Romance de lobos, comedia barbara

Part 5

Chapter 5 4,165 words Public domain Markdown

EL CAPELLÁN

¡No debíamos dejarle!

DOÑA MONCHA

¡Pobres de nosotros, qué podremos hacer!... Yo tiemblo cuando me acerco a esa puerta.

DON GALÁN

¡Tiene un verme que le roe!

ANDREÍÑA

¡Como si estuviera ya difunto, cómele, cómele!....

_El capellán se acerca a la puerta y pulsa con los artejos. Espera un momento, y como ninguna voz responde, vuelve a pulsar. Les pasos vienen y van_.

EL CAPELLÁN

¡Señor Don Juan Manuel!... ¡Señor Don Juan Manuel!... ¡Dios nos manda tener valor! Debemos conservar la existencia como un dón precioso, y amarla a pesar de sus espinas....

ANDREÍÑA

¡No responderá!

LA RECOGIDA

¡Es como un rey, y a nadie escucha!

_La sombra del clérigo vuelve a vagar por la antesala. Los criados comentan en voz baja, graves, lentos, reunidos a la redonda de la cesta llena de mazorcas, y sus voces supersticiosas, parece que van en la oscuridad, de un misterio hacia otro misterio. Y los pasos vienen y van_.

ANDREIÑA

¡Y así día y noche!

LA RECOGIDA

¡No descansa!

DON GALÁN

¡Ya tendrá su descanso, y qué luengo será!

LA RECOGIDA

¡Para siempre!

EL RAPAZ DE LAS VACAS

¡No escucha ninguna voz!

ANDREÍÑA

¡Ya escuchará la de Nuestro Señor!

LA RECOGIDA

¡Esa todos los nacidos la escuchamos!

ANDREÍÑA

¡Es más fuerte que el huracán!

EL RAPAZ DE LAS VACAS

¡Y más que los truenos!

DON GALÁN

¡Y más que el broar de la mar! LA RECOGIDA

Esta noche no dejó de oírse la mar de Corrubedo.

LA REBOLA

¡Dicen que se oye en la redondez de quince leguas!

ANDREÍÑA

¡En toda la redondez del mundo óyese la voz de Nuestro Señor!

_Cesa de pronto la glosa de los criados que hacen rueda desgranando mazorcas. Artemisa la del Casal, moza blanca y rubia, briosa y rozagante, con manteo cercado de velludo y capotillo mariñán, acaba de aparecer en el umbral de la antesala. Se la tiene por hija bastarda del Caballero. Trae de la mano a un niño de ojos picarescos, que se tambalea sobre los zuecos blancos, que muestran no haber pisado la tierra. Un tirante amarillo cruza el pecho del rapaz con la prosapia de una banda, y sujeta el calzón de pana, que no llega a los zuecos. En una mano sostiene el gorro catalán, que aún tocaba su cabeza al parecer en la antesala, y en la otra estruja una rana viva_.

ARTEMISA

¡Santas y buenas noches! Saluda, Floriano.

EL NIÑO

¡Bendito y alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar!....

ARTEMISA

Besa la mano al señor capellán. Besa también la mano a Doña Moncha.

DOÑA MONCHA

¿Qué os trae?

ARTEMISA

Saber si ha tenido mudanza el señor.

EL CAPELLÁN

Parece resuelto a dejarse morir.

ARTEMISA

¡La Santísima Virgen de Gundarín no lo permitirá!

ANDREÍÑA

¿Y si lo quiere así la Santísima Virgen?

DON GALÁN

¡Tópanse con gana de pleitos en el Cielo!

ARTEMISA

Todo el día estuve con cuidado, y el pequeño, como sentíame suspirar, habían de ver qué consuelos me daba. ¿Y sigue de la misma conformidad el señor?

DOÑA MONCHA

De la misma.

ARTEMISA

¿Por qué le dejan así? Acabará por subírsele toda la sangre a la cabeza.

DOÑA MONCHA

Háblale tú a ver si te responde. ¡Yo tiemblo de acercarme a esa puerta!

_Artemisa la del Casal, se acerca a la puerta con el niño de la mano. En la alcoba los pasos vienen y van obstinados y extraños como el pensamiento de los locos. Artemisa atiende algunos momentos_.

