Retrato de la Lozana Andaluza En lengua española muy clarísima, compuesto en Roma.

Part 8

Chapter 84,172 wordsPublic domain

_Loz._ Mirá, por eso solo meteré vuestra espada do no la halleis, que no quiero que me amancilleis, si solamente vos tuviésedes tiento y hiriésedes á uno ó á dos, no se me daria nada, que dineros y favor no faltarian, mas como comenzais, pensais que estais en la Rota de Ravena, y por el sacrosanto saco de Florencia, que si no os enmendais de tanta bravura, ¿como hago yo por no besar las manos á ruines? que más quiero que me hayan menester ellos á mí que no yo á ellos; quiero vivir de mi sudor, y no me empaché jamas con casadas ni con virgos, ni quise vender mozas, ni llevar mensaje á quien no supiese yo cierto que era puta, ni me soy metida entre hombres casados, para que sus mujeres me hagan desplacer, sino de mi oficio me quiero vivir; mirá, cuando vine en Roma, de todos los modos de vivir que habia me quise informar, y no supe lo que sé agora, que si como me entremetí entre cortesanas, me entremetiera con romanas, mejor gallo me cantára que no me canta, como hizo la de los Rios, que fué aquí en Roma peor que Celestina, y andaba á la romanesca vestida con baticulo, y entraba por todo, y el hábito la hacia licenciada, y manaba en oro, y lo que le enviaban las romanas valia más que cuanto yo gano; cuándo grano ó leña, cuando tela, cuando vino la bota entera, mas como yo no miré en ello, comencé á entrar en casas de cortesanas, y si agora entro en casa de alguna romana, tiénelo por vituperio, no porque no me hayan munchas menester, y porque só tan conocida me llaman secretamente; andá vos, comprá eso que os dixe anoche, y mirá no os engañen, que yo me voy á la judería á hablar á Trigo, por ver la mula que parió, que cualque pronóstico es parir una mula en casa de un cardenal.

_Olivero._ A vos, mancebo; ¿qué hace la señora Lozana?

_Ramp._ Señor, quiere ir fuera.

_Comp._ ¿Y vos, dó is?

_Ramp._ A comprar ciertas berengenas para hacer una pimentada.

_Oliv._ Pues no sea burla, que no seamos todos en ella.

_Ramp._ Andad acá, y compradme vos las especias y los huevos, y vení á tiempo, que yo sé que os placerán, veislas allí buenas; ¿cuántas das?

_Oliv._ Cómpralas todas.

_Ramp._ Cuanto voy de tuti.

_Pecigerolo._ Un carlin.

_Ramp._ Un groso.

_Frutarolo._ ¿No quieres?

_Ramp._ Seis bayoques.

_Pecig._ Señor no, lasa estar.

_Ramp._ ¿Quién te toca?

_Pecig._ Mete quí, que sé.

_Ramp._ Va, borracho, que no son tuyas, que yo las traia.

_Pecig._ ¡Pota de Santa Nula! ¿tú ne mente per la cara de la gola?

_Ramp._ Va daquí, puerco, y rásgame la capa, así vivas tú como son tuyas.

_Pecig._ Pota de mi madre, ¿io no te vidi? espeta veray si lo diro al barrachelo.

_Barrachelo._ Espera, espera, español, no huyas, tómalo, y llévalo en Torre de Nona, ¿de aqueste modo compras tú y robas al pobre hombre? va dentro no te cures, va di tú al capitan que lo meta en secreta.

_Esbir._ ¿En qué secreta?

_Barr._ En la mazmorra ó en el forno.

_Galindo._ Hecho es.

MAMOTRETO XXXII.

Cómo vino el otro su compañero corriendo, y avisó la Lozana, y va ella radiando buscando favor.

_Comp._ Señora Lozana, á vuestro criado llevan en prision.

_Loz._ ¡Ay! ¿qué me decis? que no se me habia de ensolver mi sueño, ¿y cuántos mató?

_Comp._ Señora, eso no sé yo cuántos ha él muerto, por un revendedor creo que le llevan.

