Part 9
El uno es Diego Zamora Apellidado el «valiente», Cuya daga vencedora A sus contrarios devora Y es el terror de la gente.
Su mirada es decidida Y negra su cabellera; Y una sonrisa atrevida Del labio está suspendida Revelando una alma fiera.
Lleva un _facon_ en la falda, Lleva un _poncho_ balandran Terciado por media espalda, Y del campo la esmeralda Huella en un potro alazan.
El otro es Pedro de Obando, Compañero de fatigas De Zamora, y peleando Anda con él desafiando Las partidas enemigas.
Estriba con bizarría, Y la _espuela nazarena_ Suspira en dulce armonía, Como grillos que á porfía Lloran del preso la pena.
Guapos el Pago los llama, Y el alcalde salteadores, Pero pública la fama Que no la avaricia inflama Su pecho en vivos ardores.
Ligados por nudo fuerte Los dos siguen un camino: Hermanos de vida y muerte Aceptan la misma suerte Bajo el yugo del destino.
IV
Adelantóse Zamora Y sugetando la rienda Pidió parte en la contienda Con altanera atencion. Todos á una voz gritaron «Que entre Zamora y Obando». Y entonces el pato tomando Zamora con él salió.
Picaron todos de espuelas Galopando á rienda suelta Queriendo tomar la vuelta Del ginete vencedor; Mas en vano corren, vuelan, Gritan, pegan, forcejean, Y resudan, y espolean, Y le siguen con furor.
Hasta que al fin un ginete Lo alcanza, y con mano fija Asiendo de la manija Hizo el caballo cejar, Pero Zamora con furia Lo lleva de una pechada, Dejando en tierra estampada De su triunfo la señal.
Pero tres nuevos atlétas Dispútanle su presea, Y él en tremenda pelea La disputa á todos tres. Forcejean, y tendidos Furiosos luchan en vano Por quebrantar una mano Que hierro parece ser.
Crugen, se estiran los miembros, Se hinchan de sangre las venas, Y enronquecidos apenas Pueden el aire lanzar; Mas él firme en sus estribos Como animado centauro, Disputa á todos el lauro En combate desigual.
Llegan tres mas, y Zamora Con la presteza del rayo, Dando riendas al caballo Las manijas les quitó: Dos de ellos fueron al suelo En pos del tremendo empuje, Y el que queda firme ruje De vergüenza y de furor.
V
Y corriendo Desbandados, Y empapados En sudor, A Zamora Todos siguen, Y persiguen Con furor.
Ya lo alcanzan O despuntan, Ya se juntan En redor, Cual las hojas De una planta Que levanta El ventarron.
Cual relámpago Flamígero, El alígero Alazan, Los zanjones Que encontraba Los salvaba Sin parar.
Y por último Rendidos Alaridos Dan de paz, Y las gorras Que se quitan Las agitan En señal.
VI
Zamora entonces levantando en alto El pato, cual si fuese una bandera, Detiene del caballo la carrera Y le hace el freno con furor tascar, Y así parado en medio de la pampa Con su ademan á todos desafia; Mas viendo que ninguno se movia Dirige á todos la señal de paz.
Torció las riendas del sobérbio bruto Y á trote largo adelantóse al rato Llevando al lado el disputado pato Que á gruesas gotas de sudor ganó; Y al acercarse ante el vencido corro Se desciñó del rostro su barbijo, Y estas palabras atrevidas dijo Que la turba entre aplausos recibió.
«Si hay quien dispute que gané la palma «Átese al punto á la cintura un lazo, «Que yo tan solo con mi izquierdo brazo «Ginete, y pingo, y pato arrastraré.» Nadie admitió su formidable reto: Tan solo Obando en ademan airado Sacó del anca un lazo que arrollado Una serpiente parecia ser.
Por la presilla lo fijó en su cuerpo Y por la argolla se lo dió á su amigo Quien se admiraba hallar un enemigo En el hermano que le diera Dios; Pero impulsado por feroz orgullo Asió del lazo en la siniestra mano, Y á gran galope atravesando el llano Tirante el lazo entre los dos quedó.