ARTEMISA

¡Pasea en la oscuridad!

EL CAPELLÁN

Al entrar en la alcoba, mandó clavar las ventanas.

ARTEMISA

¡Señor!... ¡Señor!... ¿Ya no me conoce? ¡Soy Artemisa!... ¡Señor, franquee la puerta! ¡Por el alma de aquella santa! ¡Señor, que soy Artemisa!

_Las pisadas que vienen y van dejan de oírse y la puerta se abre con estrépito. En el umbral, sobre el fondo oscuro de la alcoba, aparece la figura de Don Juan Manuel Montenegro. Tiene un fulgor de cólera en las pupilas, en las manos de marfil añoso la escopeta, y su barba se derrama sobre el pecho, trémula y blanca_.

EL CABALLERO

¡Será preciso que mate a uno! ¡No me dejaréis morir en paz!... ¡Malditos todos, que llegáis a esta puerta y no respetáis mi dolor! ¡Yo también seré maldito, porque vosotros no me dejáis morir arrepentido! ¡Mis horas están contadas!... ¡Tengo ya la sepultura abierta! ¡Dejadme! ¡Toda la noche han aullado los perros!... ¡Cierro los ojos para morir, y vuestras voces me despiertan!... ¡Sois como las hienas, que desentierran a los cadáveres!... ¡Tendré que mataros!... ¡Dejadme, hienas y lobos y escorpiones!... ¡Dejadme que muera y que la tierra caiga a puñados sobre mis ojos!...

_El viejo linajudo atraviesa la antesala y huye por el largo corredor lleno de resonancias. Todos se miran en silencio, con ojos de susto, y se acercan, uno a uno, al umbral de la alcoba que hiede a muerte. Allí agrupados dudan de entrar, como si continuasen oyendo aquellos pasos obsesos y viesen la sombra, en la sombra ir y venir_.

ARTEMISA

¡Espanto en el alma me pusieron sus palabras!

DOÑA MONCHA

¡Son bien de espantar!

LA RECOGIDA

¡Quiere morir!

ANDREÍÑA

¡Y buscará la muerte!

ARTEMISA

¡Y condenará su alma!

LA RECOGIDA

¡Adonde irá!

DON GALÁN

¡Si no le temiere, iría tras él!

El CAPELLÁN

¡No acosemos al león!... Si nuestros ojos no pueden seguirle, que le sigan nuestras oraciones.

_El capellán pasea la estancia de uno a otro testero, con un murmullo de rezo, y los criados, reunidos a la redonda de la cesta colmada de mazorcas, hablan en voz baja. De pronto se oyen pisadas de caballos refrenados ante el portón_.

DOÑA MONCHA

¿Qué será en tal hora?

EL CAPELLÁN

Los lobos que bajan del monte. ¿Quiénes pueden ser sino los hijos?....

DON GALÁN

Llegan para repartirse la herencia.

ARTEMISA

¡Pronto tuvieron noticia!....

DON GALÁN

¡Alguna bruja!....

ANDREÍÑA

¡De hoy son nuestros amos.

[Ilustración]

JORNADA TERCERA

ESCENA TERCERA

_Don Juan Manuel Montenegro cruza una y otra calle, calles angostas asombradas por altas tapias, sobre las cuales ya se derrama una higuera, ya descuella un ciprés. ¡Viejas calles de una vieja villa feudal, con iglesias, con caserones, con huertos conventuales! De los negruzcos aleros gotea la lluvia, y en las angostas ventanas que se abren debajo asoma el contorno de un gato, alguna rara vez_.

EL CABALLERO

¿Dónde esperar la muerte sin que me acosen con sus voces?... ¿En qué oscura cueva de lobo o de león iré a esconderme?... ¡No hallo paz en la vida!¡Fui pastor de lobos y ahora mis ganados me comen ¡Engendré monstruos y estoy maldito! ¿Por qué de aquel vientre de mujer santa salieron demonios en vez de ángeles con alas? ¡Estaba maldito el sembrador! ¡Estaba maldita la simiente! ¡Muerte, no tardes! ¡Sácame de este pozo de sierpes y dame a tus gusanos!... ¡Que me coman tus hijos, pero no los míos! ¡Muerte, no tardes! ¡Dios, si por mis pecados no me quieres, deja que me arrebate Satanás!

