Rimas

Part 12

Chapter 123,795 wordsPublic domain

Blanca flor que embalsamas mi existencia De tus perfumes con la grata esencia; Música cuya suave melodía Estremece de amor el alma mía; Rayo de luz que caes sobre mi frente Disipando las sombras de la mente; Lágrima de los ojos desprendida Del serafin que guarda nuestra vida; Linfa donde apagué mi sed ardiente. Como el viagero en agua trasparente; Pichon que bajo el ala adormecido Desafias las lluvias en tu nido; Hija mia, entre sueños virginales, Envuelta por los brazos maternales, Y en esa fuente del materno seno Bebe un raudal que de virtudes lleno En cada gota verterá en tu mente De nobles pensamientos la simiente, Que dormirán hasta que en torvo ceño El tiempo venga á perturbar el sueño; Y puros sentimientos, ángel mio, Que jerminando cual la flor de estio, Derramarán en tu alma ese perfume Que la virtud de la niñez asume; Y beberás un bálsamo del cielo Para espresar dolores en el suelo, Para exhalar mil gotas cristalinas Como su aroma blancas clavelinas: Porque el llanto es la flor que brota hermosa En el alma sensible y candorosa, Y el rostro donde nunca ha resbalado Es arenal que el cielo no ha regado. Asi cual de la espléndida natura El llanto es la espresion de la criatura: El cielo llora gotas de rocio En las serenas noches del estio, Y al ausentarse, lánguida la aurora Entre luces y sombras tambien llora: Pero todo desciende suavemente De la misericordia á el ancha frente: Fertiliza el rocío los eriales, Y el aurora los lirios virginales, Y caen las dulces lágrimas del niño En un seno purísimo de armiño. Y mas tarde entre manos cariñosas Que se ahuecan sensibles y piadosas, Cual urna sencillísima de cobre Donde se guarda el óbolo del pobre. Oh tú, que de tu vida en la mañana Te meces en el valle tan lozana: Que sea tu cabeza bendecida Sobre la dura almohada de la vida; Que recorras tu plácida alborada Por angélicas voces arrullada; Que el viento de la dicha infle tu vela Mientras la luna del placer riela; Y que si acaso un dia, negro velo Míras estender sobre tu cielo, Veas llegar á tu arca placentera La paloma de dichas mensagera Para anunciarte en tu hombro reclinada: «La tempestad se vé ya apaciguada, «La luz del sol de nuevo te ilumina «Y las flores esmaltan la colina; «Tersa se vé la frente de tu rio «Y no hay en él ni un áspero bajío: «Mucho vagaste niña por los mares: «Al fin reposarás entre tus lares, «En la ribera nítida y risueña «Que allá en el horizonte se diseña, «Do encallará tu barca suavemente «Como del manso arroyo la corriente.» Ora, hija mia, lejos de huracanes Duerme agena de míseros afanes Mientras tu madre tu cabeza pura Bautiza con sus gotas de ternura, Las que tu padre enjuga blandamente Al deponer un ósculo en tu frente, Dejando en esas lágrimas escrita Una dulce palabra:--«¡Eres bendita!»

* * *

Iris de paz y ventura, Sueño de toda mi vida, Que naciste para mí Como el sol tras noche fria! ¡Ah! cuando tus bellos ojos Entreabriste adormecida Sentí que en esa mirada Me llenabas de delicias; Como el ciego que cobrando Loco de gozo la vista Quiere abrazar á la luz Pensando que lo acaricia. Si tú entendieras mis sueños, Mis esperanzas perdidas, En esos labios de rosa Con besos te contaría Que antes de venir al mundo En mi mente eras nacida... ¡Oh, si tú me comprendieras Cuántas cosas te diria! Entonces supieras tú Que era muy triste mi vida, Antes de ver á tu madre Que la convirtió en delicias; Entonces fué que la llama Brotó de tibias cenizas, Entonces fué que mi pecho De nuevo se abrió á la dicha, Y desde entonces serenos Se deslizaron mis dias, Entre esperanzas risueñas Que el futuro embellecian, Y gratas conversaciones Llenas de amor y alegría Que terminaban diciendo: «¡Ah, no tener una hija!»

