Reina Valera New Testament of the Bible 1862
Part 23
CAPITULO 23.
1 ENTÓNCES Pablo, poniendo los ojos en el concilio, dice: Varones hermanos, yo con toda buena conciencia he conversado delante de Dios hasta el dia de hoy.
2 El príncipe de los sacerdotes, Ananías, mandó entónces á los que estaban delante de él que le hiriesen en la boca.
3 Entónces Pablo le dijo: Herirte ha Dios, pared blanqueada: ¿y estás tú sentado para juzgarme conforme á la ley, y contra la ley me mandas herir?
4 Y los que estaban presentes dijeron: ¿Al sumo sacerdote de Dios maldices?
5 Y Pablo dijo: No sabia, hermanos, que era el sumo sacerdote; que escrito está: Al príncipe de tu pueblo no maldecirás.
6 Entónces Pablo, sabiendo que la una parte era de Saducéos, y la otra de Fariséos, clamó en el concilio: Varones hermanos, yo Fariséo soy, hijo de Fariséo: de la esperanza y de la resurreccion de los muertos soy yo juzgado.
7 Y como hubo dicho esto, fué hecha disension entre los Fariséos y los Saducéos; y la multitud fué dividida.
8 (Porque los Saducéos dicen que no hay resurreccion, ni ángel, ni espíritu; mas los Fariséos confiesan ambas cosas.)
9 Y levantóse un gran clamor: y levantándose los escribas de la parte de los Fariséos, contendian diciendo: Ningun mal hallamos en este hombre; que si espíritu le ha hablado, ó ángel, no resistamos á Dios.
10 Y habiendo grande disension, el tribuno teniendo temor que Pablo no fuese despedazado de ellos, mandó venir [la compañía de] soldados, y arrebatarle de en medio de ellos, y llevarle á la fortaleza.
11 Y la noche siguiente, presentándosele el Señor, le dijo: Confia, Pablo; que como has testificado de mí en Jerusalem, así es menester testifiques tambien en Roma.
12 Y venido el dia, algunos de los Judíos se juntaron, y prometieron bajo de maldicion, diciendo que ni comerian ni beberian hasta que hubiesen muerto á Pablo.
13 Y eran más de cuarenta los que habian hecho esta conjuracion;
14 Los cuales se fueron á los príncipes de los sacerdotes y los ancianos, y dijeron: Nosotros hemos hecho voto debajo de maldicion, que no hemos de gustar nada hasta que hayamos muerto á Pablo.
15 Ahora pues vosotros con el concilio requerid al tribuno que le saque mañana á vosotros, como que quereis entender de él alguna cosa mas cierta, y nosotros, ántes que él llegue, estarémos aparejados para matarle.
16 Entónces un hijo de la hermana de Pablo, oyendo las asechanzas, fué y entró en la fortaleza, y dió aviso á Pablo.
17 Y Pablo llamando á uno de los centuriones, dice: Lleva á este mancebo al tribuno; porque tiene cierto aviso que darle.
18 El entónces tomándole, le llevó al tribuno, y dijo: El preso Pablo llamándome, me rogó que trajese á tí este mancebo, que tiene algo que hablarte.
19 Y el tribuno tomándole de la mano, y retirándose aparte, [le] preguntó: ¿Qué es lo que tienes que decirme?
20 Y él dijo: Los Judíos han concertado rogarte que mañana saques á Pablo al concilio, como que han de inquirir de él alguna cosa más cierta.
21 Mas tú no los creas; porque más de cuarenta hombres de ellos le asechan, los cuales han hecho voto, debajo de maldicion, de no comer ni beber hasta que le hayan muerto; y ahora están apercibidos esperando tu promesa.
22 Entónces el tribuno despidió al mancebo, mandándo[le] que á nadie dijese que le habia dado aviso de esto.
23 Y llamados dos centuriones, [les] mandó que apercibiesen para la hora tercia de la noche doscientos soldados, que fuesen hasta Cesaréa, y setenta de á caballo, y doscientos lanceros;
24 Y que aparejasen cabalgaduras en que poniendo á Pablo, le llevasen en salvo á Felix el presidente.
25 Y escribió una carta en estos términos:
26 Claudio Lisias al excelentísimo gobernador Felix, Salud.
27 A este hombre, aprehendido de los Judíos, y que iban ellos á matar, libré yo acudiendo con la tropa, habiendo entendido que era Romano.
