Reina Valera New Testament of the Bible 1858
Part 23
17 Y me aconteció, vuelto á Jerusalem, que orando en el templo, fuí arrebatado fuera de mí,
18 y le ví que me decia: Dáte priesa, y sal prestamente fuera de Jerusalem: porque no recibirán tu testimonio de mí.
19 Y yo dije: Señor, ellos saben que yo encerraba en cárcel, y heria por las sinagogas á los que creian en tí:
20 y cuando se derramaba la sangre de Estévan tu testigo, yo tambien estaba presente, y consentia á su muerte, y guardaba las ropas de los que le mataban.
21 Y me dijo: Vé, porque yo te tengo que enviar lejos á los Gentiles.
22 Y le oyeron hasta esta palabra: entonces alzaron la voz, diciendo: Quita de la tierra á un tal hombre: porque no conviene que viva.
23 Y dando ellos voces, y arrojando sus ropas, y echando polvo al aire,
24 mandó el tribuno que le llevasen al real: y mandó que fuese examinado con azotes, para saber por qué causa clamaban así contra él.
25 Y como le ataron con correas, Pablo dijo al centurion que estaba presente: ¿Os es lícito azotar á un hombre Romano, sin ser condenado?
26 Y como el centurion oyó [esto,] fué al tribuno, y le dió aviso, diciendo: ¿Qué has de hacer? porque este hombre es Romano.
27 Y viniendo el tribuno le dijo: Dime, ¿eres tú Romano? Y él dijo: Sí.
28 Y respondió el tribuno: Yo con mucha suma alcancé esta ciudad. Entonces Pablo dijo: Y yo aun soy nacido.
29 Así que, luego se apartaron de él los que le habian de atormentar: y aun el tribuno tambien tuvo temor, entendido que era Romano, por haberle atado.
30 Y el dia siguiente queriendo saber de cierto la causa por qué era acusado de los Judíos, le soltó de las prisiones, y mandó venir á los príncipes de los sacerdotes, y á todo su concilio: y sacando á Pablo, le presentó delante de ellos.
CAPITULO 23
1 ENTONCES Pablo, poniendo los ojos en el concilio, dice: Varones hermanos, yo con toda buena conciencia he conversado delante de Dios hasta el dia de hoy.
2 El príncipe de los sacerdotes, Ananías, entonces mandó á los que estaban delante de él que le hiriesen en la boca.
3 Entonces Pablo le dijo: Te herirá Dios, pared blanqueada; ¿y tú estás sentado juzgándome conforme á la ley, y contra la ley me mandas herir?
4 Y los que estaban presentes dijeron: ¿Al sumo sacerdote de Dios maldices?
5 Y Pablo dijo: No sabia, hermanos, que era él príncipe de los sacerdotes: que escrito está: Al príncipe de tu pueblo no maldecirás.
6 Entonces Pablo, sabiendo que la una parte era de Saducéos, y la otra de Fariséos, clamó en el concilio: Varones hermanos, yo Fariséo soy, hijo de Fariséo: de la esperanza y de la resurreccion de los muertos soy yo juzgado.
7 Y como hubo dicho esto, fué hecha disension entre los Fariséos y los Saducéos: y la multitud fué dividida.
8 (Porque los Saducéos dicen que no hay resurreccion, ni ángel, ni espíritu: mas los Fariséos confiesan ambas cosas.)
9 Y se levantó un gran clamor: y levantándose los escribas de la parte de los Fariséos, contendian, diciendo: Ningun mal hallamos en este hombre: que si espíritu le ha hablado, ó ángel, no repugnemos á Dios.
10 Y habiendo grande disension, el tribuno teniendo temor que Pablo no fuese despedazado de ellos, mandó venir una compañía de soldados y arrebatarle de en medio de ellos, y llevarle al real.
11 Y la noche siguiente, presentándosele el Señor, le dijo: Confia, Pablo: que como has testificado de mí en Jerusalem, así te conviene testificar tambien en Roma.
12 Y venido el dia, algunos de los Judíos se juntaron, y prometieron debajo de maldicion, diciendo, que ni comerian ni beberian hasta que hubiesen muerto á Pablo.
13 Y eran mas de cuarenta los que habian hecho esta conjuracion:
14 los cuales se fueron á los príncipes de los sacerdotes, y á los ancianos, y dijeron: Nosotros hemos hecho voto debajo de maldicion, que no hemos de gustar nada hasta que hayamos muerto á Pablo:
15 ahora pues vosotros con el concilio haced saber al tribuno, que le saque mañana á vosotros, como que quereis entender de él alguna cosa mas cierta; y nosotros, antes que él llegue, estamos aparejados para matarle.
