Reina Valera New Testament of the Bible 1862
Part 11
47 Por lo cual te digo [que] sus muchos pecados son perdonados, porque amó mucho: mas al que se perdona poco, poco ama.
48 Y á ella dijo: los pecados te son perdonados.
49 Y los que estaban juntamente sentados á la mesa, comenzaron a decir entre si: ¿Quién es este que tambien perdona pecados?
50 Y dijo á la mujer: Tu fé te ha salvado: vé en paz.
CAPITULO 8.
1 Y ACONTECIÓ despues, que él caminaba por todas las ciudades y aldéas predicando, y anunciando el Evangelio del reino de Dios: y los doce con él,
2 Y algunas mujeres que habian sido curadas [por él] de malos espíritus, y de enfermedades; María, que se llamaba Magdalena, de la cual habian salido siete demonios,
3 Y Juana, mujer de Chuza, procurador de Heródes, y Susana, y otras muchas que le servian de sus haciendas.
4 Y como se juntó una grande compañía, y los que estaban en cada ciudad vinieron á él, dijo por una parábola:
5 Uno que sembraba, salió á sembrar su simiente; y sembrando, una [parte] cayó junto al camino, y fué hollada; y las aves del cielo la comieron.
6 Y otra [parte] cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenia humedad.
7 Y otra [parte] cayó entre las espinas; y naciendo las espinas juntamente, la ahogaron.
8 Y otra [parte] cayó en buena tierra, y cuando fué nacida, llevó fruto á ciento por uno. Diciendo estas cosas clamaba: El que tiene oidos para oir, oiga.
9 Y sus discípulos le preguntaron diciendo, qué era esta parábola.
10 Y él dijo: A vosotros es dado conocer los misterios del reino de Dios: mas á los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan.
11 Es pues esta la parábola: La simiente es la palabra de Dios.
12 Y los de junto al camino, estos son los que oyen, y luego viene el diablo, y quita la palabra de su corazon, porque no crean y se salven.
13 Y los de sobre la piedra, [son] los que habiendo oido, reciben la palabra con gozo, mas estos no tienen raices: que á tiempo crecen, y en el tiempo de la tentacion se apartan,
14 Y la que cayó entre las espinas, estos son los que oyeron; mas yéndose, son ahogados [luego] de los cuidados, y de las riquezas, y de los pasatiempos de la vida, y no llevan fruto.
15 Mas la que en buena tierra, estos son los que con corazon bueno y recto retienen la palabra oida, y llevan fruto en paciencia.
16 Ninguno que enciende la antorcha la cubre con [alguna] vasija, ó la pone debajo de la cama; mas la pone en un candelero, para que los que entran, vean la luz.
17 Porque no hay cosa oculta, que no haya de ser manifestada; ni cosa escondida que no haya de ser entendida, y de venir á luz.
18 Mirad pues como oís; porque á cualquiera que tuviere, le será dado; y á cualquiera que no tuviere, aun lo que parece tener le será quitado.
19 Y vinieron á él su madre y hermanos; y no podian llegar á él por causa de la multitud.
20 Y le fué dado aviso, diciendo: Tu madre, y tus hermanos están fuera que quieren verte.
21 El entónces respondiendo les dijo: mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios y la ejecutan.
22 Y aconteció un dia, [que] él entro en un barco con sus discípulos, y les dijo: Pasemos á la otra parte del lago. Y partieron.
23 Pero mientras ellos navegaban, él se durmió. Y sobrevino una tempestad de viento en el lago; y henchian [de agua,] y peligraban.
24 Y llegándose á él le despertaron, diciendo: Maestro, Maestro, que perecemos. Y despertado él, increpó al viento y á la tempestad del agua; y cesaron y fué hecha bonanza.
25 Y les dijo: ¿Qué es de vuestra fé? Y atemorizados se maravillaban diciendo los unos á los otros: ¿Quién es este que aun á los vientos y al agua manda, y le obedecen?
26 Y navegaron á la tierra de los Gadarenos, que está delante de Galiléa.
27 Y saliendo él á tierra, le vino al encuentro de la ciudad un hombre que tenia demonios [ya] de mucho tiempo y no vestia vestido, ni estaba en casa, sino por los sepulcros.
