Retrato de la Lozana Andaluza En lengua española muy clarísima, compuesto en Roma.

Part 14

Chapter 144,233 wordsPublic domain

_Loz._ Señores mios, ya veo que me quereis motejar, mis melecinas son: si pega, pega, y míroles á las manos como hace quien algo sabe, señores, concluí, que el médico y la medicina los sabios se sirven de él y de ella, mas no hay tan asno médico como el que quiere sanar el griñimon que Dios lo puso en su disposicion. Si vuestras mercedes quieren un poco de favor con madona Clarina en pago de mi maleficio, esperen aquí, y haré á su señoría que hable á vuestras mercedes, que no será poco, y si tiene que medicarse en su fuente, entrarán vuestras mercedes aunque sea de rodillas.

_Cir._ Pues sea ansí, señora Lozana, diga barba que haga. No querria que más valiese mi capa de lo que ésta gana, ya es entrada, esperemos, y verémos la clareza que Dios puso en esta italiana, que dicen que cuando bebe se le parece el agua y se le pueden contar las venas; veislas las dos, hable vuestra merced, que yo no sé qué le decir.

_Méd._ Madona Clarina, séale recomendada la señora Lozana.

_Clar._ Oida, me recomiendo; dime, Lozana, ¿quién son aquéllos?

_Loz._ Señora, el uno es de Orgaz y el otro de Jamilena, que medicaba y iba por leña, y metia todas las orinas juntas, por saber el mal de la comunidad; señora, vamos á la loja.

_Clar._ Andemos; decíme, ¿qué cosa hay aquí en aquesta escátula?

_Loz._ Madona, unos polvos para los dientes, que no se caigan jamas.

_Clar._ ¿Y esto?

_Loz._ Para los ojos.

_Clar._ Díme, española, ¿es para mí?

_Loz._ Madona no, que es para madona Alvina, la de Aviñon.

_Clar._ Vaya á la horca, dámelo á mí.

_Loz._ No lo hagais, señora, que si vos supiésedes lo que á ella le cuesta, que dos cueros de ólio se han gastado, que ella compró, que eran de más de cien años, por hacer esto poquito.

_Clar._ No te curar, Lozana, que non vollo que lei sea da tanto que habia questo, que yo te daro olio de ducenti ani, que me donó á mí micer incornato mio trovato sota terra; díme, ¿ha ella casa ni viña como que ho yo?

_Loz._ Sea desta manera, tomad vos un poco, y dadme á mí otro poco que le lleve, porque yo no pierda lo que me ha prometido, que la pólvora no se halla ansí á quien la quiere, que se hace en el Paraíso terrenal, y me la dió un mi caro amante que yo tuve, que fué mi señor Diomédes, el segundo amor que yo tuve en este mundo, y á él se la dieron los turcos, que van y vienen casi á la contínua; y piense vuestra señoría que tal pólvora como ésa no me la quitaria yo de mí por dalla á otrie, si no tuviese gran necesidad, que no tengo pedazo de camisa ni de sábanas, y sobre toda la necesidad que tengo de un pabellon y de un torna-lecho, que si no fuese esto que ella me prometió para cuando se lo llevase, no sería yo osada á quitar de mí una pólvora tan excelente, que si los dientes están bien apretados con ella, no se caerán jamas.

_Clar._ Vení acá Lozana, abrí aquella caxa grande, tomá dos piezas de tela romanesca para un pabellon, va, abre aquel forcel, e tomá dos piezas de tela de Lodi para hacer sábanas, y tomá hilo malfetano para coserlo todo, va, abre el otro forcel, y toma dos piezas de cortinela para que hagais camisas, y toma otra pieza de tela romanesca para hacer camisas á vuestro nuevo marido.

_Loz._ Madona, mire vuestra señoría que yo de todo esto me contento; mas ¿cómo harémos, que el poltron de mi pretérito criado me descubrirá? porque ella misma le prometió unas calzas y un jubon.

