Sagradas Escrituras Version Antigua

Part 156

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19 pero en la Iglesia quiero [más] hablar cinco palabras con mi sentido, para que enseñe también a los otros, que diez mil palabras en lengua [desconocida]. 20 Hermanos, no seáis niños en el sentido, sino sed niños en la malicia; pero perfectos en el sentido.

21 En la ley está escrito: Que en otras lenguas y con otros labios hablaré a este pueblo; y ni aun así [me] oirán, dice el Señor.

22 Así que, las lenguas son por señal, no a los fieles, sino a los incrédulos; mas la profecía, no [se da] a los incrédulos, sino a los fieles.

23 De manera que, si toda la Iglesia se juntare en uno, y todos hablan lenguas, y entran indoctos o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos?

24 Mas si todos profetizan, y entra algún incrédulo o indocto, de todos es convencido, de todos es juzgado;

25 [porque] lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está en vosotros.

26 ¿Qué hay pues, hermanos? Cuando os juntáis, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación; hágase todo para edificación.

27 Si hablare alguno en lengua [extraña, sea esto] por dos, o a lo más tres, y por turno; mas uno interprete.

28 Y si no hubiere intérprete, calle en la Iglesia, y hable a sí mismo y a Dios.

29 Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen.

30 Y si a otro que estuviere sentado, fuere revelado, calle el primero.

31 Porque podéis todos profetizar uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados.

32 Y los espíritus de los que profetizaren, son sujetos a los profetas;

33 (porque Dios no es [Dios] de desorden, sino de paz) como en todas las iglesias de los santos.

34 (Vuestras) mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley [lo] dice.

35 Y si quieren aprender alguna cosa, pregunten en casa a sus maridos; porque deshonesta cosa es hablar las mujeres en la congregación.

36 ¿O ha salido de vosotros la palabra de Dios? ¿O a vosotros solos ha llegado?

37 Si alguno, a su parecer, es profeta, o espiritual, reconozca lo que os escribo, porque son mandamientos del Señor.

38 Mas el que ignore, será ignorado.

39 Así que, hermanos, procurad profetizar; y no impidáis el hablar lenguas.

40 Pero hágase todo decentemente y con orden.

CAPÍTULO 15

1 Además os declaro, hermanos, el Evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también estan firmes;

2 por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, estáis siendo salvos, si no creisteis en vano.

3 Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo [yo] aprendí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras;

4 y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras;

5 y que apareció a Cefas, y después a los doce.

6 Después apareció a más de quinientos hermanos juntos; de los cuales muchos viven aún, y otros son muertos.

7 Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles.

8 Y a la postre de todos, como a un abortivo, me apareció a mí.

9 Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí la Iglesia de Dios.

10 Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia hacía mí no ha sido en vano para conmigo; antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios que [fue] conmigo.

11 Porque, o [sea] yo o [sean] ellos, así predicamos, y así habéis creído.

12 Y si [el] Cristo es predicado que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos?

13 Porque si no hay resurrección de muertos, Cristo tampoco resucitó;

14 y si Cristo no resucitó, vana [es] entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe.

15 Y aun somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él haya levantado al Cristo; al cual [empero] no levantó, si los muertos no resucitan.

16 Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó.

17 Y si el Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; y aún estáis en vuestros pecados.

18 Entonces también los que durmieron en el Cristo son perdidos.

19 Si en esta vida solamente esperamos en el Cristo, somos los más miserables de todos los hombres. 20 Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron (es hecho).

21 Porque por cuanto la muerte [entró] por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos.

22 Porque de la manera que en Adán todos mueren, así también en el Cristo todos serán vivificados.

23 Mas cada uno en su orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida.

24 Luego el fin; cuando entregará el Reino al Dios y al Padre, cuando quitará todo imperio, y toda potencia y potestad.

25 Porque es necesario que él reine, hasta poner a todos sus enemigos debajo de sus pies.

26 Y el postrer enemigo [que] será deshecho, [será] la muerte.

27 Porque todas las cosas sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice: Todas las cosas son sujetadas a él, claro está exceptuado aquel que sujetó a él todas las cosas.

28 Mas luego que todas las cosas le fueren sujetas, entonces también el mismo Hijo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.

29 De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué pues se bautizan por los muertos?

30 ¿Y por qué nosotros peligramos a toda hora?

31 Cada día trago la muerte por mantenerme en la gloriación de haberlos enseñado, la cual tengo en Cristo Jesús Señor nuestro.

