Reina Valera New Testament of the Bible 1862
Part 38
1 LA revelacion de Jesu-Cristo, que Dios le dió, para manifestar á sus siervos las cosas que deben suceder presto: y [las] declaró, enviándo[la] por su ángel á Juan su siervo,
2 El cual ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesu-Cristo, y de todas las cosas que ha visto.
3 Bienaventurado el que lee, y las que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo [está] cerca.
4 JUAN á las siete iglesias que [están] en Asia: Gracia [sea] con vosotros, y paz del que es, y que era, y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante de su trono;
6 Y de Jesu-Cristo, [que es] el testigo fiel, primogénito de los muertos, y el Príncipe de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos ha lavado de nuestros pecados con su sangre,
6 Y nos ha hecho reyes y sacerdotes para Dios, y su Padre; á el [sea] gloria é imperio para siempre jamás. Amen.
7 Hé aquí que viene con las nubes, y todo ojo lo verá, y los que lo traspasaron; y todos los linajes de la tierra se lamentarán sobre él. Así sea. Amen.
8 Yo soy el Alpha y la Omega, el principio y fin, dice el Señor, que es, y que era, y que ha de venir, el Todopoderoso.
9 Yo Juan vuestro hermano, y participante en la tribulacion, y en el reino, y en la paciencia de Jesu-Cristo, estaba en la isla que es llamada Patmos por la palabra de Dios y el testimonio de Jesu-Cristo.
10 Yo fuí en Espíritu en el dia de Domingo, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,
11 Que decia: Yo soy el Alpha y Omega, el primero y el último: Escribe en un libro lo que ves, y envía[lo] á las siete iglesias, que están en Asia; á Efeso, y á Smirna, y á Pérgamo, y á Tiatira, y á Sardis, y á Filadelfia, y á Laodicéa.
12 Y me volví á ver la voz que hablaba conmigo: y vuelto, ví siete candeleros de oro;
13 Y en medio de los siete candeleros, [uno] semejante al Hijo del hombre vestido de una ropa que llegaba hasta los piés, y ceñido por los pechos con una cinta de oro;
14 Y su cabeza y [sus] cabellos [eran] blancos como la lana blanca, como la nieve, y sus ojos como llama de fuego;
15 Y sus piés, semejantes al laton fino, ardientes como en un horno; y su voz como ruido de muchas aguas.
16 Y tenia en su diestra siete estrellas: y de su boca salia una espada aguda de dos filos. Y su rostro [era] como el sol [cuando] resplandece en su fuerza.
17 Y cuando yo le ví, caí como muerto á sus piés. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas: Yo soy el primero y el último;
18 Y el que vivo, y he sido muerto; y hé aquí que vivo por siglos de siglos. Amen. Y tengo las llaves del infierno y de la muerte.
19 Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser despues de estas:
20 El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y los siete candeleros de oro. Las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias; y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias.
CAPITULO 2.
1 ESCRIBE al ángel de la iglesia de Efeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el cual anda en medio de los siete candeleros de oro, dice estas cosas:
2 Yo sé tus obras, y tu trabajo, y paciencia; y que tú no puedes sufrir los malos, y has probado á los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos:
3 Y has sufrido, y tienes paciencia, y has trabajado por mi nombre, y no has desfallecido.
4 Pero tengo contra tí que has dejado tu primer amor.
5 Recuerda por tanto de donde has caido, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré presto á tí, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido.
6 Mas tienes esto, que aborreces los hechos de los Nicolaítas, los cuales yo tambien aborrezco.
7 El que tiene oido, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias: Al que venciere, daré á comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraiso de Dios.
8 Y escribe al ángel de la iglesia de Smirna: El primero y postrero que fué muerto, y vivió, dice estas cosas;
9 Yo sé tus obras, y tu tribulacion, y tu pobreza, (pero tú eres rico,) y la blasfemia de los que se dicen ser Judíos, y no lo son, mas [son] sinagoga de Satanás.
