Part 10
¡Pobre poeta! Ni un hermano tierno Llegó tu mano cándida á estrechar, Mientras que en tu volcánica cabeza Germinaba la idea fraternal, Que debian los hombres agruparse En torno de un pendon universal, Y ayudándose todos como hermanos Conquistar la anhelada libertad. Hoy sobre el yerto polvo que te cubre Nadie su llanto viene á derramar, Porque proscripto por feroz tirano Moriste lejos del pais natal... Y al estrangero muerto en el destierro Nadie llega su ofrenda á tributar.
Jamás escelso circundó tu frente El lauro hermoso que la patria dá, Y que en la sien augusta del poeta Semeja una aureola celestial. La corona de espinas del martirio Ensangrentó tu macilenta faz, Como á Jesus clavado en el madero Porque dijo: «vivimos para amar». Ignoto y melancólico pasaste Para volar al cielo á descansar; Porque el genio es un pobre jornalero Que fecunda la tierra con afan, Y la hace producir sabrosos frutos Que no es dado á sus labios el gustar.
¿Quién como tú sembró, noble poeta, Esa semilla fértil y vivaz, Que en los hermosos dias venideros Ha de regenerar la humanidad? Republicano de alma incontrastable Cantaste á la divina libertad, Con una voz tonante y poderosa Que los tronos podia hacer temblar, Y estremecer las masas populares Cual las furiosas olas de la mar, Y despertar el alta inteligencia Que al cielo remontaba en vuelo audaz, Mientras tranquilo el mundo contemplando, Como estátua sobre alto pedestal, Podias con los ojos del espíritu Ver los hombres y dias de otra edad!
Y te arrojó la patria de su seno Porque rendiste culto á la verdad! No la patria, los monstruos que su cuello Oprimieron con planta criminal. Errante por el mundo con tu lira Fuiste sus infortunios á cantar. Ora en las ruinas de la antigua Roma Do se asienta la inercia y liviandad, Evocando la sombra de los Gracos En las tumbas te vieron meditar: Que impelida del soplo democrático Midió el mundo con paso colosal, Pero cayó sin fuerzas cuando airada Su escudo le quitó la libertad, Que deserta las glorias de los pueblos Si la virtud su apoyo no le dá.
Saludaste las playas de la Grecia Libre del torpe yugo musulman; Que un pueblo si desplega su bandera Guiado de omnipotente voluntad, Ó muere cual Leonidas en Termópilas, Ó triunfa cual la Grecia en nuestra edad. En las montañas de la fresca Helvecia En la voz del torrente y huracan, Creiste sentir el silvo de la flecha Con que á su patria, Tell, dió libertad; Que la naturaleza habla á los hombres Para los grandes hechos recordar.
Bajo el arco grandioso de la Estrella, De estéril gloria monumento audaz, Pensaste en los principios fecundantes Que al mundo reveló la libertad, Y en la palabra que batia en brecha Cuatro tablas que alzó la vanidad. Desde ellas el coloso de este siglo La libertad del hombre quiso ahogar, Pero tendiendo su ala abrasadora De su labio brotó la tempestad, Y lo estrelló en la roca solitaria Que es á la vez su túmulo y altar.[7]
En el solar de nuestra madre patria Te miraron su historia interrogar: Do quier hallar la religion y gloria, Sin encontrar jamas la libertad: Flor que ostenta del iris los colores Sin el perfume que la rosa dá.
Te vieron de Albion en los umbrales Esa fábrica altiva contemplar, Donde se quema incienso á la justicia Y se ensancha la esfera intelectual... Pero al llegar al interior del templo Y doblar la rodilla ante el altar, Viste el becerro de oro entronizado Y minado en su base el pedestal, Que no es cimiento sólido de un pueblo La opulencia sin pública moral.
Pero al volver los ojos á tu patria Era tu pecho de esperanza un mar, Que al través de la niebla de los siglos El porvenir quería iluminar, Mirándola ceñida con la oliva Brindar al mundo el néctar de la paz, Derramando el bautismo de la ciencia Y alzando las virtudes del hogar, Ensalzando del hombre los derechos, Y tributando culto á la verdad.
