Rimas

Part 7

Chapter 73,558 wordsPublic domain

Llegad, nubes de incienso Bañando vuestras frentes, Oireis el himno inmenso Que pueblos reverentes Cantan en el osario, No al génio sanguinario, Ni al Régulo opresor.

Generaciones nuevas Ricas de independencia, Tras dolorosas pruebas Por fecundar tu herencia, Se acercan á las aras Que con tu sombra amparas Del Plata al Ecuador.

Oh brazos tan robustos Que á un mundo estremecieron, Y en dias mas augustos Sus aras contuvieron, Poderosos se eleven Y á la mansion me lleven De sacra inspiracion!

CORO

Sus lívidos cadáveres Veranse entre humo denso, Del pueblo, del incienso, Y entre la pompa nítida Del templo de Israel.

Relucirán las lámparas Ante el sombrío coro, Y al órgano sonoro Se mezclarán melódicas Las arpas de Sion.

Resonará en la bóveda El cántico suave, Y en medio á el ancha nave Se elevará en el túmulo La gloria y libertad.

Y el inspirado vate, Envuelto por el manto Del entusiasmo santo, Exclamará profético: «Tu nombre vivirá.»

POETA

La libertad se encumbra Sobre sangrienta pira, Y con su antorcha alumbra Las cuerdas de la lira, Que el vate pulsa altivo Al son del éco divo Del férvido huracan.

Su luz, los nombres dora De la urna funeraria, Donde enlutada llora La musa solitaria, Los mártires valientes Cuyas soberbias frentes Humeando sangre estan.

Miradlos sobre el suelo Que hollamos con la planta, Mirad: en raudo velo Su espíritu levanta La célica bandera, Que ondear hace altanera La ráfaga veloz.

Cayeron cual jigantes En medio de la gloria: Sus páginas brillantes Abrió la inmensa historia, Y en letras de granito Su triunfo ha sido inscrito Con fúlgido esplendor.

Ese pendon miraron Yaciendo moribundos, Del suelo se aferraron Con brazos tremebundos, Cual si al morir peleando La tierra asi abrazando Quisieran defender.

Sublime abrazo inmenso Rodeado por las balas, En medio al humo denso; Bajo las negras alas De la terrible muerte Y con la sien inerte Ceñida de laurel!

Y al abrazar la tierra Con ánimo esforzado, Su alarido de guerra Por el viento llevado Resonó en los hogares, Y en los undosos mares, Cual voz de redencion.

Y hoy sus huesos dispersos, En la estéril llanura, Blanqueados por los cierzos, Se estiman mas que el oro Y forman el tesoro Del mundo de Colon.

Si existe una creencia Y un pabellon triunfante, Si es libre la conciencia, Si en libro de diamante Se esculpen altos hechos, Debémoslo á los pechos Que el hierro atravesó.

A los varones fuertes Que la espada blandieron, Que arrostrando mil muertes En el campo cayeron Del noble sacrificio, Bajo el marcial auspicio Del alto galardon.

De todo un pueblo el luto, De todo un mundo el llanto, Es mísero tributo Para su polvo santo, En que renacen palmas, Y en que resurgen almas Al soplo del creador.

No necesitan urnas Ni estátuas levantadas, Porque las horas diurnas De estrellas coronadas Guardan el monumento, Que cubre el firmamento Del hemisferio austral.

CORO

De la tierra sangrienta Se elevarán los muertos, Y con rayos inciertos La luna amarillenta, El esqueleto pálido Trémula alumbrará.

De luces coronada La sombra de los fuertes, En túmulos inertes Relucirá animada, Cual la vision fantástica Del Cristo Salvador.

Las fúlgidas espadas, Las bélicas banderas, Trotones y cimeras, Y lanzas destrozadas, Cual súbito relámpago Fulmíneas brillarán.

Se elevarán ardientes Atléticas legiones Al pié de sus pendones, Cuando el Omnipotente Les diga como á Lázaro: «Del polvo levantad.»

