Reina Valera New Testament of the Bible 1862
Part 19
22 Varones Israelitas, oid estas palabras: Jesus Nazareno, varon aprobado de Dios entre vosotros en maravillas y prodigios, y señales, que Dios hizo por él en medio de vosotros, como tambien vosotros sabeis,
23 A este, entregado por determinado consejo y providencia de Dios, [vosotros] prendisteis y matasteis por manos de los inicuos, crucificándole:
24 Al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte; por cuanto era imposible ser detenido de ella.
25 Porque David dice de él: Veia al Señor siempre delante de mí: porque está á mi diestra, no seré conmovido.
26 Por lo cual mi corazon se alegró, y gozóse mi lengua; y aun mi carne descansará en esperanza:
27 Que no dejarás mi alma en el infierno, ni darás á tu santo que vea corrupcion.
28 Hicísteme notorios los caminos de la vida; me henchirás de gozo con tu presencia.
29 Varones hermanos, se os puede libremente decir del patriarca David, que murió y fué sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el dia de hoy.
30 Empero siendo profeta, y sabiendo que con juramento le habia Dios jurado, que del fruto de su lomo, cuanto á la carne, levantaria al Cristo que se sentaria sobre su trono,
31 Viéndolo ántes, habló de la resurreccion de Cristo, que su alma no fué dejada en el infierno, ni su carne vió corrupcion.
32 A este Jesus resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.
33 Así que levantado por la diestra de Dios, y recibiendo del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.
34 Porque David no subió á los cielos; empero él dice: Dijo el Señor á mi Señor, Siéntate á mi diestra,
35 Hasta que ponga tus enemigos por estrado de tus piés.
36 Sepa pues ciertisimamente toda la casa de Israel, que á este Jesus, que vosotros crucificasteis,
Dios ha hecho Señor y Cristo.
37 Entónces oido [esto,] fueron compungidos de corazon, y dijeron á Pedro, y á los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿que harémos?
38 Y Pedro les dice: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesu-Cristo para perdon de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
39 Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están léjos; [para] cuantos el Señor nuestro Dios llamare.
40 Y con otras muchas palabras testificaba y exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generacion.
41 Así que los que recibieron su palabra, fueron bautizados: y fueron añadidas [á la iglesia] aquel dia como tres mil personas.
42 Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, y en la comunion, y en el partimiento del pan, y en las oraciones.
43 Y toda persona tenia temor; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles.
44 Y todos los que creian estaban juntos; y tenian todas las cosas comunes.
45 Y vendian las posesiones y las haciendas, y repartíanlas á todos, como cada uno habia menester.
46 Y perseverando unánimes cada dia en el templo, y partiendo el pan en las casas, comian juntos con alegria y con sencillez de corazon.
47 Alabando á Dios y teniendo gracia con todo el pueblo. Y el Señor añadia cada dia á la iglesia los que habian de ser salvos.
CAPITULO 3.
1 PEDRO y Juan subian juntos al templo á la hora de oracion, la de nona.
2 Y un hombre, que era cojo desde el vientre de su madre, era traido, al cual ponian cada dia á la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo.
3 Este como vió á Pedro y á Juan que iban á entrar en el templo, rogaba que le diesen limosna.
4 Y Pedro con Juan, fijando los ojos en él, dijo: mira á nosotros.
5 Entónces el estuvo atento á ellos, esperando recibir de ellos algo.
6 Y Pedro dijo: Ni tengo plata ni oro; mas lo que tengo te doy: En el nombre de Jesu-Cristo de Nazaret, levántate y anda.
7 Y tomándole por la mano derecha, le levantó: y luego fueron afirmados sus piés y tobillos;
8 Y saltando, se puso en pié, y anduvo, y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando á Dios.
9 Y todo el pueblo le vió andar, y alabar á Dios.
10 Y conocian que él era el que se sentaba á la limosna á la puerta del templo la Hermosa: y fueron llenos de asombro y de espanto por lo que le habia acontecido.
11 Y teniendo á Pedro y á Juan el cojo que habia sanado, todo el pueblo concurrió á ellos al pórtico que se llama de Salomon, atónitos.