Cual hosco toro que en lazada envuelto Se niega altivo á obedecer la fuerza, Y rebramando con furor se esfuerza, Y aspa y pezuña quiere allí clavar, Tal Pedro Obando con poder resiste Al férreo brazo de que está pendiente, Mientras el lazo entre los dos, crugiente, Se vé como una lámpara oscilar.
Silencio horrible por do quiera reina: Enmudeció el frenético alarido, Y solo se oye el fúnebre crujido Del lazo palpitante entre los dos; Mas derrepente resonó un gemido Dos espirales al formar el lazo, Y cada cual llevando su pedazo Envuelto en él al polvo descendió[5].
IV
EL CABALLO DEL GAUCHO
Mi caballo era mi vida, Mi bien, mi único tesoro.
_Juan M. Gutierrez._
Mi caballo era ligero Como la luz del lucero Que corre al amanecer; Cuando al galope partia Al instante se veia En los espacios perder.
Sus ojos eran estrellas, Sus patas unas centellas, Que daban chispas y luz: Cuanto su ojo divisaba En su carrera alcanzaba, Fuese tigre ó avestruz.
Cuando tendia mi brazo Para revolear el lazo Sobre algun toro feroz, Si el toro nos embestia, Al fiero animal tendia De una pechada veloz.
En la guardia de frontera Paraba oreja agorera Del indio al sordo tropel, Y con relincho sonoro Daba el alerta mi moro Como centinela fiel.
En medio de la pelea, Donde el coraje campea, Se lanzaba con ardor; Y su estridente bufido Cual del clarin el sonido Daba al ginete valor.
A mi lado ha envejecido, Y hoy está cual yo rendido Por la fatiga y la edad; Pero es mi sombra en verano, Y mi brújula en el llano, Mi amigo en la soledad.
Ya no vamos de carrera Por la estendida pradera, Pues somos viejos los dos. ¡Oh mi moro! quiera el cielo Caigamos juntos al suelo Al decir al mundo A dios!
V
LA REVOLUCION DEL SUD
I
Á BUENOS AIRES
«El cuello atado á la servil cadena «Del tirano postrándose á los piés, «Buenos Aires esclava y miserable «Ya no es el pueblo de ochocientos diez.»
Oh Patria! así decian, y entre tanto Tú oias esas voces con desden, Esperando mostrar con grandes hechos Que eras el pueblo de ochocientos diez.
La vista al suelo con dolor bajabas, Pero en tu corazon habia fé, Y ardiente por tus venas aun corria La sangre pura de ochocientos diez.
Y derrepente, cual gigante inmenso A quien dormido ataran al cordel, Despertaste rompiendo tus cadenas Como en el dia de ochocientos diez.
Quien alza el grito? preguntó el tirano, Y trueno sordo retumbó á sus piés, Y la corneta contestó en la Pampa: «Yo soy el pueblo de ochocientos diez!»
Fuiste vencida, cara patria mia, Tus legiones sufrieron un revés, Pero nadie dirá que no caiste Como los héroes de ochocientos diez.
No lo dirán... ¡cobardes!.. las espaldas Muestre lanceadas argentino infiel; Nobles heridas muestren en el pecho Los descendientes de ochocientos diez.
En sus lanzas filosas levantaron Los sicarios del déspota cruel, Del inmortal Castelli la cabeza, Del hijo noble de ochocientos diez.
De la sangre del mártir de la Patria De cada gota un héroe ha de nacer, Sangre fecunda, como fué fecunda La de los muertos de ochocientos diez.
Tus nobles hijos al mirar su busto Del polvo alzaron la humillada sien, Y levantaron con robustos hombros El ara santa de ochocientos diez.
«Venganza al pueblo!» prorrumpieron todos «Palmas al mártir que murió con fé! «Gloria al que caiga en medio del combate! «Gloria á los hijos de ochocientos diez!»
