Retrato de la Lozana Andaluza En lengua española muy clarísima, compuesto en Roma.
Part 16
Amigas, y en amor hermanas: deseando lo mismo pensé avisaros, cómo habiéndome detenido por vuestro amor, esperándoos, sucedió en Roma que entraron y nos castigaron y atormentaron y saquearon catorce mill teutónicos bárbaros, siete mill españoles sin armas, sin zapatos, con hambre y sed, italianos mill y quinientos, napolitanos reamistas dos mill, todos estos infantes; hombres darmas seiscientos, estandartes de jinetes treinta y cinco, y más los gastadores, que casi lo fueron todos, que si del todo no es destruida Roma, es por el devoto femenino sexo, y por las limosnas y el refugio que á los peregrinos se hacia agora; á todo se ha puesto entredicho, porque entraron lúnes á dias seis de Mayo de mill y quinientos y veinte y siete, que fué el escuro dia y la tenebrosa noche para quien se halló dentro, de cualquier nacion ó condicion que fuesen, por el poco respeto que á ninguno tuvieron, máxime á los perlados, sacerdotes, religiosos, religiosas, que tanta diferencia hacian de los sobredichos, como hacia yo de vosotras mis hermanas. Profanaron sin duda cuanto pudiera profanar el gran Sofi si se hallára presente, digo que no os maravillés, porque murió su capitan, por voluntad de Dios, de un tiro romano, de donde sucedió nuestro daño entrando sin pastor, donde la voluntad del Señor y la suya se conformó en tal modo, que no os cale venir, porque no hay para qué ni á qué, porque si venis por ver abades, todos están desatando sus compañones, si por mercaderes, ya son pobres; si por grandes señores, son ocupados buscando la paz, que se perdió y no se halla; si por romanos, están reedificando y plantando sus viñas; si por cortesanos, están tan cortos que no alcanzan al pan, si por triunfar, no vengais, que el triunfo fué con las pasadas; si por caridad, acá la hallarés pintada, tanta que sobra en la pared, por ende sosegad, que sin duda por munchos años podés hilar velas largas y luengas. Sed ciertas que si la Lozana pudiese festejar lo pasado, ó decir sin miedo lo presente, que no se ausentaria de vosotras ni de Roma, máxime que es patria comun, que voltando las letras dice Roma, amor.
Digresion que cuenta el Auctor en Venecia.
Cordialísimos lectores: pienso que munchas y munchas tragedias se dirán de la entrada y salida de los soldados en Roma, donde estuvieron diez meses á discrecion, y aun sin ella, que, como dicen _amicus Socrates, amicus Plato, magis amica veritas_. Digo sin ella, porque eran inobedientes á sus nobilísimos capitanes, y crueles á sus naciones y á sus compatriotas. ¡Oh gran juicio de Dios! venir un tanto exército _sub nube_ y sin temor de las maldiciones sacerdotales, porque Dios les hacia lumbre la noche y sombra el dia para castigar los habitatores romanos, y por probar sus siervos, los cuales somos muncho contentísimos de su castigo, corrigiendo nuestro malo y vicioso vivir, que si el Señor no nos amára no nos castigára por nuestro bien; mas ¡guay por quien viene el escándalo! Por tanto me aviso que he visto morir munchas buenas personas, y he visto atormentar muchos siervos de Dios como á su santa majestad le plugo. Salimos de Roma á diez dias de Febrero por no esperar las crueldades vindicativas de naturales, avisándome que de los que con el felicísimo exército salimos hombres pacíficos, no se halla, salvo yo, en Venecia esperando la paz, quien me acompañe á visitar nuestro santísimo protector, defensor fortísimo de una tanta nacion, gloriosísimo abogado de mis antecesores, Santiago y á ellos, el cual siempre me ha ayudado, que no hallé otro español en esta ínclita cibdad, y esta necesidad me compelió á dar este retrato á un estampador por remediar mi no tener ni poder, el cual retrato me valió más que otros cartapacios que yo tenía por mis legítimas obras, y éste, que no era legítimo, por ser cosas ridiculosas, me valió á tiempo, que de otra manera no lo publicára hasta despues de mis dias, y hasta que otrie que más supiera lo enmendára. Espero en el Señor eterno que será verdaderamente retrato para mis próximos, á los cuales me encomiendo, y en sus devotas oraciones, que quedo rogando á Dios por buen fin y paz y sanidad á todo el pueblo cristiano. Amén.