28 Y queriendo saber la causa por qué le acusaban, le llevé al concilio de ellos.
29 Y hallé que le acusaban de [algunas] cuestiones de la ley de ellos, y que ningun crimen tenia digno de muerte, ó de prision.
30 Mas siéndome dado aviso de asechanzas que le habian aparejado los Judíos, luego al punto [le] he enviado á tí, é intimé tambien á los acusadores que traten delante de tí lo que [tienen] contra él. Pásalo bien.
31 Y los soldados, tomando á Pablo, como les era mandado, lleváronle de noche á Antipatris.
32 Y al dia siguiente dejando á los de á caballo que fuesen con él, se volvieron á la fortaleza.
33 Y como llegaron á Cesaréa, y dieron la carta al gobernador, presentaron tambien á Pablo delante de él.
34 Y el gobernador leida la carta, preguntó de qué provincia era; y entendiendo que de Cilicia,
35 Te oiré, dijo, cuando vinieren tambien tus acusadores. Y mandó que le guardasen en el Pretorio de Heródes.
CAPITULO 24.
1 Y CINCO dias despues descendió el sumo sacerdote, Ananías, con algunos de los ancianos, y un cierto Tértulo, orador; y parecieron delante del gobernador contra Pablo.
2 Y citado que fué, Tértulo comenzó á acusar diciendo: Como por causa tuya vivamos en grande paz, y muchas cosas sean bien gobernadas en el pueblo por tu prudencia,
3 Siempre y en todo lugar [lo] recibimos con todo hacimiento de gracias, oh excelente Felix.
4 Empero por no impedirte más largamente, ruégote que nos oigas brevemente conforme á tu equidad.
5 Porque hemos hallado que este hombre [es] pestilencial, y levantador de sediciones entre todos los Judíos por todo el mundo, y príncipe de la secta de los Nazarenos.
6 El cual tambien tentó á violar el templo; y prendiéndole le quisimos juzgar conforme á nuestra ley.
7 Mas interviniendo el tribuno Lisias con grande violencia [le] quitó de nuestras manos,
8 Mandando á sus acusadores que viniesen á tí: del cual, tú mismo juzgando, podrás entender todas estas cosas de que le acusamos.
9 Y contendian tambien los Judíos diciendo ser así estas cosas.
10 Entónces Pablo, haciéndole el gobernador señal que hablase, respondió: Porque sé que muchos años ha que eres gobernador de esta nacion, con buen ánimo satisfaré por mi:
11 Que tú puedes entender que no ha más de doce dias que subí á adorar á Jerusalem.
12 Y ni me hallaron en el templo disputando con ninguno, ni haciendo concurso de multitud, ni en sinagogas, ni en la ciudad;
13 Ni te pueden probar las cosas de que ahora me acusan.
14 Esto empero te confieso, que conforme á aquel camino que llaman herejía, así sirvo al Dios de mis padres, creyendo todas las cosas que en la ley y en los profetas están escritas;
15 Teniendo esperanza en Dios que ha de haber resurreccion de los muertos, así de justos como injustos, la cual tambien ellos esperan.
16 Y por esto procuro yo tener siempre conciencia sin remordimiento acerca de Dios y acerca de los hombres.
17 Mas pasados muchos años, vine á hacer limosnas á mi nacion, y ofrendas,
18 Cuando me hallaron purificado en el templo, (no con multitud ni con alboroto,) unos Judíos de Asia;
19 Los cuales debieran comparecer delante de tí, y acusar[me,] si contra mí tenian algo.
20 O digan estos mismos si hallaron en mí alguna cosa mal hecha, cuando yo estuve en el concilio,
21 Sino sea que, estando entre ellos, prorrumpí en alta voz: Acerca de la resurreccion de los muertos soy hay juzgado de vosotros.
22 Entónces Felix, oidas estas cosas estando bien informado de esta secta les puso dilacion, diciendo: Cuando descendiere el tribuno Lisias, acabaré de conocer de vuestro negocio.
23 Y mandó al centurion que Pablo fuese guardado, y aliviado [de las prisiones,] y que no vedase á ninguno de sus familiares servirle, ó venir á él.
24 Y algunos^ dias despues, viniendo Felix con Drusila su mujer, la cual era Judía, llamó á Pablo, y oyó de él la fé que es en Jesu-Cristo.