Se vió agitar del mártir la cabeza, Y su ojo frio se volvió á encender, Y desatado el labio á la palabra, Clamó: «Sois hijos de ochocientos diez!»
VI
EL ALZAMIENTO
En la llanura de la inmensa Pampa, Do de América el génio, firme estampa Su huella colosal; Do el Pampero con alas de gigante La nube azota y la ola que espumante Alza la tempestad.
Levanta erguida el gaucho su cabeza, Cual soberbio pendon que el viento besa Desplegado á la luz, Cuya negra melena al aire flota, En la tostada frente á la que azota El ábrego del sud.
El gaucho! noble tipo Americano, Que desdeña doblar ante un tirano Su indómita cerviz, Que despreciando halagos femeniles Conserva los alientos juveniles De una raza viril.
Entregado en su estancia al pastoreo No escucha el importuno clamoreo Que eleva la ciudad, Sino cuando la patria acongojada Le demanda el apoyo de su espada Para su ley guardar.
Así, cuando la horrenda tiranía De Rosas se afirmó, en su agonía La Patria le llamó: Y al escuchar su voz, se alzó cual rayo Del lado del hogar, montó á caballo Y la lanza empuñó.
«A las armas, valientes! Al combate! «A quien cobarde el corazon no late «Al toque de reunion! «A sus puestos, guerreros Argentinos! «Venid cantando vuestros patrios himnos «Al trueno del cañon!»
Así dijo Castelli, y mil valientes Al toque del clarin, vuelan ardientes La patria á libertar: No es Castelli caudillo de alta hazaña: Hombre del pueblo, vive en la cabaña De la mansion rural;
Pero la hermosa causa que proclama Millares de hombres á su lado llama, Que no saben quien es. Vuelan á las banderas de la gloria, Y en su frente presagios de victoria Creeríanse leer.
Castelli los convoca á la pelea Al pié del pabellon que al aire ondea, Y que en Mayo nació; Y en su serena faz resplandecia El entusiasmo santo en que él ardia Cuando «Igualdad!» gritó.
De guerreros cubierta la llanura, Y la bandera azul cual siempre pura Se miró relucir; Y á la sombra del símbolo divino Pronunció juramento el argentino De ser libre ó morir.
Castelli desnudó su fuerte espada, Y á los cielos la vista levantada Sereno meditó: Cruzó su frente signo misterioso, Y á los libertadores dijo ansioso Con alta inspiracion:--
«Compatriotas! se acerca el fausto dia, «De ventura, de paz y de alegria, «De vivir ó morir: «Despues que revolquemos en la tierra «Al tirano feroz, no habrá mas guerra «Y se podrá vivir.
«Soldados! un antiguo veterano «Que esta bandera sustentó en su mano, «Os convoca á la lid. «Insensibles sereis á su llamado, «Y al gemido doliente y prolongado «De la Patria infeliz?
«Como serlo! Ya el bravo miliciano «Monta á caballo, y con el sable en mano «Se apresta á combatir! «Ya el pueblo entero se alza como un hombre, «Invocando de Patria el santo nombre «Con éco varonil!
«A las armas valientes argentinos, «Venid á decidir vuestros destinos «Con grande corazon. «Paisanos á las armas! derroquemos «Al infame tirano á quien debemos «Llanto y desolacion.
«De lo alto del pirámide sagrado «_Libertad!_ por tres veces ha clamado «El arcángel de Dios. «En su cumbre despues de esta cruzada «La bandera argentina laureada «Pondremos con honor!»[6]
Viva la Patria! Viva! Guerra al tirano! guerra! Por todo el llano y sierra Se siente retumbar. Tres mil libertadores Por la cruz de su espada A la Patria adorada Juraron libertar.
Castelli, Rico y Olmos Al frente de sus bravos A los torpes esclavos Prometen humillar. Y en alto los aceros _Al combate!_ gritaron, Y al combate volaron Al son de himno triunfal.
