Sagradas Escrituras Version Antigua
Part 112
5 [He]: Fue el Señor como enemigo; destruyó a Israel, destruyó todos sus palacios, disipó sus fortalezas, y multiplicó en la hija de Judá la tristeza y el luto.
6 [Vau]: Y traspasó como [de] huerto su tabernáculo, destruyó su congregación. El SEÑOR hizo olvidar en Sion solemnidades y sábados; y desechó en la ira de su furor rey y sacerdote.
7 [Zain]: Desechó el Señor su altar, menospreció su Santuario, entregó en mano del enemigo los muros de sus palacios; dieron grito en la Casa del SEÑOR como en día de fiesta.
8 [Chet]: El SEÑOR determinó destruir el muro de la hija de Sion; extendió el cordel, no retrajo su mano de destruir; se enlutó el antemuro y el muro; fueron destruidos juntamente.
9 [Tet]: Sus puertas fueron echadas por tierra, destruyó y quebrantó sus cerrojos; su rey y sus príncipes [son llevados] entre los gentiles; no hay ley; sus profetas tampoco hallaron visión del SEÑOR.
10 [Yod]: Se sentaron en tierra, callaron los ancianos de la hija de Sion; echaron polvo sobre sus cabezas, se ciñeron de cilicio; las hijas de Jerusalén bajaron sus cabezas a tierra.
11 [Caf]: Mis ojos desfallecieron de lágrimas, rugieron mis entrañas, mi hígado se derramó por tierra por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo, desfalleciendo el niño y el que mamaba, en las plazas de la ciudad.
12 [Lámed]: Decían a sus madres: ¿Dónde está el trigo y el vino? Desfalleciendo como muertos en las calles de la ciudad, derramando sus almas en el regazo de sus madres.
13 [Mem]: ¿Qué testigo te traeré, o a quién te haré semejante, oh hija de Jerusalén? ¿A quién te compararé para consolarte, oh Virgen hija de Sion? Porque grande es tu quebrantamiento como el mar; ¿quién te medicinará?
14 [Nun]: Tus profetas te predicaron vanidad y locura; y no descubrieron tu pecado para estorbar tu cautiverio, [sino que] te predicaron vanas profecías y disgresiones.
15 [Sámec]: Todos los que pasaban por el camino, batieron las manos sobre ti. Silbaron, y movieron sus cabezas sobre la hija de Jerusalén, [diciendo]: ¿Es ésta la ciudad que decían de perfecta hermosura, el gozo de toda la tierra?
16 [Pe]: Todos tus enemigos abrieron sobre ti su boca; y silbaron, y rechinaron los dientes; dijeron: Devoremos; cierto éste es el día que esperábamos; [lo] hemos hallado, [lo] hemos visto.
17 [Ayin]: El SEÑOR hizo lo que determinó, cumplió su palabra que él había mandado desde tiempo antiguo; destruyó, y no perdonó; y alegró sobre ti al enemigo, y enalteció el cuerno de tus adversarios.
18 [Tsade]: El corazón de ellos clamaba al Señor: Oh muro de la hija de Sion, echa lágrimas como [un] arroyo día y noche; no descanses, ni calle la niña de tu ojo.
19 [Cof]: Levántate, da voces en la noche, en el principio de las velas; derrama como agua tu corazón ante la presencia del Señor; alza tus manos a él por la vida de tus pequeñitos, que desfallecen de hambre en las entradas de todas las calles. 20 [Resh]: Mira, oh SEÑOR, y considera a quién has vendimiado así. ¿Han de comer las mujeres su fruto, los pequeñitos de sus crías? ¿Han de ser muertos en el Santuario del Señor el sacerdote y el profeta?
21 [Sin]: Niños y viejos yacían por tierra en las calles; mis vírgenes y mis jóvenes cayeron a cuchillo. Mataste en el día de tu furor; degollaste, no perdonaste.
22 [Tau]: Llamaste, como a día de solemnidad, mis temores de todas partes; ni hubo en el día del furor del SEÑOR quien escapase ni quedase vivo; los que crié y mantuve, mi enemigo los acabó.