32 Si como hombre batallé en Efeso contra las bestias, ¿qué me aprovecha? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, que mañana moriremos.

33 No erréis; los malos compañeros corrompen el buen carácter.

34 Velad debidamente, y no pequéis; porque algunos no conocen a Dios; para vergüenza vuestra hablo.

35 Mas dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán?

36 Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muriere antes.

37 Y lo que siembras, no siembras el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, acaso de trigo, o de otro grano;

38 mas Dios le da el cuerpo como quiso, y a cada simiente su propio cuerpo.

39 Toda carne no [es] la misma carne; mas una carne ciertamente es la de los hombres, y otra carne la de los animales, y otra la de los peces, y otra la de las aves.

40 Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; mas ciertamente una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales.

41 Una [es] la gloria del sol, y otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas; porque una estrella es diferente de otra en gloria.

42 Así también [es] la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción; se levantará en incorrupción;

43 se siembra en vergüenza, se levantará con gloria; se siembra en flaqueza, se levantará con potencia;

44 se siembra cuerpo animal, se levantará [cuerpo] espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual.

45 Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán en alma viviente; el postrer Adán, en Espíritu vivificante.

46 Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual.

47 El primer hombre, es de la tierra, terrenal; el segundo hombre es el Señor, del cielo.

48 Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales.

49 Y como trajimos la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.

50 Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el Reino de Dios; ni la corrupción hereda la incorrupción.

51 He aquí, os digo un misterio: Todos ciertamente resucitaremos, mas no todos seremos transformados.

52 En un momento, en un abrir de ojo, a la final trompeta; porque será tocada la trompeta, y los muertos serán levantados sin corrupción; mas nosotros seremos transformados.

53 Porque es necesario que esto corruptible sea vestido de incorrupción, y esto mortal sea vestido de inmortalidad.

54 Y cuando esto corruptible fuere vestido de incorrupción, y esto mortal fuere vestido de inmortalidad, entonces será cumplida la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte con victoria.

55 ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?

56 Ya que el aguijón de la muerte [es] el pecado, y la potencia del pecado, la ley.

57 Mas a Dios gracias, que nos dio [la] victoria por el Señor nuestro Jesús, [el] Cristo.

58 Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es vano.

CAPÍTULO 16

1 En cuanto a la colecta para los santos, haced vosotros también de la manera que ordené en las Iglesias de Galacia.

2 Cada primer sábado, cada uno de vosotros aparte en su casa, guardando lo que por la bondad [de Dios] pudiere; para que cuando [yo] llegare, no se hagan entonces colectas.

3 Y cuando hubiere llegado, los que aprobareis por cartas, a éstos enviaré que lleven vuestro donativo a Jerusalén.

4 Y si fuere digno el negocio de que yo también vaya, irán conmigo.

5 Y a vosotros iré, cuando hubiere pasado por Macedonia, porque por Macedonia tengo que pasar.

6 Y podrá ser que me quede con vosotros, o invernare también, para que vosotros me llevéis a donde hubiere de ir.

7 Porque no os quiero ahora ver de paso; porque espero estar con vosotros algún tiempo, si el Señor lo permitiere.

8 Pero estaré en Efeso hasta Pentecostés;

9 porque se me ha abierto puerta grande y eficaz, y muchos [son los] adversarios.

10 Y si llegare Timoteo, mirad que esté con vosotros seguramente; porque también hace la obra del Señor como yo.

11 Por tanto, nadie le tenga en poco; antes, llevadlo en paz, para que venga a mí, porque lo espero con los hermanos.

12 Acerca del hermano Apolos, mucho le he rogado que fuese a vosotros con [algunos] hermanos; mas en ninguna manera tuvo voluntad de ir por ahora; pero irá cuando tuviere oportunidad.

13 Velad, estad [firmes] en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos.

14 Todas vuestras cosas sean hechas con caridad.

15 Y os ruego, hermanos, (ya sabéis que la casa de Estéfanas es las primicias de Acaya, y que se han dedicado al ministerio de los santos,)

16 que vosotros os sujetéis a los tales, y a todos los que ayudan y trabajan.

17 Me regocijo de la venida de Estéfanas y de Fortunato y de Acaico, porque éstos suplieron vuestra ausencia.

18 Porque recrearon mi espíritu y [el] vuestro; reconoced pues a los tales.

19 Las Iglesias de Asia os saludan. Os saludan mucho en el Señor Aquila y Priscila, con la Iglesia que está en su casa. 20 Os saludan todos los hermanos. Saludaos los unos a los otros con ósculo santo.

