# Sagradas Escrituras Version Antigua

## Part 163

Book page: https://www.cyberlibrary.org/es/books/sagradas-escrituras-version-antigua-6528/index.md

4 que tenía un incensario de oro, y el Arca del Pacto cubierta por todas partes de oro; en donde [estaba] una urna de oro que contenía el maná, y la vara de Aarón que reverdeció, y las Tablas del Testamento.

5 Y sobre ella los querubines de [la] gloria que cubrían el propiciatorio, cosas de las cuales no se puede ahora hablar en detalle.

6 Y [con] estas cosas así ordenadas, en el primer Tabernáculo siempre entraban los sacerdotes para hacer los oficios de los sacrificios.

7 Mas en el segundo, sólo el sumo sacerdote [entraba] una vez en el año, no sin sangre, la cual ofrece por su [propia] ignorancia y la del pueblo.

8 Dando en esto a entender el Espíritu Santo, que aún no estaba descubierto camino para el Santuario, entre tanto que el primer Tabernáculo estuviese en pie.

9 Lo cual [era] figura de aquel tiempo presente, en el cual se ofrecían presentes y sacrificios que no podían hacer perfecto al que servía [con ellos], en cuanto a la conciencia,

10 sino en viandas y en bebidas, y en diversos lavamientos, y ordenanzas de la carne impuestas hasta el tiempo de la corrección.

11 Mas Cristo ya estando presente, Sumo Sacerdote de los bienes que habían de venir, por [otro] más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es a decir, no de esta creación,

12 y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre entró una [sola] vez en el Santuario diseñado para eterna redención.

13 Porque si la sangre de [los] toros y de [los] machos cabríos, y la ceniza esparcida de una becerra, santifica a los inmundos para purificación de la carne,

14 ¿cuánto más la sangre del Cristo, el cual por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de las obras de muerte para que sirváis al Dios viviente?

15 Así que, por eso es Mediador del Nuevo Testamento, para que interviniendo muerte para la remisión de las rebeliones que había debajo del primer Testamento, los que son llamados reciban la promesa de la herencia eterna.

16 Porque donde [hay] testamento, necesario es que intervenga [la] muerte del testador.

17 Porque [el] testamento con la muerte es confirmado; de otra manera no es válido entre tanto que el testador vive.

18 De donde [vino] que ni aun el primero fue consagrado sin sangre.

19 Porque habiendo leído Moisés todos los mandamientos de la Ley a todo el pueblo, tomando la sangre de los becerros y de los machos cabríos con agua, y lana de grana, e hisopo, roció a todo el pueblo, y juntamente al mismo libro, 20 diciendo: Esta es la sangre del Testamento que Dios os ha mandado.

21 Y además de esto roció también con la sangre el Tabernáculo y todos los vasos del ministerio.

22 Y casi todo es purificado según la ley con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión.

23 Así que fue necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas con estas cosas; pero las mismas cosas celestiales, con mejores sacrificios que éstos.

24 Por lo cual no entró Jesús en el santuario hecho de mano, (que es figura del verdadero,) sino en el mismo cielo para presentarse ahora por nosotros en la presencia de Dios.

25 Y no para ofrecerse muchas veces a sí mismo, (como entra el sumo sacerdote en el santuario una [vez] cada año con la sangre ajena.)

26 De otra manera sería necesario que hubiera padecido muchas veces desde el principio del mundo; mas ahora UNA VEZ en la consumación de los siglos, para deshacer el pecado se presentó por el sacrificio de sí mismo.

27 Y de la manera que está establecido a los hombres, que mueran una vez; y después, el juicio,

28 así también el Cristo es ofrecido una vez para agotar los pecados de muchos; la segunda vez se manifestará para salud a los que sin pecado lo esperan.

CAPÍTULO 10

1 Porque la ley teniendo una sombra de los bienes venideros, no la representación misma de las cosas, nunca puede hacer perfectos a los que se allegan por los mismos sacrificios que ofrecen continuamente cada año.

2 De otra manera cesarían de ofrecerse, porque los que sacrificasen, limpios de una vez, no tendrían más conciencia de pecado.

3 Pero en estos [sacrificios] cada año se hace [la misma] conmemoración de los pecados.

4 Porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.

5 Por lo cual, entrando en el mundo, dice: Sacrificio y Presente no quisiste; mas me apropiaste el cuerpo;

6 holocaustos y [expiaciones] por el pecado no te agradaron.

