# Sagradas Escrituras Version Antigua

## Part 51

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38 Y el rey dijo: Pues pase conmigo Quimam, y yo haré con él como bien te parezca; y todo lo que tú pidieres de mí, yo lo haré.

39 Y todo el pueblo pasó el Jordán; y luego que el rey hubo también pasado, el rey besó a Barzilai, y lo bendijo; y él se volvió a su casa.

40 El rey entonces pasó a Gilgal, y con él pasó Quimam; y todo el pueblo de Judá pasaron al rey con la mitad del pueblo de Israel.

41 Y he aquí todos los varones de Israel vinieron al rey, y le dijeron: ¿Por qué los varones de Judá, nuestros hermanos, te han hurtado, y han hecho pasar el Jordán al rey y a su familia, y a todos los varones de David con él?

42 Y todos los varones de Judá respondieron a todos los varones de Israel: Porque el rey es nuestro pariente. Mas ¿por qué os enojáis vosotros de eso? ¿Hemos nosotros comido [algo] del rey? ¿Hemos recibido de él algún don?

43 Entonces respondieron los varones de Israel, y dijeron a los de Judá: Nosotros tenemos en el rey diez partes, y en el mismo David más que vosotros; ¿por qué pues nos habéis tenido en poco? ¿No hablamos nosotros primero en volver a nuestro rey? Mas [al fin] la razón de los varones de Judá fue más fuerte que el de los varones de Israel.

CAPÍTULO 20

1 Y acaeció estar allí un varón de Belial que se llamaba Seba, hijo de Bicri, varón de Jemini, el cual tocó la trompeta diciendo: No tenemos nosotros parte en David, ni heredad en el hijo de Isaí. Israel, ¡cada uno a sus estancias!

2 Así se fueron de en pos de David todos los varones de Israel, y seguían a Seba hijo de Bicri; mas los que eran de Judá fueron adheridos a su rey, desde el Jordán hasta Jerusalén.

3 Y [luego que] llegó David a su casa en Jerusalén, tomó el rey las diez mujeres concubinas que había dejado para guardar la casa, y las puso en una casa bajo guardia, y les dio de comer; pero nunca más entró a ellas, sino que quedaron encerradas hasta que murieron en viudez de por vida.

4 Y el rey dijo a Amasa: Júntame los varones de Judá para el tercer día, y hállate tú aquí presente.

5 Fue, [pues], Amasa a juntar a Judá; pero se detuvo más del tiempo que le había sido señalado.

6 Y dijo David a Abisai: Seba hijo de Bicri nos hará ahora más mal que Absalón; toma pues tú los siervos de tu señor, y ve tras él, no sea que halle las ciudades fortificadas, y se nos vaya de delante.

7 Entonces salieron en pos de él los hombres de Joab, y los cereteos y peleteos, y todos los hombres valientes salieron de Jerusalén para ir tras Seba hijo de Bicri.

8 Y estando ellos junto a la grande peña que está [en] Gabaón, les salió Amasa al encuentro. Y Joab estaba ceñido sobre su ropa que tenía puesto, sobre la cual tenía ceñido un cuchillo pegado a sus lomos en su vaina, el cual salió y cayó.

9 Y Joab dijo a Amasa: ¿Tienes paz, hermano mío? Y tomó Joab con la diestra la barba de Amasa, para besarlo.

10 Y Amasa no se cuidó del cuchillo que Joab tenía en la mano; y él le hirió con el cuchillo en la quinta [costilla], y derramó sus entrañas por tierra, y cayó muerto sin darle segundo golpe. [Después] Joab y su hermano Abisai persiguieron a Seba hijo de Bicri.

11 Y uno de los criados de Joab se paró junto a él, diciendo: Cualquiera que amare a Joab y a David [vaya] en pos de Joab.

12 Y Amasa se había revolcado en la sangre en mitad del camino; y viendo aquel hombre que todo el pueblo se paraba, apartó a Amasa del camino al campo, y echó sobre él una vestidura, porque veía que todos los que venían se paraban junto a él.

