Part 11
En sus ondas azules se reflejan Del cielo la bonanza y tempestad, Cual tus ojos azules reproducen De otros ojos la sombra y claridad.
Sus linfas puras entre fango nacen Mas cristalinas caminar se ven, Cual tú nacida de la tierra impura, Pura te miro caminar tambien.
X
DESPEDIDA
Adios, mujer nacida para inspirar amores, Nacida como nacen en el jardin las flores, Para esparcir en torno su misterioso olor; ¡Adios! palabra amarga que sale de mi seno, Y que mis labios quema como letal veneno, Cuando en mis ojos brilla la gota del dolor.
Adios, mas no por siempre: un mundo hay mas hermoso, Y cuando al seno vueles del Todo-Poderoso Volverte á ver espero tan bella como aquí; Pero si en el inmenso celeste paraiso A tí no te encontrase, mi celestial hechizo, Los celestiales goces tristes serán sin tí.
Adios, vuelvo á decirte, adios ángel divino, A quien pusiera el cielo delante mi camino Para calmar mis horas de doloroso afan; Desde el momento mismo que pude contemplarte, Mi corazon ardiente tan solo supo amarte, Como en la vida se ama, solo una vez no mas.
Adios, sueño querido, que me halagó un instante Cuando soñé demente que un corazon amante Latia sobre el mio con férvido afanar, Adios, visiones vagas que atormentais mi pecho ¡Oh no volvais ya nunca á visitar mi lecho, Que aunque soñar es dulce, muy triste es despertar!
Adios, adios por siempre, celestes fantasías Que al corazon tranquilo, y en mas serenos días, Brindaron halagüeñas, dichoso porvenir, Pasad engañadoras visiones peregrinas: En vez de frescas rosas tan solo piso espinas, Y el sol de mi esperanza no veo ya lucir.
¡Adios!... mas no es posible dar un adios eterno A tu divina imágen y á tu recuerdo tierno, Que mi inmortal memoria no olvidará jamas; Delante de mis ojos siempre estarás presente, Y en mi alma, y en mi pecho y en mi abrasada mente Tu imágen deliciosa se gravará tenaz.
Yo sentiré en la brisa tu perfumado aliento, Tu voz consoladora traerá á mi oido el viento, Y te veré en las nubes cruzar como vision; Yo sentiré tus pasos en medio á las tinieblas, Y al ver cubrirse el aire de transparentes nieblas, Tus blancas vestiduras veré yo en mi ilusion.
Oh, si el destino crudo de tí no me apartara, Si de los patrios lares ¡ay Dios! no me arrojara, Mi porvenir entero se cifraría en tí! Porque al mirar tu rostro tan cándido y divino Veo que mi destino se liga á tu destino; Veo que para amarte tan solo yo nací.
Entonces tú serías la refulgente estrella, Que iluminases pura la fatigosa huella Que el hombre en este mundo tiene que atravesar; Entonces tú serías el sol de mi existencia, Entonces estasiado de amor en tu presencia De amor entre tus brazos quisiera yo espirar.
Entonces por tus gracias celestes inspirado La lira del poeta pulsára entusiasmado Y á tí te dedicára mis cánticos de amor. Oh, tú me inspirarias canciones inmortales, Y al oirlas estasiados, del orbe los mortales, Tu nombre repitieran con alta admiracion.
Entonces fuera grande, por tu esplendor guiado; Con el laurel del genio me viera coronado Para arrojar coronas de glorias á tus piés... Qué digo de coronas de gloria en mi delirio? Yo siento la corona del perennal martirio Clavando sus espinas en mi marchita sien.
Adios, de nuevo os digo, sueños encantadores, Dejad en mis oidos de susurrar amores, Que aunque soñar es dulce, muy triste es despertar: Posaos sobre la almohada de la mujer que adoro, Llevadle algunas gotas de mi amoroso lloro, Para que en medio al sueño me pueda recordar!
XI
TU ESTRELLA
(CANCION ARREGLADA Á MÚSICA)
En medio de la noche Al contemplar tu estrella, En su fulgente huella Mi alma te busca á tí; Y pienso que al mirarla Brillando placentera En celeste esfera, Te acordarás de mí.
Ausente de tu lado Mirando ese astro bello Creeré ver un destello Emanacion de tí; Y esclamaré con ansia:-- Tal vez la hermosa mia En medio á la alegría Se olvidará de mí!