En su entusiasmo de héroes, En sus nobles facciones, Conoceis los campeones De Salta y de Maipú? Son ellos, que atrevidos Con grande fé en el alma Adornarán con palma El estandarte azul; Ó morirán como héroes Legando un alto ejemplo, Que brillará en el templo De la inmortalidad. Honor para la Patria Si rompen sus cadenas! Honor si de sus venas La sangre solo dan!
VII
CHASCOMUS
Mirad la extensa laguna De Chascomús: magestuosa Sobre la pampa reposa Bajo esa bóveda azul. Allí fué que en otros tiempos Sobre el indio fugitivo, Llegó el español altivo Y alzó la gigante cruz.
Quién atronando su orilla Con acento furibundo, Turba el silencio profundo Que reina en la soledad? Por una parte, un gran pueblo Que sus derechos reclama; Por otra, turba que infama Á Dios y la humanidad.
Hoy la víctima y verdugo Se han mirado frente á frente, Y van en batalla ardiente A deslindar la cuestion. ¡Oh señor, tú que los orbes Sustentas entre tus manos, Dispénsale á mis hermanos Tu divina proteccion!
Toca el clarin á la carga Y cargando á los esclavos Se arroja el pueblo de bravos Con alientos de titan. _Viva la Patria! Victoria! Muera el tirano!_ clamando, Van las legiones segando Á sable, lanza y puñal.
Mas ¡ay! sus nobles cabezas Se doblan ensangrentadas, Y se miran pisoteadas Por la meznada feroz. ¡Será, gran Dios, que tu diestra Mi patria infeliz azota, Y que su bandera rota Sea alfombra al opresor!
Mas no, del fuerte Castelli En medio de la pelea El azul penacho ondea De los sicarios terror. Recorriendo va á galope Las legiones desbandadas Gritando: «Tenéis espadas; «Venid, morid con honor.»
Sereno á su lado marcha Crammer, valiente soldado, Hijo de un pueblo esforzado, Y de grande corazon. Los cobardes no se ponen Al alcance de la lanza, Porque siembra la matanza Como el rayo destructor.
Tambien cayó su cabeza, Mas al descender marchita Tembló la turba precita, Y despavorida huyó: Los esclavos van cobardes Cruzando por los desiertos, Y los libres quedan muertos Sobre el campo del honor.
Gloria y honor y laureles Al que muere batallando, Y que sus ojos cerrando Aun exclama: _Libertad!_ Gloria eterna á los que alzaron La bandera de esperanza, Y elevaron en su lanza Los dogmas de la Igualdad.
Nada importa una derrota: No hay que plegar su bandera! El tigre del Plata muera! O ser libres ó morir! Argentinos, á caballo, Y mil veces mas, vencidos, Otras mil veces reunidos, Volvamos á combatir.
VIII
CASTELLI
Por los llanos inmensos de la pampa Vaga Castelli triste y silencioso, Y en su semblante pálido y ansioso Está grabado el sello del dolor: Fiel adalid de un pueblo generoso Cayó con él en medio del combate, Mas la derrota que al cobarde abate No ha destemplado el varonil valor.
Lleva la mano al puño de su espada, Y en la patria cautiva, piensa el bravo: No vé sino al tirano y al esclavo, Al verdugo y la víctima infeliz. A espectáculo tal, cae de rodillas Con la vista clavada al firmamento, Y prorumpiendo en dolorido acento: «Oh Patria mia, mísera de tí!»
Oyese entonces en el vecino bosque El fuego de las armas estridente, Y apretando la espada fuertemente Con ademan resuelto se erguió; Y vió venir á él, husmeando sangre, Los feroces lebreles del tirano, Como á la hambrienta jauría que en el llano A su víctima acosa con furor.
«Muere salvaje!» rugen los bandidos, Y él les contesta:--«Moriré peleando; «Si no triunfé en el campo batallando, «Con mi muerte, de todos triunfaré.» Y á Dios encomendando su alma fuerte Traba con todos vigorosa lucha, Y circundando, con tezon relucha, Repitiendo:--«Peleando moriré.»
