Retrato de la Lozana Andaluza En lengua española muy clarísima, compuesto en Roma.

Part 13

Chapter 134,163 wordsPublic domain

_Loz._ Mi alma, ¿dó bueno? vos me pareceis un Absalon, y Dios puso en vos la hermosura del gallo, vení arriba, buey hermoso, ¿qué habeis, mi señor Coridon? decímelo, que no hay en Roma quien os remedie mejor; ¿qué me traés aquí? para comigo no era menester presente, pero porque yo os quiera más de lo que os quiero, vos, mi alma, pensais que por venirme cargado lo tengo de hacer mejor, pues no soy desas, que más haré viéndoos penado, porque sé en qué caen estas cosas, porque no solamente el amor es mal que atormenta á las criaturas racionales, mas á las bestias priva de sí mismas; sino veldo por esa gata, que há tres dias que no me dexa dormir, que ni come ni bebe, ni tiene reposo, ¿qué me hará un mochacho como vos, que os hierve la sangre, y más el amor que os tiene consumido? decíme vos á mí dónde, y cómo, y quién, y yo veré cómo os tengo de socorrer, y vos contándomelo aplacaréis y gozaréis del humo, como quien huele lo que otro guisa ó asa.

_Coridon._ Señora Lozana, yo me vine de mi tierra, que es Mantua, por esta causa, el primero dia de Mayo al hora cuando Jove el carro de Phetonte intorno giraba, yo venía en un caballo blanco, y vestido de seda verde, habia cogido munchas flores y rosas, y traíalas en la cabeza sin bonete como una guirnalda, que quien me veia se namoraba. Vi á una ventana de un jardin una hija de un cibdadano, ella de mí y yo della nos enamoramos, mediante Cupido, que con sus saetas nos unió haciendo de dos ánimos un solo corazon. Mi padre, sabiendo la causa de mi pena, y siendo par del padre de aquella hermosa doncella Polidora, demandóla por nuera, su parentado y el mio fueron contentos, mas la miseria vana estorbó nuestro honrado matrimonio, que un desgraciado viejo, vano de ingenio y rico de tesoro, se casó con ella descontenta, yo por no verme delante mi mal, y por excusar á ella infelice pena y tristicia, me partí por mejor, y al presente es venido aquí un espion que me dice que el viejo va en oficio de senador á otra cibdad; querria que vuestra señoría me remediase con su consejo.

_Loz._ Amor mio, Coridon dulce, récipe el remedio, vá, compra una veste de villana que sea blanca y unas mangas verdes, y vaiste descalzo y sucio y loqueando, que todos te llamarán loca, y di que te llaman Jaqueta, que vas por el mundo reprendiendo las cosas mal hechas, y haz á todos servicios y no tomes premio ninguno, sino pan para comer, y va muchas veces por la calle della, y coge serojas, y si su marido te mandáre algo hazlo, y viendo él que tú no tomas ni quieres salario, salvo pan, ansí te dexará en casa para fregar y cerner y xabonar, y cuando él sea partido, limpia la casa alto y baxo, y haz que seas llamada y rogada de cuantas amas terná en casa, por bien servir y á todas agradar con gentil manera, y si te vieres sola con esa tu amante Polidora, haz vista que siempre lloras, y si te demandáre por qué dile: porque jamas mi nacion fué villana, sabe que soy gentildona Breciana, y me vi que podia estar par á par con Diana, y con cualquier otra dama que en el mundo fuese estada. Ella te replicará, que tú le digas: ¿por qué vas ansí, mi cara Jaqueta? tú le dirás: cara madona, voy por el mundo reprochando las cosas mal hechas, sabed que mi padre me casó con un viejo como vuestro marido, calvo, floxo como niño, y no me dió á un jóven que me demandaba siendo doncella, el cual se fué desperado, que yo voy por el mundo á buscallo: si ella te quiere bien, luego lo verás en su hablar, y si te cuenta á tí lo mismo, dile cómo otro dia te partes á buscallo, si ella te ruega que quedes, haz que seas rogada por sus amas que su marido le dexó, y así cuando tú vieres la tuya, y siendo seguro de las otras, podrás gozar de quien tanto amas y deseas penando.

_Cor._ ¡Oh señora Lozana! yo os ruego que tomeis todos mis vestidos, que sean vuestros, que yo soy contento con este tan remediable consejo que me habeis dado, y suplícoos que me espereis á esta ventana, que verné por aquí y veréis á la vuestra Jaqueta cómo va loqueando á sus bodas, y reprenderé muncho más de lo que vos habeis dicho.

