Relacion Historial De Las Misiones De Indios Chiquitos Que En E
Chapter 4
Sus festines y banquetes suelen durar dos ó tres días y noches enteras, poniendo su mayor magnificencia y explendor en la copia y fortaleza de aquel su vino, cuyos humos al punto se les suben á la cabeza y los privan de aquel poco juicio y sexo que antes tenían, por lo cual sus fiestas y alegrías acaban en riñas, heridas y muertes, porque los rencores y odios guardados y encubiertos ó disimulados mucho tiempo en lo más secreto del corazón por cobardía y temor, brotan y salen fuera en estas ocasiones y vienen á las manos con furia.
Después los forasteros, en agradecimiento, los convidan y llevan á sus rancherías, correspondiendo con el mismo trato, cumplimientos y bárbara cortesanía, y éstas son todas sus andanzas y peregrinaciones. Bien que aunque no tengan forasteros á quien festejar y banquetear, son entre sí muy frecuentes los convites á beber la chicha; y este ha sido el único y no leve impedimento que se ha hallado en la vida política, y reducidos por medio del santo bautismo al gremio de la Iglesia, siendo cosa muy cierta y verdadera que _fustra docentur in fide, nisi ab eis removeatur ebrietas_, que de ellos y de las otras naciones de estas Indias escribió el doctísimo y sapientísimo obispo el ilustrísimo señor don Alonso de la Peña Montenegro[IV.].
Por eso nuestros Misioneros pusieron todo esfuerzo desde los principios en exterminar y arrancar este vicio, y juntamente aquellos festines y banquetes; usaron de muchos medios, ya suaves, ya severos, de romper los cántaros, reprenderlos, derramarles la chicha y deshacer sus brutales juntas, cosa que les provocaba á cólera y á venganza á aquellos bárbaros, que se enfurecían y exasperaban tanto, que muchas veces echaron furiosamente mano á las macanas y á las flechas para matarlos.
Quiso Nuestro Señor, finalmente, premiar sus industrias y santo celo, desterrando y arrancando del corazón de aquellos bárbaros vicio tan arraigado, mediante los sudores y virtud (como es constante opinión entre nosotros) del P. Antonio Fideli, italiano, que fué el primero que murió en esta apostólica empresa, por Marzo de 1702, consumido de las fatigas y trabajos que padeció en cultivar esta nueva viña del Señor.
Después de su muerte dejaron del todo estos pueblos la embriaguez y las demás bárbaras costumbres, mudanza por cierto de la mano del Altísimo, pues aun entre cristianos más cultivados se ve todos los días que los dados á la embriaguez, es necesario un milagro de la gracia divina para que le dejen; pues ¿cuánto más sería necesario para estos bárbaros que le habían mamado con la leche?
Su distribución y repartimiento del tiempo es el siguiente: Al rayar el alba se desayunan, y juntamente tocan ciertos instrumentos de su música, semejantes á las flautas, hasta que se seca el rocío, de que se guardan como nocivo á la salud; de aquí van á trabajar, cultivando la tierra con palos de madera, tan dura, que suple la carestía de arados ó azadones de acero; trabajan hasta el medio día, y entonces se vuelven á comer. Lo restante del día gastan en paseos, visitas y cumplimientos y en brindis y meriendas, en señal de amor y amistad; anda alrededor un jarro ó vaso de chicha, de que todos toman un sorbo, y también se ejercitan en muchos juegos deleitables y caballeros. Uno, entre otros, es semejante al de la pelota de Europa. Júntanse muchos en la plaza con buen orden, echan al aire una pelota, y luego, no con las manos, sino con la cabeza, la rebaten con maravillosa destreza, arrojándose aún en tierra para cogerla.
El mismo ceremonial de visitas practican entre sí las mujeres, que tienen tiempo para hacer esto y mucho más, porque las haciendas domésticas se reducen á solo proveer la casa de agua y leña, y guisar con sólo agua un puñado de maíz, legumbres, zapallos ó alguna otra cosa que han encontrado en el bosque, y sólo suelen hilar cuanto les basta para hacerse el _Tipoy_ ó á lo más para tejer una camiseta y una red ó amaca en que dormir con sus maridos; pero les cuesta mucho el labrar por no tener aptos instrumentos.
