Reina Valera New Testament of the Bible 1862
Part 3
41 Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generacion, y la condenarán: porque ellos se arrepintieron á la predicacion de Jonás; y hé aquí mas que Jonás en este lugar.
42 La reina del Austro se levantará en el juicio con esta generacion, y la condenará: porque vino de los fines de la tierra para oir la sabiduría de Salomon; y hé aquí más que Salomon en este lugar.
43 Cuando el espíritu inmundo ha salido del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no [lo] halla.
44 Entónces dice: Me volveré á mi casa, de donde salí: y cuando viene, [la] halla desocupada, barrida, y adornada.
45 Entónces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados moran allí; y son peores las cosas últimas del tal hombre que las primeras: así tambien acontecerá á esta generacion mala.
46 Y estando él aun hablando á las gentes, hé aquí su madre y sus hermanos estaban fuera, que le querian hablar.
47 Y le dijo uno: Hé aquí tu madre y tus hermanos están fuera, que te quieren hablar.
48 Y respondiendo él al que le decia [esto,] dijo: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?
49 Y extendiendo su mano hácia sus discípulos, dijo: Hé aquí mi madre y mis hermanos.
50 Porque todo aquel que hiciere la voluntad de mi Padre que [está] en los cielos, ese es mi hermano, y hermana, y madre.
CAPITULO 13.
1 Y AQUEL dia, saliendo Jesus de casa, se sentó junto á la mar.
2 Y se allegaron á el muchas gentes; y entrándose él en el barco, se sentó, y toda la gente estaba á la ribera.
3 Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: Hé aquí el que sembraba, salió á sembrar.
4 Y sembrando, parte [de la simiente] cayó junto al camino; y vinieron las aves, y la comieron.
5 Y parte cayó en pedregales, donde no tenia mucha tierra; y nació luego, porque no tenia profundidad de tierra.
6 Mas en saliendo el sol, se quemó; y secóse, porque no tenia raiz.
7 Y parte cayó en espinas; y las espinas crecieron, y la ahogaron.
8 Y parte cayo en buena tierra, y dió fruto, cual á ciento, cual á sesenta, y cual á treinta.
9 Quien tiene oidos para oir, oiga.
10 Entónces, llegándose los discípulos, le dijeron: ¿Por que les hablas por parábolas?
11 Y él respondiendo, les dijo: Porque á vosotros es concedido saber los misterios del reino de los cielos, mas á ellos no es concedido.
12 Porque á cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá mas: pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.
13 Por eso les hablo por parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.
14 De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: De oido oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no miraréis.
15 Porque el corazon de este pueblo esta engrosado, y de los oidos oyen pesadamente, y de sus ojos guiñan: para que no vean de los ojos, y oigan de los oidos, y del corazon entiendan, y se conviertan, y yo los sane.
16 Mas bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oidos, porque oyen.
17 Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no [lo] vieron; y oir lo que oís, y no [lo] oyeron.
18 Oid pues vosotros la parábola del que siembra.
19 Oyendo cualquiera la palabra del reino, y no entendiéndo[la,] viene el malo, y arrebata lo que fué sembrado en su corazon: este es el que fué sembrado junto al camino.
20 Y el que fué sembrado en pedregales, este es el que oye la palabra, y luego la recibe con gozo;
21 Mas no tiene raiz en sí, ántes es temporal: que venida la afliccion ó la persecucion por la palabra, luego se ofende.
22 Y el que fué sembrado en espinas este es el que oye la palabra; pero el afan de este siglo, y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y hácese infructuosa.
23 Mas el que fué sembrado en buena tierra, este es el que oye y entiende la palabra, y el que lleva el fruto; y lleva uno á ciento, y otro á sesenta, y otro á treinta.
24 Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante al hombre que siembra buena simiente en su campo.