_Loz._ ¡Ay, amarga de mí, que tambien tenía tema con regateros! Es un diablo travieso, infernal, que si no fuese por mí ciento habria muerto; mas, como yo le tengo limpio, no encuentra con sus enemigos, no querría que nadie se atravesase con él, porque no cata ni pone, sino como toro es cuando está comigo, mirá qué hará por allá fuera, es que no es osado á relevar; si lo supistes el otro dia cuando se le cayó la capa que no le dexaron cabello en la cabeza, y guay dellos si le esperáran, aunque no los conoció, con la priesa que traia, y si yo no viniera, ya estaba debaxo la cama buscando su espada; señor, yo voy aquí en casa de un señor que lo haga sacar.

_Oliv._ Pues mire vuestra merced, si fuere menester favor, á monseñor mio pornemos en ello.

_Loz._ Señor, ya lo sé, salen los cautivos cuando son vivos; ¡ay pecadora de mí! bien digo yo, á mi hijo Lozano no me lo cerquen cuatro.

_Malsin._ Mirá cómo viene la trujamana de la Lozana, voto á Dios, no parece sino que va á informar auditores, y que vienen las audiencias tras ella; ¿qué es eso, señora Lozana? ¿qué rabanillo es ése?

_Loz._ ¡Toma! que noramala para quien me la tornare, no mirais vos como yo vengo, amarga como la retama, que me quieren ahorcar á mi criado.

_Mals._ Tenés, señora, razon, tal mazorcon y cetera para que no esteis amarga si lo perdiésedes, allá va la puta Lozana, ella nos dará que hacer hoy. ¿Veis, no lo dije yo? monseñor quiere cavalgar, para putas sobra caridad, si fuera un pobre no fuéramos hasta despues de comer, ¡oh pese á tal con la puta que la parió, que la mula me ha pisado! ahorcado sea el barachelo si no lo ahorcáre ántes que lleguemos, no parará nuestro amo hasta que se lo demande al senador; caminad, que deciende monseñor y la Lozana.

_Mons._ Señora Lozana, perdé cuidado, que yo lo traeré conmigo, aunque sean cuatro los muertos.

_Loz._ Monseñor, sí, que yo voy á casa de la señora Velasca para que haga que vaya el abad luégo á Su Santidad, por si fueren más los muertos que cuatro, que á mi criado yo lo conozco, que no se contentó con los enemigos, sino que si se llegó alguno á despartir, tambien los llevaria á todos por un rasero.

_Polidoro._ Señora Lozana, ¿qué es esto, que is enojada?

_Loz._ Señor, mi criado, que me mete en estos pleitos.

_Pol._ ¿En qué, señora mia?

_Loz._ Que lo quieren ahorcar por castigador de bellacos.

_Pol._ Pues no fatigueis, que yo os puedo informar mejor lo que sentí decir delante de Su Santidad.

_Loz._ ¿Y qué, señor, por mi vida? que soy yo toda vuestra, y os haré cavalgar de balde putas honestas.

_Pol._ Soy contento; el arzobispo, y el abad, y el capitan que envió la señora Julia demandaban al senador de merced vuestro criado, y que no lo ahorcasen, ya su excelencia era contento que fuese en galera, y mandó llamar al Barrachelo, y se quiso informar de lo que habia hecho, si merecia ser ahorcado: el Barrachelo se rió, su excelencia dixo, ¿pues qué hizo? dixo el Barrachelo que estando comprando merenzane ó berengenas, hurtó cuatro, y ansí todos se rieron, y su excelencia mandó que luégo lo sacasen, por eso no esteis de mala voluntad.

_Loz._ Señor, ¡guay de quién poco puede! si yo me hallára allí, por la leche que mamé, que al Barrachelo yo le hiciera que mirára con quién vivia mi criado; soy vuestra, perdóneme que quiero ir á mi casa, y si es venido mi criado, enviallo he al Barrachelo que lo bese en el tranchallo él y sus zaphos.

MAMOTRETO XXXIII.

Cómo la Lozana vido venir á su criado, y fueron á casa, y cayó él en una privada por más señas.