16 Entonces un hijo de la hermana de Pablo, oyendo las asechanzas, vino, y entró en el real, y dió aviso á Pablo.
17 Y Pablo llamando á uno de los centuriones, dice: Lleva á este mancebo al tribuno, porque tiene cierto aviso que darle.
18 El entonces tomándole, le llevó al tribuno, y dijo: El preso Pablo llamándome, me rogó que trajese á tí este mancebo, que tiene algo que hablarte.
19 Y el tribuno tomándole de la mano, y apartándose aparte con él, le preguntó: ¿Qué es lo que tienes de que darme aviso?
20 Y él dijo: los Judíos han concertado rogarte que mañana saques á Pablo al concilio, como que han de inquirir de él alguna cosa mas cierta:
21 mas tú no los creas: porque mas de cuarenta varones de ellos le asechan, los cuales han hecho voto, debajo de maldicion, de no comer ni beber hasta que le hayan muerto: y ahora están apercibidos esperando tu promesa.
22 Entonces el tribuno despidió al mancebo, mandándole que á nadie dijese que le habia dado aviso de esto.
23 Y llamados dos centuriones, les mandó que apercibiesen doscientos soldados, que fuesen hasta Cesaréa, y setenta de á caballo con doscientos lanceros, que le acompañasen desde las tres horas de la noche;
24 y que aparejasen cabalgaduras para en que poniendo á Pablo, le llevasen en salvo á Felix el presidente:
25 escribiendo una carta que en suma contenia esto:
26 Claudio Lisias á Felix gobernador excelente, salud.
27 A este varon, tomado de los Judíos, y que le comenzaban á matar, libré yo, sobreviniendo con una compañía de soldados, entendiendo que era Romano:
28 y queriendo saber la causa por qué le acusaban, le llevé al concilio de ellos:
29 y hallé que le acusaban de [algunas] cuestiones de la ley de ellos, y que ningun crímen tenia digno de muerte, ó de prision:
30 mas siéndome dado aviso de asechanzas que le habian aparejado los Judíos, en la misma hora le envié á tí: y he denunciado tambien á los acusadores que traten delante de tí lo que tienen contra él. Bien tengas.
31 Y los soldados tomando á Pablo, como les era mandado, le trajeron de noche á Antipatria.
32 Y el dia siguiente, dejando á los de á caballo que fuesen con él, se volvieron al real.
33 Y como llegaron á Cesaréa, y dieron la carta al presidente, presentaron tambien á Pablo delante de él.
34 Y el presidente, leida la carta, preguntó de qué provincia era: y entendiendo que de Cilicia:
35 Te oiré, dice, cuando vinieren tambien tus acusadores. Y mandó que le encarcelasen en la audiencia de Herodes.
CAPITULO 24
1 Y CINCO dias despues descendió el príncipe de los sacerdotes Ananías, con los ancianos, y Tértulo un orador: y comparecieron delante del presidente contra Pablo.
2 Y citándole, Tértulo comenzó de acusar, diciendo:
3 Como [sea así que] por causa tuya vivamos en grande paz, y muchas cosas sean bien gobernadas en el pueblo por tu prudencia, siempre y en todo lugar lo recibimos con todo hacimiento de gracias, oh excelente Felix.
4 Empero por no impedirte mas largamente, ruégote que nos oigas brevemente conforme á tu equidad.
5 Porque hemos hallado que este hombre es pestilencial, y levantador de sediciones á todos los Judíos por todo el mundo: y príncipe de la sediciosa secta de los Nazarenos.
6 El cual tambien tentó á violar al templo: y prendiéndole le quisimos juzgar conforme á nuestra ley.
7 Mas entreviniendo el tribuno Lisias, con grande violencia le quitó de nuestras manos;
8 mandando á sus acusadores que viniesen á tí: del cual tú mismo juzgando, podrás entender todas estas cosas de que le acusamos.
