Retrato de la Lozana Andaluza En lengua española muy clarísima, compuesto en Roma.

Part 9

Chapter 94,136 wordsPublic domain

Cómo un caballero iba con un embaxador napolitano travestidos, y vieron de léxos á la Lozana, y se la dió á conocer el caballero al embaxador.

_Caballero._ Monseñor, ¿ve vuestra señoría aquella mujer que llama allí?

_Embaxador._ Sí.

_Cab._ Corramos y tomémosla en medio, y gozará vuestra señoría la más excelente mujer que jamas vido, para que tenga vuestra señoría que contar si la goza por entero, y si toma conosciencia con ella, no habrá menester otro solacio, ni quien le diga mejor cuantas hermosas hay, y cada una que es hermosa, que tiene el mejor ver y judicar que jamas se vido, porque bebió y pasó el rio de Nilo, y conoce sin espejo, porque ella lo es, y como las tiene en plática, sabe cada una en qué puede ser loada, y es muy universal en todas las otras cosas que para esto de amores se requieren, y mírela en tal ojo que para la condicion de vuestra señoría es una perla, desta se puede muy bien decir: _Mulier que fuit in urbe habens septem mecanicas artes_. Pues á las liberales jamas le faltó retórica ni lógica para responder á quien las estudió, el mirable ingenio que tiene da que hacer á los que la oyen. Monseñor, vamos desta parte, esperemos á ver si me conoce.

_Embax._ Al cuerpo de mí esta dona yo la vi en Bancos que parlaba, muy dulce y con audacia, que parecia un Séneca.

_Cab._ Es parienta del ropero, conterránea de Séneca, Lucano, Marcial y Avicena, la tierra lo lleva, está in agilibus, no hay su par, y tiene otra excelencia, que lustravit provincias.

_Embax._ ¿Es posible? como riguarda in qua.

_Loz._ Ya, ya conocido es vuestra merced, por mi vida, que aunque se cubra, que no aprovecha, que ya sé que es mi señor, por mi vida, tantico la cara, que ya sé que es de ver y de gozar, ese señor no lo conozco, más bien veo que debe ser gran señor. A seguridad le suplico que me perdone, que yo lo quiero forzar, por mi vida, que son matadores esos ojos, ¿quién es ese señor? que lo sirva yo, por vida de vuestra merced, y de su tio, y mi señor.

_Cab._ Señora Lozana, este señor os suplica que le metais debaxo de vuestra caparela, y entrará á ver la señora Angelina porque vea si tengo razon en decir que es la más acabada dama que hay en esta tierra.

_Loz._ A vuestra señoría metelle he yo encima, no debaxo, mas yo lo trabajaré, esperen aquí, que si su merced está sola, yo la haré poner á la ventana, y si más mandaren, yo verné abaxo, bien estaré media hora, paséense un poco, porque les tengo de rogar primero que haga un poco por mí, que estoy en gran necesidad, que me echan de la casa, y no tengo de qué pagar, que el borracho del patron no quiere ménos de seis meses pagados ántes.

_Cab._ Pues no os detengais en nada deso, que la casa se pagará; enviáme vos á vuestro criado á mi posada, que yo le daré con qué pague la casa, porque su señoría no es persona que debe esperar.

_Loz._ ¿Quién es, por mi vida?

_Cab._ Andá, señora Lozana, que persona es, que no perderéis nada con su señoría.

_Loz._ Sin eso y con eso sirvo yo á los buenos, esperen.

_Cab._ Monseñor, ¿qué le parece de la señora Lozana? Sus inxertos siempre toman.

_Embax._ Me parece que es astuta, que cierto ha de la sierpe é de la paloma. Esta mujer sin lágrimas parará más insidias que todas las mujeres con lágrimas; por vida del visorey, que mañana coma comigo, que yo le quiero dar un brial.

_Cab._ Mírela vuestra señoría á la ventana, no hay tal Lozana en el mundo, ya abre, veamos qué dice, cabecea que entremos, donde ni fierro ni fuego á la virtud empece.