Cuando de tí me aleje Y á los combates vaya, En medio á la batalla Me acordaré de tí, Y esperaré la noche Para calmar mi anhelo, Interrogando al cielo:-- ¿Se acordará de mí?
¡Adios! nunca me olvides, Y que tu estrella amiga Siempre á tu mente diga Que estoy pensando en tí: Y si en el campo caigo Por la metralla muerto, Mira ese rayo incierto Y acuérdate de mí.
XII
NADA DIRÉ
La belleza se ciñe la corona Que entretege el amor y la amistad, Arrancando una flor á cada zona, Tomando un pensamiento á cada edad.
Y la contempla el mundo entusiasmado, Coronada, de pié sobre el altar, Sobre el altar de joyas incrustado, Cubierto de jazmines y azahar.
Por eso guardo mi modesta ofrenda Que es la silvestre y solitaria flor, Que á tu corona, de las gracias prenda, Dar no puede fragancia ni esplendor.
Yo que no tengo cortesano genio Nada quiero decir ante tu altar, Cuando otros mil las flores de su ingenio Á tus plantas vendrán á derramar.
Nunca con alabanzas fementidas Incensaré las luces de tu faz, Solo palabras tiernas y sentidas En vez de incienso mentidor tendrás.
No en la trípode de oro del poeta Belleza celestial te cantaré, Pero tendrás mi admiracion secreta, Y poseerás del corazon la fé.
No te diré si es bella tu cabeza, Ni si tienes de Fidias el perfil, Ni si tu frente, cielo de pureza, Está cubierto con estrellas mil.
No te diré si tu alma resplandece Como diamante en urna de cristal, Ni si tu seno blando se estremece Como la niebla al soplo matinal.
No te diré si el labio que enamora En sus palabras desparrama miel, Ni si al caer, cual perlas del aurora, Hacen brotar las flores del vergel.
No te diré si tus hermosos ojos Son dos astros que Dios dejó caer, Para alumbrar los púdicos sonrojos Que tus mejillas suelen encender.
No te diré si tus cabellos rubios Que circundan tu frente cual capuz, Llamas son de magnéticos efluvios Que de tu mente vuelan á la luz.
No te diré si tus airosos brazos Los gajos son de madreselva en flor Si se entreabren para dar abrazos Y al pino añoso visten con amor.
Solo diré:--«Jamas á tu cabeza Falte la eterna flor de la virtud, Ni la sonrisa falte á tu belleza, Ni al corazon le falte su quietud.»
XIII
EN EL ÁLBUM
DE LA HIJA PÓSTUMA DE UN COMPAÑERO DE ARMAS
En el libro inmortal de nuestra historia Busco un nombre que guarda mi memoria Y tu filial amor, Y al encontrar la página enlutada La veo al mismo tiempo señalada Por una fresca y perfumada flor.
XIV
VERSOS
(EN UNA CORONA DE LAUREL)
Si faltase una hoja á tu corona Y colocarla fuese dado á mí, Sea ese lauro que á tus sienes falta La admiracion que te consagro á tí.
XV
UN RETRATO SIN NOMBRE
Quiero hacer tu retrato, mujer bella Mirando de tu rostro la hermosura, Que irradia en torno suyo la luz pura Como desde los cielos una estrella...
Mas no tengo un pincel con que pintarte, Que el cielo me ha negado el don precioso Que al lienzo dá trasunto primoroso, La inspiracion uniendo con el arte.
Y el mas hábil pintor nada podría No teniendo del iris los colores, Y los varios matices de las flores, Que en tu persona brillan á porfía.
Cómo pintar tu rostro de azucena Sin combinar los cándidos jazmines Al brillo de la nieve en los confines Alumbrada por luz blanca y serena?
¿Cómo pintar tu rubia cabellera Que en ondas de oro baja de tu frente, Sin las hebras de luz del sol ardiente Cuando espléndido brilla en alta esfera?
Sin el sereno azul del firmamento ¿Cómo pintar de tu ojo la dulzura, Y esa mirada cariñosa y pura Que hace olvidar al hombre su tormento?
Sin las rojizas nubes de occidente ¿Cómo dar vida á tus purpúreos labios, Que hacen borrar del mundo las agravios Cuando al hablar se entreabren dulcemente?
¡Oh, jamas! del artista la paleta Esas tintas tendrá para pintarte! Y si alguno pudiera retratarte Seria en su entusiasmo algun poeta!
