Sagradas Escrituras Version Antigua

Part 158

Chapter 158 4,350 words Public domain Markdown

6 Pero de aquellos que parecían ser algo (cuales hayan sido [en] algún tiempo, no tengo que ver; Dios no acepta apariencia de hombre), a mí ciertamente los que parecían ser algo, nada me dieron.

7 Antes por el contrario, como vieron que el Evangelio de la incircuncisión me era encargado, como a Pedro el de la circuncisión,

8 (porque el que obró Pedro para el apostolado de la circuncisión, obró también en mí para con los gentiles);

9 y como vieron la gracia que me era dada, Jacobo y Cefas y Juan, que parecían ser las columnas, nos dieron la diestra de compañía a mí y a Bernabé, para que nosotros [fuésemos] a los gentiles, y ellos a la circuncisión.

10 Solamente [nos pidieron] que nos acordásemos de los pobres; lo mismo que fui también solícito en hacer.

11 Pero viniendo Pedro a Antioquía, le resistí en la cara, porque era de condenar.

12 Porque antes que viniesen unos [de parte] de Jacobo, comía con los gentiles; mas después que vinieron, se retraía y apartaba, teniendo miedo de los que eran de la circuncisión.

13 Y a su disimulación consentían también los otros judíos; de tal manera que aun Bernabé fue también llevado de ellos en su hipocresía.

14 Como vi que no andaban derechamente [conforme] a la verdad del Evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como gentil y no como judío, ¿por qué constriñes a los gentiles a judaizar?

15 Nosotros [que somos] judíos naturaleza, y no pecadores de los gentiles,

16 sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesús, [el] Cristo, nosotros también hemos creído en Jesús, el Cristo, para que fuésemos justificados por [la] fe de Cristo, y no por las obras de la ley; por cuanto por las obras de la ley ninguna carne será justificada.

17 Y si buscando nosotros ser justificados en Cristo, también nosotros somos hallados pecadores, ¿es [por eso] el Cristo ministro de [nuestro] pecado? En ninguna manera.

18 Porque si las cosas que destruí, las mismas vuelvo a edificar, rebelde me hago.

19 Porque yo por la ley soy muerto a la ley, para vivir a Dios. 20 Con Cristo estoy juntamente colgado en el madero, y vivo, no ya yo, sino vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, [lo] vivo por la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó a sí mismo por mí.

21 No desecho la gracia de Dios; porque si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo.

CAPÍTULO 3

1 ¡Oh gálatas insensatos! ¿Quién os hechizó, para no obedecer a la Verdad, ante cuyos ojos Jesús, el Cristo fue ya descrito como colgado en el madero entre vosotros?

2 Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oído [obediente] de la fe?

3 ¿Tan locos sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora os perfeccionáis por la carne?

4 ¿Tantas cosas habéis padecido en vano? Sí, pero en vano.

5 Aquel, pues, que os da el Espíritu, y obra las maravillas entre vosotros ¿lo hace por las obras de la ley, o por [el oír] obediente de la fe?

6 Como Abraham creyó a Dios, y le fue atribuido a justicia.

7 Así que conocéis que los que son por la fe, los tales son los hijos de Abraham.

8 Y viendo antes la Escritura que Dios por la fe había de justificar a los gentiles, evangelizó antes a Abraham, [diciendo]: Que todos los gentiles de la tierra serán benditos en ti.

9 Luego los de la fe son [los] benditos con el creyente Abraham.

10 Porque todos los que son de las obras de la ley, están bajo maldición. Porque escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas que están escritas en el libro de la ley, para hacerlas.

11 Además por la ley ninguno se justifica para con Dios, queda manifiesto: Que el justo por la fe vivirá.

12 La ley tampoco es de la fe; sino: El hombre que los hiciere [los mandamientos], vivirá por ellos.

13 Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición; (porque está escrito: Maldito cualquiera que es colgado en [un] madero),

14 para que la bendición de Abraham en los gentiles fuese en el Cristo Jesús; para que por la fe recibamos la promesa del Espíritu.

15 Hermanos, (hablo como hombre): Aunque un pacto sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo cancela, ni le añade.

16 A Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como de muchos; sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es el Cristo.

17 Esto pues digo: Que el Pacto [previamente] ratificado de Dios para con el Cristo, la ley que fue hecha cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa.

