Reina Valera New Testament of the Bible 1862
Part 37
18 Porque hablando arrogantes palabras de vanidad, ceban con las concupiscencias de la carne en disoluciones á los que verdaderamente habian huido de los que conversan en error:
19 Prometiéndoles libertad, siendo ellos mismos siervos de corrupcion. Porque el que es de alguno vencido, es sujeto á la servidumbre del que venció.
20 Ciertamente, si habiéndose ellos apartado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesu-Cristo, y otra vez envolviéndose en ellas, son vencidos; sus postrimerías les son hechas peores que los principios.
21 Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que despues de haberlo conocido, tornarse atrás del santo mandamiento que les fué dado.
22 Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro se volvió á su vómito, y la puerca lavada á revolcarse en el cieno.
CAPITULO 3.
1 CARÍSIMOS, yo os escribo ahora esta segunda carta, por la cual despierto con exhortacion vuestro limpio entendimiento.
2 Para que tengais memoria de las palabras que ántes han sido dichas por los santos profetas, y de nuestro mandamiento, [que somos] apóstoles del Señor y Salvador:
3 Sabiendo primero esto, que en los postrimeros dias vendrán burladores, andando segun sus propias concupiscencias,
4 Y diciendo: ¿Dónde esta la promesa de su advenimiento? Porque desde el dia en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creacion.
5 Cierto ellos ignoran voluntariamente, que los cielos fueron en el tiempo antiguo, y la tierra que por agua y en agua está asentada, por la palabra de Dios:
6 Por lo cual el mundo de entónces pereció anegado en agua,
7 Mas los cielos que son ahora, y la tierra, son conservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el dia del juicio, y de la perdicion de los hombres impíos.
8 Mas, oh amados, no ignoreis esta una cosa: que un dia delante del Señor [es] como mil años, y mil años como un dia.
9 El Señor no tarda su promesa, como algunos la tienen por tardanza; sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.
10 Mas el dia del Señor vendrá como ladron en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo, serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella están, serán quemadas.
11 Pues como todas estas cosas han de ser deshechas, ¿qué tales conviene que vosotros seais en santas y pías conversaciones,
12 Esperando y apresurándoos para la venida del dia de Dios, en el cual los cielos siendo encendidos, serán deshechos, y los elementos siendo abrasados se fundirán?
13 Bien que esperamos cielos nuevos y tierra nueva, segun sus promesas, en los cuales mora la justicia.
14 Por lo cual, oh amados, estando en esperanza de estas cosas, procurad con diligencia que seais hallados de él, sin mácula, y sin reprension, en paz.
15 Y tened por salud la paciencia de nuestro Señor, como tambien nuestro amado hermano Pablo, segun la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito tambien;
16 Casi en todas [sus] epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos é inconstantes tuercen, como tambien las otras escrituras, para perdicion de sí mismos.
17 Así que vosotros, oh amados, pues estais amonestados, guardáos que por el error de los abominables no seais juntamente extraviados, y caigais de vuestra firmeza.
18 Mas creced en la gracia y conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesu- Cristo. A él [sea] gloria ahora, y hasta el dia de la eternidad. Amen.
LA PRIMERA EPÍSTOLA UNIVERSAL
DE
SAN JUAN APÓSTOL.
CAPITULO 1.
1 LO que era desde el principio, lo que hemos oido, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos mirado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida:
2 (Porque la vida fué manifestada, y vimos y testificamos, y os anunciamos aquella vida eterna, la cual estaba con el Padre, y nos ha aparecido;)
3 Lo que hemos visto, y oido, eso os anunciamos, para que tambien vosotros tengais comunion con nosotros; y nuestra comunion verdaderamente [es] con el Padre, y con su Hijo Jesu-Cristo.
4 Y estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido.
5 Y este es el mensaje que oimos de él, y os anunciamos: Que Dios es luz, y en él no hay ningunas tinieblas.
6 Si nosotros dijéremos que tenemos comunion con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no hacemos la verdad;
7 Mas si andamos en luz como el esta en luz, tenemos comunion entre nosotros, y la sangre de Jesu-Cristo su Hijo nos limpia de todo pecado.
8 Si dijéremos que no tenemos pecado, nos engañamos á nosotros mismos, y no hay verdad en nosotros.
9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad.
10 Si dijéremos que no hemos pecado, lo hacemos á él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.
CAPITULO 2.
