía que, habiendo pasado en turno los días del convite, Job enviaba y los santificaba, y se levantaba de mañana y ofrecía holocaustos [conforme] al número de todos ellos. Porque decía Job: Por ventura habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado a Dios en sus corazones. De esta manera hacía Job todos los días.

6 Y un día vinieron los hijos de Dios a presentarse delante del SEÑOR, entre los cuales vino también Satanás.

7 Y dijo el SEÑOR a Satanás: ¿De dónde vienes? Y respondiendo Satanás al SEÑOR, dijo: De rodear la tierra, y de andar por ella.

8 Y el SEÑOR dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios, y apartado de mal?

9 Y respondiendo Satanás al SEÑOR, dijo: ¿Teme Job a Dios de balde?

10 ¿No le has tú cercado a él, y a su casa, y a todo lo que tiene en derredor? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto su hacienda ha crecido sobre la tierra.

11 Mas extiende ahora tu mano, y toca todo lo que tiene, [y verás] si no te blasfema en tu rostro.

12 Y dijo el SEÑOR a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu mano; solamente no pongas tu mano sobre él. Y salió Satanás de delante del SEÑOR.

13 Y un día aconteció que sus hijos e hijas comían y bebían vino en casa de su hermano el primogénito,

14 y vino un mensajero a Job, que le dijo: Estaban arando los bueyes, y las asnas paciendo cerca de ellos,

15 [y] acometieron los sabeos, y los tomaron, e hirieron a los criados a filo de espada; solamente escapé yo para traerte las nuevas.

16 Aun estaba éste hablando, y vino otro que dijo: Fuego de Dios cayó del cielo, que quemó las ovejas y los criados, y los consumió; solamente escapé yo para traerte las nuevas.

17 Todavía estaba éste hablando, y vino otro que dijo: Los caldeos hicieron tres escuadrones, y dieron sobre los camellos, y los tomaron, e hirieron a los criados a filo de espada; y solamente escapé yo para traerte las nuevas.

18 Entre tanto que éste hablaba, vino otro que dijo: Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa de su hermano el primogénito;

19 y he aquí [un] gran viento que vino del lado del desierto, e hirió las cuatro esquinas de la casa, y cayó sobre los jóvenes, y murieron; y solamente escapé yo para traerte las nuevas. 20 Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y trasquiló su cabeza, y cayendo en tierra adoró;

21 y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo tornaré allá. El SEÑOR dio, y el SEÑOR quitó; sea el nombre del SEÑOR bendito.

22 En todo esto no pecó Job, ni atribuyó locura a Dios.

CAPÍTULO 2

1 Y otro día aconteció que vinieron los hijos de Dios para presentarse delante del SEÑOR, y vino también entre ellos Satanás compareciendo delante del SEÑOR.

2 Y dijo el SEÑOR a Satanás: ¿De dónde vienes? Respondió Satanás al SEÑOR, y dijo: De rodear la tierra, y de andar por ella.

3 Y el SEÑOR dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado de mal, y que aún retiene su perfección, habiéndome tú incitado contra él, para que lo arruinara sin causa?

4 Y respondiendo Satanás dijo al SEÑOR: Piel por piel, todo lo que el hombre tiene dará por su alma.

5 Mas extiende ahora tu mano, y tócalo a él mismo, y a su carne, [y verás] si no te blasfema en tu rostro.

6 Y el SEÑOR dijo a Satanás: He aquí, él [está] en tu mano; mas guarda su vida.

7 Y salió Satanás de delante del SEÑOR, e hirió a Job de una maligna sarna desde la planta de su pie hasta la coronilla de su cabeza.

8 Y tomaba una teja para rascarse con ella, y estaba sentado en medio de ceniza.

9 Entonces le dijo su mujer: ¿Aún retienes tu simplicidad? Blasfema a Dios, y muérete.

10 Y él le dijo: Como suele hablar cualquiera de las locas, has hablado. Está bien: recibimos el bien de Dios, ¿y el mal no [lo] recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios.

11 Y tres amigos de Job, Elifaz temanita, y Bildad suhita, y Zofar naamatita, [luego] que oyeron todo este mal que le había sobrevenido, vinieron cada uno de su lugar; porque habían concertado de venir juntos a condolerse de él, y a consolarle.

12 Los cuales alzando los ojos desde lejos, no lo conocieron, y lloraron a voz en grito; y cada uno de ellos rasgó su manto, y esparcieron polvo sobre sus cabezas hacia el cielo.