28 El cual como vió á Jesus, exclamó y se postró delante de él, y dijo á gran voz: ¿Qué tengo yo contigo, Jesus, Hijo del Dios Altísimo? Ruégote que no me atormentes.
29 (Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre: porque [ya] de mucho tiempo le arrebataba; y le guardaban preso con cadenas y grillos, mas rompiendo las prisiones, era agitado del demonio por los desiertos.)
30 Y le preguntó Jesus diciendo: ¿Qué nombre tienes? Y él dijo: Legion. Porque muchos demonios habian entrado en él.
31 Y le rogaban que no les mandase ir al abismo.
32 Y habia allí un hato de muchos puercos que pacian en el monte: y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y los dejó.
33 Y salidos los demonios del hombre, entraron en los puercos; y el hato de ellos se arrojó de un despeñadero en el lago, y ahogóse.
34 Y los pastores, como vieron lo que habia acontecido, huyeron; y yendo, dieron aviso en la ciudad y por las heredades.
35 Y salieron á ver lo que habia acontecido, y vinieron á Jesus: y hallaron sentado al hombre, de quien habian salido los demonios, vestido, y en su juicio, á los piés de Jesus: y tuvieron miedo.
36 Y les contaron los que [lo] habian visto como habia sido salvado aquel endemoniado.
37 Entónces toda la multitud de la tierra de los Gadarenos alrededor le rogaron que se fuese de ellos; porque tenian gran temor. Y él subiendo en el barco, volvióse.
38 Y aquel hombre, de quien habian salido los demonios, le rogó para estar con él; mas Jesus le despidió, diciendo:
39 Vuélvete á tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y él se fué, publicando por toda la ciudad cuan grandes cosas habia Jesus hecho con él.
40 Y aconteció que volviendo Jesus recibióle la gente; porque todos le esperaban.
41 Y hé aquí un varon llamado Jairo, y que era príncipe de la sinagoga, vino, y cayendo á los piés de Jesus, le rogaba que entrase en su casa:
42 Porque tenia una hija única, como de doce años, y ella se estaba muriendo. Y yendo, le apretaba la compañía.
43 Y una mujer que tenia flujo de sangre hacia ya doce años, la cual habia gastado en médicos toda su hacienda, y por ninguno habia podido ser curada,
44 Llegándose por las espaldas, tocó el borde de su vestido: y luego se estancó el flujo de su sangre.
45 Entónces Jesus dijo: ¿Quien [es] él que me ha tocado? Y negando todos, dijo Pedro, y los que estaban con él: Maestro, la compañía te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién [es] él que me ha tocado?
46 Y Jesus dijo: Me ha tocado alguien; porque yo he conocido que ha salido virtud de mí.
47 Entónces, como la mujer vió que no se habia ocultado, vino temblando y postrándose delante de él, declaróle delante de todo el pueblo la causa por qué le habia tocado, y como luego habia sido sana.
48 Y él le dijo: Hija, tu fe te ha salvado: vé en paz.
49 Estando aun él hablando, vino uno del príncipe de la sinagoga á decirle: Tu hija es muerta; no des trabajo al Maestro.
50 Y oyéndo[lo] Jesus, le respondió: No temas: cree solamente, y será salva.
51 Y entrado en casa, no dejo entrar á nadie [consigo,] sino á Pedro y á Jacobo, y á Juan, y al padre y á la madre de la moza.
52 Y lloraban todos, y la plañian. Y él^ dijo: No lloreis; no es muerta, sino que duerme.
53 Y hacian burla de él, sabiendo que estaba muerta.
54 Mas él, tomándola de la mano, clamó, diciendo: Muchacha, levántate.
55 Entónces su espíritu volvió, y se levantó luego: y él mandó que le diesen de comer.
56 Y sus padres estaban atónitos; á los cuales él mando, que á nadie dijesen lo que habia sido hecho.
CAPITULO 9.