_Embax._ Qua piu bella la madre que la filla.

_Cab._ Monseñor, ésta es cárcel de amor; aquí idolatró Calixto, aquí no se estima Melibea, aquí poco vale Celestina.

MAMOTRETO XXXVII.

Cómo de allí se despidió la Lozana, y se fué en casa de un hidalgo que la buscaba, y estando solos se lo hizo porque diese fe á otra que lo sabía hacer.

_Loz._ Señores, no hay más que hacer, la prision es segurísima, la prisionera piadosa, la libertad no se compra, la sujecion aquí se estima, porque hay merecimiento para todo, vuestra señoría sea muy bien venido, y vuestra merced me tenga la promesa, que esta tarde, irá mi criado á su posada, y si vuestra merced manda que le lleve una prenda de oro ó una toca tunici, la llevará, porque yo no falte de mi palabra, que prometí por todo hoy, á este señor yo lo visitaré.

_Cab._ Señora Lozana, no envieis prenda, que entre vos y mí no se pueden perder sino los barriles; enviá, como os dixe, y no cureis de más, y mirá que quiere su señoría que mañana vengais á verlo.

_Loz._ Beso sus manos y vuestros piés, mas mañana no podrá ser, porque tengo mi guarnelo lavado, y no tengo qué me vestir.

_Cab._ No cureis, que su señoría os quiere vestir á su modo y al vuestro, veni ansí como estais, que os convida á comer, y no haga esperar, que su señoría come de mañana.

_Loz._ Por la luz de Dios, no estuviese sin besar tal cara como ésa, aunque supiese enojar á quien lo ve.

_Angelina._ Ansí, Lozana, no cureis, andá, dexaldo, que me enojaré, aunque su merced no me quiere ver.

_Cab._ Señora, deseoso yo servir, por tanto le suplico que á monseñor mio le muestre su casa y sus joyas, porque su señoría tiene muchas y buenas, que puede servir á vuestra merced; señora Lozana, mañana no se os olvide de venir.

_Loz._ No sé si se me olvidará, que soy desmemoriada despues que moví, que si tengo de hacer una cosa es menester ponerme una señal en el dedo.

_Cab._ Pues vení acá, tomá este anillo, y mirá que es un esmeralda, no se os caiga.

_Loz._ Sus manos beso, que más la estimo que si me la diera la señora Angelina dada.

_Ang._ Andá, que os la dó, y traelda por mi amor.

_Loz._ No se esperaba ménos desa cara de luna llena; ay, señora Angelina, míreme, que parezco obispo, por vida de vuestra merced y mia, que no estoy más aquí, vén á cerrar, Matehuelo, que me esperan allí aquellos mozos del desposado de Hornachuelos, que no hay quien lo quiera, y él porfiar y con todas se casa, y ninguna sirve de buena tinta.

_Matehuelo._ Cerrar y abriros, todo á un tiempo.

_Mozos._ Vení, señora Lozana, caminá, cuerpo de mí, que mi amo se desmaya y os espera, y vos todavía queda, sin vos no valemos nada, porque mi amo nunca se rie sino cuando os ve, y por eso mirá por nosotros y sednos favorable, agora que le son venidos dineros, ántes que se los huelan las bagasas, que voto á Dios, con putas y rufianas y tabaqueras no podemos medrar, por eso ayúdenos vuestra merced, y haga cuenta que tiene dos esclavos.

