Part 6
Bebiendo el entusiasmo de sus hechos Buscaremos del hombre los derechos Á la radiante luz de la verdad; En el templo de Mayo elevaremos Hostia de paz y allí profesaremos Su doctrina de amor y de hermandad.
Profética la mente ve otros dias En que se oirán sublimes armonías Bajo el domo que habremos de elevar No habrá tiranos, ni sangrienta guerra, Tierra de promisión será esta tierra, Norma de la aflijida humanidad.
¡Oh Mayo! de tu espíritu invisible Penetrarás un mundo indivisible, Como la luz la vasta la inmensidad: Y al relucir tu sol del alto cielo Se elevará sonoro desde el suelo Un coro de alabanza universal.
CORO
«Gran lámpara del templo soberano, «Vasta concretacion del ser humano, «Condensacion de la inmortal verdad; «Fuente perenne de fecunda idea «Que en los espacios, nuevos mundos crea, «Antorcha de la inmensa eternidad.
«Inagotable manantial de vida «Que fecunda la savia bendecida «Del árbol de la sacra libertad; «Árbol que ostenta flores inmortales «Teñidas de colores celestiales, «Con que perfuma Dios la humanidad.
«Cosmopolita cifra que concreta «Las utopias doradas del poeta «Y el ideal del genio pensador; «Efluvio poderoso de otros mundos, «Que haces brotar los gérmenes fecundos «En el limbo del surco de labor.
«Del gran dia celeste monumento, «Donde arde su divino pensamiento «Como el fuego sagrado en el altar: «Tú alumbrarás del mundo las edades «En medio de las negras tempestades «Para impedir al mundo naufragar.
«Númen del libre, signo de victoria, «Luz de los pueblos, astro de la gloria, «Que das al genio noble inspiracion: «Tú, la divina imágen que soñaron, «Los hombres que tus luces invocaron, «Realizas con tu sola emanacion.
«Tú guardas de los hombres el tesoro «Y en tus altares, de las urnas de oro «Derramas democrático raudal; «Tú bañas con tu linfa á las naciones, «Y viertes en sedientos corazones «De la justicia universal maná.
«Bajo la ígnica cruz del cristianismo «Que corona tu domo, el despotismo «Yace herido del rayo popular, «Y la divina imágen que soñaron «Los hombres que tu basa levantaron «Le oprime con su planta de titan.»
V
EL CORSARIO
(PROSPECTO DE UN PERIÓDICO POLÍTICO EN 1840)
Es mi barco mi tesoro, Es mi Dios la libertad.
_Espronceda._
Es una linda goleta Ligera como la brisa, Que en el Plata se desliza Cual fantástica vision. Ruge el viento enfurecido En la blanquecina vela, Mientras ligero revuela Del corsario el pabellon.
Sentado un hombre en la popa El ancho rio admirando Meditabundo fumando, Entre una nube se vé: Es su frente ancha y altiva, Es tostado su semblante, Es su mirar penetrante Y su brazo de temer.
Entre sus manos robustas Una guitarra se mira, Que blandamente suspira Como querella de amor, Y mientras ruge en los cables El pampero embravecido, De su guitarra al sonido Entona aquesta cancion.
CANCION
"Es mi goleta el cisne de este rio Que tiende el ala cuando brilla el sol: Es en el puerto libre como el viento Y en altos mares libre como yo. A mi querida la llaman La goleta «Libertad,» Porque asila al hombre libre Y hace fuego á la maldad. Y de todos tiranos los pendones Se abaten al rugir de sus cañones.
Ha navegado hasta la vieja Europa Enarbolando el argentino sol, Y en su crucero, al pabellon de Iberia Con sus rayos ardientes eclipsó: Y al divisarse sus velas De Cádiz en la ciudad, Decían los gaditanos: «Allí viene la «Libertad!» Y flotaba el pendon Americano Desafiando las balas del tirano.
