Part 8
Pero ella ha de sonar en algun dia En la torre de la alta Catedral, Para mi Patria anuncio de alegría; Para el tirano un eco funeral. Y se alzarán los cánticos sagrados Como cuando cayeron los leones, Y cuando cien Británicos pendones En su techumbre el pueblo hizo colgar.
Y entre incienso, plegarias y armonía, Entre gritos de Patria y Libertad, Descenderá la horrenda tiranía, Se elevará radiante la Igualdad: No existirán divisas de partidos, Será el color azul, de los hermanos, Que para combatir á los tiranos Se abraza con amor la sociedad.
Envuelto en un pendon ensangrentado En el pendon azul de la Nacion, Conducirán el cuerpo de un soldado Tendido en la cureña de un cañon, Y al pié de la pirámide de Mayo El cadáver del mártir colocando, De laureles su frente coronando Le votarán espléndida ovacion!
¡Muera yo así en mi Patria redimida Dejándola con gloria y libertad! ¡Muera yo así cantando en mi caida El himno de la Paz y la Igualdad! ¡Pueda llegar hasta el hermoso dia, En que suba mi Patria á su alto asiento, Y ábranse con estruendo en el momento Las puertas de la negra eternidad!
1839
XVI
SATIRA Á SANDOVAL
AL TRAIDOR QUE ENTREGÓ Á ORIBE Á LAS ILUSTRES VÍCTIMAS AVELLANEDA Y VILELA
Le traite se fait justice Il se chasse de nos rangs Ah! que son nom retentise Maudit par nos veterans!
BARTHELEMI.
Prendiendo fuego á un templo portentoso Erostrato su nombre eternizó; Vendiendo Judas á Jesus piadoso Su fama en el Madero se esculpió.
Entregando al verdugo dos cabezas Te has hecho en nuestros fastos inmortal, Que si no tienes que contar proezas, Tienes una traicion ¡vil Sandoval!
¡Vil Sandoval! tu nombre será eterno, Como un remordimiento le has de oir, Y hasta tocar el linde del infierno La maldicion de Dios te ha de seguir.
Siete veces traidor, tú, miserable, De la historia en el libro vivirás, Como en jardín ameno y deleitable Vive entre flores el reptil audaz.
Tú te has hecho justicia con tu crimen: Mi noble patria batirá las manos, Al ver que en tí sacuden sucio limen Los libres que combaten á tiranos.
Signe por esa huella ensangrentada Que el verdugo señala con su planta, Y encontrarás al fin de la jornada Un buen cordel que oprima tu garganta.
Y mientras tu amo el látigo sangriento Hace sobre tu espalda resonar, Yo empuñaré el azote del tormento Para tu nombre infame flajelar.
Tu nombre dije! En qué gloriosas lides Entre la voz del plomo resonó? Entre qué renombrados adalides Tu acero vencedor relampagueó?
Mas no en batallas se probó tu aliento: En pulperías fueron tus campañas, Armado con un naipe mas mugriento Que el corazon que abrigan tus entrañas.
Pérfido el vaso de licor tendiendo Y bajo el poncho armando la cuchilla, Y á tus contrarios por la espalda hiriendo, Seguido por vandálica gavilla;
Tendido entre las patas del caballo, En vez de sangre revolcado en vino: Tales son tus proezas, vil lacayo; Tales tus hechos son, vil asesino.
Escoria de la fragua de los vicios, Tahur, ladron, borracho y asesino! Tu eterno compañero es el suplicio; Traicionar á los libres, tu destino.
Ojos de gato, lengua de serpiente, Garras de tigre, boca de lagarto! Satan sin duda con un beso ardiente Selló tu rostro en la hora de tu parto.
Y al contemplarte mísero gusano En medio de una gloria colosal Dijiste tú:--«Ya no pondré mi mano, «Adonde alcance con su pié triunfal:»
Y envidiando el laurel de la derrota, Y de los libres la postrera gloria, Fuiste á vender cual miserable ilota, Los hijos de la patria y la memoria.
