Reina Valera New Testament of the Bible 1858
Part 38
19 Estos son los que hacen divisiones, sensuales, no teniendo el Espíritu.
20 Mas vosotros ¡oh amados! edificáos á vosotros mismos sobre vuestra santísima fé, orando por Espíritu Santo.
21 Conserváos á vosotros mismos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesu Cristo, para vida eterna.
22 Y recibid á los unos en piedad, discerniendo:
23 y haced salvos á los otros por temor, arrebatándolos del fuego: mas con esto aborreciendo aun hasta la ropa que es contaminada de tocamiento de carne.
24 A AQUEL, pues, que es poderoso de guardaros sin pecado, y de llevaros delante de su gloria, irreprensibles con alegría,
25 A Dios solo sábio, nuestro Salvador, [sea] gloria y magnificencia, imperio y potencia, ahora, y en todos siglos. Amen.
EL APOCALPSI, Ó REVELACION
DE
SAN JUAN, EL TEÓLOGO.
CAPITULO 1
1 REVELACION de Jesu Cristo, la cual Dios le dió para manifestar á sus siervos las cosas que conviene que sean hechas presto: y las declaró, enviándola por su ángel á Juan su siervo;
2 el cual ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesu Cristo, y de todas las cosas que ha visto.
3 Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas que en ella [están] escritas: porque el tiempo esta cerca.
4 JUAN, á las siete Iglesias que [están] en Asia, gracia sea con vosotros, y paz del que es, y que era, y que ha de venir; y de los siete espíritus que están delante de su trono;
5 y de Jesu Cristo, que es testigo fiel, primogénito de los muertos, y príncipe de los reyes de la tierra: que nos amó, y nos ha lavado de nuestros pecados con su sangre,
6 y nos ha hecho reyes, y sacerdotes para Dios y su Padre: á él sea gloria é imperio para siempre jamás. Amen.
7 Hé aquí, viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron, y todos los linajes de la tierra se lamentarán sobre él. Así sea. Amen.
8 Yo soy Alpha y Omega, principio y fin, dice el Señor, que es, y que era, y que ha de venir, el Todopoderoso.
9 Yo Juan, vuestro hermano, y participante en la tribulacion, y en el reino, y en la paciencia de Jesu Cristo, estaba en la isla que es llamada Patmos, por la palabra de Dios, y el testimonio de Jesu Cristo.
10 Yo fuí en espíritu en dia de Domingo, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,
11 que decia: Yo soy Alpha y Omega, el primero y postrero: Escribe en un libro lo que ves, y envíalo á las siete Iglesias que están en Asia; á Efeso, y á Smirna, y á Pérgamo, y á Tiatira, y á Sardo, y á Filadelfia, y á Laodicéa.
12 Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo: y vuelto, ví siete candeleros de oro;
13 y en medio de los siete candeleros de oro, uno semejante al Hijo del hombre vestido de una ropa que llegaba hasta los piés, y ceñido por los pechos con una cinta de oro;
14 y su cabeza, y sus cabellos eran blancos como la lana blanca, y como la nieve; y sus ojos como llama de fuego;
15 y sus piés semejantes al laton fino, ardientes como en un horno; y su voz como ruido de muchas aguas.
16 Y tenia en su diestra siete estrellas: y de su boca salia una espada de dos filos: y su rostro era resplandeciente como el sol resplandece en su fuerza.
17 Y cuando yo le hube visto, caí como muerto á sus piés. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas, yo soy el primero, y el postrero;
18 y el que vivo, y he sido muerto, y, hé aquí, vivo por siglos de siglos. Amen. Y tengo las llaves del infierno, y de la muerte.
19 Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser despues de estas.
20 El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y los siete candeleros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete Iglesias y los siete candeleros que has visto, son las siete Iglesias.
CAPITULO 2
1 ESCRIBE al ángel de la Iglesia de Efeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el cual anda en medio de los siete candeleros de oro, dice estas cosas:
2 Yo sé tus obras, y tu trabajo, y tu paciencia, y que tú no puedes sufrir los malos, y has probado á los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos:
3 y has sufrido, y sufres, y has trabajado por mi nombre, y no has desfallecido.