_Loz._ ¿Y á mí qué me reprenderás?

_Cor._ A vos no siento qué, salvo diré que vivis _arte et ingenio_.

_Loz._ Coridon, mira qué quiere un loco ser sabio, que cuanto dixeres é hicieres sea sin seso y bien pensado, porque á mi ver más seso quiere un loco que no tres cuerdos, porque los locos son los que dicen las verdades, di poco y verdadero y acaba riendo, y suelta siempre una ventosidad, y si soltares dos, sean sanidad, y si tres, asinidad, y qué más, ¿me dirás celestial sin tartamudear?

_Cor._ Ce, les, tinal.

_Loz._ ¡Ay, amarga, muncho tartamudeas! dí alcatara.

_Cor._ Al, ca, go, ta, ra.

_Loz._ Ay amarga, no ansí, y tanto ceceas, lengua de estropajo tienes, entendamos lo que dirás á tu amiga cuando esté sola, y dilo en italiano, que te entienda: «Eco, madona, el tuo caro amatore, se tu voy que yo mora son contento, eco colui que con perfeta fede, con lachrime, pene y estenti te à sempre amato et tenuta esculpita in suo core, yo son Coridone, tuo primo servitore, ¡oh mi cara Polidora! fame el corpo felice, y seró sempre tua Jaqueta dita Beatrice»; y así podrás hacer tu voluntad.

_Cor._ ¿Mirá si lo que os digo á vos está bien?

_Loz._ No, porque tú no piensas la malicia que otrie entenderá, haz locuras y calla, no me digas nada, que tienes trastrabada la lengua, que muncho estropajo comiste, pues no puedes decir en español arrofaldada, alcatara, celestial.

_Cor._ Aro, fi, a, na, da; al, ca, go, ta, ra; ce, lesti, nal.

_Loz._ Calla, que por decirme taimada me dixiste tabaquinara, y por decirme canestro me dices cabestro, y no me curo, que no se entiende en español qué quiere decir, mas, por la luz de Dios, que si otro me lo dixera y Rampin lo supiese, que poco tenemos que perder, y soy conocida en todo Levante y Poniente, y tan buen cuatrin de pan nos hacen allá como acá; Coridon, esto podrás decir, que es cosa que se ve claro: Vittoria, Vittoria, el Emperador y rey de las Españas habrá gran gloria.

_Cor._ No queria ofender á nadie.

_Loz._ No se ofende, porque, como ves, Dios y la fortuna le es favorable, antiguo dicho es, teme á Dios y honra tu rey, mira que prenóstico tan claro, que ya no se usan vestes ni escarpes franceses, que todo se usa á la española.

_Cor._ ¿Qué podria decir como ignorante?

_Loz._ Di que sanarás el mal frances, y te judicarán por loco del todo, que ésta es la mejor locura que uno puede decir, salvo que el legño es salutífero.

MAMOTRETO LVI.

Cómo la Lozana estaba á su ventana, y dos galanes vieron salir dos mujeres, y les demandaron qué era lo que negociaban.

_Ovidio._ Mirámela, cual está atalayando putas, mirá el alfaquí de su foxco marido que compra grullos, ella parece que escandaliza truenos, ya no se desgarra como solia, que parecia trasegadora de putas en bodegas comunes, estemos á ver qué quieren aquellas que llaman, que ella de todo sabe tanto que revienta, como _Petrus in cunctis_, y tiene del natural y del positivo, y es universal _in agibilibus_.

_Galan._ ¿No veis su criado negociando, que parece enforto de almiherez? librea trae fantástiga, parece almorafan en cinto de cuero.

_Ovid._ Calla, que no parece sino cairel de puta pobre, que es deseada aunque gorda, ya sale una mujer, ¿cómo harémos para saber qué negocio?

_Gal._ Vamos, y dejámela interrogar á mí; madona, ¿sois española?

_Prudencia._ Fillolo, no, mas sempre o voluto ben á spañoli, questa española me ha posto ólio de ruda para la sordera.

_Gal._ Madona, ¿cómo os demandais?

_Prud._ Fillolo, me demando Prudenza.

_Gal._ Madona Prudenza, andá en buen hora.

_Ovid._ ¿Qué os parece si la señora Lozana adorna esta tierra? en España no fuera ni valiera nada; veis, sale la otra con un mochacho en brazos, por allá va, salgamos á esa otra calle.

_Gal._ ¡Ah! ¿vos, señora, sois española?

