Retrato de la Lozana Andaluza En lengua española muy clarísima, compuesto en Roma.

Part 12

Chapter 124,116 wordsPublic domain

_Loz._ Esta venida á ver este guillote me porná escarmiento para cuanto viviere, nunca más perro á molino, porque era más el miedo que tenía que no el gozo que hube, que no osaba ni sabía á qué parte me echase, éste fué el mayor aprieto que en mi vida pasé, no queria que se supiese por mi honra, y dicen que vienen de España muy groseros, á la fe éste más supo que yo; es trujillano, por eso dicen perusino en Italia, y trujillano en España á todas naciones engaña, este majadero ha querido descargar en mí por no pagar pontaje, y veréis que á todas hará desta manera, y á ninguna pagará, yo callaré por amor del tiempo; la vejez de la pimienta le venga, engañó á la Lozana, como que fuera yo Santa Nefixa, que daba á todos de cabalgar en limosna, pues no lo supiera ansí hordir Hernan Centeno, si yo esto no lo platicase con alguno, no sería ni valdria nada si no lo celebrásemos al dios de la risa, porque yo sola me sonrio toda de cómo me tomó á manos, y mirá que si yo entendiera á su criado, bien claro me lo dixo, que bien mirado, ¿qué me podia á mí dar uno que es estado en la posada del señor don Diego, sino fruta de hospital pobre? en fin, la codicia rompe el saco, otro dia no me engañaré, aunque bien me supo, más quisiera comer semejante bocado en placer y en gasajo; Pedro de Hurdemalas no supiera mejor enredar como ha hecho este bellacazo, desflorador de coños, las paredes me metió adentro. Ansí me vea yo gran señora, que pensé que tenía mal en lo suyo, y dixe, aquí mi ducadillo no me puede faltar, y él pensaba en otro; no me curo, que en ál va el engaño, pues me quedan las paredes enhiestas, quiero pensar qué diré á mi criado para que mire por él, mas no lo vi vestido, ¿qué señas daré dél? salvo que á él le sobra en la cara lo que á mí me falta.

_Ramp._ Caminá, que es venida madona Divicia, que viene de la feria de Requenate, y trae tantos cuchillos, que es una cosa de ver.

_Loz._ ¿Qué los quiere hacer?

_Ramp._ Dice que grátis se los dieron, y grátis los quiere dar.

_Loz._ Veis aquí, lo que con unos se pierde con otros se gana.

MAMOTRETO LII.

Cómo la Lozana encontró, ántes que entrase en su casa, con un vagamundo, llamado Sagüeso, el cual tenía por oficio jugar y cabalgar de balde, y dice:

_Sagüeso._ Si como yo tengo á Celidonia la del vulgo de mi mano, tuviese á esta traidora colmena de putas, yo sería duque del todo, mas aquel acemilon de su criado es causa que pierda yo y otros tales el susidio desta alcatara de putas y alcancía de bobas y alambique de cortesanas. Juro á Dios que la tengo de hacer dar á los leones, que quiero decir que Celidonia sabe más que no ella, y es más rica y vale más, aunque no es maestra de enxambres.

_Loz._ ¿Dónde is vos por aquí? ¿hay algo que malsinar ó que baratar? ya es muerto el duque Valentin, que mantenia los haraganes y vagamundos.

_Sag._ Señora Lozana, siempre lo tovistes de decir lo que quereis; es porque demostrais el amor que teneis á los vuestros servidores, máxime á quien os desea servir hasta la muerte. Vengo, que me arrastran estas cejas.

_Loz._ Agora te creo ménos, yo deseo ver dos cosas en Roma ántes que muera, y la una es que los amigos fuesen amigos en la prosperidad y en la adversidad, y la otra, que la caridad sea exercitada, y no oficiada, porque, como veis, va en oficio y no en exercicio, y nunca se ve sino escrita ó pintada, ó por oidas.

_Sag._ En eso y en todo teneis razon; mas ya me parece que la señora Celidonia os sobrepuja casi en el todo, porque en el vulgo no hay casa tan frecuentada como la suya, y está rica, que no sabe lo que tiene, que ayer solamente, porque hizo vender un sueño á uno, le dieron de corretaje cuatro ducados.

_Loz._ ¿Sabes con que me consuelo? con lo que dixo Rampin, mi criado, que en dinero y en riquezas me pueden llevar, mas no en linaje ni en sangre.