25 Y disertando él de la justicia, y de la continencia, y del juicio venidero, espantado Felix, respondió: Ahora véte; mas en teniendo oportunidad te llamaré:
26 Esperando tambien con esto, que de parte de Pablo le serian dados dineros, porque le soltase; por lo cual haciéndole venir muchas veces, hablaba con él.
27 Mas al cabo de dos años recibió Félix por sucesor á Porcio Festo; y queriendo Felix ganar la gracia de los Judíos, dejó preso á Pablo.
CAPITULO 25.
1 FESTO pues, entrado en la provincia, tres dias despues subió de Cesaréa á Jerusalem.
2 Y vinieron á él los príncipes de los sacerdotes y los principales de los Judíos contra Pablo; y le rogaron,
3 Pidiendo gracia contra él, que le hiciese traer á Jerusalem, poniendo [ellos] asechanzas para matarle en el camino.
4 Mas Festo respondió que Pablo estaba guardado en Cesaréa, y que el mismo partiria presto.
5 Los que de vosotros pueden, dijo, desciendan juntamente; y si hay algun crimen en este varon, acúsenle.
6 Y deteniéndose entre ellos no más de ocho ó diez dias, venido á Cesaréa, el siguiente dia se sentó en el tribunal, y mandó que Pablo fuese traido.
7 El cual venido, le rodearon los Judíos que habian venido de Jerusalem, poniendo contra Pablo muchas y graves acusaciones, las cuales no podian probar,
8 Alegando él por su parte: Ni contra la ley de los Judíos, ni contra el templo, ni contra César he pecado en algo.
9 Mas Festo, queriendo congraciarse con los Judíos, respondiendo á Pablo dijo: ¿Quieres subir á Jerusalem, y allá ser juzgado de estas cosas delante de mí?
10 Y Pablo dijo: Ante el tribunal de César estoy, donde conviene que sea juzgado. A los Judíos no he hecho injuria ninguna, como tú sabes muy bien.
11 Porque si alguna injuria, ó cosa alguna digna de muerte he hecho, no rehuso morir; mas si nada hay de las cosas de que estos me acusan, nadie puede darme á ellos: á César apelo.
12 Entónces Festo, habiendo hablado con el consejo, respondió: ¿A César has apelado? á César irás.
13 Y pasados algunos dias, el rey Agripa y Bernice vinieron á Cesaréa á saludar á Festo.
14 Y como estuvieron allí muchos dias, Festo declaró la causa de Pablo al rey, diciendo: Un hombre ha sido dejado preso por Felix,
15 Sobre el cual, cuando fuí á Jerusalem vinieron [á mí] los príncipes de los sacerdotes y los ancianos de los Judíos pidiendo condenacion contra él:
16 A los cuales respondí no ser costumbre de los Romanos dar alguno á la muerte, ántes que el que es acusado tenga presentes [sus] acusadores, y haya lugar de defenderse de la acusacion.
17 Así que habiendo venido juntos acá, sin ninguna dilacion al dia siguiente, sentado en el tribunal, mandé traer al hombre;
18 Y estando presentes los acusadores, ningun cargo produjeron de los que yo sospechaba:
19 Solamente tenian contra el ciertas cuestiones acerca de su supersticion, y de un cierto Jesus difunto, el cual Pablo afirmaba que estaba vivo.
20 Y yo, dudando en cuestion semejante, dije si queria ir á Jerusalem, y allá ser juzgado de estas cosas.
21 Mas apelando Pablo á ser guardado al conocimiento de Augusto, mandé que le guardasen, hasta que le envie á César.
22 Entónces Agripa dijo á Festo: Yo tambien quisiera oir á [ese] hombre. Y él dijo: Mañana le oirás.
23 Y al otro dia, viniendo Agripa y Bernice con mucho aparato, y entrado en la audiencia con los tribunos y principales hombres de la ciudad, por mandado de Festo fué traido Pablo.
24 Entónces Festo dijo: Rey Agripa, y todos los varones que estais aquí juntos con nosotros, veis á este, por el cual toda la multitud de los Judíos me ha demandado en Jerusalem, y aquí, dando voces que no conviene que viva más.
25 Mas yo, hallando que ninguna cosa digna de muerte ha hecho, y él mismo apelando á Augusto, he determinado enviarle:
26 Del cual no tengo cosa cierta que escriba al señor; por lo que le he sacado á vosotros, y mayormente á tí, oh rey Agripa, para que hecha informacion, tenga [yo] que escribir.