13 Luego que fue apartado del camino, pasaron todos los que seguían a Joab, para ir tras Seba hijo de Bicri.

14 Y él pasó por todas las tribus de Israel hasta Abel y Bet-maaca y todo Barim; y se juntaron, y lo siguieron también.

15 Y vinieron y lo cercaron en Abel de Bet-maaca, y pusieron baluarte contra la ciudad; y [el pueblo] se puso al muro; y todo el pueblo que estaba con Joab trabajaba por derribar la muralla.

16 Entonces una mujer sabia dio voces en la ciudad, [diciendo]: Oíd, oíd; os ruego que digáis a Joab se llegue hasta acá, para que [yo] hable con él.

17 Y cuando él se acercó a ella, dijo la mujer: ¿Eres tú Joab? Y él respondió: [Yo] soy. Y ella le dijo: Oye las palabras de tu sierva. Y él respondió: Oigo.

18 Entonces volvió ella a hablar, diciendo: Antiguamente solían hablar, diciendo: Quien preguntare, pregunte en Abel; y así concluían.

19 Yo soy de las pacíficas y fieles de Israel; y tú procuras destruir una ciudad que es madre de Israel; ¿por qué destruyes la heredad del SEÑOR? 20 Y Joab respondió, diciendo: Nunca tal, nunca tal me acontezca, que [yo] destruya ni deshaga.

21 La cosa no es así; mas un hombre del monte de Efraín, que se llama Seba hijo de Bicri, ha levantado su mano contra el rey David; entregad a ése solamente, y me iré de la ciudad. Y la mujer dijo a Joab: He aquí su cabeza te será echada desde el muro.

22 La mujer fue [luego] a todo el pueblo con su sabiduría; y ellos cortaron la cabeza a Seba hijo de Bicri, y la echaron a Joab. Y él tocó la trompeta, y se esparcieron [todos] de la ciudad, cada uno a su estancia. Y Joab se volvió al rey a Jerusalén.

23 [Así quedó] Joab sobre todo el ejército de Israel; y Benaía hijo de Joiada sobre los cereteos y peleteos;

24 y Adoram sobre los tributos; y Josafat hijo de Ahilud, el canciller;

25 y Seba, escriba; y Sadoc y Abiatar, sacerdotes;

26 e Ira jaireo fue sacerdote de David.

CAPÍTULO 21

1 Y en los días de David hubo hambre por tres años consecutivos. Y David consultó al SEÑOR, y el SEÑOR le dijo: [Es] por Saúl, y por aquella casa de sangre; porque mató a los gabaonitas.

2 Entonces el rey llamó a los gabaonitas, y les habló. (Los gabaonitas no [eran] de los hijos de Israel, sino del residuo de los amorreos, a los cuales los hijos de Israel habían hecho juramento; mas Saúl había procurado matarlos con [motivo de] celo por los hijos de Israel y de Judá).

3 Dijo, [pues], David a los gabaonitas: ¿Qué os haré, y con qué expiaré para que bendigáis a la heredad del SEÑOR?

4 Y los gabaonitas le respondieron: No tenemos nosotros [pleito] sobre plata ni sobre oro con Saúl, y con su casa; ni queremos que muera hombre de Israel. Y él les dijo: Lo que [vosotros] dijereis os haré.

5 Y ellos respondieron al rey: Aquel hombre que nos destruyó, y que maquinó contra nosotros; asolaremos, que no quede [nada de él] en todo el término de Israel.

6 Dénsenos siete varones de sus hijos, para que colgarlos al SEÑOR en Gabaa de Saúl, el escogido del SEÑOR. Y el rey dijo: Yo [los] daré.

7 Y el rey perdonó a Mefi-boset, hijo de Jonatán, hijo de Saúl, por el juramento del SEÑOR que hubo entre ellos, entre David y Jonatán hijo de Saúl.