Oh, cuantas veces paseando. En una tarde tranquila, Al sentarnos cavilosos Del ancho mar á la orilla Con el baston, en la arena Mil caractéres ponia: Ya una palabra aislada Signo de melancolía; Ya una linea caprichosa Cual la idea fugitiva: Ya una letra mutilada Cual del infeliz la vida. Y sin pensar de repente, Si estas lineas recorria Encontraba escrito en ellas: «¡Ay, no tener una hija!»

Muchas veces junto al fuego En las noches invernizas Cruzaban breves las horas Mirando al fuego que ardia, Siguiendo su oscilacion Y viendo brotar sus chispas, Que en sus fantásticos giros Todo el hogar recorrian, Hasta caer soñolientas Entre pálidas cenizas; Y entonces en los carbones Que á trecho en trecho lucian, Como dos ojos ardientes Sobre frente encanecida, Nos parecia leer: «¡Oh, no tener una hija!»

Naciste tú, y has colmado La copa de nuestra dicha: Ya no en fantásticos sueños Nuestra mente se fatiga: Fijos delante tu rostro Con nuestra vista en tu vista, Bebemos miel deliciosa En tu inefable sonrisa; Y pensamos en tu suerte Cuando vengan otros dias, Cuando corazon y mente Con doble peso te aflijan, Haciendo inclinar tu frente Como una rosa marchita; Cuando á los piés de tu cama Colocada de rodillas Alabes á tu Criador En tus plegarias de niña; Cuando pidas á tus padres Que amorosos te bendigan, Dándote un beso en la frente Para ir á dormir tranquila; Cuando indagues cavilosa En mi frente encanecida Los hondos surcos que marquen El tránsito de la vida; Cuando recorran tus ojos Estas paternales líneas, Que si eres feliz leerás Con angélica sonrisa, Y si sufres, se verán Por tu llanto humedecidas; Cuando en un mar proceloso Pueda servirte de guia, Llevándote ángel hermoso Hasta el puerto de la dicha, Como te llevo en mis brazos Hasta la cuna tranquila.

Abre esos ojos azules Do la ternura se anida, Oye mis tiernas palabras Y luego duerme, hija mia.

* * *

¿Vés de tu madre la húmeda pupila Que fija en tí, cual mágica sibila Parece que interroga el porvenir? Si, le interroga, y pide que el destino Matizando de flores tu camino Embalsame de dichas tu vivir.

Hoy que yaces envuelta en la inocencia Y no puede abarcar tu inteligencia Lo que es la maternal contemplacion. Entenderás la voz del sentimiento Que inoculada en mi amoroso aliento Descenderá á tu puro corazon.

No te señalaré de las estrellas Ni el claro sol, las rutilantes huellas, Para elevar tu mente al Hacedor: No obligaré á que dobles la rodilla Al que arrojó en el mundo la semilla Del árbol que se eleva á su Criador.

No te diré si el vicio desbocado, Cual torrente del monte desatado, Quiere hacer las virtudes zozobrar; Oh, no sabrás si alzada la cabeza Enarbola bandera la impureza De la familia en el derruido altar.

Nunca tu padre manchará tu frente, Donde brilla la luz del inocente Como en los rios nubes de zafir; Por mostrarte la crápula del vicio, Jamas te acercaré del precipicio Que vértigo derrama en el vivir.

Me inclinaré sobre tu boca pura Y te daré consejos de ternura En el ignoto idioma del amor; Y mis palabras bajarán á tu alma Cual en noches de estío, en grata calma Se inocula el rocío entre la flor.

Inefables consejos ignorados, Sin traduccion, como ecos tribulados Del aura de la noche en el jardin; Nadie entiende sus quejas doloridas Pero al nacer la aurora, entretegidas Se ven brotar do quier rosas sin fin.

Nadie comprenderá ahora mi acento: Mas llegará, hija mia, algun momento Que se verán las rosas jerminar, Y alzando ufanas sus cabezas rojas El viento murmurando entre sus hojas Se bañará en lo que hizo fecundar.