21 La salutación de mí, Pablo, de mi mano.

22 El que no amare al Señor Jesús, [el] Cristo, sea anatema. Nuestro Señor ha venido.

23 La gracia del Señor Jesús [el] Cristo sea con vosotros.

24 Mi caridad en Cristo Jesús sea con todos vosotros. Amén.

2 CORINTIOS

CAPÍTULO 1

1 Pablo, apóstol de Jesús, [el] Cristo, por la voluntad de Dios, y [el] hermano Timoteo, a la Iglesia de Dios que está en Corinto, juntamente con todos los santos que están por toda la Acaya:

2 Gracia tengáis, y paz de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesús, [el] Cristo.

3 Bendito [sea] el Dios y Padre de nuestro Señor Jesús, [el] Cristo, el Padre de misericordias, y el Dios de toda consolación,

4 el que nos consuela en todas nuestras tribulaciones, [para] que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier angustia, con la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.

5 Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones del Cristo, así abunda también, por Cristo, nuestra consolación.

6 Pero si somos atribulados, [es] por vuestra consolación y salud; la cual es obrada en el sufrir las mismas aflicciones que nosotros también padecemos; o si somos consolados, es por vuestra consolación y salud;

7 y nuestra esperanza de vosotros es firme; estando ciertos que como sois compañeros de las aflicciones, así también lo seréis de la consolación.

8 Porque, hermanos, no queremos que ignoréis nuestra tribulación que nos fue hecha en Asia; que (sobremanera) fuimos cargados más allá de nuestras fuerzas, de tal manera que estuviésemos en duda de la vida.

9 Mas nosotros tuvimos en nosotros mismos respuesta de muerte, para que no confiemos en nosotros mismos, sino en Dios, que levanta a los muertos;

10 el cual nos libró, y libra de tanta muerte; en el cual esperamos que aun nos librará;

11 ayudándonos también vosotros, con oración por nosotros, para que por el don [hecho] a nosotros por respeto de muchos, por muchos [también] sean dadas gracias por nosotros.

12 Porque nuestro regocijo es este: el testimonio de nuestra conciencia, que con simplicidad y sinceridad de Dios, no con sabiduría carnal, sino con la gracia de Dios, hemos conversado en el mundo, y mucho más con vosotros.

13 Porque no os escribimos otras cosas de las que leéis, o también conocéis; y espero que aun hasta el fin las conoceréis;

14 como también en parte habéis conocido que somos vuestro regocijo, así como también vosotros el nuestro, en el día del Señor Jesús.

15 Y con esta confianza quise primero venir a vosotros, para que tuvieseis [una] segunda gracia;

16 y por vosotros pasar a Macedonia, y de Macedonia venir otra vez a vosotros, y ser vuelto de vosotros a Judea.

17 Así que, pretendiendo esto, ¿quizá de ligereza? O lo que pienso [hacer], ¿lo pienso según la carne, para que haya de mí sí, sí y no, no?

18 Antes es Dios fiel que nuestra palabra para con vosotros no ha sido sí y no.

19 Porque el Hijo de Dios, Jesús, [el] Cristo, que por nosotros ha sido entre vosotros predicado, por mí y Silvano y Timoteo, no ha sido sí y no; mas ha sido sí en él. 20 Porque todas las promesas de Dios [son] en él Sí, y en él Amén, por nosotros para la gloria de Dios.

21 Y el que nos confirma con vosotros a Cristo, y el que nos ungió, [es] Dios;

22 el cual también nos selló, y nos dio la prenda del Espíritu en nuestros corazones.

23 Mas yo llamo a Dios por testigo sobre mi alma, que hasta ahora no he venido a Corinto por ser indulgente con vosotros.

24 No que nos enseñoreemos de vuestra fe, aunque somos ayudadores de vuestro gozo; porque por la fe estáis en pie.

CAPÍTULO 2

1 Esto he determinado en mí, no venir otra vez a vosotros con tristeza.

2 Porque si yo os contristo, ¿quién será luego el que me alegrará, sino aquel a quien yo contristare?

3 Y esto mismo os escribí, para que cuando llegare no tenga tristeza de los que me debiera gozar; confiando en todos vosotros que mi gozo es [el] de todos vosotros.