13 [Así] se sentaron con él en tierra por siete días y siete noches, y ninguno le hablaba palabra, porque veían que el dolor era muy grande.

CAPÍTULO 3

1 Después de esto abrió Job su boca, y maldijo su día.

2 Y exclamó Job, y dijo:

3 Perezca el día en que yo fui nacido, y la noche [que] dijo: Varón es concebido.

4 Aquel día fuera tinieblas, y Dios no curara de él desde arriba, ni claridad resplandeciera sobre él.

5 Aféenlo tinieblas y sombra de muerte; reposara sobre él nublado, que lo hiciera horrible como día caluroso.

6 Aquella noche ocupara oscuridad, ni fuera contada entre los días del año, ni viniera en el número de los meses.

7 ¡Oh, si fuere aquella noche solitaria, que no viniera en ella canción!

8 Maldijéranla los que maldicen al día, los que se aparejan para levantar su llanto.

9 Las estrellas de su alba fueran oscurecidas; esperaran la luz, y no [viniera], ni viera los párpados de la mañana;

10 por cuanto no cerró las puertas del vientre donde yo estaba, ni escondió de mis ojos la miseria.

11 ¿Por qué no morí yo desde la matriz, o fui traspasado saliendo del vientre?

12 ¿Por qué me previnieron las rodillas? ¿Y para qué los senos que mamase?

13 Pues que ahora yaciera yo, y reposara; durmiera, y entonces tuviera reposo,

14 con los reyes y con los consejeros de la tierra, que edifican para sí los desiertos;

15 o con los príncipes que poseen el oro, que llenan sus casas de plata.

16 O ¿[por qué] no fui escondido como abortivo, como los pequeñitos que nunca vieron luz?

17 Allí los impíos dejaron el miedo, y allí descansaron los de cansadas fuerzas.

18 Allí también reposaron los cautivos; no oyeron la voz del exactor.

19 Allí está el chico y el grande; allí es el siervo libre de su señor. 20 ¿Por qué dio luz al trabajado, y vida a los amargos de ánimo?

21 Que esperan la muerte, y no la hay; y la buscan más que tesoros.

22 Que se alegran sobremanera, y se gozan cuando hallan el sepulcro.

23 Al hombre que no sabe por donde vaya, y que Dios lo encerró.

24 Porque antes que mi pan, viene mi suspiro; y mis gemidos corren como aguas.

25 Porque el temor que me espantaba me ha venido, y me ha acontecido lo que temía.

26 Nunca tuve paz, nunca me aseguré, ni nunca me reposé; y me vino turbación.

CAPÍTULO 4

1 Y respondió Elifaz [el] temanita, y dijo:

2 Si probáremos a hablarte, te será molesto; pero ¿quién podrá detener las palabras?

3 He aquí, tú enseñabas a muchos, y las manos flacas corroborabas.

4 Al que vacilaba, enderezaban tus palabras, y las rodillas de los que arrodillaban esforzabas.

5 Mas ahora que a ti te ha venido, te es molesto; y cuando ha llegado hasta ti, te turbas.

6 ¿Es éste tu temor, tu confianza, tu esperanza, y la perfección de tus caminos?

7 Acuérdate ahora, ¿quién haya sido inocente que se perdiese? Y ¿adónde los rectos han sido cortados?

8 Como yo he visto que los que aran iniquidad y siembran injuria, la siegan.

9 Perecen por el aliento de Dios, y por el espíritu de su furor son consumidos.

10 El bramido del león, y la voz del león, y los dientes de los leoncillos son arrancados.

11 El león viejo perece por falta de presa, y los hijos del león son esparcidos.

12 El negocio también me era a mí oculto; mas mi oído ha percibido algo de ello.

13 En imaginaciones de visiones nocturnas, cuando el sueño cae sobre los hombres,

14 me sobrevino un espanto y un temblor, que estremeció todos mis huesos.

15 Y un espíritu [que] pasó por delante de mí, hizo que se erizara el vello de mi carne.

16 Se paró un fantasma delante de mis ojos, cuyo rostro yo no conocí, y quedo, oí que decía:

17 ¿Por ventura será el hombre más justo que Dios? ¿Será el varón más limpio que el que lo hizo?

18 He aquí que en sus siervos no confía, y en sus ángeles halló locura.

19 ¡Cuánto más en los que habitan en casas de lodo, cuyo fundamento [está] en el polvo, [y que] serán quebrantados de la polilla! 20 De la mañana a la tarde son quebrantados, y se pierden para siempre, sin haber quien lo considere.