1 Y JUNTANDO sus doce discípulos les dió virtud y potestad sobre todos los demonios, y que sanasen enfermedades
2 Y los envió á que predicasen el reino de Dios, y que sanasen á los enfermos.
3 Y les dice: No tomeis nada para el camino, ni báculos, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni tengais dos vestidos cada uno.
4 Y en cualquiera casa que entrareis quedad allí y de allí salid.
5 Y todos los que no os recibieren, saliéndoos de aquella ciudad, aun el polvo sacudid de vuestros piés en testimonio contra ellos.
6 Y saliendo [ellos,] rodeaban por todas las aldéas, anunciando el Evangelio, y sanando por todas partes.
7 Y oyó Heródes el tetrarca todas las cosas que hacia; y estaba en duda, porque decian algunos: Juan ha resucitado de los muertos,
8 Y otros: Elías ha aparecido: y otros: Algun profeta de los antiguos ha resucitado.
9 Y dijo Heródes: A Juan yo [le] degollé: ¿quién pues será este, de quien yo oigo tales cosas? Y procuraba verle.
10 Y vueltos los apóstoles, le contaron todas las cosas que habian hecho. Y tomándolos, se retiró aparte á un lugar desierto de la ciudad que se llama Bethsaida.
11 Y como [lo] entendieron las gentes, le siguieron: y el las recibió, y les hablaba del reino de Dios, y sanaba á los que tenian necesidad de cura.
12 Y el dia habia comenzado á declinar; y llegándose los doce, le dijeron: Despide las gentes, para que yendo á las aldéas y heredades de alrededor, procedan á alojarse y hallen viandas; porque aquí estamos en lugar desierto.
13 Y les dice: Dadles vosotros de comer. Y dijeron ellos: No tenemos más que cinco panes y dos pescados; si no vamos nosotros á comprar viandas para toda esta compañía.
14 Y eran como cinco mil hombres. Entónces dijo á sus discípulos: Hacedlos sentar en ranchos de cincuenta en cincuenta.
15 Y así lo hicieron, haciéndolos sentar á todos.
16 Y tomando los cinco panes y los dos pescados, mirando al cielo los bendijo; y partió y dió á sus discípulos para que pusiesen delante de las gentes.
17 Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que les sobró, doce cestos de pedazos.
18 Y aconteció, que estando él solo orando, estaban con él los discípulos: y les preguntó diciendo: ¿Quién dicen las gentes que soy?
19 Y ellos respondieron, y dijeron: Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros, que algun profeta de los antiguos ha resucitado.
20 Y les dijo: ¿Y vosotros, quién decís que soy? Entónces respondiendo Simon Pedro, dijo: El Cristo de Dios.
21 Mas él conminándoles, mandó que á nadie dijesen esto,
22 Diciendo: Es necesario que el Hijo del hombre padezca muchas cosas, y sea desechado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer dia.
23 Y decia á todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz cada dia, y sígame.
24 Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá; y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, este la salvará.
25 Porque ¿qué aprovecha al hombre si granjeare todo el mundo, y se pierda él á sí mismo, ó corra peligro de sí?
26 Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de este tal el Hijo del hombre se avergonzará, cuando viniere en su gloria, y del Padre, y de los santos ángeles.
27 Y os digo en verdad, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que vean el reino de Dios.
28 Y aconteció como ocho dias despues de estas palabras, que tomó á Pedro, y á Juan, y á Jacobo, y subió al monte á orar.
29 Y entretanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente.
30 Y hé aquí dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías,
31 Que aparecieron en majestad, y hablaban de su salida, la cual habia de cumplir en Jerusalem.
32 Y Pedro, y los que estaban con él, estaban cargados de sueño: y como despertaron, vieron su majestad, y á aquellos dos varones que estaban con él.
33 Y aconteció, que apartándose ellos de él, Pedro dice á Jesus: Maestro, bien es que nos quedemos aquí: y hagamos tres pabellones; uno para tí, y uno para Moisés, y uno para Elías: no sabiendo lo que se decia.
34 Y estando él hablando esto, vino una nube que los cubrió y tuvieron temor, entrando ellos en la nube.
35 Y vino una voz de la nube, que decia: Este es mi Hijo amado; á él oid.
36 Y pasada aquella voz, Jesus fué hallado solo: y ellos callaron, y por aquellos dias no dijeron nada á nadie de lo que habian visto.