_Cristina._ Señor, sí; de Cecilia á vuestro comando.

_Ovid._ Queriamos saber quién queda con la señora Lozana.

_Crist._ Señor, su marido, ó criado pretérito, ó amigo secreto, ó esposo futuro, porque mejor me entendais, yo soy ida á su casa no á far mal, sino bien, que una mi vecina, cuya es esta criatura, me rogó que yo veniese á pedille de merced que santiguase este su hijo, que está aojado, y ella lo hizo por su virtud, y no queria tomar unos huevos y unas granadas que le traxe.

_Gal._ Decínos, señora, que vos bien habréis notado las palabras que dixo.

_Crist._ Señores, yo os diré, dixo: si te dió en la cabeza, válate Santa Elena, si te dió en los hombros, válante los Apóstoles todos, si te dió en el corazon válgate el Salvador; y mandóme que lo sahumase con romero, y ansí lo haré por contentar á su madre, y por dalle ganancia á la Lozana, que en esta quemadura me ha puesto leche de narices.

_Gal._ Mas no de las suyas.

_Crist._ Y vuestras mercedes queden con Dios.

_Ovid._ Señora Cristina, somos á vuestro servicio, id con la paz de Dios.

_Gal._ Quien no se arriesga no gana nada; son venidas á Roma mil españolas, que saben hacer de sus manos maravillas, y no tienen un pan que comer, y esta plemática de putas y arancel de comunidades, que voto á Dios que no sabe hilar, y nunca la ví coser de dos puntos arriba, su mozo friega y barre, á todos da que hacer, y nunca entiende sino ¿qué guisarémos, que será bueno para comer? la tal cosa yo la sé hacer, y el tal manjar cómprelo vuestra merced, que es bueno, y daca especia, azúcar, trae canela, miel, manteca, vé por huevos, trae tuétanos de vaca, azafran, y mira si venden culantro verde; no ceja jamas, y todo de bolsa ajena.

_Ovid._ Oh pese al turco; pues veis que no siembra y coge, no tiene ganado y tiene quesos, que aquella vieja se los trajo, y la otra granadas sin tener huerto, y huevos sin tener gallinas, y otras muchas cosas, que su audacia y su no tener la hacen afortunada.

_Gal._ Es porque no tiene pleitos ni letigios que le turen de una audencia á la otra, como nosotros, que no bastan las bibalías que damos á notarios y procuradores, que tambien es menester el su solicitar para nuestros negocios acabar.

_Ovid._ Es alquimio de putas, y trae definiciones con sentencias, oxalá sin dilaciones, y de esta manera no batiendo moneda la tiene, y huerta, y pegujar, y roza sin rozar, como hacen munchos, que como no saben sino expender lo ganado de sus pasados, cuando se ven sin arte y sin pecunia métense frailes por comer en comun.

MAMOTRETO LVII.

Cómo salió la Lozana con su canastillo debaxo, con diversas cosas para su oficio, y fué en casa de cuatro cortesanas favoridas, y sacó de cada una, en partes, provision de quien más podia.

_Loz._ ¿Quién son aquellos tres galanes que están allí? cúbranse cuanto quisieren, que de saber tengo si son pleiteantes. Andá ya, ¿por mi vida para mí todas esas cosas? descubrí que lo sirva yo, que un beso ganarés.

_Gal._ ¿Y yo? señora Lozana.

_Loz._ Y vos beso y abracijo; ¿qué cosa es ésta? ¿quién os dixo que yo habia de ir á casa de la señora Xerezana? ya sé que le distes anoche música de flautas de aciprés, porque huelan, y no sea menester que intervenga yo á poner bemol; hacé cuanto quisiéredes, que á las manos me vernés.

_Ovid._ ¿Cuándo?

_Loz._ Luégo, vengan vuestras mercedes cuando yo sea entrada, que me tengo de salir presto, que es hoy sábado, y tengo de tornar á casa, que si vienen algunas putas orientales y no me hallan, se van enojadas, y no las quiero perder, que no valgo nada sin ellas, y máxime agora que son pocas y locas.

_Gal._ Señora Lozana, decí á la señora Xerezana que nos abra, y terciá vos lo que pudiéredes, y veis aquí la turquina que me demandastes.

_Loz._ Pues miren vuestras mercedes, que si fuere cosa que podeis entrar, yo porné este mi paño listado á la ventana, y entónces llamá.