_Loz._ ¿Salistes, chinchirinbache? ¿cómo fué la cosa? no me quereis vos á mí creer, siempre lo tuvo el malogrado ramazote de vuestro agüelo, caminá, mudaos, que yo verné luégo.

_Ramp._ Venid á casa, ¿dó quereis ir? ¿fuistes á la judería?

_Loz._ Sí que fuí, mas estaban en pascua los judíos, ya les dixe que mala pascua les dé Dios, y ni la mula parida, lo que parió muerto.

_Trinchante._ Señora Lozana, ¿qué es eso? alegre viene vuestra merced.

_Loz._ Señor, veislo aquí, que cada dia es menester hacer paces con tres ó con dos, que á todos quiere matar, y sábeme mal mudar mozos, que de otra manera no me curaria.

_Trinch._ El bellaco Diego Mazorca como sale gordo.

_Loz._ Señor la gavia lo hizo, eran todos amigos mios, por eso se dice el tuyo allégate á la peña, mas no te despeña; entra y mira la casa, que con este señor quiero hablar largo, y tan largo que le quiero contar lo que pasó anoche el embaxador de Francia con una dama corsaria que esta mañana, cuando se levantaba, la puso tres coronas en la mano, ella no se contentaba, y él dixo: ¿cómo, señora? ¿sírvese al Rey un mes por tres coronas, y vos no me serviréis á mí una noche? dámelas acá.

_Trinch._ Voto á Dios, que tuvo razon, que por mí ha pasado, que las putas no se quieren contentar con tres julios por una vez, como que no fuese plata; pues, voto á Dios que oro no lo tengo de dar sino á quien lo meresciere á ojos vistas, poné mientes que esas tales vienen á cuatro torneses ó á dos sueldos, ó diez cuatrines, ó tres maravedís. Señora, yo siento rumor en vuestra casa.

_Loz._ Ay amarga, ¿si vino álguien por los tejados y lo mata mi criado? sobí, señor.

_Trinch._ ¿Qué cosa, qué cosa? sobí, señora, que siento llamar, y no sé dónde.

_Loz._ ¡Ay de mí! agora subió mi criado, ¿dónde está? escucha, ¿dónde estais? Adalí, Fodolí.

_Trinch._ Para el cuerpo de mí, que lo siento, señora, mirá allá dentro.

_Loz._ Señor, ya he mirado y no está en toda la cámara, que aquí está su espada.

_Trinch._ Pues, voto á Dios, que no se lo comió la papa resolla, que yo lo siento. Mirá, cuerpo de Dios, está en la privada y andámoslo á buscar, sorbe, no te ahogues, dad acá una cuerda, ¿estás en la mierda?

_Ramp._ Tirá, tirá más.

_Trinch._ Asete pese á tal contigo, que agora saliste de prision y veniste á caer en la mierda.

_Ramp._ Así, bien, ¿qué haceis? tirá, tirá.

_Trinch._ Tira tú como bellaco, traga tajadas, vení acá, señora, ayudáme á tirar este puerco.

_Ramp._ Tirá más, que me desvaro, tirá bien, no soltés.

_Trinch._ Va allá, pese á tal con quien te parió, que no te lavarás con cuanta agua hay en Tíber, dalde en que se envuelva el Conde de Carrion.

_Loz._ ¿Cómo caiste?

_Ramp._ Por apartarme de una rata grande caí.

_Trinch._ Señora, voto á Dios, que esto vale mill ducados, salir de prision y caer en la melcocha, por no morir malogrado á las uñas de aquella leona.

_Loz._ Señor, es desgraciado y torpe el mal aventurado.

_Trinch._ Yo me voy, váyase á lavar al rio.

_Loz._ Vení, señor, y tomá un poco de letuario.

_Trinch._ No puedo, que tengo de trinchar á mi amo.

_Loz._ Buen olor llevais vos para trinchar, is oliendo á mierda perfeta, trinchá lo que vos quisiéredes, por eso no dexo de ser vuestra.

_Trinch._ Yo, de vuestra merced, y acuérdese.