1 HIJITOS mios, estas cosas os escribo, para que no pequeis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, á Jesu-Cristo el justo;
2 Y él es la propiciacion por nuestros pecados y no solamente por los nuestros, sino tambien por los de todo el mundo.
3 Y en esto sabemos que nosotros le hemos conocido, si guardamos sus mandamientos.
4 El que dice: Yo le he conocido, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y no hay verdad en él;
5 Mas el que guarda su palabra, la caridad de Dios está verdaderamente perfecta en él: por esto sabemos que estamos en él.
6 El que dice que está en él, debe andar como él anduvo.
7 Hermanos, no os escribo mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que habeis tenido desde el principio: el mandamiento antiguo es la palabra que habeis oido desde el principio.
8 Otra vez os escribo un mandamiento nuevo, que es verdadero en él, y en vosotros; porque las tinieblas son pasadas, y la verdadera luz ya alumbra.
9 El que dice que está en luz, y aborrece á su hermano, el tal aun está en tinieblas todavía.
10 El que ama á su hermano, está en luz, y no hay tropiezo en él.
11 Mas el que aborrece á su hermano, está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe adonde va; porque las tinieblas le han cegado los ojos.
12 Os escribo á vosotros, hijitos, por que vuestros pecados os son perdonados por su nombre.
13 Os escribo á vosotros, padres, porque habeis conocido á aquel que [es] desde el principio. Os escribo á vosotros, mancebos, porque habeis vencido al maligno. Os escribo^ á vosotros, hijitos, porque habeis conocido al Padre.
14 Os he escrito á vosotros, padres, porque habeis conocido al que [es] desde el principio. Os he escrito á vosotros, mancebos, porque sois fuertes, y la palabra de Dios mora en vosotros, y habeis vencido al maligno.
15 No ameis al mundo, ni las cosas [que están] en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.
16 Porque todo lo que hay en el mundo, la concupiscencia de carne, y concupiscencia de ojos, y soberbia de vida, no es del Padre, mas es del mundo.
17 Y el mundo se pasa, y su concupiscencia; mas el que hace la voluntad de Dios, permanece para siempre.
18 Hijitos, [ya] es el último tiempo: y como vosotros habeis oido que el anticristo ha de venir, así tambien al presente han comenzado á ser muchos anticristos; por lo cual sabemos que es el último tiempo.
19 Salieron de nosotros, mas no eran de nosotros; porque si fueran de nosotros, hubieran cierto permanecido con nosotros; pero [esto es] para que se manifestase que todos no son de nosotros.
20 Mas vosotros teneis la uncion del Santo, y conoceis todas las cosas.
21 No os he escrito como si ignoraseis la verdad, sino como á los que la conoceis, y que ninguna mentira es de la verdad.
22 ¿Quién es mentiroso, sino el que niega que Jesus es el Cristo? Este tal es anticristo, que niega al Padre y al Hijo.
23 Cualquiera que niega al Hijo, este tal tampoco tiene al Padre. Cualquiera que confiesa al Hijo, tiene tambien al Padre.
24 Pues lo que habeis oido desde el principio, sea permaneciente en vosotros: si lo que habeis oido desde el principio fuere permaneciente en vosotros, tambien vosotros permanecereis en el Hijo, y en el Padre.
25 Y esta es la promesa, la cual él nos prometió, la vida eterna.
26 Os he escrito esto sobre los que os engañan.
27 Pero la uncion que vosotros habeis recibido de él, mora en vosotros, y no teneis necesidad que ninguno os enseñe; mas como la uncion misma os enseña de todas cosas, y es verdadera, y no es mentira, así como os ha enseñado, perseveraréis en él.
28 Y ahora, hijitos, perseverad en él; para que cuando apareciere, tengamos confianza, y no seamos confundidos de él en su venida.
29 Si sabeis que él es justo, sabed tambien que cualquiera que hace justicia, es nacido de él.
CAPITULO 3.
1 MIRAD cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios: por esto el mundo no nos conoce, porque no lo conoce á él.
2 Muy amados, ahora somos hijos de Dios, y aun no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando el apareciere, serémos semejantes á él, porque lo verémos como él es.
3 Y cualquiera que tiene esta esperanza en él, se purifica, como él tambien es limpio.
4 Cualquiera que hace pecado, traspasa tambien la ley; pues el pecado es transgresion de la ley.
5 Y sabeis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él.
6 Cualquiera que permanece en él, no peca: cualquiera que peca, no le ha visto, ni le ha conocido.
7 Hijitos, no os engañe ninguno: el que hace justicia, es justo, como él tambien es justo.
8 El que hace pecado, es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.
9 Cualquiera que es nacido de Dios, no hace pecado; porque su simiente está en él, y no puede pecar, porque es nacido de Dios.