25 Mas durmiendo los hombres, vino su enemigo, y sembró zizaña entre el trigo, y se fué.
26 Y como la yerba salió, é hizo fruto, entónces apareció tambien la zizaña.
27 Y llegándose los siervos del padre de la familia, le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena simiente en tu campo? ¿de dónde pues tiene zizaña?
28 Y él les dijo: Un hombre enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres pues que vayamos y la cojamos?
29 Y él dijo: No: porque cogiendo la zizana, no arranqueis tambien con ella el trigo.
30 Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré á los segadores: Coged primero la zizaña, y atadla en manojos para quemarla; mas recoged el trigo en mi alfolí.
31 Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que tomándolo alguno lo sembró en su campo:
32 El cual á la verdad es el más pequeño de todas las simientes; mas cuando ha crecido, es el mayor de [todas] las hortalizas, y se hace árbol, que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas.
33 Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante á la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo quedó leudo.
34 Todo esto habló Jesus por parábolas á las gentes; y sin parábolas no les hablaba:
35 Para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta, que dijo: Abriré en parábolas mi boca; rebosaré cosas escondidas desde la fundacion del mundo.
36 Entónces, despedidas las gentes, Jesus se vino á casa; y llegándose á él sus discípulos, le dijeron: Decláranos la parábola de la zizaña del campo.
37 Y respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena simiente es el Hijo del hombre;
38 Y el campo es el mundo; y la buena simiente son los hijos del reino, y la zizaña son los hijos del malo:
39 Y el enemigo que la sembró, es el diablo; y la siega es el fin del mundo; y los segadores son los ángeles.
40 De manera que como es cogida la zizaña, y quemada al fuego, así será en el fin de este siglo.
41 Enviará el Hijo del hombre sus ángeles, y cogerán de su reino todos los escándalos, y los que hacen iniquidad,
42 Y los echarán en el horno de fuego: allí será el lloro, y el crujir de dientes.
43 Entónces los justos resplandecerán, como el sol, en el reino de su Padre: el que tiene oidos para oir, oiga.
44 Ademas, el reino de los cielos es semejante al tesoro escondido en el campo, el cual hallado, el hombre [lo] encubre, y de gozo de ello va, y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.
45 Tambien el reino de los cielos es semejante al hombre tratante, que busca buenas perlas;
46 Que hallando una preciosa perla fué, y vendió todo lo que tenia, y la compró.
47 Asimismo el reino de los cielos es semejante á la red, que echada en la mar, coge de todas suertes [de peces:]
48 La cual estando llena, la sacaron á la orilla; y sentados, cogieron lo bueno en vasos, y lo malo echaron fuera.
49 Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán á los malos de entre los justos,
50 Y los echarán en el horno del fuego: allí será el lloro, y el crujir de dientes.
51 Y Jesus les dice: ¿Habeis entendido todas estas cosas? Ellos le responden: Sí, Señor.
52 Y él les dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos, es semejante á un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.
53 Y aconteció [que] acabando Jesus estas parábolas, pasó de allí.
54 Y venido á su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que ellos estaban atónitos, y decian: ¿De dónde tiene este esta sabiduría, y [estas] maravillas?
55 ¿No es este el hijo del carpintero? ¿no se llama su madre María; y sus hermanos, Jacobo, y José, y Simon, y Judas?
56 ¿Y no están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde pues tiene este todas estas cosas?
57 Y se escandalizaban en él. Mas Jesus les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su tierra, y en su casa.
58 Y no hizo allí muchas maravillas, á causa de la incredulidad de ellos.
CAPITULO 14.
1 EN aquel tiempo Heródes el tetrarca oyó la fama de Jesus,
2 Y dijo á sus criados: Este es Juan el Bautista: él ha resucitado de los muertos, y por eso virtudes obran en él.
3 Porque Heródes habia prendido á Juan, y le habia aprisionado, y puesto en la cárcel, por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano.
4 porque Juan le decia: No te es lícito tenerla.
