# Sagradas Escrituras Version Antigua

## Part 159

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19 los cuales después que perdieron el sentido [de la conciencia], se entregaron a la desvergüenza para cometer con avidez toda [suerte de] impureza. 20 Mas vosotros no habéis aprendido así al Cristo;

21 si empero lo habéis oído, y habéis sido por él enseñados, como la verdad está en Jesús,

22 a que dejéis, [en] cuanto a la pasada manera de vivir; [es a saber] el viejo hombre que se corrompe conforme a los deseos del error;

23 y a renovaros en el espíritu de vuestro entendimiento,

24 y vestir el nuevo hombre que es creado conforme a Dios en justicia y en santidad de [la] verdad.

25 Por lo cual, dejando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros.

26 Airaos, y no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo;

27 ni deis lugar al diablo.

28 El que hurtaba, no hurte más; antes trabaje, obrando con sus manos lo que es bueno, para que tenga de qué dar al que padeciere necesidad.

29 Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que [sea] buena para edificación, para que dé gracia a los oyentes.

30 Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual estáis sellados para el día de la redención.

31 Toda amargura, y enojo, e ira, y gritería, y maledicencia sea quitada de vosotros, y toda malicia;

32 antes sed los unos con los otros benignos, misericordiosos, perdonándoos los unos a los otros, como también Dios os perdonó en el Cristo.

CAPÍTULO 5

1 Así que sed imitadores de Dios como hijos amados;

2 y andad en caridad, como también el Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros por ofrenda y sacrificio a Dios en olor suave.

3 Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a los santos;

4 ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen; sino antes bien acciones de gracias.

5 Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que [también] es servidor de ídolos, tiene herencia en el Reino del Cristo, y de Dios.

6 Nadie os engañe con palabras vanas; porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia.

7 No seáis pues compañeros con ellos;

8 porque [en] otro tiempo erais tinieblas; mas ahora [sois] luz en el Señor: andad como hijos de luz,

9 (porque el fruto del Espíritu [es] en toda bondad, y justicia, y verdad),

10 aprobando lo que es agradable al Señor.

11 Y no tengáis comunión con las obras infructuosas de las tinieblas; sino antes bien impugnadlas.

12 Porque torpe cosa es aun hablar de lo que estos hacen en oculto.

13 Mas todas estas cosas cuando de la luz son impugnadas, son manifestadas; porque la luz es la que manifiesta todo.

14 Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará el Cristo.

15 Mirad, pues, cómo andéis avisadamente; no como locos, sino como sabios;

16 redimiendo el tiempo, porque los días son malos.

17 Por tanto, no seáis imprudentes, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.

18 Y no os embriaguéis de vino, en lo cual hay disolución; mas sed llenos de Espíritu;

19 hablando entre vosotros con salmos, y con himnos, y canciones espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; 20 dando gracias siempre de todo al Dios y Padre en el Nombre del Señor nuestro, Jesús, [el] Cristo;

21 sujetados los unos a los otros en el temor de Dios.

22 Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor.

23 Porque el marido es cabeza de la mujer, así como el Cristo es cabeza de la Iglesia; y él es el que da la salud al cuerpo.

24 Así que, como la Iglesia está sujeta al Cristo, así también las casadas [lo estén] a sus maridos en todo.

25 Maridos, amad a vuestras mujeres, así como el Cristo amó a la Iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,

26 para santificarla limpiándola en el lavamiento del agua por la palabra,

27 para presentársela gloriosa para sí [mismo], una Iglesia que no tuviese mancha ni arruga, ni cosa semejante; sino que fuese santa y sin mancha.

28 Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama.

29 Porque ninguno aborreció jamás a su propia carne, antes la sustenta y regala, como también El Señor a su Iglesia;

30 porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos.

31 Por esto dejará el hombre al padre y a la madre, y se allegará a su mujer, y serán dos en una carne.

32 Este misterio grande es; acerca de Cristo y la Iglesia.

33 Así también [haga] cada uno de vosotros, cada uno ame a su mujer como a sí mismo; y la mujer que tenga en reverencia a su marido.

CAPÍTULO 6

1 Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres; porque esto es justo.

2 Honra a tu padre y [a tu] madre, (que es el primer mandamiento con promesa),

3 para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.

4 Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos; sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.