12 Y viendo [esto] Pedro, respondió al pueblo: Varones Israelitas, ¿por qué os maravillais de esto? ó ¿por qué poneis los ojos en nosotros como si con nuestra virtud ó piedad hubiésemos hecho andar á este?
13 El Dios de Abraham, y de Isaac, y de Jacob, el Dios de nuestros padres ha glorificado á su Hijo Jesus; al cual vosotros entregasteis, y negasteis delante de Pilato, juzgando el que habia de ser suelto.
14 Mas vosotros al Santo y al Justo negasteis, y pedisteis que se os diese un homicida;
15 Y matasteis al Autor de la vida: al cual Dios ha resucitado de los muertos, de lo que nosotros somos testigos.
16 Y en la fé de su nombre, á este que vosotros veis y conoceis ha confirmado su nombre: y la fe que por él es, ha dado á este esta completa sanidad en presencia de todos vosotros.
17 Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habeis hecho, como tambien vuestros príncipes.
18 Empero Dios ha cumplido así lo que habia ántes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo habia de padecer.
19 Así que arrepentíos, y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; pues que vendrán los tiempos del refrigerio de la presencia del Señor.
20 Y enviará á Jesu-Cristo, que os fué ántes anunciado:
21 Al cual de cierto es menester que el cielo tenga hasta los tiempos de la restauracion de todas las cosas, que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde el siglo,
22 Porque Moisés dijo á los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de vuestros hermanos como yo; á él oiréis en todas las cosas que os hablare.
23 Y será, [que] cualquiera alma que no oyere á aquel profeta, será desarraigada del pueblo.
24 Y todos los profetas desde Samuel, y en adelante todos los que han hablado, han anunciado estos dias.
25 Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios concertó con nuestros padres, diciendo á Abraham: Y en tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra.
26 A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado á su Hijo, le envió para que os bendijese, á fin que cada uno se convierta de su maldad.
CAPITULO 4.
1 Y HABLANDO ellos al pueblo, sobrevinieron los sacerdotes, y el magistrado del templo, y los Saducéos,
2 Resentidos de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en Jesus la resurreccion de los muertos.
3 Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el dia siguiente; porque era ya tarde.
4 Mas muchos de los que habian oido la palabra creyeron; y fué el numero de los varones como cinco mil.
5 Y aconteció al dia siguiente^, que se juntaron en Jerusalem los príncipes de ellos, y los ancianos, y los escribas,
6 Y Anás, príncipe de los sacerdotes y Caifás, y Juan, y Alejandro, y todos los que eran del linaje sacerdotal:
7 Y haciéndolos presentar en medio les preguntaron: ¿Con qué potestad, ó en qué nombre habeis hecho vosotros esto,
8 Entónces Pedro, lleno de Espíritu Santo, les dijo: Príncipes del pueblo, y ancianos de Israel,
9 Pues que somos hoy demandados acerca del beneficio [hecho] á un hombre enfermo, de qué manera este haya sido sanado;
10 Sea notorio á todos vosotros, y á todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesu-Cristo de Nazaret, el que vosotros crucificasteis, y Dios le resucito de los muertos, por él [mismo] este hombre esta en vuestra presencia sano.
11 Este es la piedra reprobada de vosotros los edificadores, la cual es puesta por cabeza del ángulo.
12 Y en ningun otro hay salud; porque no hay otro nombre debajo del cielo dado á los hombres en que podamos ser salvos.
13 Entónces viendo la constancia de Pedro y de Juan, sabido que eran hombres sin letras é ignorantes, se maravillaban; y les conocian que habian estado con Jesus.
14 Y viendo al hombre que habia sido sanado, que estaba con ellos, no podian decir nada en contra.
15 Mas les mandaron que se saliesen fuera del concilio; y conferian entre sí,
16 Diciendo: Qué hemos de hacer á estos hombres? porque de cierto señal manifiesta ha sido hecha por ellos, notoria á todos los que moran en Jerusalem, y no [lo] podemos negar.
17 Todavia, porque no se divulgue más por el pueblo, amenacémosles que no hablen de aquí adelante á hombre ninguno en este nombre.