_Sag._ Voto á mí, que teneis razon; mas para saber lo cierto, será menester sangrar á todas dos, para ver cuál es mejor sangre, pero una cosa veo, que tiene gran fama, que dicen que no es nacida ni nacerá quien se la pueda comparar á la Celidonia, porque Celestina la sacó de pila.

_Loz._ Deso me querria yo reir, de la puta cari-acuchillada en la cuna, que no me fuese á mí tributaria la puta vieja otogenaria; será menester hacer con ella como hicieron los romanos con el pópulo de Hierusalem.

_Sag._ ¿Qué, por vuestra vida, señora Lozana?

_Loz._ Cuando los romanos vencieron y señorearon toda la tierra de Levante, ordenaron que en señal de tributo, les enviasen doce hijos primogénitos, los cuales, viniendo muy adornados de joyas y vestidos, traian sus banderas en las manos, y por armas un letrero que decia en latin: _Quis major unquam Israel_, y ansí lo cantaban los niños hierosolimitanos, los romanos, como sintieran la cancion, hicieron salir sus niños vestidos á la antigua, y con las banderas del Senado en las manos, y como los romanos no tenian sino una † blanca en campo roxo, que Constantino les dió por armas, hacen poner debaxo de la † una S. y una P. y una R., de manera que, como ellos decian, ¿quién fué jamas mayor que el pueblo israelítico? estotros les respondieron con sus armas, diciendo: _Senatus Populusque Romanus_; ansí que, como vos decís, que quién se halla mayor que la Celidonia, yo digo: Lozana y Rampin en Roma.

_Sag._ Por vida del gran maestro de Ródas, que me convideis á comer sólo por estar debaxo de vuestra bandera.

_Loz._ ¿Por qué no? entrá en vuestra casa y mia, y de todos los buenos, que más ventura teneis que seso, pero entrá cantando: ¿Quién mayor que la Celidonia? Lozana y Rampin en Roma.

_Sag._ Soy contento, y áun bailar como oso en colmenar, alojado á discrecion.

_Loz._ Calla, loco, caxcos de agua, que está arriba madona Divicia, y alojarás tu caballo.

_Sag._ Beso las manos de sus alfardillas, que, voto á Dios, que os arrastra la caridad como gramalla de luto.

_Loz._ Y á tí la ventura, que naciste de pié.

_Sag._ Voto á mí que nací con lo mio delante.

_Loz._ Bien se te parece en ese remolino, cierra la puerta y sube pasico, y ten discrecion.

_Sag._ Así goce yo de vos, que esta mañana me la hallé, que me sobra y se me cae á pedazos.

MAMOTRETO LIII.

Lo que pasan entre todos tres, y dice la Lozana á Divicia.

_Loz._ Ay cómo vienes fresca puta, haste dado solacio y buen tiempo por allá, ¿y los dientes de plata? ¿qué son dellos?

_Divicia._ Aquí los traigo en la bolsa que me hicieron éstos de hueso de ciervo, y son mejores, que como con ellos.

_Loz._ ¡Por la luz de Dios, que se te parece la feria! ¿chamelotes son ésos y qué?

_Div._ Mira, hermana, más es el deseo que traigo de verte, que cuanto gané; siéntate y comamos, que por el camino coheché estas dos liebres; dime, hermana, ¿quién es este que sube?

_Loz._ Un hombre de bien, que comerá con nosotras.

_Sag._ Esté norabuena esta galan compañía.

_Loz._ Mira, Sagüeso, qué pierna de puta y vieja.

_Div._ Está quéda, puta Lozana, que no lo conozco, y quieres que me vea.

_Loz._ Mira qué ombligo, por el siglo de tu padre, que se lo beses; mira qué duro tiene el vientre.

_Sag._ Como hierba de cien hojas.

_Loz._ Mira si son sesenta años éstos.

_Div._ Por cierto que paso, que cuando vino el rey Carlo á Nápoles, que comenzó el mal incurable el año de mil y cuatrocientos y ochenta y ocho, vine yo á Italia, y agora estoy consumida del cabalgar, que jamas tengo ya de salir de Roma sino para mi tierra.

_Loz._ Anda, puta refata; ¿agora quieres ir á tu tierra á que te digan puta jubilada, y no querrán que traigas mantillo? si no vernia, gózate, puta, que agora viene lo mejor, y no seas tú como la otra, que decia despues de cuarenta años que habia estado á la mancebía: si de aquí salgo con mi honra, nunca más al burdel, que ya estoy harta.