7 Entonces dije: Heme aquí (en la cabecera del libro está escrito de mí) para que haga, oh Dios, tu voluntad.

8 Diciendo arriba: Sacrificio y presente, y holocaustos y [expiaciones] por el pecado no quisiste, ni te agradaron, las cuales cosas se ofrecen según la Ley,

9 entonces dijo: Heme aquí para que haga, oh Dios, tu voluntad. Quita lo primero, para establecer lo postrero.

10 En esa voluntad somos santificados por la ofrenda del cuerpo de Jesús, el Cristo, [hecha] UNA VEZ.

11 Así que, todo sacerdote se presenta cada día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados;

12 pero éste, habiendo ofrecido por los pecados un [solo] sacrificio para siempre, está sentado a la diestra de Dios,

13 esperando lo que resta, [es a decir], hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies;

14 porque con una sola ofrenda hizo consumados para siempre a los santificados.

15 Así, nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; que después dijo:

16 Y éste es el testamento que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor, Daré mis leyes en sus corazones, y en sus almas las escribiré;

17 y nunca más me acordaré de sus pecados e iniquidades.

18 Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por [el] pecado.

19 Así que, hermanos, teniendo atrevimiento para entrar en el Santuario por la sangre de Jesús, [el] Cristo, 20 por el camino que él nos consagró nuevo, y vivo, por el velo, es a saber, por su carne,

21 y [teniendo] aquel Gran Sacerdote, sobre la casa de Dios,

22 lleguémonos con corazón verdadero, y con fe llena, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua limpia

23 retengamos firme la profesión de nuestra esperanza, que fiel es el que prometió.

24 Y considerémonos los unos a los otros para provocarnos a la caridad, y a las buenas obras;

25 no dejando nuestra congregación, como algunos tienen por costumbre, mas exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.

26 Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda [más] sacrificio por el pecado,

27 sino una horrenda esperanza de juicio, y hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios.

28 El que menospreciare la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere sin ninguna misericordia.

29 ¿Cuánto pensáis que será más digno de mayor castigo, el que hollare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del testamento en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?

30 Sabemos [quién es] el que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará [a] su pueblo.

31 Horrenda cosa es caer en las manos del Dios viviente.

32 Pero traed a la memoria los días pasados en los cuales después de haber recibido la luz, sufristeis gran combate de aflicciones.

33 De una parte ciertamente con vituperios y tribulaciones fuisteis hechos espectáculo; y de otra parte hechos compañeros de los que estaban en tal estado.

34 Porque de mis prisiones también os resentisteis conmigo, y el robo de vuestros bienes padecisteis con gozo, conociendo que tenéis en vosotros una mejor sustancia en los cielos, y que permanece.

35 No perdáis pues esta vuestra confianza, que tiene grande remuneración de galardón;

36 porque la paciencia os es necesaria, para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.

37 Porque aún, un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará.

38 Mas el justo vivirá por la fe; mas el que se retirare, no agradará a mi alma.

39 Pero nosotros no somos tales que nos retiremos para perdición, sino fieles para ganancia del alma.

CAPÍTULO 11

1 Es pues la fe, la sustancia de las cosas que se esperan, la demostración de las cosas que no se ven.

2 Porque por ésta alcanzaron testimonio los ancianos.

3 Por la fe entendemos haber sido compuestos los siglos por la palabra de Dios, siendo hecho lo que se ve, de lo que no se veía.

4 Por la fe, Abel ofreció a Dios mayor sacrificio que Caín; por la cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio a sus presentes, y difunto, aún habla por ella.

5 Por la fe, Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto tuvo testimonio de haber agradado a Dios.

6 Pero sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que a Dios se allega, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.

7 Por la fe, Noé habiendo recibido revelación de cosas que aun no se veían, aparejó con mucho cuidado el arca en que su casa se salvase; [arca] por la cual condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que es por la fe.

8 Por la fe, Abraham siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir por heredad; y salió sin saber a dónde iba.

9 Por [la] fe, habitó en la tierra prometida como en [tierra] ajena, morando en cabañas con Isaac y Jacob, herederos juntamente de la misma promesa;

10 porque esperaba [la] ciudad con fundamentos, el artífice y hacedor de la cual es Dios.

11 Por la fe también la misma Sara, (siendo estéril) recibió fuerza para concebir generación; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó ser fiel el que lo había prometido.