Las creaciones fecundas de los genios De su frente mirabas irradiar, Y veias en su zona luminosa A la espada civil sobre el altar; Mudo el cañon, que en los presentes dias Al mas potente la justicia dá, Y alumbrando este cuadro de ventura Del cristianismo el fúlgido fanal. Dulce era entonces el mirar la patria, Que era tu canto de la fé raudal, Y daba aliento al corazon cobarde Para esperar los dias que vendrán!
Tú nunca renegaste la esperanza Y á su manto te asiste con afan: Ella fué tu constante lazarillo En medio de la densa oscuridad, Y siguiendo su huella luminosa Decias:--«Yo te veo ¡oh libertad! «Fija en el horizonte nebuloso «Como el astro del polo en alta mar: «Te veo por el orbe peregrina «Vestida con el rústico sayal, «Pero el báculo fiel de la esperanza «Me indica que tú vas á descansar «En las hermosas playas de mi patria, «Mas hermosas el dia que entre palmas «Te reciban con cántico triunfal.» Si, poeta, algun dia nuestra patria Los himnos de la union entonará Y entonces en la plaza y la tribuna De un gran pueblo la voz se escuchará, Y sus nobles instintos dirigidos Nos darán la comun felicidad; Porque libre, pacífico y virtuoso Residirá su fuerza en la moral.
Esperemos los dias venideros: El rocío la flor fecundará, El sol relucirá tras negra noche, Y el cielo nos dará la libertad!
Un himno fué tu vida, que la muerte Hizo en tus dulces labios espirar, Como espira el sonido de una cuerda Que la tension obliga á reventar. Moriste, y en tu lecho de agonía Perdió la patria un lauro divinal Con que adornar su hermosa cabellera En los benditos dias de la paz; Perdió el pueblo la luz que lo guiaría En medio de la negra tempestad, Y lo llevase al linde del camino Que el dedo del Señor marcando está. Mas el mundo, poeta no veia De tu génio la excelsa potestad: Como luz encerrada en vaso opaco Que llena el interior de claridad, Sin que perciba el ojo indiferente La misteriosa lumbre que allí está, Así resplandecia tu alma pura Bajo el opaco cráneo del mortal. Y por eso tu estátua no erigieron, De pié, sobre marmóreo pedestal, Ni entonaron el himno funerario Los poetas en coro universal... Mas qué importan las pompas de la tierra Que no mira en su necia vanidad, Que mientras honra la corteza fria El alma noble en el empíreo está!
En tu fosa los hombres colocaron Pobre inscripcion en tabla sepulcral:-- «Aquí yacen los restos»... mas abajo:-- «Que murió de veinte años á la edad!» ¡Veinte años! cuando el pié aun vacilante Ponías de la vida en el umbral, Cuando para tomar aliento nuevo Te sentaste un momento á reposar... Y reposaste en ese frio lecho En que se acuesta el mísero mortal, Con la cabeza de la fé en la almohada Y en brazos de la inmensa eternidad. Oh tú, que en esa mente generosa Abrigaste una utopia celestial, Antes que ver los infortunios nuestros En tu lecho de tierra duerme en paz!
III
Era una chispa de la luz divina Que en una noche descendió del cielo Para alumbrar tu mente peregrina, Y que al brillar la estrella matutina Se oscureció en el suelo.
Era una nota del celeste coro En los espacios del Señor perdida, Que al encontrar tu corazon sonoro Lo hizo vibrar, como á la urna de oro Por el acero herida.
Era una gota de divina esencia Por un ángel en tu alma derramada, Emanacion de la alta providencia Que impregnando tu rígida conciencia Dejóla perfumada.
Se oscureció la luz pura y radiante, Se apagó la suavísima armonía, Se evaporó el perfume penetrante... Todo se encierra tíbio y palpitante Bajo esa tumba fria.