5 Siervos, obedeced a vuestros amos según la carne con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como al Cristo;

6 no sirviendo para ser visto, como los que agradan [solamente] a los hombres; sino como siervos del Cristo, haciendo de ánimo la voluntad de Dios;

7 sirviendo con buena voluntad, como al Señor, y no a los hombres;

8 sabiendo que el bien que cada uno hiciere, esto recibirá del Señor, sea siervo o sea libre.

9 Y vosotros, amos, haced a ellos lo mismo, dejando las amenazas; sabiendo que el Señor de ellos y vuestro está en los cielos, y que no hay acepción de personas con él.

10 Por lo demás, hermanos míos, confortaos en el Señor, y en la potencia de su fortaleza.

11 Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar [firmes] contra las asechanzas del diablo.

12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne; sino contra principados, contra potestades, contra señores del siglo, gobernadores de estas tinieblas, contra malicias espirituales en los cielos.

13 Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y estar [firmes,] acabado toda [la obra].

14 Estad pues [firmes], ceñidos vuestros lomos de [la] verdad, y vestidos de la cota de justicia.

15 Y calzados los pies con el la preparación del Evangelio de [la] paz;

16 sobre todo, tomando el escudo de [la] fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.

17 Y tomad el yelmo de [la] salud, y la espada del Espíritu; que es la palabra de Dios;

18 por toda oración y ruego orando en todo tiempo en el espíritu, y velando en ello con toda instancia y súplica por todos los santos,

19 y por mí, para que me sea dada palabra en el abrir de mi boca con confianza, para hacer notorio el misterio del Evangelio, 20 por el cual soy embajador en cadenas; que resueltamente hable de él, como debo hablar.

21 Mas para que también vosotros sepáis mis negocios, y cómo lo paso, todo os lo hará saber Tíquico, hermano amado y fiel siervo en el Señor,

22 al cual os he enviado para esto mismo, para que entendáis lo tocante a nosotros, y que consuele vuestros corazones.

23 Paz [sea] a los hermanos y caridad con fe, por Dios Padre y el Señor Jesús, [el] Cristo.

24 Gracia [sea] con todos los que aman al Señor nuestro, Jesús, el Cristo en incorrupción. Amén.

FILIPENSES

CAPÍTULO 1

1 Pablo y Timoteo, siervos de Jesús, [el] Cristo, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos con los obispos y diáconos:

2 Gracia y paz tengáis de Dios nuestro Padre y del Señor Jesús, [el] Cristo.

3 Doy gracias a mi Dios en toda memoria de vosotros,

4 siempre en todas mis oraciones haciendo oración por todos vosotros con gozo,

5 por vuestra comunión en el Evangelio, desde el primer día hasta ahora.

6 Confiando de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, [la] perfeccionará hasta el día de Jesús el Cristo;

7 como me es justo sentir [esto] de todos vosotros, por cuanto os tengo en el corazón; y en mis prisiones, y en la defensa y confirmación del Evangelio, sois todos vosotros compañeros de mi gracia.

8 Porque Dios me es testigo de cómo os quiero a todos vosotros en las entrañas de Jesús, [el] Cristo.

9 Y esto oro: que vuestra caridad abunde aún más y más en ciencia y en toda percepción,

10 para que aprobéis lo mejor; que seáis sinceros y sin ofensa para el día del Cristo;

11 llenos de fruto de justicia, que [son] por Jesús, el Cristo, a gloria y loor de Dios.

12 Y quiero, hermanos, que sepáis que las cosas [que me han sucedido], han redundado más en provecho del Evangelio;

13 de manera que mis prisiones han sido célebres en Cristo en todo el pretorio, y en todos los demás [lugares];

14 y muchos de los hermanos, tomando ánimo con mis prisiones, se atreven mucho más a hablar la palabra de Dios sin temor.

15 Y algunos, a la verdad, predican al Cristo por envidia y porfía; mas otros también por buena voluntad.

16 Los unos anuncian al Cristo por contención, no sinceramente, pensando añadir tribulación a mis prisiones;

17 pero los otros por caridad, sabiendo que soy puesto [en ellas] por la defensa del Evangelio.

18 ¿Qué pues? Que no obstante, en todas maneras, o por pretexto o por verdad, es anunciado el Cristo; y en esto también me gozo, y aun me gozaré.