5 Y queria matarle, mas temia al pueblo; porque le tenian como á profeta.
6 Mas celebrándose el dia del nacimiento de Heródes, la hija de Herodías danzó en medio y agradó á Heródes.
7 Y prometió él con juramento de darle todo lo que pidiese.
8 Y ella, instruida primero de su madre, dijo: Dáme aquí en un plato la cabeza de Juan el Bautista.
9 Entónces el rey se entristeció: mas por el juramento, y por los que estaban juntamente á la mesa, mandó que se [le] diese.
10 Y enviando degolló á Juan en la cárcel.
11 Y fué traida su cabeza en un plato, y dada á la muchacha; y ella [la] presentó á su madre.
12 Entónces llegaron sus discípulos, y tomaron el cuerpo, y lo enterraron; y fueron, y dieron las nuevas á Jesus.
13 Y oyéndo[lo] Jesus, se apartó de allí en un barco á un lugar desierto apartado: y cuando las gentes [lo] oyeron, le siguieron á pié de las ciudades.
14 Y saliendo Jesus, vió un gran gentío, y tuvo compasion de ellos, y sanó los que de ellos habia enfermos.
15 Y cuando fué la tarde del dia, se llegaron á él sus discípulos, diciendo: El lugar es desierto, y el tiempo es ya pasado: despide las gentes, para que se vayan por las aldéas, y compren para sí de comer.
16 Y Jesus les dijo: No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer.
17 Y ellos dijeron: No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces.
18 Y el les dijo: Traédmelos acá.
19 Y mandando á las gentes recostarse sobre la yerba, y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando los ojos al cielo, bendijo; y partió y dió los panes á los discípulos, y los discípulos á las gentes.
20 Y comieron todos, y se hartaron: y alzaron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas.
21 Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin las mujeres y los niños.
22 Y luego Jesus hizo á sus discípulos entrar en el barco, é ir delante de él á la otra parte [del lago,] entre tanto que él despedia las gentes.
23 Y despedidas las gentes, subió al monte, apartado, á orar: y como fué la tarde del dia, estaba allí solo.
24 Y ya el barco estaba en medio de la mar, atormentado de las ondas; porque el viento era contrario.
25 Mas á la cuarta vela de la noche Jesus fué á ellos andando sobre la mar.
26 Y los discípulos, viéndole andar sobre la mar, se turbaron, diciendo: [Alguna] fantasma es. Y dieron voces de miedo.
27 Mas luego Jesus les habló, diciendo: Confiad: yo soy; no tengais miedo.
28 Entónces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si tu eres, manda que yo vaya á tí sobre las aguas.
29 Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro del barco, andaba sobre las aguas para ir á Jesus.
30 Mas viendo el viento fuerte, tuvo miedo; y comenzándose á hundir, dió voces, diciendo: Señor, sálvame.
31 Y luego Jesus extendiendo la mano, trabó de él, y le dice: Oh [hombre] de poca fé, ¿por qué dudaste?
32 Y como ellos entraron en el barco, sosegóse el viento.
33 Entónces los que [estaban] en el barco vinieron, y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios.
34 Y llegando á la otra parte, vinieron á la tierra de Genezaret.
35 Y como le conocieron los hombres de aquel lugar, enviaron por toda aquella tierra alrededor, y trajeron á él todos los enfermos:
36 Y le rogaban que solamente tocasen el borde de su manto; y todos los que tocaron, quedaron sanos.
CAPITULO 15.
Entónces llegaron á Jesus ciertos escribas y Fariséos de Jerusalem, diciendo:
2 ¿Por que tus discípulos traspasan la tradicion de los ancianos? porque no se lavan las manos cuando comen pan.
3 Y él respondiendo, les dijo: ¿Por qué tambien vosotros traspasais el mandamiento de Dios por vuestra tradicion?
4 Porque Dios mandó, diciendo: Honra al padre y á la madre: y, El que maldijere al padre ó á la madre, muera de muerte.
5 Mas vosotros decís: Cualquiera que dirá al padre ó á la madre: [Es ya] ofrenda mia [á Dios] todo aquello con que pudiera valerte,
6 No deberá honrar á su padre ó á su madre [con socorro.] Así habeis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradicion.