POETA

Cuando la densa bruma Los valles enlutaba, Cuando la blanca espuma Los mares circundaba, Cual mágicos concentos Nacian los acentos Del arpa de Ossian.

Al eco melodioso La bruma relucía, Y en carro vaporoso Celeste aparecía Poblando la colina, La sombra de Malvina, De Morven y Fingal.

¿Y el Bardo arrebatado Que invoca realidades, No ha de poder osado Anticipar edades Del tiempo en la penumbra, Cuando su mente alumbra Inspiracion mas fiel?

¿La losa de la tumba Levantará mi lira?-- Oid: el viento zumba, El Hacedor me inspira, Siento su soplo ardiente Que en alas del ambiente El polvo hace tremer.

¡Campeones inmortales! Alzad la noble frente, Que adornan las señales De la metralla ardiente, Alzaos del frio lecho, Con voces en el pecho, Latiendo el corazon.

Rasgad con mano fuerte La fúnebre mortaja Con que os vistió la muerte, Y oireis la sorda caja Que toca ¡á bayoneta! La voz de la corneta, Y el trueno del cañon.

La luna brilla hermosa Cual lámpara divina Rielando misteriosa; En la region Andina Su genio se levanta, Y en torno se quebranta La tierra con fragor.

Los cascos resplandecen Cual rápido meteoro, Las plumas que se mecen Entre celajes de oro Anuncian mil campeones, Y en medio á las lejiones Se eleva un pabellon.

Mil ecos fragorosos Producen los aceros, Los potros ardorosos Relinchan altaneros, Y en masas apiñadas De sombras laureadas Se forma una legion.

Descance con mi plectro Mi cítara de acero, Desfile cada espectro Con ademan severo, Al son de los clarines Que llenan los confines Con son atronador!

¡Silencio! los tambores Ya la señal han dado, Y rayo de fulgores El campo ha iluminado. ¡Gloria á los inmortales Que pisan los umbrales De un mundo superior!

Mirad, ya no es del alma Fantasma vaporoso, Vestidos con la palma Del mártir generoso, Despues de su caida Renacen á la vida De glorias perennal!

CORO

De América las lágrimas Bañando los cabellos De los gigantes mártires, Cual nítidos destellos, Una corona bélica A sus virtudes cívicas Y á su valor serán.

En las eternas páginas Del libro de los hombres, Como inmortal espíritu Revivirán sus nombres, Y las coronas pálidas De las edades áridas De gloria teñirán.

El santo tabernáculo De la igualdad preciosa Protegerán impávidos Con su égida gloriosa, Guardando el testo bíblico Del inmortal decálogo Que á un mundo redimió.

Aéreo coro de ángeles Entonará mil cánticos Como la brisa plácidos; La libertad en tanto, Como vision espléndida, Tendiendo el ala rápida Se elevará hasta Dios.

POETA

Del tiempo la corriente Bramando se derrumba, Como la voz rugiente Del huracan retumba, Y en rápida carrera La humanidad lijera Se hunde en la eternidad.

Despeñados los siglos Cruzan los hemisferios, Como inmensos vestiglos Se abaten los imperios, Y en medio á la ruina Encúmbrase divina La santa Libertad.

Como en el Andes brama El huracan tremendo, Cuando veloz derrama El trueno ronco estruendo, Y en tanto el polo cruje, Resisten al empuje Sus quicios de cristal;

Así del tiempo el vuelo Que abate las barreras, Estiende por el suelo Sus ondas altaneras, Chocando resonantes El muro de diamantes Del alma libertad.

Y ella con faz serena Sus furias dominando, Desde la escelsa almena Los cielos contemplando, Mira nacer la aurora Que al mundo es precursora De paz y de igualdad.

Y su sagrada enseña Al viento desplegando, A tiranos domeña Pueblos emancipando, Y concita á sus bravos Rompan de los esclavos La argolla y el cordel.

Y por eso los nombres De redentores fuertes Alientan á los hombres, Y cuando caen inertes Las almas se electrizan, Y gratas divinizan Su nombre y su laurel.

