# Reina Valera New Testament of the Bible 1862

## Part 18

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21 Para que todos sean una cosa: como tú, oh Padre, en mí, y yo en tí, que tambien ellos sean en nosotros una cosa: para que el mundo crea que tú me enviaste.

22 Y yo, la gloria que me diste, les he dado; para que sean una cosa, como tambien nosotros somos una cosa.

23 Yo en ellos, y tú en mí, para que sean consumadamente una cosa, que el mundo conozca que tú me enviaste, que los has amado, como tambien á mí me has amado.

24 Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, ellos estén tambien conmigo; para que vean mi gloria que me has dado: por cuanto me has amado desde ántes de la constitucion del mundo.

25 Padre justo, el mundo no te ha conocido: mas yo te he conocido, y estos han conocido que tú me enviaste.

26 Y yo les he manifestado tu nombre, y manifestaré[lo aun;] para que el amor, con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.

CAPITULO 18.

1 COMO Jesus hubo dicho estas cosas, salióse con sus discípulos tras el arroyo de Cedron, donde estaba un huerto, en el cual entró Jesus, y sus discípulos.

2 Y tambien Júdas, el que le entregaba, sabia aquel lugar, porque muchas veces Jesus se juntaba allí con sus discípulos.

3 Júdas, pues, tomando una compañía [de soldados,] y ministros de los pontífices y de los Fariséos, vino allí con linternas y antorchas, y con armas.

4 Empero Jesus, sabiendo todas las cosas que habian de venir sobre él, salió delante, y díjoles: ¿A quién buscais?

5 Respondiéronle: A Jesus Nazareno. Díceles Jesus: Yo soy. (Y estaba tambien con ellos Júdas el que le entregaba.)

6 Y como les dijo: Yo soy, volvieron atrás, y cayeron en tierra.

7 Volvióles, pues, á preguntar: ¿A quién buscais? Y ellos dijeron: A Jesus Nazareno.

8 Respondió Jesus: [Ya] os he dicho que yo soy: pues si á mí buscais, dejad ir á estos:

9 Para que se cumpliese la palabra que habia dicho: De los que me diste, ninguno de ellos perdí.

10 Entónces Simon Pedro, que tenia espada, sacóla, é hirió al siervo del pontífice, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco.

11 Jesus entónces dijo á Pedro: Mete tu espada en la vaina: el vaso que el Padre me ha dado, ¿no lo tengo de beber?

12 Entónces la compañía [de los soldados] y el tribuno, y los ministros de los Judíos, prendieron á Jesus, y le ataron.

13 Y lleváronle primeramente á Anás, porque era suegro de Caifás, el cual era pontífice de aquel año.

14 Y era Caifás el que habia dado el consejo á los Judíos: Que era necesario que un hombre muriese por el pueblo.

15 Y seguia á Jesus Simon Pedro, y otro discípulo: y aquel discípulo era conocido del pontífice, y entró con Jesus al atrio del pontífice.

16 Mas Pedro estaba fuera á la puerta: y salió aquel discípulo que era conocido del pontífice, y habló á la portera y metió dentro á Pedro.

17 Entónces la criada portera dijo á Pedro: ¿No eres tú tambien de los discípulos de este hombre? Dice él: No soy.

18 Y estaban en pié los siervos y los ministros que habian allegado las ascuas, porque hacia frio, y calentábanse; y estaba tambien con ellos Pedro en pié, calentándose.

19 Y el pontífice preguntó á Jesus [acerca] de sus discípulos, y de su doctrina.

20 Jesus le respondió: Yo manifiestamente he hablado al mundo; yo siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo, donde se juntan todos los Judíos; y nada he hablado en oculto.

21 ¿Qué me preguntas á mí? Pregunta á los que han oido, qué les haya [yo] hablado: hé aquí, esos saben lo que yo he dicho.

22 Y como él hubo dicho esto, uno de los criados que estaba allí dió una bofetada á Jesus, diciendo: ¿Así respondes al pontífice?

23 Respondióle Jesus: Si he hablado mal, da testimonio del mal: y si bien ¿por qué me hieres?

24 Y Anás le habia enviado atado á Caifás pontífice.

25 Estaba, pues, Pedro en pié calentándose; y dijéronle: ¿No eres tú de sus discípulos? El negó, y dijo: No soy.

26 Uno de los siervos del pontífice, pariente de aquel á quien Pedro habia cortado la oreja, [le] dice: ¿No te ví yo en el huerto con él?