Sí, que la inmensa gloria de los bravos No era para tus hombros sin pujanza: Debes cargar cadenas entre esclavos, No de los libres la quebrada lanza.
Los libres solos su bandera alzando Con doble esfuerzo treparán los Andes, Y entre Argentinos el aliento dando Los buenos solo llamaránse grandes.
Tú, Sandoval, tan ínclita guirnalda Con tus manos inmundas no ajarás, Porque ese hierro que marcó tu espalda Te ha impreso ya su cicatriz tenaz.
No azul pendon te prestará su sombra Sino la planta del señor feroz, Que haciéndote servir como de alfombra Te lanzará iracundo, torpe coz.
El lodo cubra tu cabeza infame, Tu cuello dobla al récio bofeton, De tu señor el pié sangriento lame, Y de tu labio mane corrupcion!
Sicario vil entre sicarios seas, Sucios insectos cubran tus heridas, Arrastrado cual vívora te veas, Y Dios te dé para sufrir, mil vidas!
Sangre bebas en vez de linfa pura, Sangre tan solo bebas por do quier, Y al entrar en el lecho, sangre impura De la almohada veas tú correr!
El mas cobarde escúpate á la cara, Tu nombre sea voz de deshonor, Mientras mi musa con candente vara Fija en tu frente el nombre de TRAIDOR!
La maldicion del mundo eternamente En tu oido resuene noche y dia, Y las furias con látigo crujiente Te precipiten á la tumba fria!
Que por las furias siempre perseguido Llegues á la mansion de Satanás, Y al darte abrazo estrecho, estremecido, Dedos ardientes sientas por detrás.
Y que te brinde copa reluciente, Y al apurarla lleno de embriaguez, En la lengua te pique una serpiente, Que surja enfurecida de la hez.
Luego te traiga naipes caldeados, Y te obligue con ellos á jugar, Y sientas por tus dedos abrasados Tu negra sangre á chorros destilar.
Y levantando un coro de clamores Los demonios, al son de ronca trompa, Te arrojen donde yacen los traidores, Con infernal y con grotesca pompa!
1841
XVII
GRITO DE ALARMA
(DESPUES DE LA DERROTA DEL ARROYO GRANDE EN 1841)
Alzaos del polvo inerte Vencidos, no domados, Cerniendo la melena Como soberbio leon; Alzaos, y ante los bustos De hermanos degollados, Levante un pueblo libre Su alejado pabellon.
Si conservais alientos Y sangre en vuestras venas, El aire que os circunda De fuego llenaré, Y la dorada copa Que el entusiasmo inspira, Al silvo de las balas Tranquilo os brindaré.
Mas si temblais cobardes, En vez de altivos cantos Viriles maldiciones Levantará mi voz; Y en vez de alzar la copa Del génio de la patria, Os lanzaré mi lira Con ímpetu feroz.
Oid, que del poeta Las voces son augustas, Ya entonen la agonía O el cántico triunfal A su eco se levantan Los pueblos oprimidos, Y en pechos maldecidos Esconden el puñal.
A su eco se alza el pueblo Rompiendo sus cadenas, Con brazos vigorosos Mas duros que el metal, Y si en la dura lucha Dan vuelta las espaldas, Vuelven, si dá la lira De alarma la señal.
Un dia fué en la Grecia Que en medio á la derrota Los cantos de Tirteo Se oyeron resonar, Y revolviendo al punto Los escuadrones rotos, El lauro de victoria Supieron rescatar.
Será que ya en el mundo No exista el entusiasmo, Ni acorran á la patria Los hombres de esta edad? ¡Oh, no! los corazones Sacudan ese pasmo, Y asiendo de la espada Gritemos: «¡Libertad!»
La libertad no ha muerto, Y en la sangrienta arena Donde se vé postrada Su aliento no rindió: De heridas traspasada, Y en rojo humor teñida, En sus convulsas manos Nuestro laurel salvó.
Secad el triste lloro Que baña las mejillas Al sol de la esperanza Que miro ya lucir, Los pueblos no se salvan Con infecundo llanto, Sinó queriendo altivos Ser libres ó morir.