Vuestros restos divinos Son nítidas lumbreras, Que alumbran los caminos De edades venideras, Por donde ardientemente La juventud valiente Se lanza al porvenir,

Son cual la luz bendita De la columna ardiente Del pueblo Israelita; La estrella reluciente Cuyos reflejos vagos, A los tres Reyes Magos Condujo hasta el Señor.

Vendrán horas serenas Que vuelen en pedazos Las últimas cadenas Que amarran nuestros brazos, Alzando los escudos Que con brazos membrudos Vuestro aliento elevó.

En ellos sostendremos Al génio Americano, Y altivos hundiremos A todo vil tirano Que con su torpe planta A la corona santa Manche de libertad.

Y de Colon la sombra El ámbito cruzando Sobre celeste alfombra, Se elevará clamando: «La aurora de Dios brilla! «Tiranos, de rodilla! «Naciones, levantad.»

IX

INVOCACION

(EN EL ANIVERSARIO DE LA INDEPENDENCIA DE CHILE)

I

Pueblos, batid vuestro pendon glorioso Del Atacama al Cabo tempestuoso Donde se estrella el mar; Que en este dia la nacion Chilena Lo hizo flamear sobre la antigua almena De independencia al grito popular.

II

Guerreros, por la sangre consagrados, De inmarcesibles lauros coronados En el campo de honor; Despertad del cañon al estampido, Que hoy rememora un pueblo agradecido Que os debe de su gloria el esplendor.

III

Niños, alzad las inocentes palmas Y ardan en entusiasmo vuestras almas Honrando á la virtud, Que niños cual vosotros vuestros padres Descendieron del seno de sus madres Para destruir la dura esclavitud.

IV

Vírgenes puras, como el sol hermosas, Que os coronais con perfumadas rosas La frente virginal; Cubrid con ellas los sepulcros yertos De los valientes por la patria muertos Que duermen sobre almohada terrenal.

V

Sacerdotes del Dios crucificado, Quemad sobre el altar inmaculado Inciensos al Señor, Y suba entre la nube de humo denso La sublime oracion de un pueblo inmenso Que ensalza de la patria al Redentor.

VI

Legisladores de alta inteligencia, Que alumbrasteis del pueblo la conciencia Clamando: _Fiat lux!_ Si los campeones dieron altos hechos, Vosotros proclamasteis los derechos De la igualdad, que predicó Jesus.

VII

Ancianos, cuya mano temblorosa Nos indica la ruta misteriosa Que debemos seguir; Bendecid con amor á vuestros hijos, Para que sigan con los ojos fijos La estrella que los lleve al porvenir.

VIII

Jóvenes, de la patria la riqueza, El porvenir está en vuestra cabeza, Bella es vuestra mision: Es coronar el noble monumento, Que simboliza el grande pensamiento Que inauguró la tierra de Colon.

IX

Sombras de las falanges militares Que alzaron los escudos tutelares Al pié del patrio altar; Dejad caer el casco rutilante Dejad caer el hierro fulminante Y vuestra obra venid á contemplar.

X

Naves, alzad las flámulas hermosas Envueltas por las nubes magestuosas Del humo del cañon, Conmemorando los gloriosos dias En que Chile botó á las ondas frias En leño audaz su invicto pabellon.

XI

Campos feraces do la mies ondea, Selvas en donde el pájaro gorjea, Rios que vais al mar: Un himno alzad con voz estrepitosa, Que os fecundó la sangre jenerosa Que enrojeció las gradas de su altar.

XII

Andes, en cuya frente encanecida La historia americana está esculpida En cifra colosal; Tú que levantas la cabeza al cielo, Pídele á Dios la lluvia del consuelo Y á la América baña en su raudal.

X

AL CONDOR DE CHILE[2]

Tú que en las nubes tienes alto nido, Tiende tu vuelo, condor atrevido, Que sustentas de Chile el paladion; Sigue del sol la luminosa huella, Y trae cual Prometeo una centella Para incendiar con ella á la nacion.