_Clar._ Bien, va, abre aquella otra caxa y toma un par de calzas nuevas y un jubon de raso, que hallarás cuatro, toma el mejor, y llama la Esclavona, que tome un canestro y vaya con vos á llevaros estas cosas á vuestra casa, y id presto, porque aquel acemilero no os tome el ólio, que se podria hacer bálsamo, tanto es bueno, y guarda, española, que no des á nadie de esto que me has dado á mí.

_Loz._ Madona, no; mas haré desta manera, que juntaré el almáciga y la grana y el alumbre, y se lo daré, y diré que sea esa misma, y haré un poco de ólio de habas, y diré que se lo ponga con el colirio, que es apropiado para los ojos, y ansí no sabrá que vuestra señoría tiene lo más perfeto.

_Clar._ Andá, y hacé ansí por mi amor, y no de otro modo, y recomendáme á vuestro marido micer Rampin.

MAMOTRETO LX.

Cómo fué la Lozana en casa de la Imperia Aviñonesa, y cómo encontró con dos juristas letrados que ella conocia, que se habian hecho cursores ó emplazadores.

_Loz._ Estos dos que vienen aquí, si estuviesen en sus tierras serian alcaldes, y aquí son mandatarios, solicitadores que emplazan, y si fuesen sus hermanas casadas con quien hiciese aquel oficio, dirian que más las querian ver putas que no de aquella manera casadas, porque ellos fueron letrados ó buitres de rapiña; todo su saber no vale nada, á lo que yo veo, que más ganan ellos con aquellas varillas negras que con cuanto estudiaron en jure. Pues yo no estudié, y sé mejor el jure cevil que traigo en este mi canastillo, que no ellos, en cuantos capítulos tiene el cevil y el criminal; como dixo Apuleyo, bestias letrados.

_Juristas._ Aquí, aquí somos todos, señora Lozana, _hodie hora vigessima_, en casa vuestra.

_Loz._ No sé si seré á tiempo, mas traé que rozar, que allá está mi Rampin que lo guise, y mirá no faltés, porque de buena razon ellas han de venir hoy que es sábado, mas yo creo que vosotros ya debeis y no os deben.

_Jur._ ¿Qué cosa es eso deber ó que nos deben? cuerpo del mundo, ¿el otro dia no llevamos buen pexe y buen vino, y más dormimos con ellas y las pagamos muy bien?

_Loz._ No lo digo por eso, que ya sé que traxistes todo eso, y que bebistes hasta que os emborrachastes, mas otra cosa es menester que traer y beber, que eso de jure antiguo se está, sino que os deben ó debeis, quiere decir que era una jodía vieja de noventa años, y tenía dos nueras mujeres burlonas, y venian á su suegra cada mañana, y decian: buenos dias, señora, y respondia ella, vosotras teneis los buenos dias y habeis las buenas noches, y como ellas veian esta respuesta siempre, dixeron á sus maridos, vuestra madre se quiere casar, y decian ellos, ¿cómo es posible? decian ellas, casalda y vello heis que no dice de no. Fueron, y casáronla con un jodío viejo y médico, ¿qué hicieron las nueras? rogaron al jodío que no la cabalgase dos noches, él hízolo ansí, que toda la noche no hizo sino contalle sus deudas que tenía; vinieron las nueras otro dia, y dixo la vieja: ¿qué quiero hacer deste viejo, que no es bueno sino para comer, y tiene más deudas que no dineros, y será menester que me destruya á mí y á mis hijos? fueron las nueras al jodío, y dixéronle que hiciese aquella noche lo que pudiese, y él, como era viejo, caminó, y pasó tres colchones; viniendo la mañana vienen las nueras, y dicen á la suegra, señora, albricias, que vuestros hijos os quieren quitar este jodío, pues que tanto debe, respondió la vieja: mirad, hijas, la vejez es causa de la sordedad, que yo no oyo bien qué le deben á él, que le deben, que él no debe nada: así que, señores, ¿vosotros debés, ó deben os?