10 No tengas ningun temor de las cosas que has de padecer. Hé aquí, el diablo ha de enviar [algunos] de vosotros á la cárcel, para que seais probados, y tendréis tribulacion de diez dias. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.
11 El que tiene oido, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias: El que venciere, no recibirá daño de la muerte segunda.
12 Y escribe al ángel de la iglesia [que está] en Pérgamo: El que tiene la espada aguda de dos filos, dice estas cosas:
13 Yo sé tus obras, y donde moras, donde [está] la silla de Satanás; y retienes mi nombre, y no has negado mi fé aun en los dias que fué Antipas mi testigo fiel, el cual ha sido muerto entre vosotros, donde Satanás mora.
14 Pero tengo unas pocas cosas contra tí: porque tú tienes ahí los que tienen la doctrina de Balaam, el cual enseñaba á Balac á poner escándalo delante de los hijos de Israel, á comer de cosas sacrificadas á los ídolos, y á cometer fornicacion.
15 Así tambien tu tienes á los que tienen la doctrina de los Nicolaítas, lo cual [yo] aborrezco.
16 Arrepiéntete; porque de otra manera vendré á tí presto, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca.
17 El que tiene odio, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias: Al que venciere daré á comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita un nombre nuevo escrito, el cual ninguno conoce sino aquel que [lo] recibe.
18 Y escribe al ángel de la iglesia que está en Tiatira: El Hijo de Dios, que tiene sus ojos como llama de fuego, y sus piés semejantes al laton fino, dice estas cosas:
19 Yo he conocido tus obras, y caridad, y servicio, y fé, y tu paciencia, y tus obras postreras, [que son] mas que las primeras:
20 Mas tengo unas pocas cosas contra tí: porque permites aquella mujer Jezabel (que se dice profetisa) ensenar, y engañar á mis siervos, á fornicar, y á comer cosas ofrecidas á los ídolos.
21 Y le he dado tiempo para que se arrepienta de la fornicacion, y no se ha arrepentido.
22 Hé aquí yo la echo en cama, y á los que adulteran con ella, en muy grande tribulacion, si no se arrepintieren de sus obras:
23 Y mataré sus hijos con muerte; y todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriño los riñones, y los corazones: y daré á cada uno de vosotros segun sus obras.
24 Pero yo digo á vosotros, y á los demás que estais en Tiatira: Cualesquiera que no tienen esta doctrina, y que no han conocido las profundidades de Satanás, (como dicen,) yo no enviaré sobre vosotros otra carga.
25 Empero la que teneis, tenedla hasta que yo venga.
26 Y al que hubiere vencido, y hubiere guardado mis obras hasta el fin, yo le daré potestad^ sobre las gentes;
27 Y las regirá con vara de hierro, y serán quebrantados como vaso de alfarero, como tambien yo [la] he recibido de mi Padre:
28 Y le daré la estrella de la mañana.
29 El que tiene oido, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias.
CAPITULO 3.
1 ESCRIBE al ángel de la iglesia [que está] en Sardis: El que tiene los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas, dice estas cosas: Yo conozco tus obras; que tienes nombre que vives, y estás muerto.
2 Sé vigilante y confirma las otras cosas que están para morir: porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios.
3 Acuérdate pues de lo que has recibido, y has oido, y guárda[lo,] y arrepiéntete. Y si no velares, vendré á tí como ladron, y no sabrás en qué hora vendré á tí.
4 Mas tienes unas pocas personas en Sardis, que no han ensuciado sus vestiduras, y andarán conmigo en vestiduras blancas; porque son dignos.
5 El que venciere, será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles.
6 El que tiene oido, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias.
7 Y escribe al ángel de la iglesia [que está] en Filadelfia: Estas cosas dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David; el que abre, y ninguno cierra; y cierra, y ninguno abre:
8 Yo conozco tus obras: hé aquí he dado una puerta abierta delante de tí la cual ninguno puede cerrar; porque tú tienes un poco de potencia, y has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre.