Agrúpense los libres Al pié de la bandera, Que las legiones rotas Aun hacen tremolar, Y firmes, denodados, Velando en la trinchera, Como la sombra al cuerpo La sigan sin cesar.
Al que á su puesto falte, Al que la muerte tema, Al que cobarde tiemble ¡Oprobios veces mil! Los cascos de los potros Que doman los valientes Pisen esas cabezas Sin nervio varonil.
Verán á los bandidos Sus puertas derribando, Violadas en su lecho Las prendas de su amor, Y en medio á la algazara De torpes asesinos Los cráneos de sus hijos Colmados de licor!
Honor á los valientes Que vibren el acero Confiando en nuestra causa Con grande corazon; Y firmes como roca La espada levantando, De esclavos y tiranos Detengan la invasion!
Honor al que en las filas Peleando como bueno, Consagre á sus hermanos La vida en oblacion! La palma del martirio Circundará su frente, Que de los hombres libres Tendrá la bendicion!
El fuego y el acero Llevamos en las manos, Lidiemos con denuedo, Caigamos con valor, Y antes que ver la patria Revuelta por el fango, En pálidas cenizas Salvemos el honor.
Luchad como valientes, Porque do quier que vayais, Como á traidores viles El mundo escupirá; Luchad, que defendemos El último baluarte, Donde salvar podremos La gloria y el hogar.
¡Al arma! Al arma! Al arma! Y el grito repetido Haga vibrar las almas Con súbita emocion, Y en torno de la hoguera Que brilla moribunda, Encienda sus antorchas Del pueblo la legion.
Arriba, ciudadanos, Dando de ¡alarma! el grito Alzad vuestra bandera, Rodead el patrio altar, Antes que el nuevo Atila Pisando vuestras sienes Os haga á latigazos Del polvo levantar.
De frente, infantería! La boca en el cartucho, La cara al enemigo, La mano en el fusil, Soldados, adelante, Rompamos esas filas: Quien caiga será grande, Quien huya será vil!
Valientes escuadrones Que en ardorosos potros Oís con lanza en ristre Los ecos del clarin, En cargas redobladas Romped esas legiones, Que alzan bandera roja Del campo en el confin!
Tranquilos artilleros, Al pié de la cureña, Ardiente lanza-fuego Tended sobre el cañon; Y entre humo y entre sangre, Y en nubes de metralla Vomite cada bronce Muertes y destruccion!
Prudentes timoneros Que con membrudos brazos Luchais contra las olas Que agita el huracan, Poned la proa al viento Con ánimo esforzado, Fijando el gobernalle Con mano de tiran!
Alzad, de alarma al grito, Vencidos, no domados, Cerniendo la melena Como soberbio leon; Alzad y ante los bustos De hermanos degollados, Levante un pueblo libre Su ajado pabellon.
XVIII
HIMNO
AL 25 DE MAYO
(ARREGLADO Á MÚSICA)
CORO
Libertad, sube á tu trono De la gloria en el broquel, Agitando nobles palmas, Coronada de laurel.
ESTROFA
Como la flor hermosa De cáliz recojido, Que se abre al estallido Del rayo destructor, La Patria, al ronco estruendo Del rayo de la guerra, En Mayo dió á la tierra Su aroma y esplendor.
CORO
Libertad, sube á tu trono De la gloria en el broquel, Agitando nobles palmas, Coronada de laurel.
ESTROFA
Esclava Buenos Aires Gemía en desconsuelo, Cuando brilló en el cielo De libertad el sol, Y entre flotantes nubes El astro colocando, Dijo, su sien orlando: «¡Mirad mi pabellon!»
CORO
Libertad, sube á tu trono De la gloria en el broquel, Agitando nobles palmas, Coronada de laurel.
ESTROFA
Dando de alarma el grito Con eco poderoso, El pueblo generoso La espada desnudó; Y destrozó cadenas, Y derribó coronas, Y en las opuestas zonas Laureles conquistó.
CORO
Libertad, sube á tu trono De la gloria en el broquel, Agitando nobles palmas, Coronada de laurel.
