Sagradas Escrituras Version Antigua

Part 162

Chapter 162 4,312 words Public domain Markdown

4 que enseñen a las mujeres jóvenes a ser prudentes, a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos,

5 a que sean templadas, castas, que tengan buen cuidado de la casa, excelentes, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.

6 Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean templados;

7 mostrándote en todo por ejemplo de buenas obras; en doctrina haciendo ver integridad, seriedad, pureza,

8 palabra sana, e irreprensible; que el adversario se avergüence, no teniendo ninguno mal que decir de vosotros.

9 [Exhorta] a los siervos a que sean sujetos a sus señores, que agraden en todo, no respondones;

10 en nada defraudando, antes mostrando toda buena lealtad, para que adornen en todo la doctrina de nuestro Salvador Dios.

11 Porque la gracia de Dios que trae salvación, se manifestó a todos los hombres.

12 Enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo templada, justa, y píamente,

13 esperando aquella esperanza bienaventurada, y la manifestación gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro Jesús, [el] Cristo.

14 Que se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad, y limpiar para sí un pueblo propio, seguidor de buenas obras.

15 Esto habla y exhorta, y reprende con toda autoridad. Nadie te desprecie.

CAPÍTULO 3

1 Amonéstales que se sujeten a los príncipes y potestades, que obedezcan, que estén prontos a toda buena obra.

2 Que a nadie infamen, que no sean pendencieros, sino modestos, mostrando toda mansedumbre para con todos los hombres.

3 Porque también éramos nosotros locos en otro tiempo, rebeldes, errados, sirviendo a [las] concupiscencias y [los] deleites diversos, viviendo en malicia y en envidia, aborrecibles, aborreciéndonos los unos a los otros.

4 Pero cuando se manifestó la bondad del Salvador nuestro Dios, y su amor para con los hombres,

5 no por obras de justicia que nosotros habíamos hecho, sino por su misericordia, nos salvó por el lavamiento de la regeneración, y de la renovación del Espíritu Santo;

6 el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesús, el Cristo, nuestro Salvador,

7 para que, justificados por su gracia, seamos hechos herederos según la esperanza de la vida eterna.

8 La palabra es fiel, y esto quiero que afirmes que los que creen a Dios procuren conducirse en buenas obras. Esto es lo bueno y útil a los hombres.

9 Mas las cuestiones locas, y las genealogías, y contenciones, y debates [acerca] de la ley, evita; porque son sin provecho y vanas.

10 El hombre hereje, después de una y otra corrección, deséchalo;

11 estando cierto que el tal es trastornado, y peca, [siendo] condenado de su propio juicio.

12 Cuando enviare a ti a Artemas, o a Tíquico, procura venir a mí, a Nicópolis, porque allí he determinado invernar.

13 A Zenas doctor de la ley, y a Apolos, envía delante, procurando que nada les falte.

14 Y aprendan asimismo los nuestros a conducirse en buenas obras para los usos necesarios, para que no sean inútiles.

15 Todos los que están conmigo te saludan. Saluda a los que nos aman en la fe. La gracia [sea] con todos vosotros. Amén.

FILEMÓN

CAPÍTULO 1

1 Pablo, preso [por causa] de Cristo Jesús, y el hermano Timoteo, a Filemón amado, y ayudador nuestro;

2 y a la amada Apia [hermana], y a Arquipo, compañero de nuestra milicia, y a la Iglesia que está en tu casa:

3 Gracia y paz halléis del Dios nuestro Padre, y del Señor Jesús, [el] Cristo.

4 Doy gracias a mi Dios, haciendo siempre memoria de ti en mis oraciones.

5 Oyendo tu caridad, y la fe que tienes en el Señor Jesús, y para con todos los santos;

6 que la comunicación de tu fe sea eficaz, para conocimiento de todo el bien que [está] en vosotros, por Cristo Jesús.

