Retrato de la Lozana Andaluza En lengua española muy clarísima, compuesto en Roma.
Part 10
_Loz._ Señores, beso las manos de vuestras mercedes mill veces, y suplícoles que se sirvan de mi pobreza, pues saben que soy toda suya. Por vida del Rey, que no me la vayan penar al otro mundo los puercos, que les he hecho mill honras cuando estábamos en Damiata y en Túnez de Berbería, y agora con palabras prestadas me han pagado, Dios les dé el mal año, quisiera yo, pese al diablo, que metieran la mano á la bolsa por cualque docena de ducados, como hacia yo en aquel tiempo, y si no los tenía se los hacia dar á mi señor Diomedes, y á sus criados los hacia vestir, y agora á mala pena me conocen, porque sembré en porcuna, bien me decia Diomedes, guárdate, que éstos á quien tú haces bien te han de hacer mal. Mirá qué canes reñegados, villanos secretos, capotes de terciopelo, por estos tales se debia decir, si te ví no me acuerdo, quien sirve á munchos no sirve á ninguno.
MAMOTRETO XLI.
Aquí comienza la tercera parte del retrato, y serán más graciosas cosas que lo pasado. Cómo tornó á casa y afeitó con lo que traia las sobredichas, y cómo se fueron, y su criado con ellas, y quedó sola, y contaba todo lo que habia menester para su trato, que queria comenzar, y de aquí adelante le darémos fin.
_Loz._ Agora que me arremangué á poner trato en mi casa, vale todo caro, andar, pase por agora por contentar estas putas, que despues yo sabré lo que tengo de hacer.
_Griega._ Mirámela cuál viene que le nazcan barbas, narices de medalla.
_Loz._ Parece mi casa atalaya de putas; más puse del mio que no me distes.
_Julia._ Sus, á mí primero, señora Lozana.
_Loz._ Andá, no cureis, que eso hace primero para esto que á la postre, vení acá vos, Gaitero, id con ellas y mirá que es convite de catalanes, una vez en vida y otra en muerte, apañá lo que pudiéredes, que licencia tenés plomada destas señoras putas, que sus copos lo pagarán todo, garveá y traer á casa cara y no palos, caminá delante, id cantando.
_Ramp._ ¿Qué dirán que guardo, Malogrado, Qué dirán que guardo?
_Loz._ Bueno, por mi vida, bueno como almotacen de mi tierra, aquí me quedo sola, deseo tenía de venir á mi casa, que, como dicen, mi casa y mi hogar cien ducados val, ya no quiero andar tras el rabo de putas. Hasta agora no he perdido nada, de aquí adelante quiero que ellas me busquen, no quiero que de mí se diga puta de todo trance alcatara á la fin, yo quiero de aquí adelante mirar por mi honra, que, como dicen, á los audaces la fortuna les ayuda, primeramente yo tengo buena mano ligera para quitar cejas, y sélo hacer mejor que yo me pienso, y tengo aquí esta casa al paso, y tengo este hombre que mira por mi casa, y me escalienta, y me da dentro con buen ánimo, y no se sabe sino que sea mi mozo, y nunca me demanda celos, y es como un siervo ligero, asimismo tengo mucha plática con quien yo tengo de usar este oficio, yo soy querida y amada de cuantas cortesanas favoridas hay, yo só conocida así en Roma como en el vulgo y fuera de Roma de munchos á quien yo he favorecido, y me traerán presentes de fuera, que terné mi casa abastecida, y si amuestro favor á villanos vernán sus mujeres, y porque las enseñe cómo se han de hacer bellas me traerán paxitas de higos y otras mill cosas como la tionlesa por el cuatrin del sublimato que le vendí, y como le prometí que otra vez le daria otra cosa mejor, porque secretamente se afeitase, pensó que hurtaba bogas, y envióme olivas y muchas manzanas y granadas que de Baena no podian ser mejores; pues si una villana me conoce, ¿qué haré cuando todas me tomen en plática? que mi casa será colmena, y tambien si yo asiento en mi casa no me faltarán muchos que yo tengo ya domados, y mitirillo por encarnazar, y será más á mi honra y á mi provecho, que no tomo sabor en casa de otrie, y si quisiere comer en mi casa, será á costa de otrie y sabráme mejor. Que no verná hombre aquí que no saque dél cuando de la leña, otro el carbon y otro el vino, y otro el pan, y otro la carne, y ansí de mano en mano sacaré la expesa, que no se sentirá, y esto riendo y burlando, que cada uno será contento de dar para estas cosas, porque no parece que sean nada cuando