8 Mas tomó el rey dos hijos de Rizpa hija de Aja, los cuales ella había dado a luz a Saúl, [a saber], a Armoni y a Mefi-boset; y cinco hijos de Mical hija de Saúl, los cuales ella había dado a luz a Adriel, hijo de Barzilai meholatita;

9 y los entregó en manos de los gabaonitas, y ellos los colgaron en el monte delante del SEÑOR; y murieron juntos aquellos siete, lo cuales fueron muertos en el tiempo de la siega, en los primeros días, en el principio de la siega de las cebadas.

10 Tomando [luego] Rizpa hija de Aja [un] saco, se lo tendió sobre el peñasco, desde el principio de la siega hasta que llovió sobre ellos agua del cielo; y no dejó a ninguna ave del cielo asentarse sobre ellos de día, ni bestias del campo de noche.

11 Y fue dicho a David lo que hacía Rizpa hija de Aja, concubina de Saúl.

12 Entonces David fue, y tomó los huesos de Saúl y los huesos de Jonatán su hijo, de los varones de Jabes de Galaad, que los habían hurtado de la plaza de Bet-sán, donde los habían colgado los filisteos, cuando deshicieron los filisteos a Saúl en Gilboa;

13 y tomó los huesos de Saúl y los huesos de Jonatán su hijo; y juntaron también los huesos de los colgados,

14 y sepultaron los huesos de Saúl y los de su hijo Jonatán en tierra de Benjamín, en Sela, en el sepulcro de Cis su padre; e hicieron todo lo que el rey había mandado. [Después] se aplacó Dios con la tierra.

15 Y los filisteos volvieron a hacer [la] guerra a Israel, y David descendió y sus siervos con él, y pelearon con los filisteos; y David se cansó.

16 E Isbi-benob, el cual era de los hijos del gigante, y el peso de cuya lanza [era de] trescientos siclos de bronce, y tenía él ceñida una nueva [espada], este había determinado de herir a David.

17 Mas Abisai hijo de Sarvia le socorrió, e hirió al filisteo, y lo mató. Entonces los varones de David le juraron, diciendo: Nunca más de aquí adelante saldrás con nosotros a batalla, para que no apagues la lámpara de Israel.

18 Otra segunda guerra hubo después en Gob contra los filisteos; entonces Sibecai husatita hirió a Saf, que era de los hijos del gigante.

19 Otra guerra hubo en Gob contra los filisteos, en la cual Elhanán, hijo de Jaare-oregim de Belén, hirió a Goliat geteo, el asta de cuya lanza era como el rodillo de [un] telar. 20 Después hubo otra guerra en Gat, donde hubo [un] varón de grande altura, el cual tenía doce dedos en las manos, y otros doce en los pies, veinticuatro en todos; y también era de los hijos del gigante.

21 Este desafió a Israel, y lo mató Jonatán, hijo de Simea hermano de David.

22 Estos cuatro le habían nacido al gigante en Gat, los cuales cayeron por la mano de David, y por la mano de sus siervos.

CAPÍTULO 22

1 Y habló David al SEÑOR las palabras de este cántico, el día que el SEÑOR le había librado de la mano de todos sus enemigos, y de la mano de Saúl.

2 Y dijo: El SEÑOR [es] mi peña, y mi fortaleza, y mi libertador.

3 Dios es mi peñasco, en él confiaré; mi escudo, y el cuerno de mi salud; mi fortaleza, y mi refugio; mi salvador, que me librarás de violencia.

4 Invocaré al SEÑOR, digno de ser loado. Y seré salvo de mis enemigos.

5 Cuando me cercaron ondas de muerte, y arroyos de iniquidad me asombraron,

6 [cuando] las cuerdas del sepulcro me ciñieron, y los lazos de muerte me tomaron descuidado,

7 [cuando] tuve angustia, invoqué al SEÑOR, y clamé a mi Dios; y desde su santo templo él oyó mi voz; cuando mi clamor [llegó] a sus oídos.