CAPÍTULO 3
1 [Alef]: Yo [soy un] hombre que ve aflicción en la vara de su enojo.
2 [Alef]: Me guió y me llevó en tinieblas, mas no en luz.
3 [Alef]: Ciertamente contra mí volvió y revolvió su mano todo el día.
4 [Bet]: Hizo envejecer mi carne y mi piel; quebrantó mis huesos.
5 [Bet]: Edificó contra mí, y [me] cercó de tósigo y de trabajo.
6 [Bet]: Me asentó en oscuridades, como los muertos para siempre.
7 [Guímel]: Me cercó de seto, y no saldré; agravó mis grillos.
8 [Guímel]: Aun cuando clamé y di voces, cerró mi oración.
9 [Guímel]: Cercó de seto mis caminos a piedra tajada, torció mis senderos.
10 [Dálet]: Oso que acecha fue para mí, como león en escondrijos.
11 [Dálet]: Torció mis caminos, y me despedazó; me tornó asolado.
12 [Dálet]: Su arco entesó, y me puso como blanco a la saeta.
13 [He]: Hizo entrar en mis riñones las saetas de su aljaba.
14 [He]: Fui escarnio a todo mi pueblo, canción de ellos todos los días.
15 [He]: Me llenó de amarguras, me embriagó de ajenjos.
16 [Vau]: Me quebró los dientes con cascajo, me cubrió de ceniza.
17 [Vau]: Y mi alma se alejó de la paz, me olvidé del bien.
18 [Vau]: Y dije: Pereció mi fortaleza, y mi esperanza del SEÑOR.
19 [Zain]: Acuérdate de mi aflicción y de mi lloro, del ajenjo y de la hiel. 20 [Zain]: Lo tendrá aún en memoria mi alma, porque en mí está humillada.
21 [Zain]: Esto reduciré a mi corazón, por tanto esperaré.
22 [Chet]: Es por las misericordias del SEÑOR que no somos consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias.
23 [Chet]: Nuevas [son] cada mañana; grande es tu fe.
24 [Chet]: Mi parte [es] el SEÑOR, dijo mi alma; por tanto a él esperaré.
25 [Tet]: Bueno es el SEÑOR a los que en él esperan, al alma que le buscare.
26 [Tet]: Bueno es esperar callando en la salud del SEÑOR.
27 [Tet]: Bueno es al varón, si llevare el yugo desde su juventud.
28 [Yod]: Se sentará solo, y callará, porque [lo] llevó sobre sí.
29 [Yod]: Pondrá su boca en el polvo, si por ventura habrá esperanza.
30 [Yod]: Dará la mejilla al que le hiriere; se llenará de afrenta.
31 [Cof]: Porque el Señor no desechará para siempre;
32 [Cof]: Antes si afligiere, también se compadecerá según la multitud de sus misericordias.
33 [Cof]: Porque no aflige ni acongoja de su corazón a los hijos de los hombres.
34 [Lámed]: Para desmenuzar debajo de sus pies todos los encarcelados de la tierra,
35 [Lámed]: Para hacer apartar el derecho del hombre ante la presencia del Altísimo,
36 [Lámed]: Para trastornar al hombre en su causa, el Señor no lo sabe.
37 [Mem]: ¿Quién [será] aquel que diga, que vino algo que el Señor no mandó?
38 [Mem]: ¿De la boca del Altísimo no saldrá malo ni bueno?
39 [Mem]: ¿Por qué tiene dolor el hombre viviente, el hombre en su pecado?
40 [Nun]: Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos al SEÑOR.
41 [Nun]: Levantemos nuestros corazones con las manos a Dios en los cielos.
42 [Nun]: Nosotros nos hemos rebelado, y fuimos desleales; [por tanto] tú no perdonaste.
43 [Sámec]: Desplegaste la ira, y nos perseguiste; mataste, no perdonaste.
44 [Sámec]: Te cubriste de nube, para que no pasase la oración [nuestra].