No duermen sino en el suelo sin otra cama que una estera, y á lo más unos palos toscos y desiguales, juntos entre sí, y á no tener hechos callos que les defienden de lo áspero de su cama, les sería de no leve mortificación.
Al ponerse el sol tienden su mesa para cenar, y poco después se retiran á dormir. Sólo los libres ó solteros se juntan de noche á bailar entre sí y á tocar junto á su Rancho, y de aquí van continuando la danza por los caminos de esta manera: hacen una gran rueda y en medio ponen á dos que tocan las flautas á cuyo compás canta y da vueltas toda la rueda sin mudanza alguna; detrás de los hombres hacen otro semejante baile las mujeres, y estos bailes duran dos ó tres horas, hasta que cansados se echan á dormir.
El tiempo de caza y pesca es después de haber hecho la cosecha del maíz y del arroz. Repartidos en muchas cuadrillas van á los bosques por dos y tres meses y cazan jabalíes, monos, tortugas, osos, hormigueros, ciervos, cabras monteses; y para que no se corrompa la carne, usan chamuscarla de manera que se pone dura como un palo; y se tiene por dichoso quien trae su cesta ó canasta (á que llaman panaquíes) muy llena, porque todos le dan el parabién y le aclaman de esforzado y valiente. Por el mes de Agosto ya están todos de vuelta, porque es el tiempo de la sementera.
En materia de religión son brutales totalmente y se diferencian de los otros bárbaros, pues no hay nación por inculta y bárbara que sea, que no reconozca y adore alguna deidad; pero éstos no dan culto á cosa ninguna visible ni invisible, ni aun al demonio, aunque le temen. Bien es verdad que creen son las almas inmortales y á sus difuntos los entierran poniéndoles en la sepultura algunas viandas y sus arcos y flechas para que en la otra busquen á costa del trabajo de sus manos, con qué poder vivir, y de esta manera quedan persuadidos que no les precisará el hambre á querer volver á este mundo. Aquí paran, sin pasar adelante, á investigar á dónde van á morar, ni quién es el artífice de tan bellas criaturas que les dió el ser y le sacó de la nada, ni saben dar razón de esto.
A sola la luna honran con título de madre pero sin darla culto, y cuando se eclipsa, salen con grandes gritos y aspavientos disparando al aire una gran tempestad de flechas para defenderla contra los perros que dicen que allá en el cielo andan tras ella y la muerden hasta que la hacen derramar sangre de todo el cuerpo, que á su juicio es la causa del eclipse; y todo el tiempo que éste dura, permanecen ellos en esta función hasta que vuelve á su resplandor y estado antiguo.
Cuando truena y caen rayos creen que algún difunto que vive allá con las estrellas, está enojado con ellos, y aunque muchas veces caen rayos y centellas, no hay memoria de que hayan hecho daño ni muerto á ninguno.