19 Porque sé que esto se me tornará en salud, por vuestra oración, y por la alimentación del Espíritu de Jesús el Cristo; 20 conforme a mi deseo y esperanza, que en nada seré avergonzado; antes bien con toda confianza, como siempre, ahora también será engrandecido el Cristo en mi cuerpo, o por vida, o por muerte.

21 Porque para mí el vivir es Cristo y el morir, ganancia.

22 Mas si viviere en la carne, esto me será para fruto de la obra, (y no sé entonces qué escoger;

23 porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho) teniendo deseo de ser desatado, y estar con Cristo, [lo cual es] mucho mejor;

24 pero quedar en la carne [es] más necesario por causa de vosotros.

25 Y confiado en esto, sé que quedaré, que aún permaneceré con todos vosotros, para provecho vuestro y gozo de la fe;

26 para que puedan gloriarsen más en Cristo Jesús por mi venida otra vez a vosotros.

27 Solamente que converséis como es digno del Evangelio del Cristo; para que, o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis [firmes] en un mismo espíritu, unánimes obrando juntamente por la fe del Evangelio,

28 y en nada intimidados de los que se oponen; que a ellos ciertamente es indicio de perdición, mas a vosotros de salud; y esto de Dios;

29 porque a vosotros es concedido acerca de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él,

30 Teniendo el mismo conflicto que habéis visto en mí, y ahora oís estar en mí.

CAPÍTULO 2

1 Por tanto, si [hay] en vosotros alguna consolación en el Cristo; si algún refrigerio de caridad; si alguna comunión del Espíritu; si algunas entrañas y misericordias,

2 cumplid mi gozo; que sintáis lo mismo, teniendo una misma caridad, unánimes, sintiendo una misma cosa.

3 Nada [hagáis] por contienda o por vanagloria; antes [bien] en humildad, estimándoos inferiores los unos a los otros;

4 no mirando cada uno a lo que es suyo, mas a lo que es de los otros.

5 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en el Cristo Jesús;

6 que siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación ser igual a Dios;

7 sin embargo, se anonadó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;

8 y hallado en la condición como hombre, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte del madero.

9 Por lo cual Dios también le ensalzó a lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre;

10 que al Nombre de Jesús toda rodilla de lo celestial, de lo terrenal, y de lo infernal se doble.

11 Y todo lenguaje confiese que el Señor Jesús el Cristo está en la gloria de Dios, el Padre.

12 Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, obrad vuestra salud con temor y temblor;

13 porque Dios es el que en vosotros obra así el querer como el hacer, por su buena voluntad.

14 Haced todo sin murmuraciones o dudas,

15 para que seáis irreprensibles e inocentes, hijos de Dios sin culpa en medio de la nación maligna y perversa, entre los cuales resplandecéis como luminares en el mundo;

16 reteniendo la Palabra de vida para que yo pueda gloriarme en el día del Cristo, que no he corrido en vano, ni trabajado en vano.

17 Y aun si soy derramado en libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me gozo y congratulo por todos vosotros.

18 Y asimismo gozaos también vosotros, y regocijaos conmigo.

19 Mas espero en el Señor Jesús enviaros pronto a Timoteo, para que yo también esté de buen ánimo, entendido vuestro estado. 20 Porque a ninguno tengo tan unánime, y que con sincera afición esté solícito por vosotros.

21 Porque todos buscan lo que es suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús.

22 [Pero] la experiencia de él habéis conocido, que como hijo a padre ha servido conmigo en el Evangelio.

23 Así que a éste espero enviaros, luego que [yo] viere cómo van mis negocios;

24 y confío en el Señor que yo también iré pronto a vosotros.

25 Mas tuve por cosa necesaria enviaros a Epafrodito, hermano, y compañero y consiervo mío, y vuestro mensajero, y ministrador de mis necesidades;

26 porque tenía [gran] deseo [de veros] a todos vosotros, y gravemente se angustió porque habíais oído que había enfermado.

27 Pues en verdad estuvo enfermo a la muerte, pero Dios tuvo misericordia de él; y no solamente de él, sino aun de mí, para que yo no tuviese tristeza sobre tristeza.

28 Así que le envío más pronto, para que viéndole os volváis a gozar, y yo esté con menos tristeza.

29 Recibidle pues en el Señor con todo gozo; y tened en estima a los tales,

30 porque por la obra del Cristo estuvo cercano a la muerte, poniendo su vida para suplir vuestra falta en mi servicio.