4 Pero tengo algo contra tí, porque has dejado tu primera caridad.
5 Por lo cual ten memoria de donde has caido, y arrepiéntete, y haz las primeras obras: si no, vendré presto á tí, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te enmendares.
6 Mas tienes esto, que aborreces los hechos de los Nicolaitas, los cuales yo tambien aborrezco.
7 El que tiene oreja, oiga lo que el Espíritu dice á las Iglesias: Al que venciere, daré á comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraiso de Dios.
8 Y ESCRIBE al ángel de la Iglesia de Smirna: El primero y postrero, que fué muerto, y vive, dice estas cosas:
9 Yo sé tus obras, y tu tribulacion, y tu pobreza, (pero tú eres rico,) y la blasfemia de los que se dicen ser Judíos, y no lo son, sino sinagoga de Satanás.
10 No tengas ningun temor de las cosas que has de padecer. Hé aquí, el diablo ha de enviar algunos de vosotros á la cárcel, para que seais probados; y tendreis tribulacion de diez dias. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.
11 El que tiene oreja, oiga lo que el Espíritu dice á las Iglesias: El que venciere, no recibirá daño de la segunda muerte.
12 Y ESCRIBE al ángel de la Iglesia que está en Pérgamo: El que tiene la espada de dos filos, dice estas cosas:
13 Yo sé tus obras, y donde moras, donde está la silla de Satanás: y tienes mi nombre, y no has negado mi fé, aun en los dias en que fué Antipas mi testigo fiel, el cual ha sido muerto entre vosotros, donde Satanás mora.
14 Pero tengo unas pocas cosas contra tí: porque tú tienes ahí los que siguen la doctrina de Balaám, el cual enseñaba á Balác á poner escandalo delante de los hijos de Israél, á comer de cosas sacrificadas á los ídolos, y á cometer fornicacion.
15 Así tambien tú tienes á los que siguen la doctrina de los Nicolaitas, lo cual [yo] aborrezco.
16 Arrepiéntete: porque de otra manera vendré á tí presto, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca.
17 El que tiene oreja, oiga lo que el Espíritu dice á las Iglesias: Al que venciere, daré á comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita un nombre nuevo escrito, el cual ninguno conoce, sino aquel que lo recibe.
18 Y ESCRIBE al ángel de la Iglesia que está en Tiatira: El Hijo de Dios que tiene sus ojos como llama de fuego, y sus piés semejantes al laton fino, dice estas cosas;
19 Yo conozco tus obras, y caridad, y servicio, y fé, y tu paciencia, y tus obras; y las postreras, [que son] muchas mas que las primeras.
20 Mas tengo unas pocas cosas contra tí: que permites á Jezabél, mujer que se dice profetisa, enseñar, y engañar á mis siervos, á fornicar, y á comer cosas ofrecidas á los ídolos:
21 y le he dado tiempo para que se arrepienta de la fornicacion, y no se ha arrepentido.
22 Hé aquí, yo la postraré en una cama, y á los que adulteran con ella, en muy grande tribulacion, si no se arrepintieren de sus obras.
23 Y heriré de muerte sus hijos; y todas las Iglesias sabrán, que yo soy el que escudriño los riñones, y los corazones; y daré á cada uno de vosotros segun sus obras.
24 Pero yo digo á vosotros y á los demos que estais en Tiatira: Aquellos que no tienen esta doctrina, y que no han conocido las profundidades de Satanás, como dicen, yo no enviaré sobre vosotros otra carga.
25 Empero la que teneis, tenedla hasta que yo venga.
26 Y al que hubiere vencido, y hubiere guardado mis obras hasta el fin, yo le daré potestad sobre las naciones:
27 y las regirá con vara de hierro, y serán quebrantadas como vaso de ollero, como tambien yo la he recibido de mi Padre.
28 Y le daré la estrella de la mañana.
29 El que tiene oreja, oiga lo que el Espíritu dice á las Iglesias.
CAPITULO 3
1 Y ESCRIBE al ángel de la Iglesia que está en Sardo: El que tiene los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas, dice estas cosas: Yo conozco tus obras: tienes nombre que vives, y estás muerto.