18 Porque si la herencia es por la ley, ya no [será] por la promesa; pero Dios por la promesa hizo la dió a Abraham.

19 ¿Pues de qué [sirve] la ley? Fue puesta por causa de las rebeliones, hasta que viniese la Simiente a quien fue hecha la promesa; [y fue] ordenada por los Angeles en la mano de un Mediador. 20 Y el Mediador no es de uno [solo], pero Dios es uno.

21 ¿Luego la ley [es] contra las promesas de Dios? En ninguna manera; porque si alguna ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley.

22 Mas encerró la Escritura todo bajo pecado, para que la promesa fuese dada a los creyentes por la fe de Jesús, [el] Cristo.

23 Pero antes que viniese la fe, estábamos guardados bajo la ley, encerrados para aquella fe que había de ser descubierta.

24 De manera que la ley fue ayo nuestro para [llevarnos] a Cristo, para que fuésemos justificados por la fe.

25 Mas venida la fe, ya no estamos bajo [la mano] del ayo;

26 porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús.

27 Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis vestidos.

28 No hay [aquí] judío, ni griego; no hay siervo, ni libre; no hay macho, ni hembra: porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.

29 Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente la Simiente de Abraham sois, y conforme a la promesa, los herederos.

CAPÍTULO 4

1 También digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del siervo, aunque es el señor de todo;

2 pero está bajo [la mano] de tutores y administradores hasta el tiempo señalado por el padre.

3 Así también nosotros, cuando éramos niños, éramos siervos bajo los elementos del mundo.

4 Mas venido el cumplimiento del tiempo, Dios envió su Hijo, nacido de mujer, nacido súbdito de la ley,

5 para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.

6 Y por cuanto sois hijos, Dios envió el Espíritu de su Hijo en vuestros corazones, el cual clama: Abba, Padre.

7 Así que ya no eres más siervo, sino hijo, y si hijo, también heredero de Dios por Cristo.

8 Antes, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses;

9 mas ahora, habiendo conocido a Dios, o más bien, siendo conocidos de Dios, ¿cómo os volvéis de nuevo a los débiles y pobres elementos, en los cuales queréis volver a servir?

10 Guardáis días, y meses, y tiempos, y años.

11 Temo por vosotros, que haya trabajado en vano en vosotros.

12 Hermanos, os ruego, sed como yo, porque yo soy como vosotros; ningún agravio me habéis hecho.

13 Que vosotros sabéis que por flaqueza de carne os anuncié el Evangelio al principio;

14 y no desechasteis ni menospreciasteis mi aflicción que estaba en mi carne; antes me recibisteis como a un ángel de Dios, como al [mismo] Cristo Jesús.

15 ¿Dónde está pues vuestra bienaventuranza? Porque yo os doy testimonio que si se pudiera hacer, os hubierais sacado vuestros ojos para dármelos.

16 ¿Me he hecho, pues, vuestro enemigo, diciéndoos la verdad?

17 Tienen celos de vosotros, pero no [para] bien; antes os quieren echar fuera para que vosotros los celéis a ellos.

18 Bueno es ser celosos en bien siempre; y no solamente cuando estoy presente con vosotros.

19 Hijitos míos, que vuelvo otra vez a estar de parto de vosotros, hasta que Cristo sea formado en vosotros; 20 querría cierto estar ahora con vosotros, y mudar mi voz; porque estoy avergonzado de vosotros.

21 Decidme, los que queréis estar bajo la ley, ¿no habéis oído la ley?

22 Porque escrito está que Abraham tuvo dos hijos; uno de la sierva, el otro de la libre.

23 Mas el de la sierva nació según la carne; pero el de la libre [nació] por la promesa.

24 Las cuales cosas son dichas por alegoría, porque estas [mujeres] son los dos pactos; el uno ciertamente del monte Sinaí, el cual engendró para servidumbre, que es Agar.

25 Porque Agar o Sinaí es un monte de Arabia, el cual corresponde a la que ahora es Jerusalén, la cual [junto] con sus hijos está en esclavitud.

26 Mas la Jerusalén de arriba, libre es; la cual es la madre de todos nosotros.

27 Porque está escrito: Alégrate, la estéril, que no das a luz; Prorrumpe [en alabanzas] y clama, La que no estás de parto; Porque más son los hijos de la dejada, Que de la que tiene marido.