Al suelo cayó al fin apuñaleado, Como gigante mole desprendida, Grande como en su vida en su caida Murió abrazando el Argentino altar, Y los cobardes tigres carniceros Cortaron su cabeza noble y santa, Y profanaron con inmunda planta El cadáver del héroe popular.
Y su busto sangriento y palpitante Pusieron por escarnio en la picota; Y su sangre que cae gota por gota Marcando está las horas del dolor. El pueblo le contempla con asombro Y de su labio cárdeno y helado Parece que esperase atribulado El grito de _Esperanza y Redencion_.
Clavada está en un palo su cabeza Cual pendon que concita á la venganza, Como faro que alienta la esperanza Para un tiempo de paz y libertad; Que si hoy como trofeo al despotismo Se mira torpemente escarnecida, Un dia llegará en que bendecida La circunde aureola celestial.
Héroe del Sud, tus pálidas cenizas Por la pampa se encuentran dispersadas, Pero de todo un pueblo veneradas Tienen sepulcro en cada corazon; En la inmortal memoria de tu pueblo Que nunca el heroismo ha renegado, Tu nombre como en bronce está grabado, Tiene tu noble espíritu mansion.
IX
LOS EMIGRADOS
Los rotos escuadrones Salvados del cuchillo, Buscando otro caudillo Volviéronse á reunir; Y en el Tuyú cercados, Con varonil fiereza Juraron con firmeza Libertad ó morir.
El vencedor sobérbio Cubierto de humor rojo En su brutal enojo Esto llegó á decir: «Rendireis vuestras armas «Y sereis mis esclavos.» Y responden los bravos: Libertad ó morir!
Olmos y Rico dicen A todos sus guerreros: «Valientes compañeros, «Ya vamos á partir; «El fuego de la Patria «En el alma llevemos «Y por ella juremos «Libertad ó morir.
«Para salvar las armas «Dejamos este suelo; «Buscando con anhelo «Campo en que combatir: «Y sea nuestro grito «Al dejar esta playa, «Y al entrar en batalla «Libertad ó morir.»
«Busquemos otro campo!» Mil voces contestaron..... ¿Pensais que derramaron Un llanto femenil? En mísero abandono Sus hogares dejaban, Y tan solo esclamaban: «Libertad ó morir!»
Antes que como infames Doblegar la cabeza, Supieron con firmeza Sus cabezas erguir. Y dejaron la Patria Y á las naves subieron, Y otra vez repitieron: Libertad ó morir.
«Adios, Patria, decian «Llenos de fé ardiente, «Pronto el tambor batiente «Nos llamará á la lid; «Que si tus caras playas «Hemos abandonado, «Es porque hemos jurado «Libertad ó morir.»
X
EPILOGO
Por las llanuras del Sud Yacen do quier esparcidas Las semillas bendecidas Del árbol de libertad. Con la sangre del martirio Ha sido ese árbol regado: Si sus ramas han cortado El tronco intacto quedó.
Cuando en los campos del Sud Clave su pendon la gloria, Y el arcángel de victoria Bata su palma inmortal, Con potente lozanía Brotarán esos raigones, Y gigantes dimensiones El árbol adquirirá.
LIBRO TERCERO
POESÍAS DIVERSAS
I
EL VALZ
Le valz bondit dans son sphérique empire.
_Alfred de Vigni._
Del valse los acordes Cual aves voladoras, Batiendo alas sonoras El aire hacen vibrar; Y á sus alegres notas Los grupos se estremecen, Como los vientos mecen Las flores de un rosal.
Ya la armonia Con freno de oro, Gobierna el coro Puesta de pié: Su alada planta Traza ligera Mágica esfera Que nadie ve.
Unamos El brazo Con lazo Tenaz, El pecho Sintiendo Latiendo A compas.
Y en rápidos Giros Suspiros De amor, La brisa Se lleve Con leve Rumor!
Ya cruzan las parejas Y alegres se suceden, Y todos se preceden Girando sin cesar, Como se balancean Las matinales brumas, Ó cándidas espumas Del agitado mar.