No tienen, pues, ni adoran otro Dios que á su vientre, ni entienden en otra cosa que en pasar buena vida, la mejor que pueden, viviendo en todo como brutos animales. Aborrecen mucho á los hechiceros, y á los otros familiares del demonio como á capitales enemigos del género humano, y los años pasados hicieron en ellos un cruel estrago, quitándoles las vidas; y ahora, con una ligera sospecha de que alguno ejercita este oficio, al punto le despedazan á grandes golpes de sus macanas. Son muy supersticiosos en inquirir los sucesos futuros por creer firmemente que todas las cosas suceden bien ó mal, según las buenas ó malas impresiones que influyen las estrellas; por esto, para conocer los puntos de sus aventuras, observan, no ya el curso de los cielos ó los aspectos benéficos de los planetas, que á tanto no alcanzan, sino algunos agüeros que toman de los cantos de los pájaros, de los animales y de los árboles y otros innumerables de este género; y si sus pronósticos son infaustos, de enfermedades, contagios, ó de que han de venir á sus tierras á hacer correrías los Mamalucos, para maloquear, que es lo mismo que hacerlos esclavos, tiemblan y se ponen pálidos como si se les cayese el cielo encima ó les hubiese de tragar la tierra; y esto sólo basta para que abandonen su nativo suelo y que se embosquen en las selvas y montes, dividiéndose y apartándose los padres de los hijos, las mujeres de los maridos, y los parientes y amigos, unos de otros, con tal división, como si nunca entre ellos hubiese habido ninguna unión de sangre, de patria ó de afectos. Por esto les parece menos insoportable el venderse los unos á los otros: el padre á la hija, el marido á la mujer, el hermano á la hermana; y esto por codicia de solo un cuchillo ó una hacha, ó de otra cosa de poca monta, aunque los compradores sean sus mortales enemigos, que hayan de hacer de ellos lo que su odio, pasión ó enemistad les dictare. Lo cual ha dado no poco que entender á los ministros del Evangelio para reducirlos á que vivan juntos en un paraje y en unas mismas casas donde se porten como racionales y puedan ser instruídos en los misterios de la santa fe para creerlos, y en los preceptos de nuestra santa ley para observarlos.
Con todo eso y el no conocer ni venerar deidad alguna ni hacer estima del demonio, era muy buena disposición para introducir en ellos el conocimiento del verdadero Dios, tanto más que no permitían viviesen entre ellos los que tuviesen trato familiar con el demonio, gravísimo y antiguo impedimento para conducir á la ciega gentilidad al gremio de la Santa Iglesia, con que estaban como una materia primera, indiferente y capaz de cualquiera forma, por singular providencia del cielo, que no permitiese se adelantase á tomar posesión de sus almas antes que la ley de Dios, secta ninguna ó idolatría de las muchas que tenían las naciones confinantes, con ser así que decían mucho con su genio y bárbaras costumbres.
Lo que toca á su idioma y lenguaje es tan difícil, que para saberla y aprenderla no basta muchos años. No quiero hablar en este punto, sino que se oiga á un misionero que escribiendo los años pasados desde aquellas misiones á un confidente suyo, se lamenta mucho de que por más conato que puso, no pudo aprenderla. «Cada Ranchería (dice) usa lenguaje diferentísimo y difícil, y mucho más que todos, el de los Chiquitos, lo cual me causa grande pena y desconsuelo y me falta poco para persuadirme que no podré emplear mis sudores y fatigas en provecho de esta nueva cristiandad por falta de lengua. Hasta ahora no se ha acabado el Vocabulario, y estando aún en la C, hay ya veinticinco cuadernos. La Gramática es dificilísima y el artificio y definición de los verbos es increíble. No hay paciencia para haber de decir con diferentes verbos y conjugaciones: yo amo; yo amo á Pedro; yo lo amo; yo me amo; yo la amo; yo le amo; por esto amo; con tal inconsecuencia en las conjugaciones, que aprovecha poco saber conjugar un verbo para poder hacer lo mismo con otro. En cinco meses que ha que estoy aquí, apenas he aprendido cuatro conjugaciones, habiendo sudado y trabajado de noche y de día. Juzgo que los que deben venir acá han de ser mozos santos y hábiles, porque de otra suerte, nunca harán nada. Los gentiles de otras naciones no pueden aprenderla sino cuando niños. El P. Pablo Restivo, que con un mes de estudio en la lengua Guarany pudo ejercitar nuestros misterios en todo el tiempo que ha estado aquí, nunca se ha atrevido á predicar. El P. Juan Bautista Xandra, por haber venido adulto, entiende poquísimo. De los Padres más antiguos que cuentan veinticinco y más años de Misioneros en estas Reducciones, ninguno hay que lo sepa con perfección y dicen que á veces los indios no se entienden entre sí. ¿Qué diré de la pronunciación? De cuatro en cuatro echan de la boca las palabras y nada se entiende, como si no pronunciasen nada. Pondré aquí el alabado y la forma de persignarse, como le cantan todos los días, no como le pronuncian, porque si uno lo lleva escrito en la mano, no los podrá entender una palabra, y no sé como se pueden entender entre sí.»
