Retrato de la Lozana Andaluza En lengua española muy clarísima, compuesto en Roma.
Part 11
_Silv._ Por mi vida, señora Lozana, que creo que si fuérades vos la misma teoría no dixérades más de lo dicho, mas quiero que sepais que la taberna meritoria para esas señoras ya está hecha archihospital, y la honra, ayuda y triunfo que ellas dan al Senato es como el grano que siembran sobre las piedras, que como nace se seca, y si oistes decir que antiguamente cuando venía un romano ó emperador con victoria, lo llevaban en un carro triunfante por toda la ciudad de Roma, y esto era gran honra, y en señal de forteza una corona de hojas de roble, y él asentado encima, y si alguna señal tenía de las heridas que en las batallas y combates hobiese rescebido, la mostraba públicamente, de manera que entónces el carro y la corona y las heridas eran su gloria, y despues su renombre, fama y gloria. ¿Qué mejor ni más largo os lo puedo yo dar á entender, señora Lozana, de lo que vos misma podeis ver? que como se hacen francesas ó grimanas, es necesario que en muerte ó en vida vayan á Santiago de las Carretas, y allí el carro y la corona de flores y las heridas serán su mérito y renombre á las que vernán, las cuales tomarán _audibilia pro visibilia_; ansí que, señora Lozana, á vos no ha de faltar sin ellas de comer, que ayer hablando con un mi amigo hablamos de lo que vos alcanzais á saber, porque me recordé cuando nos rompistes las agallas á mí y á cuantos estábamos en el banco de ginoveses.
_Loz._ Y si entónces las agallas, agora los agallones, y oidme dos razones.
MAMOTRETO XLVI.
Respuesta que da la Lozana en su laude.
_Loz._ Aquel es loado que mira y nota y á tiempo manifiesta, yo he andado en mi juventud por Levante, só estada en Nigroponte, y he visto y oido munchas cosas, y entónces notaba, y agora saco de lo que entónces guardé; ¿no se os acuerda cuándo estaba por ama de aquel hijo de vuestro amo, qué concurrencia tenía de aquellos villanos que me tenían por médica, y venían todos á mí, y yo les decia, andaos á vuestra casa y echáos un ayuda, y sanaban? Aconteció que una vieja habia perdido una gallina, que muchos dias habia que ponia huevos sobre una pared, y como se encocló, echóse sobrellos, y vino la vieja á mí que le dixese de aquella gallina, y yo estaba enoxada, y díxele: andá, id á vuestra casa, y traéme la yerba canilla que nace en los tejados, y díxeselo porque era vieja, pensando que no subiria, en fin, subió, y halló la gallina, y publicóme que yo sabía hacer hallar lo perdido, y así un villano perdió una borrica, vino á mí que se la encomendase, porque no la comiesen lobos, mandéle que se hiciese un cristel de agua fria, y que la fuese á buscar, él hízolo, y entrando en un higueral á andar del cuerpo, halló su borrica, y desta manera tenía yo más presentes que no el juez. Decíme, por mi vida, ¿quién es ese vuestro amigo que decis que ayer hablaba de mí? ¿conózcolo yo? reisos, quiérolo yo muncho, porque me contrahace tan natural mis ménos y autos, y cómo quito las cejas, y cómo hablo con mi criado, y cómo lo echo de casa, y cómo le decia cuando estaba mala, anda por esas estaciones, y mira esas putas cómo llevan las cejas, y cómo bravea él por mis duelos, y cómo hago yo que le hayan todos miedo, y cómo lo hago moler todo el dia soliman, y el otro dia no sé quién se lo dixo, que mi criado hacia quistion con tres, y yo, porque no los matase, salí y metílo en casa, y cerré la puerta, y él metióse debaxo del lecho á buscar la espada, y como yo estaba afanada porque se fuesen ante quél saliese, entré y busquélo, y él tiene una condicion, que cuando tiene enojo, si no lo desmuele, luégo se duerme, y como lo veo dormido debaxo de la cama, me alegré, y digo, en este medio los otros huiran; y cómo lo halago, que no se me vaya, y cómo reñimos porque metió el otro dia el suyo en una olla que yo la tenía media de agua de Mayo, y cómo arma dentro por causa del agua, traia la olla colgada, y yo quise más perder la olla y el agua, que no que se le hiciese mal; y el otro dia que estaban aquí dos mochachas como hechas de oro, parece que el bellaco arma, y tal armada, que todas dos agujetas de la bragueta rompió, que eran de gato soriano, y cómo yo lo hago dormir á los piés, y él cómo se sube poco á poco, y otras mil cosas que cuando yo lo ví contrahacerme, me parecia que yo era. Si vos lo viéredes aquí cuando me vino á ver que estaba yo mala, que dixe á ese cabron de Rampin que fuese aquí á una mi vecina, que me prestase unos manteles, dixo que no los tenía, dixe yo simplemente, mira qué borracha, que está ella sin manteles, toma, vé, cómprame una libra de lino, que yo me los hilaré, y ansí no la habré menester. Señor, yo lo dixe, y él lo oyó, no fué menester más, como él há tiempo, cuando yo no pensaba en ello, me contrahizo, que quedé espantada.
