Reina Valera New Testament of the Bible 1862
Part 15
9 Y como el maestresala gustó el agua hecha vino, que no sabia de dónde era, (mas lo sabian los sirvientes, que habian sacado el agua,) el maestresala llama al esposo,
10 Y dícele: Todo hombre pone primero el buen vino; y cuando están satisfechos, entónces lo que es peor: mas tú has guardado el buen vino hasta ahora.
11 Este principio de señales hizo Jesus en Caná de Galiléa, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él.
12 Despues de esto descendió á Capernaum él, y su madre, y hermanos, y discípulos; y estuvieron allí no muchos dias.
13 Y estaba cerca la Pascua de los Judíos; y subió Jesus á Jerusalem.
14 Y halló en el templo á los que vendian bueyes, y ovejas, y palomas, y los cambiadores sentados.
15 Y hecho un azote de cuerdas. echólos á todos del templo, y las ovejas, y los bueyes; y derramó los dineros de los cambiadores, y trastornó las mesas.
16 Y á los que vendian las palomas dijo: Quitad de aquí esto; y no hagais la casa de mi Padre casa de mercado.
17 Entónces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me comió.
18 Y los Judíos respondieron, y dijéronle: ¿Qué señal nos muestras de que haces esto?
19 Respondió Jesus, y díjoles: Destruid este templo, y en tres dias le levantaré.
20 Dijeron luego los Judíos: En cuarenta y seis años fué este templo edificado, ¿y tú en tres dias le levantarás?
21 Mas él hablaba del templo de su cuerpo.
22 Por tanto cuando resucitó de los muertos sus discípulos se acordaron que habia dicho esto; y creyeron á la escritura, y á la palabra que Jesus habia dicho.
23 Y estando en Jerusalem en la Pascua, en el dia de la fiesta, muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacia.
24 Mas el mismo Jesus no se confiaba á sí mismo de ellos, porque él conocia á todos;
25 Y no tenia necesidad que alguien le diese testimonio del hombre; porque él sabia lo que habia en el hombre.
CAPITULO 3.
1 HABIA un hombre de los Fariséos que se llamaba Nicodemo, príncipe de los Judíos.
2 Este vino á Jesus de noche, y díjole: Rabí, sabemos que has venido de Dios [por] Maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no fuere Dios con él.
3 Respondió Jesus, y díjole: De cierto de cierto te digo, que el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios.
4 Dícele Nicodemo: ¿Cómo puede el hombre nacer siendo viejo? ¿puede entrar otra vez en el vientre de su madre, y nacer?
5 Respondió Jesus: De cierto, de cierto é digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.
6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.
7 No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer otra vez.
8 El viento de donde quiere sopla, y oyes su sonido, mas ni sabes de donde viene, ni donde vaya; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.
9 Respondió Nicodemo, y díjole: ¿Cómo puede esto hacerse?
10 Respondió Jesus, y díjole: ¿Tú eres el maestro de Israel, y no sabes esto?
11 De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio.
12 Si os he dicho cosas terrenas, y no creeis; ¿cómo creeréis, si os dijere las celestiales?
13 Y nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo, [á saber,] el Hijo del hombre que está en el cielo.
14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado:
15 Para que todo aquel que en él creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna.
16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado á su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
17 Porque no envió Dios á su Hijo al mundo, para que condene al mundo; mas para que el mundo sea salvo por él.
18 El que en él cree, no es condenado: mas el que no cree, ya es condenado, porque no creyó en el nombre del Unigénito Hijo de Dios.
19 Y esta es la [causa de su] condenacion, [á saber,] porque la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz; porque sus obras eran malas.
20 Porque todo aquel que hace lo malo aborrece la luz, y no viene á la luz; porque sus obras no sean redargüidas.
21 Mas el que obra verdad, viene á la luz, para que sus obras sean manifiestas que son hechas en Dios.
22 Pasado esto, vino Jesus con sus discípulos á la tierra de Judéa; y estaba allí con ellos, y bautizaba.
23 Y bautizaba tambien Juan en Enon junto á Salim, porque habia allí muchas aguas: y venian, y eran bautizados.
24 Porque Juan no habia sido aun puesto en la cárcel.
25 Y hubo cuestion entre los discípulos de Juan y los Judíos acerca de la purificacion.
26 Y vinieron á Juan, y dijéronle: Rabí, el que estaba contigo de la otra parte del Jordan, del cual tú diste testimonio, hé aquí bautiza, y todos vienen á él.
27 Respondió Juan, y dijo: No puede el hombre recibir algo, si no le fuere dado del cielo.
28 Vosotros mismos me sois testigos que dije: Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante de él.
29 El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que esta en pié y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo: así pues este mi gozo es cumplido.