9 Y añadieron los Judíos, diciendo estas cosas ser así.
10 Entonces Pablo, haciéndole señal el presidente que hablase, respondió: Porque sé que muchos años ha que eres gobernador de esta nacion, con buen ánimo satisfaré por mí:
11 que tú puedes entender que no ha mas de doce dias que subí á adorar á Jerusalem:
12 y ni me hallaron en el templo disputando con ninguno, ni haciendo
concurso de multitud, ni en sinagogas, ni en la ciudad:
13 ni te pueden probar las cosas de que ahora me acusan:
14 esto empero te confieso, que conforme á aquel camino que llaman secta, así sirvo al Dios de mi patria, creyendo todas las cosas que en la ley, y en los profetas están escritas:
15 teniendo esperanza en Dios que ha de haber resurreccion de los muertos, así de justos é injustos, que ellos esperan:
16 y por esto yo procuro tener conciencia sin escrúpulo siempre acerca de Dios, y acerca de los hombres:
17 mas pasados muchos años, vine á hacer limosnas y ofrendas á mi nacion,
18 cuando me hallaron santificado en el templo, (no con multitud, ni con alboroto,) unos Judíos de Asia:
19 los cuales convenia que fueran presentes delante de tí, y acusar, si contra mí tenian algo:
20 ó estos mismos digan, si hallaron en mí alguna cosa mal hecha cuando yo estuve en el concilio;
21 sino de esta sola voz que clamé estando entre ellos: Que de la resurreccion de los muertos soy hoy juzgado de vosotros.
22 Entonces oidas estas cosas, Felix les paso dilacion, diciendo: Despues que sea mas informado de esta secta, cuando descendiere el tribuno Lisias, acabaré de conocer de vuestro negocio.
23 Y mandó al centurion, que Pablo fuese guardado suelto [de las prisiones,] y que no defendiese á ninguno de sus familiares de servirle, ó venir á él.
24 Y algunos dias despues, viniendo Felix con Drusilla su mujer, la cual era Judía, llamó á Pablo, y oyó de él la fé que es en Cristo.
25 Y disputando él de la justicia, y de la continencia, y del juicio venidero, espantado Felix, respondió: Ahora véte: mas en teniendo oportunidad te llamaré:
26 esperando tambien con esto, que de parte de Pablo le serian dados dineros, porque le soltase: por lo cual haciéndole venir muchas veces, hablaba con él.
27 Mas cumplidos los dos años, Felix recibió por sucesor á Porcio Festo; y queriendo Felix ganar la gracia de los Judíos, dejó preso á Pablo.
CAPITULO 25
1 FESTO pues, entrado en la provincia, tres dias despues subió de Cesaréa á Jerusalem.
2 Y vinieron á él el príncipe de los sacerdotes, y los principales de los Judíos contra Pablo, y le rogaron,
3 pidiendo gracia contra él, que le hiciese traer á Jerusalem, poniéndole asechanzas para matarle en el camino.
4 Mas Festo respondió que Pablo era guardado en Cesaréa, y que él se partiria presto.
5 los que de vosotros pueden, dice, desciendan juntamente, y si hay algun crímen en este varon, acúsenle.
6 Y deteniéndose entre ellos no mas de diez dias, venido á Cesaréa, el siguiente dia se asentó en el tribunal, y mandó que Pablo fuese traido.
7 El cual venido, le rodearon los Judíos que habian venido de Jerusalem, poniendo contra Pablo muchas y graves acusaciones, las cuales no podian probar,
8 dando Pablo razon: Que ni contra la ley de los Judíos, ni contra el templo, ni contra César he pecado en algo.
9 Mas Festo, queriendo congraciarse con los Judíos, respondiendo á Pablo, dijo: ¿Quieres subir á Jerusalem, y allá ser juzgado de estas cosas delante de mí?
10 Y Pablo dijo: Al tribunal de César estoy, donde conviene que sea juzgado: á los Judíos no he hecho injuria ninguna, como tú sabes muy bien:
11 porque si alguna injuria, ó cosa alguna digna de muerte he hecho, no rehuso de morir: mas si nada hay de las cosas de que estos me acusan, nadie puede darme á ellos: á César apelo.
12 Entonces Festo, habiendo hablado con el consejo, respondió: ¿A César has apelado? á César irás.
13 Y PASADOS algunos dias, el rey Agripa y Bernice vinieron á Cesaréa á saludar á Festo.
14 Y como estuvieron allí muchos dias, Festo declaró al rey de Pablo, diciendo: Un varon ha sido dejado preso por Felix,
15 por el cual, como vine á Jerusalem, vinieron á mí los príncipes de los sacerdotes y los ancianos de los Judíos pidiendo condenacion contra él.