7 Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, diciendo:
8 Este pueblo de labios me honra; mas su corazon lejos está de mí.
9 Mas en vano me honran, enseñando doctrinas [y] mandamientos de hombres.
10 Y llamando á sí las gentes, les dijo: Oid, y entended.
11 No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre.
12 Entónces llegándose sus discípulos le dijeron: ¿Sabes que los Fariséos oyendo esta palabra se ofendieron?
13 Mas respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial será desarraigada.
14 Dejadlos: son ciegos guias de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo.
15 Y respondiendo Pedro, le dijo: Decláranos esta parábola.
16 Y Jesus dijo: ¿Aun tambien vosotros sois sin entendimiento?
17 ¿No entendeis aun, que todo lo que entra en la boca, va al vientre, y es echado en la letrina?
18 Mas lo que sale de la boca del corazon sale, y esto contamina al hombre
19 Porque del corazon salen los malos pensamientos, muertes, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias.
20 Estas cosas son las que contaminan al hombre: que comer con las manos por lavar no contamina al hombre.
21 Y saliendo Jesus de allí, se fué á las partes de Tiro y de Sidon.
22 Y hé aquí una mujer Chananéa, que habia salido de aquellos términos, clamaba diciéndole: Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí; mi hija es malamente atormentada del demonio.
23 Mas él no le respondió palabra. Entónces llegándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despáchala, pues da voces tras nosotros.
24 Y él respondiendo, dijo: No soy enviado sino á las ovejas perdidas de la casa de Israel.
25 Entónces ella vino, y le adoró, diciendo: Señor, socórreme.
26 Y respondiendo él, dijo: No es bien tomar el pan de los hijos, y echarlo á los perrillos.
27 Y ella dijo: Sí, Señor: mas los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus señores.
28 Entónces respondiendo Jesus dijo: Oh mujer, grande [es] tu fé: sea hecho contigo como quieres. Y fué sana su hija desde aquella hora.
29 Y partido Jesus de allí, vino junto al mar de Galiléa; y subiendo al monte, se sentó allí.
30 Y llegaron á él muchas gentes, que tenian consigo cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos [enfermos;] y los echaron á los piés de Jesus, y los sanó:
31 De manera que se maravillaban las gentes, viendo hablar los mudos, los mancos sanos, andar los cojos, y ver los ciegos: y glorificaron al Dios de Israel.
32 Y Jesus llamando á sus discípulos, dijo: Tengo lastima de la gente, que ya [hace] tres dias [que] perseveran conmigo, y no tienen qué comer: y enviarlos ayunos no quiero; porque no desmayen en el camino.
33 Entónces sus discípulos le dicen: ¿Dónde tenemos nosotros tantos panes en el desierto, que hartemos tan gran compañía?
34 Y Jesus les dice: ¿Cuántos panes teneis? Y ellos dijeron: Siete, y unos pocos pececillos.
35 Y mandó á las gentes que se recostasen sobre la tierra.
36 Y tomando los siete panes y los peces, haciendo gracias, partió, y dió á sus discípulos, y los discípulos á la gente.
37 Y comieron todos, y se hartaron: y alzaron lo que sobró de los pedazos, siete espuertas llenas.
38 Y eran los que habian comido cuatro mil hombres, sin las mujeres y los niños.
39 Entónces despedidas las gentes, subió en el barco, y vino á los términos de Magdalá.
CAPITULO 16.
1 Y LLEGÁNDOSE los Fariséos y los Saducéos, para tentar[le,] le pedian que les mostrase señal del cielo.
2 Mas él respondiendo, les dijo: Cuando es la tarde del dia, decís: Sereno; porque el cielo tiene arreboles:
3 Y á la mañana: Hoy tempestad; porque tiene arreboles el cielo triste. Hipócritas, que sabeis hacer diferencia en la faz del cielo; ¿y en las señales de los tiempos no podeis?