9 Hé aquí, yo doy de la sinagoga de Satanás, los que se dicen ser Judíos, y no lo son, mas mienten; hé aquí, yo los constreñiré á que vengan, y adoren delante de tus piés, y sepan que yo te he amado.
10 Porque has guardado la palabra de mi paciencia, yo tambien te guardaré de la hora de la tentacion que ha de venir en todo el mundo, para probar los que moran en la tierra.
11 Hé aquí, yo vengo presto: reten lo que tienes, para que ninguno tome tu corona.
12 Al que venciere, yo le haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá fuera; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, [que es] la nueva Jerusalem, la cual desciende del cielo de con mi Dios, y mi nombre nuevo.
13 El que tiene oido, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias.
14 Y escribe al ángel de la iglesia de los Laodicenses: Hé aquí dice el Amen, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creacion de Dios:
15 Yo conozco tus obras, que ni eres frio, ni caliente. ¡Ojalá fueses frio, ó caliente!
16 Mas porque eres tibio, y no frio ni caliente, te vomitaré de mi boca.
17 Porque tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa; y no conoces que tú eres un cuitado y miserable, y pobre, y ciego, y desnudo;
18 Yo te amonesto que de mí compres oro afinado en fuego, para que seas hecho rico, y seas vestido de vestiduras blancas, para que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas.
19 Yo reprendo y castigo á todos los que amo: sé pues celoso, y arrepiéntete.
20 Hé aquí, que estoy á la puerta, y llamo: si alguno oyere mi voz, y abriere la puerta, entraré á él, y cenaré con él, y él conmigo.
21 Al que venciere yo le daré que se siente conmigo en mi trono; así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.
22 El que tiene oido, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias.
CAPITULO 4.
1 DESPUES de estas cosas miré, y hé aquí una puerta abierta en el cielo: y la primera voz que oí, [era] como de trompeta que hablaba conmigo, diciendo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de ser despues de estas.
2 Y luego yo fuí en Espíritu: y hé aquí un trono que estaba puesto en el cielo, y sobre el trono estaba uno sentado.
3 Y el que estaba sentado, era al parecer semejante á una piedra de jaspe y de sárdio; y un arco celeste [habia] alrededor del trono, semejante en el aspecto á la esmeralda.
4 Y alrededor del trono habia veinticuatro sillas: y ví sobre las sillas los veinticuatro ancianos sentados, vestidos de ropas blancas; y tenian sobre sus cabezas coronas de oro.
5 Y del trono salian relámpagos y truenos, y voces: y siete lámparas de fuego estaban ardiendo delante del trono, las cuales son los siete espíritus de Dios.
6 Y delante del trono [habia] como un mar de vidrio semejante al cristal; y en medio del trono, y alrededor del trono, cuatro animales llenos de ojos delante y detrás.
7 Y el primer animal [era] semejante á un leon; y el segundo animal semejante á un becerro; y el tercer animal, tenia la cara como de hombre; y el cuarto animal, semejante á un águila volando.
8 Y los cuatro animales tenian cada uno por sí seis alas alrededor; y de dentro estaban llenos de ojos; y no tenian reposo dia ni noche, diciendo: Santo, santo, santo el Señor Dios Todopoderoso, que era, y que es, y que ha de venir.
9 Y cuando aquellos animales daban gloria, y honra, y alabanza al que estaba sentado en el trono, al que vive para siempre jamás,
10 Los veinticuatro ancianos se postraban delante del que estaba sentado en el trono, y adoraban al que vive para siempre jamás; y echaban sus coronas delante del trono, diciendo:
11 Señor, digno eres de recibir gloria, y honra, y virtud: porque tú criaste todas las cosas, y por tu voluntad tienen ser, y fueron criadas.
CAPITULO 5.