30 A él conviene crecer; mas á mí menguar.
31 El que de arriba viene, sobre todos es: el que es de la tierra, terreno es, y cosas terrenas habla: el que viene del cielo, sobre todos es.
32 Y lo que vió y oyó, esto testifica; y nadie recibe su testimonio.
33 El que recibe su testimonio, este signó que Dios es verdadero
34 Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla: Porque no [le] da Dios el Espíritu por medida.
35 El Padre ama al Hijo, y todas las cosas dió en su mano.
36 El que cree en el Hijo, tiene vida eterna: mas el que es incrédulo al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.
CAPITULO 4.
1 DE manera que como Jesus entendió que los Fariséos habian oido que Jesus hacia y bautizaba mas discípulos que Juan,
2 (Aunque Jesus no bautizaba, sino sus discípulos,)
3 Dejó á Judéa, y fuése otra vez á Galiléa.
4 Y era menester que pasase por Samaria.
5 Vino pues á una ciudad de Samaria que se llama Sichar, junto á la heredad que Jacob dió á José su hijo.
6 Y estaba allí la fuente de Jacob. Pues Jesus, cansado del camino, así se sentó á la fuente. Era como la hora de sexta.
7 Vino una mujer de Samaria á sacar agua: [y] Jesus le dice: Dame de beber.
8 (Porque sus discípulos habian ido á la ciudad á comprar de comer.)
9 Y la mujer Samaritana le dice: ¿Cómo tú, siendo Judío, me demandas á mí de beber, que soy mujer Samaritana? porque los Judíos no se tratan con los Samaritanos.
10 Respondió Jesus, y díjole: Si conocieses el don de Dios, y quién es el que te dice: Dáme de beber, tú pedirias de él, y él te daria agua viva.
11 La mujer le dice: Señor, no tienes con qué sacar[la,] y el pozo es hondo: ¿de dónde, pues, tienes agua viva?
12 ¿Eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dió este pozo; del cual él bebió, y sus hijos, y sus ganados?
13 Respondió Jesus, y díjola: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá á tener sed:
14 Mas el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá sed: mas el agua que yo le daré, será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.
15 La mujer le dice: Señor, dáme esta agua, para que [yo] no tenga sed, ni venga aca á sacar[la.]
16 Jesus le dice: Vé, llama á tu marido, y ven acá.
17 Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Dícele Jesus: Bien has dicho: No tengo marido:
18 Porque cinco maridos has tenido; y el que ahora tienes, no es tu marido: esto has dicho con verdad.
19 Dícele la mujer: Señor, paréceme que tú eres profeta.
20 Nuestros padres adoraron en este monte; y vosotros decís, que en Jerusalem es el lugar donde es necesario adorar.
21 Dícele Jesus: Mujer, créeme, que la hora viene, cuando ni en este monte, ni en Jerusalem, adoraréis al Padre.
22 Vosotros adorais lo que no sabeis: nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salud viene de los Judíos.
23 Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque tambien el Padre tales adoradores busca que le adoren.
24 Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.
25 Dícele la mujer: [Yo] sé que el Mesías ha de venir, el cual se dice el Cristo: cuando él viniere, nos declarará todas las cosas.
26 Dícele Jesus: Yo soy, que hablo contigo.
27 Y en esto vinieron sus discípulos, y maravilláronse de que hablaba con [aquella] mujer; mas ninguno [le] dijo: ¿Qué preguntas? ó ¿Qué hablas con ella?
28 Entónces la mujer dejó su cántaro, y fué á la ciudad, y dijo á aquellos hombres:
29 Venid, ved un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿si quizás es este el Cristo?
30 Entónces salieron de la ciudad, y vinieron á él.
31 Entretanto los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come.
39 Y él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabeis.
33 Entónces los discípulos decian el uno al otro: ¿Si le habrá traido alguien de comer?
34 Díceles Jesus: Mi comida es, que yo haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.
35 ¿No decís vosotros, Aun hay cuatro meses hasta que llegue la siega? Hé aquí yo os digo: Alzad vuestros ojos, y mirad las regiones, porque ya están blancas para la siega.
36 Y el que siega, recibe salario, y allega fruto para vida eterna: para que el que siembra tambien goce, y el que siega.
37 Porque en esto es el dicho verdadero: Que uno es el que siembra y otro es el que siega.
38 Yo os he enviado á segar lo que vosotros no labrásteis: otros labraron, y vosotros habeis entrado en sus labores.
39 Y muchos de los Samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer que daba testimonio [diciendo:] Que me dijo todo lo que he hecho.