_Jur._ ¡Voto á Dios! que á mí que me deben desa manera más que no es de menester, acá á mi compañero no sé, demandaldo á ella, que bien creo que pasa todos los dedos, y áun las tablas de la cama.

_Curzor._ No me curo, que la obra es la que alaba al maestro; señora Lozana, torná presto por vuestra fe, que nosotros vamos á pescaría.

_Loz._ Gente hay en casa de la señora Imperia, mejor para mí, que pescaré yo aquí sin jure; ¿qué haces ahí, Medaldo? va, abre, que vó á casa.

_Medaldo._ Andá, que Nicolete es de guardia, y él os abrirá, llamá.

_Loz._ Nicolete, hijo mio, ¿qué haces?

_Nicolete._ Soy de guardia, y mirá, Lozana, qué pedazo de caramillo que tengo.

_Loz._ ¡Ay triste! ¿y estás loco? está quédo, beodo, que nos oirán.

_Nicol._ Callá, que todos están arriba; sacá los calzones, que yo os daré unos nuevos de raso encarnado.

_Loz._ Haz á placer, que vengo cansada, que otro que calzones quiero.

_Nicol._ Que, mi vida, de cara arriba.

_Loz._ Yo te lo diré despues.

_Nicol._ No, sino agora; no, sino agora; no, sino agora.

_Loz._ ¡Oh qué bellaco que eres! vá arriba y di á la señora cómo estoy aquí.

_Nicol._ Sobí vos, y tomallos, es sobre tabla, y harés colacion.

_Loz._ Por munchos años y buenos halle yo esas presencias juntas. ¿Qué Emperatriz ni gran señora tiene dos aparadores, como vuestra señoría, de contínuo aparejados á estos señores reyes del mundo?

_Coronel._ Española, fa colacion, aquí con nos quiero que bebés con esta copina, que sea la tua, porque quieres bien á la señora Imperia, mi patrona.

_Imperia._ Todo es bien empleado en mi Lozana; mozos, serví allí todos á la Lozana, y esperen las amas y los escuderos hasta que ella acabe de comer; Lozana mia, yo quiero reposar un poco, entre tanto hazte servir, pues lo sabes hacer.

_Loz._ Yo quiero comer este faisan, y dexar esta astarna para Nicolete, porque me abrió la puerta de abaxo; estos pasteles serán para Rampin, aunque duerme más que es menester.

MAMOTRETO LXI.

Cómo un médico familiar de la señora Imperia estuvo con la Lozana hasta que salió de reposar la Imperia.

_Médico._ Decí, señora Lozana, ¿cómo os va?

_Loz._ Señor, ya veis, fatigar y no ganar nada; estóme en mi casa, la soledad y la pobreza están mal juntas, y no se halla lino á comprar, aunque el hombre quiera hilar, por no estar ociosa, que querria hordir unos manteles, por no andar á pedir prestados cada dia.

_Méd._ Pues vos, señora Lozana, que haceis y dais mil remedios á villanos, ¿por qué no les encargais que os traigan lino?

_Loz._ Señor, porque no tomo yo nada por cuanto hago, salvo presentes.

_Méd._ Pues yo querria más vuestros presentes que mi ganancia, que es tan poca, que valen más las candelas que gasté estudiando que cuanto he ganado despues endevinando pulsos; mas vos, ¿qué estudiastes?

_Loz._ Mirá que me aconteció ayer: vinieron á mi casa una mujer piamontesa con su marido romañolo, y pensé que otra cosa era; traxeron una llave de cañuto, la cual era llena de cera y no podian abrir, y pensaron que estaban hechizados; rogáronme que lo viese yo, yo hice lo que sabía, y diéronme dos julios, y prometiéronme una gallina, que me truxeron hoy, y huevos con ella, y ansí pasaré esta semana con este presente.