Algun dia serás lozana rosa Cuando mi frente pálida y rugosa Se incline en tu perfume á refrescar; Cuando el labio marchito de dolores Quiera gozar el aura de las flores Sintiéndote, ángel bello, respirar.

Dios te colme de santas bendiciones Apretando los duros eslabones Que separan del vicio á la virtud, Y tierna madre, enamorada esposa, Mire brotar pimpollos de mi rosa Para aliviar mi ingrata senectud.

El genio de la paz y la armonía Cubriendo tu cabeza noche y dia Te guarde del aliento del dolor; Y el ángel puedas ser de tu familia Que en las eternas noches de vigilia Dés amparo á las prendas de tu amor.

Y de los niños fiados á tus manos Salgan fuertes y buenos ciudadanos Formados en el halda maternal, Donde aprendan á odiar la tiranía Y á combatir con ínclita porfía Por los santos principios de igualdad.

¡Oh, la mision de la mujer es santa! Ella la flor de las virtudes planta Del niño en el fecundo corazon, Y cuando vé á la patria que agoniza Desprende de su seno á el ancha liza De patriotas audaz generacion.

Así en Mayo nacieron los campeones Que rompieron los duros eslabones Que nos forjó la torpe iniquidad, Y con la leche encima de los labios, Fuertes guerreros, gobernantes sabios Contempló con asombro aquella edad.

Y hoy en la lucha santa que emprendimos Niños sobre la arena descendimos Para arrimar el hombro al patrio altar, Y al darnos nuestra madre abrazo estrecho Nos pone sollozando sobre el pecho Los colores de Salta y Tucuman.

De la virtud modesta de los lares Guarda el fuego sagrado en tus altares, De la familia cándida vestal; Que ese fuego que el casto hogar calienta Es la luz que nos guia en la tormenta De la vida, cual místico fanal.

II

Á UN AMIGO DE 24 HORAS

En los ardientes climas tropicales Con el rocío de una sola noche, La perfumada flor abre su broche Y al sol y al aire entrega su beldad. Así en mi corazon, de amor fecundo, Ha brotado en un dia una flor pura, Y esa flor de rarísima hermosura Es por tí mi simpática amistad.

III

LAS TRES MARIAS

CONSOLANDO Á UN AMIGO QUE HABIA PERDIDO TRES HIJAS, LAS TRES CON EL NOMBRE DE MARÍA

Por qué llorais, esposos, la prematura muerte De las criaturas bellas, frutos de vuestro amor, Cuando al morir cambiaron perecedera suerte Por la que goza el ángel en torno del Señor.

Llorais porque sus rubias cabezas inclinaron Sobre la fria almohada del lecho sepulcral, Y cual mortales tristes al sueño se entregaron, Y ángeles despertaron del coro celestial?

¡Oh! no sabeis sin duda que la alta Providencia Para su dicha eterna tal vez lo quiso así, Para salvar del mundo su cándida inocencia Que atropellar pudiera del vicio el frenesí.

Fueron tres flores bellas en un rosal brotadas Que al ostentar ufanas su grato rosicler, Cruzaron por el cielo nubes encapotadas Y el viento tempestuoso las arrancó al nacer.

Fueron tres gotas de agua lloradas por la noche En el virgíneo cáliz de la fragante flor, Y que al brillar el dia, cuando entreabrió su broche, Se evaporaron todas al matinal calor.

Fueron tres mariposas de alas tornasoladas, Que al encontrar amargas las flores del jardin, Al cielo se elevaron, buscando atribuladas Las flores con que ciñe su frente el serafin.

Fueron tres chispas ténues de la divina hoguera Que vuestros corazones de casto amor llenó, Chispas que remontaron á la celeste esfera, Y que en estrellas fijas el cielo convirtió.

Por qué llorais entonces, cuando en las noches bellas Podeis hasta los cielos vuestra mirada alzar, Y contemplar brillando las tres blancas estrellas En que á _las tres Marías_ Dios quiso transformar.