27 Porque fuera de razon me parece enviar un preso, y no informar de las causas.
CAPITULO 26.
1 ENTONCES Agripa dijo á Pablo: Se te permite hablar por tí mismo. Pablo entónces, extendiendo la mano, comenzó á responder por sí, [diciendo:]
2 Acerca de todas las cosas de que soy acusado por los Judíos, oh rey Agripa, me tengo por dichoso de que haya hay de defenderme delante de tí,
3 Mayormente sabiendo tú todas las costumbres y cuestiones que hay entre los Judíos; por lo cual te ruego que me oigas con paciencia.
4 Mi vida pues, desde la mocedad, la cual desde el principio fué en mi nacion en Jerusalem, todos los Judíos la saben;
5 los cuales tienen ya conocido, que yo desde el principio, si quieren testificarlo, conforme á la más perfecta secta de nuestra religion he vivido Fariséo.
6 Y ahora por la esperanza de la promesa que hizo Dios á nuestros padres soy llamado en juicio.
7 A la cual [promesa] nuestras doce tribus, sirviendo constantemente de dia y de noche, esperan que han de llegar. Por la cual esperanza, oh rey Agripa, soy acusado de los Judíos;
8 ¡Qué! ¿Júzgase cosa increible entre vosotros que Dios resucite los muertos?
9 Yo ciertamente habia pensado deber hacer muchas cosas contra el nombre de Jesus de Nazaret:
10 Lo cual tambien hice en Jerusalem; y yo encerré en cárceles á muchos de los santos, recibida potestad de los príncipes de los sacerdotes, y cuando eran matados, yo dí mi voto.
11 Y muchas veces, castigándoles por todas las sinagogas, [les] forcé á blasfemar; y enfurecido sobre manera contra ellos, [los] perseguí hasta en las ciudades extrañas.
12 En lo cual [ocupado,] yendo á Damasco con potestad y comision de los príncipes de los sacerdotes,
13 En mitad del dia, oh rey, ví en el camino una luz del cielo, que sobrepujaba el resplandor del sol, la cual me rodeó, y á los que iban conmigo.
14 Y habiendo caido todos nosotros en tierra, oí una voz que, me hablaba, y decia en lengua hebráica: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra los aguijones.
15 Yo entónces dije: ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo soy Jesus, á quien tú persigues.
16 Mas levántate, y pónte sobre tus piés; porque para esto te he aparecido, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que apareceré á tí;
17 Librándote del pueblo y de los Gentiles, á los cuales ahora te envio,
18 Para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas á la luz, y de la potestad de Satanás á Dios, para que reciban por la fe, que es en mí, remision de pecados, y suerte entre los santificados
19 Por lo cual, oh rey Agripa, no fuí rebelde á la vision celestial:
20 Antes anuncié primeramente á los que están en Damasco, y Jerusalem, y por toda la tierra de Judéa, y á los Gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen á Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento.
21 Por causa de esto los Judíos, tomándome en el templo, tentaron matarme.
22 Mas ayudado del auxilio de Dios, persevero hasta el dia de hoy, dando testimonio á chicos y á grandes, no diciendo nada fuera de las cosas que los profetas y Moisés dijeron que habian de venir;
23 Que Cristo habia de padecer, y [ser] el primero de la resurreccion de los muertos, para anunciar luz al pueblo y á los Gentiles.
24 Y diciendo él estas cosas en su defensa, Festo á gran voz dijo: Estás loco, Pablo; las muchas letras te vuelven loco.
25 Mas él dijo: No estoy loco, excelente Festo, sino que hablo palabras de verdad y de templanza.
26 Porque el rey sabe estas cosas, delante del cual tambien hablo confiadamente. Porque no pienso que ignora nada de esto; que no ha sido esto hecho en [algun] rincon.
27 ¿Crees, rey Agripa, á los profetas? Yo sé que crees.
28 Entónces Agripa dijo á Pablo: Por poco me persuades á ser Cristiano.
29 Y Pablo dijo: ¡^Pluguiese á Dios que por poco ó por mucho, no solamente tú, mas tambien todos los que hoy me oyen, fueseis hechos tales cual yo soy, excepto estas prisiones!
30 Y como hubo dicho estas cosas, se levantó el rey, y el presidente, y Bernice, y los que se habian sentado con ellos.
31 Y como se retiraron aparte, hablaban los unos á los otros, diciendo: Ninguna^ cosa digna ni de muerte, ni de prision, hace este hombre.