8 La tierra se removió, y tembló; los fundamentos de los cielos fueron movidos, y se quebrantaron, porque él se airó.

9 Subió humo de sus narices, y de su boca fuego consumidor, por el cual se encendieron carbones.

10 Y bajó los cielos, y descendió; una oscuridad debajo de sus pies.

11 Subió sobre el querubín, y voló; se apareció sobre las alas del viento.

12 Puso tinieblas alrededor de sí a modo de tabernáculos; aguas negras y espesas nubes.

13 Del resplandor de su presencia se encendieron ascuas ardientes.

14 El SEÑOR tronó desde los cielos, y el Altísimo dio su voz;

15 arrojó saetas, y los desbarató; relampagueó, y los consumió.

16 Entonces aparecieron los manantiales del mar, y los fundamentos del mundo fueron descubiertos, a la reprensión del SEÑOR, al resoplido del aliento de su nariz.

17 Extendió [su mano] de lo alto, y me arrebató, y me sacó de las aguas impetuosas.

18 Me libró de fuertes enemigos, de aquellos que me aborrecían, los cuales eran más fuertes que yo.

19 Los cuales me tomaron descuidado en el día de mi calamidad; mas el SEÑOR fue mi bordón. 20 Me sacó a anchura; me libró, porque puso su voluntad en mí.

21 Me pagó el SEÑOR conforme a mi justicia; y conforme a la limpieza de mis manos, me dio la paga.

22 Porque [yo] guardé los caminos del SEÑOR; y no me aparté impíamente de mi Dios.

23 Porque delante de mí tengo todas sus ordenanzas; y atento a sus fueros, no me retiraré de ellos.

24 Y fui perfecto [para] con él, y me guardé de mi iniquidad.

25 Y me pagó el SEÑOR conforme a mi justicia, y conforme a mi limpieza delante de sus ojos.

26 Con el bueno eres bueno, y con el valeroso [y] perfecto eres perfecto;

27 con el limpio eres limpio, mas con el perverso eres adversario.

28 Y tú salvas al pueblo pobre; mas tus ojos [están] sobre los altivos, para abatirlos.

29 Porque tú [eres] mi lámpara, oh SEÑOR; el SEÑOR da luz a mis tinieblas.

30 Porque en ti rompí ejércitos, y con mi Dios pasé las murallas.

31 Dios, perfecto su camino; la palabra del SEÑOR purificada, escudo es de todos los que en él esperan.

32 Porque ¿qué Dios [hay] sino el SEÑOR? ¿O quién [es] fuerte sino nuestro Dios?

33 Dios [es] el que con virtud me corrobora, y el que despeja mi camino;

34 el que hace mis pies como de ciervas, y el que me asienta en mis alturas;

35 el que enseña mis manos para la pelea, y [da que] con mis brazos quiebre el arco de acero.

36 [Tú] me diste asimismo el escudo de tu salud, y tu mansedumbre me ha multiplicado.

37 [Tú] ensanchaste mis pasos debajo de mí, para que no titubeasen mis rodillas.

38 Perseguí a mis enemigos, y los quebranté; y no me volví hasta que los acabé.

39 Los consumí, y los herí, y no se levantaron; y cayeron debajo de mis pies.

40 Me ceñiste de fortaleza para la batalla, y postraste debajo de mí los que contra mí se levantaron.

41 [Tú] me diste la cerviz de mis enemigos, de mis aborrecedores, y [que yo] los talase.

42 Miraron, y no hubo quien los librase; [aun] al SEÑOR, mas no les respondió.

43 [Yo] los quebranté como a polvo de la tierra; como a lodo de las plazas los desmenucé, y los disipé.

44 [Tú] me libraste de contiendas de pueblos; tú me guardaste para que fuese cabeza de gentiles; pueblos que no conocía, me sirvieron.

45 Los extraños temblaban [ante] mí [mandamiento]; en oyendo, me obedecían.

46 Los extraños desfallecían, y temblaban en sus encerramientos.

47 Viva el SEÑOR, y sea bendita mi peña; sea ensalzado el Dios, [que es] la roca de mi salvación.

48 El Dios que me ha dado venganzas, y sujeta los pueblos debajo de mí.

49 Que me saca de entre mis enemigos; tu me sacaste en alto de entre los que se levantaron contra mi; me libraste del varón de iniquidades.