10 En esto son manifiestos los hijos de Dios, y los hijos del diablo: cualquiera que no hace justicia, y que no ama á su hermano, no es de Dios.
11 Porque este es el mensaje que habeis oido desde el principio: Que nos amemos unos á otros.
12 No como Cain, que era del maligno, y mató á su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas.
13 Hermanos mios, no os maravilleis si el mundo os aborrece.
14 Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte á vida, en que amamos á los hermanos. El que no ama á su hermano, está en muerte.
15 Cualquiera que aborrece á su hermano, es homicida; y sabeis que ningun homicida tiene vida eterna permaneciente en sí.
16 En esto hemos conocido el amor [de Cristo,] porque él puso su vida por nosotros: tambien nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.
17 Mas el que tuviere bienes de este mundo, y viere á su hermano tener necesidad, y le cerrare sus entrañas, ¿cómo está el amor de Dios en él?
18 Hijitos mios, no amemos de palabra, ni de lengua; sino de obra y en verdad:
19 Y en esto conocemos que somos de la verdad, y tenemos nuestros corazones certificados delante de él.
20 Porque si nuestro corazon nos reprendiere, mayor es Dios que nuestro corazon, y conoce todas las cosas.
21 Carísimos, si nuestro corazon no nos reprende, confianza tenemos en Dios:
22 Y cualquier cosa que pidiéremos, la recibirémos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él.
23 Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesu- Cristo, y nos amemos unos á otros, como nos lo ha mandado.
24 Y el que guarda sus mandamientos, está en él, y él en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros por el Espíritu que nos ha dado.
CAPITULO 4.
1 AMADOS, no creais á todo espíritu; sino probad los espíritus si son de Dios. Porque muchos falsos profetas son salidos en el mundo.
2 En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesu- Cristo es venido en carne, es de Dios:
3 Y todo espíritu que no confiesa que Jesu-Cristo es venido en carne, no es de Dios: y este es el [espíritu] de anticristo, del cual vosotros habeis oido que ha de venir, y que ahora ya está en el mundo.
4 Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habeis vencido; porque el que en vosotros está, es mayor que él que está en el mundo.
5 Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye.
6 Nosotros somos de Dios: el que conoce á Dios, nos oye: el que no es de Dios, no nos oye. Por esto conocemos el espíritu de verdad, y el espíritu de error.
7 Carísimos, amémonos unos á otros; porque el amor es de Dios. Cualquiera que ama, es nacido de Dios, y conoce á Dios.
8 El que no ama, no conoce á Dios; porque Dios es amor.
9 En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió á su Hijo Unigénito al mundo, para que vivamos por él.
10 En esto consiste el amor; no que nosotros hayamos amado á Dios, sino que él nos amó á nosotros, y ha enviado á su Hijo [en] propiciacion por nuestros pecados.
11 Amados, si Dios así nos ha amado debemos tambien nosotros amarnos unos á otros.
12 Ninguno vió jamás á Dios. Si nos amamos unos á otros, Dios está en nosotros, y su amor es perfecto en nosotros.
13 En esto conocemos que estamos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu.
14 Y nosotros hemos visto, y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo [para ser] Salvador del mundo.
15 Cualquiera que confesare que Jesus es el Hijo de Dios, Dios está en él, y él en Dios.
16 Y nosotros hemos conocido, y creido el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que vive en amor, vive en Dios, y Dios en él.
17 En esto es perfecto el amor con nosotros, para que tengamos confianza en el dia del juicio, pues como él es, así somos nosotros en este mundo.
18 En amor no hay temor; mas el perfecto amor echa fuera el temor: porque el temor tiene pena. De donde el que teme no está perfecto en el amor.
19 Nosotros lo amamos á él, porque él nos amó primero.
20 Si alguno dice: Yo amo á Dios, y aborrece á su hermano, es mentiroso. Porque el que no ama á su hermano, al cual ha visto, ¿cómo puede amar á Dios, á quien no ha visto?
21 Y nosotros tenemos este mandamiento de él: Que el que ama á Dios, ame tambien á su hermano.
CAPITULO 5.
1 TODO aquel que cree que Jesus es el Cristo, es nacido de Dios: y cualquiera que ama al que ha engendrado, ama tambien al que es nacido de él.
2 En esto conocemos que amamos á los hijos de Dios, cuando amamos á Dios, y guardamos sus mandamientos.
3 Porque este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son penosos.
4 Porque todo aquello que es nacido de Dios vence al mundo: y esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fé.
5 ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesus es el Hijo de Dios?
6 Este es Jesu-Cristo, que vino por agua y sangre: no por agua solamente, sino por agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio: porque el Espíritu es la verdad.