Cubierto el puente de caliente sangre Izando al tope flámula de honor Ha visto la bandera de un Imperio Sepultarse entre el humo del cañon. Y al pasar por su costado Brown que el combate ordenaba Con su bocina de mando A los bravos saludaba. En el _Juncal_, donde con pecho fuerte Clamaban todos: «Libertad ó muerte!»
Ora corsario de los hombres libres Se vé mi enseña por do quier flotar, Y el marinero en medio de la noche Suele decir: «Ahí vá la «_Libertad!_» Soy el amigo del pueblo, Ante nadie me arrodillo, Ni á los esclavos halago, Ni á los déspotas me humillo. Vivo en el mar, desprecio los tiranos, Nunca con ellos enlacé mis manos.
Cuando cruzando el Rio de la Plata Veo flamear de Rosas el color, De alerta el grito doy á mis marinos Empuñando la barra del timon. Y cuando al frente aparecen Grito á mis valientes ¡fuego! Por no tomar esas presas A las llamas las entrego. Que allí mi _Libertad_ tan solo impera: Bajo sus fuegos rinden su bandera.
Mi divisa es:--«Valor é Independencia.» Mi ley:--«Aborrecer al opresor.» Mi religion:--«La libertad del mundo.» Mi patria:--«El continente de Colon.» Y sin tener mas tesoro Que mi barco y mi puñal, Primero daré la vida Que rendir la _Libertad_. Que ese pendon que brilla con la luna Jamás se abate ante bandera alguna.»
El marinero que en la cofa estaba Gritó al Corsario que tambien velaba, «Un barco viene.» El se levanta magestuoso y mudo, Y de los vientos al silvido rudo Todo previene.
Era francés el buque que venia, Y allá en su mástil ondear se via De Julio el pabellon. Viva la Francia! gritan muchas veces; Vivan los libres! gritan los franceses De noble corazon.
Sigue el buque francés su derrotero Impelido del soplo del Pampero Por el piélago azul. En tanto que el Corsario navegaba Y al divisar sus velas esclamaba «A los libres, salud.»
Un negro bergantin pasó á lo lejos, Y de la mústia luna á los reflejos, Dijo, al ver su pendon: «Mirad, se llama de la mar señora «Esa bandera que enlutada llora «En el templo de Dios.
«Hoy de la Francia muéstrase celosa «Porque cree que fuerte y poderosa «Nos podrá sojuzgar. «Islas quiere la Francia? Ya el Britano «Ha robado en el mundo Americano «Malvinas y Roatan.
«Quiere nuestras ciudades? los pedazos «De la bandera inglesa, que á balazos «Supimos conquistar, «Y son de gloria nuestra herencia rica, «Levantados en lo alto de una pica «A la Europa dirán:
«Que en todo el continente Americano «Ni el francés, ni el inglés, ni el castellano «Su mano asentará. «A ver! que alguno la conquista intente «Y de todo un ejército insolente «Los cráneos mostrará.»
Dijo el Corsario, y en su altiva frente Relámpago de luz cruzó luciente Como una exalacion. Volvió á la popa, y se acostó en su asiento, Y en medio de la música del viento Tranquilo se durmió.
* * *
La aurora aparece con dulce sonrisa Y llena de aromas la atmósfera está, Hermosa goleta que impele la brisa Surcando va el agua del gran Paraná.
En tanto el Corsario la costa admirando Saluda aquel rio de gracia inmortal, Y en alto levanta, su sien desnudando, Tres fajas de blanco y azul celestial.
Y dice las islas y el bosque mirando:-- «Lavalle y sus bravos aquí me hallarán, «Y el rio en mi barco, veloces pasando, «Mi vida y mi barco por suyo tendrán!»
De pronto en el llano se ven mil guerreros, Bandera Argentina se mira lucir, Y al pié resplandecen los fuertes aceros Que van sus valientes con gloria á esgrimir.
«Salud, hombres libres, la patria os espera, «Guerreros antiguos y nuevos, salud.» Gritóles, y todos al ver su bandera Bajaron sus lanzas diciendo: «Salud.»