_Gal._ Sea ansí; alegre va la puta vieja encrucijada, voto á Dios, mejor cosa no hice en mi vida que dalle esta turquina, que ésta es la hora que me hace entrar en su gracia, cosa que no podia acabar con cuanto he dado á sus mozos y fantescas, que no me han aprovechado nada, tanto como hará agora la Lozana, que es la mejor acordante que nunca nació, y parece que no pone mano en ello; vello hemos, ya llamá, y la señora está á la ventana, vámonos por acá, que volverémos.

_Xerezana._ Hola, mozos, abrí allí, que viene la Lozana y sus adherentes; mirá, vosotros id abaxo y hacelda rabiar, y decí que es estada aquí una jodía, que me afeitó, y que agora se vá, y que va en casa de la su favorida la Pimpinela, si queremos ver lidia de toros, y yo diré que porque se tardó pensé que no viniera.

_Corillon._ ¿Quién es? paso, paso, que no somos sordos; señora Lozana, ¿y vos sois? vengais norabuena y tan tarde, que la señora quiere ir fuera.

_Loz._ ¿Y dó quiere ir su merced? ¿no esperará hasta que la afeite?

_Cor._ No lo digo por eso, que ya está afeitada, que una jodía la afeitó, y si ántes viniérades la hallárades aquí, que agora se vá á casa de la Pimpinela.

_Loz._ Mal año para tí y para ella, que no fuese más tu vida, como dices la verdad, la Pimpinela me tiene pagada por un año, mirá cómo se dexará afeitar de una jodía, mas si la señora se ha dejado tocar y gastar, que no podia ser ménos, por la luz de Dios ella se arrepentirá, mas yo quiero ver esta afeitadura cómo está; díme, ¿su merced está sola?

_Cor._ Sí, que quiere ir en casa de monseñor, que ya está vestida de regazo, y va á pié.

_Altobelo._ Señora Lozana, sobí, que su merced os demanda, que os quiere hablar ántes que se parta.

_Loz._ ¿Dónde está la señora? ¿en la anticámara, ó en la recámara?

_Altob._ Entrá allá á la loja, que allá está sola.

_Loz._ Señora, ¿qué quiere decir que vuestra merced hace estas novedades? ¡cómo! ¿he yo servido á vuestra merced desde que venistes á Roma, y á vuestra madre hasta que murió, que era ansí linda cortesana, como en sus tiempos se vido, y por una vuelta que me tardo llamais á quien más presto os gasten la cara, que no adornen, como hago yo? mas no me curo, que no son cosas que turan, que su fin se traen como cada cosa, ésta me porná sal en la mollera, y á la jodía yo le daré su merecer.

_Xer._ Vení acá, Lozana, no os vais, que esos bellacos os deben haber dicho cualque cosa por enojaros, ¿quién me suele á mí afeitar sino vos? dexá decir, que como habeis tardado un poco os dixeron eso, no os cureis, que yo me contento; ¿quereis que nos salgamos allá á la sala?

_Loz._ Señora, sí, que traigo este paño listado mojado, y lo meteré á la finestra.

_Xer._ Pues sea ansí; ¿qué es esto que traés aquí en esta garrafeta?

_Loz._ Señora, es un agua para lustrar la cara, que me la mandó hacer la señora Montesina, que cuesta más de tres ducados, y yo no la queria hacer, y ella la pagó, y me prometió una carretada de leña y dos barriles de vino dulce para esta invernada.

_Xer._ ¿Tenés más que ésta?

_Loz._ Señora, no.

_Xer._ Pues ésta quiero yo, y pagalda, veis aquí los dineros, y enviá por una bota de vino, y hacé decir á los mulateros de monseñor que toda esta semana vayan á descargar á vuestra casa.

_Loz._ ¡Ay, señora! que soy perdida, que me prometió que si era perfeta que me daria un sayo para mi criado.

_Xer._ Mirá, Lozana, sayo no tengo, aquella capa de monseñor es buena para vuestro criado, tomalda, y andá norabuena, y vení más presto otro dia.

_Loz._ Señora, no sé quien llama, miren quién es, por cuando yo salgo no éntre alguno.

_Xer._ Vá, mirá quién es.

_Montoya._ Señora, los dos señores janiceros.

_Xer._ Dí que no só en casa.

_Loz._ Haga, señora, que entren y contarán á vuestra merced cómo les fué en el convite que hizo la Flaminia á cuantos fueron con ella, que es cosa de oir.

_Xer._ ¿Qué podia ser poco más ó ménos? que sabemos sus cosas della.

_Loz._ Mande vuestra merced que entren y oirá maravillas.