_Loz._ Soy contenta; veisla, está á la gelosía, cara de rosa, yo quiero ir aquí á casa de una mi perrochiana, luégo torno.

_Salamanquina._ Por mi vida, Lozana, que no paseis sin entrar, que os he menester.

_Loz._ Señora, voy de priesa.

_Sal._ Por vida de la Lozana, que vengais para tomar un consejo de vos.

_Loz._ Si entro, me estaré aquí más de quince dias, que no tengo casa.

_Sal._ Mira puta, que compré, y más espero, siéntate, y estáme de buena gana, que ya sé que tu criado es salido, que no te costó nada, que el abad lo sacó, que él pasó por aquí y me lo dixo, y le pesó porque no estaba por otra cosa más, para que vieras tú lo que hiciera.

_Loz._ A vos lo agradezco, mas no queda por eso, que más de diez ducados me cuesta la burla.

_Sal._ Yo te los sacaré mañana cuando jugaren, al primer resto; sús, comamos y triunfemos, que esto nos ganarémos, ¿de cuanto trabajamos qué será? ellos á hoder, y nosotras á comer como soldados que están alojados á discricion; el despachar de las buldas lo pagará todo, ó cualque minuta, ya sabes, Lozana, cómo vienen dos mill ducados del abadía, los mill son mios, y el resto poco á poco.

MAMOTRETO XXXIV.

Cómo va buscando casa la Lozana.

_Escudero._ ¿Qué buscais, señora Lozana? ¿hay en que pueda el hombre servir á vuestra merced? mirá por los vuestros, y servíos dellos.

_Loz._ Señor, no busco á vos, ni os he menester, que teneis mala lengua vos y todos los desa casa, que parece que os preciais en decir mal de cuantas pasan, pensá que sois tenidos por maldicientes, que ya no se osa pasar por esta calle por vuestras malsinerías, que á todas quereis pasar por la maldita, reprochando cuanto llevan encima, y todos vosotros no sois para servir á una sino á usanza de putería, el dinero en la una mano, y en la otra el tú me entiendes, y oxalá fuese ansí; cada uno de vosotros piensa tener un duque en el cuerpo, y por eso no hay puta que os quiera servir ni oir, pensá cuánta fatiga paso con ellas, cuando quiero hacer que os sirvan, que mill veces soy estada por dar con la carga en tierra, y no oso por no venir en vuestras lenguas.

_Esc._ Señora Lozana, ¿tan cruel sois? ¿por dos ó tres que dicen mal nos meteis á todos vuestros servidores? catad que la juventud no puede pasar sin vos, porque la pobreza la acompaña, y es menester ayuda de vecinos.

_Loz._ No digan mal, si quieren coño de balde.

_Esc._ Señora, mirá que se dice que á nadie hace injuria quien honestamente dice su razon, dexemos esto. ¿Dónde se va que gocés?

_Loz._ A empeñar estos anillos y estos corales, y buscar casa á mi propósito.

_Esc._ ¿Y por qué quiere vuestra merced dexar su vecindad?

_Loz._ Señor, quien se muda Dios lo ayuda.

_Esc._ No se enmohecerán vuestras baratijas, ni vuestras palomas fetarán.

_Loz._ No me curo, que no soy yo la primera, las putas cada tres meses se mudan por parecer fruta nueva.

_Esc._ Verdad es, mas las favoridas no se mudan.

_Loz._ Pues yo no só favorida, y quiero buscar favor.

_Esc._ Señora Lozana, buscais lo que vos podeis dar, ¿quién puede favorecer al género masculino ni al femenino mejor que vos? y podeis tomar para vos la flor.

_Loz._ Ya pasó solia, y vino tan buen tiempo, que se dice pesa y paga, éste es todo el favor que os harán todas las putas, hállase que en ellas se expenden ciento mil ducados, y no lo tomés en burla, que un banquero principal lo dió por cuenta á Su Santidad.

_Esc._ Son prestameras holgadas, no es maravilla, para ellas litigamos el dia por reposar la noche, son dineros de beneficios sin cura.

