Sagradas Escrituras Version Antigua

Part 101

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4 Pero yo dije: Por demás he trabajado; en vano y sin provecho, he consumido mi fortaleza; mas mi juicio [está] delante del SEÑOR, y mi recompensa con mi Dios.

5 Ahora pues, dice el SEÑOR, el que me formó desde el vientre para ser su siervo, para que [se] convierta a él a Jacob. Mas [si] Israel no se juntara, con todo, [yo] sin embargo estimado seré en los ojos del SEÑOR, y el Dios mío [será] mi fortaleza.

6 Y dijo: Poco es que tú me seas siervo para despertar las tribus de Jacob, y para que restituyas los asolamientos de Israel; también te di por luz de los gentiles, para que seas mi salud hasta lo postrero de la tierra.

7 Así dijo el SEÑOR, Redentor de Israel, Santo suyo, al menospreciado de alma, al abominado de los gentiles, al siervo de los tiranos: Verán reyes, y se levantarán príncipes, y adorarán por el SEÑOR, porque fiel [es] el Santo de Israel, el cual te escogió.

8 Así dijo el SEÑOR: En hora de contentamiento te oí, y en el día de salud te ayudé; y te guardaré, y te daré por alianza de pueblo, para que despiertes la tierra, para que heredes asoladas heredades.

9 Para que digas a los presos: Salid; y a los que están en tinieblas: Manifestaos. Sobre los caminos serán apacentados, y en todas las cumbres [serán] sus pastos.

10 Nunca tendrán hambre, ni sed; ni el calor los afligirá, ni el sol; porque el que tiene de ellos misericordia, los guiará, y en manaderos de aguas los pastoreará.

11 Y tornaré [en] camino todos mis montes; y mis calzadas serán levantadas.

12 He aquí, éstos vendrán de lejos; y he aquí, éstos del norte y del occidente; y éstos de la tierra del mediodía.

13 Cantad alabanzas, oh cielos, y alégrate tierra; y prorrumpid en alabanzas, oh montes; porque el SEÑOR ha consolado su pueblo, y de sus pobres tendrá misericordia.

14 Mas Sion dijo: Me dejó el SEÑOR, y el Señor se olvidó de mí.

15 ¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque se olviden ellas, yo no me olvidaré de ti.

16 He aquí que en las palmas te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros.

17 Tus edificadores vendrán aprisa; tus destruidores, y tus asoladores saldrán de ti.

18 Alza tus ojos alrededor, y mira: todos éstos se han ayuntado, han venido a ti. Vivo yo, dice el SEÑOR, que de todos, como de vestidura de honra, serás vestida; y de ellos serás ceñida como novia.

19 Porque tus asolamientos, y tus destrucciones, y tu tierra desierta, ahora será angosta por la multitud de los moradores; y tus destruidores serán apartados lejos. 20 Aun los hijos de tu orfandad dirán a tus oídos: Angosto es para mí este lugar; apártate por amor de mí, [a otra parte] para que yo more.

21 Y dirás en tu corazón: ¿Quién me engendró éstos? Porque yo deshijada, y sola, peregrina y desterrada [era]; ¿quién pues crió éstos? He aquí yo estaba dejada sola, ¿éstos de dónde [vinieron]?

22 Así dijo el Señor DIOS: He aquí, que yo alzaré mi mano a los gentiles, y a los pueblos levantaré mi bandera; y traerán en brazos tus hijos, y tus hijas serán traídas sobre hombros.

23 Y reyes serán tus ayos; y sus reinas, tus amas [de leche]; el rostro inclinado a tierra te adorarán, y lamerán el polvo de tus pies; y conocerás que yo [soy] el SEÑOR, que no se avergonzarán los que me esperan.

24 ¿Quitarán la presa al valiente? o ¿la cautividad justa será dada por libre?

25 Así pues dice el SEÑOR: Ciertamente, la cautividad será quitada al valiente; y la presa será dada por libre; y tu pleito yo lo pleitearé, y a tus hijos yo [los] salvaré.

26 Y a los que te despojaron, haré comer sus [propias] carnes, y con su sangre serán embriagados como con mosto; y toda carne conocerá que yo [soy] el SEÑOR, Salvador tuyo, y Redentor tuyo, el Fuerte de Jacob.