_El Caballero cruza ante dos mujeres que se asustan del encuentro. Pasa sin verlas y solamente se detiene cuando le llaman con plañideros gritos. Entonces reconoce a la vieja criada y a Sabelita_.

LA ROJA

¡Señor mi amo, adónde camina en esta hora?

SABELITA

¡Don Juan Manuel! ¡Madre de Dios!

LA ROJA

¡Señor, adónde camina con la blanca cabeza descubierta a la lluvia?

EL CABALLERO

¿De qué infierno habéis salido? ¿Por qué me detenéis? ¿Por qué me habláis cuando huyo de vuestras voces?... ¡Isabel, qué me quieres? ¡Me abandonaste un día y ahora vuelves a mí, acompañada de una bruja! ¿De qué infierno sales, Isabel? ¿Cuál es tu nombre ahora?

SABELITA

¡Soy Isabel, señor!....

EL CABALLERO

¡El demonio no te llama Isabel!... ¡El demonio te llama voz de mentira, cuervo de ingratitud, sierpe de hipocresía, brasa de lujuria!¡Sólo la santa de quien fuimos verdugos te llama Isabel! ¡Ay, para ella todos éramos sus hijos!... ¡Pero Satanás no tiene en los labios el amor de aquella boca ya muda!... ¡Isabel, tú para mi te llamas remordimiento, y esa bruja, bruja!

_Desaparece el Caballero en la sombra. Las dos mujeres, asustadas, no se atreven a seguirle. Por algunos momentos se oyeron pasos en la soledad de la calle. ¡Huecos y resonantes pasos! El Caballero baja a la playa. El viento bordonea en el mar_.

EL CABALLERO

¡Mar, tus olas no se abrieron para tragarme!... ¡Quisiste aquellas vidas y no quisiste la mía!¡Si me tragases, mar, y no arrojases mi cuerpo a ninguna playa!¡Si me sepultases en tu fondo y me guardases para ti!... ¡No me quisiste aquella noche, y soy más náufrago que esos cuerpos desnudos que bailan en tus olas!... ¡Tengo la pobreza y la desnudez y el frío de un náufrago! ¡No sé adonde ir!... ¡Si la muerte tarda, pediré limosna por los caminos!... ¡Y el mar, aquella noche, pudo caer sobre mi cuerpo, como la tierra de la sepultura, y no me quiso!... ¡Ya soy pobre! ¡Todo lo he dado a los monstruos! ¡Mi alma en otra vida, aquella vida de que huyo, también fué un mar, y tuvo tempestades, y noches negras, y monstruos que habían nacido de mí! ¡Ya no soy más que un mendigo viejo y miserable! ¡Todo lo he repartido entre mis hijos, y mientras ellos se calientan ante el fuego encendido por mí, yo voy por los caminos del mundo, y un día, si tú no me quieres, mar, moriré de frío al pie de un árbol tan viejo como yo! ¡Las encinas que plantó mi mano no me negarán su sombra, como me niegan su amor los monstruos de mi sangre!....

_A lo largo de la playa bajan tres negras figuras. Sobre sus hombros se alarga un palo, que allá en su extremo parece levantar hacia la luna en dos cuernos, la dentadura de una vieja. Las tres figuras negras van delante del Caballero. De tiempo en tiempo se detienen, y sobre las olas crestadas de espuma alargan sus varales, y los dientes de bruja que se abren al extremo desaparecen sepultos en el mar. El Caballero pasa por entre aquellas figuras que, asombradas, le reconocen. Son tres mendigos que en las noches de resaca catean por la playa buscando los tesoros de un naufragio. El viejo linajudo también reconoce aquellas sombras. El Morcego, la coima, y un loco que se llama Fuso Negro_.

EL CABALLERO

¿Qué trasgo o qué bruja os ha convocado aquí?

FUSO NEGRO

La luna....

LA MUJER DEL MORCEGO

Buscamos los tesoros de una gran nave que venía no se sabe de dónde....