45 [Sámec]: Raedura y abominación nos tornaste en medio de los pueblos.
46 [Pe]: Todos nuestros enemigos abrieron sobre nosotros su boca.
47 [Pe]: Temor y lazo fue para nosotros, asolamiento y quebrantamiento.
48 [Pe]: Ríos de aguas echan mis ojos, por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo.
49 [Ayin] Mis ojos destilan, y no cesan, porque no hay alivio,
50 [Ayin] Hasta que el SEÑOR mire y vea desde los cielos.
51 [Ayin] Mis ojos contristaron mi alma, por todas las hijas de mi ciudad.
52 [Tsade]: Mis enemigos me dieron caza como a ave, sin razón.
53 [Tsade]: Ataron mi vida en mazmorra, pusieron piedra sobre mí.
54 [Tsade] Aguas de avenida vinieron sobre mi cabeza; yo dije: muerto soy.
55 [Cof]: Invoqué tu nombre, oh SEÑOR, desde la cárcel profunda.
56 [Cof]: Oíste mi voz; no escondas tu oído a mi clamor, para mi respiro.
57 [Cof]: Te acercaste el día que te invoqué; dijiste: No temas.
58 [Resh]: Abogaste, Señor, la causa de mi alma; redimiste mi vida.
59 [Resh]: Tú has visto, oh SEÑOR, mi sinrazón; pleitea mi causa.
60 [Resh]: Tú has visto toda su venganza; todos sus pensamientos contra mí.
61 [Sin]: Tú has oído la afrenta de ellos, oh SEÑOR, todas sus maquinaciones contra mí;
62 [Sin]: Los dichos de los que se levantaron contra mí, y su designio contra mí todo el día.
63 [Sin]: Su sentarse, y su levantarse mira; yo soy su canción.
64 [Tau]: Dales el pago, oh SEÑOR, según la obra de sus manos.
65 [Tau]: Dales ansia de corazón, tu maldición a ellos.
66 [Tau]: Persíguelos en tu furor, y quebrántalos de debajo de los cielos, oh SEÑOR.
CAPÍTULO 4
1 [Alef]: ¡Cómo se ha oscurecido el oro! ¡Cómo el buen oro se ha demudado! Las piedras del Santuario están esparcidas por las encrucijadas de todas las calles.
2 [Bet]: Los hijos de Sion, preciados y estimados más que el oro puro. ¡Cómo son tenidos por vasos de barro, obra de manos de alfarero!
3 [Guímel]: Aun los dragones sacan la mama, dan de mamar a sus chiquitos. La hija de mi pueblo [es] cruel, como los avestruces en el desierto.
4 [Dálet]: La lengua del niño de pecho, de sed se pegó a su paladar; los chiquitos pidieron pan, y no hubo quien se lo partiese.
5 [He]: Los que comían delicadamente, asolados fueron en las calles. Los que se criaron en carmesí, abrazaron los estiércoles.
6 [Vau]: Y se aumentó la iniquidad de la hija de mi pueblo más que el pecado de Sodoma, que fue trastornada en un momento, y no asentaron sobre ella compañías.
7 [Zain]: Sus Nazareos fueron blancos más que la nieve, más resplandecientes que la leche; su compostura más encendida que las piedras preciosas cortadas del zafiro;
8 [Chet]: Oscura más que la negrura es la forma de ellos; no los conocen por las calles. Su piel está pegada a sus huesos, seco como un palo.
9 [Tet]: Más dichosos fueron los muertos a cuchillo que los muertos del hambre. Porque éstos murieron poco a poco por falta de los frutos de la tierra.
10 [Yod]: Las manos de las mujeres piadosas cocieron a sus hijos; les fueron comida en el quebrantamiento de la hija de mi pueblo.
11 [Caf]: Cumplió el SEÑOR su enojo, derramó el ardor de su ira; y encendió fuego en Sion, que consumió sus fundamentos.
12 [Lámed]: Nunca los reyes de la tierra, ni todos los que habitan en el mundo, creyeron que el enemigo y el adversario entrara por las puertas de Jerusalén.