37 Y aconteció al dia siguiente, que apartándose ellos del monte, gran compañía salió al encuentro.
38 Y hé aquí que un hombre de la compañía clamó, diciendo: Maestro, ruégote que veas á mi hijo, que es el único que tengo.
39 Y hé aquí un espíritu le toma, y de repente da voces; y le despedaza y hace echar espuma, y apénas se aparta de él, quebrantándole.
40 Y rogué á tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron.
41 Y respondiendo Jesus, dice: ¡Oh generacion infiel y perversa! ¿hasta cuándo tengo de estar con vosotros, y os sufriré? Trae tu hijo acá.
42 Y como aun se acercaba, el demonio le derribó, y despedazó: mas Jesus increpó al espíritu inmundo, y sanó al muchacho, y se le volvió á su padre.
43 Y todos estaban atónitos de la grandeza de Dios. Y maravillándose todos de todas las cosas que hacia, dijo á sus discípulos:
44 Poned vosotros en vuestros oidos estas palabras: porque ha de acontecer que el Hijo del hombre será entregado en manos de hombres.
45 Mas ellos no entendian esta palabra, y les era encubierta para que no la entendiesen: y temian preguntarle de esta palabra.
46 Entónces entraron en disputa, cuál de ellos seria el mayor.
47 Mas Jesus, viendo los pensamientos del corazon de ellos, tomó un niño, y púsole junto á sí,
48 Y les dice: Cualquiera que recibiere este niño en mi nombre, á mí recibe; y cualquiera que [me] recibiere á mí, recibe al que me envió; porque el que fuere el menor entre todos vosotros, este será el grande.
49 Entónces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto á uno que echaba fuera demonios en tu nombre; y se lo prohibimos, porque no [te] sigue con nosotros.
50 Jesus le dijo: No se lo prohibais, porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.
51 Y aconteció [que] como se cumplió el tiempo en que habia de ser recibido arriba, el afirmó su rostro para ir á Jerusalem.
52 Y envió mensajeros delante de sí, los cuales fueron y entraron en una ciudad de los Samaritanos, para prevenirle.
53 Mas no le recibieron, porque era su traza de ir á Jerusalem.
54 Y viendo [esto] sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, y los consuma, como hizo Elías?
55 Entónces volviéndose él, les reprendió diciendo: Vosotros no sabeis de que espíritu sois;
56 Porque el Hijo del hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron á otra aldéa.
57 Y aconteció que yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré donde quiera que fueres.
58 Y le dijo Jesus: Las zorras tienen cuevas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recline la cabeza,
59 Y dijo á otro: Sígueme. Y él dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre á mi padre.
60 Y Jesus le dijo: Deja á los muertos que entierren á sus muertos; y tú vé, y anuncia el reino de Dios.
61 Entónces tambien dijo otro: Te seguiré, Señor; mas déjame que me despida primero de los que están en mi casa.
62 Y Jesus le dijo: Ninguno que poniendo su mano al arado mira atrás, es apto para el reino de Dios.
CAPITULO 10.
1 Y DESPUES de estas cosas, designó el Señor aun otros setenta, los cuales envió de dos en dos, delante de sí, á toda ciudad y lugar á donde él habia de venir.
2 Y les decia: La mies á la verdad [es] mucha, mas los obreros pocos: por tanto rogad al Señor de la mies que envie obreros á su mies.
3 Andad, hé aquí yo os envio como á corderos en medio de lobos.
4 No lleveis bolsa, ni alforja, ni calzado; y á nadie saludeis en el camino.
5 En cualquier casa donde entrareis primeramente decid: Paz [sea] á esta casa.
6 Y si hubiere allí algun hijo de paz vuestra paz reposará sobre él: y si no, se volverá á vosotros.
7 Y posad en aquella misma casa comiendo y bebiendo lo que os dieren; porque el obrero digno es de su salario. No [os] paseis de casa en casa.