IV
Descansa de tu fatiga En esa tierra enemiga, Trovador; Descansa, cual virgen pura En sus sueños de ventura Y de amor.
Descansa en esa almohada Con la frente coronada De laurel; Y no te importe que el hombre No haya gravado tu nombre Con cincel.
Porque un dorado letrero Se compra por el dinero Con baldon; Mas no se compra la gloria, Ni en el templo de la historia La mansion.
Tú has dejado tus canciones Que á nuevas generaciones Pasarán, Y que ante el génio postrados Nuestros hijos estasiados Leerán.
Tus páginas inspiradas Relucirán salpicadas De dolor, Sin que se estrellen tus ecos En cráneos y pechos huecos Sin amor.
Que si este mundo inclemente Puso en tu pálida frente: ¡Maldicion! Al dejar el frio suelo Estampara en ella el cielo ¡Bendicion!
Poeta, mi lira gime, Pero ni un canto sublime Viene á mí, Que solo, el genio divino, Que arrastra cual torbellino, Te dió á tí.
Cubre mi frente sombría Capúz de melancolía, Funeral, Y trae hasta mí el viento De la campana el acento Sepulcral.
Pronto en el negro horizonte De nubes inmenso monte Se alazará: El Señor que las concita El relámpago vomita ¡Hosaná!
V
Yo sobre la cruz pondré Una purísima flor, Y por tí derramaré En una gota de fé La esencia de mi dolor.
Del crepúsculo á la luz En la tumba funeraria, Al pié de cristiana cruz, Levantaré la plegaria Que hizo en el clavo Jesus.
Yo quisiera con mi lloro Este sepulcro regar, Poeta que tanto adoro, Sin que de tu sueño de oro Te pudiese despertar.
La muerte es sueño profundo Descanso del viajador: Cuando yace moribundo, Durmiéndose en este mundo Despierta en otro mejor.
En el albor de la vida Es muy hermoso vivir, Porque su senda florida Nos dá la imágen querida Del puerto á que hemos de ir.
Pero esas horas benditas Pasan con velocidad, Y envueltas en negras cuitas Nos quedan rosas marchitas Que arrastra la tempestad.
Y con su manto de hielo La eternidad nos envuelve, Y en ancho mar de consuelo Se sacia el ardiente anhelo Que la existencia revuelve.
La muerte es un don bendito, Porque el Maestro celestial Solo castigó el delito De aquel Judio maldito Con una vida eternal.
VI
Como antes de la victoria Suele caer el guerrero, Tú caiste, jornalero, Sin concluir tu mision; Y como aquel, que tranquilo Sobre sus armas espira, Caiste sobre tu lira Con noble resignacion.
Pero tu nombre no ha muerto: Él vivirá en la memoria, Y será eterna la gloria Del poeta popular; Que en el corazon del pueblo Cuando algun poeta gime, Su canto noble y sublime Siempre se oye resonar.
Y sus ecos se difunden, Y se escuchan con encanto, Llenando al pueblo de espanto O haciéndole conmover: Que el vate en su inspiracion Nuestros sentidos sujeta, Y con su brazo de atleta Postra y alza nuestro ser.
Cual vorágine furiosa Todo arrastra en su carrera, Cual las pajas de la hera Que arrebata el huracan; Y del genio poseido, Rie, llora, nos encanta, Y atrevido nos levanta En sus hombros de titan.
Tus cantos serán oidos En el pueblo americano, Como el nombre de Belgrano, De Bolívar, San Martin, Como se oyó en otros dias La corneta atronadora, Y la armonía sonora De Chacabuco y Junin.
VII
Ayer el almendro cargado de flores Estaba, mas vino furioso huracan, Y hoy roto y marchito, sin flores, sin hojas, Se ofrece á los rayos del gran luminar.
Ayer á mi patria miré que gozaba Los bienes preciosos de paz é igualdad, Y hoy veo que esclava, y en sangre revuelta Se ofrece á los rayos del gran luminar.