1 Y VÍ en la mano derecha del que estaba sentado sobre el trono un libro escrito de dentro y de fuera, sellado con siete sellos.
2 Y ví un fuerte ángel, predicando en alta voz: ¿Quién es digno de abrir el libro, y de desatar sus sellos?
3 Y ninguno podia, ni en el cielo, ni en la tierra, ni debajo de la tierra, abrir el libro, ni mirarlo.
4 Y yo lloraba mucho, porque no habia sido hallado ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo.
5 Y uno de los ancianos me dice: No llores: hé aquí el Leon de la tribu de Judá, la raíz de David, que ha vencido para abrir el libro, y desatar sus siete sellos.
6 Y miré, y hé aquí en medio del trono y de los cuatro animales, y en medio de los ancianos, estaba un Cordero como inmolado, que tenia siete cuernos, y siete ojos, que son los siete espíritus de Dios enviados en toda la tierra.
7 Y él vino, y tomó el libro de la mano derecha de aquel que estaba sentado en el trono.
8 Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro animales, y los veinticuatro ancianos, se postraron delante del Cordero, teniendo cada uno arpas, y copas de oro llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos:
9 Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y nos has redimido para Dios con tu sangre, de todo linaje, y lengua, y pueblo, y nacion:
10 Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinarémos sobre la tierra.
11 Y miré, y oí voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los animales, y de los ancianos; y la multitud de ellos era millones de millones;
13 Que decian en alta voz: El Cordero que fué inmolado es digno de tomar el poder, y riquezas, y sabiduría, y fortaleza, y honra, y gloria, y alabanza.
13 Y oí á toda criatura que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y que está en el mar, y todas las cosas que en ellos están, diciendo: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, [sea] la bendicion, y la honra, y la gloria, y el poder, para siempre jamás.
14 Y los cuatro animales decian: Amen. Y los veinte y cuatro ancianos cayeron sobre sus rostros, y adoraron al que vive para siempre jamás.
CAPITULO 6.
1 Y MIRÉ cuando el Cordero abrió uno de los sellos, y oí á uno de los cuatro animales diciendo como con una voz de trueno: Ven, y ve.
2 Y miré, y hé aquí un caballo blanco: y el que estaba sentado encima de él, tenia un arco; y le fué dada una corona, y salió victorioso, para que tambien venciese.
3 Y cuando él abrió el segundo sello, oí al segundo animal que decia: Ven, y ve.
4 Y salió otro caballo bermejo: Y al que estaba sentado sobre él, fué dado poder de quitar la paz de la tierra, y que se maten unos á otros; y fuéle dada una grande espada.
5 Y cuando él abrió el tercer sello, oí al tercer animal que decia: Ven, y ve. Y miré, y hé aquí un caballo negro; y el que estaba sentado encima de él, tenia un peso en su mano.
6 Y oí una voz en medio de los cuatro animales, que decia: Dos libras de trigo por un denario; y seis libras de cebada por un denario: y no hagas daño al vino, ni al aceite.
7 Y cuando él abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto animal, que decia: Ven, y ve.
8 Y miré, y hé aquí un caballo amarillo: y el que estaba sentado sobre él, tenia por nombre, Muerte; y el infierno le seguia: y le fué dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada con hambre, con mortandad, y con las bestias de la tierra.
9 Y cuando él abrió el quinto sello, ví debajo del altar las almas de los que habian sido muertos por la palabra de Dios, y por el testimonio que ellos tenian.
10 Y clamaban en alta voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre de los que moran en la tierra?
11 Y les fueron dadas sendas ropas blancas, y fuéles dicho que reposasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completaran sus consiervos y sus hermanos, que tambien habian de ser muertos como ellos.