Esas estrellas puras son vuestras tres Marías: Flores de una mañana que no tuvo su ayer, Mariposas que huyeron de las regiones frias, Gotas de agua perdidas del cielo al descender.

Felices esos seres, que nunca conocieron La punzadora espina que labra el corazon, Y el inocente labio jamas humedecieron En la dorada copa que mana corrupcion.

Felices esos seres, que nunca calentaron Las engañosas manos de la amistad infiel, Que nunca las miserias del mundo presenciaron Ni el dictamo sagrado vieron trocarse en hiel.

Oh, no lloreis, esposos: mejor es su destino; Su vida es mas tranquila y exenta de dolor; Sentadas en las gradas del trono diamantino En torno de sí vierten mas suave resplandor.

Tú, padre, que navegas en borrascosa vida, Eleva á Dios tus manos porque á su lado esten, Como al audaz marino que en nave combatida Recuerda que sus hijos espuestos no se ven.

Tú, madre, que has sentido las santas alegrías De ver brotar la vida del seno maternal, Espera: aun no ha pasado la aurora de tus dias Y ha de brillar un dia de gozo sin igual.

En las calladas noches alzad la vista al cielo, Mirad á vuestras hijas resplandecer allí, Y sentireis el alma bañada de un consuelo Que para el alma enferma nunca se encuentra aquí.

IV

EN UN ÁLBUM

Que á cada hoja del álbum de tu vida Que desdoble la mano del destino, Al seguir los inviernos su camino Las primaveras queden en tu sien; Y así, que en cada año que transcurra Añadas una flor á tu guirnalda, Y que cruzando prados de esmeralda Llegues hasta las puertas del Eden.

V

AL PRIMOGÉNITO DE UN AMIGO

Hoy que el placer corona tu cabeza, Quiero estrechar tu mano con terneza Y darte el parabien: Porque en los dias de contento ó duda La mano del amigo nos ayuda A soportar nuestro placer tambien.

Hoy un hijo ha nacido en tu familia, Como tras larga noche de vigilia Se vé brillar el sol; Y su sonrisa pura cual la aurora Todo el hogar doméstico colora Tiñendo los semblantes de arrebol.

Bendigo á Dios, que desde el alto cielo Al ver tu corazon envuelto en duelo, Un niño hizo nacer, Para que despertando á la alegría Sacase de mi lira una armonía Con sus dedos de leche y rosicler.

Bendice á Dios tambien, triste en el mundo Has sido presa del dolor profundo Que roe el corazon, Hasta que un ángel que bajó del cielo Te dió en su labio plácido consuelo, Y te abrigó en sus alas con uncion.

De su frente nacieron tres estrellas, Como ella puras, cual su rostro bellas, Que volaron á Dios En alas de la brisa rumorosa, Que repitió la queja dolorosa Que brotó el alma rota de los dos.

Hoy en vez de una estrella fugitiva Ves brillar una flor nitida y viva De perfume inmortal, Que no ha de marchitar el cierzo helado Si del materno seno enamorado Tiendes sobre ella el cándido cendal.

No conozco aun á tu hijo, mas soy padre, Y al través de los ojos de su madre Le miré con amor, Como al través de un rayo luminoso Desprendido de un cielo magestuoso Suele verse á lo lejos una flor.

Mas conociendo tu alma generosa Y el corazon sencillo de tu esposa, Tu hijo conozco ya, Porque la flor lozana y perfumada Por la mano divina destilada Siempre una esencia embriagadora dá.

Conociendo la flor, siento su esencia, Que apesar, caro amigo, de la ausencia, La brisa trae á mí, La brisa del recuerdo y del cariño Enviada por el hálito de un niño, Que hoy me refresca y que te baña á tí.

Que nunca á tu vivir falte ese aliento, Que siempre de tu esposa el blando acento Mitigue tu dolor; Que nunca falten flores á tu almohada, Ni miel en tu colmena perfumada, Ni en el hogar el hijo de tu amor.

VI

¿POR QUÉ LLORAR?