13 [Mem]: Por los pecados de sus profetas, por las maldades de sus sacerdotes, que derramaron en medio de ella la sangre de los justos.
14 [Nun]: Titubearon ciegos en las calles, fueron contaminados en sangre, que no pudiesen tocar a sus vestiduras.
15 [Sámec]: Les daban voces: Apartaos ¡Inmundicia!, Apartaos, apartaos, no toquéis: porque eran contaminados; y [cuando fueron] traspasados, dijeron entre los gentiles: Nunca más morarán [aquí].
16 [Pe]: La ira del SEÑOR los apartó, nunca más los mirará. No respetaron la faz de los sacerdotes, ni tuvieron compasión de los ancianos.
17 [Ayin]: Aun nos han desfallecido nuestros ojos tras nuestro vano socorro. En nuestra esperanza aguardamos gente [que] no puede salvar.
18 [Tsade]: Cazaron nuestros pasos, que no anduviésemos por nuestras calles. Se acercó nuestro fin, se cumplieron nuestros días; porque nuestro fin vino.
19 [Cof]: Ligeros fueron nuestros perseguidores más que las águilas del cielo; sobre los montes nos persiguieron, en el desierto nos pusieron emboscada. 20 [Res]: El resuello de nuestras narices, el ungido del SEÑOR, fue preso en sus hoyos, de quien habíamos dicho. A su sombra tendremos vida entre los gentiles.
21 [Sin]: Gózate y alégrate, hija de Edom, la que habitas en tierra de Uz, aun hasta ti pasará el cáliz; te embriagarás, y vomitarás.
22 [Tau]: Cumplido es tu castigo, oh hija de Sion: nunca más te hará transportar. Visitará tu iniquidad, oh hija de Edom; descubrirá tus pecados.
CAPÍTULO 5
1 Acuérdate, oh SEÑOR, de lo que nos ha sucedido. Ve y mira nuestro oprobio.
2 Nuestra heredad se ha vuelto a extraños, nuestras casas a forasteros.
3 Huérfanos somos sin padre; nuestras madres [son] como viudas.
4 Nuestra agua bebemos por dinero; nuestra leña por precio compramos.
5 Persecución padecemos sobre nuestra cerviz; nos cansamos, y no hay para nosotros reposo.
6 Al egipcio y al asirio dimos la mano, para saciarnos de pan.
7 Nuestros padres pecaron, y son muertos; y nosotros llevamos sus castigos.
8 Siervos se enseñorearon de nosotros; no hubo quien nos librase de su mano.
9 Con [peligro de] nuestras vidas traíamos nuestro pan delante del cuchillo del desierto.
10 Nuestra piel se ennegreció como un horno a causa del ardor del hambre.
11 Violaron a las mujeres en Sion, a las vírgenes en las ciudades de Judá.
12 A los príncipes colgaron con su mano; no respetaron el rostro de los ancianos.
13 Llevaron los jóvenes a moler, y los niños desfallecieron en la leña.
14 Los ancianos cesaron de la puerta, los jóvenes de sus canciones.
15 Cesó el gozo de nuestro corazón; nuestro corro se tornó en luto.
16 Cayó la corona de nuestra cabeza. ¡Ay ahora de nosotros! Porque pecamos.
17 Por esto fue entristecido nuestro corazón, por esto se entenebrecieron nuestro ojos,
18 Por el Monte de Sion que está asolado; zorras andan en él.
19 Mas tú, SEÑOR, permanecerás para siempre; tu trono de generación en generación. 20 ¿Por qué te olvidarás para siempre de nosotros, y nos dejarás por largos días?
21 Vuélvenos, oh SEÑOR, a ti, y nos volveremos; renueva nuestros días como al principio.
22 Porque repeliendo nos has desechado; te has airado contra nosotros en gran manera.
EXEQUIEL
CAPÍTULO 1
1 Y fue [que] a los treinta años, en el mes cuarto, a [los] cinco del mes, estando yo en medio de los cautivos junto al río de Quebar, los cielos se abrieron, y vi visiones de Dios.