50 Por tanto [yo] te confesaré entre los gentiles, oh SEÑOR, y cantaré a tu nombre.

51 El que engrandece las saludes de su rey, y hace misericordia a su ungido David, y a su simiente, para siempre.

CAPÍTULO 23

1 Estas [son] las postreras palabras de David. Dijo David hijo de Isaí, dijo aquel varón que fue levantado alto, el ungido del Dios de Jacob, el dulce cantor de Israel:

2 (El Espíritu del SEÑOR ha hablado por mí, y su palabra [ha sido] en mi lengua.

3 El Dios de Israel me ha dictado, el Fuerte de Israel habló): Señoreador de los hombres, justo señoreador en temor de Dios.

4 Y como la luz de la mañana cuando sale el sol, de la mañana resplandeciente sin nubes; como resplandor por llovizna [sobre la] yerba de la tierra.

5 ¿No será así mi casa para con Dios? bien que a toda mi salud, y a toda mi voluntad no [se] hará producir todavía. Mas él ha hecho conmigo pacto perpetuo ordenado en todas las cosas, y [será] guardado;

6 mas los de Belial [serán] todos ellos como espinas arrancadas, las cuales nadie toma con la mano;

7 sino que el que quiere tocar en ellas, se arma de hierro y de asta de lanza, y son quemadas en su lugar.

8 Estos [son] los nombres de los valientes que tuvo David: El que se sentaba en cátedra de sabiduría, principal de los tres: Adino el eznita, que en una ocasión [se halló] haber matado ochocientos enemigos.

9 Después de éste fue Eleazar, hijo de Dodo de Ahohi, entre de los tres valientes que [estaban] con David, cuando desafiaron a los filisteos que se habían juntado allí a la batalla, y subieron los de Israel.

10 Este, levantándose, hirió a los filisteos, hasta que su mano se cansó, y quedó pegada su mano a la espada. Aquel día el SEÑOR hizo gran salud; y se volvió el pueblo en pos de él solamente a tomar el despojo.

11 Después de éste [fue] Sama, hijo de Age araita; que habiéndose juntado los filisteos en una aldea, había allí una heredad de tierra llena de lentejas, y el pueblo había huido delante de los filisteos.

12 El entonces se paró en medio de la heredad de tierra, y la defendió, e hirió a los filisteos; y el SEÑOR hizo una gran salud.

13 [Estos] tres [que eran] de los treinta principales descendieron y vinieron en [tiempo de] la siega a David a la cueva de Adulam; y el campamento de los filisteos estaba en el valle de Refaim.

14 David entonces estaba en la fortaleza, y la guarnición de los filisteos [estaba] en Belén.

15 Y David tuvo deseo, y dijo: ¡Quién me diera a beber del agua de la cisterna de Belén, que está a la puerta!

16 Entonces [estos] tres valientes rompieron por el campamento de los filisteos, y sacaron agua de la cisterna de Belén, que [estaba] a la puerta; y tomaron, y la trajeron a David; mas él no la quiso beber, sino la derramó al SEÑOR, diciendo:

17 Lejos sea de mí, oh SEÑOR, que [yo] haga esto. ¿[He de beber yo] la sangre de los varones que fueron con peligro de su vida? Y no quiso beberla. [Estos] tres valientes hicieron esto.

18 Y Abisai hermano de Joab, hijo de Sarvia, [fue] el principal de tres; el cual alzó su lanza contra trescientos, los cuales mató; y tuvo nombre entre los tres.

19 El era el más noble de los tres, y el primero de ellos; mas no llegó a los tres [primeros]. 20 [Después], Benaía hijo de Joiada, hijo de un varón esforzado, grande en hechos, de Cabseel. Este hirió dos leones de Moab: y él [mismo] descendió, e hirió un león en medio de un foso en el tiempo de la nieve:

21 También hirió él a un egipcio, hombre de [grande] estatura; y tenía el egipcio una lanza en su mano; mas descendió a él con un palo, y arrebató al egipcio la lanza de la mano, y lo mató con su [propia] lanza.