40 Viniendo pues los Samaritanos á él, rogáronle que se quedase allí: y se quedó allí dos dias.
41 Y creyeron muchos más por la palabra de él;
42 Y decian á la mujer: Ya no creemos por tu dicho; porque nosotros mismos hemos oido, y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo, el Cristo.
43 Y dos dias despues, salió de allí, y fuése á Galiléa.
44 Porque el mismo Jesus dió testimonio, que el profeta en su tierra no tiene honra.
45 Y como vino á Galiléa, los Galiléos le recibieron, vistas todas las cosas que habia hecho en Jerusalem en el dia de la fiesta: porque tambien ellos habian ido á la fiesta.
46 Vino, pues, Jesus otra vez á Caná de Galiléa, donde habia hecho el vino del agua: y habia en Capernaum uno del rey, cuyo hijo estaba enfermo.
47 Este, como oyó que Jesus venia de Judéa á Galiléa, fué á él, y rogábale que descendiese, y sanase su hijo; porque se comenzaba á morir.
48 Entónces Jesus le dijo: Si no viereis señales y milagros, no creeréis.
49 El del rey le dijo: Señor, desciende ántes que mi hijo muera.
50 Dícele Jesus: Vé, tu hijo vive. Y el hombre creyó á la palabra que Jesus le dijo, y se fué.
51 Y cuando ya él descendia, los siervos le salieron á recibir, y le dieron nuevas diciendo: Tu hijo vive.
52 Entónces él les preguntó á qué hora comenzó á estar mejor. Y dijéronle: Ayer á las siete le dejó la fiebre.
53 El padre entónces entendió, que aquella hora era cuando Jesus le dijo: Tu hijo vive: y creyó él y toda su casa.
54 Esta segunda señal volvió Jesus á hacer cuando vino de Judéa á Galiléa,
CAPITULO 5.
1 DESPUES de estas cosas, era un dia de fiesta de los Judíos, y subió Jesus á Jerusalem.
2 Y hay en Jerusalem á [la puerta] del ganado un estanque, que en Hebráico es llamado Beth-esda, el cual tiene cinco portales.
3 En estos yacia multitud de enfermos, ciegos, cojos, secos, que estaban esperando el movimiento del agua.
4 Porque un ángel descendia á cierto tiempo al estanque, y revolvia el agua: y el que primero descendia en el estanque despues del movimiento del agua, era sano de cualquiera enfermedad que tuviese.
5 Y estaba allí un hombre que habia treinta y ocho años que estaba enfermo.
6 Como Jesus vió á este echado, y entendió que ya habia mucho tiempo, dícele; ¿Quieres ser sano?
7 Señor, le respondió el enfermo, no tengo hombre que me meta en el estanque, cuando el agua fuere revuelta porque entretanto que yo vengo, otro ántes de mí ha descendido.
8 Dícele Jesus: Levántate, toma tu lecho, y anda.
9 Y luego aquel hombre fué sano, y tomó su lecho, é íbase; y era Sábado aquel dia.
10 Entónces los Judíos decian á aquel que habia sido sanado: Sábado es: no te es lícito llevar tu lecho.
11 Respondióles: El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu lecho, y anda.
12 Preguntáronle entónces: ¿Quién es el que te dijo: Toma tu lecho, y anda,
13 Y el que habia sido sanado, no sabia quién fuese; porque Jesus se habia apartado de la gente que estaba en aquel lugar.
14 Despues le halló Jesus en el templo, y díjole: Hé aquí has sido sanado; no peques más, porque no te venga alguna cosa peor.
15 El se fué [entónces,] y dió aviso á los Judíos, que Jesus era el que le habia sanado.
16 Y por esta causa los Judíos perseguian á Jesus, y procuraban matarle, porque hacia estas cosas en Sábado.
17 Y Jesus les respondió: Mi Padre hasta ahora obra, y yo obro.
18 Entónces, por tanto, mas procuraban los Judíos matarle, porque no solo quebrantaba el Sábado, sino que tambien á su Padre llamaba Dios, haciéndose igual á Dios.
19 Respondió entónces Jesus, y díjoles: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer algo de sí mismo, sino lo que viere hacer al Padre; porque todo lo que él hace, esto tambien hace el Hijo juntamente.
20 Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace: y mayores obras que estas le mostrará, de suerte que vosotros os maravilleis.
21 Porque como el Padre levanta los muertos, y [les] da vida, así tambien el Hijo á los que quiere da vida.
22 Porque el Padre á nadie juzga, mas todo el juicio dió al Hijo,
23 Para que todos honren al Hijo como honran al Padre; el que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.
24 De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me ha enviado, tiene vida eterna, y no vendrá á condenacion, mas pasó de muerte á vida.