4 La generacion mala y adulterina demanda señal, mas señal no le será dada sino la señal de Jonás profeta. Y dejándolos, se fué.
5 Y viniendo sus discípulos de la otra parte [del lago,] se habian olvidado de tomar pan.
6 Y Jesus les dijo: Mirad, y guardáos de la levadura de los Fariséos, y de los Saducéos.
7 Y ellos pensaban dentro de sí, diciendo: [Esto dice] porque no tomamos pan.
8 Y entendiéndo[lo] Jesus, les dijo: ¿Por qué pensais dentro de vosotros, [hombres] de poca fe, que no tomasteis pan?
9 ¿No entendeis aun, ni os acordais de los cinco panes [entre] cinco mil [hombres,] y cuántos cestos alzásteis?
10 ¿Ni de los siete panes [entre] cuatro mil, y cuántas espuertas tomásteis?
11 ¿Cómo [es que] no entendeis que no por el pan os dije, que os guardaseis de la levadura de los Fariséos y de los Saducéos?
12 Entónces entendieron que no les habia dicho que se guardasen de la levadura de pan, sino de la doctrina de los Fariséos y de los Saducéos.
13 Y viniendo Jesus á las partes de Cesaréa de Filipo, preguntó á sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?
14 Y ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros, Jeremías, ó alguno de los profetas.
15 El les dice: Y vosotros, ¿quién decís que soy?
16 Y respondiendo Simon Pedro, dijo: Tu eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
17 Entónces respondiendo Jesus, le dijo: Bienaventurado eres, Simon, hijo de Jonás: porque no te [lo] reveló carne ni sangre; mas mi Padre que [está] en los cielos.
18 Mas yo tambien te digo, que tú eres Pedro; y sobre esta piedra edificaré mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.
19 Y á tí daré las llaves del reino de los cielos: y todo lo que ligares en la tierra, será ligado en los cielos: y todo lo que desatares en la tierra, será desatado en los cielos.
20 Entónces mandó á sus discípulos que á nadie dijesen que él era Jesus el Cristo.
21 Desde aquel tiempo comenzó Jesus á declarar á sus discípulos, que le convenia ir á Jerusalem, y padecer mucho de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercero dia.
22 Y Pedro, tomándole aparte, comenzó á reprenderle, diciendo: Señor, ten compasion de tí: en ninguna manera esto te acontezca.
23 Entónces él volviéndose, dijo á Pedro: Quítate de delante de mí, Satanás; me eres escándalo; porque no entiendes lo que [es] de Dios, sino lo que [es] de los hombres.
24 Entónces Jesus dijo á sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz, y sígame.
25 Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá; y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, la hallará.
26 Porque ¿de qué aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y perdiere su alma? O, ¿qué recompensa dará el hombre por su alma?
27 Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entónces pagará á cada uno conforme á sus obras.
28 De cierto os digo, [que] hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto el Hijo del hombre viniendo en su reino.
CAPITULO 17.
1 DESPUES de seis dias Jesus toma á Pedro, y á Jacobo, y á Juan su hermano, y los lleva aparte á un monte alto.
2 Y se transfiguró delante de ellos: y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos fueron blancos como la luz.
3 Y hé aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.
4 Y respondiendo Pedro, dijo á Jesus: Señor, bien es que nos quedemos aquí: si quieres, hagamos aquí tres pabellones; para tí uno, y para Moisés otro, y otro para Elías.
5 Y estando aun él hablando, hé aquí una nube de luz [que] los cubrió: y hé aquí una voz de la nube, que dijo: Este es mi Hijo amado, en el cual tomo contentamiento; á el oid.