18 Y llamándolos, les intimaron que en ninguna manera hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesus.
19 Entónces Pedro y Juan, respondiendo, les dijeron: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer ántes á vosotros que á Dios:
20 Porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oido.
21 Ellos entónces los despacharon amenazándoles, no hallando ningun modo de castigarles, por causa del pueblo: porque todos glorificaban á Dios de lo que habia sido hecho.
22 Porque el hombre en quien habia sido hecho este milagro de sanidad, era de mas de cuarenta años.
23 Y sueltos [ellos,] vinieron á los suyos, y contaron todo lo que los príncipes de los sacerdotes y los ancianos les habian dicho.
24 Y ellos, habiéndolo oido, alzaron unánimes la voz á Dios, y dijeron. Señor, tú [eres] el Dios, que hiciste el cielo y la tierra, la mar, y todo lo que en ellos [hay:]
25 Que por la boca de David tu siervo dijiste: ¿Por qué han bramado las gentes, y los pueblos han pensado cosas vanas?
26 Asistieron los reyes de la tierra, y los príncipes se juntaron en uno contra el Señor, y contra su Cristo.
27 Porque verdaderamente se juntaron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesus, al cual ungiste, Heródes y Poncio Pilato, con los Gentiles y los pueblos de Israel,
28 Para hacer lo que tu mano y tu consejo habian ántes determinado que habia de ser hecho.
29 Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y da á tus siervos que con toda confianza hablen tu palabra:
30 Que extiendas tu mano á que sanidades y milagros y prodigios sean hechos por el nombre de tu santo Hijo Jesus.
31 Y como hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos de Espíritu Santo, y hablaron la palabra de Dios con confianza.
32 Y de la multitud de los que habian creido era un corazon y un alma; y ninguno decia ser suyo algo de lo que poseia, mas todas las cosas les eran comunes.
33 Y los apóstoles daban testimonio de la resurreccion del Señor Jesus con gran esfuerzo: y gran gracia era en todos ellos;
34 Que ningun necesitado habia entre ellos; porque todos los que poseian heredades ó casas, vendiéndolas, traian el precio de lo vendido,
357 Y lo ponian á los piés de los apóstoles, y era repartido á cada uno segun que habia menester.
36 Entónces José, que fué llamado de los apóstoles por sobrenombre Bernabé, (que es, interpretado, Hijo de consolacion,) Levita, [y] natural de Cipro,
37 Como tuviese una heredad, [la] vendió, y trajo el precio, y púso[lo] á los piés de los apóstoles.
CAPITULO 5.
1 MAS un varon llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una posesion,
2 Y defraudó del precio, sabiéndo[lo] tambien su mujer; y trayendo una parte, púso[la] á los piés de los apóstoles.
3 Y dijo Pedro: Ananías, ¿Por qué ha llenado Satanás tu corazon á que mintieses al Espíritu Santo, y defraudases del precio de la heredad?
4 Reteniéndola ¿no se te quedaba á tí? y vendida, ¿no estaba [el precio] en tu potestad? ¿Por qué pusiste esto en tu corazon? No has mentido á los hombres, sino á Dios.
5 Entónces Ananías, oyendo estas palabras, cayó, y espiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron.
6 Y levantándose los mancebos le tomaron; y sacándo[lo,] sepultáron[le.]
7 Y pasado espacio como de tres horas, sucedió que entró su mujer, no sabiendo lo que habia acontecido.
8 Entónces Pedro le dijo: Díme: ¿vendísteis en tanto la heredad? Y ella dijo: Sí, en tanto.
9 Y Pedro le dijo: ¿Por qué os concertásteis para tentar al Espíritu del Señor? Hé aquí á la puerta los piés de los que han sepultado á tu marido, y te sacarán [á sepultar.]
10 Y luego cayó á los piés de él, y espiró: y entrados los mancebos, la hallaron^ muerta; y [la] sacaron, y [la] sepultaron junto á su marido.