CAPÍTULO 50

1 Así dijo el SEÑOR: ¿Qué es de esta carta de repudio de vuestra madre, a la cual [yo] repudié? ¿O quiénes [son] mis acreedores, a quien yo os he vendido? He aquí, que por vuestras maldades sois vendidos; y por vuestras rebeliones fue repudiada vuestra madre,

2 porque vine, y nadie apareció; llamé, y nadie respondió. ¿Ha llegado a acortarse mi mano, para no redimir? ¿No [hay] en mí poder para librar? He aquí que con mi reprensión hago secar el mar; torno los ríos en desierto; hasta pudrirse sus peces, y morirse de sed por falta de agua.

3 Visto de oscuridad los cielos, y torno [como saco de] cilicio su cobertura.

4 El Señor DIOS me dio lengua de sabios, para saber [dar] en su sazón palabra al cansado: despertará de mañana, de mañana me despertará [mi] oído, para que oiga, como los sabios.

5 El Señor DIOS me abrió el oído, y yo no fui rebelde; ni me torné atrás.

6 Di mi cuerpo a los heridores; y mis mejillas a los peladores; no escondí mi rostro de las injurias y esputos.

7 Porque el Señor DIOS me ayudará, por tanto no me avergoncé, por eso puse mi rostro como [un] pedernal, y sé que no seré avergonzado.

8 Cercano [está] de mí el que me justifica, ¿quién contenderá conmigo? Juntémonos. ¿Quién [es] el adversario de mi causa? Acérquese a mí.

9 He aquí que el Señor DIOS me ayudará; ¿quién [hay] que me condene? He aquí que todos ellos como ropa de vestir se envejecerán; los comerá polilla.

10 ¿Quién [hay] entre vosotros, que teme al SEÑOR? Oiga la voz de su siervo. El que anduvo en tinieblas, y el que careció de luz, confíe en el nombre del SEÑOR, y recuéstese sobre su Dios.

11 He aquí, que todos vosotros encendéis fuego, y estáis cercados de centellas; andad a la lumbre de vuestro fuego; y a las centellas, que encendisteis. De mi mano os vino esto; en dolor seréis sepultados.

CAPÍTULO 51

1 Oídme, los que seguís justicia, los que buscáis al SEÑOR: mirad a la piedra [de donde] fuisteis cortados, y a la caverna de la fosa de donde fuisteis arrancados.

2 Mirad a Abraham vuestro padre, y a Sara la que os dio a luz; porque solo lo llamé, y lo bendije, y lo multipliqué.

3 Ciertamente consolará el SEÑOR a Sion, consolará todas sus soledades, y tornará su desierto como paraíso, y su soledad como huerto del SEÑOR; se hallará en ella alegría y gozo, confesión y voz de cantar.

4 Estad atentos a mí, pueblo mío, y oídme, nación mía; porque de mí saldrá la ley, y mi juicio descubriré para luz de pueblos.

5 Cercana está mi justicia, ha salido mi salud, y mis brazos juzgarán a los pueblos. A mí esperarán las islas, y en mi brazo pondrán su esperanza.

6 Alzad a los cielos vuestros ojos, y mirad abajo a la tierra; porque los cielos serán deshechos, como humo; y la tierra se envejecerá, como ropa de vestir; y de la misma manera perecerán sus moradores; pero mi salud será para siempre, y mi justicia no perecerá.

7 Oídme, los que conocéis justicia, pueblo en cuyo corazón está mi ley: No temáis afrenta de hombre, ni desmayéis por sus denuestos;

8 porque como a vestidura, los comerá polilla, como a lana, los comerá gusano; mas mi justicia permanecerá perpetuamente, y mi salud por siglos de siglos.

9 Despiértate, despiértate, vístete de fortaleza, oh brazo del SEÑOR. Despiértate como en el tiempo antiguo, en los siglos pasados. ¿No eres tú el que cortó al soberbio, y el que hirió al dragón?

10 ¿No eres tú el que secó el mar, las aguas del gran abismo; el que a lo profundo del mar tornó en camino, para que pasasen los redimidos?

11 Cierto, tornarán los redimidos del SEÑOR; volverán en Sion cantando, y gozo perpetuo [será] sobre su cabeza; poseerán gozo, y alegría; y el dolor, y el gemido huirán.

12 Yo, yo [soy] vuestro consolador. ¿Quién [eres] tú para que tengas temor del hombre, que es mortal, del hijo del hombre, [que por] heno será contado?