7 Porque tenemos gran gozo y consolación en tu caridad, de que por ti, oh hermano, han sido recreadas las entrañas de los santos.

8 Por lo cual, aunque tengo mucha resolución en Cristo de mandarte [en] lo que te conviene,

9 ruego antes por la caridad porque soy tal, es a saber, Pablo ya anciano, y aun ahora preso [por amor] de Jesús, [el] Cristo;

10 lo que ruego [es] por mi hijo Onésimo, que he engendrado en mi prisión,

11 el cual en otro tiempo te fue inútil, mas ahora a ti y a mí [nos] es útil;

12 el cual te vuelvo a enviar; tú pues, recíbele como a mí mismo.

13 Yo quisiera detenerle conmigo, para que en lugar de ti me sirviese en la prisión del Evangelio;

14 mas nada quise hacer sin tu consejo, porque tu beneficio no fuese como de necesidad, sino voluntario.

15 Porque quizás para esto se apartó de ti por [algún] tiempo, para que le vuelvas a tener para siempre;

16 ya no como siervo, antes más que siervo, [a saber como] hermano amado, mayormente de mí, y cuánto más de ti, en la carne y en el Señor.

17 Así que, si me tienes por compañero, recíbele como a mí.

18 Y si en algo te dañó, o te debe, ponlo a mi cuenta.

19 Yo Pablo lo escribí de mi mano, yo lo pagaré; por no decirte que aun a ti mismo te me debes demás. 20 Así, hermano, yo [me] goce de ti en el Señor; que recrees mi corazón en el Señor.

21 Te he escrito confiando en tu obediencia, sabiendo que aun harás más de lo que digo.

22 Y asimismo prepárame también alojamiento; porque espero que por vuestras oraciones os tengo de ser concedido.

23 Te saludan Epafras, mi compañero en la prisión por el Cristo Jesús.

24 Marcos, Aristarco, Demas, y Lucas, mis ayudadores.

25 La gracia de nuestro Señor Jesús [el] Cristo [sea] con vuestro espíritu, Amén.

HEBREOS

CAPÍTULO 1

1 Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

2 en estos postreros tiempos nos ha hablado por el Hijo, al cual constituyó por heredero de todo, por el cual asimismo hizo los siglos;

3 el cual siendo el resplandor de su gloria, y la [misma] imagen de su sustancia, y sustentando todas las cosas con la palabra de su potencia, habiendo hecho la purgación de nuestros pecados por sí mismo, se sentó a la diestra de la majestad en las alturas,

4 hecho tanto más excelente que los ángeles, [por] cuanto alcanzó [por herencia] más excelente nombre que ellos.

5 Porque ¿A cuál de los ángeles dijo [Dios] jamás: Mi Hijo eres tú, hoy yo te he engendrado, Y otra vez: Yo seré a él Padre, y él me será a mí Hijo?

6 Y otra vez, cuando metiendo al Primogénito en la redondez de la tierra, dice: Y adórenlo todos los Angeles de Dios.

7 Y ciertamente de los ángeles dice: El que hace a sus ángeles espíritus, y a sus ministros llama de fuego.

8 Mas al Hijo: Tu trono, oh DIOS; por el siglo del siglo; vara de equidad la vara de tu Reino;

9 amaste [la] justicia, y aborreciste la maldad; por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros.

10 Y: Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra; y los cielos son obras de tus manos;

11 ellos perecerán, mas tú eres permanente; y todos [ellos] se envejecerán como una vestidura;

12 y como un vestido los envolverás, y serán mudados; pero tú eres el mismo, y tus años nunca se acabarán.

13 Pues, ¿A cuál de los ángeles dijo jamás: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?

14 ¿No son todos espíritus servidores, enviados en servicio por amor de los que son los herederos de la salud?