2 Sé vigilante, y confirma las otras cosas que están para morir: porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios.
3 Acuérdate pues de lo que has recibido, y has oido, y guárdalo, y arrepiéntete. Y si no velares, vendré á tí como ladron, y no sabrás á qué hora vendré á tí.
4 Mas tienes unas pocas personas tambien en Sardo, que no han ensuciado sus vestiduras, y andarán conmigo en vestiduras blancas: porque son dignos.
5 El que venciere, será así vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles.
6 El que tiene oreja, oiga lo que el Espíritu dice á las Iglesias.
7 Y ESCRIBE al ángel de la Iglesia que está en Filadelfia: El Santo y Verdadero, que tiene la llave de David; que abre, y ninguno cierra; que cierra, y ninguno abre, dice estas cosas:
8 Yo conozco tus obras: hé aquí, te he puesto delante de tí una puerta abierta, y ninguno la puede cerrar: porque tú tienes una poquita de potencia, y has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre.
9 Hé aquí, yo daré de la sinagoga de Satanás, los que se dicen ser Judíos, y no lo son, mas mienten: hé aquí, yo los constreñiré á que vengan, y adoren delante de tus piés, y sepan que yo te he amado.
10 Porque has guardado la palabra de mi paciencia, y yo te guardaré de la hora de la tentacion, que ha de venir en todo el mundo, para probar los que moran en la tierra.
11 Mira, que yo vengo presto: reten lo que tienes, para que ninguno tome tu corona.
12 Al que venciere yo le haré columna en el templo de mi Dios, y nunca mas saldrá fuera: y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, que es la nueva Jerusalem, la cual ha descendido del cielo de mi Dios, y mi nombre nuevo.
13 El que tiene oreja, oiga lo que el Espíritu dice á las Iglesias.
14 Y ESCRIBE al ángel de la Iglesia de los Laodicenses: Hé aquí, dice el Amen, el testigo fiel y verdadero, el principio de la criatura de Dios:
15 Yo conozco tus obras: que ni eres frio, ni caliente: ojalá fueses frio, ó hirviente:
16 mas porque eres tibia, y no frio ni hirviente, yo te vomitaré de mi boca.
17 Porque tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa: y no conoces que tú eres cuitado, y miserable, pobre, y ciego, y desnudo:
18 yo te amonesto que de mí compres oro afinado en fuego, para que seas hecho rico, y seas vestido de vestiduras blancas, para que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas.
19 Yo reprendo y castigo á todos los que amo: ten pues zelo, y enmiéndate.
20 Mira, que yo estoy á la puerta, y llamo: si alguno oyere mi voz, y me abriere la puerta, entraré á él, y cenaré con él, y él conmigo.
21 Al que venciere, yo le daré que se asiente conmigo en mi trono: así como yo he vencido, y me he asentado con mi Padre en su trono.
22 El que tiene oreja, oiga lo que el Espíritu dice á las Iglesias.
CAPITULO 4
1 DESPUES de estas cosas miré, y hé aquí una puerta abierta en el cielo: y la primera voz que oí era como de trompeta que hablaba conmigo, diciendo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que es necesario que sean hechas despues de estas.
2 Y luego yo fuí en espíritu: y he aquí un trono que estaba puesto en el cielo, y sobre el trono estaba uno asentado.
3 Y el que estaba asentado, era al parecer semejante á una piedra de jaspe y de sardio, y el íris estaba al rededor del trono semejante á una vision de esmeralda.
4 Y al rededor del trono habia veinte y cuatro sillas: y ví sobre las sillas veinte y cuatro ancianos sentados, vestidos de ropas blancas: y tenian sobre sus cabezas coronas de oro.
5 Y del trono salian relámpagos, y truenos, y voces: y habia siete lámparas de fuego ardiendo delante del trono, las cuales son los siete espíritus de Dios.