_Sag._ Agora está vuestra merced en el adolescencia, que es cuando apuntan las barbas, que en vuestra puericia otrie gozó de vos, y agora vos de nos.

_Div._ ¡Ay, señor, que tres enfermedades que tuve siendo niña me desmedraron! porque en Medina ni en Búrgos no habia quien se me comparase, pues en Zaragoza más ganaba yo que puta que fuese en aquel tiempo, que por excelencia me llevaron al publique de Valencia, y allí combatieron por mí cuatro rufianes y fuí libre, y desde entónces tomé reputacion, y si hubiese guardado lo ganado, ternía más riquezas que Feliciana.

_Sag._ Harta riqueza teneis, señora, en estar sana.

_Loz._ Yo queria saber cuánto há que no comí salmorejo mejor hecho.

_Sag._ De tal mano está hecho, y por Dios, que no me querria morir hasta que comiese de su mano una capirotada ó una lebrada, aunque en esta tierra no se toma sabor ni en el comer ni en el hoder, que en mi tierra es más dulce que el cantar de la serena.

_Div._ Pues yo os convido para mañana.

_Sag._ Mi sueño ensuelto.

_Loz._ ¿Quiéreslo vender?

_Sag._ No, voto á Dios.

_Loz._ Guarda, que tengo buena mano, que el otro dia vino aquí un escobador de palacio, y dixo que soñó que era muerto un canónigo de su tierra, y estaba allí un solicitador, y hice yo que se lo comprase, y que le dixese el nombre del canónigo que soñó, y fué el solicitador, y demandó este canonigado, y diéronselo, y á cabo de quince dias vino el aviso al escobador, y teníalo ya el otro y quedóse con él, y yo con una caparela.

_Sag._ Dexáme beber, y despues hablarémos.

_Loz._ Siéntate para beber, que te temblarán las manos.

_Sag._ ¿Y deso viene el temblar de las manos? no lo sabía; y cuando tiembla la cabeza ¿de qué viene?

_Loz._ Eso viene de hacer aquella cosa en pié.

_Sag._ ¡Oh, pese á tal! ¿y si no puede habello el hombre de otra manera?

_Loz._ Dime, Sagüeso, ¿por qué no estás con un amo, que te haria bien?

_Sag._ ¿Qué mejor amo que tenellos á todos por señores, y á vos y á las putas por amas, que me den leche, y yo á ellas suero? yo, señora Lozana, soy gallego, y criado en Mogollon, y quiero que me sirvan á mí, y no servir á quien cuando esté enfermo me envie al hospital, que yo me sé ir sin que me envien; yo tengo en Roma sesenta canavarios por amigos, que es revolucion por dos meses.

_Loz._ Mira cómo se te durmió Divicia encima de la pierna.

_Sag._ Mira la mano dó la tiene.

_Loz._ Fuésele ahí, es señal que te quiere bien, tómala tú, y llévala á esotra cámara y échala sobre el lecho, que su usanza es dormir sobre el pasto; espera, te ayudaré yo, que pesa.

_Sag._ ¡Oh pese á mí, que no me la llevaré espetada por más pesada que sea, cuanto más que estoy tan usado, que se me antoja que no pesa nada! ¿cómo haré, señora Lozana, que me duermo todo? ¿quereis que me éntre en vuestra cámara?

_Loz._ Échate cabe ella, que no se espantará.

_Sag._ Mirá que me llameis, porque tengo de ir á nadar, que tengo apostado que paso dos veces el rio sin descansar.

_Loz._ Mira no te ahogues, que este Tíber es carnicero como Tórmes, y paréceme que tiene éste más razon que no el otro.

_Sag._ ¿Por qué éste más que los otros?

_Loz._ Has de saber que esta agua que viene por aquí era partida en munchas partes, y el emperador Temperio quiso juntarla y que viniese toda junta, y por más excelencia quiso hacer que jamas no se perdiese ni faltase tan excelente agua á tan magnífica cibdad, y hizo hacer un canal de piedras y plomo debaxo á modo de artesa, y hizo que de milla á milla pusiesen una piedra, escrito de letras de oro su nombre, Temperio, y andaban dos mil hombres en la labor cada dia; y como los arquimaestros fueron á la fin que llegaban á Ostia Tiberina, ántes que acabasen vinieron que querian ser pagados. El Emperador mandó que trabajasen sin entrar en la mar, ellos no querian, porque si acababan, dubitaban lo que les vino, y demandaron que les diese su hijo primogénito, llamado Tiberio, de edad de diez y ocho años, porque de otra manera no les parecia estar seguros, el Emperador se lo dió, y por otra parte mandó soltar las aguas, y ansí el agua con su ímpetu los ahogó á maestros y laborantes y al hijo, y por esto dicen que es y tiene razon de ser carnicero Tíber á Tiberio, por eso guárdate de nadar, no pagues la manifatura.