CAPÍTULO 2

1 Por lo cual es necesario que tanto con más diligencia guardemos las cosas que hemos oído, para que no nos escurramos.

2 Porque si la palabra dicha por [el ministerio de] los ángeles, fue firme, y toda rebelión y desobediencia recibió justa paga de su galardón,

3 ¿cómo escaparemos nosotros, si tuviéremos en poco una salud tan grande? La cual, habiendo comenzado a ser publicada por el Señor, ha sido confirmada hasta nosotros por los que [lo] oyeron a él mismo;

4 testificando Dios juntamente con ellos con señales y milagros, y diversas maravillas, y con dones del Espíritu Santo repartiéndolos según su voluntad.

5 Porque no sujetó a los ángeles el mundo venidero, del cual hablamos.

6 Testificó sin embargo uno en cierto lugar, diciendo: ¿Qué es el hombre, que te acuerdas de él? ¿O el hijo del hombre, que lo visitas?

7 Tú lo hiciste un poco menor que los ángeles, lo coronaste de gloria y de honra, y lo pusiste sobre las obras de tus manos;

8 todas las cosas sujetaste debajo de sus pies; porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él. Mas aun no vemos que todas las cosas le son sujetas.

9 Pero vemos a aquel Jesús coronado de gloria y de honra, quien fue hecho un poco menor que los ángeles por pasión de muerte, para que por [la] gracia de Dios gustase la muerte por todos.

10 Porque convenía que aquel por amor del cual son todas las cosas, y por el cual son todas las cosas, habiendo de traer en [su] gloria a muchos hijos, perfeccionase por aflicciones al autor de la salud de ellos.

11 Porque el que santifica y los que son santificados de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos,

12 Diciendo: Anunciaré a mis hermanos tu nombre, en medio de la congregación te alabaré.

13 Y otra vez: Yo confiaré en él. Y otra vez: He aquí, yo y los hijos que Dios me dio.

14 Así que, por cuanto los hijos participan de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo,

15 Y librar a los que por el temor de la muerte estaban por toda la vida sujetos a servidumbre.

16 Que no tomó a los ángeles, sino a la simiente de Abraham.

17 Por lo cual, debía hacerse en todo semejante a los hermanos, ser hecho misericordioso y fiel Sumo sacerdote en lo que es para con Dios, para expiar los pecados del pueblo;

18 porque en cuanto él mismo padeció y fue tentado, es poderoso para socorrer también a los que son tentados.

CAPÍTULO 3

1 Por tanto, hermanos, santos, participantes de la vocación celestial, considerad al Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús,

2 Fiel al que lo constituyó sobre toda su casa, como también [lo fue] Moisés.

3 Porque de [tanto] mayor gloria que Moisés es estimado digno éste, cuanto tiene mayor dignidad que la casa el que la fabricó.

4 Porque toda casa es edificada de alguno; y el que creó todas las cosas, es Dios.

5 Y, Moisés a la verdad fue fiel sobre toda su casa, como siervo, [pero] para testificar lo que se había de decir;

6 mas Cristo, como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si hasta el fin retuviéremos firme la confianza y la esperanza gloriosa.

7 Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz,

8 no endurezcáis vuestros corazones como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto,

9 donde me tentaron vuestros padres; me probaron, y vieron mis obras, cuarenta años.

10 A causa de lo cual me enemisté con esta generación, y dije: Siempre yerran ellos de corazón, y no han conocido mis caminos.

11 Y les juré en mi ira: No entrarán en mi Reposo.

12 Mirad, hermanos, que en ninguno de vosotros haya corazón malo de infidelidad para apartarse del Dios vivo;

13 antes exhortaos los unos a los otros cada día entre tanto que se dice: Hoy, para que ninguno de vosotros se endurezca con engaño de pecado;

14 (porque participantes del Cristo somos hechos, si empero retuviéremos firme hasta el fin el principio de su sustancia.)

15 Entre tanto que se dice: Si oyereis HOY su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación.

16 Porque algunos de los que habían salido de Egipto con Moisés, habiendo oído, provocaron; aunque no todos.

17 Mas ¿con cuáles se enemistó por cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto?

18 ¿Y a cuáles juró que no entrarían en su Reposo, sino a aquellos que no obedecieron?