ÍNDICE
Advertencia preliminar. v
[Prólogo] 1
Argumento en el cual se contienen todas las particularidades que ha de haber en la presente obra. 3
[Parte primera]
Mamotreto primero. 5
Mamotreto II.—Responde la Tia, y prosigue. 7
Mamotreto III.—Prosigue la Lozana, y pregunta á la Tia. 10
Mamotreto IV.—Prosigue el autor. 13
Mamotreto V.—Cómo se supo dar la manera para vivir, que fué menester que usase audancia (_pro sapientia_). 19
Mamotreto VI.—Cómo en Pozo Blanco, en casa de una camisera, la llamaron. 22
Mamotreto VII.—Cómo vienen las parientas y les dice la Sevillana. 24
Mamotreto VIII.—Cómo torna la Lozana, y pregunta. 30
Mamotreto IX.—Una pregunta que hace la Lozana para se informar. 33
Mamotreto X.—El modo que tuvo yendo con Aguilarico, espantándose que le hablaban en catalan, y dice un barbero. 36
Mamotreto XI.—Cómo llamó á la Lozana la Napolitana que ella buscaba y dice á su marido que la llame. 38
Mamotreto XII.—Cómo Rampin le va mostrando la cibdad y le da ella un ducado que busque donde cenen y duerman, y lo que pasaron con una lavandera. 43
Mamotreto XIII.—Cómo entran en la estufa Rampin y la Lozana, y preguntan. 56
Mamotreto XIV.—Cómo torna su tia y demanda donde ha de dormir Rampin, y lo que pasaron la Lozana y su futuro criado en la cama. 60
Mamotreto XV.—Cómo fueron mirando por Roma, hasta que vinieron á la judería, y cómo ordenó de poner casa. 69
Mamotreto XVI.—Cómo entran á la judería y veen las sinogas, y cómo viene Trigo, judío, á ponelle casa. 76
Mamotreto XVII.—Informacion que interpone el autor para que se entienda lo que adelante ha de seguir. 82
Mamotreto XVIII.—Prosigue el autor tornando al décimosexto mamotreto, que viniendo de la judería, dice. 88
Mamotreto XIX.—Cómo, despues de ido Trigo, vino un Maestresala á estar la siesta con ella, y despues un Macero y el Balijero de su señoría. 93
Mamotreto XX.—Las preguntas que hizo la Lozana aquella noche al Balijero, y cómo la informó de lo que sabía. 102
Mamotreto XXI.—Otra pregunta que hace la Lozana al Balijero cuando se levanta. 107
Mamotreto XXII.—Cómo se despide el Balijero y desciende su criado, y duermen hasta que vino Trigo. 111
Mamotreto XXIII.—Cómo fué la Lozana en casa desta cortesana, y halló allí á un canónigo, su mayordomo, que la empreñó. 114
[Parte segunda]
Mamotreto XXIV.—Cómo comenzó á conversar con todos, y como el auctor la conoció por intercesion de un su compañero, que era criado de un embaxador milanés, al cual ella sirvió la primera vez con una moza no vírgen, sino apretada. Aquí comienza la parte segunda. 119
Mamotreto XXV.—Cómo el auctor dende á pocos dias encontró en casa de una cortesana favorida á la Lozana y la habló. 132
Mamotreto XXVI.—Cómo la Lozana va á su casa, y encuentra su criado y responde á cuantos la llaman. 137
Mamotreto XXVII.—Cómo va por la calle y la llaman todos, y un portugues que dice. 141
Mamotreto XXVIII.—Cómo va la Lozana en casa de un gran señor, y pregunta si por dicha le querrian rescebir uno de su tierra que es venido, y posa en su casa. 145
Mamotreto XXIX.—Cómo torna su criado, que venga presto, que la esperan una hija puta y su madre vieja. 149
Mamotreto XXX.—Cómo viene su criado, y con él un su amigo, y ven salir las otras de casa. 154
Mamotreto XXXI.—Cómo la Lozana soñó que su criado caia en el rio, y otro dia lo llevaron en prision. 158
Mamotreto XXXII.—Cómo vino el otro su compañero corriendo, y avisó la Lozana, y va ella radiando buscando favor. 162
Mamotreto XXXIII.—Cómo la Lozana vido venir á su criado, y fueron á casa, y cayó él en una privada por más señas. 166
Mamotreto XXXIV.—Cómo va buscando casa la Lozana. 171
Mamotreto XXXV.—Cómo yendo en casa de otra cortesana vino su criado, y lo hizo vestir entre sus conocidos. 177
Mamotreto XXXVI.—Cómo un caballero iba con un embaxador napolitano travestidos, y vieron de léxos á la Lozana, y se la dió á conocer el caballero al embaxador. 183
Mamotreto XXXVII.—Cómo de allí se despidió la Lozana, y se fué en casa de un hidalgo que la buscaba, y estando solos se lo hizo porque diese fe á otra que lo sabía hacer. 187
Mamotreto XXXVIII.—Cómo la Lozana entra en la baratería de los gentiles hombres y dice. 195
Mamotreto XXXIX.—Cómo la señora Terencia vido pasar á la Lozana y la manda llamar. 201
Mamotreto XL.—Cómo yendo su camino encuentra con tres mujeres, y despues con dos hombres que la conocen de luengo tiempo. 204
[Parte tercera]