_Loz._ Y áun pinsiones rematadas entre putas.

_Esc._ ¿A qué modo se les da tanto dinero, ó para qué?

_Loz._ Yo os diré, en pinsiones ó alquiler de casas, la una ha envidia á la otra, y dexan pagada aquélla por cuatro ó cinco meses, y todo lo pierden por mudar su fantasía, y en comer, y en mozos, y en vestir y calzar, y leña y otras provisiones, y en infantescas, que no hay cortesana, por baxa que sea, que no tenga su infantesca, y no pueden mantenerse á sí, y todavía procuran de tenerla buena ó mala; y las siervas, como han sido putas, sacan por partido que quieren tener un amigo que cada noche venga á dormir con ellas, y ansí roban cuanto pueden.

_Esc._ Señora, el año de veinte y siete ellas serán fantescas á sus criadas, y perdonáme que os he detenido, porque no querria jamas carecer de vuestra vista, mirá que allí ví yo esta mañana puesta una locanda, y es bonica casa, aparejada para que cuando pasen puedan entrar sin ser vistas vuestras feligresas.

_Loz._ Callá, malsín; queríades vos allí para que entrasen por contadero, yo sé lo que me cumple.

_Esc._ ¡Oh qué preciosa es este diablo! yo queria expedir gratis, mas es taimada andaluza, y si quiere hacer por uno, vale más estar en su gracia que en la del gran Soldan. Mirá cuál va su criado tras ella; adiós, Zarpilla.

_Ramp._ Me recomiendo, cavallero: el cavallo no se comprará ogaño, piensan estos puercos revestidos de chamelotes hidalgos de Cantalapiedra, villanos, atestados de paja cevadaza, que porque se alaben de grandes caramillos, por eso les han de dar de cavalgar las pobres mujeres; voto á San Junco, que á éstos yo los haria pagar mejor, como dixo un loco en Porcuna, este monte no es para asnos.

_Julio._ ¿Qué es eso, Rodrigo Roido? ¿hay negocios? ¿con quién las habeis?

_Ramp._ No, con nadie, sino serviros; ¿habeis visto la Lozana?

_Jul._ Decí vuestra ama, no os avergonceis, andá, que allí entró, hacelda salir, que la espero, y decí que le quiero dar dineros, porque salga presto.

_Talillo._ ¿Quién es?

_Ramp._ Yo só; ¿está acá ella?

_Tal._ ¿Quién ella? decid, duelos os vengan, vuestra ama la señora Lozana, y esperá, cabron. Señora Lozana, vuestro criado llama.

_Loz._ Abrildo, mi alma, que él no habrá comido, y veréis cuál lo paro.

_Tal._ Sube, Abenamar.

_Loz._ ¿Qué quereis? ¿por dineros venis? pues tan blanco el ojo caminá, ¿no os dí ayer tres julios? ¿ya los gastastes? ¿so yo vuestra puta? andá, tornaos á casa.

_Oropesa._ Señora Lozana, llamaldo, que yo le daré dineros que expenda, vén acá, Jacómina, va, saca diez julios, y dáselos que coma, que su ama aquí se estará esta semana, y dale á comer, no se vaya. Vén acá, Rampin, va, come allí con aquellos mozos, duelos te vengan, vosotros no llamaréis á nadie por comer y reventar.

_Mozos._ Señora, venga, que él de casa es; vén acá, come, pues que veniste tarde, que milagro fué quedar este bocado del jamon, corta y come, y beberás.

_Ramp._ Ya he comido, no quiero sino beber.

_Tal._ Pues, cuerpo de tal contigo, ¿en ayunas quieres beber, como bestia? Señora Lozana, mandalde que coma, que ha vergüenza.

_Loz._ Come presto un bocado, y despacha el cuerpo de la salud.