21 ¿Su hermosura, no se pierde con ellos mismos? Mueren, y no lo saben.

CAPÍTULO 5

1 Ahora pues da voces, si habrá quien te responda; y ¿si habrá alguno de los santos a quien mires?

2 Es cierto que al loco la ira lo mata, y al codicioso consume la envidia.

3 Yo he visto al loco que echaba raíces, y en la misma hora maldije su habitación.

4 Sus hijos estarán lejos de la salud, y en la puerta serán quebrantados, y no [habrá] quien los libre.

5 Su mies comerán los hambrientos, y la sacarán de entre las espinas, y [los] sedientos beberán su hacienda.

6 Porque la iniquidad no sale del polvo, ni el castigo reverdece de la tierra.

7 Antes como las chispas se levantan para volar [por el aire], así el hombre nace para la aflicción.

8 Ciertamente yo buscaría a Dios, y depositaría en él mis negocios;

9 el cual hace grandes cosas, que no hay quien las comprenda; y maravillas que no tienen cuento.

10 Que da la lluvia sobre la faz de la tierra, y envía las aguas sobre las faces de las plazas.

11 Que pone [a] los humildes en altura, y los enlutados son levantados a salud.

12 Que frustra los pensamientos de los astutos, para que sus manos no hagan nada.

13 Que prende a los sabios en su astucia, y el consejo de sus adversarios es entontecido.

14 De día se topan con tinieblas, y en mitad del día andan a tientas como de noche.

15 Y libra de la espada al pobre, de la boca de los impíos, y de la mano violenta.

16 Que es esperanza al menesteroso, y la iniquidad cerró su boca.

17 He aquí, que bienaventurado es el hombre a quien Dios castiga; por tanto no menosprecies la corrección del Todopoderoso.

18 Porque él es el que hace la plaga, y [él la] ligará; el hiere, y sus manos curan.

19 En seis tribulaciones te librará, y en la séptima no te tocará el mal. 20 En el hambre te redimirá de la muerte, y en la guerra de las manos del cuchillo.

21 Del azote de la lengua serás encubierto; ni temerás de la destrucción cuando viniere.

22 De la destrucción y del hambre te reirás, y no temerás de las bestias del campo;

23 pues aun con las piedras del campo tendrás tu concierto, y las bestias del campo te serán pacíficas.

24 Y sabrás que [hay] paz en tu tienda; y visitarás tu morada, y no pecarás.

25 Y entenderás que tu simiente [es] mucha, y tus renuevos como la hierba de la tierra.

26 Y vendrás en la vejez a la sepultura, como el montón [de trigo] que se coge a su tiempo.

27 He aquí lo que hemos inquirido, lo cual es así: Oyelo, y juzga tú para contigo.

CAPÍTULO 6

1 Y respondió Job y dijo:

2 ¡Oh, si pesasen al justo mi queja y mi tormento, y se alzasen igualmente en balanza!

3 Porque [mi tormento] pesaría más que la arena del mar; y por tanto mis palabras son cortadas.

4 Porque las saetas del Todopoderoso [están] en mí, cuyo veneno bebe mi espíritu; y terrores de Dios me combaten.

5 ¿Acaso gime el asno montés junto a la hierba? ¿Muge el buey junto a su pasto?

6 ¿Por ventura se comerá lo desabrido sin sal? ¿O habrá gusto en la clara del huevo?

7 Las cosas que mi alma no quería tocar [antes], [ahora] por los dolores [son] mi comida.

8 ¡Quién me diese que viniese mi petición, y que Dios me diese lo que espero;

9 y que quisiera Dios quebrantarme; y que soltase su mano, y me despedazase!

10 Y [en esto] crecería aún consolación, si me asase con dolor sin haber misericordia; no que haya contradicho las palabras santas.

11 ¿Cuál [es] mi fortaleza para esperar aún? ¿Y cuál mi fin para dilatar mi vida?

12 ¿Es mi fortaleza la de las piedras? O mi carne, ¿es de acero?

13 ¿No me ayudo cuanto puedo, y [con todo eso] el poder me falta del todo?

14 El atribulado es consolado de su compañero; pero se ha abandonado el temor del Omnipotente.

15 Mis hermanos [me] han mentido como arroyo; se pasaron como las riberas impetuosas,

16 que están escondidas por la helada, y encubiertas con nieve.

17 Que al tiempo del calor son deshechas, y en calentándose, desaparecen de su lugar;

18 apártanse de las sendas de su camino, suben en vano y se pierden.