_Xer._ Ora, sús, por contentar á la Lozana, va, ábrelos.

MAMOTRETO LVIII.

Cómo va la Lozana en casa de la Garza Montesina, y encuentra con dos rufianes napolitanos, y lo que le dicen.

_Rufian._ Pese al diablo con tanta justicia como se hace de los que poco pueden, que vos ni habíades de ser para ganarme de comer, mas como va el mundo al reves, no se osa el hombre alargar, sino quitaros el bonete, y con gran reverencia poneros sobre mi cabeza.

_Loz._ Quitaos allá, hermanos, ¿qué cosas son ésas? ya soy casada, no os cale burlar, que castigan á los locos.

_Ruf._ Señora, perdoná, que razon teneis, mas en el bosque de Belitre os quisiera hacer un convite.

_Loz._ Mirá si quereis algo de mí, que voy de priesa.

_Ruf._ Señora, somos todos vuestros servidores, y máxime si nos dais remedio á un accidente que tenemos, que toda la noche no desarmamos.

_Loz._ Cortados y puestos al pescuezo por lomina, que ésa es sobra de sanidad; á Puente Sisto te he visto.

_Ruf._ Ahí os querria tener para mi servicio por ganar la romana perdonanza; decínos, señora Lozana, quién son agora las más altas y más grandes señoras entre todas las cortesanas, y luégo os iréis.

_Loz._ Mirá qué pregunta tan necia, quien más puede y más gana.

_Ruf._ Pues eso queremos saber, si es la Xerezana como más galana.

_Loz._ Si miramos en galanerías y hermosura, ésa y la Garza Montesina pujan á las otras, mas decíme, de favor ó pompa, y fausto y riquezas, callen todas con madona Clarina, la favorida, y con madona Aviñonesa, que es rica y poderosa, y vosotros, ladrones, cortados tengais los compañones, y quedáos aquí.

_Ruf._ Válala el que lleva los pollos, y qué preciosa que es, allá va á casa de la Garza Montesina.

_Montesina._ Señora Lozana, sobí, que á vos espero, ya os pasábades, ¿no sabeis que hoy es mio? ¿dónde íbades?

_Loz._ Señora, luégo tornára, que iba á dar una cosa aquí á una mi amiga.

_Mont._ ¿Qué cosa, y á quién por mi vida, si me quereis bien?

_Loz._ No se puede saber, asiéntese vuestra merced más acá á la lumbre, que me da el sol en los ojos.

_Mont._ Por mi vida, Lozana, que no lleveis de aquí el canestico si no me lo decís.

_Loz._ Paso, señora, no me derrame lo que está dentro, que yo se lo diré.

_Mont._ Pues decímelo luégo, que estó preñada, ¿qué es esto que está aquí dentro en este botecico de cristal?

_Loz._ Paso, señora, que no es cosa para vuestra merced, que ya sois vos harto garrida.

_Mont._ Mirá, Lozana, catá que lo quebraré si no me lo decís.

_Loz._ Pardios, más niña es vuestra merced que su ñetecica, dexe estar lo que no es para ella.

_Mont._ Agora lo verés, sacaldo de mi cofre, y séase vuestro.

_Loz._ Sáquelo vuestra merced, que quiero ir á llevallo á su dueño, que es un licor para la cara, que quien se lo pone no envejece jamas, y madona Clarina, la favorida, há más de cuatro meses que lo espera y agora se acabó de estilar, y se lo quiero llevar por no perder lo que me prometió por mi fatiga, que ayer me envió dos ducados para que lo acabase más presto.

_Mont._ Y ¿cómo, Lozana, soy yo ménos, ó puede pagallo ella mejor que yo? ¿quédaos algo en vuestra casa de este licor?

_Loz._ Señora, no, que no se puede hacer si las culebras que se estilan no son del mes de Mayo, y soy perdida, porque como es tan favorida, si sabe que di á otrie este licor habiendo ella hecho traer las culebras cerbunas, y gobernádolas del Mayo acá, y más el carbon que me ha enviado, y todo lo vendí cuando estuve mala, que si lo tuviera dixera que las culebras se me habian huido, y como viera el carbon me creyera.