ESTROFA
Los héroes con su sangre Sellaron la victoria, Cayendo con su gloria Bajo el sagrado altar, Y el pueblo agradecido Sus nombres rememora, Que el sol de Mayo dora En la urna tumular.
CORO
Libertad, sube á tu trono De la gloria en el broquel, Agitando nobles palmas, Coronada de laurel.
ESTROFA
Alzando verdes palmas Tejidas con el lirio, La gloria y el martirio Reciba su ovacion; Y alzando patrios himnos Que vuelen por los aires, Levante Buenos Aires Su invicto pabellon.
CORO
Libertad, sube á tu trono De la gloria en el broquel, Agitando nobles palmas, Coronada de laurel.
LIBRO SEGUNDO
ARMONÍAS DE LA PAMPA
I
Á UN OMBÚ
EN MEDIO DE LA PAMPA
Cual rústico campanario Que en la campaña desierta Indica al hombre la puerta Del melancólico osario Que ampara su vecindad; Ahí estás, ombú gigante A la orilla del camino, Anunciando al peregrino Que bajo el tronco pujante Duerme por siempre un mortal.
La tempestad te acaricia Con sus alas tenebrosas, Y en tus entrañas hojosas Te da con grata delicia Ardientes besos de amor; Y con atléticos brazos Junto á tu tronco la aferras, Y entre tus ramas encierras Con titánicos abrazos Su estrepitoso clamor.
Y tú á su voz amorosa Enamorado palpitas, Tu cabellera lujosa En el seno precipitas De la recia tempestad; Y te envuelve con su manto Que el relámpago colora, Tu frente que el rayo dora Te la riega con el llanto De la mústia soledad.
Y celosa de la tierra Que te nutre con su seno, Ruge como ronco trueno, Tus raices desentierra Con delirante furor. Cuando te siente postrado Entre tus ramas suspira, Y cual armónica lira Lanza tu tronco humillado Ecos de tierno dolor.
Al lucir el alba pura, En la Pampa ya no brillas, Y tus hojas amarillas Rodando por la llanura Van á perderse en el mar. Los cisnes de la rivera Que visten plumas de nieve, Meciéndose en la onda leve Siguen tu traza lijera Por las ondas de cristal!
Eres la verde guirnalda De la cabaña pajiza, Que vas marchando de prisa Con el pasado á tu espalda Y á tu frente el porvenir. Donde huye la tribu errante Y clava el hombre su planta, Tu cabeza se levanta Cual la de inmenso gigante Que está diciendo: «hasta aquí.»
Tú señalas las barreras Que dividen al desierto, Y oyes el vago concierto Que alzan las auras ligeras De la Pampa en el umbral. Eres lo último que muere De la morada del hombre, Y sin registrar un nombre Estás diciendo al viajero Que allí descansa un mortal.
Deten tu paso y escucha El gemido del hermano, El rugido del tirano, El estridor de la lucha... ¡De la lucha fraternal! El alarido de guerra A tus espaldas retumba, La libertad se derrumba, De horror palpita la tierra Que en sangre teñida está.
¡Ah! prosigue tu camino Por la pampa solitaria: La tiranía es precaria Y con esplendor divino Se alzará la Libertad. Sí, prosigue tu carrera, Por la llanura estendida, Y alza en tu cima florida Del porvenir la bandera Y del hombre la Igualdad.
Mas ¿qué miras? La campaña Que á lo lejos se dilata, El arroyuelo de plata, El cielo que nada empaña, O el inmenso pajonal? No, tú miras á lo lejos Al trasponer aquel monte En el lejano horizonte, Como en mágicos espejos Lo que es y lo que será.
Miras la pampa argentina De ciudades matizada, Y por mil naves surcada La laguna cristalina Que hoy cubre verde juncal; Miras la pobre cabaña Que en palacio se transforma, Y que al tomar nueva forma Una nueva luz la baña Con resplandor sin igual.
Míras al indio tostado, Que lanzando un alarido Vá huyendo despavorido Por el llano dilatado En pavoroso tropel; Y tras él, el tigre fiero Que abandona su dominio Hoy teatro del exterminio, Que ocupa un pueblo altanero Y que transforma en vergel.