_Sag._ Eso que está escrito, no creo que lo leyese ningun poeta, sino vos, que sabeis lo que está en las honduras, y Lebrixa lo que está en las alturas, excepto lo que estaba escrito en la fuerte peña de Mártos, y no alcanzo á saber el nombre de la cibdad que fué allí edificada por Hércules, sacrificando al dios Marte, y de allí le quedó el nombre Mártos á Marte fortísimo. Es esta peña hecha como un huevo, que ni tiene principio ni fin, tiene medio como el planeta que se le atribuye estar en medio del cielo, y señorear la tierra, como al presente, que no reina otro planeta en la Italia; mas vos, que sabeis, decidme qué hay debaxo de aquella peña tan fuerte.

_Loz._ En torno della te diré que no hay cosa mala de cuantas Dios crió sobre la tierra, porque en todas las otras tierras hay en partes lo que allí hay junto, como podrás ver, si vas allá, que es buena tierra para forasteros como Roma.

_Sag._ Todo me duermo, perdóname.

_Loz._ Guarda, no retoces esa rapaceja.

_Sag._ ¡Cómo duerme su antigüedad!

_Loz._ Quiero entender en hacer aguas y olios, porque mañana no me darán hado ni vado, que se casan ocho putas, y Madona Septuaginta querrá que yo no me parta della para decille lo que tiene de hacer; ya es tarde, quiero llamar aquel caxca-frenos, porque, como dicen, al bueno porque te honre, y á este tal porque no me deshonre, que es un atreguado y se sale con todo cuanto hace, ya me parece que los siento hablar.

_Div._ ¡Ay Sagüeso! ¿qué me has hecho, que dormia?

_Sag._ De la cintura arriba dormiades, que estábades quieta.

_Div._ La usanza es casi ley, soy usada á mover las partes inferiores en sintiendo una pulga.

_Sag._ ¡Oh, pese al verdugo! ¿y arcando con las nalgas oxeais las pulgas?

_Div._ Si lo que me heciste durmiendo me quieres reiterar, yo te daré un par de cuchillos que en tu vida los viste tan lindos.

_Sag._ Sé que no só dacero, mostrá los cuchillos.

_Div._ Velos aquí, y si tú quieres, en tanto que no tienes amo vén, que yo te haré triunfar, y mira por mí, y yo por lo que tú has menester.

_Sag._ ¿Os contento donde os llego? no será hombre que así os dé en lo vivo como yo; quedá norabuena. Señora Lozana, ¿mandais en qué os sirva?

_Loz._ Que no nos olvideis.

_Div._ No hará, que yo le haré venir aunque esté en cabo del mundo.

_Loz._ Siéntate, puta hechicera, que más verná por comer que por todos tus encantes.

MAMOTRETO LIV.

Cómo platicaron la Lozana y Divicia de munchas cosas.

_Loz._ ¡Oh Divicia! ¿oiste nunca decir entre col y col lechuga? ¿sabes qué quiere decir afanar y guardar para la vejez? que más vale dexar en la muerte á los enemigos, que no demandar en la vida á los amigos.

_Div._ ¿Qué quieres decir?

_Loz._ Quiero decir que un hortelano ponia en una haza coles, y las coles ocuparon todo el campo, y vino su mujer y dixo: marido, entre col y col lechuga, y ansí este campo nos frutará lo que dos campos nos habian de frutar; quiero decir que vos no deis lo que teneis, que si uno no os paga, que os hagais pagar de otro doblado, para que el uno frute lo que el otro goza; ¿qué pensais vos que ha de hacer aquel nacido de aquellos cuchillos? jugallos ha, y así los perderéis.

_Div._ No perderé, que en los mismos cuchillos van dichas tales palabras, que él tornará.