19 [Las] miraron los caminantes de Temán, los caminantes de Saba esperaron en ellas; 20 [pero] fueron avergonzados por su esperanza; porque vinieron hasta ellas, y se hallaron confusos.

21 Ahora ciertamente vosotros sois [como] ellas; que habéis visto el tormento, y teméis.

22 ¿Os he dicho [yo]: Traedme, y pagad por mí de vuestra hacienda;

23 y libradme de la mano del angustiador, y redimidme del poder de los violentos?

24 Enseñadme, y yo callaré; y hacedme entender en qué he errado.

25 ¡Cuán fuertes son las palabras de rectitud! Mas ¿qué reprende el argumento de vosotros?

26 ¿No estáis pensando las palabras para reprender, y [echáis] al viento palabras perdidas?

27 También [os] arrojáis sobre el huérfano, y hacéis hoyo delante de vuestro amigo.

28 Ahora pues, si queréis, mirad en mí, y [ved] si mentiré delante de vosotros.

29 Tornad ahora, y no haya iniquidad; volved aún [a mirar] por mi justicia en esto.

30 Si hay iniquidad en mi lengua; o si mi paladar no discierne los tormentos.

CAPÍTULO 7

1 Ciertamente tiempo [determinado tiene] el hombre sobre la tierra, y sus días [son] como los días del jornalero.

2 Como el siervo anhela la sombra, y como el jornalero espera [el reposo de] su trabajo,

3 así poseo yo los meses de vanidad, y las noches de trabajo me dieron por cuenta.

4 Cuando estoy acostado, digo: ¿Cuándo me levantaré? Y mido la noche, y estoy harto de devaneos hasta el alba.

5 Mi carne está vestida de gusanos, y de terrones de polvo; mi piel hendida y abominable.

6 Mis días fueron más ligeros que la lanzadera del tejedor, y fenecieron sin esperanza.

7 Acuérdate que mi vida [es un] viento, y que mis ojos no volverán para ver el bien.

8 Los ojos de los que [ahora] me ven, no me verán más; tus ojos [serán] sobre mí, y dejaré de ser.

9 La nube se acaba, y se va; así el que desciende al sepulcro, que nunca más subirá;

10 no tornará más a su casa, ni su lugar le conocerá más.

11 Por tanto yo no reprimiré mi boca; hablaré con la angustia de mi espíritu, y me quejaré con la amargura de mi alma.

12 ¿Soy yo un mar, o dragón, que me pongas guarda?

13 Cuando digo: Mi cama me consolará, mi cama atenuará mis quejas;

14 entonces me quebrantarás con sueños, y me turbarás con visiones.

15 Y mi alma tuvo por mejor el ahogamiento, y [quiso] la muerte más que a mis huesos.

16 Abominé [la vida]; no [quiero] vivir para siempre; déjame, pues, que mis días [son] vanidad.

17 ¿Qué [es] el hombre, para que lo engrandezcas, y que pongas sobre él tu corazón,

18 y lo visites todas las mañanas, y todos los momentos lo pruebes?

19 ¿Hasta cuándo no me dejarás, ni me soltarás hasta que trague mi saliva? 20 [Si] he pecado, ¿qué te haré, oh Guarda de los hombres? ¿Por qué me has puesto contrario a ti, y que a mí mismo sea pesado?

21 ¿Y por qué no quitas mi rebelión, y perdonas mi iniquidad? Porque ahora dormiré en el polvo, y si me buscares de mañana, ya no seré hallado.

CAPÍTULO 8

1 Y respondió Bildad suhita, y dijo:

2 ¿Hasta cuándo hablarás tales cosas, y las palabras de tu boca [serán como un] viento fuerte?

3 ¿Por ventura pervertirá Dios el derecho, o el Todopoderoso pervertirá la justicia?

4 Porque tus hijos pecaron contra él, él los echó en el lugar de su pecado.

5 Si tú de mañana buscares a Dios, y rogares al Todopoderoso;

6 si fueres limpio y derecho, cierto luego se despertará sobre ti, y hará próspera la morada de tu justicia.

7 [De tal manera] que tu principio habrá sido pequeño, [en comparación] del grande crecimiento de tu postrimería.

8 Porque pregunta ahora a la edad pasada, y disponte para inquirir de sus padres de ellos;

9 porque nosotros somos desde ayer, y no sabemos, siendo nuestros días sobre la tierra como sombra.

10 ¿Por ventura ellos no te enseñarán, te dirán, y de su corazón sacarán [estas] palabras?