MAMOTRETO XLVII.
Cómo se despide el conocido de la señora Lozana, y de las señas de la patria del Auctor.
_Silv._ Señora Lozana, quisiera que acabáramos la materia comenzada de la meritoria, mas como no tuvo réplica, manda vuestra merced que digamos reliqua, para que se sienten y vayan reposadas, donde la rueda de la carreta las acabará, y tornando á responderos de aquel señor que de vuestras cosas hace un retrato, quiero que sepais que só estado en su tierra, y daréos señas della. Es una villa cercada, y cabeza del maestrazgo de Calatrava, y antiguamente fué muy gran cibdad, dedicada al dios ó planeta Marte, como dice Apuleyo; cuando el planeta Mercurio andaba en el cielo, el dios Marte, que aquella peña era su trono y ara, de donde tomó nombre la Peña de Marte, y al presente de los Martes, porque cada uno de los que allí moran son un Marte en batalla, que son hombres inclinados al arte de la milicia y á la agricultura, porque remedan á los romanos, que reedificaron donde agora se habita, al pié de la dicha peña, porque allí era sacrificado el dios de las batallas; y ansí son los hombres de aquella tierra muy aptos para armas, como si oisteis decir lo que hicieron los Covos de Mártos en el reino de Granada, por tanto que decian los moros que el Covo viejo y sus cinco hijos eran de hierro y áun de acero, bien que no sabian la causa, del planeta Marte, que en aquella tierra reinaba de nombre y de hecho, porque allí puso Hércules la tercera piedra ó colona que al presente es puesta en el templo; hallóse el año M.D.IIII: y la Peña de Mártos nunca la pudo tomar Alejandro Magno ni su gente, porque es inexpunabile á quien la quisiese por fuerza, ha sido siempre honra y defension de toda Castilla. En aquella tierra hay las señales de su antigua grandeza en abundancia, esta fortísima peña es tan alta que se ve Córdova, que está catorce leguas de allí, ésta fué sacristía y conserva cuando se perdió España, al pié de la cual se han hallado atautes de plomo y marmóreos escritos de letras gódicas é de egipciacas; y hay una puerta que se llama la Puerta del Sol, que guarda al Oriente, dedicada al planeta Febo, hay otra puerta, La Ventosilla, que quiere decir que allí era la silla del solícito elemento Mercurio, y la otra puerta del Viento dedicada á este tan fuerte elemento aéreo, por tanto el fortísimo Marte dedicó á este elemento dos puertas que guardasen su altar, todas dos puertas de Mercurio guardan al Poniente, hay un albollon que quiere decir salida de agua al baluarte do reposa la diosa Cereza, hay dos fortalezas, una en la altísima peña, y otra dentro en la villa, y el Almedina, que es otra fortaleza que hace cuarenta fuegos, y la villa de Santa María, que es otra fortaleza que hace cien fuegos, y toda la tierra hace mil y quinientos; y tiene buenos vinos toronteses y albillos y haloques, tiene gran campiña, donde la diosa Cereza se huelga, tiene monte, donde se coge muncha grana, y grandes términos y muy buenas aguas vivas, y en la plaza un altar de la Madalena, y una fuente, y un alamillo, y otro álamo delante de la puerta de una iglesia, que se llama la solícita y fortísima y santísima Martha, huéspeda de Cristo. En esta iglesia está una capilla que fué de los Templares, que se dice de San Benito, dicen que antiguamente se decia Roma la Vieja; todas estas cosas demuestran su antigua grandeza, máxime que todas las ciudades famosas del Andalucía tienen la puerta Mártos, que dice