CAPÍTULO 3

1 Resta, hermanos, que os gocéis en el Señor. A mí, a la verdad, no [me] es molesto el escribiros las mismas cosas, y para vosotros es seguro.

2 Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos del cortamiento.

3 Porque nosotros somos la circuncisión, los que servimos en espíritu a Dios, y nos gloriamos en el Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne.

4 Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno parece que tiene de qué confiar en la carne, yo más [que nadie].

5 Circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; [en] cuanto a la ley, fariseo;

6 [en] cuanto a celo, perseguidor de la Iglesia; [en] cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible.

7 Pero las cosas que para mí eran ganancias, las he apreciado pérdidas por Cristo.

8 Y ciertamente, aun aprecio todas las cosas [como] pérdida por el eminente conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien lo he perdido todo, y lo tengo por estiércol, para ganar a Cristo,

9 y por ser hallado en él, no teniendo mi justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe;

10 por conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, en conformidad a su muerte,

11 si en alguna manera llegase a la resurrección de los muertos.

12 No que ya [lo] haya alcanzado, ni que ya sea perfecto; mas sigo para asir [de aquello] como también soy asido del Cristo Jesús.

13 Hermanos, yo mismo no hago cuenta de haberlo ya alcanzado; pero una cosa [hago]: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante,

14 prosigo al blanco, al premio del soberano llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

15 Así que, todos los que somos perfectos, esto [mismo] sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os [lo] revelará Dios.

16 Pero en aquello a que hemos llegado, vamos por la misma regla, sintamos una misma cosa.

17 Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad los que así anduvieren como nos tenéis por ejemplo.

18 Porque muchos andan, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos del madero del Cristo,

19 cuyo fin [será] la perdición, cuyo dios es el vientre, y su gloria [esta en] su vergüenza; que sienten lo terrenal. 20 Mas nuestra vivienda es en los cielos; de donde también esperamos el Salvador, al Señor Jesús, [el] Cristo;

21 el cual transformará el cuerpo de nuestra bajeza, para ser semejante al cuerpo de su gloria, por la operación con la cual puede también sujetar a sí todas las cosas.

CAPÍTULO 4

1 Así que, hermanos míos amados y deseados, gozo y corona mía, estad así [firmes] en el Señor, amados.

2 A Evodia ruego, y a Síntique exhorto, que sientan lo mismo en el Señor.

3 Asimismo te ruego también a ti, hermano compañero, ayuda a éstas que trabajaron juntamente conmigo en el Evangelio, con Clemente también, y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida.

4 Gozaos en el Señor siempre; otra vez digo: Que os gocéis.

5 Vuestra modestia sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca.

6 Por nada estéis afanosos; sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en todo con oración y ruego y acción de gracias.

7 Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros entendimientos en el Cristo Jesús.

8 Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si alguna alabanza, en esto ejercitaos.

9 Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz será con vosotros.

10 En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin ha reflorecido vuestro cuidado de mí; de lo cual aun estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad.

11 No lo digo en razón de indigencia, pues he aprendido a contentarme con lo que tengo.

12 Sé estar humillado, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para [estar] saciado como para [tener] hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.

13 Todo lo puedo en el Cristo que me fortalece.

14 Sin embargo, bien hicisteis que comunicasteis juntamente a mi tribulación.

15 Y sabéis también vosotros, oh filipenses, que al principio del Evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna Iglesia me comunicó en razón de dar y recibir, sino vosotros solos.

16 Porque aun a Tesalónica me enviasteis lo necesario una y dos veces.

17 No porque busque dádivas; mas busco fruto que abunde en vuestra cuenta.

18 Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis, olor de suavidad, sacrificio acepto, agradable a Dios.

19 Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. 20 Al Dios pues y Padre nuestro [sea] gloria por [los] siglos de [los] siglos. Amén.

21 Saludad a todos los Santos en Cristo Jesús. Los hermanos que están conmigo os saludan.

22 Todos los santos os saludan, y mayormente los que son de la casa del César.

23 La gracia del Señor nuestro Jesús, [el] Cristo sea con todos vosotros. Amén.

COLOSENSES

CAPÍTULO 1

1 Pablo, apóstol de Jesús, [el] Cristo, por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo,

2 A los santos y hermanos fieles en Cristo que están en Colosas: Gracia y paz a vosotros de Dios Padre nuestro, y del Señor Jesús, [el] Cristo.