25 De cierto, de cierto os digo: Vendrá hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que oyeren, vivirán.
26 Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así dió tambien al Hijo que tuviese vida en sí mismo.
27 Y tambien le dió poder de hacer juicio, en cuanto es el Hijo del hombre.
28 No os maravilleis de esto: porque vendrá hora, cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz;
29 Y los que hicieron bien, saldrán á resurreccion de vida: mas los que hicieron mal, á resurreccion de condenacion.
30 No puedo yo de mí mismo hacer algo: como oigo, juzgo, y mi juicio es justo; porque no busco mi voluntad, mas la voluntad del que me envió, del Padre.
31 Si yo doy testimonio de mí mismo mi testimonio no es verdadero.
32 Otro es el que da testimonio de mí; y sé que el testimonio que da de mí, es verdadero.
33 Vosotros enviásteis á Juan, y [él] dió testimonio á la verdad.
34 Empero yo no tomo el testimonio de hombre; mas digo esto, para que vosotros seais salvos:
35 El era antorcha que ardia, y alumbraba; y vosotros quisisteis recrearos por un poco á su luz.
36 Mas yo tengo mayor testimonio que [el] de Juan; porque las obras que el Padre me dió que cumpliese, [es á saber,] las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí que el Padre me haya enviado.
37 Y el que me envió, el Padre, él ha dado testimonio de mí. Ni nunca habeis oido su voz, ni habeis visto su parecer;
38 Ni teneis su palabra permanente en vosotros: porque al que él envió, á este vosotros no creeis.
39 Escudriñad las escrituras; porque á vosotros os parece que en ellas teneis la vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de mí.
40 Y no quereis venir á mí, para que tengais vida.
41 Gloria de los hombres no recibo.
42 Mas yo os conozco, que no teneis amor de Dios en vosotros.
43 Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís: si otro viniere en su propio nombre, á aquel recibiréis.
44 ¿Cómo podeis vosotros creer, pues tomais la gloria los unos de los otros, y no buscais la gloria que de solo Dios viene?
45 No penseis que yo os tengo de acusar delante del Padre: hay quien os acusa: Moisés, en quien vosotros esperais.
46 Porque si vosotros creyeseis á Moisés, creeriais á mí; porque de mí escribió él.
47 Y si á sus escritos no creeis, ¿cómo creeréis á mis palabras?
CAPITULO 6.
1 PASADAS estas cosas fuése Jesus de la otra parte de la mar de Galiléa, [que es] de Tiberias.
2 Y seguíale grande multitud, porque veian sus señales que hacia en los enfermos.
3 Y subió Jesus á un monte, y se sentó allí con sus discípulos.
4 Y estaba cerca la Pascua, la fiesta de los Judíos.
5 Y como alzó Jesus los ojos, y vió que habia venido á él grande multitud, dice á Felipe: ¿De dónde comprarémos pan para que coman estos?
6 Mas esto decia para probarle; porque él sabia lo que habia de hacer.
7 Respondióle Felipe: Doscientos denarios de pan no les bastarán, para que cada uno de ellos tome un poco.
8 Dícele uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simon Pedro:
9 Un muchacho está aquí que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; ¿mas qué es esto entre tantos?
10 Entónces Jesus dijo: Haced recostar la gente. Y habia mucha yerba en aquel lugar: y recostáronse como número de cinco mil varones.
11 Y tomó Jesus aquellos panes, y habiendo dado gracias, repartió á los discípulos, y los discípulos á los que estaban recostados: asimismo de los peces cuanto querian.
12 Y como fueron saciados, dijo á sus discípulos: Recoged los pedazos que han quedado, porque no se pierda nada.
13 Cogieron pues, é hinchieron doce cestas de pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron á los que habian comido.
14 Aquellos hombres entónces, como vieron la señal que Jesus habia hecho, decian: Este verdaderamente es el profeta, que habia de venir al mundo.
15 Y entendiendo Jesus que habian de venir para arrebatarle, y hacerle rey, volvió á retirarse al monte, él solo.
16 Y como se hizo tarde, descendieron sus discípulos á la mar.
17 Y entrando en un barco, venian de la otra parte de la mar hácia Capernaum. Y era ya oscuro, y Jesus no habia venido á ellos.
18 Y levantábase la mar con un gran viento que soplaba.
19 Y como hubieron navegado como veinte y cinco ó treinta estadios, ven á Jesus que andaba sobre la mar, y se acercaba al barco: y tuvieron miedo.