su antigua fortaleza, salvo Granada, porque mudó la puerta Elvira; tiene asimismo una fuente marmórea, con cinco pilares á la puerta de la villa, edificada por arte mágica, en tanto espacio cuanto cantó un gallo, el agua de la cual es salutífera, está en la via que va á la cibdad de Mentesa, alias Jaen, tiene otra al pié de Malvecino, donde Marte abrevaba sus caballos, que agora se nombra la fuente Santa Martha, salutífera contra la fiebre, la mañana de San Juan sale en ella la cabelluda, que quiere decir, que allí muchas veces apareció la Madalena, y más arriba está la peña de la Sierpe, donde se ha visto Santa Martha defensora, la cual allí miraculosamente mató un ferocísimo serpiente, el cual devoraba los habitantes de la cibdad de Marte, y ésta fué la principal causa de su despoblacion. Por tanto, el templo lapídeo y fortísima ara de Marte fué y es al presente consagrado á la fortísima Santa Martha, donde los romanos, por conservar sus mujeres en tanto que ellos eran á las batallas, otra vez la fortificaron, de modo que toda la honestidad y castidad y bondad que han de tener las mujeres, las tienen las de aquel lugar, porque traen el orígine de las castísimas romanas, donde munchas y munchas son con un solo marido contentas. Y si en aquel lugar, de poco acá, reina alguna invidia ó malicia, es por causa de tantos forasteros que corren allí por dos cosas, la una porque abundan los torculares y los copiosos graneros, juntamente con todos los otros géneros de vituallas, porque tiene cuarenta millas de términos, que no le falta, salvo tener el mar á torno; la segunda, que en todo el mundo no hay tanta caridad, hospitalidad y amor proximal cuanto en aquel lugar, y cáusalo la caritativa huéspeda de Cristo. Allí poco léxos está la sierra de Aillo, ántes de Alchahudete.
_Loz._ Alcahudete el que hace los cornudos á ojos vistas.
_Silv._ Finalmente, es una felice patria, donde siendo el Rey personalmente, mandó despeñar los dos hermanos Caravajales, hombres animosísimos, acusados falsamente de tiranos, la cuya sepultura ó mausoleo permanece en la capilla de Todos Santos, que antiguamente se decia la _Sancta Sanctorum_, y son en la dicha capilla los huesos de fortísimos reyes y animosos maestres de la dicha órden de Calatrava.
_Loz._ Señor Silvano, ¿qué quiere decir que el Auctor de mi retrato no se llama Cordovés, pues su padre lo fué, y él nació en la diócesi?
_Silv._ Porque su castísima madre y su cuna fué en Mártos, y como dicen, no donde naces, sino con quien paces. Señora Lozana, veo que viene gente, y si estoy aquí os daré empacho, dadme licencia, y mirá cuándo mandais que venga á serviros.
_Loz._ Mi señor, no sea mañana ni el sábado, que terné priesa, pero sea el domingo á cená y todo el lúnes, porque quiero que me leais, vos que teneis gracia, las coplas de Fajardo y la comedia Tinalaria y á Celestina, que huelgo de oir leer estas cosas muncho.
_Silv._ ¿Tiénela vuestra merced en casa?
_Loz._ Señor, vedla aquí, mas no me la leen á mi modo, como haréis vos, y traé vuestra vihuela y sonarémos mi pandero.
_Silv._ Contémplame esa muerte.
MAMOTRETO XLVIII.
Cómo vinieron diez cortesanas á se afeitar, y lo que pasaron, y despues otras dos casadas sus amigas, camiseras.
_Dorotea._ Señora Lozana, más cara sois vos de haber, que la muerte cuando es deseada, mirá cuántas venimos á serviros, porque vos no os dexais ver despues que os enriquecistes, y habemos de comer y dormir todas con vos.