8 Y en cualquier ciudad donde entrareis? y os recibieren, comed lo que os pusieren delante;
9 Y sanad los enfermos que en ella hubiere; y decidles: Se ha llegado á vosotros el reino de Dios.
10 Mas en cualquier ciudad donde entrareis, y no os recibieren, saliendo por sus calles, decid:
11 Aun el polvo que se nos ha pegado de vuestra ciudad á nuestros piés, sacudimos en vosotros: esto empero sabed, que el reino de los cielos se ha llegado á vosotros.
12 Y os digo que los de Sodoma tendrán más remision aquel dia, que aquella ciudad.
13 ¡Ay de tí, Corazin! ¡Ay de tí, Bethsaida! que si en Tiro y en Sidon hubieran sido hechas las maravillas que se han hecho en vosotras, ya dias ha que, sentados en cilicio y ceniza, se habrian arrepentido.
14 Por tanto Tiro y Sidon tendrán más remision que vosotras en el juicio.
15 Y tú, Capernaum, que hasta los cielos estás levantada, hasta los infiernos serás abajada.
16 El que á vosotros oye, á mí oye; y el que á vosotros desecha, á mí desecha; y el que á mí desecha, desecha al que me envió.
17 Y volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre.
18 Y les dijo: Yo veia á Satanás, como un rayo, que caia del cielo.
19 Hé aquí os doy potestad de hollar sobre las serpientes y sobre los escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo; y nada os dañará.
20 Mas no os goceis de esto, [á saber,] que los espíritus se os sujetan; ántes gozáos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.
21 En aquella misma hora Jesus se alegró en espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, que escondiste estas cosas á los sabios entendidos, y las has revelado á los pequeños: así Padre, porque así te agradó.
22 Todas las cosas me son entregadas de mi Padre: y nadie sabe quién sea el Hijo, sino el Padre; ni quién sea el Padre, sino el Hijo, y á quien el Hijo lo quisiere revelar.
23 Y vuelto particularmente á [sus] discípulos, dijo: Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis;
24 Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no [lo] vieron; y oir lo que oís, y no [lo] oyeron.
25 Y hé aquí, un doctor de la ley se levantó tentándole, y diciendo: Maestro, ¿haciendo qué cosa poseeré la vida eterna?
26 Y él le dijo: ¿Qué esta escrito en la ley? ¿Cómo lees?
27 Y él respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazon, y de toda tu alma, y de todas tus fuerzas, y de todo tu entendimiento; y á tu projimo, como á tí mismo.
28 Y díjole. Bien has respondido: haz esto, y vivirás.
29 Mas él, queriéndose justificar á sí mismo, dijo á Jesus: ¿Y quién es mi prójimo?
30 Y respondiendo Jesus, dijo: Un hombre descendia de Jerusalem á Jericó, y cayó en [manos de] ladrones, los cuales le despojaron, é hiriéndole, se fueron dejándole medio muerto.
31 Y aconteció, que descendió un sacerdote por el mismo camino; y viéndole se pasó de un lado.
32 Y asimismo un Levita llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, se pasó de un lado.
33 Mas un Samaritano que transitaba, viniendo cerca de él, y viéndole, fué movido á misericordia;
34 Y llegándose, vendó sus heridas echándo[le] aceite y vino: y poniéndole sobre su cabalgadura, llevólo al meson, y cuidó de él.
35 Y otro dia al partir, sacó dos denarios, y diólos al huésped, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que demás gastares, yo cuando vuelva te [lo] pagaré.
36 ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fué el prójimo de aquel que cayó en [manos de] los ladrones?
37 Y él dijo: El que usó con él de misericordia. Entónces Jesus le dijo: Vé y haz tú lo mismo.
38 Y aconteció, que yendo, entró él en una aldéa; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa:
39 Y esta tenia una hermana, que se llamaba María, la cual sentándose á los piés del Señor, oia su palabra.
40 Empero Marta se distraia en muchos servicios; y sobreviniendo, dice: Señor, ¿no tienes cuidado que mi hermana me deja servir sola? Díle, pues, que me ayude.