32 Y Agripa dijo á Festo: Podia este hombre ser suelto, si no hubiera apelado á César.
CAPITULO 27.
1 MAS como fué determinado que habiamos de navegar para Italia, entregaron á Pablo y á algunos otros presos á un centurion, llamado Julio, de la compañía Augusta.
2 Así que embarcándonos en una nave Adrumentina, partimos, estando con nosotros Aristarco, Macedonio de Tesalónica, para navegar junto á los lugares de Asia.
3 Y otro dia llegamos á Sidon; y Julio tratando á Pablo humanamente, permitióle que fuese á los amigos para ser de ellos asistido.
4 Y haciéndonos á la vela de allí, navegamos bajo de Cipro; porque los vientos eran contrarios.
5 Y habiendo pasado la mar de Cilicia y Pamphylia, arribamos á Mira, [ciudad] de Licia.
6 Y hallando allí el centurion una nave Alejandrina, que navegaba á Italia, nos puso en ella.
7 Y navegando muchos dias despacio, y habiendo apenas llegado delante de Gnido, no dejándonos el viento, navegamos bajo de Creta junto á Salmon.
8 Y costeándola difícilmente, llegamos á un lugar que llaman Buenos Puertos, cerca del cual estaba la ciudad de Lasea.
9 Y pasado mucho tiempo, y siendo ya peligrosa la navegacion, porque ya era pasado el ayuno. Pablo amonestaba,
10 Diciéndoles: Varones, veo que con trabajo y mucho daño, no solo de la cargazon y de la nave, mas aun de nuestras personas, habrá de ser la navegacion.
11 Mas el centurion creia más al piloto y al patron de la nave, que á lo que Pablo decia.
12 Y no habiendo puerto cómodo para invernar, muchos acordaron pasar aun de allí, por si pudiesen arribar á Fenice á invernar [allí, que es] un puerto de Creta que mira al Abrego y al Poniente.
13 Y soplando el austro, pareciéndoles que ya tenian lo que deseaban, alzando [velas] iban cerca la costa de Creta.
14 Mas no mucho despues dió en ella un viento repentino que se llama Euroclidon.
15 Y siendo arrebatada la nave, y no pudiendo resistir contra el viento, [la] dejamos, [y] éramos llevados.
16 Y habiendo corrido á sotavento de una pequeña isla que se llama Clauda, apenas pudimos ganar el esquife:
17 El cual tomado, usaban de remedios ciñendo la nave; y teniendo temor que no diesen en la Sirte, abajadas las velas eran así llevados.
18 Mas siendo atormentados de una vehemente tempestad, el siguiente dia alijaron.
19 Y al tercer dia nosotros con nuestras manos arrojamos los aparejos de la nave.
20 Y no pareciendo sol ni estrellas por muchos dias, y viniendo una tempestad no pequeña, ya era perdida toda la esperanza de nuestra salud.
21 Entónces Pablo, habiendo ya mucho que no comíamos, puesto en pié en medio de ellos, dijo: Fuera de cierto conveniente, oh varones, haberme oido, y no partir de Creta, y evitar este inconveniente y daño.
22 Mas ahora os amonesto que tengais buen ánimo; porque ninguna pérdida habrá de persona de vosotros, sino solamente de la nave.
23 Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios, del cual yo soy, y al cual sirvo,
24 Diciendo: Pablo, no temas: es menester que seas presentado delante de César; y hé aquí, Dios te ha dado á todos los que navegan contigo.
25 Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confio en Dios que será así como me ha sido dicho,
26 Si bien es menester que demos en una isla.
27 Y venida la décima cuarta noche, y siendo llevados por el [mar] Adriático, los marineros á la media noche sospecharon que estaban cerca de alguna tierra;
28 Y echando la sonda, hallaron veinte brazos; y pasando un poco mas adelante, volviendo á echar la sonda, hallaron quince brazos.
29 Y habiendo temor de dar en lugares escabrosos, echando cuatro anclas de la popa, deseaban que se hiciese de dia.
30 Entónces procurando los marineros huir de la nave, echado que hubieron el esquife á la mar, aparentando como que querian largar las anclas de proa,
31 Pablo dijo al centurion y á los soldados: Si estos no quedan en la nave, vosotros no podeis salvaros.
32 Entónces los soldados cortaron los cabos del esquife, y dejáronle perder.
33 Y hasta que comenzó á ser de dia, Pablo exhortaba á todos que comiesen, diciendo: Este es el décimo cuarto dia que esperais y permaneceis ayunos, no comiendo nada.