_Loz._ Sea norabuena, que cuando amanece, para todo el mundo amanece, ¿quién diria de no á tales convidadas? por mi vida, que se os parece que estais pellejadas de mano de otrie que de la Lozana, así lo quiero yo, que me conozcais, que pagais á otrie bien por mal pelar; por vida de Rampin, que no tengo de perdonar á hija de madre, sino que me quiero bien pagar. Mirá qué ceja ésta, no hay pelo con pelo, y quien gastó tal ceja como ésta, por vida del Rey, que merecia una cuchillada por la cara, porque otra vuelta mirase lo que hacia, mirá si hubiera un mes que yo estuviera en la cama, cuando en quince dias os han puesto del lodo; y vos, señora, ¿qué paño es ese que teneis? ésa agua fuerte y soliman crudo fué, y vuestra prima ¿qué es aquello que todos los cabellos se le salen? la Judía anda por aquí, no me curo, que por eso se dice á rio vuelto ganancia de pescadores; vení acá vos, ¿qué manos son ésas? entrá allá, y dáme aquel botecillo de oro, y manos eran éstas para dexar gastar, tomá y teneldo hasta mañana, y veréis qué manos sacaréis; el domingo, si estuviera aquí mi criado, enviaré á comprar ciertas cosas para vosotras, mas torná por aquí, que yo lo enviaré á comprar si me dexais dineros, que á deciros la verdad, éstos que me habeis dado bien los he ganado, y áun es poco, que cuando os afeito cada sábado me dais un julio y agora merecia dos, por haber emendado lo que las otras os gastaron.
_Teresa Narbaez._ Mirá bien y contá mejor, que no hay entre todas nosotras quien os haya dado ménos de dos.
_Loz._ Bien, mas no contais vosotras lo que yo he puesto de mi casa, á vos aceite de adormideras y ólio de almendras amargas perfectísimo, y á ella unto de culebra, y á cada una segund vi que tenía menester; por mi honra que quiero que las que yo afeito vayan por todo el mundo sin vergüenza y sean miradas; por el siglo de vuestro padre, señora Dorotea, ¿qué os parece qué cara llevan todas? y á vos cómo se os ha pasado el fuego que traiades en la cara con el ólio de calabaza que yo os puse; id en buen hora, que no quiero para con vosotras estar en un ducado, que otro dia lo ganaré que vernés mejor apercebidas.
_Narbaez._ ¡Oh qué cara! ¿es éste diablo? ésta y nunca más, si las jodías me pelan por medio carlin, ¿por qué ésta ha de comer de mi sudor? pues ántes de un año Teresa Narbaez quiere saber más que no ella.
_Loz._ ¿Quién son estas que vienen á la romanesca, que ya acá vienen?
_Leonor._ Abrí, puta vieja, que á saco os tenemos de dar, ¿paréceos bien que há un mes que no visitais á vuestras amigas? en puntos estamos de daros de masculillo, ¡hay qué gorda está esta putana! bien parece que come y bebe y triunfa, y tiene quien bien la cabalgue para el otro mundo.
_Loz._ Tomá una higa, porque no me ahojeis, ¿qué viento fué este que por acá os echó? mañana queria ir á Pozoblanco á veros.
_Leon._ Mirá, hermana, tenemos de ir á unas bodas de la hija de Paniagua con el Izquierdo, y no valemos nada sin tí, tú has de poner aquí toda tu ciencia, y más que no puedo comportar á mi marido los sobacos, dame cualque menjunge que le ponga, y vézanos á mí y á esta mi prima como nos rapemos los pendejos, que nuestros maridos lo quieren ansí, que no quieren que parezcamos á las romanas que jamas se los rapan, y págate á tu modo, ves aquí cinco julios, y despues te enviarémos el resto.
_Loz._ Las romanas tienen razon, que no hay en el mundo mujeres tan castas ni tan honestas; andá, quitá allá vuestros julios, que no quiero de vosotras nada, enviá á comprar lo que es necesario, y dexá poner á mí el trabajo.
_Leon._ Pues sea ansí, enviemos á vuestro mozo que lo compre.
_Loz._ Bien será menester otro julio, que no se lo darán ménos de seis.
_Leon._ Tomá, veis ahí, vaya presto.
_Loz._ ¿Cómo estais por allá? por acá muy ruinmente lo pasamos, por mí lo digo que no gano nada, mejor fuera que me casára.