_Méd._ Pues decíme, señora Lozana, ¿qué hecistes á la llave, cualque silogismo ó qué?

_Loz._ Yo os diré: como sacaron ellos la cera, no pudo ser que no se pegase cualque poca á las paredes de la llave; fuí yo presto al fuego, y escallentéla hasta que se consumió la cera, y vine abaxo, y dísela, y dixe que todo era nada; fuéronse, y abrieron, y cabalgaron, y ganéme yo aquel presente sofísticamente; decíme por qué no tengo yo de hacer lo que sé, sin perjuicio de Dios y de las gentes; mirá, vuestro saber no vale si no lo mostrais que lo sepa otrie; mirá, señor, por saber bien hablar gané agora esta copica de plata dorada, que me la dió su merced del coronel.

_Méd._ Ese bien hablar, adular, incóñito le llamo yo.

_Loz._ Señor Salomon, sabé que cuatro cosas no valen nada si no son participadas ó comunicadas á menudo: el placer, y el saber, y el dinero, y el coño de la mujer, el cual no debe estar vacuo, segun la filosofía natural. Decíme, ¿qué le valdria á la Xerezana su galanería si no la participase? ¿Ni á la Montesina su hermosura, aunque la guardase otros sesenta años, que jamas muriese, si tuviese su coño puesto en la guardaropa, ni á Madona Clarina sus riquezas, si no supiese guardar lo que tiene? y á la señora Aviñonesa, ¿qué le valdrian sus tratos si no los participase y comunicase con vuestra merced y comigo, como con personas que ántes la podemos aprovechar? ¿qué otra cosa veis aquí? yo pierdo tiempo, que sé que en mi casa me están esperando, y porque la señora sé que me ha de vestir á mí y á mi criado, callo.

_Méd._ No puedo pensar qué remedio tener para cabalgar una mi vecina lombarda; porque es casada y está preñada.

_Loz._ Dexá hacer á mí.

_Méd._ Si hacés como á la otra, mejor os pagaré.

_Loz._ Esto será más fácil cosa de hacer, porque diré que á la criatura le faltan los dedos, que vuestra merced los hará.

_Méd._ Yo lo doy por hecho, que no es ésta la primera que vos sabés hacer.

_Loz._ Yo os diré: son lombardas de buena pasta; fuíme esta semana á una, y díxele, ¿cuándo viene vuestro marido, mi compadre? dice, mañana; digo yo, ¿por qué no os is al baño y acompañaros he yo? fué, y como era novicia, apañéle los anillos, y díle á entender que le eran entrados en el cuerpo; fuíme á un mi compadre, que no deseaba otra cosa, y díle los anillos, y dí órden que se los sacase uno á uno; cuando fué al último ella le rogaba que le sacase tambien un caldero que le habia caido en el pozo; en esto, el marido llamó, dixo ella al marido: en toda vuestra vida me sacastes una cosa que perdiese, como ha hecho vuestro compadre, que si no viniérades, me sacára el caldero y la cadena que se cayó el otro dia en el pozo: él, que consideró que yo habria tramado la cosa, amenazóme si no le hacia cabalgar la mujer del otro; fuíme allá diciendo que era su parienta muy cercana, á la cual demandé, diciendo que cuánto tiempo habia que era preñada, y si su marido estaba fuera; dixo que de seis meses; yo, astutamente, como quien ha gana de no verse en vergüenza, le dí á entender la criatura no tener orejas ni dedos. Ella, que estimaba el honor, rogóme que si lo sabía ó podia, que le ayudase, que sería della pagada; aquí está, digo yo, el marido de la tal, que por mi amor os servirá, y tiene excelencia en estas cosas; finalmente, que hizo dedos y orejas, cosa por cosa; y venido su marido, ella lo reprehende haber tan poca advertencia, ántes que se partiera, y no dexar acabada la criatura. Desta manera podemos serviros, máxime, que diciendo que sois físico eximio, pegará mejor vuestro engrudo.