No pases mas adelante Que mas lejos, abatido, Marchito y descolorido Verás al ombú gigante Hoy de la pradera rey: Y en su lugar la corona Verás alzarse del pino, Que unido al hierro y al lino Sirve al hombre en toda zona Para dar al mundo ley.
Ese destino te espera Arbol cuya vista asombra Que al caminante das sombra, Sin dar al rancho madera, Ni al fuego una astilla dar; Recorrerás el desierto Cual mensajero de vida, Y tu mision concluida Caerás cual cadáver yerto Bajo el pino secular.
II
Á SANTOS VEGA
PAYADOR ARGENTINO
Cantando me han de enterrar Cantando me he de ir al cielo.
SANTOS VEGA.
Santos Vega, tus cantares No te dieron fama y gloria, Mas viven en la memoria De la turba popular; Y sin tinta ni papel Que los salve del olvido De padre á hijo han venido Por la tradicion oral.
Bardo inculto de la pampa, Como el pájaro canoro Tu canto rudo y sonoro Diste á la brisa fugaz; Y tus cantos se repiten En el bosque y en el llano, Por el gaucho Americano, Por el indio montaráz.
¿Qué te importa si en el mundo Tu fama no se pregona? Tú ya tienes la corona Del poeta popular. Y es mas bello, que en el bronce, En el mármol ó granito, Haber sus obras escrito En la memoria tenaz.
¡Qué te importa! si has vivido Cantando cual la cigarra, Al son de humilde guitarra Bajo el ombú colosal! Si tus ojos se han nublado Entre mil aclamaciones, Si tus _cielos_ y canciones En el pueblo vivirán!
Cantando de _pago_ en _pago_, Y venciendo payadores, Entre todos los cantores Fuiste aclamado el mejor; Pero al fin caiste vencido En un duelo de armonías, Despues de payar dos dias; Y moriste de dolor.[3]
Como el antiguo guerrero Caído sobre su escudo, Sobre tu instrumento mudo Entregaste tu alma á Dios; Y es fama, que al mismo tiempo Que tu vida se apagaba, La bordona reventaba Produciendo triste son.
No te hicieron tus paisanos Un entierro magestuoso, Ni sepulcro esplendoroso Tu cadáver recibió; Pero un _Pago_ te condujo A la tumba silenciosa, Y lloraron en tu fosa Niños y hombres con dolor.
Y los gauchos al volverse A llorar entre sus ranchos, Espantaron los caranchos Que llegaban á escarbar: Y se apearon del caballo, Y con ademan contrito, Rezó cada uno el _bendito_ Y volvieron á montar.
De noche bajo de un árbol Dicen que brilla una bela, Y es tu ánima que vela, Santos Vega el Payador! ¡Ah! levanta de la tumba! Muestra tu tostada frente, Canta un cielo _derrepente_[4] O una décima de amor!
Cuando á lo lejos divisan Tu sepulcro triste y frio, Oyen del vecino rio Tu guitarra suspirar; Y creen escuchar tu voz En las verdes espadañas, Que se mecen cual las cañas Al soplo del vendabal.
Y hasta creen que las aves Dicen al tomar su vuelo: «Cantando me he de ir al cielo; «Cantando me han de enterrar!» Y te ven junto al fogon, Sin que nada te arrebate, Saboreando amargo mate Veinte y cuatro horas payar.
Tu alma puebla los desiertos, Y del Sud en la campaña Al lado de una cabaña Se eleva fúnebre cruz; Esa cruz, bajo de un tala Solitario, abandonado, Es un símbolo adorado En los campos del Tuyú.
Allí duerme Santos Vega: De las hojas al arrullo Imitar quiere el murmullo De una fúnebre cancion. No hay pendiente de sus gajos Enlutada y mústia lira, Donde la brisa suspira Como un acento de amor.
Pero las ramas del tala Son mil arpas sin modelo, Que formó Dios en el cielo Y arrojó á la soledad; Si el pampero brama airado Y estremece al firmamento, Forma místico concento El árbol y el vendaval.