6 Y delante del trono [habia] como un mar de color de vidrio semejante al cristal: y en medio del trono, y al rededor del trono cuatro animales llenos de ojos delante y detrás.
7 Y el primer animal era semejante á un leon, y el segundo animal, semejante á un becerro, y el tercer animal tenia la cara como hombre, y el cuarto animal, semejante al águila que vuela.
8 Y los cuatro animales tenian cada uno por sí seis alas al rededor: y dentro estaban llenos de ojos; y no tenian reposo dia ni noche, diciendo: Santo, Santo, Santo es el Señor Dios Todopoderoso, que era, y que es, y que ha de venir.
9 Y cuando aquellos animales daban gloria, y honra, y alabanza al que estaba sentado en el trono, al que vive para siempre jamás,
10 los veinte y cuatro ancianos se postraban delante del que estaba sentado en el trono, y adoraban al que vive para siempre jamás, y echaban sus coronas delante del trono, diciendo:
11 Señor, digno eres de recibir gloria, y honra, y virtud: porque tú criaste todas las cosas, y por tu voluntad tienen ser, y fueron criadas.
CAPITULO 5
1 Y VÍ en la mano derecha del que estaba sentado sobre el trono un libro escrito dentro y fuera, sellado con siete sellos.
2 Y ví un ángel fuerte, predicando en alta voz: ¿Quién es digno de abrir el libro, y de desatar sus sellos?
3 Y ninguno podia, ni en el cielo, ni en la tierra, ni debajo de la tierra, abrir el libro, ni mirarle.
4 Y yo lloraba mucho, porque no habia sido hallado ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo.
5 Y uno de los ancianos me dice: No llores: hé aquí, el leon de la tribu de Judá, la raiz de David, que ha vencido para abrir el libro, y desatar sus siete sellos.
6 Y miré: y hé aquí, en medio del trono, y de los cuatro animales, Y en medio de los ancianos, estaba un Cordero como muerto, que tenia siete cuernos, y siete ojos, que son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.
7 Y él vino, y tomó el libro de la mano derecha de aquel que estaba sentado en el trono.
8 Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro animales, y los veinte y cuatro ancianos se postraron delante del Cordero, teniendo cada uno arpas, y redomas de oro llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos:
9 y cantaban uno nuevo cantico, diciendo: Digno eres de tomar el libro, y de abrir sus sellos: porque tú fuiste muerto, y nos has redimido para Dios con tu sangre, de todo linaje, y lengua, y pueblo, y nacion:
10 y nos has hecho para nuestro Dios, reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.
11 Y miré, y oí voz de muchos ángeles al rededor del trono, y de los animales, y de los ancianos: y la multitud de ellos era millones de millones,
12 que decian en alta voz: El Cordero que fué muerto es digno de tomar potencia, y riquezas, y sabiduría, y fortaleza, y honra, y gloria, y alabanza.
13 Y oí á toda criatura que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y que está en la mar, y todas las cosas que en ellos están, diciendo: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea alabanza, honra, y gloria, y potencia para siempre jamás.
14 Y los cuatro animales decian: Amen. Y los veinte y cuatro ancianos cayeron las caras contra tierra, y adoraron al que vive para siempre jamás.
CAPITULO 6
1 Y MIRÉ cuando el Cordero hubo abierto el uno de los sellos, y oí á uno de los cuatro animales diciendo como con una voz de trueno: Ven, y ve.
2 Y miré, y hé aquí un caballo blanco: y el que estaba sentado encima de él, tenia un arco; y le fué dada una corona, y salió victorioso, para que tambien venciese.
3 Y CUANDO él hubo abierto el segundo sello, oí el segundo animal, que decia: Ven, y ve.
4 Y salió otro caballo bermejo: y al que estaba sentado sobre él, fué dado poder de quitar la paz de la tierra, y que se matasen unos á otros: y le fué dada una grande espada.
5 Y CUANDO él hubo abierto el tercer sello, oí al tercer animal, que decia: Ven, y mira. Y miré, y hé aquí un caballo negro: y el que estaba sentado encima de él tenia una balanza en su mano.