13 Y te has ya olvidado del SEÑOR tu Hacedor, que extendió los cielos, y fundó la tierra; y todo el día tuviste temor continuamente del furor del que aflige, cuando se disponía para destruir. Mas ¿A dónde está el furor del que aflige?

14 El preso se da prisa para ser suelto, por no morir en la mazmorra, [ni] que le falte su pan.

15 Y yo, el SEÑOR, [soy] tu Dios, que parto el mar, y suenan sus ondas, soy tu Dios; el SEÑOR de los ejércitos [es] su nombre.

16 Que puse en tu boca mis palabras, y con la sombra de mi mano te cubrí; para que plantases los cielos y fundases la tierra; y que dijeses a Sion: pueblo mío [eres] tú.

17 Despiértate, despiértate, levántate, oh Jerusalén, que bebiste de la mano del SEÑOR el cáliz de su furor, las heces del cáliz de angustia bebiste, y chupaste.

18 De todos los hijos que dio a luz, no hay quien la gobierne, no hay quien la tome por su mano, entre todos los hijos que crió.

19 Estas dos cosas te han acaecido, ¿quién se dolerá de ti? Asolamiento, y quebrantamiento: hambre y espada. ¿Quién te consolará? 20 Tus hijos desmayaron, estuvieron tendidos en las encrucijadas de todos los caminos, como buey montés en la red, llenos del furor del SEÑOR, de ira del Dios tuyo.

21 Oye, pues, ahora esto, miserable, ebria, y no de vino:

22 Así dijo tu Señor, YO SOY tu Dios, el cual pleitea por su pueblo: He aquí he quitado de tu mano el cáliz de angustia, la hez del cáliz de mi furor, nunca más lo beberás.

23 Y lo pondré en la mano de tus angustiadores, que dijeron a tu alma: Encórvate, y pasaremos. Y tú pusiste tu cuerpo, como tierra, y como camino, a los que pasan.

CAPÍTULO 52

1 Despiértate, despiértate, vístete tu fortaleza, oh Sion; vístete tus ropas de hermosura, oh Jerusalén, ciudad santa, porque nunca más acontecerá, que venga en ti incircunciso, ni inmundo.

2 Sacúdete del polvo, levántate, siéntate, Jerusalén; suéltate de las ataduras de tu cuello, cautiva hija de Sion.

3 Porque así dice el SEÑOR: De balde fuisteis vendidos; por tanto, sin dinero seréis rescatados.

4 Porque así dijo el Señor DIOS: Mi pueblo descendió a Egipto en tiempo pasado, para peregrinar allá; y el Assur lo cautivó sin razón.

5 Y ahora ¿qué a mí aquí? Dice el SEÑOR: que mi pueblo sea tomado sin por qué; y los que en él se enseñorean, [lo] hacen aullar, dice el SEÑOR, y continuamente mi nombre es blasfemado todo el día.

6 Por tanto, mi pueblo sabrá mi nombre por esta causa en aquel día; porque yo mismo que hablo, he aquí estaré presente.

7 ¡Cuán hermosos [son] sobre los montes los pies del que trae [alegres] nuevas, del que publica la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salud, del que dice a Sion: Reina tu Dios!

8 ¡Voz de tus atalayas! Alzarán la voz, juntamente jubilarán; porque ojo a ojo verán, como torna el SEÑOR a traer a Sion.

9 Cantad alabanzas, alegraos juntamente las soledades de Jerusalén; porque el SEÑOR ha consolado [a] su pueblo, ha redimido a Jerusalén.

10 El SEÑOR desnudó el brazo de su santidad ante los ojos de todos los gentiles. Y todos los términos de la tierra verán la salud del Dios nuestro.

11 Apartaos, apartaos; salid de allí; no toquéis cosa inmunda. Salid de en medio de ella; sed limpios los que lleváis los vasos del SEÑOR.

12 Porque no saldréis apresurados, ni iréis huyendo; porque el SEÑOR irá delante de vosotros, y el Dios de Israel os ayuntará.

13 He aquí, que mi siervo será prosperado, será engrandecido, y ensalzado, y será muy sublimado.

14 Como te abominaron muchos, en tanta manera fue desfigurado de los hombres su parecer; y su hermosura, de los hijos de los hombres.

15 Pero él rociará [a] muchos gentiles. Los reyes cerrarán sobre él sus bocas, porque verán lo que nunca [les] fue contado; y entenderán, lo que nunca oyeron.