11 Y vino un gran temor en toda la iglesia y en todos los que oyeron estas cosas.
12 Y por las manos de los apóstoles eran hechos muchos milagros y prodigios en el pueblo; (y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomon:
13 Y de los otros, ninguno osaba juntarse con ellos; mas el pueblo los alababa grandemente.
14 Y los que creian en el Señor se aumentaban mas, gran número así de hombres como de mujeres:)
15 Tanto que echaban los enfermos por las calles, y [los] ponian en camas y en lechos, para que viniendo Pedro, á lo ménos su sombra tocase á alguno de ellos.
16 Y aun de las ciudades vecinas concurria multitud á Jerusalem, trayendo enfermos, y atormentados de espíritus inmundos, los cuales todos eran curados.
17 Entónces levantándose el príncipe de los sacerdotes, y todos los que estaban con él, que es la secta de los Saducéos, se llenaron de zelo,
18 Y echaron mano á los apóstoles, y pusiéronlos en la cárcel pública.
19 Mas el ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel, y sacándoles, dijo:
20 Id, y estando en el templo, hablad al pueblo todas las palabras de esta vida.
21 Y oido que hubieron [esto,] entraron de mañana en el templo, y enseñaban. Entretanto viniendo el príncipe de los sacerdotes, y los que eran con él, convocaron el concilio, y á todos los ancianos de los hijos de Israel, y enviaron á la cárcel para que fuesen traidos.
22 Mas como llegaron los ministros, y no les hallaron en la cárcel, volvieron, y dieron aviso,
23 Diciendo: Por cierto la cárcel hemos hallado cerrada con toda seguridad, y los guardas que estaban delante de las puertas, mas cuando abrimos, á nadie hallamos dentro.
24 Y cuando oyeron estas palabras el pontífice y el magistrado del templo, y los príncipes de los sacerdotes, dudaban en qué vendria á parar aquello.
25 Pero viniendo uno, dióles [esta] noticia: Hé aquí los varones que echásteis en la cárcel, están en el templo, y enseñan al pueblo.
26 Entónces fué el magistrado con los ministros, y trájoles sin violencia, porque temian del pueblo ser apedreados.
27 Y como los trajeron, [los] presentaron en el concilio; y el príncipe de los sacerdotes les preguntó,
28 Diciendo: ¿No os denunciamos estrechamente, que no enseñaseis en este nombre, y hé aquí habeis llenado á Jerusalem de vuestra doctrina, y quereis echar sobre nosotros la sangre de este hombre.
29 Y respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es menester obedecer á Dios ántes que á los hombres.
30 El Dios de nuestros padres levantó a Jesus, al cual vosotros matásteis colgándole en un madero.
31 A este ha Dios ensalzado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar á Israel arrepentimiento y remision de pecados.
32 Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y tambien el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios á los que le obedecen.
33 Ellos oyendo [esto] regañaban, y consultaban matarles.
34 Entónces levantándose en el concilio un Fariséo, llamado Gamaliel, doctor de la ley, venerable á todo el pueblo, mandó que sacasen fuera un poco á los apóstoles;
35 Y les dijo: Varones Israelitas, mirad por vosotros acerca de estos hombres en lo que habeis de hacer.
36 Porque ántes de estos dias se levantó [un] Teudas, diciendo que era alguien; al que se agregó un número de hombres, como cuatrocientos; el cual fué matado, y todos los que le creyeron fueron dispersos, y reducidos á nada.
37 Despues de este se levantó Júdas el Galiléo en los dias del empadronamiento, y llevó mucho pueblo tras sí. Pereció tambien aquel, y todos los que consintieron con el fueron derramados.
38 Y ahora os digo: Dejáos de estos hombres, y dejadles; porque si este consejo, ó esta obra es de los hombres, se desvanecerá;
39 Mas si es de Dios, no la podreis deshacer: [mirad] no seais tal vez hallados resistiendo á Dios.
40 Y convinieron con él: y llamando á los apóstoles, despues de azotados, [les] intimaron que no hablasen en el nombre de Jesus, y soltáronlos.
41 Y ellos partieron de delante del concilio, gozosos de que fuesen tenidos por dignos de padecer afrenta por el nombre de [Jesus.]
42 Y todos los dias, en el templo. y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar á Jesu-Cristo.
CAPITULO 6.