el hombre demanda un bayoque para peras, y como les sea poquedad sacar un bayoque, sacarán un julio y un carlin, y por ruin se tiene quien saca un groso. Ansí que si yo quiero saber vivir, es menester que muestre no querer tanto cuanto me dan, y ellos no querrán tomar el demas, y ansí se quedará todo en casa; otros vernán que traerán el seso en la punta del caramillo, y con éstos se ganará más, porque no tienen tiento hasta variar su pasion, y demandándoles darán cuanto tienen, y vernán otros que, con el amor que tienen, no comen, y hacelles hé comprar de comer, y pagar lo comprado, y hacelles hé que coste, y comeré yo y mi criado, y así se castigan los necios, y vernán otros que no serán Salomones, y afrentallos luégo en dos ó tres julios para cartas, y vernán otros novicios que agora vuelan, á estos tales no demandalles nada, sino fingir que si ellos tuviesen que yo no pasaria necesidad, y darme han fin á las bragas, y cuanto más si los alabo de valientes y que son amados de la tal, y que no vinieron á tiempo, y que el enamorado ha de ser gastador como el tal, y no mísero como el tal, y alabarlos que tienen gran cosa, que es esto para muchachos hacelles reyes, y á todos mirar de qué grado y condicion son, y en qué los puedo yo coger, y á qué se extiende su facultad, y ansí sacaré provecho y pagamiento, si no en dineros, en otras cosas, como de pajes rapiña, y de hijos de mercaderes robayna, y ansí daré á todos melecina; yo sé que si me dispongo á no tener empacho, y vo por la calle con mi cestillo, y llevo en él todos los aparejos que se requieren para aconchar, que no me faltará la merced del señor, y si soy vergonzosa seré pobre, y como dicen, mejor es tener que no demandar, así que si tengo de hacer este oficio, quiero que se diga que no fué otra que mejor lo hiciese que yo. ¿Qué vale á ninguno lo que sabe si no lo procura saber y hacer mejor que otrie? ejemplo gratia, si uno no es buen jugador, ¿no pierde? ¿si es ladron bueno, sábese guardar que no lo tomen? ha de poner el hombre en lo que hace gran diligencia, y poca vergüenza y rota conciencia para salir con su empresa al corrillo de la gente.
MAMOTRETO XLII.
Cómo estando la Lozana sola diciendo qué le convenia hacer para tratar y platicar en esta tierra sin servir á nadie, entró el Auctor callando, y disputaron los dos, y dice él:
_Auctor._ Si está en casa la Lozana quiero vella y demandalla un poco de algalia para mi huéspeda, que está sorda. En casa está, dame con quien habla, voto á mí que debe de estar enojada con cualque puta, y agora todo lo que dice será nada, que despues serán amigas ántes que sea noche, porque ni ella sin ellas, ni ellas sin ella no pueden vivir, sabello tengo; que cualque cosa no le han querido dar, y por esto son todas estas braverías ó braveaduras. ¿Quién mató la Leona? ¿quién la mató? matóla vuestro yerno, marido de vuestra hija, así será esta quistion, su criado habrá muerto cualque raton, y pensará que sea leona; otra cosa es, agora lo entiendo, ¿qué dice de sueños? tambien sabe de agüeros, y no sé qué otra cosa dixo de urracas y de tordos que saben hablar y que ella sabria vivir; el Perseo he oido, ¡oh pese á san con la puta astuta! y no le bastaba Ovidio, sino Perseo, quiero sobir, que no es de perder, sino de gozar, de sus desparates, y quiero atar bien la bolsa ántes que suba, que tiene mala boca, y siempre mira allí, creo que sus ojos se hicieron de bolsa ajena, aunque yo siempre oí decir que los ojos de las mujeres se hicieron de la bragueta del hombre, porque siempre miran allí, y ésta á la bolsa, de manera que para con ella no basta un ñudo en la bolsa y dos gordos en la boca, porque huele los dineros donde están. Señora Lozana, ¿tiene algo de bueno á que me convide? que vengo cansado, y parecióme que no hacia mi deber si no entraba á veros, que, como vos sabeis, os quiero yo muncho por ser de hácia mi tierra; bien sabeis que los dias pasados me hicistes pagar unas calzas á la Maya, y no queria yo aquello, sino cualque viuda que me hiciese un hijo y pagalla bien, y vos que no perdiésedes nada en avisarme de cosa limpia sobre todo, y harémos un depósito que cualquier mujer se contente, y vos primero.