6 Y oyendo [esto] los discípulos, cayeron sobre sus rostros, y temieron en gran manera.
7 Entónces, Jesus llegando, les tocó, y dijo: Levantáos, y no temais.
8 Y alzando ellos sus ojos, á nadie vieron, sino á solo Jesus.
9 Y como descendieron del monte, les mandó Jesus, diciendo: No digais á nadie la vision, hasta que el Hijo del hombre resucite de los muertos.
10 Entónces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué dicen pues los escribas, que es menester que Elías venga primero?
11 Y respondiendo Jesus, les dijo: A la verdad, Elías vendrá primero; y restituirá todas las cosas.
12 Mas os digo, que ya vino Elías, y no le conocieron; ántes hicieron en él todo lo que quisieron: así tambien el Hijo del hombre padecerá de ellos.
13 Los discípulos entónces entendieron, que les habló de Juan Bautista.
14 Y como ellos llegaron al gentío vino á él un hombre hincándosele de rodillas;
15 Y diciendo: Señor, ten misericordia de mi hijo; que es lunático, y padece malamente: porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua.
16 Y le he presentado á tus discípulos, y no le han podido sanar.
17 Y respondiendo Jesus, dijo: ¡Oh generacion infiel y torcida! ¿hasta cuando tengo de estar con vosotros? ¿hasta cuándo os tengo de sufrir? traedmele acá.
18 Y Jesus le reprendió, y salió el demonio de él, y el mozo fué sano desde aquella hora.
19 Entónces llegándose los discípulos á Jesus aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no le pudimos echar fuera?
20 Y Jesus les dijo: Por vuestra incredulidad: porque de cierto os digo, que si tuviereis fé, como un grano de mostaza, diréis á este monte: Pásate de aquí allá: y se pasará; y nada os será imposible.
21 Mas este linaje [de demonios] no sale sino por oracion y ayuno.
22 Y estando ellos en Galiléa, Jesus les dijo: El Hijo del hombre será entregado en manos de hombres:
23 Y le matarán, mas al tercer dia resucitará. Y ellos se entristecieron en gran manera.
24 Y como llegaron á Capernaum, vinieron á Pedro los que cobraban las dos dracmas, y dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?
25 El dice: Sí. Y entrado él en casa Jesus le habló ántes, diciendo: ¿Qué te parece, Simon? Los reyes de la tierra ¿de quién cobran los tributos, ó el censo? ¿de sus hijos, ó de los extraños?
26 Pedro le dice: De los extraños. Jesus le dijo: Luego los hijos son francos.
27 Mas porque no los escandalicemos vé á la mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que viniere, tómalo, y abierta su boca hallarás un estatero: tómalo, y dáselo por mí, y por tí.
CAPITULO 18.
1 EN aquel tiempo se llegaron los discípulos á Jesus, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?
2 Y llamando Jesus un niño, le puso en medio de ellos,
3 Y dijo: De cierto os digo, que si no os volviereis, y fuereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.
4 Así que cualquiera que se humillare como este niño, este es el mayor en el reino de los cielos.
5 Y cualquiera que recibiere á un tal niño en mi nombre, á mí recibe.
6 Y cualquiera que escandalizare á alguno de estos pequeños, que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno y que se le anegase en el profundo de la mar.
7 ¡Ay del mundo por los escándalos! porque necesario es que vengan escándalos mas ¡ay de aquel hombre, por el cual viene el escándalo!
8 Por tanto, si tu mano ó tu pié te fuere ocasion de caer, córtalos y écha[los] de tí: mejor te es entrar cojo ó manco en la vida, que teniendo dos manos ó dos piés ser echado en el fuego eterno.
9 Y si tu ojo te fuere ocasion de caer, sácalo y écha[lo] de tí: mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno del fuego.
10 Mirad no tengais en poco á alguno de estos pequeños: porque os digo, que sus ángeles en los cielos ven siempre la faz de mi Padre, que está en los cielos.
11 Porque el Hijo del hombre ha venido para salvar lo que se habia perdido.