Oh, valz, imágen De la armonia! Tú de alegria Sabes llenar, El alma triste De los dolientes Que en tus corrientes Pueden flotar.
Tú eres la imágen de nuestra vida, Cuando con giros precipitados Por tus cadenas aprisionados A tus cautivos miras correr.
Así del hombre giran las horas Encadenadas por el destino, Y en torno suyo cual torbellino Pasan.... mas nunca se ven volver!
Cada giro presenta un aspecto Como faro que brilla y se eclípsa: Ya es un rostro con grata sonrisa, Ya una frente que anubla el dolor.
Así el hombre mezclado á la danza De las horas con paso ligero, Mira el rostro radiante ó severo Que entristece ó que llena de amor.
Mas veo que mi alma su vuelo levanta! Reclina en mis hombros tu cándida sien, Que el círculo breve que ocupe tu planta Será mi universo, mi mágico Edén.
Yo quiero cautivo vivir en tus brazos, Yo quiero á tu ritmo mi paso arreglar, Y unido á tu vida con mágicos lazos Mirando tu rostro por siempre valsar!
II
DESESPERACION
(CANCION ARREGLADA Á MÚSICA)
Todos se alejan de mí Como de un hombre maldito, Que lleva en su frente escrito Signo de reprobacion. Corazon! Triste estás y solitario, Como vaso funerario En túmulo de expiacion.
¡Oh mundo! á la playa estéril Me lanzaste de tu seno, Cual deposita en el cieno Su hirviente espuma la mar; Y al trazar Mi oscuro nombre en la arena Tu planta allí me condena A ver mi nombre borrar.
Peregrino en tus hogares Viviendo en perpétua guerra Llena de espinas la tierra Bajo mi planta sentí... Ay de mí! A la fuente de la vida Por el mundo bendecida Solo llanto y sangre dí!
Una llama celestial Ardió una vez en mi pecho, Velando junto á mi lecho Un ángel consolador... Era amor Que los dolores suaviza! Mas se convirtió en ceniza Aquel sueño encantador!
Pedí consuelo al saber, Y sus ardientes misterios Eran horribles cauterios A mi atormentada sien; Y al vaiven De las olas de la duda Mi inteligencia, desnuda Quedó de esperanza y bien.
Con la sonrisa en el labio Y con la miel en el alma Un dia tuve de calma Al presentir la amistad. Falsedad! Sus manos estaban frias, Yertas quedaron las mias Y volví á la soledad.
Culto á la patria rendí, Y por conquistar un nombre Que lustre diese á mi nombre Combatí por su pendon. Ilusion! Alcancé lauro bastardo, Y una corona de cardo Fué todo mi galardon.
Azoten mi sien tus alas! Que tus cordeles me amarren, Que tus uñas me desgarren Sombrío genio del mal! Que un fanal Alza otro genio divino, Alumbrándome el camino Que cruza el alma inmortal!
III
EN LA TUMBA DE UN POETA
(FRAGMENTOS)
I
Poeta, que cual sombra fugitiva Cruzaste por el valle mundanal, Duerme, mientras un hombre á tu sepulcro Llega á entonar un himno funeral.
¡Leve te sea el polvo! mis acentos No vengan tu reposo á perturbar..... Que ensalzando tu genio y tus virtudes Alta leccion al pueblo quiero dar.
Que aunque yaces helado en ese lecho, Aun vive aquí tu espíritu inmortal, Como un perfume que la vida impregna Y pasa de una edad hasta otra edad.
Y la musa que vela en tu sepulcro En medio de la negra tempestad, Aun hace estremecer tu dulce lira Agitando sus alas al pasar.
II
Como una flor purísima y hermosa Nacida en estancado cenegal, Así vivias tú, genio sublime, En medio de este páramo glacial; Y cual se eleva del pantano infecto De su perfume grata suavidad, Así tu acento se elevaba puro A la mansion de la eternal bondad.