2'7 Y negó Pedro otra vez: y luego el gallo cantó.

28 Y llevaron á Jesus de Caifás al Pretorio; y era por la mañana: y ellos no entraron en el Pretorio por no ser contaminados, sino que comiesen la Pascua.

29 Entónces salió Pilato á ellos fuera, y dijo: ¿Qué acusacion traeis contra este hombre?

30 Respondieron, y dijéronle: Si este no fuera malhechor, no te lo habríamos entregado.

31 Díceles entónces Pilato: Tomadle vosotros y juzgadle segun vuestra ley. Y los Judíos le dijeron: A nosotros no es lícito matar á nadie.

32 Para que se cumpliese el dicho de Jesus que habia dicho, dando á entender de qué muerte habia de morir.

33 Así que Pilato volvió á entrar en el Pretorio y llama á Jesus, y díjole: ¿Eres tú el Rey de los Judíos?

34 Respondióle Jesus: ¿Dices tú esto de tí mismo, ó te lo han dicho otro de mí?

35 Pilato respondió: ¿Soy yo Judío? Tu gente, y los pontífices, te han entregado á mí: ¿qué has hecho?

36 Respondió Jesus: Mi reino no es de este mundo: si de este mundo fuera mi reino, mis servidores pelearian para que [yo] no fuera entregado á los Judíos; ahora, pues, mi reino no es de aquí.

37 Díjole entónces Pilato: ¿Luego Rey eres tú? Respondió Jesus: Tu dices que yo soy Rey: yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio á la verdad. Todo aquel que es [de la parte] de la verdad, oye mi voz.

38 Dícele Pilato: ¿Qué cosa es verdad? Y como hubo dicho esto, salió otra vez á los Judíos, y díceles: Yo no hallo en él algun crimen.

39 Empero vosotros teneis costumbre, que [yo] os suelte uno en la Pascua: ¿quereis, pues, que os suelte al Rey de los Judíos?

40 Entónces todos dieron voces otra vez, diciendo: No á este, sino á Barrabas. Y Barrabas era ladron.

CAPITULO 19.

1 ASÍ que entónces tomó Pilato á Jesus, y azotó[le.]

2 Y los soldados entretejieron de espinas una corona, y pusiéron[la] sobre su cabeza, y le vistieron de una ropa de grana,

3 Y decian: ¡Salve, Rey de los Judíos! Y dábanle de bofetadas.

4 Entónces Pilato salió otra vez fuera, y díjoles: Hé aquí os le traigo fuera para que entendais que ningun crimen hallo en él.

5 Y salió Jesus fuera llevando la corona de espinas, y la ropa de grana. Y díceles [Pilato:] Hé aquí el hombre.

6 Y como le vieron los príncipes de los sacerdotes, y los servidores, dieron voces diciendo: Crucifícale, crucifícale. Díceles Pilato: Tomadle vosotros, y crucificadle, porque yo no hallo en él crimen.

7 Respondiéronle los Judíos: Nosotros tenemos ley, y segun nuestra ley debe morir, porque se hizo Hijo de Dios.

8 Y como Pilato oyó esta palabra, tuvo mas miedo;

9 Y entró otra vez en el Pretorio, y dijo á Jesus: ¿De dónde eres tú? Mas Jesus no le dió respuesta.

10 Entónces dícele Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿no sabes que tengo potestad para crucificarte, y que tengo potestad para soltarte?

11 Respondió Jesus: Ninguna potestad tendrias contra mí, si [esto] no te fuese dado de arriba: por tanto el que á tí me ha entregado, mayor pecado tiene.

12 Desde entónces procuraba Pilato soltarle; mas los Judíos daban voces, diciendo: Si á este sueltas, no eres amigo de César. Cualquiera que se hace rey, á Cesar contradice.

13 Entónces Pilato oyendo este dicho llevó fuera á Jesus, y se sentó en el tribunal, en el lugar que se dice Lithóstrotos, y en Hebréo, Gabbatha.