Para incendiarla en alto patriotismo, Para animar la antorcha del civismo Para encender del pueblo la virtud; Para templar los tibios corazones, Para quemar los últimos girones Del manto de la torpe esclavitud.

Estiende, estiende el ala vigorosa, Cual la vela que en noche procelosa Alza la nave en negra tempestad; Vuela á traer la vívida centella Que en ochocientos diez, fulgente y bella, La antorcha reanimó de libertad.

Tú sabes ya el camino, ave altanera, Fuiste de nuestros padres mensajera Para pedir á Dios chispa inmortal Y dar fuego de alarma los cañones, Y derretir los ferreos eslabones De la innoble cadena colonial.

Tú los viste lanzarse á la pelea, Blandir la espada, sacudir la tea, Vencer, y caer en la pujante accion Mientras que tú, cruzando las esferas Dabas aire de Chile á las banderas, Y fuego del patriota al corazon.

Tú los viste en la noche tempestuosa Guiados por tu pupila luminosa, Cual por la estrella el navegante audaz, Escalar de los Andes las montañas, Esculpiendo en su cima las hazañas Que realizaron con vigor tenaz.

Allí tambien reverberó tu lumbre Cuando bajó rodando de la cumbre Desmelenado el iracundo leon, A par que retumbaba en la eminencia El grito atronador de independencia Que repetia el mundo de Colon.

Desde entonces tu llama se ha apagado, El corazon del pueblo se ha enfriado, Y ha muerto el fuego patrio en el altar, Fuego necesitamos: danos fuego, Que nuestros ojos abundante riego De libertad al árbol dieron ya.

Haz por los hijos lo que en otros dias Hiciste por sus padres, cuando hendias Las esferas con ímpetu veloz, Para traer la centella salvadora Que de ese sol, que el universo adora, Brotó, y en tus pupilas puso Dios.

Las alas tiende y sube hasta los cielos, Cual si fueras á traer á tus hijuelos El alimento que la vida dá; Y mientras bajas desde el alta esfera Nuestra voz de Setiembre á la bandera Con himno popular saludará.

Y cuando venga la centella ardiente Que del cobarde el corazon caliente Y nos llene de aliento varonil; Danos sombra propicia con tus alas, Mientras que en el espíritu que exalas Impregnamos la túnica viril.

Despues condúcenos á la victoria, Traza con luz la senda de la gloria Que nos lleve sin sangre á la igualdad; Toma luego en tu pico oliva y palma Y arrancando una chispa á nuestra alma Vuélvesela á ese sol de libertad.

XI

LA ORACION DE SETIEMBRE

Doblemos la rodilla: ya luce en el oriente El sol, que en otros dias con brillo refulgente Inauguró del pueblo la estátua colosal. Miradle en este templo que alzó la providencia: Sobre el altar se eleva, fijando la creencia Que llena nuestras almas de espíritu inmortal.

Chile es el templo inmenso: los Andes sus altares, Sus flores el incienso, sus cedros los pilares, Sus aves la armonía, su cielo el pabellon; Valparaiso el pórtico que sobre el mar se inclina, Y el sol que nos alumbra, la lámpara divina. Do arde sagrado fuego de eterna religion.

Mirad cual lo saludan del muro los cañones, Cual alzan los guerreros sus ínclitos pendones, En que la estrella luce cual signo de hermandad; Mirad como se riza del mar la blanca espuma, Cual se disipa en torno la misteriosa bruma, Y cual se tiñen de oro los Andes, ¡contemplad!

Oid como resuenan los _¡vivas!_ nacionales, Cual desde el alta torre sus glorias inmortales Publica la campana con lenguas de metal; Oid como retumban los bélicos tambores, Los cantos de la infancia, del pueblo los clamores, Que llenan todo el templo cual coro universal.

Doblemos la rodilla, y en nuestros labios vibre, Una oracion solemne digna de un pueblo libre, Que en alas de los ángeles remonte hasta el Señor; Doblemos la rodilla, y alzando el pensamiento, En un amor unidos y un mismo sentimiento, Roguemos al abrigo de un manto protector.