4 Porque por la mucha tribulación y angustia del corazón os escribí con muchas lágrimas; no para que fueseis contristados, sino para que conocieseis cuánta más caridad tengo para con vosotros.

5 Que si alguno [me] contristó, no me contristó a mí, sino en parte, para no cargaros, a todos vosotros.

6 Bástale al tal esta reprensión hecha por muchos;

7 para que, al contrario, vosotros más bien lo perdonéis y consoléis, porque por ventura no sea el tal consumido con [demasiada] tristeza.

8 Por lo cual os ruego que confirméis la caridad para con él.

9 Porque también para este fin os escribí, para tener experiencia de vosotros si sois obedientes en todo.

10 Y al que [vosotros] perdonareis, yo también: porque también yo lo que he perdonado, si algo he perdonado, por vosotros [lo he hecho] en [la] persona de Cristo;

11 para que no seamos engañados de Satanás, pues no ignoramos sus maquinaciones.

12 Cuando vine a Troas por el Evangelio del Cristo, aunque me fue abierta puerta en el Señor,

13 no tuve reposo en mi espíritu, por no haber hallado a Tito, mi hermano; y así, despidiéndome de ellos, partí para Macedonia.

14 Mas a Dios gracias; el cual hace que siempre triunfemos en el Cristo Jesús y manifiesta el olor de su conocimiento por nosotros en todo lugar.

15 Porque por Dios somos buen olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden;

16 a éstos ciertamente olor de muerte para muerte; y a aquellos olor de vida para vida. Y para estas cosas ¿quién es suficiente?

17 Porque no somos como muchos, mercaderes falsos de la palabra de Dios, sino [que] con sinceridad, como de Dios, delante de Dios, hablamos de Cristo.

CAPÍTULO 3

1 ¿Comenzamos otra vez a alabarnos a nosotros mismos? ¿O tenemos necesidad, como algunos, de letras de recomendación para vosotros, o de recomendación de vosotros [para otros]?

2 Nuestras letras sois vosotros [mismos], escritas en nuestros corazones, las cuales son sabidas y leídas por todos los hombres;

3 cuando es manifiesto que sois letra de Cristo administrada por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón.

4 Y tal confianza tenemos por el Cristo para con Dios;

5 no que seamos suficientes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra suficiencia [es] de Dios;

6 el cual aun nos hizo que fuésemos ministros suficientes del Nuevo Testamento, no de la letra, sino del Espíritu; porque la letra mata, mas el Espíritu vivifica.

7 Y si el ministerio de muerte en la letra grabado en piedras, fue para gloria, tanto que los hijos de Israel no pudiesen poner los ojos en la faz de Moisés a causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer,

8 ¿Cómo no será para mayor gloria el ministerio del Espíritu?

9 Porque si el ministerio de condenación [fue de] gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de justicia.

10 Porque lo que fue [tan] glorioso, en esta parte ni aun fue glorioso, en comparación con la excelente gloria.

11 Porque si lo que perece es para gloria, mucho más será para gloria lo que permanece.

12 Así que, teniendo tal esperanza, hablamos con mucha confianza;

13 y no como Moisés, [que] ponía un velo sobre su faz, para que los hijos de Israel no pusiesen los ojos en su cara, cuya [gloria] había de perecer.

14 (Y así los sentidos de ellos se embotaron; porque hasta el día de hoy [les] queda el mismo velo no descubierto en la lección del Antiguo Testamento, el cual en Cristo es quitado.

15 Y aun hasta el día de hoy, cuando Moisés es leído, el velo está puesto sobre el corazón de ellos.

16 Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará.)

17 Porque el Señor es el Espíritu; y donde [hay] aquel Espíritu del Señor, allí [hay] libertad.

18 Por tanto nosotros todos, puestos los ojos como en un espejo en la gloria del Señor con cara descubierta, somos transformados de gloria en gloria en la misma semejanza, como por el Espíritu del Señor.

CAPÍTULO 4

1 Por lo cual teniendo [nosotros] este ministerio según la misericordia que hemos alcanzado, no faltamos;

2 antes quitamos [de nosotros] todo escondrijo de vergüenza, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino en manifestación de [la] verdad, encomendándonos a nosotros mismos a toda conciencia humana delante de Dios.

3 Que si nuestro Evangelio está encubierto, a los que se pierden está encubierto;

4 en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la lumbre del Evangelio de la gloria del Cristo, el cual es la imagen de Dios.