_Mont._ Dexá hacer á mí, que yo sabré remediar á todo. Vén aquí, Gasparejo, va, dí á tu señor que luégo me envie diez cargas de carbon muy bueno del salvático, y mira, ve tú con el que lo truxere, y hazlo descargar á la puerta de la Lozana. Esperá, Lozana, que otra paga será ésta que no la suya, veis ahí seis ducados, y llamá dos mozos que os lleven estos cuatro barriles ó toneles á vuestra casa, éste es semulela, y éste de fideos cecilianos, y éste de alcaparras alejandrinas, y éste de almendras ambrosinas, y tomá, veis ahí dos cofines de pasas de Almuñécar que me dió el provisor de Guadix; vén aquí, Margarita, va, descuelga dos presutos y dos somados, y de la guardarropa dos quesos mallorquinos y dos parmesanos, y presto vosotras lleváselo á su casa.

_Loz._ Señora, ¿quién osará ir á mi casa, que luégo me matará mi criado, que le prometió ella misma una capa?

_Mont._ Capa no la hay en casa que se le pueda dar, mas mirá si le verná bueno este sayo, que fué del protonotario.

_Loz._ Señora, llévemela el mozo, porque no vaya yo cargada, no se me ensuelva el sueño en todo, que esta noche soñaba que caia en manos de ladrones.

_Mont._ Andá, no mireis en sueños, que cuando veníades acá os vi yo hablar con cuatro.

_Loz._ Buen paraíso haya quien acá os dexó, que verdad es, esclava soy á vuestra merced, porque no basta ser hermosa y linda, mas cuanto dice hermosea y adorna con su saber. Quien supiera hoy hacerme callar, y amansar mi deseo que tenía de ver qué me habia de dar madona Clarina, la favorida, por mi trabajo y fatiga, la cual vuestra merced ha satisfecho en parte, y como dicen, la buena voluntad con que vuestra merced me lo ha dado vale más que lo muncho más que ella me diera, y sobre todo sé yo que vuestra merced no me será ingrata, y bésole las manos, que es tarde: mírese vuestra merced al espejo y verá que no só pagada segun lo que merezco.

MAMOTRETO LIX.

Cómo la Lozana fué á casa de madona Clarina, favorida, y encontró con dos médicos, y el uno era cirúgico, y todos dos dicen:

_Físico._ Señora Lozana, ¿dónde se va? ¿qué especieria es esa que debaxo llevais? ¿ay curas? ¿ay curas? danos parte.

_Loz._ Señores mios, la parte por el todo, y el todo por la parte, y yo que soy presta para sus servicios.

_Físico._ Señora Lozana, habeis de saber que si todos los médicos que al presente nos hallamos en Roma nos juntásemos de acuerdo, que debiamos hacer lo que antiguamente hicieron nuestros antecesores: en la via de San Sebastian estaban unas tres fosas llenas de agua, la cual agua era natural y tenía esta virtud, que cuantas personas tenian mal de la cintura abaxo iban allí tres veces una semana, y entraban en aquellas fosas de piés, y estaban allí dos horas por vuelta, y ansí sanaban de cualquier mal que tuviesen en las partes inferiores, de modo que los médicos de aquel tiempo no podian medicar sino de la cintura arriba; visto esto, fueron todos y cegaron estos fosos ó manantíos, y hicieron que un arroyo que iba por otra parte que pasase por encima porque no se hallasen, y agora aquel arroyo tiene la misma virtud para los caballos y mulas represas, y finalmente, á todas las bestias represas que allí meten sanan, como habeis visto si habeis pasado por allí: esto digo que debíamos hacer, pues que ni de la cintura arriba ni de la cintura abajo no nos dais parte.

_Cirúgico._ Señora Lozana, nosotros debiamos hacer con vos como hizo aquel médico pobre que entró en Andújar, que como vido y probó los munchos y buenos rábanos que allí nacen, se salió y se fué á otra tierra, porque allí no podia él medicar, que los rábanos defendian las enfermedades; digo que me habeis llevado de las manos más de seis personas que yo curaba, que como no les duelen las plagas, con lo que vos les habes dicho no vienen á nosotros, y nosotros, si no duelen las heridas, metemos con que duelan y escuezgan, porque vean que sabemos algo cuando les quitamos aquel dolor, ansimismo á otros ponemos ungüento egipciaco, que tiene vinagre.

_Loz._ Como á caballos, ungüento de albéitares.

_Médico._ A los dientes no hay remedio sino pesallos á cera, y vos mandais que traigan mascando el almástiga, y que se los limpien con raíces de malvas cochas en vino, y mandaislos lavar con agua fria, que no hay mejor cosa para ellos, y para la cara y manos lavar con fria y no caliente, mas si lo dicimos nosotros, no lo tomarán los pacientes, y así es menester que huyamos de vos, porque no concuerda vuestra medicacion con nuestra cúpida intencion.