7 Porque tres son los que dan testimonio en el cielo, el Padre, el Verbo, y el Espíritu Santo: y estos tres son uno.
8 Y tres son los que dan testimonio [en la tierra,] el Espíritu, el agua, y la sangre: y estos tres concuerdan en uno.
9 Si recibimos el testimonio de los hombres, el testimonio de Dios es mayor; porque este es el testimonio de Dios, que ha testificado de su Hijo.
10 El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo: el que no cree á Dios, le ha hecho mentiroso; porque no ha creido en el testimonio que Dios ha testificado de su Hijo.
11 Y este es el testimonio: Que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.
12 El que tiene al Hijo, tiene la vida: el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida.
13 Estas cosas he escrito á vosotros que creeis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepais que teneis vida eterna, y para que creais en el nombre del Hijo de Dios.
14 Y esta es la confianza que tenemos en él, que si demandáremos alguna cosa conforme á su voluntad, él nos oye.
15 Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que demandáremos, sabemos que tenemos las peticiones que le hubiéremos demandado.
16 Si alguno viere cometer á su hermano pecado [que] no [es] de muerte, demandará, y [se] le dará vida; [digo] á los que pecan no de muerte. Hay pecado de muerte, por el cual yo no digo que ruegue.
17 Toda maldad es pecado; mas hay pecado que no [es] de muerte.
18 Sabemos que cualquiera que es nacido de Dios, no peca; mas el que es engendrado de Dios, se guarda á sí mismo, y el maligno no le toca.
19 Sabemos que somos de Dios, y todo el mundo está puesto en maldad.
20 Empero sabemos que el Hijo de Dios es venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero: y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesu- Cristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.
21 Hijitos, guardáos de los ídolos. Amen.
LA SEGUNDA EPÍSTOLA
DE
SAN JUAN APÓSTOL.
1 EL anciano á la señora elegida, y á sus hijos, á los cuales yo amo en verdad; y no yo solo, sino tambien todos los que han conocido la verdad,
2 Por la verdad que está en nosotros y será perpetuamente con nosotros:
3 Sea con vosotros gracia, misericordia, y paz de Dios Padre, y del Señor Jesu-Cristo, Hijo del Padre, en verdad, y en amor.
4 Mucho me he gozado, porque he hallado de tus hijos, que andan en verdad como nosotros hemos recibido el mandamiento del Padre.
5 Y ahora te ruego, señora, no como escribiéndote un nuevo mandamiento, sino aquel que nosotros hemos tenido desde el principio, que nos amemos unos á otros.
6 Y este es amor, que andemos segun sus mandamientos. Este es el mandamiento: Que andeis en él, como vosotros habeis oido desde el principio.
7 Porque muchos engañadores son entrados en el mundo, los cuales no confiesan que Jesu-Cristo ha venido en carne. Este tal el engañador es, y el anticristo.
8 Mirad por vosotros mismos, porque no perdamos las cosas que hemos obrado; sino que recibamos galardon cumplido.
9 Cualquiera que se rebela, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene á Dios: el que persevera en la doctrina de Cristo, el tal tiene al Padre y al Hijo.
10 Si alguno viene á vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibais en casa ni le digais: ¡bien venido!
11 Porque el que le dice: ¡bien venido! comunica con sus malas obras.
12 Aunque tengo muchas cosas que escribiros, no he querido [comunicarlas] por medio de papel y tinta; mas espero ir á vosotros, y hablar boca á boca, para que nuestro gozo sea cumplido.
13 Los hijos de tu hermana elegida te saludan. Amen.
LA TERCERA EPÍSTOLA
DE
SAN JUAN APÓSTOL.
1 EL anciano al muy amado Gayo, al cual yo amo en verdad.
2 Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas cosas, y que tengas salud así como tu alma está en prosperidad.
3 Ciertamente me^ gocé mucho, cuando vinieron los hermanos, y dieron testimonio de tu verdad, así como tú andas en la verdad.
4 No tengo yo mayor gozo que este, el de oir que mis hijos andan en la verdad.
5 Amado, fielmente haces todo lo que haces para con los hermanos, y con los extranjeros,
6 Los cuales han dado testimonio de tu amor en presencia de la iglesia: á los cuales si ayudares como conviene segun Dios, harás bien.
7 Porque ellos partieron por amor de su nombre, no tomando nada de los Gentiles.
8 Nosotros, pues, debemos recibir á los tales, para que seamos cooperadores á la verdad.
9 Yo he escrito á la iglesia: mas Diotrephes, que ama tener el primado entre ellos, no nos recibe.
10 Por esta causa, si yo viniere, recordaré las obras que hace, parlando con palabras maliciosas contra nosotros; y no contento con estas cosas, no recibe á los hermanos, y prohibe á los que los quieren [recibir,] y los echa de la iglesia.