_Loz._ Ándate ahí, puta de Tesalia, con tus palabras y hechizos, que más sé yo que no tú ni cuantas nacieron, porque he visto moras, judías, zíngaras, griegas y cecilianas, que éstas son las que más se perdieron en estas cosas, y vi yo hacer munchas cosas de palabras y hechizos, y nunca vi cosa ninguna salir verdad, sino todas mentiras fingidas, y yo he querido saber y ver y probar como Apuleyo, y en fin hallé que todo era vanidad, y cogí poco fruto, y ansí hacen todas las que se pierden en semejantes fantasías; decíme, ¿por qué pensais que las palabras vuestras tienen efecto y llévaselas el viento? decíme, ¿para qué son las plumas de las aves, sino para volar? quitaldas y ponéoslas vos, veamos si volaréis, y ansí las palabras dichas de la boca de una ostinada vieja antigualla como vos; decíme, ¿no decis que os aconteció ganar en una noche ciento y diez y ocho cuartos abrochados? ¿por qué no les dexistes esas palabras, para que tornasen á vos sin ganallos otra vez?

_Div._ Y vos los pelos de las cejas, y decis las palabras en algarabía y el plomo con el cerco en tierra, y el orinal y la clara de huevo, y dais el corazon de la gallina con agujas y otras cosas semejantes.

_Loz._ A las bobas se dan á entender esas cosas, por comerme yo la gallina, mas por eso vos no habeis visto que saliese nada cierto, sino todo mentira, que si fuera verdad, más ganára que gallina, mas si pega, pega.

_Div._ Quítame este pegote ó xáquima, que el barboquejo de la barba yo me lo quitaré.

_Loz._ Pareces borrica enfrenada.

_Div._ Acaba presto, puta, que me muero de sed.

_Loz._ No bebas desa, que es del pozo.

_Div._ ¿Qué se me da?

_Loz._ Porque todos los pozos de Roma están entredichos, á efeto que no se beba el agua dellos.

_Div._ ¿Por qué?

_Loz._ Era muy dulce de beber, y como venian los peregrinos y no podian beber del rio, que siempre venía turbia ó sucia, demandaban por las casas agua, y por no sacalla, no se la querian dar, los pobres rogaron á Dios que el agua de los pozos no la pudiesen beber, y ansí se gastaron, y es menester que se compre el agua tiberina de los pobres, como veis, y tiene esta excelencia, que ni tiene color, ni olor, ni sabor, y cuanto más estantiva ó reposada está el agua de este rio Tíber, tanto es mejor.

_Div._ ¿Como yo?

_Loz._ No tanto, que hedería ó mufaría como el trigo y el vino romanesco, que no es bueno sino un año, que no se puede beber el vino como pasa de Setiembre, y el pan como pasa Agosto, porque no lo guarden de los pobres, y si lo guardan, ni ellos ni sus bestias lo pueden comer, porque si lo comen las gallinas mueren.

_Div._ Por tu vida y mia, que yo lo vi ogaño echar en el rio, y no sabía por qué.

_Loz._ Porque lo guardaron para el diluvio, que habia de ser este año en que estamos, de mill y quinientos y veinte y cuatro, y no fué.

_Div._ Hermana, ¿qué quieres que meta en estas apretaduras que hierven en seco?

_Loz._ Mete un poco de agua, que la retama, y la xara, y los marruvios y la piña, si no nadan en el agua no valen nada. No metas de ésa, que es de rio y alarga, mete de pozo, que aprieta, y sacá un poco y probá si os aprieta á vos, aunque teneis seis texaredecas, que ya no os habia de servir ese vuestro sino de mear.

_Div._ Calla, puta de _quis vel qui_.

_Loz._ Y tú puta de tres cuadragenas ménos una.

_Div._ Calla, puta de candoque, que no vales nada para venderme ni para ser rufiana.

_Loz._ A tal puta tal rufiana; ves, viene Aparicio tu padrino.

_Div._ ¿Cuál? ¿Valderas el malsin? Es de nuestra cofradía.

_Loz._ ¿Cofradía tenés las putas?

_Div._ ¿Y agora sabes tú que la cofradía de las putas es la más noble cofradía que sea, porque hay de todos los linajes buenos que hay en el mundo?

_Loz._ Y tú eres la priosta, va que te llama, y dexa subir aquella otra puta vieja rufiana sarracina con su batirrabo, que por apretaduras verná.

_Div._ Subí, madre, que arriba está la señora Lozana.

_Loz._ Vení acá, madona Doméstica, ¿qué buscais?

_Doméstica._ Hija mia, habés de saber que cerca de mi casa está una pobre mochacha, y está vírgen, la cual si pudieses ó supiésedes cualque español hombre de bien que la quisiese, que es hermosa, porque le diese algun socorro para casalla.