1 EN aquellos dias, creciendo el número de los discípulos, hubo murmuracion de los Griegos contra los Hebréos; de que sus viudas eran menospreciadas en el ministerio cotidiano.
2 Así que los doce convocaron la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, y sirvamos á las mesas.
3 Buscad pues, hermanos, siete varones de vosotros de buen testimonio, llenos de Espíritu Santo y de sabiduría, los cuales pongamos en esta obra.
4 Y nosotros persistirémos en la oracion y en el ministerio de la palabra.
5 Y plugo el parecer á toda la multitud; y eligieron á Esteban, varon lleno de fé y de Espíritu Santo, y á Felipe, y á Procoro, y á Nicanor y á Timon, y á Parmenas, y á Nicolás, prosélito de Antioquía.
6 A estos presentaron delante de los apóstoles, los cuales orando les pusieron las manos encima.
7 Y crecia la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba mucho en Jerusalem: tambien una gran multitud de los sacerdotes obedecia á la fé.
8 Empero Esteban, lleno de gracia y de potencia, hacia prodigios y milagros grandes en el pueblo.
9 Levantáronse entónces unos de la sinagoga que se llama de los Libertinos, y Cirenéos, y Alejandrinos, y de los de Cilicia, y de Asia, disputando con Esteban.
10 Mas no podian resistir á la sabiduría y al espíritu con que hablaba.
11 Entónces sobornaron á unos que dijesen que le habian oido hablar palabras blasfemas contra Moisés y Dios.
12 Y conmovieron al pueblo, y á los ancianos y á los escribas; y arremetiendo, le arrebataron y trajeron al concilio.
13 Y pusieron testigos falsos que dijesen: Este hombre no cesa de hablar palabras blasfemas contra este lugar santo y la ley.
14 Porque le hemos oido decir, que este Jesus de Nazaret destruirá este lugar, y mudará las ordenanzas que nos dió Moisés.
15 Entónces todos los que estaban sentados en el concilio, puestos los ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel.
CAPITULO 7.
1 EL príncipe de los sacerdotes dijo entónces: ¿Es esto así?
2 Y él dijo: Varones hermanos, y padres, oid: El Dios de la gloria apareció á nuestro padre Abraham, estando en Mesopotamia, ántes que morase en Charan,
3 Y le dijo: Sal de tu tierra, y de tu parentela, y ven á la tierra que te mostraré.
4 Entónces salió de la tierra de los Caldéos, y habitó en Charan: y de allí, muerto su padre, le traspaso á esta tierra, en la cual vosotros habitais ahora.
5 Y no le dió herencia en ella, ni aun para asentar un pié: mas le prometió que se la daria en posesion, y á su simiente despues de él, no teniendo aun hijo.
6 Y hablóle Dios así: Que su simiente seria extranjera en tierra ajena, y que los reducirian á servidumbre, y maltratarian por cuatrocientos años.
7 Mas yo juzgaré, dijo Dios, la nacion á la cual serán siervos: y despues de esto saldrán, y me servirán en este lugar.
8 Y dióle el pacto de la circuncision: y así [Abraham] engendró á Isaac, y le circuncidó al octavo dia; é Isaac á Jacob, y Jacob á los doce patriarcas.
9 Y los patriarcas, movidos de envidia, vendieron á José para Egipto; mas Dios era con él,
10 Y le libró de todas sus tribulaciones, y le dió gracia y sabiduría en la presencia de Pharaon, rey de Egipto, el cual le puso por gobernador sobre Egipto, y sobre toda su casa.
11 Vino entónces hambre en toda la tierra de Egipto, y de Chanaan, y grande tribulacion: y nuestros padres no hallaban alimentos.
12 Y como oyese Jacob que habia trigo en Egipto, envió á nuestros padres la primera vez.
13 Y en la segunda José fué conocido de sus hermanos, y fué sabido de Pharaon el linaje de José.
14 Y enviando José, hizo venir á su padre Jacob, y á toda su parentela, en [número de] setenta y cinco personas.
15 Así descendió Jacob á Egipto, donde murió él y nuestros padres;
16 Los cuales fueron trasladados á Sichem, y puestos en el sepulcro que compró Abraham á precio de dinero de los hijos de Hemor, [padre] de Sichem.