EL MORCEGO

Un gran bergantín, que naufragó en la mar de Corrubedo.

LA MUJER DEL MORCEGO

Pudiera suceder que las olas tuviesen más caridad que algunos corazones, y esta noche nos arrojasen alguna cosa, remedio de nuestra pobreza.

EL CABALLERO

¡Las olas no tienen caridad!

LA MUJER DEL MORCEGO

Para muchos la tuvieron....

EL MORCEGO

Y no hay otra playa como esta, adonde salgan tantas tablas de navíos.

LA MUJER DEL MORCEGO

Y por veces cosas de gran riqueza....

FUSO NEGRO

Plata fina, y joyas....

EL CABALLERO

¡Y también algún ahogado comido de los peces!

FUSO NEGRO

Hace años salió el cuerpo de un rey con su corona de oro y pedrería... Traíala tan bien puesta, que no se le pudo arrancar y fué menester cortarle la cabeza....

EL CABALLERO

¡Con cuántos náufragos no habrá hecho lo mismo vuestra codicia!

FUSO NEGRO

Aquel era un rey de morería. La sangre que le manaba del cuello era negra.

EL CABALLERO

Si yo hubiera naufragado aquella noche, vosotros también habríais segado mi cabeza, aun cuando no llevase una corona. Se la venderíais a mis hijos y os la pagarían bien.

LA MUJER DEL MORCEGO

¡No diga, tal señor!

FUSO NEGRO

Se la presentaríamos en una fuente de plata cuando estuviesen sentados a la mesa.

EL CABALLERO

Y se la comerían como un rico manjar.

FUSO NEGRO

Don Pedrito diría: ¡Yo quiero la lengua! Don Gonzalito diría: ¡Yo quiero los ojos! ¡Y cómo le habían de chascar bajo los dientes!

EL CABALLERO

¡Y se matarían disputándoselos!

FUSO NEGRO

Los huesos serían para los canes.

EL CABALLERO

Los canes no comen a los amos.

LA MUJER DEL MORCEGO

¿Y pueden los hijos comer a los padres, mi señor?

EL CABALLERO

¡A mí me comieron el corazón!

FUSO NEGRO

Aun cuando lo arrancaren del pecho con los dientes, vuelve otro a nacer. Retoña como un verde laurel... ¡No hay que tener miedo!

LA MUJER DEL MORCEGO

Sólo lo come de raíz, el verme de la muerte. En tanto dure la vida, es como una fontela donde todos acuden a beber y nadie la seca.

EL MORCEGO

Una fontela tiene agua para todas las sedes.

EL CABALLERO

¿Y no habéis visto fuentes secas?

EL MORCEGO

En tiempo de calores.

LA MUJER DEL MORCEGO

Mas aquéllas habíalas secado el sol, y no la boca de un sediento.

FUSO NEGRO

Los lobos que quieren beberse toda el agua de las fuentes, mueren como odres reventadas.

EL CABALLERO

¿Por qué habéis dicho que el corazón es como una fuente? En las fuentes se envenenan las aguas y mueren los que beben de ellas....

EL MORCEGO

¡También el corazón tiene su ponzoña!

EL CABALLERO

Pero no la vierte en las bocas que le muerden, sino que las recibe de ellas.

FUSO NEGRO

El corazón es como la niña del ojo. Adonde mira aquello tiene en el fondo. Unas veces fuente, y otras roquedo... Unas veces los dientes arregañados de un lobo, y otras un resplandor.

EL CABALLERO

¿Por qué dirán que estás loco, Fuso Negro?

LA MUJER DEL MORCEGO

Dícelo él, por no trabajar.

FUSO NEGRO

Lo dicen los rapaces por poder tirarme piedras. En todas las villas tiene de haber un loco y un mayorazgo.

EL MORCEGO

Ya baja la marea. Hoy las ondas no quisieron hacer nuestra suerte.

LA MUJER DEL MORCEGO

¡Si la hace con una limosna el señor mayorazgo!...

EL CABALLERO

He llegado a ser tan pobre como vosotros. Si no tuviese abierta la sepultura, tendría que ir en vuestra caravana por los caminos, mendigando el pan. La muerte ya marcó mis horas, y para poder morir en paz, he abandonado a mis hijos todo cuanto tenía.