14 Y era la víspera de la Pascua, y como la hora de sexta; entónces dijo á los Judíos: Hé aquí vuestro Rey.

15 Mas ellos dieron voces: Quita, quita, crucifícale. Díceles Pilato: ¿A vuestro rey he de crucificar? Respondieron los pontífices: No tenemos rey sino á César.

16 Así que entónces se lo entregó para que fuese crucificado: y tomaron á Jesus, y le llevaron.

17 Y llevando su cruz, salió al lugar que se dice de la Calavera, y en Hebréo, Gólgotha;

18 Donde le crucificaron, y con él otros dos, uno á cada lado, y Jesus en medio.

19 Y escribió tambien Pilato un título, que puso encima de la cruz: y el escrito era: JESUS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS.

20 Y muchos de los Judíos leyeron este título: porque el lugar donde estaba crucificado Jesus, era cerca de la ciudad: y estaba escrito en Hebréo, en Griego y en Latin.

21 Y decian á Pilato los pontífices de los Judíos: No escribas, Rey de los Judíos; sino que él dijo: Rey soy de los Judíos.

22 Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito.

23 Y como los soldados hubieron crucificado á Jesus, tomaron sus vestidos, é hicieron cuatro partes, (para cada soldado una parte), y la túnica: mas la túnica era sin costura, toda tejida desde arriba.

24 Y dijeron entre ellos: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella de quien será. Para que se cumpliese la escritura que dice: Partieron para sí mis vestidos, y sobre mi^ vestidura echaron suertes. Y los soldados hicieron esto.

25 Y estaban junto á la cruz de Jesus su madre, y la hermana de su madre, María [mujer] de Cleofas, y María Magdalena.

26 Y como vió Jesus á la madre, y al discípulo que él amaba, que estaba presente, dice á su madre:

Mujer, hé ahí tu hijo.

27 Despues dice al discípulo: Hé ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió consigo.

28 Despues de esto, sabiendo Jesus que todas las cosas eran ya cumplidas, para que la escritura se cumpliese, dijo: Sed tengo.

29 Y estaba [allí] un vaso lleno de vinagre. Entónces ellos hinchieron una esponja de vinagre, y rodeada á un hisopo se la llegaron á la boca:

30 Y como Jesus tomó el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, dió el espíritu.

31 Entónces los Judíos, por cuanto era la víspera [de la Pascua,] para que los cuerpos no quedasen en la cruz en el Sábado, pues era el gran dia del Sábado, rogaron á Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados.

32 Y vinieron los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que habia sido crucificado con él.

33 Mas cuando vinieron á Jesus, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas:

34 Empero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y luego salió sangre y agua.

35 Y el que [lo] vió, da testimonio, y su testimonio es verdadero: y él sabe que dice verdad, para que vosotros tambien creais.

36 Porque estas cosas fueron hechas, para que se cumpliese la escritura: Hueso no quebrantaréis de él.

37 Y tambien otra escritura dice: Mirarán [á aquel] al cual traspasaron.

38 Despues de estas cosas, José de Arimatéa, el cual era discípulo de Jesus, mas secreto, por miedo de los Judíos, rogó á Pilato que pudiera quitar el cuerpo de Jesus: y permitió[selo] Pilato. Entónces vino, y quitó el cuerpo de Jesus.

39 Y vino tambien Nicodemo, el que ántes habia venido á Jesus de noche, trayendo un compuesto de mirra y de aloes, como cien libras.

40 Tomaron pues el cuerpo de Jesus, y envolviéronle en lienzos con especias, como es costumbre de los Judíos sepultar.

41 Y en aquel lugar, donde habia sido crucificado, habia un huerto, y en el huerto, un sepulcro nuevo en el cual aun no habia sido puesto alguno.

42 Allí, pues, por causa de la víspera [de la Pascua] de los Judíos, porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron á Jesus.

CAPITULO 20.

1 Y EL primer [dia] de la semana, María Magdalena vino de mañana, siendo aun oscuro, al sepulcro, y vió la piedra quitada del sepulcro.

2 Entónces corrió, y vino á Simon Pedro, y al otro discípulo, al cual amaba Jesus, y díceles: Han llevado al Señor del sepulcro, y no sabemos dónde le han puesto.