_Loz._ Vieja mala escanfarda, ¿qué español ha de querer tan gran cargo de corromper una vírgen?

_Dom._ Esperá, que no es muncho vírgen, que ya ha visto de los otros hombres, mas es tanto estrecha que parece del todo vírgen.

_Loz._ A tal persona podrias engañar con tus palabras ante pensadas, que te chinfarase á tí y á ella, ¡oh, hi de puta! ¿y á mí te vienes, que so matrera? Mirá qué zalagarda me traia pensada, va con Dios, que tengo que hacer.

_Div._ ¿Qué queria aquella mala sabandija?

_Loz._ Tres bayoques de apretaduras, ansí la azoten, conmigo quiere ganar, que la venderé yo por más vieja astuta que sea.

_Div._ A casa de la Celidonia va.

_Loz._ ¿Qué más Celidonia ó Celestina que ella? Si todas las Celidonias ó Celestinas que hay en Roma me diesen dos carlines al mes, como los médicos de Ferrara al Gonela, yo sería más rica que cuantas mujeres hay en esta tierra.

_Div._ Decíme eso de Gonela.

_Loz._ Demandó Gonela al Duque que los médicos de su tierra le diesen dos carlines al año, el Duque, como vido que no habia en toda la tierra arriba de diez, fué contento, el Gonela, ¿qué hizo? atóse un paño al pié y otro al brazo, y fuése por la tierra, cada uno le decia, ¿qué tienes? y él le respondia, tengo hinchado esto, é luégo le decian, va, toma la tal hierba y tal cosa, y póntela y sanarás, despues escrebia el nombre de cuantos le decian el remedio, y fuése al Duque, y mostróle cuantos médicos habia hallado en su tierra, y el Duque decia: ¿Has tú dicho la tal medicina á Gonela? el otro respondia, señor, sí; pues pagá dos carlines, porque sois médico nuevo en Ferrara: así querría yo hacer por saber cuántas Celidonias hay en esta tierra.

_Div._ Yo os diré cuantas conozco yo, son treinta mill putanas y nueve mill rufianas sin vos, contaldas. ¿Sabeis, Lozana, cuánto me han apretado aquellas apretaduras? hanme hecho lo mio como bolsico con cerraderos.

_Loz._ ¿Pues qué, si metieras de aquellas sorbas secas dentro? no hubiera hombre que te lo abriera por más fuerza que tuviera, aunque fuera micer puntiagudo, y en medio arcudo, y al cabo como el muslo.

_Div._ Yo querria, Lozana, que me rapases este pantano, que quiero salir á ver mis amigos.

_Loz._ Espera que venga Rampin, que él te lo raerá como frente de calvo. No viene ninguna puta, que deben xabonar el bien de Francia; dime, Divicia, ¿dónde comenzó ó fué el principio del mal frances?

_Div._ En Rapolo, una villa de Génova, y es puerto de mar, porque allí mataron los pobres de San Lázaro, y dieron á saco los soldados del rey Carlo Cristianísimo de Francia aquella tierra y las casas de San Lázaro, y uno que vendió un colchon por un ducado, como se lo pusieron en la mano, le salió una buba ansí redonda como el ducado, que por eso son redondas, despues aquél lo pegó á cuantos tocó con aquella mano, y luégo incontinenti se sentian los dolores acerbísimos y lunáticos, que yo me hallé allí y lo vi, que por eso se dice el Señor te guarde de su ira, que es esta plaga que el sexto ángel derramó sobre casi la metad de la tierra.

_Loz._ ¿Y las plagas?

_Div._ En Nápoles comenzaron, porque tambien me hallé allí cuando dicien que habian enfecionado los vinos y las aguas, los que las bebian luégo se aplagaban, porque habian echado la sangre de los perros y de los leprosos en las cisternas y en las cubas, y fueron tan comunes y tan invisibles, que nadie pudo pensar de donde procedian. Munchos murieron, y como allí se declaró y se pegó, la gente que despues vino de España llamábanlo mal de Nápoles, y éste fué su principio, y este año de veinte y cuatro son treinta é seis años que comenzó. Ya comienza á aplacarse con el legño de las Indias Occidentales, cuando sean sesenta años que comenzó, al hora cesará.

MAMOTRETO LV.

Cómo la Lozana vido venir un jóven desbarbado, de diez y ocho años, llamado Coridon, y le dió este consejo como supo su enfermedad.