12 Y miré cuando él abrió el sexto sello: y hé aquí fué hecho un gran terremoto; y el sol se puso negro como un saco de cilicio, y la luna se puso toda como sangre:
13 Y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera echa sus higos, cuando es movida de gran viento.
14 Y el cielo se apartó como un libro que es envuelto; y todo monte y las islas fueron movidas de sus lugares.
15 Y los reyes de la tierra, y los príncipes, y los ricos, y los capitanes, y los fuertes, y todo siervo, y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes;
16 Y decian á los montes, y á las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos de la cara de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero:
17 Porque el gran dia de su ira es venido; y ¿quién podrá estar firme?
CAPITULO 7.
1 Y DESPUES de estas cosas ví cuatro ángeles que estaban sobre los cuatro ángulos de la tierra, deteniendo los cuatro vientos de la tierra, para que no soplase viento sobre la tierra, ni sobre la mar, ni sobre ningun árbol.
2 Y ví otro ángel que subia del nacimiento del sol, teniendo el sello de Dios vivo: y clamó con gran voz á los cuatro ángeles, á los cuales era dado hacer daño á la tierra y á la mar.
3 Diciendo: No hagais daño á la tierra, ni al mar, ni á los árboles, hasta que señalemos á los siervos de nuestro Dios en sus frentes.
4 Y oí el número de los señalados; ciento cuarenta y cuatro mil señalados de todas las tribus de los hijos de Israel.
5 De la tribu de Judá, doce mil señalados. De la tribu de Ruben, doce mil señalados. De la tribu de Gad, doce mil señalados.
6 De la tribu de Aser, doce mil señalados. De la tribu de Nephtali, doce mil señalados. De la tribu de Manasés, doce mil señalados.
7 De la tribu de Simeon, doce mil señalados. De la tribu de Leví, doce mil señalados. De la tribu de Issachar, doce mil señalados.
8 De la tribu de Zabulon, doce mil señalados. De la tribu de José, doce mil señalados. De la tribu de Benjamin doce mil señalados.
9 Despues de estas cosas miré y hé aquí una gran compañía, la cual ninguno podia contar, de todas gentes, y linajes, y pueblos, y lenguas, que estaban delante del trono, y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y palmas en sus manos;
10 Y clamaban á alta voz, diciendo: Salvacion á nuestro Dios que está sentado sobre el trono, y al Cordero.
11 Y todos los ángeles estaban alrededor del trono, y [de] los ancianos, y los cuatro animales; y postráronse sobre sus rostros delante del trono, y adoraron á Dios,
12 Diciendo: Amen: La bendicion y la gloria, y la sabiduría, y la accion de gracias, y la honra, y la potencia, y la fortaleza [sean] á nuestro Dios para siempre jamás. Amen.
13 Y respondió uno de los ancianos, diciéndome: Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son, y de dónde han venido?
14 Y yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que han venido de grande tribulacion, y han lavado sus ropas, y las han blanqueado en la sangre del Cordero.
15 Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven dia y noche en su templo: y el que está sentado en el trono tenderá su pabellon sobre ellos.
16 No tendrán mas hambre, ni sed, y el sol no caerá mas sobre ellos ni otro ningun calor.
17 Porque el Cordero que está en medió del trono los pastoreará, y los guiará á fuentes vivas de aguas; y Dios limpiará toda lágrima de los ojos de ellos.
CAPITULO 8.
1 Y CUANDO él abrió el séptimo sello, fué hecho silencio en el cielo casi por media hora.
2 Y ví los siete ángeles que estaban delante de Dios; y les fueron dadas siete trompetas.
3 Y otro ángel vino, y se paró delante del altar, teniendo un incensario de oro; y le fueron dados muchos inciensos para que diese á las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro, que [estaba] delante del trono.
4 Y el humo de los inciensos subió de la mano del ángel, delante de Dios, á las oraciones de los santos.
5 Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y echó[lo] en la tierra; y fueron hechos truenos, y voces, y relámpagos, y terremoto.