(EN UN ALBUM FÚNEBRE, RECORDANDO Á UNA MADRE SU HIJO MUERTO EN EDAD TEMPRANA)

Por qué sobre el torrente de la vida, Como una flor del árbol suspendida Te inclinas á llorar? Madre y esposa, veo en tus miradas, Que buscas en sus olas agitadas Al hijo que en su fondo viste ahogar.

* * *

Te diré donde está: bajo una losa Su blando cuerpo trémulo reposa, Tibio aun con tu calor. ¡Blanca flor que cayó de tu guirnalda Y que al bajar á la maternal falda Llevó marchita el viento del dolor!

* * *

¿Quiéres sentir su espíritu invisible? En el hogar doméstico apacible, Nido de la quietud, Sentirás un perfume penetrante, Ese es de tu hijo el corazon amante Impregnado en tu amor y tu virtud.

* * *

Asi sucede en la colmena rota Cuando el invierno asolador agota La balsámica miel: Siempre queda el perfume, y mas nutrida Llega á encontrarla estacion florida Rica con los productos del vergel.

* * *

Mira ese cielo. ¿Ves aquella estrella, Que entre las otras fúlgida descuella Del mar en el confin? Ese es tu hijo tambien. ¡Chispa divina, Que brotó de tu mente peregrina, Y en sus alas llevóse un serafin!

* * *

¿Por qué llorar? Feliz tú, que amorosa Aun puedes suspirar sobre una losa, Tibia con tu calor, Y aun puedes aspirar el suave aroma Del alma de tu hijo, que ora asoma En el cielo cual astro de tu amor.

VII

Á LA NIÑA LEONOR

Ven á mis brazos, niña encantadora, Y mírenme tus ojos con dulzura, Que me retratan la mirada pura De una hija, á quien recuerdo sin cesar. Tú tambien eres mi hija en el cariño Pues lo eres de una amiga cariñosa, Y de tu padre el alma generosa Unida está á la mia en amistad.

Ven á mis brazos, ven, para adormirte Te arrullaré con versos de cariño, Y en tu frente mas pura que el armiño Un castísimo beso imprimiré; Porque los niños son, Leonor querida, Para el hombre una gota de consuelo, Para que el poeta inspiracion del cielo Que en la pureza y la virtud dan fé.

* * *

En el seno de tu madre Tu frente oculta, ángel mio, Cual la gota de rocío En el cáliz de la flor, Y mientras el mundo torpe No empañe de tu cabeza El sello de la pureza, Duerme tranquila, Leonor.

Flor delicada y hermosa En el jardin de la vida, Hoy te miras protegida Por el maternal amor. ¡Ay! antes que por los cierzos Te mire despedazada, En esa blanda almohada Duerme tranquila, Leonor.

En esa edad infantil Exenta de sinsabores, Es tu camino de flores, Tu vida sueño de amor; Pero antes de penetrar A otro camino de abrojos, Cerrando tus bellos ojos Duerme tranquila, Leonor.

Paloma de la inocencia Tan cándida como bella, Tan pura como una estrella De la mañana en su albor, Si quieres vivir feliz No dejes tu blando nido, Mientras te canto al oido Duerme tranquila, Leonor.

Pimpollo apenas abierto, Algun dia serás rosa, Que derramará pomposa Su perfume embriagador... Pero ¡ay! entonces tal vez Te oprimirán las congojas!... Antes que esparsas tus hojas Duerme tranquila, Leonor.

Tal vez el mundo te brinde La copa de los amores, Y en ella en vez de dulzores Bebas amargo dolor; Tal vez serias dichosa, Mas mi cariño te dice Que hoy cual nunca eres felice... Duerme tranquila, Leonor.

* * *

Triste es la vida, sí, bella criatura, Pero tambien en ella hay gratas flores, Que llenan con suavísimos olores El sendero, que lleva á la virtud; Hay tambien sus delicias inefables En llenar los deberes de la esposa, La mision de la madre cariñosa, Y aliviar la cansada senectud.

Que la mujer es ángel de la tierra Que Dios creó para hermosear el mundo, Para que en medio del dolor profundo Dé al corazon el bálsamo de paz. Tú no comprendes hoy estas palabras Mientras duermes tu sueño de inocencia, Mas cuando brille en tí la inteligencia Mis versos con amor estudiarás.