2 A los cinco del mes, que fue en el quinto año de la transmigración del rey Joaquín,
3 vino Palabra del SEÑOR a Ezequiel sacerdote, hijo de Buzi, en la tierra de los caldeos, junto al río de Quebar; y vino allí sobre él la mano del SEÑOR.
4 Y miré, y he aquí [un] viento tempestuoso venía del aquilón, y [una] gran nube, y [un] fuego [que venía] revolviéndose, y tenía en derredor suyo [un] resplandor, y en medio de él, en medio del fuego una cosa que parecía como de ámbar,
5 y en medio de ella, [la] figura de cuatro animales. Y éste [era] su parecer: había en ellos semejanza de hombre.
6 Y cada uno tenía cuatro rostros, y cuatro alas.
7 Y los pies de ellos eran derechos, y la planta de sus pies como [la] planta de pie de becerro; y centelleaban a manera de bronce muy bruñido.
8 Y debajo de sus alas, a sus cuatro lados, tenían manos de hombre; y sus rostros y sus alas por los cuatro lados.
9 Con las alas se juntaban el uno al otro. No se volvían cuando andaban; cada uno caminaba en derecho de su rostro.
10 Y la figura de sus rostros [era] rostros de hombre; y rostros de león a la parte derecha en los cuatro; y a la izquierda rostros de buey en los cuatro; asimismo había en los cuatro rostros de águila.
11 [Tales eran] sus rostros; y [tenían] sus alas extendidas por encima, cada uno dos, las cuales se juntaban; y las otras dos cubrían sus cuerpos.
12 Y cada uno caminaba en derecho de su rostro; hacia donde el Espíritu diera que anduviesen, andaban; cuando andaban, no se volvían.
13 En cuanto a la semejanza de los animales, su parecer [era] como de carbones de fuego encendidos, como parecer de hachones [encendidos]: el [fuego] discurría entre los animales, y el resplandor del fuego; y del fuego salían relámpagos.
14 Y los animales corrían y tornaban a semejanza de relámpagos.
15 Y estando yo mirando los animales, he aquí una rueda en la tierra, con sus cuatro haces junto a los animales.
16 Y el parecer de las ruedas y su hechura parecía de Tarsis ([o de Turquesa]). Y todas cuatro [tenían] una misma semejanza: su apariencia y su hechura como es una rueda en medio de [otra] rueda.
17 Cuando andaban, andaban sobre sus cuatro costados; no se volvían cuando andaban.
18 Y sus costillas eran altas y temerosas, y llenas de ojos alrededor en todas cuatro.
19 Y cuando los animales andaban, las ruedas andaban junto a ellos; y cuando los animales se levantaban de la tierra, las ruedas se levantaban. 20 Hacia donde el espíritu diera que anduviesen, andaban; hacia donde diera el espíritu que anduviesen, las ruedas también se levantaban tras ellos; porque el espíritu de los animales estaba en las ruedas.
21 Cuando ellos andaban, andaban [ellas]; y cuando ellos se paraban, se paraban [ellas]; y cuando se levantaban de la tierra, las ruedas se levantaban tras ellos; porque el espíritu de los animales estaba en las ruedas.
22 Y sobre las cabezas de cada animal aparecía [un] cielo a manera de un cristal maravilloso, extendido encima sobre sus cabezas.
23 Y debajo del cielo [estaban] las alas de ellos derechas la una a la otra; a cada uno dos, y otras dos con que se cubrían sus cuerpos.
24 Y oí el sonido de sus alas cuando andaban, como sonido de muchas aguas, como la voz del Omnipotente, cuando andaban; la voz de la palabra, como la voz de un ejército. Cuando se paraban, aflojaban sus alas.
25 Y se oía voz de arriba del cielo que estaba sobre sus cabezas, cuando se paraban y aflojaban sus alas,
26 Y sobre el cielo que estaba sobre sus cabezas, había una figura de un trono que parecía de piedra de zafiro; y sobre la figura del trono había una semejanza que parecía de hombre sentado sobre él.