VI
ELEGÍA
AL GENERAL LAVALLE
Mejor se triunfa muriendo que matando.
INTRODUCCION
En la region andina que libertó Bolívar Reposa la cabeza del mártir esforzado, Que en sus membrudos hombros potente ha sustentado La inmensa pesadumbre de gran revolucion. Robusto como el pino que bate la tormenta Sus ramas han crujido con ímpetu violento, Y hoy yace por el suelo tendido y sin aliento... Tendido y sin aliento, pero domado nó!
Donde un mortal sucumbe, un héroe se levanta, Sus formas luminosas se animan lentamente.... Relámpagos y nubes coronan su alta frente A par de los gigantes que doman la creacion: Los Andes, atrevidas pirámides del mundo Vestidas por la pompa severa del invierno; Inmensos pedestales que levantó el Eterno De pedestal le sirven y de eternal panteon.
Cual página mas grande para inscribir su nombre Que esas gigantes moles que mundos equilibran, En cuyas canas frentes los huracanes vibran Como arpas misteriosas que pulsa el vendabal? Atleta americano lanzóse de su cumbre Por conquistar á hierro la libertad de un mundo, Y de su altivo paso se vé surco profundo Que el tiempo despeñado se para á contemplar.
Su vida fué un invierno, sañudo, interminable: Envuelto por el hielo, luchando brazo á brazo, Y el fuego de la patria guardando en su regazo Para encender la antorcha de gloria y libertad. Por eso para libro de sus heróicos hechos Los Andes han abierto su inmensurable seno, Como para la tumba del inmortal Moreno Bastar pudo tan solo la inmensidad del mar.
EL CENTINELA
Trémula brilla en la celeste esfera La blanca antorcha que sucede al dia, Y de la noche la mortaja fria Sus anchos pliegues tiende en derredor. Soberbia en tanto entre la espesa bruma Se vé la cumbre de los altos Andes, Donde un gran pueblo con alientos grandes La alta bandera de igualdad clavó.
Sordo fragor en sus entrañas ruge Al despeñarse el agua del torrente, Cual si arrastrase en rápida corriente De un mundo el esqueleto colosal. Y allá en su cima los eternos hielos Brillan como el almete de un guerrero, Cuando cubierto de fulmineo acero Se vé atrevido su creston ondear.
Y en ancho mar de blanquecina nieve Solo una forma humana se elevaba: La de un fiel centinela que velaba Apoyada la mano en su fusil. Blancos cabellos su cabeza orlaban, Hondos surcos cruzaban su semblante, Y su mirada firme y penetrante Revelaba un aliento varonil.
Era una sombra de las grandes huestes Que de Mendoza al Ecuador partieron, Y que del grande San Martin siguieron Por entre abismos la pisada audaz; Era un guardian de la ignorada tumba De los caidos sin legar su nombre, Que esperaba á los héroes de renombre Para dar á otro mundo la señal.
Asi velaba en medio de dos mundos Los vivos y los muertos custodiando, Cuando un rumor los ámbitos llenando La montaña en su base conmovió. _¿Quién vive?_ preguntó, y tristes voces «_Quien murió por la Patria_,» contestaron, Y cuarenta adalides avanzaron Alzando un desgarrado pabellon.
Negros los rostros y la frente roja, La mano herida y como sierra el sable Llevaba aquella hueste formidable, Fugitiva del campo del honor. Envueltos en banderas argentinas Conducian los restos de un soldado, Y brillaba en su cráneo descarnado La aureola que al mártir coronó.
El centinela comprendió que á un héroe Aquellos huesos frios sustentaron: Sus lágrimas ardientes resbalaron Y su fusil al hombro levantó. ¿Quién es el héroe? preguntó, y un jóven De veinte Mayos é inspirada frente, Doblando la rodilla reverente En discurso elocuente respondió:
DISCURSO
«Su nombre está escrito del pueblo en el seno, De sus altas glorias el mundo está lleno, Su frente circuye laurel inmortal; Atleta de Mayo, venció los esclavos, De un pueblo de siervos rompiendo los clavos Bañó su cabeza con óleo de paz.