_Tal._ ¿Qué esperas? come, pese á tal con quien te parió, ¿piensas que te tenemos de rogar? ves ahí vino en esa taza de plata, paso, paso, ¿qué diablos has? ¡oh, pese á tal contigo! ¿y las tripas echas? sal allá, que no es atriaca, ved aquí, oh cuerpo de Dios con quien te bautizó, que no te ahogó por grande que fueras, y ¿no te podias apartar? sino manteles y platos y tazas todo lo llenó este vuestro criado, cara de repelon trasnochado.

_Loz._ ¿Qué es esto de que reviesa? algo vido sucio, que él tiene el estómago liviano.

_Tal._ ¿Qué es eso que echa? ¿son lombrices?

_Mozos._ Agora, mi padre, son los bofes en sentir el tocino.

_Loz._ Dénle unas pasas para que se le quite el hipar, no se ahogue.

_Mozos._ Guay dél si comiera más, Dios quiso que no fué sino un bocado.

_Orop._ No será nada.

_Loz._ Señora, no querria que le quebrase en ciciones, porque su padre las tuvo siete años, de una vez que lo gustó.

_Tal._ ¡Amarga de tí, Guadalajara! Señora Lozana, no es nada, que lleva la cresta hinchada.

_Loz._ Hijo mio, ¿tocino comes? guay de mi casa, no te me ahogues.

_Tal._ ¡Quemado sea el venerable tocino!

MAMOTRETO XXXV.

Cómo yendo en casa de otra cortesana vino su criado, y lo hizo vestir entre sus conocidos.

_Loz._ Mira, Jacómina, no despiertes á la señora, déxala dormir, que el abad no la dexó dormir esta noche, ya se fué á cancillería por dineros, allá desollará cualque pobre por estar en gracia de tu ama. Yo me salí pasico, cierra la puerta y mira si me demanda di que fuí á mi casa.

_Jacómina._ Sí haré, mas acordaos de mí.

_Loz._ ¿De qué?

_Jacóm._ Que me traigais aquello para quitar el paño de la cara.

_Loz._ Y ¿qué piensas? ¿por dos julios te habian de dar los porcelletes, y limon, y agraz estilado, y otras cosas que van dentro? hermana, es menester más dineros si quieres que te traiga buena cosa.

_Jacóm._ Toma veis ahí cinco julios, y no lo sepa mi señora, que mi vizcaíno me dará más si fueren menester.

_Loz._ ¿Por qué no le dices tú á ese tu vizcaíno que me hable? que yo te lo haré manso, que te dará más, y no le digas que me has dado nada, que yo le haré que pague el agua y la fatiga, y á mi mozo quiero que le dé una espada de dos manos liviana; mañana te lo trairé, que para una romana lo tengo de hacer, que es muy morena, y me ha de dar uvas para colgar, y más que sacaré calla callando, y tú, si quieres ser hermosa, no seas mísera de lo que puedes ser larga; saca dese tu namorado lo que pudieres, que en mi casa te lo hallarás, y de tu señora me puedes dar mill cosas que ella lo tome en placer. Ansí se ayudan las amigas, ¿quién sabe si tú algun tiempo me habrás menester? que las amas se mueren y las amigas no faltan, que tu serás aún con el tiempo cortesana, que ese lunar sobre los dientes dice que serás señora de tus parientes, y todos te ayudarémos, que ventura no te faltará, sino que tú estás ciega con este vizcaíno, y yo sé lo que me sé, y lo que más de dos me han dicho, sino que no quiero que salga de mí, que yo sé dónde serías tú señora, y mandarías y no serías mandada, y me vó que tengo que hacer, aquí verná mi mozo, dale tú aquello que sabes que escondimos; veslo, aquí viene, ¿venís? ¿es hora, merdohem? entrá allá con Jacómina, y despues id á casa, y cerrá bien, y vení que me hallaréis en casa de la señora del solacio.

_Blason._ Señora Lozana, ¿dónde, dónde tan de priesa?

_Loz._ Ya podeis pensar, mujer que es estada cuatro sábados mala, y sin ayuda de nadie, mirá si tengo de darme priesa á rehacer el tiempo perdido; ¿qué pensais? ¿que me tengo de mantener del viento, como camaleon? no tengo quien se duela de mí, que vosotros sois palabras de presente y no más.