34 Por tanto os ruego que comais por vuestra salud: que ni aun un cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá.
35 Y habiendo dicho esto, tomando el pan, hizo gracias á Dios en presencia de todos: y partiendo, comenzó á comer.
36 Entónces todos teniendo ya mejor ánimo, comieron ellos tambien.
37 Y éramos todas las personas en la nave doscientas setenta y seis.
38 Y satisfechos de comida, aliviaban la nave, echando el grano á la mar.
39 Y como se hizo de dia, no conocian la tierra: mas veian un golfo, que tenia orilla, al cual acordaron echar, si pudiesen, la nave.
40 Cortando pues las anclas, las dejaron en la mar, largando tambien las ataduras de los gobernalles; y alzada la vela mayor al viento, íbanse á la orilla.
41 Mas dando en un lugar de dos aguas, hicieron encallar la nave; y la proa hincada, estaba sin moverse, y la popa se abria con la fuerza de la mar.
42 Entónces el acuerdo de los soldados era que matasen los presos, porque ninguno se fugase nadando.
43 Mas el centurion, queriendo salvar á Pablo, estorbó este acuerdo, y mandó que los que pudiesen nadar, se echasen los primeros, y saliesen á tierra:
44 Y los demás, parte en tablas, parte en cosas de la nave. Y así aconteció que todos se salvaron [saliendo] á tierra.
CAPITULO 28.
1 Y CUANDO escapamos, entónces supimos que la isla se llamaba Melita.
2 Y los bárbaros nos mostraron no poca humanidad; porque, encendido un fuego, nos recibieron á todos, á causa de la lluvia que venia, y del frio.
3 Entónces habiendo Pablo recogido algunos sarmientos, y puésto[los] en el fuego, una víbora huyendo del calor, le acometió á la mano.
4 Y como los bárbaros vieron la víbora colgando de su mano, decian los unos á los otros: Ciertamente este hombre es homicida, á quien, escapado de la mar, la justicia no deja vivir.
5 Mas él, sacudiendo la víbora en el fuego, ningun mal padeció.
6 Empero ellos estaban esperando cuando se habia de hinchar, ó caer muerto de repente; mas habiendo esperado mucho, y viendo que ningun mal le venia, mudados, decian que era un dios.
7 En aquellos lugares habia heredades del principal de la isla, llamado Publio, el cual nos recibió, y hospedó tres dias humanamente.
8 Y aconteció que el padre de Publio estaba en cama, enfermo de fiebres y de cámaras; al cual Pablo entró [á ver,] y despues de haber orado, le puso las manos encima, y le sanó.
9 Y esto hecho, tambien los otros que en la isla tenian enfermedades, llegaban, y eran sanados:
10 los cuales tambien nos honraron con muchos obsequios; y cuando partimos nos cargaron de las cosas necesarias.
11 Así que, pasados tres meses, navegamos en una nave Alejandrina, que habia invernado en la isla, la cual tenia por enseña á Castor y Polux.
12 Y llegados á Siracusa, estuvimos [allí] tres dias.
13 De allí costeando alrededor, vinimos á Regio; y otro dia despues soplando el austro vinimos al segundo dia á Puteolos;
14 Donde habiendo hallado hermanos, nos rogaron que quedásemos con ellos siete dias, y luego vinimos á Roma,
15 De donde, oyendo de nosotros los hermanos, nos salieron á recibir hasta la plaza de Apio, y las Tres Tabernas: á los cuales como Pablo vió, dió gracias á Dios, y tomó aliento.
16 Y como llegamos á Roma, el centurion entregó los presos al prefecto de los ejércitos: mas á Pablo fué permitido estar por sí, con un soldado que le guardase.
17 Y aconteció que tres dias despues, Pablo convocó los principales de los Judíos; á los cuales, luego que estuvieron juntos, les dijo: Yo, varones hermanos, no habiendo hecho nada contra el pueblo, ni los ritos de la patria, he sido entregado preso desde Jerusalem en manos de los Romanos;
18 Los cuales, habiéndome examinado, me querian soltar, por no haber en mí ninguna causa de muerte.
19 Mas contradiciendo los Judíos, fuí forzado á apelar á César; no que tenga de qué acusar á mi nacion.