16 A los cuales respondí, no ser costumbre de los Romanos dar alguno á condenacion, antes que el que es acusado tenga presentes sus acusadores, y haya lugar de defenderse de la acusacion.
17 Así que habiendo venido juntos aca, sin ninguna dilacion el dia siguiente sentado en el tribunal, mandé traer al hombre.
18 Y estando presentes sus acusadores, ningun crímen le opusieron de los que yo sospechaba.
19 Solamente tenian ciertas cuestiones acerca de su supersticion contra él, y de un cierto Jesus difunto, el cual Pablo afirmaba vivir.
20 Y yo dudando en cuestion semejante, dije, si queria ir á Jerusalem, y allá ser juzgado de estas cosas.
21 Mas apelando Pablo á ser guardado al conocimiento de Augusto, mandé que le guardasen, hasta que le envie á César.
22 Entonces Agripa dijo á Festo: Yo tambien querria oir á [ese] hombre. Y él dice: Mañana le oirás.
23 Y otro dia viniendo Agripa y Bernice con mucho aparato, y entrado en el auditorio con los tribunos, y los varones mas principales de la ciudad, mandándolo Festo, fué traido Pablo.
24 Entonces Festo dice: Rey Agripa, y todos los varones que estais aquí juntos con nosotros, veis á este, por el cual toda la multitud de los Judíos me ha demandado en Jerusalem y aquí, dando voces que no conviene que viva mas.
25 Mas yo hallando que ninguna cosa digna de muerte ha hecho, y él mismo apelando á Augusto, he determinado de enviarle.
26 Del cual no tengo cosa cierta que escriba al señor, por lo cual le he sacado á vosotros, y mayormente á tí, oh rey Agripa, para que hecha informacion, tenga que escribir.
27 Porque fuera de razon me parece enviar un preso, y no informar de las causas.
CAPITULO 26
1 ENTONCES Agripa dijo á Pablo: Se te permite hablar por tí. Pablo entonces extendiendo la mano, comenzó á dar razon de sí, [diciendo:]
2 Acerca de todas las cosas de que soy acusado de los Judíos, oh rey Agripa, me tengo por dichoso, de que delante de tí me haya hoy de defender.
3 Mayormente sabiendo tú todas las costumbres y cuestiones que hay entre los Judíos: por lo cual te ruego que me oigas con paciencia.
4 Mi vida pues, desde la mocedad, la cual desde el principio fué en mi nacion en Jerusalem, todos los Judíos la saben:
5 los cuales tienen ya conocido, que yo desde el principio, si quieren testificarlo, conforme á la mas perfecta secta de nuestra religion he vivido Fariséo.
6 Y ahora por la esperanza de la promesa que hizo Dios á nuestros padres soy llamado en juicio.
7 A la cual nuestras doce tribus, sirviendo perpétuamente de dia y de noche, esperan que han de venir: de la cual esperanza, oh rey Agripa, soy acusado por los Judíos.
8 ¿Cómo se juzga cosa increible entre vosotros que Dios resucite los muertos?
9 Yo ciertamente habia pensado de hacer contra el nombre de Jesus el Nazareno muchas cosas contrarias.
10 Lo cual tambien hice en Jerusalem, y yo encerré en cárceles á muchos de los santos, recibida potestad de los príncipes de los sacerdotes; y cuando eran matados, yo dí mi voto.
11 Y muchas veces por las sinagogas castigándolos, les forcé á blasfemar: y enfurecido sobre manera contra ellos, los perseguí hasta en las ciudades extrañas.
12 Donde aun yendo á Damasco con potestad y comision de los príncipes de los sacerdotes,
13 en mitad del dia, oh rey, vi en el camino una luz que sobrepujaba el resplandor del sol, la cual me rodeó, y á los que iban conmigo.
14 Y habiendo caido todos nosotros en tierra, oí una voz que me hablaba, y decia en lengua Hebráica: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? dura cosa te es dar coces contra los aguijones.
15 Yo entonces dije: ¿Quién eres, Señor? Y él dijo: Yo soy Jesus, á quien té persigues:
16 mas levántate, y pónte sobre tus piés: porque por eso te he aparecido, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de las que te mostraré;
17 librándote de este pueblo, y de los Gentiles, á los cuales ahora te envio,
18 para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas á la luz, y de la potestad de Satanás á Dios, para que reciban por la fe que es en mí, remision de pecados, y suerte entre los santificados.