28 Así que, hermanos, nosotros como Isaac, somos hijos de la promesa.

29 Pero como entonces el que era engendrado según la carne, perseguía al [que había nacido] según el Espíritu, así también ahora.

30 Mas ¿qué dice la Escritura? Echa [fuera] a la sierva y a su hijo; porque no será heredero el hijo de la sierva con el hijo de la libre.

31 De manera, hermanos, que no somos hijos de la sierva, sino de la libre.

CAPÍTULO 5

1 Estad, pues, [firmes] en la libertad en que Cristo nos hizo libres, y no volváis otra vez a ser presos en el yugo de servidumbre.

2 He aquí, yo Pablo os digo, que si os circuncidareis, Cristo no os aprovechará nada.

3 Y otra vez vuelvo a protestar a todo hombre que se circuncidare, que está obligado a hacer toda la ley.

4 Vacíos sois del Cristo los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.

5 Porque nosotros por el Espíritu aguardamos la esperanza de la justicia por la fe.

6 Porque en el Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión; sino la fe que obra por la caridad.

7 Vosotros corríais bien, ¿quién os embarazó para no obedecer a la verdad?

8 Esta persuasión no es de aquel que os llama.

9 Un poco de levadura leuda toda la masa.

10 Yo confío de vosotros en el Señor, que ninguna otra cosa sentiréis; mas el que os inquieta, llevará el juicio, quienquiera que él sea.

11 Y yo, hermanos, si aún predico la circuncisión, ¿por qué padezco persecución todavía? Pues que quitado es el escándalo del madero.

12 Deseo que fuesen también cortados los que os inquietan.

13 Porque vosotros, hermanos, a libertad habéis sido llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión a la carne, sino servíos por la caridad los unos a los otros.

14 Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amaras a tu projimo como a ti mismo.

15 Y si os mordéis y os coméis los unos a los otros, mirad que también no os consumáis los unos a los otros.

16 Digo pues: Andad en [el] Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.

17 Porque la carne codicia contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne; y estas cosas se oponen la una a la otra, para que no hagáis lo que quisierais.

18 Pero si sois guiados del Espíritu, no estáis bajo la ley.

19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, disolución, 20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,

21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a éstas; de las cuales os denuncio, como ya os he anunciado, que los que hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios.

22 Mas el fruto del Espíritu es: caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe,

23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

24 Porque los que son del Cristo, han colgado en el madero a la carne con sus afectos y concupiscencias.

25 Si vivimos por [el] Espíritu, andemos también en [el] Espíritu.

26 No seamos codiciosos de vana gloria, irritándose [los] unos a [los] otros, envidiándose [los] unos a [los] otros.

CAPÍTULO 6

1 Hermanos, si alguno fuere tomado en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restaurad al tal con [el] espíritu de mansedumbre; considerándote a ti mismo, para que tú no seas también tentado.

2 Sobrellevad los unos las cargas de los otros; y cumplid así la ley del Cristo.

3 Porque el que estima de sí que es algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña.

4 Así que cada uno examine su obra, y entonces tendrá gloria sólo respecto de sí mismo, y no en otro.

5 Porque cada cual llevará su carga.

6 Y el que es enseñado en la palabra, comunique en todo lo bueno al que lo instruye.

7 No os engañéis, Dios no [puede] ser burlado; porque todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.

8 Porque el que siembra en su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra en el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.

9 No nos faltemos, pues, de hacer bien; que a su tiempo segaremos, si no hubiéremos faltado.

10 Así que, entre tanto que tenemos tiempo, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.

11 Mirad qué larga carta os he escrito de mi mano.

12 Todos los que quieren agradar en la carne, éstos os constriñen a que os circuncidéis, solamente por no padecer la persecución del madero del Cristo.

13 Porque ni aun los mismos que se circuncidan guardan la ley; sino que quieren que vosotros seáis circuncidados, para gloriarse en vuestra carne.

14 Mas lejos esté de mí gloriarme, sino en el madero del Señor nuestro Jesús, [el] Cristo, por quien el mundo me es muerto a mí, y yo al mundo.