_Loz._ Callá, dexá hacer á mí, que yo lo porné del lodo á dos manos, vuestro amo es como el otro que dicen, cantar mal y porfiar, él se piensa ser Pedro Aguilocho, y no lo pueden ver putas más que al diablo, unas me dicen que no es para nada, otras que lo tiene tan luengo que parece anadon, otras que arma y no desarma, otras que es mísero, y aquí firmaré yo que primero que me dé lo que le demando, me canso, y al cabo saco de la mitad de lo que le pido, que es trato cordobés; él quiere que me esté allí con él, y yo no quiero perder mis ganancias que tengo en otra parte, y mirá qué teson ha tenido comigo, que no he podido sacar dél, que como me daba un julio por cada hora que estoy allí, que me dé dos, que más pierdo yo en otras partes, que no vine yo de entrada, como el que tiene veinte piezas las mejores de Cataluña, y no sé en qué se las expende, que no relucen, y siempre me cuenta deudas; pues mándole yo que putas lo han de comer á él y á ello todo, no curés, que ya le voy cayendo en el rastro; ¿veis el otro mozo dó viene?

_Marzoco._ ¿Qué es eso? ¿dó is, señora?

_Loz._ A veros.

_Marz._ Hago saber á vuestra merced que tengo tanta penca de cara de ajo.

_Loz._ Ésa sea la primera alhaja que falte en tu casa, y áun como á tí llevó la landre; tente allá, bellaco, andando se te caiga.

_Marz._ Señor, ya viene la Lozana.

_Patron._ Bien venga el mal si viene solo, que ella siempre vendrá con cualque demanda.

_Loz._ ¿Qué se hace, caballeros? ¿Háblase aquí de cosas de amores ó de mí, ó de cualque señora á quien sirvamos todos? por mi vida, que se me diga, porque si es cosa á que yo pueda remediar, lo remediaré, porque mi señor amo no tome pasion, como suele por demas, y por no decir la verdad á los médicos: ¿qué es eso? ¿no me quiere hablar? ya me vó, que ansí como ansí aquí no gano nada.

_Moz._ Vení acá, señora Lozana, que su merced os hablará y os pagará.

_Loz._ No, no, que ya no quiero ser boba, si no me promete dos julios cada hora.

_Marz._ Vení, que es contento, porque más mereceis, máxime si le socorreis, que está amorado.

_Loz._ ¿Y de quién? catá que me corro si de otra se enamoró, mas como todo es viento su amor, yo huelgo que ame y no sea amado.

_Marz._ ¿Cómo, señora Lozana, y quién es aquel que ama y no es amado?

_Loz._ ¿Quién? su merced.

_Marz._ ¿Y por qué?

_Loz._ Eso yo me lo sé, no lo diré sino á su merced solo.

_Marz._ Pues ya me voy, vuestras cien monedas agora, Dios lo dixo.

_Loz._ Andá, que ya no es el tiempo de Mari-Castaña.

_Patron._ Dexá decir, señora Lozana, que no tienen respeto á nadie, entendamos en otro: yo muero por la señora Angelina, y le daré seis ducados cada mes, y no quiero sino dos noches cada semana, ved vos si merece más, y por lo que vos dixéredes me regiré.

_Loz._ Señor, digo que no es muncho aunque le diese la metad de vuestro oficio de penitencería; mas ¿cómo harémos? que si vuestra merced tiene ciertos defectos que dicen, será vuestra merced perder los ducados y yo mis pasos.

_Pat._ ¿Cómo, señora Lozana? ¿y suelo yo pagar mal á vuestra merced? Tomá, veis ahí un par de ducados, y hacé que sea la cosa de sola signatura.

_Loz._ Soy contenta, mas no me entiende vuestra merced.

_Pat._ ¿Qué cosa?

_Loz._ Digo que si vuestra merced no tiene de hacer sino besar, que me bese á mí.

_Pat._ ¿Cómo besar? que la quiero cavalgar.

_Loz._ ¿Y dónde quiere ir á caballar?

_Pat._ Andá para puta, zagala, burlais.

_Loz._ No burlo, por vida de la señora honrada á quien vos quereis cavalgar y armar, y no desarmar.

_Pat._ ¡Oh pese á tal! ¿Y eso decís? por vida de tal que lo habeis de probar, porque tengais qué contar.

_Loz._ ¡Ay, ay! por el siglo de vuestro padre que no me hagais mal, que ya basta.