3 Y salió Pedro, y el otro discípulo, y vinieron al sepulcro.

4 Y corrian los dos juntos, mas el otro discípulo corrió más presto que Pedro, y llegó primero al sepulcro.

5 Y bajándose [á mirar,] vió los lienzos echados; mas no entró.

6 Llegó luego Simon Pedro siguiéndole, y entró en el sepulcro, y vió los lienzos echados;

7 Y el sudario que habia estado sobre su cabeza, no puesto con los lienzos, sino envuelto en un lugar aparte.

8 Y entónces entró tambien el otro discípulo, que habia venido primero al monumento, y vió, y creyó.

9 Porque aun no sabian la escritura: Que era necesario que él resucitase de los muertos.

10 Y volvieron los discípulos á los suyos.

11 Empero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y estando llorando, bajóse [á mirar] el sepulcro.

12 Y vió dos ángeles en ropas blancas que estaban sentados, el uno á la cabecera, y el otro á los piés, donde el cuerpo de Jesus habia sido puesto.

13 Y dijéronle: Mujer, ¿por qué lloras? Díceles: Porque se han llevado á mi Señor, y no se donde

le han puesto.

14 Y como hubo dicho esto, volvióse atrás, y vió á Jesus que estaba [allí;] mas no sabia que era Jesus.

15 Dícele Jesus: Mujer, ¿por qué lloras? ¿á quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, díjole: Señor, si tú le has llevado, díme dónde le has puesto, y yo lo llevaré.

16 Dícele Jesus: María. Volviéndose ella, dícele: Raboni, que quiere decir, Maestro.

17 Dícele Jesus: No me toques, porque aun no he subido á mi Padre: mas vé á mis hermanos, y díles: Subo á mi Padre, y á vuestro Padre, y á mi Dios, y á vuestro Dios.

18 Fué María Magdalena dando las nuevas á los discípulos que habia visto al Señor, y le habia dicho estas cosas.

19 Y como fué tarde aquel dia, el primero de la semana, y estando las puertas cerradas, donde los discípulos estaban juntos, por miedo de los Judíos, vino Jesus, y púsose en medio, y díjoles: Paz á vosotros.

20 Y como hubo dicho esto, mostróles las manos y el costado. Y los discípulos se gozaron viendo al Señor.

21 Entónces les dijo Jesus otra vez; Paz á vosotros: como me envió el Padre, así tambien yo os envio.

22 Y como hubo dicho esto, sopló, y díjoles: Tomad el Espíritu Santo:

23 A los que remitiereis los pecados, les son remitidos: á quienes los retuviereis, serán retenidos.

24 Empero Tomás, uno de los doce, que se dice el Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesus vino.

25 Dijéronle, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Y él les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.

26 Y ocho dias despues estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás: vino Jesus, las puertas cerradas, y púsose en medio, y dijo: Paz á vosotros.

27 Luego dice á Tomas: Mete tu dedo aquí, y ve mis manos; y alarga acá tu mano y méte[la] en mi costado: y no seas incrédulo, sino fiel.

28 Entónces Tomás respondió, y dícele: Señor mio, y Dios mio.

29 Dícele Jesus: Porque me has visto, oh Tomás, creiste: bienaventurados los que no vieron, y creyeron.

30 Y tambien hizo Jesus muchas otras señales en presencia de sus discípulos, que no están escritas en este libro.

31 Estas empero son escritas para que creais que Jesus es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que creyendo, tengais vida en su nombre.

CAPITULO 21.

1 DESPUES se manifestó Jesus otra vez á sus discípulos á la mar de Tiberias; y manifestóse de esta manera.

2 Estaban juntos Simon Pedro y Tomás, llamado el Dídimo, y Natanael, el que [era] de Caná de Galiléa, y los [hijos] de Zebedéo, y otros dos de sus discípulos.

3 Díceles Simon: A pescar voy. Dícenle: Vamos nosotros tambien contigo. Fueron, y subieron en una barca; y aquella noche no cogieron nada.

4 Y venida la mañana, Jesus se puso á la ribera: mas los discípulos no entendieron que era Jesus.

5 Y díjoles: Mozos ¿teneis algo de comer? Respondiéronle: No.

6 Y él les dice: Echad la red á la mano derecha del barco, y hallaréis. Entónces echaron, y no la podian en ninguna manera sacar, por la multitud de los peces.