11 ¿Crece el junco sin lodo? ¿Crece el prado sin agua?

12 Aun él en su verdor sin haber sido cortado, y antes de toda hierba se seca.

13 Tales [son] los caminos de todos los que olvidan a Dios; y la esperanza del impío perecerá.

14 Porque su esperanza será cortada, y su confianza es casa de araña.

15 El se apoyará sobre su casa, pero no permanecerá en pie; se asirá a ella, más no se afirmará.

16 [A manera de un árbol], está verde delante del sol, y sus renuevos salen sobre su huerto;

17 se van entretejiendo sus raíces junto a [una] fuente, y enlazándose hasta un lugar pedregoso.

18 Si le arrancaren de su lugar, éste le negará entonces, diciendo: Nunca te vi.

19 Ciertamente este será el gozo de su camino; y de la tierra de donde se [traspusiere], retoñecerán otros. 20 He aquí, Dios no aborrece al perfecto, ni toma la mano de los malignos.

21 Aun llenará tu boca de risa, y tus labios de júbilo.

22 Los que te aborrecen, serán vestidos de confusión; y la habitación de los impíos perecerá.

CAPÍTULO 9

1 Y respondió Job, y dijo:

2 Ciertamente yo conozco que es así; ¿y cómo se justificará el hombre con Dios?

3 Si quisiere contender con él, no le podrá responder a una [cosa] de mil.

4 El es sabio de corazón, y fuerte en fuerza, ¿quién se endureció contra él, y quedó en paz?

5 Que arranca los montes con su furor, y no conocen quién los trastornó;

6 que remueve la tierra de su lugar, y hace temblar sus columnas;

7 que manda al sol, y no sale; y sella las estrellas.

8 El solo extiende los cielos, y anda sobre las alturas del mar.

9 El que hizo la Osa, y el Orión, y las Pléyades, y los lugares secretos del mediodía;

10 el que hace cosas grandes e incomprensibles, y maravillosas, sin número.

11 He aquí que él pasará delante de mí, y yo no lo veré; y pasará, y no lo entenderé.

12 He aquí, arrebatará; ¿quién le hará restituir? ¿Quién le dirá: Qué haces?

13 Dios no tornará atrás su ira, y debajo de él se encorvan los que ayudan a la soberbia.

14 ¿Cuánto menos le responderé yo, y eligiré mis palabras con él?

15 Que aunque yo sea justo, no responderé; [antes] habré de rogar a mi juez.

16 Que si yo le invocase, y él me respondiese, aún no creeré que haya escuchado mi voz.

17 Porque me ha quebrado con tempestad, y ha aumentado mis heridas sin causa.

18 [Que aún] no me ha concedido que tome mi aliento; mas me ha llenado de amarguras.

19 Si [habláramos] de [su] potencia, fuerte por cierto es; si de [su] juicio, ¿quién me emplazará? 20 Si yo me justificare, me condenará mi boca; [si me predicare] perfecto, él me hará inicuo.

21 [Si yo me predicare] imperfecto, no conozco mi alma; condenaré mi vida.

22 Una cosa resta [es a saber] que yo diga: Al perfecto y al impío él los consume.

23 Si [es] azote, mate de presto, y no se ría de la prueba de los inocentes.

24 La tierra es entregada en manos de los impíos, y él cubre el rostro de sus jueces. Si no [es él el que lo hace], ¿quién es? ¿Dónde está?

25 Mis días han sido más ligeros que un correo; huyeron, y nunca vieron bien.

26 Pasaron con los navíos de Ebeh; o como el águila que se arroja a la presa.

27 Si digo: Quiero olvidar mi queja, dejaré mi aburrimiento, y me esforzaré.

28 Temo todos mis trabajos; sé que no me perdonarás.

29 [Si] yo soy impío, ¿para qué trabajaré en vano?

30 Aunque me lave con aguas de nieve, y aunque limpie mis manos con la [misma] limpieza,

31 aún me hundirás en el hoyo; y mis propios vestidos me abominarán.

32 Porque no [es] hombre como yo, para que yo le responda, y vengamos juntamente a juicio.

33 No hay entre nosotros árbitro que ponga su mano sobre nosotros ambos.

34 Quite de sobre mí su verdugo, y su terror no me perturbe.

35 Y hablaré, y no le temeré; porque en este estado no estoy en mí.

CAPÍTULO 10

1 Mi alma es cortada en mi vida; [por tanto] soltaré mi queja sobre mí, y hablaré con amargura de mi alma.

2 Diré a Dios: No me condenes; hazme entender por qué pleiteas conmigo.

3 ¿Te parece bien que oprimas, y que deseches la obra de tus manos, y que resplandezcas sobre el consejo de los impíos?