19 Por lo cual, oh rey Agripa, no fuí rebelde á la vision celestial:
20 antes, primeramente á los que están en Damasco, y Jerusalem, y por toda la tierra de Judéa, y á los Gentiles, anunciaba que se enmendasen y se convirtiesen á Dios, haciendo obras dignas de conversion.
21 Por causa de esto los Judíos tomándome en el templo, tentaron de matarme.
22 Mas ayudado de la ayuda de Dios persevero hasta el dia de hoy, dando testimonio á chicos y á grandes, no diciendo nada fuera de las cosas que los profetas y Moisés dijeron que habian de venir:
23 que el Cristo habia de padecer, que [habia de ser] el primero de la resurreccion de los muertos, que habia de anunciar luz á este pueblo, y á los Gentiles.
24 Y diciendo él estas cosas en su defensa, Festo á gran voz dijo: Estás loco, Pablo: las muchas letras te tornan loco.
25 Y Pablo: No estoy loco, (dice,) excelente Festo, sino que hablo palabra de verdad, y de templanza:
26 porque el rey sabe estas cosas, delante del cual tambien hablo constantemente: porque no pienso que ignora nada de esto, que esto no ha sido hecho por rincones:
27 ¿crees, rey Agripa, á los profetas? yo sé que crees.
28 Entonces Agripa dijo á Pablo: Por poco me persuadirás que me haga Cristiano.
29 Y Pablo dijo: Deseo delante de Dios, que por poco y por mucho, no solamente tú, mas tambien todos los que hay me oyen, fuéseis hechos tales cual yo soy, excepto estas prisiones.
30 Y como hubo dicho estas cosas se levantó el rey, y el presidente, y Bernice, y los que se habian asentado con ellos.
31 Y como se apartaron aparte, hablaban los unos á los otros, diciendo: Que ninguna cosa digna ni de muerte, ni de prision, hace este hombre.
32 Y Agripa dijo á Festo: Podia este hombre ser suelto, si no hubiera apelado á César.
CAPITULO 27
1 MAS como fué determinado que habiamos de navegar para Italia, entregaron á Pablo, y á algunos otros presos á un centurion llamado Julio, de la compañía Augusta.
2 Así que embarcándonos en un navío Adrumetino, nos partimos, estando con nosotros Aristarco Macedonio de Tesalónica, para navegar junto á los lugares de Apia.
3 Y otro dia llegamos á Sidón, y Julio tratando á Pablo humanamente, le permitió, que fuese á los amigos para ser de ellos bien tratado.
4 Y alzando [velas] de allí, navegamos bajo de Cipro: porque los vientos eran contrarios.
5 Y habiendo pasado la mar que está junto á Cilicia y Panfilia, venimos á Mira, que es [ciudad] de Licia.
6 Y hallando allí el centurion un navío Alejandrino, que navegaba á Italia, nos puso en él.
7 Y navegando muchos dias despacio, y habiendo apenas llegado delante de Gnido, no dejándonos el viento, navegamos bajo de Creta junto á Salmón.
8 Y costeándola apenas, venimos á un lugar que llaman Buenos Puertos, cerca del cual estaba la ciudad de Laséa.
9 Y pasado mucho tiempo, y siendo ya peligrosa la navegacion, porque ya era pasado el ayuno, Pablo amonestaba,
10 diciendo: Varones, [yo] veo que con incomodidad y mucho daño, no solo de la cargazon y del navío, mas aun de nuestras personas, habrá de ser la navegacion.
11 Mas el centurion creia mas al maestro y al piloto, que á lo que Pablo decia.
12 Y no habiendo puerto cómodo para invernar, muchos acordaron de pasar aun de allí, [por ver] si pudiesen tomar á Phenice, é invernar allí, que es un puerto de Creta al ábrego y al poniente.
13 Y ventando el austro, pareciéndoles que ya tenian lo que deseaban, alzando [velas] tenian de cerca la costa de Creta.
14 Mas no mucho despues dió en ella un viento repentino que se llama Euroaquilo.
15 Y siendo arrebatado de él el navío, que no podia resistir contra el viento, dejado [el navío á los vientos] eramos llevados.
16 Y llevados de la corriente hácia una pequeña isla que se llama Clauda, apenas pudimos ganar el esquife,
17 el cual tomado, usaban de remedios ciñiendo el navío: y teniendo temor que no diesen en la sirte, bajadas las velas, eran así llevados.