_Loz._ Señor, á todo hay remedio sino á la muerte, asentaos, y harémos colacion con esto que ha traido mi criado, y despues hablarémos. Va por vino, ¿qué dices? ¡oh buen grado haya tu agüelo! ¿y de dos julios no tienes cuatrin? pues busca, que yo no tengo sino dos cuatrines.
_Auctor._ Dexá estar; toma, cambia, y trae lo que has de traer.
_Loz._ Por mi vida, no le deis nada, que él buscará, desa manera no le faltará á él qué jugar, caminá pues, vení presto; sabeis, señor, que he pensado, que quizá Dios os ha traido hoy por aquí, á mí me ha venido mi camisa, y quiero ir esta tarde al estufa, y como venga, que peguemos con ello, y yo soy desta complision, que como yo quiero, luégo encaxo, y mirá, llegar y pegar todo será uno, y bástame á mí que lo hagais criar vos, que no quiero otro depósito, y sea mañana, y veníos acá, y comerémos un medio cabrito, que sé yo hacer apedreado.
_Auctor._ Hi, hi; veis, viene el vino _in quo est luxuria_.
_Loz._ Dame á beber, y da el resto del ducado á su dueño.
_Ramp._ ¿Qué resto? veislo ahí, todo es guarnacha y malvasía de Candía, que cuesta dos julios el bocal, ¿y quereis resto?
_Loz._ Mirá el borracho, y por fuerza habeis vos de traer guarnacha, traxerades corso ó griego, y no expendieras tanto.
_Auctor._ Andá, hermano, qué bien hicistes traer siempre de lo mejor, toma, tráeme un poco de papel y tinta, que quiero notar aquí una cosa que se me recordó agora.
_Loz._ Mirá, mancebo, sea ese julio como el ducado, hacé de las vuestras; señor, si él mete á jugar no torna acá hoy, que yo lo conozco.
_Auctor._ ¿En qué pasais tiempo, mi señora?
_Loz._ Cuando vino vuestra merced estaba diciendo el modo que tengo de tener para vivir, que quien veza á los papagayos á hablar, me vezará á mí á ganar. Yo sé ensalmar, y encomendar y santiguar, cuando alguno está ahojado, que una vieja me vezó, que era saludadera y buena como yo, sé quitar ahitos, sé para lombrices, sé encantar la terciana, sé remedio para las cuartanas y para el mal de la madre, sé cortar frenillos de bobos y no bobos, sé hacer que no duelan los riñones y sanar las renes, y sé medicar la natura de la mujer y la del hombre, sé sanar la sordera y sé ensolver sueños, sé conocer en la frente la phisionomía, y la chiromancía en la mano, y prenosticar.