12 Por lo cual también de uno, y ese ya muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar.

13 En fe murieron todos éstos sin haber recibido las promesas; sino mirándolas de lejos, y creyéndolas, y abrazándolas; y confesando que eran peregrinos y advenedizos sobre la tierra.

14 Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan su patria natural.

15 Que si se acordaran de aquella de donde salieron, cierto tenían tiempo para volverse;

16 mas empero deseaban la mejor, es a saber, la celestial, por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les había aparejado ciudad.

17 Por [la] fe, ofreció Abraham a Isaac cuando fue probado; y ofrecía al unigénito en el cual había recibido las promesas,

18 (habiéndole sido dicho: En Isaac te será llamada simiente);

19 pensando dentro de sí, que aun de los muertos es Dios poderoso para levantar, por lo cual también le volvió a recibir por figura. 20 Por [la] fe también bendijo Isaac a Jacob y a Esaú de lo que habían de ser.

21 Por [la] fe, Jacob muriéndose bendijo a cada uno de los hijos de José; y adoró estribando sobre la punta de su vara.

22 Por [la] fe, José, muriéndose, se acordó de la partida de los hijos de Israel; y dio mandamiento acerca de sus huesos.

23 Por [la] fe, Moisés, nacido, fue escondido por sus padres por tres meses, porque le vieron hermoso niño; y no temieron el mandamiento del rey.

24 Por [la] fe, Moisés, hecho ya grande, rehusó ser hijo de la hija del Faraón,

25 escogiendo antes ser afligido con el pueblo de Dios, que gozar de comodidades temporales de pecado.

26 Teniendo por mayores riquezas el vituperio del Cristo que los tesoros de los Egipcios, porque miraba a la remuneración.

27 Por [la] fe, dejó a Egipto no temiendo la ira del rey; porque como aquel que ve al Invisible se esforzó.

28 Por [la] fe, celebró la pascua y el derramamiento de la sangre, para que el que mataba los primogénitos no los tocase.

29 Por [la] fe, pasaron el mar Bermejo como por tierra seca, lo cual probando los Egipcios, fueron consumidos.

30 Por [la] fe, cayeron los muros de Jericó con rodearlos siete días.

31 Por [la] fe, Rahab la ramera no pereció juntamente con los incrédulos habiendo recibido a los espías con paz.

32 ¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltará contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, de Samuel, y de los profetas,

33 que por fe ganaron reinos, obraron justicia, alcanzaron promesas, taparon las bocas de [los] leones,

34 apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de cuchillo, convalecieron de enfermedades, fueron hechos fuertes en batallas, trastornaron campos de [enemigos] extraños;

35 las mujeres recibieron sus muertos por resurrección, unos fueron estirados, menospreciando la vida, para ganar mejor resurrección.

36 Otros experimentaron vituperios, y azotes; y a más de esto prisiones y cárceles.

37 [Otros] fueron apedreados, [otros] cortados en piezas, [otros] tentados, [otros] muertos a cuchillo; [otros] anduvieron perdidos [cubiertos] de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados,

38 de los cuales el mundo no era digno; errantes por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra.

39 Y todos éstos, aprobados por testimonio de la fe, no recibieron la promesa,

40 proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, que [aquellos] no fuesen perfeccionados sin nosotros.

CAPÍTULO 12

1 Por tanto nosotros también, teniendo puesta sobre nosotros una tan grande nube de testigos, dejando todo el peso del pecado que nos rodea, corramos por paciencia la carrera que nos es propuesta,

2 puestos los ojos en el Autor y Consumador de la fe, Jesús, el cual, habiéndole sido propuesto gozo, sufrió el madero, menospreciando la vergüenza, y fue sentado a la diestra de Dios.

3 Traed pues [muchas veces] a vuestro pensamiento a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que no os fatiguéis en vuestros ánimos desmayando.

4 Que aún no habéis resistido hasta la sangre combatiendo contra el pecado;

5 y estáis ya olvidados de la consolación que como con hijos habla con vosotros, (diciendo): Hijo mío, no menosprecies el castigo del Señor, ni desmayes cuando eres de él redargüido;

6 porque el Señor al que ama castiga, y azota a cualquiera que recibe por hijo.

7 Si sufrís el castigo, Dios se os presenta como a hijos, porque ¿qué hijo es [aquel] a quien el padre no castiga?

8 Mas si estáis fuera del castigo, del cual todos [los hijos] han sido hechos participantes, luego adulterinos sois y no hijos.