41 Pero respondiendo Jesus, le dijo: Marta, Marta, cuidadosa estás, y con las muchas cosas estás turbada:
42 Empero una cosa es necesaria; y María escogió la buena parte, la cual no le será quitada.
CAPITULO 11.
1 Y ACONTECIÓ que estando él orando en un lugar, como acabó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos á orar, como tambien Juan enseñó á sus discípulos.
2 Y les dijo: Cuando orareis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, sea tu nombre santificado. Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así tambien en la tierra.
3 El pan nuestro de cada dia, dános[le] hoy.
4 Y perdónanos nuestros pecados, porque tambien nosotros perdonamos á todos los que nos deben. Y no nos metas en tentacion, mas líbranos del malo.
5 Díjoles tambien: ¿Quien de vosotros tendrá un amigo, é irá á él á media noche, y le dirá: Amigo, préstame tres panes:
6 Porque un amigo mio ha venido á mí de camino, y no tengo qué ponerle delante?
7 Y [si] él de dentro respondiendo, dijere: No me seas molesto; la puerta está ya cerrada, y mis niños están conmigo en cama; no puedo levantarme, y darte:
8 Os digo, que aunque no se levante á darle por ser su amigo, cierto por su importunidad se levantará, y le dará todo lo que habrá menester.
9 Y yo os digo: Pedid, y se os dará: buscad, y hallaréis; tocad, y os será abierto.
10 Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca halla; y al que toca, se abre.
11 ¿Y cuál padre de vosotros, si su hijo le pidiere pan, le dará una piedra? ó, si pescado, ¿en lugar de pescado le dará una serpiente?
12 O, si [le] pidiere un huevo, ¿le dará un escorpion?
13 Pues si vosotros, siendo malos, sabeis dar buenas dádivas á vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo á los que lo pidieren de él?
14 Y estaba él lanzando un demonio el cual era mudo: y aconteció que salido fuera el demonio, el mudo habló, y las gentes se maravillaron.
15 Y algunos de ellos decian: En Beelzebul, príncipe de los demonios, echa fuera los demonios.
16 Y otros, tentando, pedian de el señal del cielo.
17 Mas él, conociendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo es asolado, y una casa [dividida] contra sí misma, cae.
18 Y si tambien Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo estará en pié su reino? porque decís, que en Beelzebul echo yo fuera los demonios.
19 Pues si yo echo fuera los demonios en Beelzebul, ¿vuestros hijos en quién los echan fuera? por tanto ellos serán vuestros jueces.
20 Mas si en el dedo de Dios echo fuera los demonios, cierto el reino de Dios ha llegado á vosotros.
21 Cuando el fuerte armada guarda su atrio, en paz está lo que posee.
22 Mas si sobreviniendo [otro] más fuerte que él, le venciere, le toma todas sus armas en que confiaba, y reparte sus despojos.
23 El que no es conmigo, contra mí es, y el que conmigo no recoge, desparrama.
24 Cuando el espíritu inmundo saliere del hombre, anda por lugares secos buscando reposo; y no hallándo[le,] dice: Me volveré á mi casa, de donde salí.
25 Y viniendo la halla barrida y adornada.
26 Entónces va, y toma otros siete espíritus peores que el; Y entrados, habitan allí; y lo postrero del tal hombre es peor que lo primero.
27 Y aconteció que diciendo estas cosas, una mujer de la compañía levantando la voz, le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y los pechos, que mamaste.
28 Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios y la guardan.
29 Y juntándose las gentes á él, comenzó á decir: Esta generacion mala es: señal busca, mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás.
30 Porque como Jonás fué señal á los Ninivitas, así tambien será el Hijo del hombre á esta generacion.
31 La reina del Austro se levantará en juicio con los hombres de esta generacion, y los condenará; porque vino de los fines de la tierra á oir la sabiduría de Salomon; y hé aquí más que Salomon en este lugar.
32 los hombres de Nínive se levantarán en juicio con esta generacion, y la condenarán: porque á la predicacion de Jonás se arrepintieron; y hé aquí más que Jonás en este lugar.
33 Nadie pone en oculto la antorcha encendida, ni debajo del almud; sino en el candelero, para que los que entran, vean la luz.