Roguemos por la suerte del mundo Americano, Porque sus nobles hijos con palmas en la mano En nombre de un principio se abracen con amor; Roguemos porque caigan los réprobos caudillos, Que en el altar sagrado dan filo á los cuchillos, Para apagar, matando, de libertad el clamor.

Roguemos, porque nunca naufrague la creencia, Para que tenga un culto la excelsa inteligencia Que dice á la barbarie:--«¡De aquí no pasarás!» Roguemos porque todos escriban en sus pechos Con sangre de sus venas, sus leyes y derechos, ¡Que nunca borrar pueda la tiranía audaz!

Pidamos para el campo las mieses abundosas, El pan para los pobres, virtud á las hermosas, Y para el pueblo todo, la luz de la razon; Y ante la tumba fria do yacen nuestros padres, Que de laurel eterno cubrieron nuestras madres, Pidamos para todos de paz la bendicion!

Este es el ruego digno de un pueblo generoso, El único que al sólio del Todo-Poderoso En alas de los ángeles la brisa llevará; Roguemos, que templados por el sublime ruego, El alma encandecida del entusiasmo al fuego A otras generaciones su ardor trasmitirán.

Doblemos la rodilla: ya luce en el Oriente El sol que á nuestros padres encandenció la mente Para vaciar en ella de Chile la nacion; ¡Silencio! en nuestros lábios como en el arpa vibre Una oracion solemne digna de un pueblo libre Que pida para todos Amor y Redencion.

XII

Á LA AMÉRICA

Por las fieras hambrientas perseguido Cruza indómito potro las llanuras, Y amarrado con fuertes ligaduras En sus hombros Mazzepa va tendido.

Por la carrera al fin desfallecido El bruto cae sobre las breñas duras, Y libre de sus recias ataduras Mazzepa se levanta rey ungido.

Asi América gime entre cordeles Al rudo potro colonial atada, Seguida por la jauría de lebreles; Y exánime, y sangrienta y lacerada Corre, cae, se levanta y de laureles, Resplandece su frente coronada.

XIII

Á LOS MÁRTIRES DE LA INDEPENDENCIA

Herido por un dardo en la pelea Epaminondas cae sobre su escudo, Abierto el pecho por el dardo agudo Que mata el cuerpo, pero no la idea.

Y al ver triunfal que su pendon flamea Afloja de la muerte el fiero nudo Y dice á Tebas: «Madre, te saludo! «Quedan mis hijas: Leuctra y Mantinea!»

Tambien dos hijas bellas nos dejaron Los que el libre pendon dieron al viento, Y á su sombra su espíritu entregaron;

Hijas son de su esfuerzo y su ardimiento: La Independencia que ellos proclamaron, La libertad que dió su pensamiento.

XIV

EL INVÁLIDO

No mirais aquel mendigo De aquella iglesia á la puerta, Cuya miseria despierta Simpática compasion; Y que á todos los que pasan Tendiendo mano transida, Pide con voz dolorida _Una limosna por Dios!_

Es un mártir de la patria, Un soldado valeroso Del estandarte glorioso Que el hemisferio cruzó; Soldado que en otro tiempo Hizo temblar al guerrero Y que hoy pide al pasagero: _Una limosna por Dios!_

Ved: en su manga derecha Se perciben dos galones, Y de Maipo los cordones Que la patria le donó: Cabo inválido, sin brazo, Solo le resta en la tierra Pedir despues de la guerra _Una limosna por Dios!_

A la puerta de la iglesia Rememora sus hazañas, Y las gloriosas campañas Que en otros siguió; Y mostrando con orgullo De su frente un ancha herida, Pide con voz dolorida _Una limosna por Dios!_

«Fuí soldado de los Andes, «En Maipo Cabo me hicieron, «Y las balas deshicieron «Mi brazo en Ituzaingó: «Entonces mi voz se oia «En medio del fuego recio, «Y hoy me arrojan con desprecio «_Una limosna por Dios!_