9 Además, tuvimos por castigadores a los padres de nuestra carne, y los reverenciábamos: ¿por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos?

10 Y aquellos, a la verdad, por pocos días nos castigaban como a ellos les parecía; mas éste para lo que [nos] es provechoso, [es a saber], para que recibamos su santificación.

11 Es verdad que ningún castigo al presente parece ser [causa] de gozo, sino de tristeza; mas después da fruto apacible de justicia a los que en él son ejercitados.

12 Por lo cual alzad las manos caídas y las rodillas descoyuntadas.

13 Y haced derechos pasos a vuestros pies, para que [lo que es] cojo no salga fuera de camino; antes sea sanado.

14 Seguid la paz con todos; y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor:

15 Mirando bien que ninguno se aparte de la gracia de Dios; que ninguna raíz de amargura brotando [os] impida, y por ella muchos sean contaminados.

16 Que ninguno sea fornicario o profano, como Esaú, que por una vianda vendió su primogenitura.

17 Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue reprobado, que no halló lugar de arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas.

18 Porque no os habéis llegado al monte que se podía tocar, y al fuego encendido, y al turbión, y a la oscuridad, y a la tempestad,

19 y al sonido de la trompeta, y a la voz de las palabras, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más; 20 (porque no podían tolerar lo que se decía: y, si [una] bestia tocare al monte, será apedreada, o pasada con dardo;

21 y tan terrible cosa era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy asombrado y temblando).

22 Mas os habéis llegado al monte de Sión, y a la ciudad del Dios viviente, Jerusalén la celestial, y a la compañía de muchos millares de ángeles,

23 y a la Congregación de la Iglesia de los Primogénitos que están tomados por lista en los cielos, y a Dios el Juez de todos, y a los espíritus de los justos [ya] perfectos,

24 y a Jesús el Mediador del Nuevo Testamento; y a la sangre del esparcimiento que habla mejor que la de Abel.

25 Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que hablaba en la tierra, mucho menos [escaparemos] nosotros, si desecháramos al que habla desde los cielos.

26 La voz del cual entonces conmovió la tierra; mas ahora ha denunciado, diciendo: Aún una vez, y yo conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo.

27 Y lo que dice: Aún una vez, declara el quitamiento de las cosas movibles, como de cosas hechizas, para que queden las que son firmes.

28 Así que, tomando el Reino inmóvil, retengamos la gracia por la cual sirvamos a Dios, agradándole con temor y reverencia.

29 Porque nuestro Dios es fuego consumidor.

CAPÍTULO 13

1 El amor de la hermandad permanezca.

2 No olvidéis la hospitalidad, porque por ésta algunos, habiendo hospedado ángeles, fueron guardados.

3 Acordaos de los presos como presos juntamente con ellos; y de los afligidos, como también vosotros mismos sois del cuerpo.

4 [Sea] venerable en todos el matrimonio, y la cama sin mancha; mas a los fornicarios y adúlteros juzgará Dios.

5 Sean las costumbres [vuestras] sin avaricia, contentos de lo presente (porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré.)

6 De tal manera que digamos confiadamente: El Señor [es] mi ayudador; no temeré lo que me hará el hombre.

7 Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; la fe de los cuales imitad considerando cuál haya sido la salida de su conversación.

8 Jesús [el] Cristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.

9 No seáis sacados del camino por doctrinas diversas y extrañas, porque buena cosa es afirmar el corazón en la gracia, no en viandas, que nunca aprovecharon a los que anduvieron en ellas.

10 Tenemos un altar, del cual no tienen facultad de comer los que sirven al Tabernáculo.

11 Porque los cuerpos de aquellos animales, la sangre de los cuales es metida por el pecado en el Santuario por el Sumo Sacerdote, son quemados fuera del campamento.

12 Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo por su propia sangre, padeció fuera de la puerta.

13 Salgamos pues a él fuera del campamento, llevando su vituperio.

14 Porque no tenemos aquí ciudad permaneciente, mas buscamos la por venir.

15 Así que, ofrezcamos por [medio de] él a Dios siempre sacrificio de alabanza, es a saber, fruto de labios que confiesen su Nombre.

16 Y, del hacer bien y de la confraternidad no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios.

17 Escuchad a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como aquellos que han de dar la cuenta; para que lo hagan con alegría, y no gimiendo; porque esto no os es útil.