27 Y vi una cosa que parecía como de ámbar, que parecía que había fuego dentro de ella, la cual se veía desde sus lomos para arriba; y desde sus lomos para abajo, vi que parecía como fuego, y que tenía resplandor alrededor
28 que parecía el arco del cielo que está en las nubes el día que llueve, así era el parecer del resplandor alrededor. Esta fue la visión de la semejanza de la gloria del SEÑOR. Y yo [lo] vi, y caí sobre mi rostro, y oí voz de uno que hablaba.
CAPÍTULO 2
1 Y me dijo: Hijo de hombre, está sobre tus pies, y hablaré contigo.
2 Y entró espíritu en mí luego que me habló, y me afirmó sobre mis pies, y oí al que me hablaba.
3 Y me dijo: Hijo de hombre, yo te envío a los hijos de Israel, a gentiles rebeldes que se rebelaron contra mí; ellos y sus padres se rebelaron contra mí, hasta este mismo día.
4 Y a hijos [que son] duros de rostro y fuertes de corazón, yo te envío, y les dirás: Así dijo el Señor DIOS.
5 Y ellos no oirán, ni cesarán, porque son casa rebelde; mas conocerán que hubo profeta entre ellos.
6 Y tú, hijo de hombre, no temas de ellos, ni tengas miedo de sus palabras, porque [son] rebeldes; aunque te hallas [entre] espinas, y tú moras con abrojos, no tengas miedo de sus palabras, ni temas delante de ellos, porque son casa rebelde.
7 Les hablarás mis palabras, mas no oirán ni cesarán; porque son rebeldes.
8 Mas tú, hijo de hombre, oye lo que yo te hablo: No seas [tú] rebelde como la casa rebelde; abre tu boca, y come lo que yo te doy.
9 Y miré, y he aquí [una] mano me fue enviada, y en ella había [un] rollo de libro.
10 Y lo extendió delante de mí, y estaba escrito delante y detrás; y había escritas en él endechas, y lamentaciones, y ayes.
CAPÍTULO 3
1 Y me dijo: Hijo de hombre, come lo que hallares; come este rollo, y ve y habla a la Casa de Israel.
2 Y abrí mi boca, y me hizo comer aquel rollo.
3 Y me dijo: Hijo de hombre, haz a tu vientre que coma, y llena tus entrañas de este rollo que yo te doy. Y lo comí, y fue en mi boca dulce como miel.
4 Me dijo luego: Hijo de hombre, ve y entra a la casa de Israel, y habla a ellos con mis palabras.
5 Porque no eres enviado a pueblo de habla profunda ni de lengua difícil, [sino] a la casa de Israel.
6 No a muchos pueblos de profunda habla ni de lengua difícil, cuyas palabras no entiendas; y si a ellos te enviara, ellos te oirían.
7 Mas [los de] la Casa de Israel no te querrán oír, porque no [me] quieren oír a mí; porque toda la Casa de Israel son fuertes de frente, y duros de corazón.
8 He aquí he hecho yo tu rostro fuerte contra los rostros de ellos, y tu frente fuerte contra su frente.
9 Como diamante, más fuerte que pedernal he hecho tu frente; no les temas, ni tengas miedo delante de ellos, porque es casa rebelde.
10 Y me dijo: Hijo de hombre, toma en tu corazón todas mis palabras que [yo] te hablaré, y oye con tus oídos.
11 Y ve, y entra a los cautivos, a los hijos de tu pueblo, y les hablarás y les dirás: Así dijo el Señor DIOS; no oirán, ni cesarán.
12 Y el Espíritu me levantó, y oí detrás de mí una voz de gran estruendo de la bendita gloria del SEÑOR [que se iba] de su lugar,
13 y el sonido de las alas de los animales que se juntaban la una con la otra, y el sonido de las ruedas delante de ellos, y sonido de gran estruendo.
14 Y el Espíritu me levantó, y me tomó; y fui en amargura, en la indignación de mi espíritu, pero la mano del SEÑOR era fuerte sobre mí.