3 Damos gracias al Dios y Padre del Señor nuestro Jesús, [el] Cristo, siempre orando por vosotros;

4 habiendo oído vuestra fe en el Cristo Jesús, y la caridad [que tenéis] para con todos los santos,

5 a causa de la esperanza que os está guardada en los cielos; la cual habéis oído ya por la palabra de la verdad del Evangelio;

6 el cual ha llegado hasta vosotros, como [está] por todo el mundo; y fructifica, como también en vosotros, desde el día que oísteis y conocisteis la gracia de Dios en verdad,

7 como [lo] habéis aprendido de Epafras, nuestro consiervo amado, el cual es para vosotros un fiel ministro de Cristo Jesús;

8 quien también nos ha declarado vuestra caridad en Espíritu.

9 Por lo cual también nosotros, desde el día que [lo] oímos, no cesamos de orar por vosotros, y [de] pedir [a Dios] que seáis llenos del conocimiento de su voluntad, en toda sabiduría y entendimiento espiritual;

10 para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, fructificando en toda buena obra, y creciendo en [el] conocimiento de Dios.

11 Corroborados de toda fortaleza, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y tolerancia con gozo;

12 dando gracias al Padre que nos hizo dignos para participar en la herencia de los santos en luz;

13 que nos libró de la potestad de las tinieblas, y nos traspasó en el Reino de su amado Hijo,

14 en el cual tenemos redención por su sangre, la remisión de pecados.

15 El cual es la imagen del Dios invisible, [el] Primogénito de toda criatura.

16 Porque por él fueron creadas todas las cosas que [están] en los cielos, y que [están] en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por él y en él.

17 Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas consisten por él;

18 y él es la cabeza, del cuerpo de la Iglesia, principio y primogénito de [entre] los muertos, para que en todo tenga el primado.

19 Por cuanto agradó [al Padre] que en él habitase toda plenitud, 20 y por él reconciliar todas las cosas a sí, pacificando por la sangre de su madero, así lo que [está] en la tierra como lo que [está] en los cielos.

21 A vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos de ánimo en malas obras, ahora empero [os] ha reconciliado

22 en el cuerpo de su carne por medio de [la] muerte, para haceros santos, y sin mancha, e irreprensibles delante de él;

23 si empero permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del Evangelio que habéis oído; el cual es predicado a toda criatura que está debajo del cielo; del cual yo Pablo soy hecho ministro.

24 Que ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las tribulaciones del Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia;

25 de la cual soy hecho ministro, por la dispensación de Dios la cual me es dada en vosotros, para que cumpla la palabra de Dios;

26 [a saber], el misterio escondido desde los siglos y generaciones y que ahora ha sido manifestado a sus santos,

27 a los cuales quiso Dios hacer notorias las riquezas de la gloria de este misterio en los gentiles; que es Cristo en vosotros, [la] esperanza de gloria,

28 el cual nosotros anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando en toda sabiduría, para hacer a todo hombre perfecto en el Cristo Jesús;

29 en lo cual aun trabajo, combatiendo por la operación de él, la cual él obra en mí poderosamente.

CAPÍTULO 2

1 Porque quiero que sepáis cuán grande solicitud tengo por vosotros, y por los que están en Laodicea, y [por] todos los que nunca vieron mi rostro en carne;

2 para que tomen consolación sus corazones, unidos en caridad, y en todas [las] riquezas de cumplido entendimiento para conocer el misterio del Dios y Padre, y del Cristo;

3 en el cual están escondidos todos los tesoros de [la] sabiduría y [del] conocimiento.

4 Y esto digo, para que nadie os engañe con palabras persuasivas.

5 Porque aunque estoy ausente en cuerpo, [no obstante] en espíritu estoy con vosotros, gozándome y mirando vuestro orden y la firmeza de vuestra fe en el Cristo.

6 Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesús, el Cristo, andad en él;

7 arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como [lo] habéis aprendido, creciendo en ella con acciones de gracias.

8 Mirad que ninguno os engañe por filosofías y vanas sutilezas, según las tradiciones [de] los hombres, conforme a los elementos del mundo, y no según el Cristo,

9 porque en él habita toda plenitud de [la] Divinidad corporalmente,

10 y en él estáis cumplidos, el cual es la cabeza de todo principado y potestad.