7 Entónces aquel discípulo, al cual amaba Jesus, dijo á Pedro: El Señor es. Y Simon Pedro, como oyó que era el Señor, ciñóse la ropa, porque estaba desnudo, y echóse á la mar.

8 Y los otros discípulos vinieron con el barco (porque no estaban léjos de tierra sino como doscientos codos), trayendo la red de peces.

9 Y como descendieron á tierra, vieron ascuas puestas, y un pez encima de ellas, y pan.

10 Díceles Jesus: Traed de los peces que cogisteis ahora.

11 Subió Simon Pedro, y trajo la red á tierra, llena de grandes peces, ciento y cincuenta y tres: y siendo tantos, la red no se rompió.

12 Díceles Jesus: Venid, comed. Y ninguno de sus discípulos osaba preguntarle: ¿Tú, quién eres? sabiendo que era el Señor.

13 Viene pues Jesus, y toma el pan, y dáles; y asimismo del pez.

14 Esta [era] ya la tercera vez que Jesus se manifestó á sus discípulos, habiendo resucitado de los muertos.

15 Y cuando hubieron comido, Jesus dijo á Simon Pedro: Simon, [hijo] de Jonás, ¿me amas más que estos? Dícele: Si, Señor: tú sabes que te amo. Dícele: Apacienta mis corderos.

16 Vuélvele á decir la segunda vez: Simon, [hijo] de Jonás, ¿me amas? Respóndele: Sí, Señor: tú sabes que te amo. Dícele: Apacienta mis ovejas.

17 Dícele la tercera vez: Simon, [hijo] de Jonás, ¿me amas? Entristecióse Pedro de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? Y dícele: Señor, tú sabes todas las cosas; tú sabes que te amo. Dícele Jesus: Apacienta mis ovejas.

18 De cierto, de cierto te digo [que] cuando eras más mozo, te ceñías, é ibas donde querias: mas cuando ya fueres viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará adonde no quieras.

19 Y esto dijo, dando á entender con que muerte habia de glorificar á Dios. Y dicho esto, dícele: Sígueme.

20 Volviéndose Pedro, ve á aquel discípulo al cual amaba Jesus, que seguia, el que tambien se habia recostado á su pecho en la cena, y [le] habia dicho: Señor ¿quién es el que te ha de entregar?

21 Así que Pedro vió á este, dice á Jesus: Señor, ¿y este, qué?

22 Dícele Jesus: Si quiero que él quede hasta que [yo] venga, ¿qué [se te da] á tí? Sígueme tú.

23 Salió entónces este dicho entre los hermanos, que aquel discípulo no habia de morir. Mas Jesus no le dijo: No morirá; sino: Si quiero que él quede hasta que [yo] venga, ¿qué á tí?

24 Este es aquel discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas: y sabemos que su testimonio es verdadero.

25 Y hay tambien otras muchas cosas que hizo Jesus, que si se escribiesen cada una por sí, ni aun en el mundo pienso que cabrian los libros que se habrian de escribir. Amen.

LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES.

CAPITULO 1.

1 EN el primer tratado, oh Teófilo, he hablado de todas las cosas que Jesus comenzó á hacer, y á enseñar,

2 Hasta el dia en que, habiendo dado mandamientos por el Espíritu Santo á los apóstoles que escogió, fué recibido arriba:

3 A los cuales, despues de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoles por cuarenta dias, y hablándo[les] del reino de Dios.

4 Y estando juntos, les mandó que no se fuesen de Jerusalem, sino que esperasen la promesa del Padre, que oisteis, [dijo,] de mí.

5 Porque Juan á la verdad bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo no muchos dias despues de estos.

6 Entónces los que se habian juntado le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restituirás el reino á Israel en este tiempo?

7 Y les dijo: No toca á vosotros saber los tiempos ó las sazones que el Padre puso en su sola potestad:

8 Mas recibiréis la virtud del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros, y me seréis testigos en Jerusalem, y en toda Judéa, y Samaria, y hasta lo último de la tierra.

9 Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fué alzado; y una nube le recibió, [y le quitó] de sus ojos.

10 Y estando con los ojos puestos en el cielo entretanto que él iba, hé aquí dos varones se pusieron junto á ellos en vestidos blancos;

11 Los cuales tambien les dijeron: Varones Galiléos, ¿qué estais mirando al cielo? este mismo Jesus que ha sido tomado desde vosotros arriba en el cielo, así vendrá como le habeis visto ir al cielo.