20 Mas él les dijo: Yo soy, no tengais miedo.
21 Ellos entónces gustaron recibirle en el barco: y luego el barco llegó á la tierra donde iban.
22 El dia siguiente, la gente que estaba de la otra parte de la mar, como vió que no habia allí otra navecilla sino una, y que Jesus no habia entrado con sus discípulos en ella, sino que sus discípulos se habian ido solos,
23 Y que otras navecillas habian arribado de Tiberias junto al lugar donde habian comido el pan, despues de haber el Señor dado gracias,
24 Como vió pues la gente que Jesus no estaba allí, ni sus discípulos, entraron ellos en las navecillas, y vinieron á Capernaum buscando á Jesus.
25 Y hallándole de la otra parte de la mar, dijéronle: Rabí, ¿cuándo llegaste acá?
26 Respondióles Jesus, y dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscais, no porque habeis visto las señales, sino porque comisteis el pan, y os hartásteis.
27 Trabajad, no por la comida que perece, mas por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del hombre os dará: porque á este señaló el Padre, [es á saber,] Dios.
28 Y dijéronle: ¿Qué harémos para que obremos las obras de Dios?
29 Respondió Jesus, y díjoles: Esta es la obra de Dios, que creais en el que él ha enviado.
30 Dijéronle entónces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obras?
31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dió á comer.
32 Y Jesus les dijo: De cierto, de cierto os digo, [que] no os dió Moisés pan del cielo; mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo.
33 Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo, y da vida al mundo.
34 Y dijéronle: Señor, dános siempre este pan.
35 Y Jesus les dijo: Yo soy el pan de vida; el que á mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.
36 Mas [ya] os he dicho que, aunque me habeis visto, no [me] creeis.
37 Todo lo que el Padre me da, vendrá á mí; y al que á mí viene, no [le] echo fuera.
38 Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, mas la voluntad del que me envió.
39 Y esta es la voluntad del que me envió, [es á saber,] del Padre: Que todo lo que me diere, no pierda de ello, sino que lo resucite en el dia postrero.
40 Esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el dia postrero.
41 Murmuraban entónces de él los Judíos, porque habia dicho: Yo soy el pan que descendí del cielo.
42 Y decian: ¿No es este Jesus, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice este: Del cielo he descendido?
43 Y Jesus respondió, y díjoles: No murmureis entre vosotros.
44 Ninguno puede venir á mí, si el Padre, que me envió, no le trajere: y yo le resucitaré en el dia postrero.
45 Escrito esta en los profetas: Y serán todos enseñados de Dios: así que todo aquel que oyó del Padre, y aprendió, viene á mí.
46 No que alguno haya visto al Padre sino aquel que vino de Dios, este ha visto al Padre.
47 De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.
48 Yo soy el pan de vida.
49 Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y son muertos.
50 Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él comiere, no muera.
51 Yo soy el pan vivo que ha descendido del cielo: si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.
52 Entónces los Judíos contendian entre sí, diciendo: ¿Cómo puede este darnos su carne á comer?
53 Y Jesus les dijo: De cierto, de cierto os digo [que] si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros.
54 El que come mi carne, y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el dia postrero.
55 Porque mi carne es verdadera comida: y mi sangre es verdadera bebida.
56 El que come mi carne, y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.
57 Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él tambien vivirá por mí.
58 Este es el pan que descendió del cielo: no como vuestros padres comieron el maná, y son muertos: el que come de este pan vivirá eternamente.
59 Estas cosas dijo en la sinagoga enseñando en Capernaum.
60 Y muchos de sus discípulos oyéndo[lo,] dijeron: Dura es esta palabra; ¿[y] quién la puede oir?
61 Y sabiendo Jesus en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, díjoles: ¿Esto os escandaliza?
62 ¿Pues [qué será,] si viereis al Hijo del hombre que sube donde estaba primero?
63 El Espíritu es el que da vida; la carne nada aprovecha: las palabras que yo os he hablado, son espíritu, y son vida.
64 Mas hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesus desde el principio sabia quiénes eran los que no creian, y quién le habia de entregar.
65 Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir á mí, si no le fuere dado del Padre.
66 Desde esto, muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él.
67 Dijo entónces Jesus á los doce: ¿Quereis vosotros iros tambien?
68 Y respondióle Simon Pedro: Señor ¿á quién irémos? Tú tienes palabras de vida eterna.
69 Y nosotros creemos y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios viviente.
70 Jesus les respondió: ¿No he escogido yo á vosotros doce, y el uno de vosotros es diablo?
71 Y hablaba de Judas Iscariote [hijo] de Simon; porque este era el que le habia de entregar, el cual era uno de los doce.
CAPITULO 7.