Alabado sea el Santísimo Sacramento que está _Anauscia_ _Santisime Sacramento_ _naqui_ _ane_
en el Altar, y también la Virgen Santa María _ycu_ _Altar_, _inta yto_ _Virgen Santa Maria_
desde su origen está libre y pura cuando _ninnemooco_ _oximanane_ _quichetenna_ _onumo_
tuvo principio el Ser del primer pecado _ayboyi_ _yy_ _tnicocinitanna_ _ninihaiti_
antiguo. _ticanni_.
La fórmula de hacerse la señal de la santa cruz es de la manera que se sigue:
Por la señal de la Santa Cruz defiende á nosotros _Oi naucipi_ _Santa Crucis_ _oquimay_ _zoychacu_
Dios nuestro de aquellos que aborrecen _Zoichupa_ _mo_ _anama_ _po_ _chineneco_
à nosotros en el nombre del Padre _zumanene_ _au_ _niri_ _naqui_ _Yaytotik_
y del Hijo y del _ta_ _naqui_ _Aytotik_ _ta_ _naqui_
Espíritu Santo. _Espiritu Santo_.
«¿Qué le parece á V. R.? ¡Extraña cosa por cierto! He escrito aquí estas palabras para que V. R. me tenga compasión y ruegue á Nuestro Señor me conceda alguna cosa del don de lenguas. Es verdad que tiene una cosa de bueno esta gente, que aunque uno pronuncie mal y hable peor, luego al punto le entienden.»
Esta es la carta de aquel misionero y esta es la dificultad más ardua, pero la más necesaria de vencer en quien emprende el oficio de la predicación apostólica de esta provincia.
Y á la verdad, lo que más espanta y detiene el celo de operarios muy fervorosos, es tanta diversidad de lenguas, pues á cada paso se encuentran en estos pueblos una ranchería de cien familias, á lo más, que tiene lenguaje muy diverso de los otros del contorno, causa de que sean tantas las lenguas, que parece increíble. Más de ciento cincuenta lenguas y más diferentes entre sí que la española y la francesa, hallaron los PP. Cristóbal de Acuña y Andrés de Artieda en las naciones que pueblan las riberas del Marañón, cuando por orden de Felipe IV entraron á reconocer aquellas provincias; en quince lenguas, si mal no me acuerdo, se habla en las misiones de los Moxos, siendo así que no llegan los convertidos á treinta mil; y en estas nuestras Reducciones de Chiquitos hay neófitos de tres y cuatro lenguas. Con todo esto, para quitar este impedimento á la santa fe, se ha procurado que todos los indios aprendan la lengua de los Chiquitos, lo cual no se podrá hacer en adelante, porque si las naciones en cuya conversión se trabaja ahora, pasan del número de tres ó cuatro mil almas, será necesario hacer otra nueva Reducción y nos veremos obligados á acomodarnos á su lengua, para lo cual habrán los Misioneros de estudiar precisamente la lengua de los Mototocos, que usan los Zamucos, y la de los Guarayos que hablan en Guarany, fuera de la lengua de los Chiquitos.
CAPÍTULO III
Descubren los españoles la nación de los Chiquitos y destrúyenla, así ellos como los Mamalucos, de quienes se da una sucinta relación.
Nuflo de Chaves, el año de 1557, navegó por orden de Domingo Martínez, gobernador del Paraguay, hacia el origen del río que da nombre á toda la provincia, acompañado de trescientos soldados, con el fin de fabricar un castillo en una isla que estaba junto al afamado lago de los Xarayes, con pretexto de avecindarse más al Perú.
Entróse tierra adentro del país de los Chiquitos, y caminando cosa de setenta leguas hacia el Poniente, fabricó á la falda de una montaña una población, á quien puso por nombre Santa Cruz de la Sierra. Pero disgustados muchos de los suyos con Nuflo de Chaves por esta causa, se volvieron á su tierra.
Los que se quedaron en Santa Cruz, con su afabilidad y buen trato ganaron la voluntad y afecto de los paisanos, y dividiéndolos en encomiendas les obligaron á que cada año diesen á los encomenderos algún poco de algodón y algunas vituallas en señal de vasallaje. Mas como el interés no tiene freno, ni gobierno, ni leyes con que regularse, algunos que tenían una insaciable codicia de enriquecer, empezaron á cargar de modo á los nuevos súbditos, que eran insufribles á su pobreza; y no satisfechos con eso, les quitaban los hijos á las madres para servirse de ellos; por lo cual, amotinándose algunos indios, se rescataron y libraron de aquellos maltratamientos, con muerte de sus señores; y de allí á poco fué común el motín en todos los indios, hasta que por orden del virrey del Perú, D. Francisco de Toledo, se mudaron á otra parte los españoles, fabricando la ciudad de San Lorenzo, cabeza de la provincia de Santa Cruz, cincuenta leguas más al Occidente.
Los pueblos Penoquís y otros confinantes no quisieron desamparar el nativo suelo, y con la antigua libertad se volvieron á los ritos bárbaros y gentílicos. No obstante el mandato del Rey, no fué obedecido de todos los españoles, porque algunos se fueron entre los Moxos, doscientas leguas distante de San Lorenzo, y embarcándose en una pequeña embarcación en el río Mamoré, entraron por la boca del río Marañón en el Oceano, y con no poca ventura, llegaron á Europa; otros se quedaron en los Chiquitos, y al pie de una montaña fabricaron un pueblecillo á quien llamaron San Francisco, junto al cual está hoy fundada la Reducción de San Francisco Xavier.
El tiempo que aquí vivieron fundaron algunas encomiendas de Quicmes Paraníes y de Suberecas, las cuales se vieron precisados á dejar, cuando abandonado también aquel lugar, se retiraron á tomar casa en San Lorenzo. Sólo algunos Quicmes y Paraníes se fueron con ellos y fundaron en Cotocá, tierra poco distante de aquella ciudad, y hoy están debajo del cuidado y gobierno espiritual de nuestra provincia del Perú.
Poco después de esta mudanza, deseosos los bárbaros de tener algunas herramientas, pasando el Guapay se ponían en celada escondidos en las matas, y aguardando la ocasión de la noche, asaltaban los villajes á los españoles, robando cuantos más cuchillos, hachas, azadones y otros pedazos de hierro podían, sin causar otro daño; pero como creciendo la codicia en los bárbaros creciese también la audacia, se atrevieron á coger á los campesinos, y matarlos á su salvo.
Espiaron los vecinos quiénes eran los que hacían el daño, y advirtiendo que eran los Chiquitos, quisieron volver sobre ellos los daños recibidos, pero muy á su costa, porque dos veces volvieron con la peor parte y se vieron constreñidos á retirarse, perdiendo el crédito y la honra.
Heridos altamente los españoles en lo más vivo de la reputación, sentidos de que osasen los bárbaros manchar la gloria y nombre que á costa de tantos sudores y tanta sangre habían ganado entre todas las naciones, no haciendo ya caso del daño recibido en sus haciendas, sino sólo de la pérdida de la honra, poniendo en armas un trozo de gente, más respetable por su valor que por su número, presentaron batalla á los enemigos, los cuales divididos unos de otros, á los primeros mosquetazos fueron desbaratados, quedando muchos de ellos prisioneros de guerra.
Perdieron con este género de armas su nativo coraje los Chiquitos; y para defenderse en lo venidero del enojo armado de los vencedores, derramados y divididos, se huyeron á las selvas, apartándose á lo más retirado y espeso de los bosques; con todo eso, aun aquí les dieron caza los españoles muchas veces para vengar su afrenta, que tenían muy fija en el corazón, haciendo esclavos para su uso muchas cuadrillas de ellos; hasta que abatida con tantos golpes la altivez de los Chiquitos, vinieron el año de 1690 mensajeros de parte de los Pacarás, Zumiquies, Cozos y Piñocas á San Lorenzo, en nombre de sus caciques, á pedir merced y paz á D. Agustín de Arce, Gobernador en la ocasión de Santa Cruz, con que cesaron las hostilidades de los españoles, pero no se pudieron ver libres de los gravísimos daños y pérdida de gente originada, así de las guerras pasadas como de los frecuentes contagios y por otros desastres que echo de buena gana en olvido, por no atribuir á culpa común de todos, lo que ha sido sólo malicia particular de algunos pocos.
Ha sido también causa de su disminución las contínuas correrías ó malocas (como llamamos acá) de los Mamalucos del Brasil, que pasando el río Paraguay y haciendo grandes presas en estos miserables, han reducido á poco menos que nada estos pueblos. Y ya que muchas veces habré de escribir las maldades de esta gente, no será fuera del intento de dar de ellos aquí una breve noticia.
Había la valerosísima nación portuguesa fundado muchas colonias en las partes Mediterráneas del Brasil, una de ellas era Piratininnga, ó como otros dicen, San Pablo. Sus moradores, por falta de mujeres europeas, mezclaron su noble sangre con la vilísima de los bárbaros, mejor dijera que le mancharon, porque los hijos, saliendo más semejantes á las madres que á los padres, degeneraron en breve de manera que avergonzadas y corridas las ciudades vecinas, renunciaron su amistad; y porque la vileza de éstos no empañare ni aun levemente los candores de la generosidad del nombre lusitano en el mundo, los llamaron Mamalucos. Mantuviéronse éstos mucho en la devoción á Dios y á su príncipe por el celo del admirable P. Joseph Ancheta y sus compañeros, que fundaron allí Colegio; hasta que cansados de vivir ajustados á los dictámenes de la conciencia, y perdiendo el temor á las leyes, echaron á nuestros Padres y sacudieron el yugo de ambas majestades, divina y humana de tal manera, que obedeciesen al Rey de Portugal cuando les estuviese bien, y á Dios, cuando la necesidad fuese extrema.
A éstos se juntaron gran número de hombres perdidos, italianos, españoles, holandeses y la hez de todas las naciones, que para librarse de las penas merecidas por sus delitos, ó para vivir dando rienda á todo género de vicios y deshonestidades, y también corrompido de las feas y malignas impresiones de los herejes modernos, acrecentar el número y el orgullo de los habitadores y moradores de San Pablo.
Y á la verdad, el sitio de la ciudad, el clima de la tierra, todo era muy á propósito para su genio depravado y vida brutal. Está fundada unas trece leguas del Oceano sobre unos peñascos que por todas partes alrededor forman precipicios que hacen inaccesible la entrada, si no es por una angosta senda, que pueden impedir bien pocos hombres; á la falda de la montaña hay algunas aldeas para el servicio del Gobernador, de los forasteros y de los mercaderes, á quienes no se permite pasar más adelante; el clima es templadísimo por estar en veinticuatro grados entre las dos zonas tórrida y templada, y el aire tan puro y saludable que le hace uno de los más amenos y deliciosos países de estas Indias Occidentales.
La tierra, ya por beneficio de la Naturaleza, ya por industria del arte, produce todo lo necesario para pasar la vida con comodidad, abundantísima de trigo, ganado, azúcar y otros aromas de que puede proveer á las tierras vecinas con abundancia, ni les faltan tampoco ricos minerales de oro y otros metales. Libres, pues, de toda ley los naturales de esta ciudad, se dieron á discurrir por el contorno, haciendo esclavos á los indios en gran multitud, robándoles su hacienda; y viendo que no ha hecho algún castigo en ellos, sino publicado solamente algunas prohibiciones y edictos que no han sido obedecidos, han proseguido por espacio de ciento treinta años en sus infames latrocinios, que fuera de dos millones de almas que se sabe han destruído ó reducido á miserable esclavitud, han hecho despoblar algunas ciudades de españoles y más de mil leguas en tierra hacia el Marañón, experimentando esta nuestra provincia las primeras furias de su arrojo en la destrucción de catorce Reducciones que se habían fundado con increíbles trabajos y sudores en la nación de los Guaraníes, que en número de cerca de quinientos mil se había reducido al gremio de nuestra santa fe.