_Pat._ Mal le haga Dios á quien no os lo metiere todo, aunque sepa ahogaros, y veréis si estoy ligado, y mirá cómo desarmo.

_Loz._ ¿Tal frojolon tenés? esta vez no lo quisiera perder aunque supiera hallar mi anillo, que perdí agora cuando venía.

_Pat._ Tomá, veis aquí uno que fué de monseñor mio, que ni á mí se me olvidará, ni á vos se os irá de la memoria de hablar á esa señora, y decilde lo que sé hacer.

_Loz._ Por mi vida, señor, que como testigo de vista, diré el aprieto en que me ví; ¡ay, ay! y desos sois, desde aquí voy derecho á contar á su merced vuestras virtudes.

_Pat._ Sí, mas no está, que tomará celos su porfía.

_Loz._ Muncho hará á vuestro propósito, aunque estais ciego, que segun yo sé y he visto, esa señora que pensais que es á vuestra vista hermosa, no se va al lecho sin cena.

_Pat._ ¿Cómo? por vida de la Lozana.

_Loz._ Que su cara está en mudas cada noche, y las mudas tienen esto, que si se dejan una noche de poner qué no valen nada, por eso se dice que cada noche daba de cená á la cara.

_Pat._ ¿Y estas mudas qué son?

_Loz._ Cerillas hechas de uvas asadas, mas si la veis debaxo de los paños, lagartixa parece.

_Pat._ Callá, señora Lozana, que tiene gracia en aquel menear de ojos.

_Loz._ Eso yo me lo tengo, que no soy puta, cuánto más ella que vive deso.

_Pat._ Quien á otra ha de decir puta, ha de ser ella muy buena mujer, como agora vos.

MAMOTRETO XXXVIII.

Cómo la Lozana entra en la baratería de los gentiles hombres y dice:

_Loz._ Algo tengo yo aquí, que el otro dia cuando vine por no tener favor, con seis ducadillos me fuí, de un resto que hizo el faraute, mi señor; mas agora que es el campo mio, restos y resto mio serán.

_Octavio._ Señora Lozana, resto quexoso será el mio.

_Loz._ Andá, señor, que no de mí.

_Aurelio._ Vení acá, señora Lozana, que aquí se os dará el resto y la suerte principal.

_Loz._ Viva esa cara de rosa, que con esa magnificencia las hacés esclavas siendo libres, que el resto dicen que es poco.

_Aur._ ¿Cómo poco? tanto, sin mentir.

_Loz._ Crezca de dia en dia, porque gocés tan florida mocedad.

_Aur._ Y vos, señora Lozana, goceis de lo que bien quereis.

_Loz._ Yo, señor, quiero bien á los buenos y caballeros que me ayudan á pasar mi vida sin decir ni hacer mal á nadie.

_Oct._ Eso tal sea este resto, porque es para vos, tomaldo, que para vos se ganó.

_Loz._ ¿Sepamos cuánto es?

_Oct._ Andá, callá y cogé, que todos dicen _Amén_, sino quien perdió, que calla.

_Loz._ Soy yo capellana de todos, y más de su señoría.

_Oracio._ Cogé, señora Lozana, que si los pierdo, en habellos vos los gano, aunque el otro dia me motejaste delante de una dama.

_Loz._ Yo, señor, lo que dixe entónces digo ahora, que ellas me lo han dicho, que diz que teneis un diablo que parece conjuro de sacar espíritus.

_Orac._ ¡Oh pese á tal! ¿y eso dicen ellas? no saben bien la materia.

_Loz._ Si no saben la materia, saben la forma.

_Orac._ No hay ninguno malo, mozas.

_Loz._ Señor, no, sino que unos tienen más fuerza que otros.

_Milio._ Señora Lozana, hacé parte á todos de lo que sabeis; ¿de mí qué dicen, que no me quieren ver ni oir?

_Loz._ Hay pecador sobre que dicen que vuestra merced es el que muncho hizo.

_Salustio._ ¿Y yo, señora Lozana?