22 Esto hizo Benaía hijo de Joiada, y tuvo nombre entre los tres valientes.

23 De los treinta fue el más noble; pero no llegó a los tres [primeros]. Y lo puso David en su consejo.

24 Asael hermano de Joab [fue] de los treinta; Elhanán hijo de Dodo de Belén;

25 Sama de Harodi, Elica de Harodi;

26 Heles de Palti, Ira, hijo de Iques, de Tecoa;

27 Abiezer de Anatot, Mebunai de Husa;

28 Salmón de Hahoh, Maharai de Netofat;

29 Helec hijo de Baana de Netofat, Ittai hijo de Ribai de Gabaa de los hijos de Benjamín;

30 Benaía piratonita, Hidai del arroyo de Gaas;

31 Abi-albón de Arbat, Azmavet de Barhum;

32 Eliaba de Saalbón, Jonatán de los hijos de Jasén;

33 Sama de Arar, Ahíam hijo de Sarar de Arar.

34 Elifelet hijo de Ahasbai hijo de Maaca; Eliam hijo de Ahitofel de Gelón;

35 Hesrai del Carmelo, Paarai de Arbi;

36 Igal hijo de Natán de Soba, Bani de Gadi;

37 Selec de Amón, Naharai de Beerot, escudero de Joab hijo de Sarvia;

38 Ira de Itri, Gareb de Itri;

39 Urías heteo. Entre todos treinta y siete.

CAPÍTULO 24

1 Y volvió el furor del SEÑOR a encenderse contra Israel, e incitó a David contra ellos a que dijese: Ve, cuenta a Israel y a Judá.

2 Y dijo el rey a Joab, general del ejército que tenía consigo: Rodea todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Beerseba, y contad el pueblo, para que yo sepa el número del pueblo.

3 Y Joab respondió al rey: Añada El SEÑOR tu Dios al pueblo cien veces tanto como son, y que lo vea mi señor el rey; mas ¿para qué quiere esto mi señor el rey?

4 Pero la palabra del rey pudo más que Joab, y que los capitanes del ejército. Salió, [pues], Joab, con los capitanes del ejército, de delante del rey, para [ir] a contar el pueblo de Israel.

5 Y pasando el Jordán asentaron en Aroer, a la mano derecha de la ciudad que [está] en medio del arroyo de Gad y junto a Jazer.

6 Después vinieron a Galaad, y a la tierra baja de Hodsi; y de allí vinieron a Danjaán y alrededor de Sidón.

7 Y vinieron luego a la fortaleza de Tiro, y a todas las ciudades de los heveos y de los cananeos; y salieron al mediodía de Judá, a Beerseba.

8 Y después que hubieron andado toda la tierra, volvieron a Jerusalén al cabo de nueve meses y veinte días.

9 Y Joab dio la cuenta del número del pueblo al rey; y fueron los de Israel ochocientos mil hombres fuertes que sacaban espada; y de los de Judá quinientos mil hombres.

10 Y después que David hubo contado el pueblo, le herió su corazón; y dijo David al SEÑOR: [Yo] he pecado gravemente por haber hecho [esto]; mas ahora, [oh] SEÑOR, te ruego que traspases el pecado de tu siervo, porque yo he obrado muy locamente.

11 Y por la mañana, cuando David se hubo levantado, vino palabra del SEÑOR a Gad profeta, vidente de David, diciendo:

12 Ve, y di a David: Así dijo el SEÑOR: Tres cosas te ofrezco; tú te escogerás una de ellas, la cual yo haga.

13 Vino, [pues], Gad a David, y le denunció, y le dijo: ¿Quieres que te vengan siete años de hambre en tu tierra? ¿O que huyas tres meses delante de tus enemigos, y que ellos te persigan? ¿O que tres días haya pestilencia en tu tierra? Piensa ahora, y mira qué responderé al que me envió.