5 Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús, el Señor; y nosotros, vuestros siervos por Jesús.

6 Porque el Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, [es] el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la claridad de Dios en la faz del Cristo Jesús.

7 Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la alteza sea de la virtud de Dios, y no de nosotros.

8 En todo somos atribulados, mas no angustiados; dudamos [(de nuestra vida)], mas no desesperamos;

9 padecemos persecución, mas no somos desamparados [en ella]; somos abatidos, mas no perecemos;

10 llevando siempre por todas partes la mortificación del Señor Jesús en nuestro cuerpo, para que también la vida de Jesús sea manifestada en nuestros cuerpos.

11 Porque nosotros que vivimos, siempre somos entregados a muerte por Jesús, para que también la vida de Jesús sea manifestada en nuestra carne mortal.

12 De manera que la muerte obra en nosotros, y en vosotros la vida.

13 Mas porque tenemos el mismo Espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual también hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos,

14 estando ciertos que el que levantó al Señor Jesús, a nosotros también nos levantará por Jesús, y nos pondrá con vosotros.

15 Porque todas estas cosas [padecemos] por vosotros, para que abundando la gracia por muchos, en la acción de gracias abunde [también] la gloria de Dios.

16 Por tanto, no faltamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior sin embargo se renueva de día en día.

17 Porque nuestra tribulación, que al presente es momentáneo y leve, nos obra [en] sobremanera [un] alto [y] eterno peso de gloria;

18 no mirando nosotros a lo que se ve, sino a lo que no se ve; porque lo que se ve, temporal es; mas lo que no se ve, eterno.

CAPÍTULO 5

1 Porque sabemos, que si la casa terrestre de esta nuestra habitación se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa, no hecha de manos, eterna, en los cielos.

2 Y por esto también gemimos, deseando ser sobrevestidos de aquella nuestra habitación que es del cielo;

3 si también fuéremos hallados vestidos, y no desnudos.

4 Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo, gemimos cargados; porque no querremos ser desnudados; antes sobrevestidos, consumiendo la vida a lo que es mortal.

5 Mas el que nos hizo para esto mismo, [es] Dios; el cual así mismo nos ha dado la prenda del Espíritu.

6 Así que [vivimos] confiados siempre, y sabiendo, que entre tanto que estamos en casa en el cuerpo, peregrinamos del Señor;

7 (porque por fe andamos, no por vista);

8 mas confiamos, y querremos más peregrinar del cuerpo, y ser presentes al Señor.

9 Por tanto procuramos también, ausentes, o presentes, agradarle;

10 porque es necesario que todos nosotros comparezcamos delante del tribunal del Cristo, para que cada uno reciba según lo que hubiere hecho por medio del cuerpo, bueno o malo.

11 Así que estando ciertos de aquel terror del Señor, persuadimos los hombres, mas a Dios somos manifiestos; y espero que también en vuestras conciencias seamos manifiestos.

12 No nos encomendamos pues otra vez a vosotros, sino os damos ocasión de gloriaros por nosotros, para que tengáis qué responder contra los que se glorían en las apariencias, y no en el corazón.

13 Porque si estamos locos, es para Dios; y si somos cuerdos, es para vosotros.

14 Porque la caridad del Cristo nos constriñe, porque juzgamos así: Que si uno fue muerto por todos, luego todos son muertos;

15 así mismo el Cristo murió por todos, para que también los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.

16 De manera que nosotros de aquí [en] adelante a nadie conocemos según la carne; y si aun a Cristo conocimos según la carne, ahora sin embargo ya no [le] conocemos.

17 De manera que si alguno [es] en Cristo, [son] nueva creación; las cosas viejas pasaron; he aquí todo es hecho nuevo.

18 Y todo esto por Dios, el cual nos reconcilió a sí por Jesús el Cristo; y (nos) dio el ministerio de la reconciliación.

19 Porque ciertamente Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo a sí [mismo], no imputándoles sus pecados, y puso en nosotros la palabra de la Reconciliación. 20 Así que, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogase por medio nuestro; [os] rogamos en Nombre de Cristo: Reconciliaos a Dios.

21 Al que no conoció pecado, [lo] hizo pecado por nosotros, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.

CAPÍTULO 6

1 Por lo cual nosotros, ayudando [a él], también [os] exhortamos que no habéis recibido en vano la gracia de Dios,