12 Entónces se volvieron á Jerusalem del monte que se llama del Olivar, el cual está cerca de Jerusalem camino de un Sábado.

13 Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro, y Jacobo y Juan, y Andrés, Felipe, y Tomás, Bartolomé, y Mateo, Jacobo [hijo] de Alféo, y Simon Zelotes, y Judas [hermano] de Jacobo.

14 Todos estos perseveraban unánimes en oracion y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesus, y con sus hermanos.

15 Y en aquellos dias Pedro, levantándose en medio de los hermanos, dijo (y era la compañía junta como de ciento y veinte en número):

16 Varones hermanos, convino que se cumpliese la escritura, la cual dijo ántes el Espíritu Santo por la boca de David, de Júdas, que fué guia de los que prendieron á Jesus.

17 El cual era contado con nosotros, y tenia suerte en este ministerio.

18 Este pues adquirió un campo del salario de [su] iniquidad; y colgándose, reventó por medio, y todas sus entrañas se derramaron.

19 Y fué notorio á todos los moradores de Jerusalem: de tal manera que aquel campo es llamado en su propia lengua, Acéldama, que es, Campo de sangre.

20 Porque está escrito en el libro de los Salmos: Sea hecha desierta su habitacion, y no haya quien more en ella: y tome otro su obispado.

21 Conviene, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesus entró y salió entre nosotros,

22 Comenzando desde el bautismo de Juan, hasta el dia en que fué recibido arriba de [entre] nosotros, uno sea hecho testigo con nosotros de su resurreccion.

23 Y señalaron á dos: á José, llamado Barsabás, que tenia por sobrenombre Justo, y á Matías.

24 Y orando, dijeron. Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál escoges de estos dos.

25 Para que tome el oficio de este ministerio, y del apostolado, del cual cayó Júdas por transgresion, para irse á su lugar.

26 Y les echaron suertes, y cayó la suerte sobre Matías; y fué contado con los once apóstoles.

CAPITULO 2.

1 COMO se cumplieron los dias de Pentecostes, estaban todos unánimes juntos:

2 Y de repente vino un estruendo del cielo como de un viento recio que corria, el cual hinchió toda la casa donde estaban sentados.

3 Y se les aparecieron lenguas repartidas como de fuego, que se asentó sobre cada uno de ellos.

4 Y fueron todos llenos de Espíritu Santo, y comenzaron á hablar en otras lenguas, como el Espíritu les daba que hablasen.

5 (Moraban entónces en Jerusalem Judíos, varones religiosos, de todas las naciones debajo del cielo).

6 Y hecho este estruendo, juntóse la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oia hablar su propia lengua.

7 Y estaban atónitos, y maravillados, diciendo: Hé aquí, ¿no son Galiléos todos estos que hablan?

8 ¿Como, pues, les oimos nosotros [hablar] cada uno en nuestra lengua en que somos nacidos?

9 Partos, y Medos, y Elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judéa, y en Capadocia, en el Ponto, y en Asia,

10 En Phrygia y en Pamphylia, en Egipto y en las partes de Africa que está de la otra parte de Cirene, y Romanos extranjeros, Judíos, y convertidos,

11 Cretenses, y Arabes, les oimos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.

12 Y estaban todos atónitos y perplejos, diciendo los unos á los otros: ¿Qué quiere ser esto?

13 Mas otros burlándose decian: Que están llenos de mosto.

14 Entónces Pedro, poniéndose en pié con los once, alzó su voz, y hablóles diciendo: Varones Judíos, y todos los que habitais en Jerusalem, esto os sea notorio, y oid mis palabras:

15 Porque estos no están borrachos como vosotros pensais, siendo la hora tercia del dia.

16 Mas esto es lo que fué dicho por el profeta Joel:

17 Y será en los postreros dias, (dice Dios) derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; y vuestros mancebos verán visiones, y vuestros viejos soñarán sueños:

18 Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos dias derramaré de mi Espíritu; y profetizarán.

19 Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre y fuego, y vapor de humo.

20 El sol se volverá en tinieblas, y la luna en sangre, ántes que venga el dia del Señor grande y manifiesto.

21 Y será que todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