Ayer un tirano con saña decia:-- «¡Yo soy el que mando, y esclavos serán!» Y hoy roto en pedazos su trono sangriento Se ofrece á los rayos del gran luminar.
Ayer un guerrero cubierto de gloria Hollaba altanero su carro triunfal... Mirad ese polvo... su humilde sepulcro, Se ofrece á los rayos del gran luminar.
Ayer un poeta cantaba inspirado, Mas vino la muerte con soplo letal, Y hoy frio y vacío su cráneo potente Se ofrece á los rayos del gran luminar.
VIII
En este lecho de silvestre grama No te vendrá á turbar ningun mortal, Ni el eco torpe que al tirano aclama, Ni el rumor de la orgía mundanal.
Alguna vez al apagarse el dia Oirás sonar mi fúnebre laud, Y arrodillado ante tu fosa fria, Decir al polvo del dolor ¡Salud!
¡Nunca te turbe el grito del hermano Que cae herido del furor tenaz, Y al abatir sobre esta cruz mi mano Puedas, poeta, dormitar en paz!
IV
PLEGARIA
PARA ADORMECER Á UNA SONÁMBULA
I
Espíritu invisible, que enajenas Las potencias del alma, y con cadenas Atas la voluntad: Tú que gobiernas la imantada barra Cuando el manto del cielo se desgarra: Ven á ensayar aquí tu potestad.
II
Y tú, mujer, bañada en mi creencia, Recibe en tu alma su impalpable esencia Cual vaso de eleccion: Sé tú de la verdad sacerdotiza, Y ciñe como nueva pitonisa La aurëola que dá la inspiracion.
III
Duerme, mas no por siempre inanimado. El sueño por mis manos derramado, Angel de castidad; Como la flor que en noches del estío Se adormece con gotas de rocío, Y se despierta al ver la claridad.
IV
Reclínate en el ala misteriosa Del imantado sueño, niña hermosa, Para soñar de amor; Que la mujer que sueña es como el ave, Que oculta su cabeza en ala suave Blanca como los velos del pudor.
V
Permite que á tus ojos ponga venda, Y que en el fondo de tu mente encienda La antorcha de la fé, Para que pueda ver tu inteligencia Los mundos que se ocultan á la ciencia, Y lo que el hombre al despertar no ve.
VI
Tu cuerpo cercaré de espesas nieblas, Para que tu alma brille en las tinieblas Cual faro celestial; Y se estiendan las alas de tu alma, Para volar á la region de calma Donde se olvida el mundo terrenal.
VII
Vuela á ese mundo do el error no existe, Do la verdad magnética se viste Con casta desnudez: Y cuando el manto de la fé te cubra, Dínos lo que tu vista allá descubra, Y desde lo alto de ese mundo ves.
VIII
Duerme en un lecho de azuladas nubes Para ir á despertar entre querubes En la region de luz, Cual ave peregrina que se ausenta Donde la noche el negro trono asienta Para buscar regiones sin capuz.
IX
Duerme de ignotas flores coronada Entre el aura por Dios magnetizada Cual ángel infantil, Para entreabrir tu vista adormecida Al soplo embalsamado de la vida, Que refresque tu cuerpo juvenil.
X
Mas allá de ese sueño hay otra vida, Que como flor á todos escondida Te dá tu emanacion: Nueva tierra de América ignorada, Que en alas de la brisa perfumada Anuncia su existencia á otro Colon.
V
UNA LÁGRIMA DE AMOR
CANCION ARREGLADA Á MÚSICA
«Cuando sus alas opacas Cual la noche oscura y fria, Apagando mi alegría Tiende el sombrío dolor; Yo me siento consolado Al contemplar tu belleza, Y disipa mi tristeza Una lágrima de amor.
«Como una estrella brillando En la bóveda del cielo Llena el alma de consuelo Y de amor el corazon, Así en medio de la noche Admiro tus bellos ojos, Y disipa mis enojos Una lágrima de amor.