«Los Andes le vieron alzarse á su cumbre, Y allí derramando magnética lumbre De América el mundo con ella alumbró; Le vieron soberbio venciendo á los Reyes, Llevando el programa de glorias y leyes Grabado en el sable que grillos trozó.
«Con lanza enristrada cruzó como rayo Llevando la enseña del pueblo de Mayo Del Plata á los Andes y ardiente Ecuador; Y reales diademas, y tronos y cetros Se hicieron pedazos, cual viejos espectros, Crujiendo á las plantas del gran lidiador.»
* * *
El centinela alzó la noble frente Que súbito relámpago cruzó; Y atónito, el fusil resplandeciente Ante los huesos frios presentó.
* * *
«Alzóse en su patria soberbio tirano, De libres la senda mostrónos su mano Y heróico el primero por ella cruzó. Y justos principios alzando en su espada Llevó el estandarte de santa cruzada Que en rota y victoria seis veces se vió.
«Pero él en su espada, con nervio pujante La patria y sus glorias sostuvo constante, Y nunca cobarde su espalda dobló: Miró su bandera de polvo cubierta, Miró de la lucha la arena desierta, Y entonces su frente soberbia rindió.
«Su grande destino la muerte ha cortado! La causa camina, pero ¡ay! está helado El soplo de fuego que vida le dió! Así en otros tiempos en circo estendido El fuerte guerrero yacia caido Y el carro que hollaba seguir triunfador!»
* * *
El centinela atento le escuchaba Y el corazon guerrero arder sintió, Y aquel fusil que al frente presentaba Rendido hasta sus plantas abatió.
* * *
«Envueltos sus restos por patria bandera Encuentren al menos en tierra estrangera La tumba que al mártir su patria negó. Sus fieles soldados cavando su fosa Cubrirán de tierra con mano piadosa La frente laureada que el mundo admiró.
«Al pié de su tumba que calle la envidia! Su espíritu noble preside á la lidia Que aun arde en nosotros su llama inmortal. Apóstol y mártir su pueblo le nombra, Y grande y serena su pálida sombra De dulce esperanza levanta el fanal.
«Un dia los hijos del pueblo argentino Orlando sus sienes con lauro divino, Darán á sus manes sagrada ovacion, Y entonces nosotros los Andes cruzando Vereis que volvemos en triunfo llevando Los huesos proscriptos del grande campeon.»
* * * El centinela contempló aquel muerto Que un huracan del mundo arrebató, Y arrodillado sobre el suelo yerto Humilde ante su gloria se postró.
* * *
EPILOGO
Como una chispa de la luz divina Se vé brillar en la region andina La estrella matinal; Y una mano invisible, misteriosa, Levanta de la noche silenciosa El fúnebre cendal.
Y descubre un cadáver coronado, De lágrimas y espinas incrustado Su lauro triunfador: Y en su presencia el ángel del aurora Levanta con su voz consoladora El himno del dolor.
HIMNO
Lavalle, tu cabeza De penas fué calvario, Y vaso lacrimario Tu grande corazon: Y los cautivos pueblos Vertieron en tu seno El llanto de amor lleno Que el pueblo derramó.
Luchando cuerpo á cuerpo Caiste en noble guerra, Sobre la misma tierra, Que tu sudor regó. Y el corazon del mártir Que atesoraba el llanto Un génio sacrosanto Del cuerpo arrebató.
Alzóse hasta las cumbres Del alto Chimborazo, Y allí con fuerte brazo Tu corazon clavó; Y cual en noble túmulo Brilla la urna de oro, La urna de nuestro lloro Allí vierte esplendor.
Torrente de dolores Por Dios atesorado, Cual dictamo sagrado Que destiló el amor! ¡Oh corazon que fuiste El cáliz de amarguras, A las espadas duras Dá el templo del honor!