Esa música espontánea Que produce la natura, Cual tus cantos, sin cultura, Y ruda como tu voz, Tal vez en noche callada, De blanco cráneo en los huecos, Produce los tristes ecos Que oye el pueblo con pavor.
¡Duerme! duerme Santos Vega, Que mientras en el desierto Se oiga ese vago concierto, Tu nombre será inmortal; Y lo ha de escuchar el gaucho Tendido en su duro lecho, Mientras en pajizo techo Cante el gallo matinal.
Duerme mientras se despierte Del alba con el lucero El vigilante tropero Que repita tu cantar, Y que de bosque en laguna, En el repunte ó la hierra, Se alce por toda esta tierra Como un coro popular.
Y mientras el gaucho errante Al cruzar por la pradera, Se detenga en su carrera Y baje del alazan; Y ponga el poncho en el suelo A guisa de pobre alfombra, Y rece bajo esa sombra, ¡Santos Vega, duerme en paz!
III
EL PATO
CUADRO DE COSTUMBRES
Clara, bella y perfumada, Era una tarde serena, De esas tardes en que el cielo Todas sus galas ostenta, En que la brisa y la flor Nos hablan con voz secreta, En que las bellas suspiran, En que medita el poeta, En que el infame se esconde, Y en que el pueblo se recrea. Y matizando la alfombra De una estendida pradera Se vé una alegre cuadrilla Con sus vestidos de fiesta, Porque cien gauchos reunidos Las pascuas de Dios celebran. En las ancas del caballo Cada cual lleva su bella, El que ufano con su carga Bate el suelo con sobérbia, Mientras que el viento levanta La nevada pañoleta, Que acaricia las mejillas Del ginete á quien estrecha Tal vez por no resbalar... Quizá de puro coqueta. No llevan collares de oro, Ni carabanas de perlas, Ni relucientes sombreros, Ni corbatines de seda: Humildes son los vestidos Que las mujeres ostentan; Y bajo pieles curtidas Y de ponchos de bayeta Aquel rústico gauchage Alma independiente alberga. Como el tosco _ñandubay_ Bajo su áspera corteza Roba á la vista del hombre Del corazon la belleza.
II
Encima de una loma Se ven á las muchachas Haciendo con donaire Pañuelos agitar; Y en tanto en la llanura En círculo formados, Se ven de los ginetes Los ponchos ondear.
Sus ojos resplandecen Radiantes de alegria, Que templa con sus sombras, Del rostro la altivez, Con juegos herculáneos Festejaran el dia, Que el pueblo hasta jugando Respira robustez.
Diríanse campeones Que esperan la pelea Que anuncie con estruendo Las lenguas del clarin: La inercia los consume Mas si el cañon humea Con varonil corage Buscan glorioso fin.
Tal vez unas carreras Esperan á porfia Para cubrir de palmas Al potro mas veloz... Mas no, todos desean Robustecer el alma, Por eso _¡El Pato! El Pato!_ Repiten á una voz.
¡El Pato! juego fuerte Del hombre de la pampa, Que marca las costumbres De un pueblo varonil. Para crispar los nervios, Para tender los músculos, Como el convulso jóven, En el dolor febril.
Las fiestas populares De un pueblo de valientes Semejan á las rudas Caricias del leon, Porque el pampero raudo Batiendo en esas frentes Parece que inocula Vigor al corazon.
Ya todos se aprestaban A comenzar la pugna, Asiendo de las garras Con fuerza de titan: Los piés en los estribos Apoyan con pujanza, Y esperan afanosos Del gefe la señal.
Las madres, las esposas Contemplan aquel grupo Pendientes del latido Del brazo muscular; Mas derrepente vése Que las manijas sueltan, Y se oye entre el corrillo Sordo rumor vagar.
¿Quién desarmó la fuerza De los cincuenta brazos, Que un pino gigantesco Podrían sacudir? Dos hombres que se acercan Al medio de la liza, Y muestran ser campeones Que quieren combatir.
III