«Esos ojos que derraman Amores y poesía Consuelan el alma mia, Mitigan mi cruel dolor. De esos astros de mi cielo Sobre mi frente marchita Caiga una gota bendita, Una lágrima de amor.»
De su guitarra al compás Esto un poeta cantaba, Y bajo un balcon estaba Del objeto de su amor: Caer sintió sobre su frente Una gota suave y pura, Una gota de ternura, Una lágrima de amor.
VI
Á LA MUERTE DE ADOLFO BERRO
POETA ORIENTAL
That live to weep, and sing their fall.
Grey, oda X.
Yertos están sus labios generosos Sellados por la muerte y la quietud; Mudos están sus ecos dolorosos. Mudo tambien su armónico laud.
Mústios están los ojos que abatia Al contemplar un libro amarillento, Buscando en él como en la fuente fria Saciar su sed el viajador sediento.
Marchita está su frente luminosa Sellada por el genio del dolor, Pero aun brilla la chispa misteriosa Que estampó con su dedo el Hacedor.
Y en vano bramarán las tempestades En alas del furioso vendabal, Ha de arder al través de las edades La llama de su genio celestial.
* * *
Llorad, llorad en torno de la fosa Del bardo fiel que su mision llenó, Y que las plantas de su Patria hermosa Con versos aromáticos bañó.
Llore tambien el mísero mendigo, Y el desvalido en miserable lecho, Cayó sin vida el que con voz de amigo Defendiera su pan y su derecho.
Llorad, llorad, poetas orientales, Al que cantó las penas del Esclavo, Al que en la Cruz, con versos celestiales Cantó, pendiente del sangriento clavo;
Que como Job sobre la piedra dura Inflamado de espíritu inmortal, Brillaba su alma transparente y pura Tendido sobre inmundo lodazal.
* * *
Pasagero en el valle de la vida Clavó su tienda en medio del desierto, Y en busca de una linfa apetecida Cruzó animoso el arenal incierto.
Y al percibir en su cabeza ardiente Del genio de la muerte helada brisa, En su rostro de luz resplandeciente Brilló inefable y plácida sonrisa.
Y era porque su mente se adormia Sobre la almohada de la eterna fé, Y era que el desterrado sonreia Al estampar sobre su patria el pié.
Y al apagarse en su fulgor naciente La purísima aurora de su edad, Brilló sobre su tumba, refulgente, La aurora de la inmensa eternidad.
* * *
Envuelto por el humo del combate Su canto fué de paz y bendicion, Y de la lucha entre el feral embate Puro permaneció su corazon.
El genio le ciñó con sus espinas, Su herencia fué una lágrima de hiel, Pero de sus creaciones peregrinas, Brotan torrentes de armonía y miel.
Descendió como un mártir á la arena Atleta de la Paz y la Igualdad: Destrozando del hombre la cadena Dió consuelo á la triste humanidad.
Con la osadía del apóstol fuerte De la verdad la antorcha reanimó, Y al caer en el abismo de la muerte Encendida á su borde la dejó.
VII
AL VIOLINISTA CAMILO SIVORI
IMPROVISADO DESPUES DE UN CONCIERTO
Muda el alma de asombro en tu presencia Cuando vibraba el arco palpitante, Con eco penetrante Sintió la cuerda armónica llorar.
Una lágrima tibia brotó de ella Que se mezcló á tus blandas armonías, Y en dobles simpatías Vibró al compas el arco y corazon.
Al eco misterioso de los bosques Uniste al trino puro de las aves, Y en melodías suaves Brotó tu inspiracion como raudal.
El ángel de las santas armonías Cubrió tu frente con sus alas de oro, Y en tu violin sonoro De Paganini el alma suspiró.
El pueblo que en silencio te escuchaba Ante tu genio doblegó la frente, Y escuchó reverente De tu arco la inmortal revelacion;
Que si al pisar la corte de los Reyes Una joya te dió de sus coronas, De América en las zonas Al pueblo soberano diste ley.
VIII
¡ADIOS POR SIEMPRE!