Ven á mis manos, armoniosa lira: Quiero cantar la gracia y la belleza, Que el entusiasmo que arde en mi cabeza Manda que cante á la beldad que inspira.
No encuentro nombre que darle Y mi ardiente fantasía No tiene la poesía Que esa imágen tiene en sí. Cantaré sus perfecciones Mucho mas bellas al verlas, Mas si quereis comprenderlas A contemplarlas venid.
¿La conoceis? es un ángel Bajado del alto cielo, Para verter el consuelo Del hombre en el corazon: Es una cosa sin nombre Como una luz misteriosa, Como vision vaporosa, Como un acento de amor.
Es blanca como la luna, Es pura como una estrella, Es tan cándida y tan bella Cual la primer luz del sol, Como esa luz que se mezcla A los tintes de la aurora, Y el verde campo colora Con espléndido arrebol.
Es una cosa sin nombre Entrevista en un ensueño, En que se mira el diseño Y no se puede esplicar, Ó cual los ecos sin nombre Que en mágica melodía De la noche en la armonía El alma suele escuchar.
Es una cosa sin nombre Cual las quejas del amante, Cuando suspira anhelante De la música al compas; Como el perfume que exhala El cáliz de una flor pura, Que inspira amor y ventura, Y alivia el dolor tenaz.
Como el sol en el ocaso Cuando moribundo arde, Cual la estrella de la tarde En la calma celestial; Como el canto de las aves En la enramada florida, Ó cual sílfide vestida De vaporoso cendal.
Es una cosa sin nombre Como esas blancas visiones, Que en largas meditaciones Pasan con vuelo fugaz; Ó como el blando murmullo Que se oye en la selva umbría, Cuando de la noche fria Sopla la brisa fugaz.
Sol, estrella, luna, flor, Aurora, sílfide, brisa, Que alumbra con su sonrisa Y alumbra con su mirar, Es original sin tipo Que encierra en sí al universo, Y que no es dado, ni al verso, Ni al pincel el retratar!
La lira cae de mi cansada mano, Y me siento vencido en tu presencia: Perdóname si quise en mi demencia Tu candorosa imágen retratar. No es dado á los pinceles ni á la lira Ofrecer de tus gracias una idea, Y todo aquel que tus encantos vea Admirarlos podrá, mas no copiar.
No vivirás en mármoles, ni en lienzos, No robarán tus formas los cinceles, Ni colores darás á los pinceles Para causar al mundo admiracion, Por eso yo, tu rostro contemplando, Hice un bosquejo en vez de tu retrato, Mas me consuela el pensamiento grato Que tu retrato está en mi corazon.
XVI
NOCHES DE DICIEMBRE
En esas noches serenas De Diciembre delicioso, Cuando entregada al reposo La tierra parece estar, Y cuando la blanca luna Cruza el ancho firmamento, Absorto en mi pensamiento Yo me complazco en vagar.
Miro brillar en el cielo Las estrellas encendidas, Letras de luz esparcidas Por la mano del Creador, Que en inefables palabras Revelan nuestro destino, Y señalan el camino Del audaz navegador.
Miro la onda agitada, Que corona leve espuma Y entre misteriosa bruma Melancólica gemir; Y en la playa solitaria Estenderse blandamente, Y bajo otra ola rugiente Desfallecida morir.
Miro del árbol sombrío Como se ajita el ramaje, Mientras el verde follaje A compas se oye vibrar. Como si un aéreo coro En él tuviese su nido, Para recrear el oido Con misterioso cantar.
Miro cruzar por el aire Mil fantasmas vagarosas, Cual las sombras vaporosas Que en sueños vemos pasar, Y por la mente, alumbrada Con el reflejo del alma, Las miro en plácida calma Lijeras atravesar.
Entonces mi alma estasiada Se desprende de este suelo, Y se remonta hasta el cielo A contemplar la creacion; Y desplegando sus alas Como el águila altanera, Vuela de esfera en esfera En rápida sucesion.
Si por acaso una voz Dulce, tierna y melodiosa, Una cancion armoniosa A lo lejos hace oir, La música me figuro De la danza de las horas, Que con sus plantas sonoras Hacen el aire crujir.
Si á la vez, la mansa brisa Que á los jazmines halaga Y entre su copa se embriaga, Viene mi rostro á besar, Creo que alguna sílfide Que cruza por el ambiente Toca mi pálida frente Con sus alas al pasar.