19 Y vemos que no pudieron entrar a causa de [su] incredulidad.

CAPÍTULO 4

1 Temamos, pues, alguna vez, [que] dejando la promesa de la entrada en su Reposo, parezca alguno de vosotros haberse apartado.

2 Porque también a nosotros nos ha sido anunciado como a ellos; mas no les aprovechó el oír la palabra a los que la oyeron sin mezclar fe.

3 (Pero entramos en el Reposo los que hemos creído,) de la manera que dijo: Así que les juré en mi ira, no entrarán en mi Reposo, aun acabadas las obras desde el principio del mundo.

4 Porque en un cierto lugar dijo así del séptimo día: Y reposó Dios de todas sus obras en el séptimo día.

5 Y otra vez aquí: No entrarán en mi Reposo.

6 Así pues, resta que algunos han de entrar en él, y que aquellos a quienes primero fue anunciado, no entraron por causa de la incredulidad,

7 Determina otra vez un cierto día, [diciendo]: HOY por David tanto tiempo después, como está dicho: Si oyereis HOY su voz, no endurezcáis vuestros corazones.

8 Porque si Jesús {Josué en el Heb.} les hubiera dado el Reposo, no hablaría después de otro día.

9 Así que queda el sabatismo para el Pueblo de Dios.

10 Porque el que ha entrado en su Reposo, también él ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas.

11 Apresurémonos, pues, de entrar en aquel Reposo, que ninguno caiga en semejante ejemplo de incredulidad.

12 Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más penetrante que toda espada de dos filos; y que alcanza hasta partir el alma y el espíritu, y las coyunturas, y [los] tuétanos; y [que] discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

13 Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes todas las cosas [están] desnudas y abiertas a sus ojos, de lo cual hablamos.

14 Por tanto, teniendo un gran Sumo Sacerdote, que penetró los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos esta profesión (de nuestra esperanza).

15 Porque no tenemos Sumo Sacerdote que no se pueda compadecer de nuestras flaquezas; [mas] tentado en todo según [nuestra] semejanza, PERO SIN PECADO.

16 Lleguémonos pues confiadamente al trono de su gracia, para alcanzar misericordia, y hallar gracia para la ayuda oportuna.

CAPÍTULO 5

1 Porque todo sumo sacerdote es tomado de los hombres, constituido en lugar de los hombres en lo que a Dios toca, para que ofrezca presentes y sacrificios por los pecados;

2 que se pueda compadecer de los ignorantes y errados, porque él también está rodeado de flaqueza;

3 por causa de la cual debe, así también por sí mismo, como por el pueblo, ofrecer por los pecados.

4 Ni nadie toma para sí la honra, sino el que es llamado de Dios, como Aarón.

5 Así también el Cristo no se glorificó a sí mismo haciéndose Sumo Sacerdote, sino el que le dijo: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy:

6 Como también dice en otro lugar: Tú eres Sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.

7 El cual en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído por [su] temor reverente.

8 Y aunque era el Hijo (de Dios,) por lo que padeció aprendió la obediencia;

9 en la cual consumado, fue hecho causa de eterna salud a todos los que le obedecen;

10 nombrado por Dios Sumo Sacerdote, según la orden de Melquisedec.

11 Del cual tenemos mucho que decir, y difícil de declarar, por cuanto sois tardos para oír.

12 Porque debiendo ser ya maestros [de otros], si miramos el tiempo, tenéis necesidad de volver a ser enseñados, de cuáles sean los primeros elementos de las palabras de Dios, y sois hechos [tales] que tenéis necesidad de leche, y no de mantenimiento firme.

13 Que cualquiera que participa de la leche, es inhábil para la palabra de la justicia, porque es niño;

14 mas de los perfectos es la vianda firme, [es a saber] de los que por la costumbre tienen [ya] los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.