_Auctor._ Señora Lozana, á todo quiero callar, mas á esto de los sueños ni mirar en abusiones no lo quiero comportar, y pues sois mujer de ingenio, notá que el hombre cuando duerme sin cuidado, y bien cubierto y harto el estómago, nunca sueña, y al contrario, asimismo, cuando duerme el hombre sobre el lado del corazon, sueña cosas de gran tormento, y cuando despierta y se halla que no cayó de tan alto como soñaba, está muy contento, y si mirais en ello, veréis que sea verdad; y otras veces sueña el hombre que comia ó dormia con la tal persona, que há gran tiempo que no la vido, y otro dia verála ó hablarán de ella, y piensa que aquello sea lo que soñó, y son los humos del estómago, que fueron á la cabeza, y por eso conforman los otros sentidos con la memoria; ansí que, como dicen los maestros que vezan los niños en las materias, muchas veces acaece quel muchacho sueña dineros, y á la mañana se le ensuelven en azotes; tambien decís que hay aojados, esto quiero que os quiteis de la fantasía, porque no hay ojo malo, y si me decis cómo yo ví una mujer que dixo á un niño que su madre criaba muy lindo, y dixo la otra, ¡ay qué lindo hijo y qué gordico! y al hora el niño no alzó cabeza, esto no era mal ojo, mas mala lengua, y dañada intencion y venenosa malicia, como sierpe que trae el veneno en los dientes, que si dixera, ¡Dios sea loado que lo crió! no le pudiera empecer; y si me decís cómo aquella mujer lo pudo empecer con tan dulce palabra, digo que la culebra con la lengua hace caricias, y da el veneno con la cola y con los dientes, y notá, habeis de saber que todas vosotras, por la mayor parte, sois más prestas al mal y á la envidia que no al bien, y si la malicia no reinase más en unas que en otras, no conoceriamos nosotros el remedio que es signarnos con el signo de la † contra la malicia y dañada intencion de aquéllas, digo, que lícitamente se podrian decir miembros del diablo; á lo que de los agüeros y de las suertes decís, digo que si tal vos mirais, que haceis mal, vos y quien tal cree, y para esto notá que munchos de los agüeros en que miran, por la mayor parte son alimañas ó aves que vuelan, á esto digo que es suciedad creer que una criatura criada tenga poder de hacer lo que puede hacer su Criador, que tú que viste aquel animal que se desperezó, y has miedo, mira que si quieres, en virtud de su Criador, le mandarás que reviente y reventará, y por esto tú debes creer en el tu Criador, que es Omnipotente, y da la potencia y la virtud, y no á su criatura; ansí que, señora, la † sana con el romero, no el romero sin la †, que ninguna criatura os puede empecer, tanto cuanto la † os puede defender y ayudar, por tanto os ruego me digais vuestra intencion.
_Loz._ Cuanto vos me habeis dicho es santo y bueno, mas mirá bien mi respuesta, y es que para ganar de comer tengo de decir que sé muncho más que no sé, y afirmar la mentira con ingenio, por sacar la verdad, ¿pensais vos que si yo digo á una mujer un sueño, que no le saco primero cuanto tiene en el buche? y digo luégo cualque cosa, que veo yo que allí tiene ella ojo, y tal vuelta el anima apasionada no se acuerda de sí misma, y yo dígole lo que ella otra vez ha dicho, y como ve que yo acierto en una cosa, piensa que todo es ansí, que de otra manera no ganaria nada. Mirá el prenóstico que hice cuando murió el emperador Maximiliano, que decian quién sería emperador, dixe, yo oí aquel loco que pasaba diciendo: oliva despaña, despaña, despaña, que más de un año turó, que otra cosa no decian sino despaña, despaña. Y agora que há un año que parece que no se dice otro sino carne, carne, carne salata, yo digo que gran carnecería se ha de hacer en Roma.
_Auctor._ Señora Lozana, ya me quiero ir, y estó siempre á vuestro servicio, y digo que es verdad un dicho que munchas veces leí, que, _quidquid agunt homines, intentio salvat omnes_, donde se ve claro que vuestra intencion es buscar la vida en diversas maneras, de tal modo, que otro cria las gallinas y vos comeis los pollos sin prejudicio ni sin fatiga. Felice Lozana, que no habria putas si no hubiese rufianas que las inxiriesen á las buenas con las malas.
MAMOTRETO XLIII.
Cómo salia el Auctor de casa de la Lozana, y encontró una fantesca cargada y un villano, con dos asnos cargados uno de cebollas y otro de castañas, y despues se fué el Auctor con un su amigo, contándole las cosas de la Lozana.
_Auctor._ ¿Qué cosa es esto que traés, señoreta?
_Jacómina._ Bastimento para la cena, que viene aquí mi señora y un su amigo notario, y agora verná su mozo, que trae dos cargas de leña; señor, ¿es vuestra merced de casa? ayúdeme á descargar, que se me cae el bote de la mostaza.
_Auctor._ Sube, que arriba está la Lozana; ¿qué quieres? ¿tú, vendes esas cebollas?
_Villano._ Señor, no sé, son para presentar á una señora que se llama la Fresca, que mora aquí, porque me sanó á mi hijo del ahito.
_Auctor._ Llamá, que ahí está, esas castañas son para que se ahite ella, y tú con sus pedos.
_Villano._ Micer, sí.