Y si una mujer hermosa De blanca tela vestida, Ante mi vista abstraida Pasa como aparicion, En éxtasis arrobado Bajo influjo de un hechizo, Creo que del paraiso La puerta abre una vision.
Pero el aire de la noche Mis pensamientos enfria, Y apaga cual lluvia fria De la mente el resplandor: Que así el vapor de la tierra Se desprende en forma leve, Y luego en forma de nieve Debilita su calor.
XVII
DOS PENSAMIENTOS
Como una estrella fugaz Que luce en la noche umbría, Brilló un instante María En el valle del dolor: Era una vírgen, tan pura Cual de la tarde la brisa, Cuya mágica sonrisa Reflejo era del amor.
Se marchitó como rosa Que su perfume derrama, Como fosfórica llama Un solo instante vivió; Porque faltaba á su alma El aire puro del cielo, Y tomando raudo vuelo Otra atmósfera buscó.
Un dia que en un jardin Ivamos juntando flores (Emblemas de los amores Que en la tierra puso Dios) Un pensamiento la di, Y ella me dió un pensamiento, Y animada de contento Formó un ramo de los dos.
Aquellos dos pensamientos Su vida simbolizaban, Ó quizá identificaban Su vida, su alma y su ser, Porque apenas en su pecho Hallaron tibia guarida, Pálida y desfallecida Bajó la marchita sien.
Sobre el lecho de agonía Cayó, como flor tronchada Por el viento deshojada, Y su frescura perdió; Y cual se exhala el perfume Del cáliz de lirio hermoso, De su cuerpo primoroso Su alma angélica voló.
Antes de cerrar sus ojos Y dar el último aliento, Con blando y lloroso acento A su lado me llamó: Su bello rostro cubría La palidez de la muerte, Y con mano casi inerte Dos pensamientos me dió.
Y me dijo:--«Dulce amigo, «Solo en el mundo te dejo: «Del valle triste me alejo, «Y no te veré ya mas, «Y hasta que llegue el instante «De oir de Dios los acentos, «Guarda esos dos pensamientos, «Y no me olvides jamas!»
Esos pensamientos mústios Dados de muerte en el lecho, Yo los conservo en mi pecho Como sacro talisman, Porque se hallan impregnados Del espíritu invisible Del alma pura y sensible, Que calma mi triste afan.
Yo que profeso en el alma La religion de la muerte, Sobre su sepulcro inerte, Llanto y flores derramé, Y entre las fúnebres flores Lágrimas puse á millares, Y entre blancos azahares Pensamientos coloqué.
Y al pié del mústio sepulcro De la cándida María, Mis ojos vieron un dia Dos pensamientos brotar, Y luego ví el huracan Llegar con vuelo violento, Deshojar un pensamiento... Y uno tan solo dejar.
XVIII
EL VELO
La mies se corona de espigas doradas, Y el cielo se esmalta con nubes de azul, Las flores se envuelven con hojas variadas, Y en gajos flexibles el verde abedul.
Se ciñe el guerrero con palma triunfante, El rey con diadema circunda la sien, La falsa coqueta prefiere un diamante, Que á par de ella, muchas prefieren tambien.
Se ciñen los montes coronas de hielo, De blancas espumas las olas del mar, De fresco rocío las plantas del suelo, De llamas rojizas la esfera solar.
Mas hay una bella que dulce y modesta Ni flores, ni nubes, ni llamas buscó, Y en vez de la joya que adorno le presta, Con diáfano velo su frente ciñó.
* * *
Si fuese al combate, colgára en mi lanza Con lauros de triunfo su leve crespon, Y altivo, animado de doble esperanza Seria de guerra mi sacro pendon.
Si fuese marino, colgára ese velo Por vela á mi buque, por toldo á su iman, Y en calma mirando los astros del cielo Las iras burlára del negro huracan.
Si fuese poeta, mi armónica lira Podria al amparo del ténue cendal, Y al son de la brisa que mansa suspira Le diera inspirado su acorde final.
Si fuese viajero deseara una palma Que sombra tranquila me diese á su pié, Como esa que el velo, con plácida calma, Derrama en la frente que el ojo entrevé.
* * *
Feliz el que pueda del cándido velo Alzar el estremo que cubre la sien, Porque ese, olvidando las penas del suelo, La luz habrá visto del mágico Eden.