VIII

ELIZA EN LA TUMBA

A dónde fuiste, blanca flor, caida Del árbol de esperanza de la vida A ese abismo sin fin; Cual de la palma al borde de un torrente Hoja que arrastra rápida corriente, Y la lleva á regiones sin confin?

Al borde de ese abismo te lloramos, Y con vista anhelosa te buscamos Sin poderte encontrar, Como busca con ansia el marinero Al que cayó del alto mastelero Y se perdió en las ondas de la mar.

Y tus padres te llaman con ternura, Y en esa piedra silenciosa y dura Se estrella su dolor, Como el llanto que el párpado humedece Se retira, se oculta y desaparece Al encontrar un mundo sin amor.

Ya de tu rostro no verán, Eliza, Resplandecer la plácida sonrisa, Como el rayo de luz Cuando brilla la estrella vespertina, Que halaga dulcemente y que ilumina Cuando la noche tiende su capuz.

Tu lecho se halla solitario y frio, Tu asiento acostumbrado está vacio En el paterno hogar, Como el nido de cándida paloma Que al mirarse con alas, vuelo toma Y al cielo sube para no tornar.

Por qué cambiaste la materna almohada De amor y de inocencia perfumada Por esa terrenal, Cual virgen consagrada á los altares Que deja la guirnalda de azahares Para dormir en losa sepulcral?

Tú dejaste el mundo, virgen pura, Porque al probar del mundo la amargura Lloró tu corazon, Y en su llanto se ahogó, como esas flores Que al derramar suavísimos olores Se ahogan con su propia emanacion.

IX

Á CATALINA

Dios abriendo sus manos desde el cielo Distribuye sus dones generosos: Al árbol dá los frutos deliciosos, Y al valle ameno la fragante flor. Y la mujer, cual ángel de la tierra, Reina de la creacion que ha embellecido, Lleva en sí como vaso bendecido Los gérmenes fecundos del amor.

Tú, Catalina, eres el dulce fruto De una mujer, que cual lozana planta, En su corona fresca flor levanta, Mientras el fruto de sus ramas dá; Eres la prenda del cariño tierno De un noble amigo, que con blando anhelo, Guarda esa planta del rigor del cielo Cuidándola con amoroso afan.

Por tí, por ellos hoy mi voz levanto Para cantar la aurora de tu vida, Cual ave que entre rosas escondida Canta á la rosa que abre su boton; Abre el oído, hermosa miniatura, Para escuchar mis blandas armonías, Antes que de la tierra las orgías, El eco te conturbe el corazon.

Salve, blanca paloma de inocencia, Que por primera vez tiendes el ala, Y cuyo pico, que pureza exhala, De la vida en el cáliz vá á beber; Vuela, tiende tu cuello blandamente, Para que no se agite la onda pura, Que levantando la hez de la amargura Te ofrecerá veneno en vez de miel.

Bebe una gota al borde de ese cáliz, Una gota no mas, y en raudo vuelo, Como si fueras á buscar tu cielo Vuelve á asilarte al seno maternal, Porque sinó de la pasion al soplo Desbordará un torrente enfurecido, Que arrastrará á las playas del olvido Tu vida y tu inocencia angelical.

Vuela y vuelve á dormir tranquilamente De la esperanza en la divina almohada, Por el amor materno perfumada, Vuela y vuelve paloma á reposar; Y ojalá que al abrir tus ojos bellos, Por la razon fulgente iluminados, De lágrimas no se hallen empañados, Ni puedan estas páginas borrar.

X

Á UN AMIGO

QUE ME ASISTÍA EN UNA ENFERMEDAD, SIENDO MI MÉDICO UN AMABLE FILÓSOFO

Mi médico, suaviza mis dolores Hablándome de ciencia y poesía, Como Platon el ático lo haría Perteneciendo al gremio de doctores.

Tú en los remedios que haces, viertes flores Que impregna la amistosa simpatía, Y de tu mano brota noche y dia Bálsamo aliviador de sinsabores.