_Méd._ No querria ir por lana, y que hiciésedes á mi mujer hallar una saya que esotro dia perdió.

_Loz._ Por el sacrosanto saco de F, que quiero otro que saya de vuestra merced.

MAMOTRETO LXII.

Cómo la señora Imperia, partido el médico, ordenó de ir á la estufa ella y la Lozana, y cómo encontraron á uno que decia Oliva, Oliva de España, el cual iba en máscara, y dice la Imperia al médico:

_Imp._ ¿Qué se dice, maestro Arresto? ¿retozábades á la Lozana, ó veramente haceis partido con ella que no os lleve los provechos? ya lo hará si se los pagais, por eso ántes que se parta sed de acordo con ella.

_Méd._ Señora, entre ella y mí el acuerdo sería que partiésemos lo ganado y participásemos de lo porvenir, mas Rampin despriva á munchos buenos que querian ser en su lugar; mas si la señora Lozana quiere, ya me puede dar una espetativa en forma comun para cuando Rampin se parta, que éntre yo en su lugar, porque, como ella dice: no esté lugar vacío, la cual razon conviene con todos los filósofos, que quieren que no haya lugar vacuo, y despues desto verná bien su conjuncion con la mia, que, como dicen, segun que es la materia que el hombre manca, ansí es más excelente el maestro que la opera; porque cierta cosa es que más excelente es el médico del cuerpo humano racional que no el albéitar, que medica el cuerpo irracional, y más excelente el miembro del ojo que no el dedo del pié, y mayor milagro hizo Dios en la cara del hombre ó de la mujer que no en todo el hombre, ni en todo el mundo, y por eso no se halla jamas que una cara sea semejante á otra en todas las partículas, porque si se parece en la nariz no se parece en la barba, y así de singulis. De manera que yo al cuerpo, y ella á la cara, como más excelente y mejor artesana de caras que en nuestros tiempos se vido. Estariamos juntos, y ganariamos para la vejez poder pasar, yo sin récipe, y ella sin hic, et hec, et hoc, el alcohol, y amigos como de ántes, y beso las manos á vuestra merced, y á mi señora Lozana la boca.

_Loz._ Yo la vuestra enzucarada, ¿qué me decis? cuando vos quisiéredes regar mi manantío, está presto y á vuestro servicio, que yo sería la dichosa.

_Imp._ Más vale asno que os lleve que no caballo que os derrueque, de Rampin haceis vos lo que quereis, y sirve de todo, y dexá razones y vamos á la estufa.

_Loz._ Vamos, señora, mas siempre es bueno saber, que yo tres ó cuatro cosas no sé que deseo conocer, la una qué via hacen, ó qué color tienen los cuernos de los hombres, y la otra querria leer lo que entiendo, y la otra querria que en mi tiempo se perdiese el temor y la vergüenza para que cada uno pida y haga lo que quisiere.

_Imp._ Eso postrero no entiendo, de temor y vergüenza.

_Loz._ Yo, señora, yo os lo diré; cierto es que si yo no tuviese vergüenza, que cuantos hombres pasan querria que me besasen, y si no fuese el temor, cada uno entraria y pediria lo vedado; mas el temor de ser castigados los que tal hiciesen, no se atreven, porque la ley es hecha para los transgresores, y así de la vergüenza, la cual ocupa que no se haga lo que se piensa, y si yo supiese ó viese estas tres cosas que arriba he dicho, sabria más que Juan Desperaendios. De manera que cuantas putas me viniesen á las manos, les haria las cejas á la chancilleresca, y á mi marido se los pornia verdes, que significan esperanza, porque me metió el anillo de cuerno de búfalo, y la cuarta que penitus inñoro es: ¿de quién me tengo de empreñar cuando algo me empreñe? señora, vaya Jusquina delante y lleve los aderezos. Vamos por aquí que no hay gente, señora, ¿ya comienzan las máscaras? mire vuestra merced cuál va el bellaco de Hércoles enmascarado; y Oliva, Oliva de España, aquí vienen y hacen quistion, y van cantando: agora me vezo sonar de recio. Entre vuestra merced y salgamos presto, que me vernán á buscar más de cuatro agora que andan máxcaras, que aquí ganaré yo cualque ducado para dar la parte á maestro Arresto, él debe trala, que medicó el asno, y mérito el albarda, pues vaya á la horca, que no me ha de faltar hombre, aunque lo sepa hurtar.