_Loz._ Vuestra merced el que poco y bueno, como de razon.

_Camilo._ ¿A mí, señora Lozana, qué?

_Loz._ Vos, señor, el que no hizo nada que se pareciese.

_Cam._ Porque cayó en mala tierra, que son putas insaciables. ¿No le basta á una puta una y dos, y un beso tres, y una palmadica cuatro, y un ducado cinco? ¿son piltracas?

_Loz._ Sí para vos, mas no para nos; ¿no sabés que uno que es bueno, para sí es bueno, más mejor es si su bondad aprovecha á munchos?

_Cam._ Verdad decís, señora Lozana, mas el pecado callado, medio perdonado.

_Loz._ Si por ahí tirais, callaré, mas siempre oí decir que las cosas de amor avivan el ingenio, y tambien quieren plática, el amor sin conversacion es bachiller sin repetidor, y voyme, que tengo que hacer.

_Aur._ Mirá, señora Lozana, que á vos encomiendo mis amores.

_Loz._ Y si no sé quién son.

_Aur._ Yo os lo diré si vos mandais, que cerca están, y yo léxos.

_Loz._ Pues dexáme agora, que voy á ver si puedo hallar quien me preste otros dos ducados para pagar mi casa.

_Aur._ Voto á Dios, que si los tuviera que os los diera, mas dexé la bolsa en casa por no perder, y tambien porque se me quebraron los cerraderos, mas sed cierta que eso y más os dexaré en mi testamento.

_Loz._ ¿Cuándo? soy vuestra sin eso y con eso, véngase á mi casa esta noche y jugarémos castañas, y probará mi vino, que raspa; sea á cená, y haré una cazuela de pexe, que dicen que venden unas azedias frescas vivas, y no tengo quien me vaya por ellas y por un cardo.

_Aur._ Pues yo enviaré á mi mozo esta tarde con todo.

_Loz._ Vuestra merced será muy bien venido; nunca me encuentra Dios sino con míseros lacerados, él caerá, que para la luz de Dios, que bobo y hidalgo es.

_Guardian._ ¿Qué se dice, señora Lozana? ¿dó buena?

_Loz._ Señor, á mi casa.

_Guard._ Llegaos aquí al sol, y sacáme un arador, y contáme cómo os va con los galanes deste tiempo, que no hay tantos bobos como en mis tiempos, y ellas creo que tambien se retiran.

_Loz._ ¿Y cómo? si bien supiese vuestra merced, no hay puta que valga un maravedí, ni dé de comer á un gato, y ellos, como no hay saco de Génova, no tienen sino el maullar, y los que algo tienen piensan que les ha de faltar para comer, y á las veces sería mejor hoder poco que comer muncho, cuantos he visto enfermos de los riñones por miseria de no expender, y otros que piensan que por cesar han de vivir, mas es al contrario, que _semel in setimana_ no hizo mal á nadie.

_Alcaide._ Por mi vida, señora Lozana, que yo _semel in mense_ y _bis in anno_.

_Loz._ Andá ya, que ya lo sé, que vuestra merced hace como viejo y paga como mozo.

_Guard._ Eso del pagar, mal pecado, nunca acabó, porque cuando era mozo pagaba por entrar, y agora por salir.

_Loz._ Viva vuestra merced muchos años, que tiene del peribon; por eso dadme un alfiler, que yo os quiero sacar diez aradores.

_Alc._ Pues sacá, que por cada uno os daré un grueso.

_Loz._ Ya sé que vuestra merced lo tiene grueso, que á su puta beata lo oí, que le metiades las paredes adentro, dámelo de argento.

_Alc._ Por vida de mi amiga, que si yo los hubiese de comprar, que diese un ducado por cada uno, que uno que retuve me costó más de ciento.

_Loz._ Sofa sería ése, no hace para mí, quiérome ir con mi honra.

_Alc._ Vení acá, traidora, sacáme uno no más de la palma.

_Loz._ No sé sacar de la palma ni del codo.