LA MUJER DEL MORCEGO

¿Y adónde va en esta noche?

EL CABALLERO

Ya os dije que voy a morir.

LA MUJER DEL MORCEGO

La muerte viene sin que la llamen. ¡No la busque que es muy grande pecado, señor!

EL CABALLERO

No la busco... ¡La espero porque me fué anunciada!... Un gran cirio, todo de luz, se ha encendido dentro de mi y me guía y me alumbra. He visto en abismos donde sólo se ve cuando se tiene cavada la fosa. He aprendido, al final de mis días, que todos debemos traer por lecho de muerte un muladar, y voy a él. La tierra ha de dármelo, mucho antes que el mar, a vosotros, esos tesoros de naufragios que buscáis....

_El Caballero se aleja lentamente. Los tres mendigos le miran desvanecerse entre los roquedos de la playa. La Luna parece agigantar la figura del viejo hidalgo y poner un nimbo en su cabeza blanca y desnuda_.

[Ilustración]

JORNADA TERCERA

ESCENA CUARTA

_Una costa brava ante un mar verdoso y temeroso. Lomas de arena, con pinares desmedrados en lo alto, y en la bajada un charcal salobre, donde blanquean los huesos de una vaca. Larga bandada de cuervos revolotea sobre aquella carroña, bajo un cielo gris de amanecer. En el fondo de una caverna socavada por el mar, el viejo linajudo espera la muerte como un viejo león. Ante sus ojos nublados ve aparecer la sombra de Fuso Negro_.

FUSO NEGRO

Tou! ¡Tou! ¡Tou!... Ya somos dos.

EL CABALLERO

¡Tampoco aquí podré estar sólo para morir en paz!...

FUSO NEGRO

El señor mayorazgo tiene sus palacios y su cama con dosel... Aquí haránsele llagas las costas....Para el cuerpo de los señores es muy duro el cocho de Fuso Negro.

EL CABALLERO

¿Duermes en esta cueva?

FUSO NEGRO

Unas veces duermo y otras veces velo.

EL CABALLERO

¡Yo te pido que me dejes morir aquí!

FUSO NEGRO

¿Quiere hacerse ermitaño el señor mayorazgo? Iráse el loco a reinar en sus palacios. Tendrá su manto de una sábana blanca y su corona ribeteada de papel. Tendrá su mesa con pan de trigo y cuatro odres haciendo una cruz. El uno de vino del Rivero, el otro de vino de la Ramallosa, el otro de vino blanco Alvariño y el otro del buen vino que beben los abades en la misa, y si parida, el ama en la cama. ¡Iráse el loco a los palacios del señor mayorazgo!

EL CABALLERO

Ya no tengo palacios. Todo lo he repartido entre mis hijos para que no acabasen en la horca y fuesen deshonra de mi linaje. ¡Todo lo di!

FUSO NEGRO

¡Tou! ¡Tou! ¡Tou!... ¡Ya somos hermanos!

EL CABALLERO

Un ángel y un demonio me están abriendo la sepultura, a la luz de un cirio. El ángel cava, el demonio cava... Uno a la cabecera, otro a los pies... El demonio con una guadaña, el ángel con una concha de oro. ¿No los ves, hermano Fuso Negro? El ángel cava, el demonio cava....Uno a la cabecera, otro a los pies....

FUSO NEGRO

El ángel cava, el demonio cava....¡Bien que los veo! El demonio agora enciende un cigarro con un tizón que saca del rabo.

EL CABALLERO

¿Tú los ves, Fuso Negro?

FUSO NEGRO

¡Si que los veo!

EL CABALLERO

¿Estás seguro?

FUSO NEGRO

¡Sí que los veo!

EL CABALLERO

Yo dudaba que fuese delirio de mis sentidos.... Apenas distingo tu sombra en esta cueva. He venido aquí para morir....Fuí toda mi vida un lobo rabioso, y como lobo rabioso quiero perecer de hambre en esta cueva....Hermano Fuso Negro, me cortarás la cabeza y se la llevarás a mis hijos. Verás cómo te visten de seda esos monstruos nacidos de mi sangre.