_Blas._ ¡Oh señora Lozana! sabe bien vuestra merced que yo soy palabras de pretérito y futuro, servidor vuestro, mas mirando la ingratitud de aquella que vos sabeis, diré yo lo que dixo aquel lastimado, _patria ingrata, non habebis ossa mea_, que quiere decir, _puta ingrata, non intrabis in corpore meo_, ¿cómo, señora Lozana, si yo le doy lo que vos misma mandastes, y más, como se ve que no son venidos los dineros de mis beneficios cuando se los echo encima, y le pago todas las deudas, porque aquella mujer no ha de mirar que yo no soy lazarillo, el que cavalgó á su agüela, que me trata peor, voto á Dios?

_Loz._ En eso tiene vuestra merced razon, mas mirá que con el grande amor que os tiene, ella hace lo que hace, y no puede más, que ella me lo dixo, y si no fuese porque voy agora de priesa á buscar unos dineros prestados para comprar á mi criado una capa mediana sin ribete, yo haria estas paces.

_Blas._ Señora Lozana, no quiero que sean paces, porque yo determino de no vella en toda mi vida; mas por ver que dice, y en qué términos anda la cosa, os ruego que vais allá, y mireis por mi honra, como vos, señora, soleis, que yo quiero dar á vuestro criado una capa de Perpiñan que no me sirvo della, y es nueva, y á vuestra merced le enviaré una cintura napolitana.

_Loz._ ¿Y cuándo?

_Blas._ Luégo, si luégo viene vuestro criado.

_Loz._ Veislo, viene; caminá, alvanir de putas, que veis ahí vuestro sueño suelto, este señor os quiere honrar, id con él, y vení donde os dixe.

_Blas._ Señora, hacé el oficio como soleis.

_Loz._ Andá, perdé cuidado, que ya sé lo que vos quereis; basta, basta.

_Sustituto._ Señora Lozana, acá, acá; pese al turco si en toda mi vida os hube menester, agora más que nunca.

_Loz._ Ya sé que me quereis, yo no puedo serviros, porque pienso en mis necesidades, que no hay quien las piense por mí, que yo y mi criado no tenemos pelo de calza ni con qué defendernos del frio.

_Sust._ Señora Lozana, eso es poca cosa para vuestra merced, yo daré una cana de medida de estameña fina, y zapatos y chapines, y dexáme luégo la medida, que mañana, ántes que vos, señora, os levanteis, os lo llevarán, y vuestro mozo envíamelo aquí, que yo le daré la devisa de mi señora y mi vida, aunque ella no me quiere ver.

_Loz._ ¿Y de cuándo acá no os quiere ver? que no dice ella eso, que si eso fuera, no me rogára ella á mí que fuese con ella disimulada á dar de chapinazos á la otra con quien os habeis envuelto, mas no con mi consejo, que para eso no me llama vuestra merced á mí, porque hay diferencia della á la señora Virgilia, y mirá, señor, ésa es puta salida, que en toda su casa no hay alhaja que pueda decir por esta gracia de Dios, que todo está empeñado y se lo come la usura, que Trigo me lo dixo: quiere vuestra merced poner una alcatraza con aquélla, que su gracia y su reposo y su casa lleva, y su saber basta para hacer tornar locos á los sabios, y si vuestra merced dará la devisa á mi mozo, será menester que yo me empeñe para dalle jubon de la misma devisa.

_Sust._ Andá, señora Lozana, que no suelo yo dar devisa que no dé todo; en esto verá que no la tengo olvidada á mi señora Virgilia, que voto á Dios, que mejor sé lo que tengo en ella, que no lo que tengo en mi casa. Veis, aquí viene el malogrado de vuestro criado con capa, parece al superbio de Perusa, que á nadie estima; quédese él aquí, y vaya vuestra merced buen viaje.

_Loz._ ¡Cuántas maneras hay en vosotros los hombres por sujetar á las sujetas, y matar á quien muere! allá esperaré al señor mi criado, por ver cómo le dice la librea de la señora Virgilia.

MAMOTRETO XXXVI.