18 Y habiendo sido atormentados de una vehemente tempestad, el siguiente dia echaron á la mar.
19 Y al tercer dia nosotros con nuestras manos echamos las obras muertas del navío.
20 Y no pareciendo sol ni estrellas por muchos dias, y viniendo una tempestad no pequeña, ya era perdida toda la esperanza de nuestra salud.
21 Y habiendo ya mucho que no comiamos, entonces Pablo puesto en pié en medio de ellos, dijo: Fuera de cierto conveniente, ¡oh varones! oirme á mí, y no partir de Creta, y evitar este inconveniente y el daño:
22 mas ahora os amonesto que tengais buen ánimo: porque ninguna pérdida habrá de persona de vosotros, sino solamente del navío:
23 porque esta noche ha estado conmigo el ángel de Dios, del cual yo soy, y al cual sirvo,
24 diciendo: Pablo, no tengas temor: es menester que seas presentado delante de César; y hé aquí, Dios te ha dado á todos los que navegan contigo.
25 Por tanto, ¡oh varones! tened buen ánimo: porque yo confio en Dios que será así como me ha sido dicho:
26 mas es menester que demos en una isla.
27 Empero venida la catorcena noche, y siendo llevados en el Adria, los marineros á la media noche sospecharon que estaban cerca de alguna tierra.
28 Y echando la sonda, hallaron veinte pasos; y pasando un poquito mas adelante, volviendo á echar la sonda, hallaron quince pasos.
29 Y teniendo temor de dar en lugares ásperos, echando cuatro anclas de la popa, deseaban que se hiciese de dia.
30 Entonces procurando los marineros de huirse del navío, echando el esquife á la mar, con parecer como que querian largar las anclas de proa,
31 Pablo dijo al centurion, y á los soldados: Si estos no quedan en el navío, vosotros no podeis salvaros.
32 Entonces los soldados cortaron los cabos del esquife, y dejáronle perder.
33 Y como se comenzó á hacer de dia, Pablo exhortaba á todos que comiesen, diciendo: Este es el catorceno dia que esperais y permaneceis ayunos, no comiendo nada:
34 por tanto os ruego que comais por vuestra salud: que ni aun un cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá.
35 Y habiendo dicho esto, tomando el pan, dió gracias á Dios en presencia de todos: y partiendo, comenzó á comer.
36 Entonces todos teniendo ya mejor ánimo, comieron ellos tambien.
37 Y éramos todas las personas en el navío doscientas y setenta y seis.
38 Y hartados de comida, aliviaban el navío, echando el grano á la mar.
39 Y como se hizo de dia, no conocian la tierra: mas veian un golfo, que tenia orilla, al cual acordaban de echar, si pudiesen, el navío.
40 Alzando las anclas, se dejaron á la mar, largando tambien las ataduras de los gobernalles; y alzada la vela mayor al soplo del viento, íbanse á la orilla.
41 Mas dando en un lugar de dos aguas, el navío dió al través; y la proa hincada estaba sin moverse, y la popa se abria con la fuerza de la mar.
42 Entonces el acuerdo de los soldados era que matasen los presos: porque ninguno huyese escapándose nadando.
43 Mas el centurion, queriendo salvar á Pablo, estorbó este acuerdo; y mandó que los que pudiesen nadar, se echasen los primeros, y saliesen á tierra:
44 y los demás, parte en tablas, parte en cosas del navío: y así aconteció que todos se salvaron á tierra.
CAPITULO 28
1 Y COMO escapamos, entonces conocimos la isla, que se llamaba Melita.
2 Mas los bárbaros nos hacian no poca humanidad: porque encendido un [gran] fuego, nos recibieron á todos, á causa de la lluvia que venia, y del frio.
3 Entonces habiendo Pablo allegado algunos sarmientos, y puéstolos en el fuego, una víbora huyendo del calor, le acometió á la mano.
4 Y como los bárbaros vieron la víbora colgando de su mano, decian los unos á los otros: Ciertamente este hombre es homicida: que escapado de la mar, el castigo no le deja vivir.
5 Mas él, sacudiendo la víbora en el fuego, ningun mal padeció.
6 Empero ellos estaban esperando cuando se habia de hinchar, ó de caer muerto de repente: mas habiendo esperado mucho, y viendo que ningun mal le venia, mudados, decian que era Dios.
7 En aquellos lugares habia heredades de un principal de la isla, llamado Publio, el cual nos recibió, y nos hospedó tres dias humanamente.