_Guard._ ¿Y de la punta de la picarazada?

_Loz._ De ahí sí, buscallo, mas no hallarlo.

_Guard._ ¡Oh cuerpo de mí, señora Lozana, que no sabeis de la palma y estais en tierra, que los sacan de las nalgas con putarólo, y no sabeis vos sacallos al sol con buen aguja!

_Loz._ Sin aguja los saco yo cuando son de oro ó de plata, que de otras suertes ó maneras no me entiendo; mejor hará vuestra merced darme un barril de mosto para hacer arrope.

_Guard._ De buena gana, enviá por ello y por leña para hacello, y por membrillos que cozais dentro, y mirá si mandais más, que á vuestro servicio está todo.

_Loz._ Soy yo suya toda.

_Alc._ Y yo vuestro hasta las trencas.

MAMOTRETO XXXIX.

Cómo la señora Terencia vido pasar á la Lozana y la manda llamar.

_Terencia._ Ves allí la Lozana que va de priesa, Migallejo, va, asómate y llámala.

_Migallejo._ ¿Señora Lozana? ¿ah, señora Lozana? mi señora le ruega que se llegue aquí.

_Loz._ ¿Quién es la señora?

_Migall._ La del capitan.

_Loz._ ¿Aquí se ha pasado su merced? yo huelgo con tal vecina; las manos, señora Terencia.

_Ter._ Las vuestras vea yo en la picota, y á vos encorozada sin proceso, que ya sin pecado lo merece, mas para su vejez se le guarda; miralda cuál viene, que parece corralario de putas y xarahoz de necios, díle que suba.

_Migall._ Sobí, señora.

_Loz._ Ay qué cansada que vengo, y sin provecho, señora, ¿cómo está vuestra merced?

_Ter._ A la fe, señora Lozana, enojada, que no me salen mis cosas como yo querria, dí á hilar, y hame costado los ojos de la cara porque el capitan no lo sienta, y agora no tengo trama.

_Loz._ Señora, no os maravilleis, que cada tela quiere trama, el otro dia no quisistes oir lo que yo os decia, que de allí sacárades trama.

_Ter._ Callá, que sale el capitan.

_Capitan._ ¿Qué es, señora?

_Loz._ Señor, servir á vuestra merced.

_Cap._ ¿Qué mundo corre?

_Loz._ Señor, bueno, sino que todo vale caro, que compran los pobres y venden los ricos, duelos tienen las repúblicas cuando son los señores mercadantes y los ricos revenden. Este poco de culantro seco me cuesta un bayoque.

_Cap._ Hi, hi, hi, comprándolo vos cada dia se sube, mas decíme qué mercado hay agora de putas.

_Loz._ Bueno, que no hay hambre dellas, mas todas son míseras, y cada una quiere avanzar para el cielo, señor, no quiero más putas, que harta estó dellas, si me quisieren en mi casa estaré, como hacia Galazo, que á puente Sixto moraba, y allí le iban á buscar las putas, para que las aconchase, y si él tenía buena mano, yo la tengo mejor, y él era hombre y mujer, que tenía dos naturas, la de hombre como muleto, y la de mujer como de vaca, dicen que usaba la una, la otra no sé, salvo que lo conocí que hacia este oficio de aconchar, al cual yo le sabré dar la manera mejor, porque tengo más conversacion que no cuantas han sido en esta tierra.

_Cap._ Dexá eso; decíme cómo os va, que muncha más conversacion tiene el Zopin que no vos, que cada dia lo veo con vestidos nuevos y con libreas, y siempre va medrado, no sé lo que hace, que toda su conversacion es á Torre sanguína.