MAMOTRETO LXIII.

Cómo la Lozana fué á su casa, y envió por un sastre, y se vistió del paño que le dieron en casa del coronel, y lo que pasó con una boba, y dice la Lozana:

_Loz._ ¿Dónde meteis esa leña? ¿y el carbon está abaxo? ¿mirastes si era bueno? ¿sobistes arriba los barriles, los presutos y quesos? ¿contaste cuántas piezas de tela vinieron? ¿vistes si el olio está seguro que no se derrame? pues andá, llamá á maestro Gil, no sea para esotra semana, y mirá que ya comienzan las máxcaras á andar en torno, estas carrastollendas tenemos de ganar; torná presto, porque presteis esos vestidos á quien os lo pagáre. Veis, viene madona Pelegrina, la simple, á se afeitar, aunque es boba siempre me da un julio, y otro que le venderé de soliman serán dos. Entrá, ánima mia cara, ¿y con este tiempo venís? ánima mia, dulce, saporida; mirá qué ojos y qué dientes, bien parece que sois de buena parte. Bene mio, asentaos, que venis cansada, que vos sois española por la vida, y podria ser, que los españoles por do van siembran, que veinte años há que nos los tenés allá por esa Lombardía, ¿estais gravida, mi señora?

_Pelegrina._ Señora, no, mas si vos, señora Lozana, me supiésedes decir con qué me engravidase, yo os lo satisfaria muy bien, que no deseo en este mundo otro.

_Loz._ ¡Ay ánima mia enzucarada! récipe lo que sé que es bueno, si vos lo podeis hacer, tomá sábana de fraile que no sea quebrado, y halda de camisa de clérigo macho, y rechincháoslas á las caderas con uñas de sacristan marzolino, y veréis qué hijo haréis.

_Pel._ Señora Lozana, vos que sabeis en qué caen estas cosas, decíme, ¿qué quiere decir que cuando los hombres hacen aquella cosa se dan tanta prisa?

_Loz._ Habeis de saber que me place, porque el discípulo que no dubda ni pregunta, no sabrá jamas nada, y esta tierra hace los ingenios sotiles y vivos, máxime vos, que sois de la Marca, muncho más sabréis interrogando que no adevinando.

Habeis de saber que fué un emperador que, como viese que las mujeres tenian antiguamente cobertera en el ojo de cucharica de plata, y los hombres fuesen eunucos, mandó que de la cobertera hiciesen compañones á los hombres, y como hay una profecía que dice Merlin que ha de tornar cada cosa á su lugar, como aquellos al cufro de la mujer, por eso se dan tanta priesa por no quedar sin ellos, y beata la mujer á quien se le pegaren los primeros; por tanto, si vos me creeis, hacé desta manera: alzá las nalgas y tomaldo á él por las ancas y apretá con vos, y quedaréis con cobertera y preñada, y esto haced hasta que acerteis.

_Pel._ Decíme, señora Lozana, ¿qué quiere decir que los hombres tienen los compañones gordos como huevos de gallina, de paloma y de golondrina, y otros que no tienen sino uno?