6 Y los siete ángeles que tenian las siete trompetas, se aparejaron para tocar.
7 Y el primer ángel tocó la trompeta, y fué hecho granizo, y fuego, mezclado con sangre, y fueron arrojados á la tierra; y la tercera parte de los árboles fué quemada, y quemóse toda la yerba verde.
8 Y el segundo ángel tocó la trompeta, y como un grande monte ardiente con fuego fué lanzado en el mar, y la tercera parte del mar se tornó en sangre.
9 Y murió la tercera parte de las criaturas que estaban en la mar, las cuales tenian vida; y la tercera parte de los navíos pereció.
10 Y el tercer ángel tocó la trompeta y cayó del cielo una grande estrella, ardiendo como una antorcha, y cayó en la tercera parte de los rios, y en las fuentes de las aguas.
11 Y el nombre de la estrella se dice Ajenjo. Y la tercera parte de las aguas fué vuelta en ajenjo: y muchos hombres murieron por las aguas, porque fueron hechas amargas.
12 Y el cuarto ángel tocó la trompeta, y fué herida la tercera parte del sol, y la tercera parte de la luna, y la tercera parte de las estrellas; de tal manera que se oscureció la tercera parte de ellos, y no alumbraba la tercera parte del dia, y lo mismo de la noche.
13 Y miré, y oí un ángel volar por medio del cielo, diciendo á alta voz: ¡Ay, ay, ay de los que moran en la tierra, por razon de las otras voces de trompeta de los tres ángeles que han de tocar!
CAPITULO 9.
1 Y EL quinto ángel toco la trompeta, y ví una estrella que cayó del cielo en la tierra: y le fué dada la llave del pozo del abismo.
2 Y abrió el pozo del abismo, y subió humo del pozo como el humo de un gran horno; y oscurecióse el sol, y el aire, por el humo del pozo.
3 Y del humo salieron langostas sobre la tierra; y fuéles dada potestad, como tienen potestad los escorpiones de la tierra.
4 Y les fué mandado que no hiciesen daño á la yerba de la tierra, ni á ninguna cosa verde, ni á ningun árbol, sino solamente á los hombres que no tienen la señal de Dios en sus frentes.
5 Y les fué dado que no los matasen, sino que [los] atormentasen cinco meses; y su tormento [era] como tormento de escorpion cuando hiere al hombre.
6 Y en aquellos dias buscarán los hombres la muerte, y no la hallarán; y desearán morir, y la muerte huirá de ellos.
7 Y el parecer de las langostas [era] semejante á caballos aparejados para guerra: y sobre sus cabezas [tenian] como coronas semejantes al oro; y sus caras como caras de hombres.
8 Y tenian cabellos como cabellos de mujeres: y sus dientes eran como dientes de leones.
9 Y tenian corazas como corazas de hierro; y el estruendo de sus alas, como el ruido de carros que con muchos caballos corren á la batalla.
10 Y tenian colas semejantes á [las de] los escorpiones, y tenian en sus colas aguijones; y su poder [era] de hacer daño á los hombres cinco meses.
11 Y tienen sobre sí un rey, [que es] el ángel del abismo, cuyo nombre en Hebráico, [es] Abaddon; y en Griego, Apollyon.
12 El un ay es pasado: hé aquí vienen aun dos ayes despues de estas cosas.
13 Y el sexto ángel tocó la trompeta, y oí una voz de los cuatro cuernos del altar de oro, que estaba delante de Dios,
14 Diciendo al sexto ángel que tenia la trompeta: Desata los cuatro ángeles que están atados en el gran rio Eufrates,
15 Y fueron desatados los cuatro ángeles que estaban aparejados para la hora, y dia, y mes, y año, para matar la tercera parte de los hombres.
16 Y el numero del ejército de los de á caballo era doscientos millones. Y oí el numero de ellos.
17 Y así ví los caballos en vision, y los que sobre ellos estaban sentados, los cuales tenian corazas de fuego, de jacinto, y de azufre. Y las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones; y de la boca de ellos salia fuego, y humo, y azufre.