15 Y vine a los cautivos en Tel-abib, que moraban junto al río de Quebar, y [me] senté donde ellos estaban sentados, y allí permanecí siete días desconsolado entre ellos.
16 Y aconteció que al cabo de los siete días vino a mí palabra del SEÑOR, diciendo:
17 Hijo de hombre, [yo] te he puesto por atalaya a la Casa de Israel. Oirás, pues, tú la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte.
18 Cuando [yo] dijere al impío: De cierto morirás, y tú no le amonestares, ni le hablares, para que el impío sea amonestado de su mal camino, para que viva, el impío morirá por su maldad, mas su sangre demandaré de tu mano.
19 Y si tú amonestares al impío, y él no se convirtiere de su impiedad, y de su mal camino, él morirá por su maldad, y tú habrás librado tu alma. 20 Y cuando el justo se apartare de su justicia, e hiciere maldad, y [yo] pusiere tropiezo delante de él, él morirá, porque tú no le amonestaste; en su pecado morirá, ni sus justicias que hizo vendrán en memoria; mas su sangre demandaré de tu mano.
21 Y si al justo amonestares para que el justo no peque, y no pecare, de cierto vivirá, porque fue amonestado; y tú habrás librado tu alma.
22 Vino allí la mano del SEÑOR sobre mí, y me dijo: Levántate, y sal al campo, y allí hablaré contigo.
23 Y me levanté, y salí al campo; y he aquí que allí estaba la gloria del SEÑOR, como la gloria que había visto junto al río de Quebar; y caí sobre mi rostro.
24 Entonces entró espíritu en mí, y me afirmó sobre mis pies, y me habló, y me dijo: Entra, y enciérrate dentro de tu casa.
25 Y tú, oh hijo de hombre, he aquí que pondrán sobre ti cuerdas, y con ellas te ligarán, y no saldrás entre ellos.
26 Y haré [que] se pegue tu lengua a tu paladar, y estarás mudo, y para que no los reprendas, porque son casa rebelde.
27 Mas cuando [yo] te hubiere hablado, abriré tu boca, y les dirás: Así dijo el Señor DIOS: El que oye, oiga; y el que cesa, cese; porque casa rebelde son.
CAPÍTULO 4
1 Y tú, hijo de hombre, tómate un adobe, y ponlo delante de ti, y pinta sobre él la ciudad de Jerusalén;
2 y pondrás contra ella cerco, y edificarás contra ella fortaleza, y sacarás contra ella baluarte, y asentarás delante de ella campo, y pondrás contra ella arietes alrededor.
3 Y tú tómate una sartén de hierro, y ponla en lugar de muro de hierro entre ti y la ciudad, y afirmarás tu rostro contra ella, y será en lugar de cerco, y la sitiarás. Es señal a la Casa de Israel.
4 Y tú dormirás sobre tu lado izquierdo, y pondrás sobre él la maldad de la Casa de Israel. El número de los días que dormirás sobre él, llevarás [sobre ti] la maldad de ellos.
5 Yo te he dado los años de su maldad por el número de los días, trescientos noventa días; y llevarás [sobre ti] la maldad de la Casa de Israel.
6 Y cumplidos éstos, dormirás sobre tu lado derecho segunda vez, y llevarás [sobre ti] la maldad de la Casa de Judá cuarenta días, día por año, día por año te lo he dado.
7 Y al cerco de Jerusalén afirmarás tu rostro, y descubierto tu brazo, profetizarás contra ella.
8 Y he aquí [que yo] puse sobre ti cuerdas, y no te tornarás de un lado al otro lado, hasta que hayas cumplido los días de tus vueltas.
9 Y tú toma [para] ti trigo, y cebada, y habas, y lentejas, y millo, y avena, y ponlo en [un] vaso, y hazte pan de ello el número de los días que durmieres sobre tu lado; trescientos noventa días comerás de él.
10 Y la comida que has de comer [será] por peso de veinte siclos al día; de tiempo a tiempo la comerás.