14 Entonces David dijo a Gad: En grande angustia estoy; ruego que [yo] caiga en la mano del SEÑOR, porque sus miseraciones son muchas, y que [no] caiga yo en manos de hombres.

15 Y envió el SEÑOR pestilencia en Israel desde la mañana hasta el tiempo señalado; y murieron del pueblo, desde Dan hasta Beerseba, setenta mil hombres.

16 Y cuando el ángel extendió su mano sobre Jerusalén para destruirla, el SEÑOR se arrepintió de aquel mal, y dijo al ángel que destruía el pueblo: Basta ahora; detén tu mano. Entonces el ángel del SEÑOR estaba junto a la era de Arauna jebuseo.

17 Y David dijo al SEÑOR, cuando vio al ángel que hería al pueblo: Yo pequé, yo hice la maldad; ¿qué hicieron estas ovejas? Te ruego que tu mano se vuelva contra mí, y contra la casa de mi padre.

18 Y Gad vino a David aquel día, y le dijo: Sube, y haz [un] altar al SEÑOR en la era de Arauna jebuseo.

19 Y David subió, conforme al dicho de Gad, que el SEÑOR [le] había mandado. 20 Y mirando Arauna, vio al rey y a sus siervos que pasaban a él. Saliendo [entonces] Arauna, se inclinó delante del rey hacia tierra.

21 Y Arauna dijo: ¿Por qué viene mi señor el rey a su siervo? Y David respondió: Para comprar de ti esta era, para edificar [en ella] altar al SEÑOR, [a fin de] que la mortandad cese del pueblo.

22 Y Arauna dijo a David: Tome y sacrifique mi señor el rey lo que bien le pareciere; he aquí bueyes para el holocausto; y trillos y otros aderezos de bueyes para leña;

23 todo lo da el rey Arauna al Rey. Luego dijo Arauna al rey: El SEÑOR tu Dios te sea propicio.

24 Y el rey dijo a Arauna: No, sino por precio te lo compraré; porque no ofreceré al SEÑOR mi Dios holocaustos por nada. Entonces David compró la era y los bueyes por cincuenta siclos de plata.

25 Y edificó allí David [un] altar al SEÑOR, y sacrificó holocaustos y pacíficos; y el SEÑOR se aplacó con la tierra, y cesó la plaga de Israel.

1 REYES

CAPÍTULO 1

1 Cuando el rey David [era] viejo, y entrado en días, le cubrían de vestidos, mas no se calentaba.

2 Le dijeron, [por tanto], sus siervos: Busquen a mi señor el rey una joven virgen, [para] que esté delante del rey, y lo caliente, y duerma a su lado, y calentará a nuestro señor el rey.

3 Y buscaron una joven hermosa por todo el término de Israel, y hallaron a Abisag sunamita, y la trajeron al rey.

4 Y la joven [era] muy hermosa, la cual calentaba al rey, y le servía; mas el rey nunca la conoció.

5 Entonces Adonías hijo de Haguit se levantó, diciendo: Yo reinaré. Y se hizo de carros y gente de [a] caballo, y cincuenta varones que corriesen delante de él.

6 Y su padre nunca lo entristeció en todos sus días con decirle: ¿Por qué haces así? Y también éste era de hermoso parecer; y lo había engendrado después de Absalón.

7 Y tenía tratos con Joab hijo de Sarvia, y con Abiatar sacerdote, los cuales ayudaban a Adonías.

8 Mas Sadoc sacerdote, y Benaía hijo de Joiada, y Natán profeta, y Simei, y Rei, y todos los grandes de David, no seguían a Adonías.

9 Y matando Adonías ovejas y vacas y [animales] engordados junto a la peña de Zohelet, que [está] cerca de la fuente de Rogel, convidó a todos sus hermanos los hijos del rey, y a todos los varones de Judá, siervos del rey;

10 mas no convidó a Natán profeta, ni a Benaía, ni a los grandes, ni a Salomón su hermano.

11 Y habló Natán a Betsabé madre de Salomón, diciendo: ¿No has oído que reina Adonías hijo de Haguit, sin saberlo David nuestro señor?