CAPÍTULO 6

1 Por lo cual, dejando ya la palabra del comienzo [en la institución] del Cristo, vamos adelante a la perfección, no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de las obras de muerte, y de [la] fe en Dios,

2 de la doctrina de los bautismos, y de la imposición de manos, y de la resurrección de los muertos, y del juicio eterno.

3 Y esto haremos, a la verdad, si Dios lo permitiere.

4 Porque es imposible que los que una vez recibieron la luz, y que gustaron aquel don celestial, y que fueron hechos partícipes del Espíritu Santo;

5 y que así mismo gustaron la buena palabra de Dios, y las virtudes del siglo venidero,

6 y recayeron, sean renovados de nuevo por arrepentimiento colgando en el madero otra vez para sí mismos al Hijo de Dios, y exponiéndolo a vituperio.

7 Porque la tierra que embebe el agua que muchas veces vino sobre ella, y que engendra hierba a su tiempo a aquellos de los cuales es labrada, recibe bendición de Dios.

8 Mas la que produce espinas y abrojos, es reprobada, y cercana de maldición, y su fin [será] por fuego.

9 Pero de vosotros, oh amados, esperamos mejores cosas que éstas y más cercanas a [la] salud, aunque hablamos así.

10 Porque Dios no es injusto que se olvide de vuestra obra y el trabajo de la caridad que habéis mostrado en su nombre, habiendo ayudado a los santos y ayudándoles.

11 Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin para cumplimiento de [su] esperanza,

12 que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.

13 Porque prometiendo Dios a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo,

14 diciendo: Que te bendeciré bendiciendo, y multiplicando, te multiplicaré.

15 Y así, esperando con largura de ánimo, alcanzó la promesa.

16 Porque los hombres ciertamente por el mayor que ellos juran; y el fin de todas sus controversias es el juramento para confirmación.

17 En lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento,

18 para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo, los que nos acogemos a unirnos a la esperanza propuesta;

19 la cual tenemos como por segura y firme ancla del alma, y que entra hasta [en] lo que está dentro del velo, 20 donde entró por nosotros [nuestro] precursor Jesús, hecho Sumo Sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.

CAPÍTULO 7

1 Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, el cual salió a recibir a Abraham que volvía de la matanza de los reyes, y lo bendijo,

2 al cual asimismo dio Abraham la décima parte de todo, primeramente él se interpreta Rey de justicia; y luego también Rey de Salem, que es, Rey de paz;

3 sin padre, sin madre, sin linaje; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, mas hecho semejante al Hijo de Dios, se queda Sacerdote eternalmente.

4 Mirad, pues, cuán grande sea éste, al cual aun Abraham el patriarca haya dado la décima parte de los despojos.

5 Que ciertamente los que de los hijos de Leví toman el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la Ley, es a saber, de sus hermanos aunque también ellos hayan salido de los lomos de Abraham.

6 Mas aquel cuya genealogía no es contada en ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las promesas.

7 Que sin contradicción alguna, lo que es menos es bendecido de lo que es más.

8 Del mismo modo, aquí ciertamente los hombres mortales toman los diezmos; mas allí, aquel [los tomó] del cual está dado testimonio que vive;

9 y, (por decir, así) en Abraham pagó diezmos también el mismo Leví, que recibe los diezmos;

10 porque aún [Leví] estaba en los lomos de su padre, cuando Melquisedec salió a recibirlo.

11 Pues si la perfección era por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el pueblo la Ley) ¿qué necesidad había aún de que se levantase otro sacerdote según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón?

12 Pues traspasado el sacerdocio, necesario es que se haga también traspasamiento de la Ley.

13 Porque [aquel] del cual esto se dice, de otra tribu es, de la cual nadie presidió el altar.

14 Porque manifiesto es que el Señor nuestro nació de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés [tocante] al sacerdocio.