17 Mas como se acercaba el tiempo de la promesa la cual Dios prometió á Abraham, el pueblo creció y multiplicóse en Egipto,
18 Hasta que se levantó otro rey en Egipto que no conocia á José.
19 Este, usando de astucia con nuestro linaje, maltrató á nuestros padres, á fin de que pusiesen á peligro [de muerte] sus niños, para que cesase la generacion.
20 En aquel mismo tiempo nació Moisés, y fué agradable á Dios: y fué criado tres meses en casa de su padre.
21 Mas siendo puesto al peligro, la hija de Pharaon le tomó, y le crió como á hijo suyo.
22 Y fué enseñado Moisés en toda la sabiduría de los Egipcios; y era poderoso en sus dichos y hechos.
23 Y cuando hubo cumplido la edad de cuarenta años, le vino voluntad de visitar á sus hermanos los hijos de Israel.
24 Y como vió á uno que era injuriado, defendióle, é hiriendo al Egipcio, vengó al injuriado.
25 Pues él pensaba que sus hermanos entendian que Dios les habia de dar salud por su mano: mas ellos no [lo] habian entendido.
26 Y al dia siguiente riñendo ellos, se les mostró, y les metia en paz, diciendo: Varones hermanos sois, ¿por qué os injuriais los unos á los otros?
27 Entónces el que injuriaba á su prójimo, le rempujó diciendo: ¿Quién te ha puesto por príncipe y juez sobre nosotros?
28 ¿Quieres tú matarme, como mataste ayer al Egipcio?
29 A esta palabra Moisés huyó: y se hizo extranjero en tierra de Madian, donde engendró dos hijos.
30 Y cumplidos cuarenta años, un ángel le apareció en el desierto del monte Sina en fuego de llama de una zarza.
31 Entónces Moisés mirando, se maravilló de la vision; y llegandose para considerar, fué hecha á él voz del Señor:
32 Yo [soy] el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y^ el Dios de Jacob. Mas Moisés, temeroso, no osaba mirar.
33 Y le dijo el Señor: Quita los zapatos de tus piés, porque el lugar en que estás, es tierra santa.
34 He visto, he visto la afliccion de mi pueblo que está en Egipto, y he oido el gemido de ellos, y he descendido para librarlos. Ahora pues ven, te enviaré á Egipto.
35 A este Moisés, al cual habian rehusado, diciendo: ¿Quién te ha puesto por príncipe y juez? á este envió Dios por príncipe y redentor con la mano del ángel que le apareció en la zarza.
36 Este los saco, habiendo hecho prodigios y milagros en la tierra de Egipto, y en el mar Bermejo, y en el desierto por cuarenta años.
37 Este es el Moisés, el cual dijo á los hijos de Israel: Profeta os levantará el Señor Dios vuestro, de vuestros hermanos, como yo; á él oiréis.
38 Este es aquel que estuvo en la congregacion en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sina, y con nuestros padres; y recibió las palabras de vida para darnos:
39 Al cual nuestros padres no quisieron obedecer; ántes [le] desecharon, y se apartaron de corazon á Egipto,
40 Diciendo á Aaron: Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque á este Moisés, que nos sacó de tierra de Egipto, no sabemos qué le ha acontecido.
41 Y entónces hicieron un becerro, y ofrecieron sacrificios al ídolo, y en las obras de sus manos se holgaron,
42 Y Dios se apartó y los entregó que sirviesen al ejército del cielo, como está escrito en el libro de los profetas: ¿Me ofrecisteis víctimas y sacrificios en el desierto por cuarenta años, casa de Israel?
43 Antes trajísteis el tabernáculo de Moloch, y la estrella de vuestro dios Remfan, figuras que os hicísteis para adorarlas: os trasportaré pues más allá de Babilonia.
44 Tuvieron nuestros padres el tabernáculo del Testimonio en el desierto como habia [Dios] ordenado, hablando á Moisés que le hiciese segun la forma que habia visto.