I
Triste es cruzar el mundo peregrino Para encontrar en medio del camino Una flor que nos llene de embriaguez, Y continuar su marcha fatigosa Dejando atras aquella flor hermosa Que ya no encontraremos otra vez.
Así al cruzar el valle de la vida Te miré y admiré flor bendecida, Caida de la corona de mi Dios, Y seria feliz al contemplarte Si no tuviese pronto que dejarte Y decirte por siempre: ¡Adios! Adios!
II
Mas si el dejarte es triste y doloroso Recordarte será muy deleitoso Si una dulce memoria he de llevar; Porque el recuerdo es la perenne esencia Que perfuma del hombre la existencia Y en el tiempo pasado hace gozar.
Y por eso en la copa de amargura Que en este trance el seco labio apura, Encuentro algunas gotas de dulzor, É inclinando ante tí la frente mústia Comprendo que aun en medio de la angustia Hay consuelo en decirte: ¡Adios! Adios!
III
Como árbol que dió sombra en el desierto, Cual la estrella guiadora en viage incierto, Como las horas de la verde edad, Como agua clara al viajador sediento, Cual pan sabroso para el labio hambriento, Así recordaré yo tu beldad.
Como la lumbre en noches del invierno, Como el recuerdo de un afecto tierno, Como el acento de la amada voz, Así, tú serás grata á la memoria Del que al darte una ofrenda transitoria Te dice entristecido: ¡Adios! Adios!
IV
Las personas que viven siempre unidas Suelen á veces contemplar caidas Las hojas del amor y del placer; Hojas que de la espléndida guirnalda, Bajan de la belleza hasta la falda, Y el viento del dolor viene á barrer.
Mas nunca lloran su ilusion perdida Los que se van en medio de la vida Para encontrarse en brazos de su Dios, Porque siempre se miran en la mente Como cuando esclamaron tristemente Al dejarte por siempre: ¡Adios! Adios!
V
Solo puede dejarte mi cariño Esta guirnalda que á tu frente ciño Adornada con flores de amistad; Flores del alma que brotaron bellas Al calor de esos ojos que destellas Iluminando el alma en su mirar.
¡Adios! Adios! no quede ya perdido Entre la negra noche del olvido, Y que el recuerdo sea de los dos; Y cristaliza en tu alma aquesta gota Que tibia y pura de mis ojos brota Al decirte por siempre: ¡Adios! Adios!
IX
¡COMO TÚ!
ESCRITO Á ORILLAS DEL QUEGUAY
Es el Queguay[8] un rio trasparente Cual urna de purísimo cristal, Cuyo fondo se ve puro y tranquilo Como el fondo de tu alma angelical.
Quieta es la superficie de sus aguas Si el viento no la agita con furor, Como tu frente es cándida y serena Si no la agita el soplo del amor.
En el lecho pedroso do descansa Se deslizan sus aguas con quietud, Como tus horas corren no sentidas Por el sendero fiel de la virtud.
Los sauces que coronan sus riveras Hunden su verde copa en el Queguay, Cual tu frente en mi seno cariñoso Blando se inclina envuelto con un ¡ay!
Los ubajais[9] ocultan en sus ramas Pájaros bellos, raros en matiz, Como tu mente abriga mil ideas Que hace brotar la inspiracion feliz.
Del Uruguay[10] dos gigantescos brazos Oprimen su cintura en derredor, Como tu talle esbelto y delicado Circuye en torno el brazo del amor.
Esconde la rivera entre sus guijas Las perlas con el nacar y el coral,[11] Como atesora tu alma rica y bella De angélicas virtudes un caudal.
La brisa de la noche entre sus hojas Hace brotar suspiros de dolor, Cual de tus labios ecos misteriosos El delirante beso del amor.
La selva umbría que lo guarda en torno Impide ver sus ondas de cristal, Cual del pudor el velo misterioso Sombrea tu semblante sin igual.
La blanca aurora rompe el denso velo Que sobre sus espaldas se ve ondear, Cual tú, graciosa, al despertar apartas El pelo de oro que robó tu faz.