«De frente! A la bayoneta! «El coronel nos gritaba, «Y sin miedo nos llevaba «A la boca del cañon. «Al brazo el arma llevaba, «Metralla y bala llovia, «Y entonces yo no pedia «_Una limosna por Dios!_

«Cuantas veces en los Andes «Al venir la madrugada, «En medio de una nevada «Mi bigote emblanqueció. «Hoy la nieve de los años «Mi cabello ha encanecido, «Y estiendo la mano y pido «_Una limosna por Dios!_

«Dónde están mis camaradas «Del Cerrito y Ayacucho, «Que mordian el cartucho «Con indomable valor? «Dónde están? tal vez ahora «Duermen en la tumba helada, «Ó piden con voz quebrada «_Una limosna por Dios!_

«Como ellos yo moriré, «Y en la tierra de mi fosa «¿Qué alma verterá piadosa «Una gota de dolor? «Y cuando en algun camino «Bajo los años sucumba «¿Quién dará para mi tumba «_Una limosna por Dios!_»

Cesa, cesa en tus lamentos Cabo lleno de laureles, Que hay olvidos mas crueles Que los que llora tu voz: La República Argentina Bajo el yugo de un tirano Pide al mundo americano _Una limosna por Dios!_

1838

XV

LA CAMPANA

Profético metal, los ciudadanos Que de agüero y comento son exentos A tu voz bailarán por estos llanos, En tanto que tu voz y tus acentos Oyen descoloridos los tiranos Y te atienden los reyes macilentos.

QUEVEDO.

(Polimnia--Musa II.)

I

¡Oh, Campana! de mi Patria Eres símbolo de gloria: O heraldo de la victoria, O intérprete del dolor; Eres corona de bronce En los aires suspendida, Que los fastos de la vida Publicas con tu clamor.

Tú concretas nuestra historia: Has dado la voz de alerta, Golpeando de puerta en puerta Con tu metálica voz; Has anunciado las paces Adornada con la oliva, Y envuelta con palma altiva La guerra cruenta y feroz.

Has sido la grave orquesta De los cánticos triunfales, Y en los tristes funerales, Melancólico pregon; Y colgado de tus cuerdas Un pueblo de audacia lleno, Ha hecho brotar de seno La voz de revolucion.

Y tus ecos tempestuosos Por el aire resonaron Cuando en Mayo saludaron El sol de la redencion, Cuyo vivífico rayo Como un martillo de oro Te dió el acento sonoro De la estátua de Memnon.

Has publicado cien veces Por el mundo americano, Las victorias de Belgrano, De San Martin y Alvear; Has proclamado á los pueblos En medio de la matanza, Y alentado su esperanza Los triunfos al publicar.

En las contiendas civiles Esclava de las facciones, Te ha arrancado tristes sones La espada del vencedor, Y dominando el murmullo Del pueblo desenfrenado, Ante el mundo has protestado Con dolorido clamor.

Y cuando por un tirano El pueblo se vió oprimido, Tú articulaste un gemido Con tu lengua de metal, Y otra vez sobre tu torre Sonaras estrepitosa, Cuando mires victoriosa La bandera azul flotar.

Eres la voz del destino Que presides á las horas, Que con sus alas sonoras Te golpean sin cesar, Y tú, su vuelo marcando, Generosa en demasía, Devuelves una armonía Por el golpe que te dan.

II

Al pueblo siempre anuncia la campana Lo que ha sido, lo que es, lo que será: Cuando á su trono se alza soberana La virtud que combate á la maldad; Y cuando los tiranos en su cuello Han posado su planta ignominiosa ¡Ay! entonces resuena dolorosa Cual llorando perdida libertad.

¡Ah! de mi patria saludó el bautismo Cuando subiendo al rango de Nacion, Sobre su frente el oleo del civismo Dios derramó cual sacra bendicion. Mas hoy llora, cual llora por los muertos, Porque no tiene pueblo soberano, Y es el despojo de feroz tirano La que en sus puños desgarró un leon!