6 Y oí una voz en medio de los cuatro animales, que decia: Un cheniz de trigo por un denario, y tres chenices de cebada por un denario; y no hagas daño al vino, ni al aceite.
7 Y DESPUES que él abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto animal, que decia: Ven, y ve.
8 Y miré, y hé aquí un caballo pálido: y el que estaba sentado sobre él, tenia por nombre Muerte, y el infierno le seguia: y le fué dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con bestias de la tierra.
9 Y CUANDO él hubo abierto el quinto sello, ví debajo del altar las almas de los que habian sido muertos por la palabra de Dios, y por el testimonio que ellos tenian:
10 y clamaban en alta voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas, y vengas nuestra sangre de los que moran en la tierra?
11 Y fueron dadas ropas blancas á cada uno de ellos, y les fué dicho, que aun reposasen un poco de tiempo hasta que sus consiervos fuesen cumplidos, y sus hermanos que tambien habian de ser muertos como ellos.
12 Y MIRÉ cuando él abrió el sexto sello: y hé aquí, fué hecho un gran terremoto: y el sol se volvió negro como un saco de cilicio, y la luna fué hecha toda como sangre:
13 y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos prematuros cuando es movida de gran viento:
14 y el cielo se apartó como un libro que es envuelto: y todo monte y todas islas fueron movidas de sus lugares:
15 y los reyes de la tierra, y los príncipes, y los ricos, y los capitanes, y los fuertes, y todo siervo, y todo libre se escondieron en las cuevas, y entre las rocas de los montes:
16 y decian á los montes, y á las rocas: Caed sobre nosotros, y escondednos de la cara de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero:
17 porque el gran dia de su ira ha llegado: ¿y quién podrá resistir?
CAPITULO 7
1 DESPUES de estas cosas, ví cuatro ángeles que estaban sobre las cuatro esquinas de la tierra, tenian los cuatro vientos de la tierra, para que no soplase viento sobre la tierra, ni sobre la mar, ni sobre ningun árbol.
2 Y ví otro ángel que subia del nacimiento del sol, teniendo el sello de Dios vivo. Y clamó con gran voz á los cuatro ángeles, á los cuales era dado hacer daño á la tierra, y á la mar,
3 diciendo: No hagais daño á la tierra, ni á la mar, ni á los árboles, hasta que señalemos á los siervos de nuestro Dios en sus frentes.
4 Y oí el número de los señalados, ciento y cuarenta y cuatro mil señalados de todas las tribus de los hijos de Israél.
5 De la tribu de Judá, doce mil señalados. De la tribu de Rubén, doce mil señalados. De la tribu de Gad, doce mil señalados.
6 De la tribu de Asér, doce mil señalados. De la tribu de Nephthalí, doce mil señalados. De la tribu de Manassé, doce mil señalados.
7 De la tribu de Simeón, doce mil señalados. De la tribu de Leví, doce mil señalados. De la tribu de Isachár, doce mil señalados.
8 De la tribu de Zabulón, doce mil señalados. De la tribu de Joseph, doce mil señalados. De la tribu de Benjamin, doce mil señalados.
9 Despues de estas cosas miré, y hé aquí una gran multitud, la cual ninguno podia contar, de todas gentes, y linajes, y pueblos, y lenguas, que estaban delante del trono, y en la presencia del Cordero, vestidos de largas ropas blancas, y palmas en sus manos;
10 y clamaban á alta voz, diciendo: Salud al que esta sentado sobre el trono de nuestro Dios, y al Cordero.
11 Y todos los ángeles estaban al rededor del trono, y de los ancianos, y de los cuatro animales: y postráronse sobre sus caras delante del trono, y adoraron á Dios,
12 diciendo: Amen: Alabanza, y gloria, sabiduría, y accion de gracias, honra, potencia, y fortaleza á nuestro Dios para siempre jamás. Amen.
13 Y respondió uno de los ancianos, diciéndome: Estos que están vestidos de largas ropas blancas, ¿quiénes son? ¿y de dónde han venido?