Acérquese allí el jóven Y beba fortaleza, Allí busquen firmeza Los brazos sin vigor; Allí vaya ese pueblo Que dobla su garganta, Y beba la ira santa Que hiera al opresor.
Allí vaya la vírgen A derramar sus flores, Para jurar amores Al que combata al vil; Acérquese allí el niño Y en su dolor templado Levante el grito osado De lucha varonil.
Y diga á los que duermen En el polvo sangriento: «Dad otra vez al viento «De Mayo el pabellon; «Y vencidos cien veces, «Otras tantas deshechos, »Oponed duros pechos «A la dura opresion.»
Sí, que la voz del niño Oráculo es del cielo Para anunciar consuelo A un pueblo en horfandad, Y sus puras palabras Al tiempo de verterlas Se convierten en perlas En la urna funeral.
VII
JOSÉ CAMPON
(PÁGINA DE UN DIARIO MILITAR EN 1839)
I
Cuando las huestes de Rosas Pisaron de Oriente el suelo, Al toque de la corneta Seis mil bravos acudieron: A su cabeza se vió Al héroe antiguo de Haedo, Acaudillando los bravos Que de la patria en el seno Heróicos se levantaron En sosten de sus derechos. Todo Oriental que abrigaba De la libertad el fuego, Bajo el pendon de la gloria Iba á desnudar su acero, Lleno de noble energía, Y de patriotismo lleno.
II
Campon tranquilo vivía Bajo del paterno techo: Ciñóse al punto su espada, Montó un veloz parejero, Y voló do le llamaban De la corneta los ecos. Ni le detuvo el peligro, Ni el triste llanto materno, Ni del amor las dulzuras, Ni del dolor los lamentos: Solo escuchó al patriotismo Que atesoraba en su pecho.
III
A la orilla de un arroyo Se vén veinte coraceros Dispersados en guerrilla Sobre caballos lijeros; Se ven al frente asomar Bajo los talas y seibos Que baña Santa Lucía Míl y quinientos guerreros; Y el denodado Campon Mandando los coraceros Con firmeza les repite: «Antes que rendirse... ¡fuégo!» Lanzando grito salvaje Viene la tropa de siervos, Como una nube de polvo O una bandada de cuervos. Campon, cual muro de bronce El choque espera sereno, Y á sus valientes soldados Manda hacer continuo fuego, Y cuando balas no tuvo Dijo la espada blandiendo: «La carabina á la espalda «Sable en mano, coraceros!»
IV
Santander con su Escuadron Se lanza en el entrevero; Cuadra, _¡A la carga! ¡á la carga!_ Repite con voz de trueno: Sigue Blanco con sus bravos Montados en moros negros. Por su valor y su arrojo Es conocido el primero, Y se distingue el segundo Por su semblante sereno: La calva frente de Blanco Es de su alma fiel espejo, Pues se retratan en ella La honradez y el ardimiento. Trescientos hombres le siguen Cargando al son de _degüello_, En proteccion de los bravos Que lidiando como héroes, Mas que hombres de hueso y carne Parecen hombres de hierro! Ni les intimida el número, Ni el morir les causa miedo; Con sables hechos pedazos Sus ojos despiden fuego, Está abollado el morrion Y sangre vierten sus miembros, Ruge el plomo en sus cabezas Y retiembla el pavimento; Pero ellos imperturbables En medio del entrevero, Sueltan la rienda al caballo, Descargan golpes tremendos; Y ante su diestra valiente Llenos de susto los siervos, Bajan la mústia cabeza, Abren un ancho sendero; Y allí donde el clarin Resuenan los tristes ecos Llenos de sangre y de polvo Júntanse los coraceros.
Blanco, que fué rechazado En el encuentro primero, Al frente del enemigo Organiza los dispersos, Hace tocar á la carga Y otra vez los lleva al fuego.
V
Campon y Alberdi entretanto De los esclavos en medio, Abandonados se miran Del hombre, no de su aliento. De su alarido de guerra Retumba el éco á lo lejos; Al galopar sus corceles Con fragor retumba el suelo; Sobre sus negras corazas Rechina el fúlgido acero, Los sables cubren la luz Sobre sus cráneos sangrientos.