_Leon._ ¡Ay, señora, no lo digais, que sois reina ansí como estais! ¿sabeis que decia mi señor padre? en requia sea su alma, que la mujer que sabía texer era esclava á su marido, y quel marido no la habia de tener sujeta sino en la cama, y con esto nos queremos ir, que es tarde, y el Señor os dé salud á vos y á Rampin, y os lo dexe ver Barrachel de campaña, Amén.
_Loz._ Ansí veais de lo que más quereis, que si no fuera aquella desgracia quel otro dia le vino, ya fuera él alcalde de la hermandad de Belitre, y si soy viva el año que viene, yo lo haré porqueron de Bacano, que no le falta ánimo y manera para ser eso y más; andad sanas y encomendáme toda la ralea.
MAMOTRETO XLIX.
Cómo vinieron á llamar á la Lozana que fuese á ver un gentil-hombre nuevamente venido, que estaba malo, y dice ella entre sí, por las que se partieron:
_Loz._ Yo doy munchas gracias á Dios porque me formó en Córdoba más que en otra tierra, y me hizo mujer sabida y no bestia, y de nacion española y no de otra; miraldas cuáles van despues de la Ceca y la Meca y la Valdandorra, por eso se dice, sea marido aunque sea de palo, que por ruin que sea es marido; éstas están ricas, y no tienen sus maridos, salvo el uno una pluma y el otro una aguja, y trabajar de dia y de noche, porque se den sus mujeres buen tiempo, y ellos trampear, y de una aguja hacer tres y ellas al reves; yo me recuerdo haber oido en Levante á los christianos de la cintura, que contaban cómo los moros reprendian á los christianos en tres cosas: la primera que sabian escrebir y daban dineros á notarios y á quien escribiese sus secretos, y la otra que daban á guardar sus dineros y hacian ricos á los cambiadores, la otra, que hacian fiesta la tercera parte del año, las cuales son para hacer al hombre siempre en pobreza, y enriquecer á otrie que se rie de gozar lo ajeno, y no me curo, porque, como dicen, no hay cosa nueva debaxo del sol; querria poder lo que quiero, pero como dixo Séneca, gracias hago á este señal que me dió mi fortuna, que me costriñe á no poder lo que no debo de querer, porque de otra manera yo haria que me mirasen con ojos de alinde.
_Ramp._ ¿Qué haceis? mirá que os llama un mozo de un novicio bisoño.
_Loz._ Vení arriba, mi alma, ¿qué buscais?
_Herjeto._ Señora, á vuestra merced, porque su fama vuela.
_Loz._ ¿De qué modo, por vida de quien bien quereis? que vos nunca lo hecistes sosegadamente, que el aire os lo da, y si no os diese cien besos en esos ojos negros, mi rey, decíme y ¿quién os dixo mal de mí?
_Herj._ Señora, en España nos dixeron mill bienes de vuestra merced, y en la nao unas mujeres que tornan acá con unas niñas que quedan en Civita Vieja, y ellas rezan á las niñas vuestro nombre, porque si se perdieren, que vengan á vos, porque no tienen otro mamparo y vienen á ver el año santo, que segun dicen han visto dos, y con éste serán tres, y creo que esperan el otro por tornar contentas.
_Loz._ Deben de ser mis amigas, y por eso saben que mi casa es alhóndiga para servirlas, y habrán dicho su bondad.
_Herj._ Señora Lozana, mi amo viene de camino y no está bueno, él os ruega que le vais á ver, que es hombre que pagará cualquier servicio que vuestra merced le hiciere.
_Loz._ Vamos, mi amor, á vos, digo, Rampin, no os partais, que habeis de dar aquellos trapos á la galan portuguesa.
_Ramp._ Sí haré, vení presto.
_Loz._ Mi amor, ¿dó posais?