CAPÍTULO 53

1 ¿Quién creerá a nuestro dicho? ¿Y sobre quién será manifestado el brazo del SEÑOR?

2 Con todo eso subirá, como renuevo, delante de él; y como raíz de tierra seca. No [hay] parecer en él, ni hermosura. Le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos.

3 Despreciado, y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en flaqueza; y como que escondimos de él el rostro, [fue] menospreciado, y no lo estimamos.

4 Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.

5 Mas él herido [fue] por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados. El castigo de nuestra paz [fue] sobre él; y por su llaga hubo cura para nosotros.

6 Todos nosotros nos perdimos, como ovejas; cada cual se apartó por su camino; mas el SEÑOR traspuso en él el pecado de todos nosotros.

7 Angustiado él, y afligido, no abrió su boca. Como oveja, fue llevado al matadero; y como cordero delante de sus trasquiladores enmudeció; y no abrió su boca.

8 De la cárcel y del juicio fue quitado. Y su generación, ¿quién la contará? Porque cortado fue de la tierra de los vivientes. Por la rebelión de mi pueblo fue herido.

9 Y puso con los impíos su sepultura, y su muerte con los ricos; aunque nunca hizo él maldad, ni [hubo] engaño en su boca.

10 Con todo eso, el SEÑOR lo quiso moler, sujetándole a padecimiento. Cuando hubiere puesto su alma por expiación, verá linaje, vivirá por largos días; y la voluntad del SEÑOR será en su mano prosperada.

11 Del trabajo de su alma verá y será saciado. Y con su conocimiento justificará mi Siervo justo a muchos; y él llevará las iniquidades de ellos.

12 Por tanto, [yo] le daré parte con los grandes, y a los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su alma hasta la muerte, y fue contado con los rebeldes, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.

CAPÍTULO 54

1 Alégrate, oh estéril, la que no daba a luz: levanta canción, [y da voces de] júbilo, la que nunca estuvo de parto; porque más [serán] los hijos de la dejada, que los de la casada, dijo el SEÑOR.

2 Ensancha el sitio de tu cabaña, y las cortinas de tus tiendas sean extendidas, no seas escasa; alarga tus cuerdas, y fortifica tus estacas.

3 Porque a la mano derecha y a la mano izquierda has de crecer; y tu simiente heredará gentiles, y habitarán las ciudades asoladas.

4 No temas, que no serás avergonzada; y no te avergüences, que no serás afrentada; antes te olvidarás de la vergüenza de [tu] juventud, y de la afrenta de tu viudez no tendrás más memoria.

5 Porque tu marido [será] tu Hacedor; el SEÑOR de los ejércitos [es] su nombre; y tu Redentor, el Santo de Israel, Dios de toda la tierra será llamado.

6 Porque como a mujer dejada y triste de espíritu te llamó el SEÑOR; y [como] a mujer joven que [es] repudiada, dijo el Dios tuyo.

7 Por [un] pequeño momento te dejé; mas te recogeré con grandes misericordias.

8 Con [un] poco de ira escondí mi rostro de ti por [un] momento; mas con misericordia eterna tendré compasión de ti, dijo tu Redentor, el SEÑOR.

9 Porque esto me será [como] las aguas de Noé, que juré que nunca más las aguas de Noé pasarían sobre la tierra; así [también] juré que no me enojaré [mas] contra ti, ni te reprenderé.

10 Porque los montes se moverán, y los collados temblarán; mas no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz vacilará, dijo el SEÑOR, el que tiene misericordia de ti.

11 Pobre, fatigada con tempestad, sin consuelo, he aquí que yo cimentaré tus piedras sobre carbunclo; y sobre zafiros te fundaré.

12 Tus ventanas pondré de piedras preciosas, tus puertas de piedras de carbunclo, y todo tu término de piedras de gran precio.

13 Y todos tus hijos [serán] enseñados del SEÑOR; y multiplicará la paz de tus hijos.

14 Con justicia serás adornada; estarás lejos de opresión, porque no [la] temerás; y de temor, porque no se acercará a ti.

15 Si alguno conspirare contra ti, [será] sin mí; el que contra ti conspirare, delante de ti caerá.

16 He aquí que yo crié al herrero, que sopla las ascuas en el fuego, y que saca la herramienta para su obra; y yo crié al destruidor para destruir.

17 Toda herramienta que fuere fabricada contra ti, no prosperará; y tú condenarás toda lengua que se levantare contra ti en juicio. Esta [es] la heredad de los siervos del SEÑOR, y su justicia de por mí, dijo el SEÑOR.