11 Amado, no sigas lo que es malo, sino lo que es bueno. El que hace bien es de Dios; mas el que hace mal, no ha visto á Dios.
12 Todos dan testimonio de Demetrio, y [aun] la misma verdad: y tambien nosotros damos testimonio; y vosotros habeis conocido que nuestro testimonio es verdadero.
13 Yo tenia muchas cosas que escribir[te:] empero no quiero escribirte por tinta y pluma:
14 Porque espero verte en breve, y hablarémos boca á boca.
15 Paz [sea] contigo. Los amigos te saludan. Saluda tú á los amigos por nombre.
LA EPÍSTOLA UNIVERSAL
DE
SAN JUDAS APÓSTOL.
1 JUDAS, siervo de Jesu-Cristo, y hermano de Jacobo, á los llamados santificados en Dios Padre, y conservados en Jesu-Cristo:
2 Misericordia, y paz, y amor os sean multiplicados.
3 Amados, por la gran solicitud que tenia de escribiros de la comun salud, me ha sido necesario escribiros amonestándoos que contendais eficazmente por la fé que ha sido una vez dada á los santos.
4 Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los cuales desde ántes habian estado ordenados para esta condenacion, [hombres] impíos, convirtiendo la gracia de nuestro Dios en disolucion, y negando á Dios que solo es el que tiene dominio, y á nuestro Señor Jesu-Cristo.
5 Os quiero pues amonestar [ya] que alguna vez habeis sabido esto, que el Señor habiendo salvado al pueblo de Egipto, despues destruyó á los que no creian:
6 Y á los ángeles que no guardaron su dignidad, mas dejaron su habitacion, los ha reservado debajo de oscuridad en prisiones eternas hasta el juicio del gran dia:
7 Como Sodoma y Gomorra, y las ciudades comarcanas las cuales de la misma manera que ellos habian fornicado, y habian seguido la carne extraña, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el juicio del fuego eterno.
8 De la misma manera tambien estos soñadores amancillan la carne, y menosprecian la potestad, y vituperan las potestades superiores.
9 Pues cuando el arcángel Miguel contendia con el diablo, disputando sobre el cuerpo de Moisés, no se atrevió á usar de juicio de maldicion contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda.
10 Pero estos maldicen las cosas que no conocen; y las cosas que naturalmente conocen, se corrompen en ellas como bestias brutas.
11 ¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Cain, y se lanzaron en el error de Balaam por recompensa, y perecieron en la contradiccion de Coré.
12 Estos son manchas en vuestros convites, que banquetean juntamente, apacentándose á sí mismos sin temor alguno: nubes sin agua, las cuales son llevadas de acá para allá de los vientos; árboles marchitos como en otoño, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados;
13 Fieras ondas de la mar, que espuman sus mismas abominaciones; estrellas erráticas. á los cuales es reservada eternalmente la oscuridad de las tinieblas.
14 De los cuales tambien profetizo Enoc, séptimo desde Adam, diciendo: Hé aquí el Señor es venido con sus santos millares,
15 A hacer juicio contra todos, y á convencer á todos los impíos de entre ellos tocante á todas sus obras de impiedad que han hecho impiamente, y á todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él.
16 Estos son murmuradores querellosos, andando segun sus deseos; y su boca habla cosas soberbias, teniendo en admiracion las personas por causa del provecho.
17 Mas vosotros, amados, tened memoria de las palabras que ántes han sido dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesu-Cristo;
18 Como os decian: Que en el postrer tiempo habria burladores, que andarian segun sus malvados deseos.
19 Estos son los que hacen divisiones, sensuales, no teniendo el Espíritu.
20 Mas vosotros, oh amados, edificándoos sobre vuestra santísima fé, orando por el Espíritu Santo,
21 Conserváos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesu-Cristo, para vida eterna.
22 Y recibid á los unos en piedad, discerniendo:
23 Mas haced salvos á los otros por temor, arrebatándolos del fuego; aborreciendo aun la ropa que es contaminada de la carne.
24 A aquel, pues, que es poderoso para guardaros sin caida, y presentar[os]^ delante de su gloria irreprensibles, con grande alegría,
25 Al Dios solo sabio, nuestro Salvador, [sea] gloria y magnificencia, imperio y potencia, ahora, y en todos los siglos. Amen.
EL APOCALIPSIS Ó REVELACION
DE
SAN JUAN EL TEÓLOGO.
CAPITULO 1.