_Auctor._ Pues voto á Dios, que no hay letrado en Valladolid que tantos cliéntulos tenga, pues aquellas ocultas allá van, que por ella demandan, y no me partiré de aquí sin ver el trato que esta mujer tiene, allá entra la una y la otra mujer con dos ánades, aquélla no es puta, sino mal de madre, yo lo sabré al salir; ya se va el villano, ya viene la leña para la cena, milagros hace, que la quiere menuda, ya van por más leña, dice que sea seca, al mozo envia que traiga especias y azúcar, y que sean hartas y sin moler, que traiga candelas de sebo de las gordas, y que traiga hartas por su amor, que será tarde, que han de jugar, yo me maravillaba si no lo sabía decir á mi fidamani, que ella cene más de tres noches con candelas de notario y á costa de cualque monitorio; ¿veis dó sale la de los anadones? quiero saber qué cosa es; decíme, madre, ¿cómo os llamais?
_Vitoria._ Fijo, Vitoria, enferma de la madre, y esta señora española me ha dado aqueste cerote para poner al ombligo.
_Auctor._ Decidme, señora, ¿qué mete dentro, si vistes?
_Vit._ Yo os lo diré, balbano y armoniaco, que consuma la ventosidad, y perdonáme, que tengo priesa.
_Auctor._ Andate en buen hora, yo me quiero estar aquí y ver aquel palafranero á qué entra allá, que no estará muncho, que ya viene el notario ó novio, que será cardico, y moxama le trae el ladron; bueno, pues entra, que ahí te quiero yo, que mejor notario es ella que tú, que ya está matriculada, ya sale el otro, italiano es, más bien habla español y es mi conocido; á vos, Penacho, ¿qué se dice? ¿sois servicial á la señora Lozana? ¿qué cosa es eso que llevais?
_Penacho._ ¡Juro á Dios! cosas buenas para el rabo, guarda que tú no lo dices á otro, questo es para la hemorroide que tiene monseñor mio, adio.
_Auctor._ Va norabuena, que aquí viene quien yo deseaba; si vuestra merced viniera más presto viera maravillas, y entre las otras cosas oyera un remedio que la señora Lozana ha dado para cierta enfermedad.
_Silvano._ Pues deso me quiero reir, que os maravilleis vos de sus remedios, sabiendo vos que remedia la Lozana á todos de cualquier mal ó bien; á los que á ella venian no sé agora cómo hace, mas en aquel tiempo que yo la conocí, embaucaba las gentes con sus palabras, y por cierto que dos cosas le vi hacer, la una á un señor que habia comido tósigo, y ella majó presto un rábano sin las hojas, y metiólo en vinagre fuerte, y púsoselo sobre el corazon y pulsos; y cuando fué la peste ella en Velitre, hizo esto mismo en vino bueno, y que tomase siempre placer, y que no se curase de otras píldoras ni purgas. Cada mes de Mayo come una culebra, por eso está gorda y fresca la traidora, aunque ella de suyo lo era.
_Auctor._ ¿No veis qué prisa se dan á entrar y salir putas y notarios?
_Silv._ Vámonos que ya son vacaciones, pues que cierran la puerta.
MAMOTRETO XLIV.
Cómo fué otro dia á visitarla este su conocido Silvano, y las cosas que allí contaron.
_Silv._ Señora Lozana, no se maraville, que quien viene no viene tarde, y el deseo grande vuestro me ha traido, y tambien por ver si hay páxaros en los nidos de antaño.
_Loz._ Señor, nunca faltan palomas al palomar, y á quien bien os quiere no le faltarán palominos que os dar.
_Silv._ No sean de camisa, que todo cuanto vos me decis os creo, Dios os bendiga, que gorda estais.