CAPÍTULO 55

1 A todos los sedientos: Venid a las aguas. Y los que no tienen dinero, venid, comprad, y comed. Venid, comprad, sin dinero y sin precio, vino y leche.

2 ¿Por qué gastáis el dinero [en lo que] no es pan, y vuestro trabajo [en lo que] no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien; y se deleitará vuestra alma con grosura.

3 Inclinad vuestros oídos, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma. Y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David.

4 He aquí, que yo [lo] di por testigo a [los] pueblos, por capitán y por maestro a pueblos.

5 He aquí, que llamarás a gente que no conociste; y gentiles que no te conocieron correrán a ti, por causa del SEÑOR tu Dios, y del Santo de Israel que te ha honrado.

6 Buscad al SEÑOR, mientras se halla; llamadle en tanto que está cercano.

7 Deje el impío su camino; y el varón inicuo, sus pensamientos; y vuélvase al SEÑOR, el cual tendrá de él misericordia; y al Dios nuestro, el cual será grande en perdonar.

8 Porque mis pensamientos no [son como] vuestros pensamientos; ni vuestros caminos, [como] mis caminos, dijo el SEÑOR.

9 Como son [más] altos los cielos que la tierra, así son más altos mis caminos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.

10 Porque como desciende de los cielos la lluvia, y la nieve, y no vuelve allá, sino [que] riega la tierra, y la hace engendrar, y producir, y da simiente al que siembra, y pan al que come;

11 así será mi Palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, mas hará lo que [yo] quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.

12 Porque con alegría saldréis, y con paz seréis vueltos; los montes y los collados levantarán canción delante de vosotros, y todos los árboles del campo [os] aplaudirán con las manos.

13 En lugar de la zarza crecerá haya; y en lugar de la ortiga crecerá arrayán; y será al SEÑOR por nombre, por señal eterna [que] nunca será raída.

CAPÍTULO 56

1 Así dijo el SEÑOR: Guardad derecho, y haced justicia; porque cercana está mi salud para venir, y mi justicia para manifestarse.

2 Bienaventurado el hombre, que esto hiciere; y el hijo del hombre, que esto abrazare; que guarda el sábado de contaminarlo, y que guarda su mano de hacer todo mal.

3 Y el hijo del extranjero, allegado al SEÑOR, no hable diciendo: Me apartará totalmente el SEÑOR de su pueblo. Ni diga el eunuco: He aquí yo [soy] árbol seco.

4 Porque así dijo el SEÑOR a los eunucos que guardaren mis sábados, y escogieren lo que [yo] quiero, y abrazaren mi pacto:

5 [Yo] les daré lugar en mi casa, y dentro de mis muros, y nombre, mejor que a los hijos y a los hijas; nombre perpetuo les daré que nunca perecerá.

6 Y a los hijos de los extranjeros, que se allegaren al SEÑOR, para ministrarle, y que amaren el nombre del SEÑOR, para ser sus siervos; todos los que guardaren el Sábado de contaminarlo, y abrazaren mi Pacto,

7 [yo] los llevaré al monte de mi santidad; y los recrearé en la Casa de mi oración. Sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi Casa, Casa de oración será llamada de todos los pueblos.

8 Dice el Señor DIOS, el que junta los echados de Israel, Aun juntaré sobre él sus ayuntados.

9 Todas las bestias del campo, todas las bestias del monte, venid a devorar.

10 Sus atalayas [son] ciegos; todos ellos [son] ignorantes; todos ellos [son] perros mudos, no pueden ladrar; dormidos, echados, aman el dormir.

11 Y esos perros ansiosos son insaciables; y los mismos pastores no supieron entender; todos ellos miran a sus caminos, cada uno a su provecho, [cada uno] por su cabo.

12 Venid, [dicen], tomaré vino, embriaguémonos de sidra; y será el día de mañana como éste, [o] mucho más excelente.

CAPÍTULO 57

1 Perece el justo, y no [hay] quien eche de ver; y los píos son recogidos, y no [hay] quien entienda que delante de la aflicción es recogido el justo.

2 Vendrá la paz, descansarán sobre sus camas todos los que andan delante de él.

3 Y vosotros, llegaos acá, hijos de la agorera; generación del adúltero y de [la] fornicaria.

4 ¿De quién [os] habéis burlado? ¿Contra quién ensanchasteis la boca, [y] alargasteis la lengua? ¿No sois vosotros hijos rebeldes, simiente mentirosa,

5 que os enfervorizáis con los ídolos debajo de todo árbol umbroso, que sacrificáis los hijos en los valles, debajo de los peñascos?