_Loz._ Si bien los mirastes, en ellos vistes las señales; habeis de saber que los que no tienen sino uno perdieron el otro desvirgando mujeres ancianas; y los que los tienen como golondrinas, se los han disminuido malas mujeres, cuando sueltan su artillería y los que los tienen como paloma, ésos te saquen la carcoma, y los que los tienen como gallina es buena su manida.

_Pel._ Decíme, señora Lozana, ¿qué quiere decir que los mozos tienen más fuerza y mejor que sus amos, por más hombres de bien que sean?

_Loz._ Porque somos las mujeres bobas, cierta cosa es que para dormir de noche y para sudar no os haceis camisa sotil, que luégo destexe. El hombre, si está bien vestido, contenta al ver, mas no satisface la voluntad, y por esto valen más los mozos que sus amos en este caso; y la camisa sotil es buena para las fiestas, y la gorda á la contínua; que la mujer sin hombre es como fuego sin leña, y el hombre machucho que la encienda y que coma torreznos, porque le haga los mamotretos á sus tiempos, y su amo que pague el alquilé de la casa y que dé la saya; y ansí pelallos, y popallos, y cansarlos, y despues de pelados, dexallos enxugar.

MAMOTRETO LXIV.

Cómo vinieron cuatro palafreneros á la Lozana, si queria tomar en su casa un gentil-hombre que venía á negociar, y traia un asnico sardo llamado Robusto, y ensalmóles los encordios, y dice uno:

_Palafrenero._ Señora Lozana, nosotros, como somos huérfanos y no tenemos agüelas, venimos con nuestros tencones en las manos á que nos ensalmeis, y yo, huérfano, á que me beseis.

_Loz._ Amigo, este monte no es para asnos, comprá mulos; ¡qué gentileza! hacerme subir la calamita, ¡si os viera hacer eso Rampin el bravo, que es un diablo de la peña Camasia! ¿pensais que soy yo vuestra Ginebra, que se afeita ella misma por no dar un julio á quien la haria parecer moza?

_Pal._ Puta ella y vos tambien, ¡guay de tí, Jerusalen!

_Camarino._ Señora Lozana, ensalmános estos encordios, y veis aquí esta espada y estos estafiles, vendeldos vos para melecinas.

_Loz._ Vení uno á uno, dexáme poner la mano.

_Cam._ ¡Ay! que estais fria.

_Loz._ Vos seréis abad, que sois medroso; vení vos, ¡oh! qué teneis de pelos en esta forma, Dios la bendiga, vería si tuviese cejas.

_Pal._ Señora Lozana, si tuviese tantos esclavos que vender, á vos daria el mejor.

_Loz._ Andá, que vos serés mercader cobdicioso; vení vos, esperá, meteré la mano.

_Sarac._ Meté, señora, mas mirá que estoy derecho.

_Loz._ Por mi vida, que sois caballero y hidalgo, aunque pobre; y si tanto derecho tuviésedes á un beneficio, sería vuestra la sentencia, esperá, diré las palabras, y tocaré, porque en el tocar está la virtud.

_Sar._ Pues dígalas vuestra merced alto que las oigamos.

_Loz._ Só contenta; Santo Ensalmo se salió, y contigo encontró, y su vista te sanó; ansí como esto es verdad, ansí sanés deste mal, amén. Andá, que no será nada; ¿qué pecado es que tengais mal en tal mandragulon?

_Pal._ Mayor que el rollo de Écija, servidor de putas.

_Loz._ Mala putería corras, como Margarita Corillon, que corrió los burdeles de Oriente y Poniente, y murió en Setentrion, sana y buena como yo.

_Pal._ Decinos agora, ¿cómo haréis, que dicen que habrá guerra, que ya con la peste pasada cualque cosa ganábades?

_Loz._ Mal lo sabeis, más quiero yo guerra que no peste, al contrario del Duque de Saboya, que quiere más peste en sus tierras que no guerra. Yo, si es peste, por huir como de lo ganado, y si hay guerra, ganaré con putas y comeré con soldados.