18 Orad por nosotros, porque confío que tenemos buena conciencia, deseando conversar bien en todo.

19 Y más os ruego que lo hagáis así, para que [yo] os sea más pronto restituido. 20 Y el Dios de paz que sacó de los muertos al Gran Pastor de las ovejas por la sangre del Testamento eterno, al Señor nuestro Jesús,

21 os haga perfectos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo [él] en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesús, [el] Cristo, al cual es [la] gloria por [los] siglos de [los] siglos. Amén.

22 Pero os ruego, hermanos, que soportéis [esta] palabra de exhortación, que os he escrito brevemente.

23 Sabed que nuestro hermano Timoteo está suelto, con el cual, (si viniere pronto,) os iré a ver.

24 Saludad a todos vuestros pastores, y a todos los santos. Los italianos (hermanos) os saludan.

25 La gracia sea con todos vosotros. Amén.

SANTIAGO

CAPÍTULO 1

1 Jacobo, siervo de Dios y del Señor Jesús, el Cristo, a las doce tribus que están esparcidas, salud.

2 Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas,

3 sabiendo que la prueba de vuestra fe obra paciencia.

4 Y la paciencia consuma la obra, para que seáis perfectos y enteros, sin faltar en alguna cosa.

5 Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, (el cual da a todos abundantemente, y sin reproche) y le será dada.

6 Pero pida en fe, no dudando nada; porque el que duda, es semejante a la onda del mar, que es movida del viento, y es echada de una parte a otra.

7 Ciertamente no piense el tal hombre que recibirá ninguna cosa del Señor.

8 El hombre de doble ánimo, es inconstante en todos sus caminos.

9 El hermano que es de baja suerte, gloriese en su alteza;

10 mas el que es rico, en su bajeza; porque él se pasará como la flor de la hierba.

11 Porque salido el sol con ardor, la hierba se seca, y su flor se cae, y perece su hermosa apariencia; así también se marchitará el rico en todos sus caminos.

12 Bienaventurado el varón que padece [con paciencia] la tentación, porque cuando fuere probado, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.

13 Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de Dios; porque Dios no puede ser tentado de los males, ni él tienta a alguno;

14 pero cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído, y cebado.

15 Y la concupiscencia después que ha concebido, da a luz al pecado; y el pecado, siendo cumplido, engendra muerte.

16 Hermanos míos muy amados, no erréis.

17 Toda buena dádiva, y todo don perfecto es de lo alto, que desciende del Padre de las lumbres, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.

18 El, de su voluntad nos ha engendrado por la Palabra de verdad, para que seamos las primicias de sus criaturas.

19 Por esto, hermanos míos amados, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; 20 porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.

21 Por lo cual, dejando toda inmundicia, y restos de malicia, recibid con mansedumbre la Palabra ingerida en vosotros, la cual puede hacer salvas vuestras almas.

22 Mas sed hacedores de la Palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.

23 Porque si alguno oye la Palabra, y no la pone por obra, este tal es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural.

24 Porque él se consideró a sí mismo, y se fue; y a la hora se olvidó qué tal era.

25 Mas el que hubiere mirado [atentamente] en la Ley de perfecta libertad, y hubiere perseverado [en ella,] no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, este tal será bienaventurado en su hecho.

26 Si alguno piensa ser religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana.

27 La religión pura y sin mácula delante de Dios y Padre es visitar [a] los huérfanos y [a] las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha de este mundo.

CAPÍTULO 2

1 Hermanos míos, no tengáis la fe de nuestro Señor Jesús, el Cristo glorioso, en acepción de personas.

2 Porque si en vuestra reunión entra [algún] varón que trae anillo de oro, vestido de preciosa ropa, y también entra un pobre vestido de vestidura vil,

3 y tuviereis respeto al que trae la vestidura preciosa, y le dijereis: Siéntate tú aquí bien; y dijereis al pobre: Estate tú allí en pie, o siéntate aquí debajo de mi estrado;

4 ¿vosotros no juzgáis en vosotros mismos, y sois hechos jueces de pensamientos malos?

5 Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios los pobres de este mundo, [para que sean] ricos en fe, y herederos del Reino que prometió a los que le aman?

6 Mas vosotros habéis afrentado al pobre. ¿No os oprimen los ricos con tiranía, y ellos os llevan [con violencia] a los juzgados?

7 ¿No blasfeman ellos el buen nombre que es invocado sobre vosotros?