6 En las pulimentadas piedras del valle [está] tu parte; ellas, ellas [son] tu suerte; y a ellas derramaste libación, y ofreciste presente. ¿No me tengo de vengar de estas cosas?

7 Sobre el monte alto y empinado pusiste tu cama; allí también subiste a hacer sacrificio.

8 Y tras la puerta y el umbral pusiste tu recuerdo; porque [a otro y no] a mí te descubriste, y subiste, [y] ensanchaste tu cama, e hiciste con ellos alianza; amaste su cama dondequiera que [la] veías.

9 Y fuiste al rey con ungüento, y multiplicaste tus perfumes, y enviaste tus embajadores lejos, y te abatiste hasta lo profundo.

10 En la multitud de tus caminos te cansaste; mas no dijiste: No hay remedio; hallaste lo que buscabas, por tanto no te arrepentiste.

11 ¿Y a quién reverenciaste y temiste? ¿Por qué mientes; que no te has acordado de mí, ni te vino al pensamiento? ¿No he disimulado [desde tiempos antiguos], y nunca me has temido?

12 Yo publicaré tu justicia y tus obras, que no te aprovecharán.

13 Cuando clamares, líbrente tus allegados; pero a todos ellos llevará el viento, [los] tomará la vanidad; mas el que en mí espera, tendrá la tierra por heredad, y poseerá el Monte de mi santidad.

14 Y dirá: Allanad, allanad; barred el camino; quitad los tropiezos del camino de mi pueblo.

15 Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita en eternidad, y cuyo nombre [es] El Santo, que tengo por morada la altura y la santidad; y con el quebrantado y abatido de espíritu [habito], para hacer vivir el espíritu de los abatidos, y para hacer vivir el corazón de los quebrantados.

16 Porque no contenderé para siempre, ni para siempre enojaré; porque el espíritu por mi vistió el cuerpo, y yo hice las almas.

17 Por la iniquidad de su codicia me enojé, y le herí; escondí [mi rostro] y me ensañé; y fue él rebelde por el camino de su corazón.

18 Miré sus caminos, y le sanaré, y le pastorearé, y le daré consolaciones, [a él] y a sus enlutados.

19 Crío fruto de labios, paz; paz al lejano y al cercano, dijo el SEÑOR, y le sanó. 20 Mas los impíos, [son] como el mar en tempestad, que no puede reposar; y sus aguas arrojan cieno y lodo.

21 No [hay] paz, dijo mi Dios, para los impíos.

CAPÍTULO 58

1 Clama a alta voz, no [te] detengas; alza tu voz como trompeta, y predicad a mi pueblo su rebelión; y a la casa de Jacob su pecado.

2 Que me buscan cada día, y quieren saber mis caminos, como gente que hubiese obrado justicia, y que no hubiese dejado el derecho de su Dios; pregúntanme derechos de justicia, y quieren acercarse a Dios.

3 ¿Por qué, [dicen], ayunamos, y no hiciste caso? ¿Humillamos nuestras almas, y no [lo] supiste? He aquí que en el día de vuestro ayuno halláis lo que queréis; y todos demandáis vuestras haciendas.

4 He aquí que para contiendas y debates ayunáis, y para herir con el puño inicuamente. No ayunéis como hasta aquí, para que vuestra voz sea oída en lo alto.

5 ¿Es tal el ayuno que [yo] escogí? ¿Para que el hombre aflija su alma? ¿Que encorve su cabeza, como junco; y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis esto ayuno, y día agradable al SEÑOR?

6 ¿No es antes el ayuno que yo escogí, desatar los líos de impiedad, deshacer los haces de opresión, y soltar libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo?

7 Que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes metas en casa; que cuando vieres al desnudo, lo cubras; y no te escondas de tu hermano.

8 Entonces nacerá tu luz, como el alba; y tu sanidad reverdecerá presto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria del SEÑOR te recogerá.

9 Entonces invocarás, y oirás al SEÑOR; clamarás, y dirá él: Heme aquí. Si quitares de en medio de ti el yugo, el extender el dedo, y hablar vanidad:

10 Y [si] derramares tu alma al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad [será] como el mediodía;