Heróicamente lidiaron, Cien heridas recibieron, Y clamando--¡Libertad! Al suelo cayeron muertos. Y la divina corona Que la Patria dá al guerrero, Sobre sus frentes marchitas Se vió caer desde el cielo.
Blanco á la carga conduce A sus valientes de nuevo, Pero al querer batallar Todos se miran envueltos, Y cual las hojas de otoño Por la campaña dispersos. En vano el buen coronel Levanta su voz de trueno, Abandonado y sin gente Solo le ampara su acero.
VI
En la inmediata cuchilla Un relámpago de fuego Brilló, rugiendo con furia Del cañon el ronco trueno. Nuñez avanza atrevido Con setecientos guerreros, Blandiendo lanza potente, Montando un tordillo negro. Es imponente su marcha, Y por su rostro moreno El entusiasmo asomaba Como en la noche un reflejo. Al marchar de sus campeones, Al relumbrar de sus hierros, Y al tremolar su estandarte Los enemigos huyeron. Los libres en vez de rostros Espaldas tan solo vieron.
VII
Cuando los viles esclavos Riendas al caballo dieron, De cadáveres y de armas El campo quedó cubierto, En expiacion de los libres Que con honor sucumbieron.
Cuarenta bravos perdimos En este glorioso encuentro, Y al otro dia al pasar Aquel campo de los muertos Nuestros soldados decian: «Tanta sangre vengaremos, «Por cada gota de sangre «Un arroyo verteremos.»
VIII
En los campos de Cagancha En medio al humo y al fuego, El escuadron de Campon Admiró por su denuedo. El ala izquierda ocupaba, Y en el furibundo encuentro El campo quedó sembrado De hombres y caballos muertos. Quedó en medio á la cuchilla De sangre un ancho reguero: ¿Quién lo hizo? el escuadron Que por vengar sus guerreros, Pasó legiones de esclavos A los filos de su acero.
VIII
HIMNO
Á LOS MÁRTIRES DE LA LIBERTAD
INVOCACION
Llegad en torno mio, Venid, sombras nocturnas, Y alzad con poderío Las cinerarias urnas, Cubiertas con el lirio Que consagró el martirio: Alzad, sombras, alzad!
Bañadlas con el llanto Del pueblo que suspira, Y el ardoroso canto Que se alce con mi lira, Por todo el hemisferio Libre del cautiverio. Llevad, sombras, llevad!
CORO
De América las vírgenes Con mano temblorosa, La cabellera frígida, Sangrienta y polvorosa De las heróicas víctimas, Con flores ceñirán.
Entre perfumes célicos Y grata melodía De cánticos suavísimos, Hasta la tumba fria Entre aureolas fúlgidas Los héroes bajarán.
Sobre la huesa húmeda Donde su lauro brilla, Los pueblos redimidos Doblando la rodilla, Al trono del Altísimo Plegarias alzarán.
El Bardo de la América Invocará sus manes, Y al son de la arpa armónica Que pulsan los titanes, Sobre su frente pálida La inspiracion caerá.
POETA
La tumba del valiente No pide débil llanto, Sino del vate ardiente El estridente canto, Que imite en su armonía, Vibrante vocería Del campo del honor.
Qué importan á los bravos La pompa de los templos Que compran los esclavos! Les bastan sus ejemplos, Su inmarcesible gloria, Su tumba, su victoria, Sus lauros, su valor!
Cual rinde su alta frente El sol al Océano, Como el audaz torrente Que baja al ancho llano, Debe ser la caida Del que rinde la vida Del pueblo en el altar.
Cantemos á los muertos En la feral pelea, Que sus despojos yertos De América presea, Valen mas que la pompa Que celebra la trompa Del poeta servil.
Indómitos guerreros Ante el altar caidos, Blandiendo los aceros De sangre reteñidos, Venid, llegó la hora: La América hoy valora Vuestra mision viril.