FUSO NEGRO

¿Cuántos son?

EL CABALLERO

Cinco.

FUSO NEGRO

¡Cinco cirios, cinco rabos, cinco demonios coronados!

EL CABALLERO

¡Demonios son!

FUSO NEGRO

Hijos del Demonio Mayor, que cinco veces estuvo en la cama con aquella que ya dejó el mundo.

EL CABALLERO

¡No la nombres, boca miserable! ¡Boca de escorpión! ¡Boca de serpiente!

FUSO NEGRO

¿Ya no somos hermanos?....¡Y todo porque le cuento las burlerías del Demonio Mayor! Los cinco mancebos son hijos de su ciencia condenada. ¡Arreniégola! ¡Arreniégola!....De la su mano derecha a cada cual dióle un dedo con su uña, para que rabuñasen en el corazón de mi hermano el señor mayorazgo. Hermano de este día, por parte de los caminos, y de pedir por las puertas, y de la cueva para morir....Hermano de este día....¡Tou! ¡Tou!....Van por un camino toda la vida los hermanos y no se reconocen....Van por un camino. ¡Tou! ¡Tou! ¡Tou!

EL CABALLERO

¡Hermanos todos, todos hijos de Satanás! ¡Y no se reconocen!...

FUSO NEGRO

También hay los hijos de Dios Nuestro Señor....

EL CABALLERO

Todos hermanos por parte de la tierra, que es nuestra madre. ¿Tú dices que mis hijos tienen un dedo de Satanás? Todos los tenemos para robar, para matar, para hacer una higa....

FUSO NEGRO

Los cinco mancebos son hijos del Demonio Mayor. A cada uno le hizo un sábado, filo de media noche, que es cuando se calienta con las brujas, y todo rijoso, aullando como un can, va por los tejados quebrando las tejas, y métese por las chimeneas abajo para montar a las mujeres y empreñarlas con una trampa que sabe....Sin esa trampa, que el loco también sabe, no puede tener hijos....Y las mujeres conocen que tienen encima al enemigo, porque la flor de su sangre es fría. El Demonio Mayor anda por las ferias y las vendimias, y las procesiones, con la apariencia de una moza garrida, tentando a los hombres. Frailes y vinculeros son los más tentados. ¡Ay, hermano, cuántas veces habremos estado con una moza bajo las viñas sin cuidar que era el Demonio Mayor de los Infiernos! El gran ladrón se hace moza para que le demos nuestra sangre encendida de lujuria, y luego, dejándonos dormidos, vuela por los aires....Con la misma apariencia del marido se presenta a la mujer y se acuesta con ella. ¡Cata la trampa, porque entonces tiene la calor del hombre la flor de su sangre y puede empreñar! Al señor mayorazgo gustábanle las mozas, y por aquel gusto el Diablo hacíale cabrón y se acostaba con Dama María.

EL CABALLERO

Yo no soy cabrón.

FUSO NEGRO

El Diablo púsole sus cuernos.

EL CABALLERO

Tendrían que ser cabrones todos los hombres para que lo fuese Don Juan Manuel Montenegro.

FUSO NEGRO

¡Todos lo son, y por eso está lleno el mundo de hijos de Satanás!

_Aquí Fuso Negro saca un mendrugo de entre la camisa y comienza a roerlo, con la mirada adusta y obstinada. El Caballero cierra los ojos y se recuesta sobre las algas que sirven al loco de camada. Se oye el bordón del viento y el tumbo de las olas en la playa. El Caballero suspira sin abrir los ojos_.

EL CABALLERO

¿Tienes hambre, hermano Fuso Negro?

FUSO NEGRO

Los vinculeros y los abades siéntanse a una mesa con siete manteles, y llenan la andorga de pan trigo y chicharrones. Luego a dormir y que amanezca. ¡Jureles asados!....¡Sartenes sin rabos!....¡Una vieja con los ojos encarnados!... El loco tiene siempre hambre!....

EL CABALLERO

¡La furia de tus dientes me desvela!

FUSO NEGRO

¡Es duro como un hueso este rebojo!