_Loz._ Señor, maravíllome de vuestra merced, quererme igualar con el Zopin, que es fiscal de putas, y barrachel de regantío y rufian magro, y el año pasado le dieron un treinton como á puta, no pensé que vuestra merced me tenía en esta posesion, yo puedo ir con mi cara descubierta por todo, que no hice jamas vileza, ni alcagüetería ni mensaje á persona vil; á caballeros y á putas de reputacion, con mi honra procuré de interponer palabras, y amansar iras, y reconciliar las partes, y hacer paces y quitar rencores, examinando partes, quitar martelos viejos, haciendo mi persona albardon por comer pan, y esto se dirá de mí, si alguno me querrá poner en fábula: muncho supo la Lozana, más que no demostraba.

_Cap._ Señora Lozana, ¿cuántos años puede ser una mujer puta?

_Loz._ Dende doce años hasta cuarenta.

_Cap._ ¿Veinte y ocho años?

_Loz._ Señor, sí, hartarse hasta reventar, y perdonadme, señora Terencia.

MAMOTRETO XL.

Cómo yendo su camino encuentra con tres mujeres, y despues con dos hombres que la conocen de luengo tiempo.

_Loz._ ¿Para qué es tanto ataparse? que ya veo que no pudo el baño hacer más que primero habia, salvo lavar lo limpio, y encender color donde no fué menester arrebol.

_Griega._ Hi, hi, hi; vuestra casa buscamos, y si no os encontrábamos perdiamos tiempo, que imos á cená á una viña, y si no pasamos por vuestra mano, no valemos nada, porque tenemos de ser miradas, y van otras dos venecianas, y es menester que vos, señora Lozana, pongais en nosotras todo vuestro saber, y pagaos; ansí mismo vaya vuestro criado con nosotras, y verná cargado de todo cuanto en el banquete se diere, y avisaldo que se sepa ayudar, porque cuando venga traiga qué rozar.

_Loz._ Señoras mias, en fuerte tiempo me tomais, que en toda mi casa no hay cuatrin ni maravedí, ni cosa aparejada para serviros, mas por vuestro amor, y por comenzar á aviar la gente á casa, yo iré y buscaré las cosas necesarias para de presto serviros, mi criado irá, más por haceros placer que por lo que puede traer, y vosotras miráme bien por él, y no querria que hiciese quistion con ninguno, porque tiene la mano pesada, y el remedio es que cuando se enciende como berraco, quien se halla allí más presto le ponga la mano en el cerro, y luégo amansa, y torna como un manso; veislo viene. Anade, anda, ¿qué cosa? ¿qué cosa? ¿en qué están las alcavalas? como se vé vestido, que parece dominguillo de higueral, no estima el resto; volveos, andá derecho, ansí relumbre la luna en el rollo como este mi novio, andá á casa, y tenémela limpia, y guardá no rompais vos esa librea, colgadla; señoras, id á mi casa, que allí moro junto al rio, pasada la via Asinaria más abaxo, yo voy aquí á una especiería por ciertas cosas para vuestro servicio, aunque sepa dexar una prenda.

_Griega._ Señora Lozana, tomá, no dexeis prenda, que despues contarémos, caminá.

_Loz._ ¡Ay pecadora de mí! ¿quién son éstos? aquí me ternán dos horas, ya los conozco, ¡oxalá me muriera cuando ellos me conocieron! ¡beata la muerte cuando viene despues de bien vivir! Andar, siempre oí decir que en las adversidades se conocen las personas fuertes; ¿qué tengo de hacer? haré cara, y mostraré que tengo ánimo para saberme valer en el tiempo adverso.

_Giraldo._ Señora Lozana, ¿cómo esta vuestra merced? no ménos poderosa ni hermosa os conocí siempre, y si entónces, mejor agora os suplicamos nos tengais por hermanos, y muy aparejados para vuestro servicio.

_Loz._ Señores, ¿cuándo dexé yo de ser presta para servir esas caras honradas? que agora y en todo tiempo tuvieron merecimiento para ser de mí muy honrados, y no solamente agora que estoy en mi libertad, mas siendo sujeta no me faltaba inclinacion para serles muy aficionada, bien que yo y mi casa seamos pobres, al ménos aparejada siempre para lo que sus mercedes me quisieren mandar.

_Gir._ Señora, servir.