_Loz._ Hermano, como á mis expesas y sábeme bien, y no tengo envidia al Papa, y gánolo, y osténtolo, y quiéromelo gozar y triunfar, y mal año para putas, que ya las he dado de mano, que por la luz de Dios, que si me han menester, que vienen cayendo, que ya no soy la que solia; mirá qué casa, y en qué lugar, y qué paramentos, y qué lecho que tengo, salvo que ese bellaco me lo gasta cada noche que no duerme seguro, y yo que nunca estoy queda, y vos que me entendeis que somos tres; hi, hi, acordaisos de aquellos tiempos pasados cómo triunfábamos, y habia otros modos de vivir, y eran las putas más francas, y los galanes de aquel tiempo no compraban oficios ni escuderatos como agora, que todo lo expendian con putas y en placeres y convites, agora no hay sino maullantes overo, como dicen en esta tierra, totivento, que todo el año hacen hebrero, y ansí se pasan, no como cuando yo me recuerdo que venía yo cada sábado con una docena de ducados ganados en ménos tiempo que no há que venistes, y agora cuando traigo doce julios es muncho, pues Sábado Santo me recuerdo venir tan cansada, que estaba toda la Pascua sin ir á estaciones, ni á ver parientas ni amigas, y agora este Sábado Santo con negros ocho ducadillos me encerré, que me maravillo cómo no me ahorqué, pues las navidades de aquel tiempo, los aguinaldos y las manchas que me daban como agora cierto, nunca tan gran estrechura se vido en Cataluña ni en Florencia como agora hay en Roma; y si mirais en ello, entónces traian unas mangas bobas, y agora todos las traen á la perdalesca, no sé, por mí lo digo, que me maravillo cómo pueden vivir munchas pobres mujeres que han servido esta córte con sus haciendas y honras, y puesto su vida al tablero por honrar la córte y pelear y batallar, que no las bastaban puertas de hierro, y ponian sus copos por broquel y sus oidos por capacetes, combatiendo á sus expesas y á sus acostamientos de noche y de dia, y agora ¿qué mérito les dan? salvo que unas rotos sus brazos, otras gastadas sus personas y bienes, otras señaladas y con dolores, otras paridas y desmamparadas, otras que siendo señoras son agora siervas, otras estacioneras, otras lavanderas, otras estableras, otras cabestro de símiles, otras alcahuetas, otras parteras, otras cámara locanda, otras que hilan y no son pagadas, otras que piden á quien pidió y sirven á quien sirvió, otras que ayunan por no tener, otras por no poder, ansí que todas esperan que el Senado las provea á cada una segun el tiempo que sirvió y los méritos que debe haber, que sean satisfechas, y segun piensan y creen que harán una taberna meritoria como antiguamente solian tener los romanos y agora la tienen venecianos, en la cual todos aquellos que habian servido ó combatido por el Senado romano si venian á ser viejos ó quedaban lisiados de sus miembros por las armas, ó por la defension del pueblo, les daban la dicha taberna meritoria, en la cual les proveian del vito é vestito, esto al hora era bueno que el Senado cobraba fama y los combatientes tenian esta esperanza, la cual causaba en ellos ánimo y lealtad, y no solamente entónces, mas agora se espera que se dará á las combatientas en las cuales ha quedado el arte militario, y máxime á las que con buen ánimo han servido y sirven en esta alma cibdad, las cuales, como dixe, pusieron sus personas y fatigas al carro del triunfo pasado por mantener la tierra y tenella abastada y honrada con sus personas viniendo de léxos, y luengas partidas y de diversas naciones y lenguajes, que si bien se mira en ello, no hay tantos lenguajes en Babilonia, adonde yo soy estada en mi juventud; ansí que si esto se hiciese, munchas más vernian, y sería como en las batallas cuando echan delante la gente armada, y á la postre cuando van faltando éstos, los peones y hombres darmas, y esles fuerza pelear á ellos y á los otros que esperaban seguir victoria, que si bien vencen el campo, no hay quien lo regocije como en la de Ravena, ni quien favorezca el placer que consiguen por ser pocos y solos, que no tienen quien los ayude á levantar, y así esperan la luna de Boloña, que es como el socorro de Escalona; ansí que tornando al propósito, quiero decir que cuando á las perdidas y lisiadas y pobres y en senetud constitutas no les dan el premio ó mérito que merecen, serán causa que no vengan munchas que vinieran á relevar á las naturales las fatigas y cansancios y combates, y esto causará la ingratitud que con las pasadas usaron, y de aquí redundará que los galanes requieran á las casadas y á las vírgenes desta tierra, y ellas darán de sus casas, joyas, dinero y cuanto ternán á quien las encubra y á quien las quiera, de modo que quedarán los naturales ligeros como siervos asentados á la sombra del alcornoque, y ellas contentas y pobres, porque se quiere dexar hacer el tal oficio á quien lo sabe menear.
MAMOTRETO XLV.
Una respuesta que hace este Silvano, su conocido de la Lozana.