Mamotreto XLI.—Aquí comienza la tercera parte del retrato, y serán más graciosas cosas que lo pasado. Cómo tornó á casa y afeitó con lo que traia las sobredichas, y cómo se fueron, y su criado con ellas, y quedó sola, y contaba todo lo que habia menester para su trato, que queria comenzar, y de aquí adelante le darémos fin. 208
Mamotreto XLII.—Cómo estando la Lozana sola diciendo qué le convenia hacer para tratar y platicar en esta tierra sin servir á nadie, entró el Auctor callando, y disputaron los dos, y dice él. 213
Mamotreto XLIII.—Cómo salia el Auctor de casa de la Lozana, y encontró una fantesca cargada y un villano, con dos asnos cargados uno de cebollas y otro de castañas, y despues se fué el Auctor con un su amigo, contándole las cosas de la Lozana. 221
Mamotreto XLIV.—Cómo fué otro dia á visitarla este su conocido Silvano, y las cosas que allí contaron. 224
Mamotreto XLV.—Una respuesta que hace este Silvano, su conocido de la Lozana. 229
Mamotreto XLVI.—Respuesta que da la Lozana en su laude. 231
Mamotreto XLVII.—Cómo se despide el conocido de la señora Lozana, y de las señas de la patria del Auctor. 234
Mamotreto XLVIII.—Cómo vinieron diez cortesanas á se afeitar, y lo que pasaron, y despues otras dos casadas sus amigas, camiseras. 240
Mamotreto XLIX.—Cómo vinieron á llamar á la Lozana que fuese á ver un gentil-hombre nuevamente venido, que estaba malo, y dice ella entre sí, por las que se partieron. 245
Mamotreto L.—Cómo la Lozana va á ver este gentil-hombre, y dice subiendo. 249
Mamotreto LI.—Cómo se fué la Lozana corrida, y decia muy enojada. 251
Mamotreto LII.—Cómo la Lozana encontró, ántes que entrase en su casa, con un vagamundo, llamado Sagüeso, el cual tenía por oficio jugar y cabalgar de balde, y dice. 254
Mamotreto LIII.—Lo que pasan entre todos tres, y dice la Lozana á Divicia. 258
Mamotreto LIV.—Cómo platicaron la Lozana y Divicia de munchas cosas. 266
Mamotreto LV.—Cómo la Lozana vido venir un jóven desbarbado, de diez y ocho años, llamado Coridon, y le dió este consejo como supo su enfermedad. 274
Mamotreto LVI.—Cómo la Lozana estaba á su ventana, y dos galanes vieron salir dos mujeres, y les demandaron qué era lo que negociaban. 281
Mamotreto LVII.—Cómo salió la Lozana con su canastillo debaxo, con diversas cosas para su oficio, y fué en casa de cuatro cortesanas favoridas, y sacó de cada una, en partes, provision de quien más podia. 285
Mamotreto LVIII.—Cómo va la Lozana en casa de la Garza Montesina, y encuentra con dos rufianes napolitanos, y lo que le dicen. 290
Mamotreto LIX.—Cómo la Lozana fué á casa de madona Clarina, favorida, y encontró con dos médicos, y el uno era cirúgico, y todos dos dicen. 296
Mamotreto LX.—Cómo fué la Lozana en casa de la Imperia Aviñonesa, y cómo encontró con dos juristas letrados que ella conocia, que se habian hecho cursores ó emplazadores. 302
Mamotreto LXI.—Cómo un médico familiar de la señora Imperia estuvo con la Lozana hasta que salió de reposar la Imperia. 307
Mamotreto LXII.—Cómo la señora Imperia, partido el médico, ordenó de ir á la estufa ella y la Lozana, y cómo encontraron á uno que decia Oliva, Oliva de España, el cual iba en máscara, y dice la Imperia al médico. 311
Mamotreto LXIII.—Cómo la Lozana fué á su casa, y envió por un sastre, y se vistió del paño que le dieron en casa del coronel, y lo que pasó con una boba, y dice la Lozana. 315
Mamotreto LXIV.—Cómo vinieron cuatro palafreneros á la Lozana, si queria tomar en su casa un gentil-hombre que venía á negociar, y traia un asnico sardo llamado Robusto, y ensalmóles los encordios, y dice uno. 319
Mamotreto LXV.—Cómo vino el asno de micer Porfirio por corona, y se graduó de bachiller, y dice entre sí mirando al Robusto, su asnico. 322
Mamotreto LXVI.—Cómo la Lozana se fué á vivir á la ínsula de Lipari, y allí acabó muy santamente ella y su pretérito criado Rampin, y aquí se nota su fin y un sueño que soñó. 326
Cómo se excusa el Auctor en la fin del retrato de la Lozana en laude de las mujeres. 331
Esta epístola añadió el Auctor, el año mill é quinientos é veinte é siete, vista la destruicion de Roma, y la gran pestilencia que sucedió, dando gracias á Dios, que le dexó ver el castigo que méritamente Dios permitió á un tanto pueblo. 337
Carta de excomunion contra una cruel doncella de sanidad. 341
Epístola de la Lozana á todas las que determinaban venir á ver Campo de Flor en Roma. 344
Digresion que cuenta el Auctor en Venecia. 346