14 Y yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que han venido de grande tribulacion, y han lavado sus largas ropas, y las han blanqueado en la sangre del Cordero:
15 por esto están delante del trono de Dios, y le sirven dia y noche en su templo: y el que está sentado en el trono morará entre ellos.
16 No tendrán mas hambre, ni sed; y el sol no caerá mas sobre ellos, ni otro ningun calor:
17 porque el Cordero que está en medio del trono los alimentará, y los guiará á las fuentes de aguas vivas. Y Dios limpiará toda lágrima de los ojos de ellos.
CAPITULO 8
1 Y CUANDO él hubo abierto el séptimo sello, fué hecho silencio en el cielo casi por media hora.
2 Y VÍ siete ángeles que estaban delante de Dios, y les fueron dadas siete trompetas.
3 Y otro ángel vino, y se paró delante del altar, teniendo un incensario de oro: y le fueron dados muchos inciensos para que pusiese de las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro, el cual estaba delante del trono.
4 Y el humo de los inciensos de las oraciones de los santos subió de la mano del ángel delante de Dios.
5 Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo echó en la tierra, y fueron hechos truenos, y voces, y relámpagos, y temblor de tierra.
6 Y los siete ángeles que tenian las siete trompetas, se aparejaron para tocarlas.
7 Y EL primer ángel tocó la trompeta, y fué hecho granizo, y fuego mezclado con sangre, y fué echado sobre la tierra: y la tercera parte de los árboles fué quemada, y toda la yerba verde fué quemada.
8 Y EL segundo ángel tocó la trompeta, y como un grande monte ardiente con fuego fué lanzado en la mar, y la tercera parte de la mar fué vuelta en sangre.
9 Y murió la tercera parte de las criaturas que estaban en la mar, las cuales tenian vida, y la tercera parte de los navíos pereció.
10 Y EL tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una grande estrella ardiendo como una antorcha encendida, y cayó en la tercera parte de los rios, y en las fuentes de las aguas.
11 El nombre de la estrella se llama Ajenjo; y la tercera parte de las aguas fué vuelta en ajenjo; y muchos hombres murieron por las aguas, porque fueron hechas amargas.
12 Y EL cuarto ángel tocó la trompeta, y fué herida la tercera parte del sol, y la tercera parte de la luna, y la tercera parte de las estrellas: de tal manera que se oscureció la tercera parte de ellos, y no alumbraba la tercera parte del dia, y semejantemente de la noche.
13 Y ví, y oí un ángel volar por medio del cielo, diciendo en alta voz: ¡Ay, ay, de los que moran en la tierra! á causa de las otras voces de la trompeta que los tres ángeles habian de tocar.
CAPITULO 9
1 Y EL quinto ángel tocó la trompeta, y ví una estrella que cayó del cielo en la tierra: y le fué dada la llave del pozo del abismo.
2 Y abrió el pozo del abismo, y subió el humo del pozo como el humo de una grande hornaza; y fué oscurecido el sol, y el aire con el humo del pozo.
3 Y del humo del pozo salieron langostas á la tierra: y les fué dada potestad, como tienen potestad los escorpiones de la tierra.
4 Y les fué mandado que no hiciesen daño á la yerba de la tierra, ni á ninguna cosa verde, ni á ningun árbol, sino solamente á los hombres que no tienen la señal de Dios en sus frentes.
5 Y les fué dado que no los matasen, sino que los atormentasen cinco meses: y su tormento era como tormento de escorpion cuando hiere al hombre.
6 Y en aquellos dias buscarán los hombres la muerte, y no la hallarán: y desearán morir, y la muerte huirá de ellos.
7 Y la forma de las langostas era semejante á caballos aparejados para guerra: y sobre sus cabezas tenian como coronas semejantes al oro: y sus caras eran como caras de hombres.
8 Y tenian cabellos como cabellos de mujeres: y sus dientes eran como dientes de leones.
9 Y tenian corazas como corazas de hierro: y el estruendo de sus alas, como el ruido de los carros, que con muchos caballos corren á la batalla.
10 Y tenian colas semejantes á las colas de los escorpiones, y tenian en sus colas aguijones: y su potestad era de hacer daño á los hombres cinco meses.