15 Porque en Cristo Jesús, ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino la nueva criatura.

16 Y todos los que anduvieren conforme a esta regla, la paz y la misericordia [de Dios será] sobre ellos, y sobre el Israel de Dios.

17 De aquí [en] adelante nadie me sea molesto; porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús.

18 Hermanos, la gracia del Señor nuestro, Jesús, [el] Cristo, [sea] con vuestro espíritu. Amén.

EFESIOS

CAPÍTULO 1

1 Pablo, apóstol de Jesús, el Cristo por la voluntad de Dios, a los santos que están en Efeso, y a los fieles en Cristo Jesús que están en Efeso:

2 Gracia y paz tengáis de Dios Padre nuestro, y del Señor Jesús, [el] Cristo.

3 Bendito el Dios y Padre del Señor nuestro Jesús Cristo, el cual nos bendijo con toda bendición espiritual en [bienes] celestiales en Cristo,

4 según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él en caridad;

5 el cual nos señaló dede antes [el camino] para ser adoptados en hijos por Jesús, [el] Cristo, en sí mismo, por el buen querer de su voluntad,

6 para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado;

7 en el cual tenemos redención por su sangre, la remisión de pecados por las riquezas de su gracia,

8 que sobreabundó en nosotros en toda sabiduría e prudencia,

9 descubriéndonos el misterio de su voluntad, por el buen querer de su voluntad, según lo que [se] había propuesto en sí mismo,

10 de restaurar todas las cosas por el Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que [están] en los cielos, como las que [están] en la tierra.

11 En él [digo], en quien asimismo tuvimos herencia, [quien] nos señaló desde antes [el camino] conforme al propósito del que hace todas las cosas según el consejo de su voluntad,

12 para que seamos para alabanza de su gloria, nosotros que antes esperamos en el Cristo.

13 En el cual [esperásteis] también vosotros oyendo la Palabra de Verdad, el Evangelio de vuestra salud; en el cual también desde que creísteis, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la Promesa,

14 Que es las arras de nuestra herencia, para la redención de la posesión adquirida para alabanza de su gloria.

15 Por lo cual también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y la caridad para con todos los santos,

16 no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones,

17 que el Dios del Señor nuestro, Jesús, [el] Cristo, [el] Padre de gloria, os dé Espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de El;

18 alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál sea la esperanza de su llamado, y cuáles [sean] las riquezas de la gloria de su herencia en los santos,

19 y cuál sea aquella supereminente grandeza de su potencia en nosotros los que creemos, por la operación de la potencia de su fortaleza, 20 la cual obró en el Cristo, resucitándole de los muertos, y colocándole a su diestra en los [lugares] celestiales,

21 sobre todo principado y potestad, y potencia, y señorío, y todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino aun en el venidero:

22 y sujetándole todas las cosas debajo de sus pies, y poniéndolo por cabeza sobre todas las cosas a la Iglesia,

23 la cual es su cuerpo, [y él] es la plenitud de ella: el cual llena todas las cosas en todos.

CAPÍTULO 2

1 Y [él os hizo vivir a] vosotros, estando muertos en vuestros delitos y pecados,

2 en que en otro tiempo anduvisteis conforme a la condición de este mundo, conforme a [la voluntad del] príncipe de la potestad de este aire, el espíritu que ahora obra en los hijos de incredulidad,

3 entre los cuales todos nosotros también vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de la mente; y éramos por naturaleza hijos de ira, también como los demás.

4 Pero Dios, que es rico en misericordia, por su mucha caridad con que nos amó,

5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con el Cristo; por [cuya] gracia sois salvos;

6 y juntamente nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en lugares celestiales en Cristo Jesús,

7 para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en [su] bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

8 Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;

9 no por obras, para que nadie se gloríe.

10 Porque somos hechura suya, criados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó para que anduviésemos en ellas.

11 Por tanto, acordaos que en otro tiempo vosotros erais gentiles en carne, que erais llamados incircuncisión de la que se llama circuncisión en carne, la cual se hace con mano;

12 que en aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la república de Israel, y extranjeros a los Pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.

13 Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre del Cristo.

14 Porque él es nuestra paz, que de ambos hizo uno, deshaciendo la pared intermedia de separación;

15 deshaciendo en su carne las enemistades, [que eran] la ley de los mandamientos en orden a ritos, para edificar en sí mismo los dos en un nuevo hombre, haciendo la paz,

16 y reconciliando a ambos con Dios por el madero en un mismo cuerpo, matando en ella las enemistades.