4 ¿Tienes tú ojos de carne? ¿Ves tú como [ve] el hombre?

5 ¿[Son] tus días como los días del hombre, o tus años como los tiempos humanos,

6 [para] que inquieras mi iniquidad, y busques mi pecado,

7 sobre saber tú que no soy impío, y que no [hay] quien de tu mano [me] libre?

8 Tus manos me formaron y me compusieron todo en contorno, ¿y así me deshaces?

9 Acuérdate ahora que como a lodo me diste forma; ¿y en polvo me has de tornar?

10 ¿No me fundiste como leche, y como un queso me cuajaste?

11 Me vestiste de piel y carne, y me cubriste de huesos y nervios.

12 Vida y misericordia me concediste, y tu visitación guardó mi espíritu.

13 Y estas cosas tienes guardadas en tu corazón; yo sé que esto está cerca de ti.

14 Si pequé, ¿me acecharás, y no me limpiarás de mi iniquidad?

15 Si fuere malo, ¡ay de mí! Y si fuere justo, no levantaré mi cabeza, estando hastiado de deshonra, y de verme afligido.

16 Y vas creciendo, cazándome como león; tornando y haciendo en mí maravillas.

17 Renovando tus plagas contra mí, y aumentando conmigo tu furor, remudándose sobre mí ejércitos.

18 ¿Por qué me sacaste del vientre? [Habría yo] muerto, y no me vieran ojos.

19 Fuera, como si nunca hubiera sido, llevado desde el vientre a la sepultura. 20 ¿No son mis días poca cosa? Cesa pues, y déjame, para que me esfuerce un poco.

21 Antes que vaya para no volver, a la tierra de tinieblas y de sombra de muerte;

22 tierra de oscuridad, y tenebrosa sombra de muerte, donde no [hay] orden, y que resplandece como la [misma] oscuridad.

CAPÍTULO 11

1 Y respondió Zofar naamatita, y dijo:

2 ¿Las muchas palabras no han de tener respuesta? ¿Y el hombre parlero será justificado?

3 ¿Tus mentiras harán callar a los hombres? ¿Y harás escarnio, y no habrá quien te avergüence?

4 Tú dices: Mi manera de vivir [es] pura, y yo soy limpio delante de tus ojos.

5 Mas ¡oh, quién diera que Dios hablara, y abriera sus labios contigo,

6 y que te declarara los secretos de la sabiduría! Porque [mereces] dos tantos según la ley; y sabe que Dios te ha olvidado por tu iniquidad.

7 ¿Alcanzarás tú el rastro de Dios? ¿Llegarás tú a la perfección del Todopoderoso?

8 Es más alto que los cielos; ¿qué harás? Es más profundo que el infierno; ¿cómo lo conocerás?

9 Su dimensión es más larga que la tierra, y más ancha que el mar.

10 Si cortare, o encerrare, o juntare, ¿quién le responderá?

11 Porque él conoce a los hombres vanos; y ve la iniquidad, ¿y no entenderá?

12 El hombre vano se hará entendido, aunque nazca como el pollino del asno montés.

13 Si tú preparares tu corazón, y extendieres a él tus manos;

14 si alguna iniquidad [hubiere] en tu mano, y la echares de ti, y no consintieres que more maldad en tus habitaciones;

15 entonces levantarás tu rostro [limpio] de mancha, y serás fuerte y no temerás;

16 y olvidarás tu trabajo, y te acordarás de él como de aguas que pasaron;

17 y en mitad de la siesta se levantará bonanza; resplandecerás, [y] serás como la misma mañana;

18 y confiarás, que habrá esperanza; y cavarás, y dormirás seguro;

19 y [te] acostarás, y no habrá quien te espante; y muchos te rogarán. 20 Mas los ojos de los malos se consumirán, y no tendrán refugio; y su esperanza [será] agonía del alma.

CAPÍTULO 12

1 Y respondió Job, y dijo:

2 Ciertamente que vosotros [sois] el pueblo; y con vosotros morirá la sabiduría.

3 También tengo yo seso como vosotros; no [soy] yo menos que vosotros; ¿y quién habrá que no pueda decir otro tanto?

4 El que invoca a Dios, y él le responde, es burlado de su amigo; y el justo y perfecto [es] escarnecido.