Feliz el que pueda con él envolverse Y dar estasiado su espíritu á Dios, Y ver á la tierra de vista perderse, Cual ave que asciende con ala veloz.
Feliz el que pueda colgar á su estremo La escelsa corona de rosa y laurel, Cual símbolo hermoso del genio supremo Que indique á la reina de todo el verjel.
Feliz el que pueda mezclar sus despojos Al polvo impalpable que el viento alzará, Cuando esa belleza con llanto en los ojos Desgarre ese velo que sombra le dá.
* * *
Mas esto es muy triste, tal vez distraido Su frente he podido de nieblas cubrir, Y al velo que lleva solo es permitido Con nubes lijeras su frente circuir.
Él es como nube que cruza su frente, Cual cruza los cielos la bruma fugaz, Realzando en el fondo su rostro esplendente Que adornan matices del iris de paz.
Yo soy como un ciego que canta á la puerta Deseando al que me oye placeres y amor, Deseando que nunca se mire cubierta La gaza, con perlas que borde el dolor.
¡Mas no soy tan ciego! pues miro en el cielo Brillar las estrellas con tibio fulgor, Y luego eclipsarse si entreabre su velo Mostrando dos ojos que irradian amor.
XIX
LA AGONÍA DEL POETA
¡Oh juicio divinal! Cuando mas ardía el fuego Echaste el agua.
MANRIQUE.
Genio, inspiracion divina, Fuego devora mi mente, Y siento en el alma ardiente Una llama circular... Mas ¡qué importa! si á la tumba Pronto caerá el genio mio, Como el torrente bravío Que vá á morir en el mar!
Ya del carro de la vida Los corceles fatigados Caen al suelo postrados Con anheloso estertor; Y ya el genio de la muerte Gira en torno á mi cabeza, Cual ave que de su presa Va volando en derredor.
Como el náufrago se abraza De las astillas flotantes, De las horas vacilantes Me abrazo con ansiedad; Pero en vano, que la urna De mis años, agotada, Sobre el abismo inclinada Se vé, de la eternidad.
Qué importa morir, si solo, He vivido en este mundo, Donde corre un aire inmundo Que no puedo respirar: Si mis lágrimas cayeron Confundidas en el cieno, Sin bañar el tibio seno Del amor á la amistad!
Qué importa morir, si nunca Los hombres me han comprendido, Si ninguno me ha tendido Una mano fraternal: Si cual la flor del desierto Que en soledad se consume, He dado al viento un perfume Que nunca sintió el mortal!
Mis ecos se han confundido Con la música lejana, Que se alza cada mañana Del seno de la creacion; Y entre el canto de las aves, Y el aroma de las flores, Del valle de los dolores Han subido á otra mansion.
Como las nubes de mirra Que perfuman el sagrario, Y brotan del incensario De las brazas al calor, Al fuego del entusiasmo De mi cabeza han brotado Los cantos, que he consagrado A la Patria y al Señor.
Jamas prodigué alabanzas A un miserable tirano, Ni del pueblo soberano Las banderas deserté: Fija la vista en el cielo, Nutrido de amor intenso, A Dios y al Pueblo el incienso Del corazon consagré.
La libertad fué la musa De los cielos mensagera, Que llenó mi alma severa Con su espíritu inmortal; Y en las negras tempestades Seguí con paso valiente, Su antorcha resplandeciente Y su faro celestial.
Oh, Dios, inspírame un himno, Ó una fúnebre elejia! Que baje á la tumba fria Cantando á la libertad! Permite que adorne un lauro Mi cadáver macilento, Y que no muera mi acento Cual voz en la soledad!
¡Pero ya es tarde! la mano Que marca la última hora, Se levanta aterradora Y vuelca el reló fatal; Y las cuerdas de mi lira, Como nervios doloridos Producen tristes sonidos Una á una al reventar.
En vano aplico el oido: Enmudece la memoria, Y á mis cánticos de gloria No responde el porvenir; Que al descender al abismo La corteza de mi alma, No se verá ni una palma Sobre la frente lucir!
Oh musa, vuelve otra vez A tu celeste morada, Que el abismo de la nada Pronto me va á devorar; Pero antes, rompe las flechas De mi carcax no vacio: Mi brazo perdió su brio, Y el arco se va á quebrar!
LIBRO CUARTO
POESÍAS FAMILIARES
I
Á MI HIJA DELFINA
No te hicieron los cielos tan hermosa Sinó para ser madre y ser esposa.
OLMEDO.