_Herj._ Señora, hasta agora yo y mi amo habemos posado en la posada del señor don Diego ó Santiago á dormir solamente, y comer en la posada de Bartolero, que siempre salimos sospirando de sus manos; pero tienen esto, que siempre sirven bien, y allí es otro estudio de Salamanca, y otra Sapiencia de París, y otras Gradas de Sevilla, y otra Lonja de Valencia, y otro Drageto ó Rialto en Venecia, y otra barbería de cada tierra, y otro Chorrillo de Nápoles, que más nuevas se cuentan allí que en ninguna parte destas que he dicho, por munchas que se digan en Bancos. En fin, hemos tenido una _vita dulcedo_, y agora mi amo está aquí en casa de una que creo que tiene bulda firmada de la Cancillería de Valladolid, para decir mentiras y loarse, y decir que fué y que fué, y voto á Dios que se podia decir de quince años como Elena.
_Loz._ ¿Y á qué es venido vuestro amo á esta tierra?
_Herj._ Señora, por corona; decíme, señora, ¿quién es aquella galan portuguesa que vos dexistes?
_Loz._ Fué una mujer que mandaba en la mar y en la tierra, y señoreó á Nápoles, tiempo del gran Capitan, y tuvo dineros más que no quiso, y vesla allí asentada demandando limosna á los que pasan.
_Herj._ Aquélla el temor me pone á mí, cuanto más á las que ansí viven, y mirá, señora Lozana, como dicen en latin: _Non proposuerunt Deum ante conspectum suum_, que quiere decir que no pusieron á Dios las tales delante á sus ojos, y nótelo vuestra merced esto.
_Loz._ Sí haré, entremos presto, que tengo que hacer. ¿Aquí posais casa desa puta vieja, lengua doca?
_Herj._ Doña Ines, zagala como espada del Cornadillo.
_Loz._ Ésta sacó de pila á la doncella Teodor.
MAMOTRETO L.
Cómo la Lozana va á ver este gentil-hombre, y dice subiendo:
_Loz._ Más sabe quien muncho anda que quien muncho vive, porque quien muncho vive, cada dia oye cosas nuevas, y quien muncho anda, ve lo que ha de oir; ¿es aquí la estancia?
_Herj._ Señora, sí, entrá en aquella cámara, que está mi amo en el lecho.
_Loz._ Señor mio, no conociéndoos quise venir, por ver gente de mi tierra.
_Trujillo._ Señora Lozana, vuestra merced me perdone, que yo habia de ir á homillarme delante de vuestra real persona, y la pasion corporal es tanta, que puedo decir que es interlineal, y por esto me atreví á suplicalla me visitase malo porque yo la visite á ella cuando sea bueno, y con su visitacion sane. Va tú, compra confites para esta señora.
_Loz._ Nunca en tal me vi, mas veré en qué paran estas longuerías castellanas.
_Truj._ Señora, alléguese acá, y contalle he mi mal.
_Loz._ Diga, señor, y en lo que dixere veré su mal, aunque debe ser luengo.
_Truj._ Señora, más es ancho que luengo, yo, señora, oí decir que vuestra casa era aduana, y para despachar mi mercadancia, quiero ponella en vuestras manos para que entre esas señoras vuestras contemporáneas me hagais conocer para desempachar y hacer mis hechos, y como yo, señora, no estó bueno munchos dias há, habeis de saber que tengo lo mío tamaño, y despues que venistes se me ha alargado dos ó tres dedos.
_Loz._ En boca de un perro, señor; si el mal que vos teneis es natural no hay ensalme para él, mas si es accidental, ya se remediará.
_Truj._ Señora, querría aduanallo por no perdello, meté la mano, y veréis si hay remedio.
_Loz._ ¡Ay triste! ¿de verdad teneis esto malo? y cómo está valiente.
_Truj._ Señora, yo he oido que teneis vos muy lindo lo vuestro, y quiérolo ver por sanar.
_Loz._ Mis pecados me metieron aquí; señor, si con vello entendeis sanar, veislo aquí, mas á mí porque vine, y á vos por cuerdo, nos habian descobar.
_Truj._ Señora, no hay que escobetear, que mi huéspeda escobeteó esta mañana mi ropa, lléguese vuestra merced acá, que se vean bien, porque el mio es tuerto y se despereza.
_Loz._ Bien se ven si quieren.
_Truj._ Señora, bésense.
_Loz._ Basta haberse visto.
_Truj._ Señora, los tocos y el tacto es el que sana, que así lo dixo Santa Nefixa, la que murió de amor suave.
MAMOTRETO LI.
Cómo se fué la Lozana corrida, y decia muy enojada: