Reina Valera New Testament of the Bible 1862
Part 7
27 Como oyó [hablar] de Jesus, llegó por detrás entre la compañía, y tocó su vestido.
28 Porque decia: Si tocare tan solamente su vestido, seré salva.
29 Y luego la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote.
30 Y luego Jesus conociendo en si mismo la virtud que habia salido de él, volviendose á la compañía dijo: ¿Quién ha tocado á mis vestidos?
31 Y le dijeron sus discípulos: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado?
32 Y él miraba alrededor para ver á la que habia hecho esto.
33 Entónces la mujer temiendo y temblando, sabiendo lo que en sí habia sido hecho, vino, y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad.
34 Y él le dijo: Hija, tu fé te ha hecho salva; vé en paz, y queda sana de tu azote.
35 Hablando aun él, vinieron de casa del príncipe de la sinagoga, diciendo: Tu hija es muerta: ¿para qué fatigas más al Maestro?
36 Mas luego Jesus oyendo esta razon que se decia, dijo al príncipe de la sinagoga: No temas, cree solamente.
37 Y no permitió que alguno viniese tras de él sino Pedro, y Jacobo, y Juan hermano de Jacobo.
38 Y vino á casa del príncipe de la sinagoga, y vió el alboroto, los que lloraban y gemian mucho.
39 Y entrando les dice: ¿Por qué alborotais, y llorais? La muchacha no es muerta, mas duerme.
40 Y hacian burla de él: mas él, echados fuera todos, toma al padre y á la madre de la muchacha y á los que estaban con él, y entra donde la muchacha estaba.
41 Y tomando la mano de la muchacha le dice: Talitha cumi, que es, si lo interpretares: Muchacha, á tí digo, levántate.
42 Y luego la muchacha se levantó, y andaba, porque tenia doce años; y se espantaron de grande espanto:
43 Mas él les mandó mucho que nadie lo supiese, y dijo que le diesen de comer.
CAPITULO 6.
1 Y SALIÓ de allí, y vino á su tierra, y le siguieron sus discípulos.
2 Y llegado el Sábado, comenzó á enseñar en la sinagoga; y muchos oyéndole estaban atónitos, diciendo: ¿De dónde tiene este estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y tales maravillas que por sus manos son echas?
3 ¿No es este el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, y de José, y de Júdas, y de Simon? ¿No están tambien aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban en él.
4 Mas Jesus les decia: No hay profeta deshonrado sino en su tierra, y entre sus parientes, y en su casa.
5 Y no pudo allí hacer alguna maravilla; solamente sanó [unos] pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos.
6 Y estaba maravillado de la incredulidad de ellos: y rodeaba las aldéas de alrededor enseñando.
7 Y llamó á los doce, y comenzó á enviarlos de dos en dos: y les dió potestad sobre los espíritus inmundos.
8 Y les mandó que no llevasen nada para el camino, sino solamente [un] báculo; no alforja, ni pan, ni dinero en la bolsa.
9 Mas que calzasen sandalias, y no vistiesen dos túnicas.
10 Y les decia: Donde quiera que entreis en una casa, posad en ella hasta que salgais de allí.
11 Y todos aquellos que no os recibieren, ni os oyeren, saliendo de allí, sacudid el polvo que está debajo de vuestros piés en testimonio á ellos. De cierto os digo que más tolerable será de los de Sodoma y Gomorra el dia del juicio, que el de aquella ciudad.
12 Y saliendo predicaban, que los hombres se arrepintiesen.
13 Y echaban fuera muchos demonios, y ungian con aceite á muchos enfermos, y sanaban.
14 Y oyó el rey Heródes [la fama de Jesus], porque su nombre se habia hecho notorio, y dijo: Juan el que bautizaba, ha resucitado de los muertos; y por tanto virtudes obran en él.
15 Otros decian: Elías es. Y otros decian: Profeta es, ó alguno de los profetas.
16 Y oyéndo[lo] Heródes dijo: Este es Juan el que yo degollé: él ha resucitado de los muertos.
17 Porque el mismo Heródes habia enviado y prendido á Juan, y le habia aprisionado en la cárcel á causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano; pues la habia tomado por mujer.
18 Porque Juan decia á Heródes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano.
19 Mas Herodías le acechaba, y deseaba matarle, y no podia:
20 Porque Heródes temia á Juan, sabiendo que era varon justo y santo, y le tenia respeto: y oyéndole hacia muchas cosas; y le oia de buena gana.
21 Y venido un dia oportuno, en que Heródes, en la fiesta de su nacimiento, daba una cena á sus príncipes y tribunos, y á los principales de Galiléa,
22 Y entrando la hija de Herodías, y danzando, y agradando á Heródes, y á los que estaban con él á la mesa, el rey dijo á la muchacha: Pídeme lo que quisieres, que yo te lo daré.
23 Y le juró: Todo lo que me pidieres te daré, hasta la mitad de mi reino.
24 Y saliendo ella dijo á su madre, ¿Qué pediré? Y ella dijo: La cabeza de Juan Bautista.
25 Entónces [ella] entró prestamente al rey, y pidió, diciendo: Quiero que ahora luego me des en un plato la cabeza de Juan Bautista.
26 Y el rey se entristeció mucho; [mas] á causa del juramento, y de los que estaban con él á la mesa, no quiso desecharla.
27 Y luego el rey, enviando uno de la guardia, mandó que fuese traida su cabeza.
28 El cual fué, y le degolló en la cárcel, y trajo su cabeza en un plato, y la dió á la muchacha, y la muchacha la dió á su madre.
29 Y oyéndo[lo] sus discípulos, vinieron, y tomaron su cuerpo, y le pusieron en un sepulcro.
30 Y los apóstoles se juntaron con Jesus, y le contaron todo lo que habian hecho, y lo que habian enseñado.
31 Y [él] les dijo: Venid vosotros aparte al lugar desierto, y reposad un poco; porque eran muchos los que iban y venian, que ni aun tenian lugar de comer.
32 Y se fueron en un barco al lugar desierto aparte.
33 Y los vieron ir muchos, y lo conocieron; y concurrieron allá muchos á pié de las ciudades, y llegaron ántes que ellos, y se juntaron á él.
34 Y saliendo Jesus, vió [una] grande multitud, y tuvo compasion de ellos, porque eran como ovejas que no tenian pastor; y les comenzó á enseñar muchas cosas.
35 Y como ya fuese el dia muy entrado, sus discípulos llegaron á él, diciendo: El lugar es desierto, y el dia es ya muy entrado;
36 Envíalos para que vayan á los cortijos y aldéas de alrededor, y compren para sí pan; porque no tienen qué comer.
37 Y respondiendo él, les dijo: Dadles de comer vosotros. Y le dijeron: ¿[Qué], vamos y compremos pan por doscientos denarios, y démosles de comer?
38 Y él les dice: ¿Cuántos panes teneis? Id, y vedlo. Y sabiendolo, dijeron: Cinco, y dos panes:
39 Y les mandó que hiciesen recostar á todos por partidas sobre la yerba verde.
40 Y se recostaron por partidas, de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta.
41 Y tomados los cinco panes y los dos peces, mirando al cielo, bendijo, y partió los panes, y dió á sus discípulos para que [los] pusiesen delante. Y repartió á todos los dos peces.
42 Y comieron todos, y se hartaron.
43 Y alzaron de los pedazos doce cofines llenos, y de los peces.
44 Y los que comieron eran cinco mil hombres.
45 Y luego dió priesa á sus discípulos á subir en el barco, é ir delante de él á Bethsaida de la otra parte, entre tanto que él despedia la multitud.
46 Y despues que los hubo despedido, se fué al monte á orar.
47 Y como fué la tarde, el barco estaba en medio de la mar, y él solo en tierra.
48 Y los vió fatigados bogando, porque el viento les era contrario: y cerca de la cuarta vigilia de la noche vino á ellos andando sobre la mar, y queria precederlos.
49 Y viéndole ellos, que andaba sobre la mar, pensaron que era fantasma, y dieron voces:
50 Porque todos le veian, y se turbaron. Mas luego habló con ellos, y les dijo: Alentáos; yo soy, no temais.
51 Y subió á ellos en el barco, y calmó el viento: y [ellos] en gran manera estaban fuera de sí, y se maravillaban.
52 Porque aun no habian considerado lo de los panes; por cuanto estaban ofuscados sus corazones.
53 Y cuando estuvieron de la otra parte, vinieron á tierra de Genezaret, y tomaron puerto.
54 Y saliendo ellos del barco, luego le conocieron;
55 Y recorriendo toda la tierra de alrededor, comenzaron á traer de todas partes enfermos en lechos, adonde oian que estaba.
56 Y donde quiera que entraba, en aldéas, ó ciudades, ó heredades, ponian en las calles los que estaban enfermos, y le rogaban que tocasen siquiera el borde de su vestido; y todos los que le tocaban quedaban sanos.
CAPITULO 7.
1 Y SE juntaron á él Fariséos, y algunos de los escribas que habian venido de Jerusalem:
2 los cuales, viendo á algunos de sus discípulos comer pan con manos comunes, es á saber, no lavadas, [los] condenaban.
3 (Porque los Fariséos y todos los Judíos, teniendo la tradicion de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen.
4 Y [volviendo] de la plaza, si no se lavaren, no comen. Y otras muchas cosas hay que tomaron para guardar, como las lavaduras de los vasos [de beber], y de los jarros, y de los vasos de metal, y de los lechos.)
5 Y le preguntaron los Fariséos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme á la tradicion de los ancianos, sino que comen pan con manos comunes?
6 Y respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo con los labios me honra, mas su corazon léjos está de mí.
7 Y en vano me honran, enseñando [como] doctrinas, mandamientos de hombres.
8 Porque dejando el mandamiento de Dios, teneis la tradicion de los hombres; las lavaduras de los jarros, y de los vasos [de beber]: y haceis otras muchas cosas semejantes [á estas].
9 Les decia tambien: Bien invalidais el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradicion.
10 Porque Moisés dijo: Honra á tu padre y á tu madre: y, El que maldijere al padre ó á la madre, morirá de muerte.
11 Y vosotros decis: [Basta] si dijere un hombre al padre ó á la madre: [Es] Corban (quiere decir, don [mio á Dios]) todo aquello con que pudiera valerte.
12 Y no le dejais hacer más por su padre, ó por su madre;
13 Invalidando la palabra de Dios con vuestra tradicion que dísteis; y muchas cosas haceis semejantes á estas.
14 Y llamando á toda la multitud, les dijo: Oidme todos, y entended:
15 Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar; mas lo que sale de él, aquello es lo que contamina al hombre.
16 Si alguno tiene oidos para oir, oiga.
17 Y [apartado] de la multitud habiendo entrado en casa, le preguntaron sus discípulos sobre la parábola.
18 Y díjoles: ¿Tambien vosotros estais así sin entendimiento? ¿No entendeis que todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar?
19 Porque no entra en su corazon, sino en el vientre; y sale [el hombre] á la secreta, purgando todas las viandas.
20 Mas decia: que lo que del hombre sale, aquello contamina al hombre.
21 Porque de dentro, del corazon de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios,
22 los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, las desvergüenzas, el ojo maligno, las injurias, la soberbia, la insensatez.
23 Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.
24 Y levantándose de allí, se fué á los términos de Tiro y de Sidon; y entrando en casa, quiso que nadie [lo] supiese; mas no pudo esconderse.
25 Porque una mujer, cuya hija tenia un espíritu inmundo, luego que oyó de él, vino, y se echo á sus piés.
26 Y la mujer era Griega, Sirofenisa de nacion, y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio.
27 Mas Jesus le dijo: Deja primero hartarse los hijos; porque no es bien tomar el pan de los hijos y echarlo á los perrillos.
28 Y respondió ella, y le dijo: Sí, Señor, pero aun los perillos debajo de la mesa comen de las migajas de los hijos.
29 Entónces le dice: Por esta palabra, vé; el demonio ha salido de tu hija.
30 Y como fué á su casa, halló que el demonio habia salido, y la hija echada sobre la cama.
31 Y volviendo á salir de los términos de Tiro, vino por Sidon á la mar de Galiléa, por mitad de los términos de Decápolis.
32 Y le traen un sordo y tartamudo, y le ruegan que le ponga la mano encima.
33 Y tomándole aparte de la gente metió sus dedos en las orejas de él, y escupiendo tocó su lengua;
34 Y mirando al cielo gimió, y le dijo: Ephphatha: que es [decir]: Sé abierto.
35 Y luego fueron abiertos sus oidos y fué desatada la ligadura de su lengua, y hablaba bien.
36 Y les mandó que no lo dijesen á nadie; pero cuanto más les mandaba tanto más y más [lo] divulgaban.
37 Y en gran manera se maravillaban, diciendo: Bien lo ha hecho todo: hace á los sordos oir, y á los mudos hablar.
CAPITULO 8.
1 EN aquellos dias, como hubo gran gentío, y no tenian que comer, Jesus llamó sus discípulos, y les dijo:
2 Tengo compasion de la multitud porque ya hace tres dias que están conmigo, y no tienen qué comer:
3 Y si los enviare en ayunas á sus casas, desmayarán en el camino; porque algunos de ellos han venido de lejos.
4 Y sus discípulos le respondieron: ¿De dónde podrá alguien hartar á estos de pan aquí en el desierto?
5 Y les preguntó: ¿Cuántos panes teneis? Y ellos dijeron: Siete.
6 Entónces mandó á la multitud que se recostase en tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, partió, y dió á sus discípulos que [los] pusiesen delante: y [los] pusieron delante á la multitud.
7 Tenian tambien unos pocos pececillos; y los bendijo, y mandó que tambien los pusiesen delante.
8 Y comieron, y se hartaron, y levantaron de los pedazos que habian sobrado, siete espuertas.
9 Y eran los que comieron, como cuatro mil: y los despidió.
10 Y luego entrando en el barco con sus discípulos, vino á las partes de Dalmanuta.
11 Y vinieron los Fariséos, y comenzaron á altercar con él pidiendole señal del cielo, tentándole.
12 Y gimiendo en su espíritu dice: ¿Por qué pide señal esta generacion? De cierto os digo que no se dará señal á esta generacion.
13 Y dejándoles volvió á entrar en el barco, y se fué de la otra parte.
14 Y se habían olvidado de tomar pan, y no tenian sino un pan consigo en el barco.
15 Y les mandó diciendo: Mirad, guardáos de la levadura de los Fariséos, y de la levadura de Heródes.
16 Y altercaban los unos con los otros diciendo: Pan no tenemos.
17 Y como Jesus lo entendió, les dice: ¿Qué altercais, porque no teneis pan? ¿No considerais ni entendeis? Aun teneis endurecido vuestro corazon?
18 ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oidos no oís? ¿Y no os acordais?
19 Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas espuertas llenas de los pedazos alzásteis? Y ellos dijeron: Doce.
20 Y cuando los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas espuertas llenas de los pedazos alzásteis? Y ellos dijeron: Siete.
21 Y les dijo: ¿Cómo aun no entendeis?
22 Y vino á Bethsaida; y le traen un ciego, y le ruegan que le tocase.
23 Entonces tomando la mano del ciego le saco fuera de la aldéa, y escupiendo en sus ojos, y poniéndole las manos encima, le preguntó si veia algo.
24 Y él mirando, dijo: Veo los hombres, pues veo que andan, como árboles.
25 Luego le puso otra vez las manos sobre sus ojos, y le hizo que mirase; y fué restablecido, y vió de léjos y claramente á todos.
26 Y enviólo á su casa, diciendo: No entres en la aldéa, ni [lo] digas á nadie en la aldéa.
27 Y salió Jesus y sus discípulos por las aldéas de Cesaréa de Filipo. Y en el camino preguntó á sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo?
28 Y ellos respondieron: Juan Bautista; y otros, Elías; y otros, Alguno de los profetas.
29 Entonces él les dice: Y vosotros ¿Quién decis que soy yo? Y respondiendo Pedro le dice: Tú eres el Cristo.
30 Y les apercibió que no hablasen de él á ninguno.
31 Y comenzó á enseñarles, que convenia que el Hijo del hombre padeciese mucho, y ser reprobado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y ser muerto, y resucitar despues de tres dias.
32 Y claramente decia esta palabra. Entonces Pedro le tomó y le comenzó á reprender.
33 Y él, volviéndose y mirando á sus discípulos, riñó á Pedro, diciendo: Apártate de mí, Satanás; porque no sabes las cosas que [son] de Dios, sino las que [son] de los hombres.
34 Y llamando á la gente con sus discípulos, les dijo: Cualquiera que quisiere venir en pos de mí, niéguese á si mismo, y tome su cruz, y sígame.
35 Porque el que quisiere salvar su vida, la perderá; y el que perdiere su vida por causa de mí y del Evangelio, la salvará.
36 Porque ¿qué aprovechará al hombre si granjeare todo el mundo, y pierde su alma?
37 ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?
38 Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generacion adulterina y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará tambien de él, cuando vendrá en la gloria de su Padre con los santos ángeles.
CAPITULO 9.
1 TAMBIEN les dijo: De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto el reino de Dios que viene con potencia.
2 Y seis dias despues tomó Jesus á Pedro, y á Jacobo, y á Juan, y los sacó aparte solos á un monte alto, y fué transfigurado delante de ellos.
3 Y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve, tanto que ningun lavador en la tierra los puede hacer tan blancos.
4 Y les apareció Elías con Moisés, que hablaban con Jesus.
5 Entonces respondiendo Pedro, dice á Jesus: Maestro, bien será que nos quedemos aquí, y hagamos tres pabellones: para tí uno, y para Moisés otro, y para Elías otro.
6 Porque no sabia lo que hablaba; que estaban espantados.
7 Y vino una nube que les hizo sombra, y una voz de la nube que decia: Este es mi Hijo amado; á él oid.
8 Y luego, como miraron, no vieron más á nadie consigo, sino á Jesus solo.
9 Descendiendo ellos del monte, les mandó que á nadie dijesen lo que habian visto, sino cuando el Hijo del hombre hubiese resucitado de los muertos.
10 Y [ellos] retuvieron la palabra en sí altercando qué seria aquello: Resucitar de los muertos.
11 Y le preguntaron diciendo: ¿Qué es lo que los escribas dicen, que es necesario que Elías venga ántes?
12 Y respondiendo él, les dijo: Elías á la verdad, viniendo ántes, restituirá todas las cosas: y como está escrito del Hijo del hombre, [conviene] que padezca mucho, y sea tenido en nada,
13 Empero os digo que Elías [ya] vino, y le hicieron todo lo que quisieron, como está escrito de él.
14 Y como vino á los discípulos, vió grande compañía alrededor de ellos, y escribas que disputaban con ellos.
15 Y luego toda la gente, viéndole, se espantó, y corriendo á él, le saludaron.
16 Y preguntóles: ¿Qué disputais con ellos?
17 Y respondiendo uno de la compañía, dijo: Maestro, traje á tí mi hijo, que tiene un espíritu mudo,
18 El cual donde quiera que le toma le despedaza, y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando: y dije á tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron.
19 Y respondiendo él, les dijo: ¡Oh generacion infiel! ¿hasta cuándo estaré con vosotros? ¿hasta cuándo os tengo de sufrir? Traédmele.
20 Y se le trajeron: y como le vió, luego el espíritu lo desgarraba; y cayendo en tierra se revolcaba, echando espumarajos.
21 Y [Jesus] pregunto á su padre: ¿Cuánto tiempo ha que le aconteció esto? Y él dijo: Desde niño:
22 Y muchas veces le echa en el fuego, y en aguas, para matarle; mas, Si puedes algo, ayúdanos, teniendo misericordia de nosotros.
23 Y Jesus le dijo: Si puedes creer, al que cree todo es posible.
24 Y luego el padre del muchacho dijo clamando: Creo; ayuda mi incredulidad.
26 Y como Jesus vió que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él.
26 Entonces [el espíritu] clamando, y desgarrándole mucho, salió; y [él] quedó como muerto, de modo que muchos decian: Está muerto.
27 Mas Jesus tomándole de la mano, enderezólo, y se levantó.
28 Y como él entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera?
29 Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oracion y ayuno.
30 Y habiendo salido de allí, caminaron por Galiléa; y no queria que nadie lo supiese.
31 Porque enseñaba á sus discípulos, y les decia: El Hijo del hombre será entregado en manos de hombres, y le matarán; mas muerto [él], resucitará al tercer dia.
32 Pero ellos no entendian [esta] palabra, y tenian miedo de preguntarle.
33 Y llegó á Capernaum; y así que estuvo en casa, les preguntó: ¿Qué disputabais entre vosotros en el camino?
34 Mas ellos callaron; porque los unos con los otros habian disputado en el camino quién [había de ser] el mayor.
35 Entónces sentándose, llamó á los doce, y les dice: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos.
36 Y tomando un niño, púsolo en medio de ellos; y tomándole en sus brazos, les dice:
37 El que recibiere en mi nombre uno de los tales niños, á mí recibe: y el que á mí recibe, no recibe á mí, mas al que me envió.
38 Y respondióle Juan, diciendo: Maestro, hemos visto á uno que en tu nombre echaba fuera los demonios, el cual no nos sigue: y se lo prohibimos, porque no nos sigue.
39 Y Jesus dijo: No se lo prohibais; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre que luego pueda decir mal de mí.
40 Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.
41 Y cualquiera que os diere un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.
42 Y cualquiera que escandalizare á uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y fuera echado en la mar.
43 Y si tu mano te escandalizare, córtala: mejor te es entrar á la vida manco, que teniendo dos manos ir á la Gehenna, al fuego que no puede ser apagado;
44 Donde su gusano no muere, y el fuego nunca se apaga.
45 Y si tu pie te fuere ocasion de caer, córtale: mejor te es entrar á la vida cojo, que teniendo dos piés ser echado en la Gehenna, al fuego que no puede ser apagado;
46 Donde el gusano de ellos no muere y el fuego nunca se apaga.
47 Y si tu ojo te fuere ocasion de caer, sácale: mejor te es entrar al reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado á la Gehenna;
48 Donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.
49 Porque todos serán salados con fuego, y todo sacrificio será salado con sal.
50 Buena es la sal: mas si la sal fuere desabrida, ¿con qué la adobareis? Tened en vosotros mismos sal; y tened paz los unos con los otros.
CAPITULO 10.
1 Y PARTIÉNDOSE de allí, vino á los términos de Judéa, y tras el Jordan: y volvió el pueblo á juntarse á él; y de nuevo los enseñaba como solia.
2 Y llegándose los Fariséos, le preguntaron, para tentarle, si era lícito al marido repudiar á su mujer.
3 Mas él respondiendo, les dijo: ¿Qué os mandó Moisés?
4 Y ellos dijeron: Moisés permitió escribir carta de divorcio, y repudiar.
5 Y respondiendo Jesus, les dijo: Por la dureza de vuestro corazon os escribió este mandamiento:
6 Pero al principio de la creacion, macho y hembra los hizo Dios.
7 Por esto dejará el hombre á su padre y á la madre, y se juntará á su mujer,
8 Y los que [eran] dos serán hechos una carne: así que no son más dos, sino una carne.
9 Pues lo que Dios juntó, no [lo] aparte el hombre.
10 Y en casa volvieron los discípulos á preguntarle de lo mismo.
11 Y les dice: Cualquiera que repudiare á su mujer, y se casare con otra, comete adulterio contra ella.
12 Y si la mujer repudiare á su marido, y se casare con otro, comete adulterio.
13 Y le presentaban niños para que los tocase; y los discípulos reñian á los que los presentaban.
14 Y viéndolo Jesus se enojó, y les dijo: Dejad los niños venir, y no se lo estorbeis; porque de los tales es el reino de Dios.
15 De cierto os digo que el que no recibiere el reino de Dios como un niño, no entrará en él.
16 Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecia.
17 Y saliendo él para ir su camino, vino uno corriendo, é hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para poseer la vida eterna?
18 Y Jesus le dijo: ¿Por qué me dices bueno? Ninguno [hay] bueno, sino [solo] uno, Dios.