EL CABALLERO

¡Yo hace dos días que no como, y toda el hambre dormida se despierta oyéndote roer!....

FUSO NEGRO

¡Parezco un can!

EL CABALLERO

¿Es el mar o son tus dientes en el mendrugo?

FUSO NEGRO

¡Cómo broa el mar!

EL CABALLERO

¡No sé si el mar, si tus dientes, hacen ese gran ruido que no me deja descansar y se agranda dentro de mí!

FUSO NEGRO

¡Es la voz de la cueva!

_El Caballero se tiende sobre las algas que sirven de camada a Fuso Negro. En la concavidad del escabón parece aletear un gran pájaro invisible que acordase su vuelo con la voz del viento y el tumbo de las olas. La cortina cenicienta de la lluvia ondula en el claro de luz que recorta la boca de la cueva. Algunas sombras llegan a cobijarse y se agrupan en el umbral, alentando afanosas de la carrera. Aquellas figuras que huyen del nublado se destacan por oscuro sobre el fondo del mar tendido de espuma. Son cuatro niños descalzos, con los pelos crespos y una mujer de luto_.

LA MUJER

¡Tiempo de aguas!....¡Tiempo de tormentas!.... ¡Tiempo maldito!....¡Miseria para los pobres!....¡Lutos y hambres!....¡Cúbrese el sol!....¡Sentarvos en la tierra a descansar, mis hijos!...¡Aún hemos de ir mucho por este arenal!...¡Vos dolerán los pies si no descansáis!... ¡Repartirvos ese pan!....¡Tiempo de tormentas!....¡Tiempo de dolor!...

FUSO NEGRO

Si tuviésemos un amparo de leña encenderíamos una hoguera.

LA MUJER

No se distingue en esta oscuridad ... ¿Eres tú, Fuso Negro? Si bajaste por este arenal de lobos, acaso sabrás en qué playa echaron las olas el cuerpo de un ahogado. A la media noche llegaron a decírmelo. Batieron en la ventana. No conocí quién era.

FUSO NEGRO

¿Inda la mar no quiso darte el cuerpo de Venturoso?

LA MUJER

Dijo la voz que en la playa de Campelos....Allá voy por ver si le reconozco. Las cuatro criaturas despertáronse llorando al oír petar en la ventana.... ¡Creían que era el ánima de su padre! Esta mañana, rayando el día, fuí a la casa grande por tener un socorro para este camino tan largo. ¡Echáronme los canes!....¡Malditos sean todos los ricos!

FUSO NEGRO

Largo camino haces para las criaturas. Si les atares una cuerda, podías descansadamente llevarlas por la mar y tú ir por la tierra.

LA MUJER

...¡Y tenían dicho que darían socorro a las viudas y a los huérfanos! ¡El mayorazgo huyóse para no cumplirnos la manda! ¡Cinco lobos dejó alrededor de su silla vacía! ¡Ay, Montenegro, negro de corazón! ¡Por tu imperio se hicieron aquellos pobres a la mar, en una noche tan fiera! ¡Cuando seáis mozos, reclamarle cuentas, mis hijos, que él os dejó sin padre! ¡Mal can le arranque el corazón y lo lleve por este arenal! ¡Mal cuervo le coma los ojos! ¡Malas ortigas le broten en el pecho! ¡Mal avispero le nazca en la lengua!

EL CABALLERO

¡Calla, mujer, que tus maldiciones ya se cumplen!

_El Caballero se incorpora en el lecho de algas, y la viuda y los cuatro niños tiemblan al reconocerle. En la oscuridad de la cueva apenas se distingue la sombra del viejo linajudo, y su voz tiene una resonancia oscura de caos y tinieblas como si saliese de la oquedad del roquedo_.

LA MUJER

¡Tanta es la dolor de mi alma, que hablo sin sentido!... ¡Por estas cuatro criaturas, no me haga mal, señor Vinculero!

EL CABALLERO

¡Fuiste a mi casa y encontraste cerrada la puerta!

LA MUJER

¡Me echaron los canes!....¡Pedía un bien de caridad para abrir una cueva!....

FUSO NEGRO

¡Cinco cirios, cinco rabos, cinco demonios coronados!

EL CABALLERO