17 Y vino, y anunció la paz a vosotros que [estabais] lejos, y a los que [estaban] cerca;

18 que por él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.

19 Así que ya no sois extranjeros y advenedizos, sino juntamente ciudadanos con los santos, y domésticos de Dios; 20 sobreedificados sobre el fundamento de los apóstoles y de los profetas, siendo la principal piedra del ángulo, Jesús, [el] Cristo;

21 en el cual, compaginado todo el edificio, va creciendo para ser un Templo Santo en el Señor;

22 en el cual vosotros también sois juntamente edificados, por morada de Dios en el Espíritu.

CAPÍTULO 3

1 Por causa de esto yo Pablo, prisionero, del Cristo Jesús para vosotros los gentiles,

2 si empero habéis oído la dispensación de la gracia de Dios que me ha sido dada en vosotros,

3 [a saber], que por revelación me fue declarado el misterio, como arriba he escrito en breve;

4 (leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi inteligencia en el misterio del Cristo;)

5 el cual en los otros siglos no se dio a conocer a los hijos de los hombres como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas en Espíritu:

6 Que los gentiles sean juntamente herederos, e incorporados, y consortes de su Promesa en el Cristo por el Evangelio;

7 del cual yo soy hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dado, según la operación de su potencia.

8 A mí, [digo], el más pequeño de todos los santos, es dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el Evangelio de las inescrutables riquezas del Cristo,

9 y de aclarar a todos cuál sea la comunión del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas por Jesús, [el] Cristo.

10 Para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora notificada por la Iglesia a los principados y potestades en los cielos,

11 conforme a la determinación eterna, que hizo en Cristo Jesús Señor nuestro,

12 en el cual tenemos seguridad y entrada con confianza por la fe de él.

13 Por tanto, pido que no desmayéis [por causa de] mis tribulaciones por vosotros, lo cual es vuestra gloria.

14 Por esta causa doblo mis rodillas al Padre del Señor nuestro Jesús, [el] Cristo,

15 (del cual es nombrada toda la familia en los cielos y en la tierra),

16 que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser corroborados con potencia en el hombre interior por su Espíritu.

17 Que habite el Cristo por la fe en vuestros corazones; para que, arraigados y fundados en caridad,

18 podáis [bien] comprender con todos los santos cuál sea la anchura y la longitud y la profundidad y la altura,

19 y conocer la caridad del Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. 20 Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, por la potencia que obra en nosotros,

21 [a él] sea gloria en la Iglesia por el Cristo Jesús, por todas las generaciones de los siglos de [los] siglos. Amén.

CAPÍTULO 4

1 Yo, pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que sois llamados;

2 con toda humildad y mansedumbre, con tolerancia, soportando los unos a los otros en caridad;

3 solícitos a guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.

4 Hay un cuerpo, y un espíritu; como sois también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación;

5 un Señor, una fe, un bautismo,

6 un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todas las cosas, y por todas las cosas, y en todos vosotros.

7 Pero a cada uno de nosotros es dada [la] gracia conforme a la medida del don del Cristo.

8 Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres.

9 (Y que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero en las partes [más] bajas de la tierra?

10 El que descendió, él mismo es el que también subió sobre todos los cielos para cumplir todas las cosas.)

11 Y él dio unos, apóstoles; y otros, profetas; y otros, evangelistas; y otros, pastores y maestros;

12 con el fin de perfeccionar a los santos en la obra del ministerio, para edificación del cuerpo del Cristo;

13 hasta que todos salgamos en unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, en varón perfecto, a la medida de la edad cumplida del Cristo;

14 que ya no seamos niños inconstantes, y seamos atraídos a todo viento de doctrina por maldad de hombres que engañan con astutos errores;

15 antes siguiendo la verdad en caridad, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, el Cristo;

16 del cual, todo el cuerpo compuesto y [bien] ligado entre sí por el alimento que cada vínculo suministre, [que recibe] según la operación [de] cada miembro conforme a su medida, toma aumento de cuerpo edificándose en caridad.

17 Así que esto digo, y requiero en el Señor, que no andéis más como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su sentido.

18 Teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la ceguedad de su corazón;