15 Y aún más manifiesto es, si se levanta otro Sacerdote que sea semejante a Melquisedec;

16 el cual no es hecho conforme a la ley del mandamiento carnal, sino por virtud de vida indisoluble;

17 porque el testimonio es de esta manera: Que tú eres Sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.

18 El mandamiento precedente, cierto queda abolido por su flaqueza e inutilidad;

19 porque nada perfeccionó la ley, sino la introducción de [una] mejor esperanza (por la cual nos acercamos a Dios.) 20 Y [tanto más] en cuanto no [es] sin juramento,

21 porque los otros ciertamente sin juramento fueron hechos sacerdotes; mas éste, con juramento por el que le dijo: Juró el Señor, y no se arrepentirá, [que] Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.

22 Tanto de mejor testamento es hecho prometedor Jesús.

23 Y, los otros, cierto, fueron muchos sacerdotes en cuanto por la muerte no podían permanecer;

24 mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene el sacerdocio intransferible;

25 por lo cual puede también salvar eternamente a los que por él se allegan a Dios, viviendo siempre para rogar por ellos.

26 Porque tal Sumo Sacerdote nos convenía tener: Santo, inocente, limpio, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos.

27 Que no tiene necesidad cada día, como los [otros] sacerdotes, de ofrecer sacrificios primero por sus pecados, y luego por [los] del pueblo, porque esto lo hizo UNA VEZ ofreciéndose a sí mismo.

28 Porque la ley constituye sacerdotes [a] hombres débiles; mas la palabra del juramento después de la ley, al Hijo, hecho perfecto eternalmente.

CAPÍTULO 8

1 Así que, la suma acerca de lo dicho [es]: Que tenemos tal Sumo Sacerdote que se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos;

2 ministro del Santuario, y de aquel verdadero Tabernáculo que el Señor asentó, y no [al] hombre.

3 Porque todo sumo sacerdote es puesto para ofrecer presentes y sacrificios; por lo cual es necesario que también [éste] tuviese algo que ofrecer.

4 Así que si estuviese sobre la tierra, ni aun sería sacerdote, estando aún los otros sacerdotes que ofrecen los presentes según la Ley.

5 (Los cuales sirven de ejemplo y sombra de las cosas celestiales, como fue respondido a Moisés cuando había de hacer el Tabernáculo: Mira, dice: haz todas las cosas conforme al modelo que te ha sido mostrado en el monte).

6 Mas ahora [tanto] mejor ministerio es el suyo, cuanto de un mejor testamento es Mediador, el cual es hecho de mejores promesas.

7 Porque si aquel primero fuera sin falta, ciertamente no se hubiera procurado lugar del segundo.

8 Porque reprendiéndolos dice: He aquí, vienen días, dice el Señor, y consumaré para con la casa de Israel y para con la casa de Judá un nuevo testamento;

9 no como el testamento que hice a vuestros padres el día que los tomé por la mano que los sacaría de la tierra de Egipto; porque ellos no permanecieron en mi testamento, y yo los menosprecié a ellos, dice el Señor;

10 por lo cual este es el testamento que ordenaré a la Casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Daré mis leyes en el alma de ellos, y sobre el corazón de ellos las escribiré; y seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo.

11 Y ninguno enseñará a su prójimo, ni ninguno a su hermano diciendo: Conoce al Señor; Porque todos me conocerán, desde el menor de ellos hasta el mayor.

12 Porque seré propicio a sus iniquidades, y a sus pecados; y de sus iniquidades no me acordaré más.

13 Diciéndolo nuevo, dio por viejo al primero; y lo que decae y se envejece, cerca está de desvanecerse.

CAPÍTULO 9

1 Tenía sin embargo el primero [sus] justificaciones del culto, y [su] santuario mundano.

2 Porque un Tabernáculo fue hecho: el primero, en que [estaba] el candelero, y la mesa, y los panes de la proposición, lo que llaman el santuario.

3 Tras el segundo velo [estaba] el Tabernáculo, que llaman el Lugar Santísimo;