Reina Valera New Testament of the Bible 1858

Part 22

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13 Mas como entendieron los Judíos de Tesalónica que tambien en Beréa era anunciada la palabra de Dios por Pablo, vinieron tambien allá alborotando el pueblo.

14 Empero luego los hermanos enviaron á Pablo que fuese como á la mar: y Silas y Timotéo se quedaron allí.

15 Y los que habian tomado á cargo á Pablo, le llevaron hasta Atenas: y tomando mandado de él para Silas y Timotéo, que viniesen á él lo mas presto que pudiesen, se partieron.

16 Y esperándolos Pablo en Atenas, su espíritu se deshacia en él, viendo la ciudad dada á idolatría.

17 Así que disputaba en la sinagoga con los Judíos y religiosos, y en la plaza cada dia con los que le ocurrian.

18 Y algunos filósofos de los Epicúreos y de los Estóicos disputaban con él; y unos decian: ¿Qué quiere decir este palabrero? Y otros: Parece que es predicador de nuevos dioses; porque les predicaba á Jesus, y la resurreccion.

19 Y tomándole, le trajeron al Areópago, diciendo: ¿Podremos saber qué sea esta nueva doctrina que dices?

20 porque metes en nuestras orejas unas nuevas cosas: queremos pues saber qué quiere ser esto.

21 Entonces todos los Atenienses, y los huéspedes extranjeros, en ninguna otra cosa entendian sino, ó en decir, ó en oir alguna cosa nueva.

22 Estando pues Pablo en medio del Areópago, dijo: Varones Atenienses, en todo os veo como mas supersticiosos:

23 porque pasando, y mirando vuestros santuarios, hallé tambien un altar en el cual estaba esta inscripcion: Al Dios no conocido. Aquel, pues, que vosotros honrais sin conocerle, á este os anuncio yo.

24 El Dios que hizo el mundo, y todas las cosas que en él [son,] este como sea Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos de manos;

25 ni es honrado con manos de hombres, necesitado de algo: pues él da á todos vida, y respiracion, y todas las cosas.

26 El cual hizo de uno á todo el linaje de los hombres, para que habitasen sobre toda la faz de la tierra, determinando las sazones, las cuales limitó, y puestos los términos de la habitacion de ellos;

27 para que buscasen á Dios, si en alguna manera palpando le hallen: aunque cierto no está lejos de cada uno de nosotros.

28 Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos: como tambien algunos de vuestros poetas dijeron: Porque linaje de este somos tambien.

29 Siendo pues linaje de Dios, no hemos de estimar la Divinidad ser semejante ó á oro, ó á plata, ó piedra, ó á escultura de artificio, ó de imaginacion de hombres.

30 Así que, disimulando Dios los tiempos de esta ignorancia, ahora denuncia á todos los hombres que se arrepientan:

31 por cuanto ha establecido un dia, en el cual ha de juzgar con justicia á todo el mundo por aquel varon al cual determinó, dando fé á todos, levantándole de los muertos.

32 Y como oyeron la resurreccion de los muertos, unos entonces se burlaban; y otros decian: Te oiremos acerca de esto otra vez.

33 Y así Pablo se salió en medio de ellos.

34 Mas algunos creyeron, juntándose con él: entre los cuales tambien [fué] Dionisio él del Areópago, y una mujer llamada Damaris, y otros con ellos.

CAPITULO 18

1 PASADAS estas cosas Pablo se partió de Atenas, y vino á Corinto.

2 Y hallando á un Judío llamado Aquila, natural del Ponto, que hacia poco que habia venido de Italia, y á Priscila su mujer, (porque Claudio habia mandado que todos los Judíos saliesen de Roma,) se vino á ellos:

3 y porque era de su oficio, posó con ellos, y trabajaba: porque el oficio de ellos era hacer tiendas.

4 Y disputaba en la sinagoga todos los sábados, y persuadia á Judíos, y á Griegos.

5 Y como Silas y Timotéo vinieron de Macedonia, Pablo era constreñido del Espíritu, testificando á los Judíos que Jesus era el Cristo.

6 Y contradiciendo y blasfemando ellos, les dijo, sacudiendo sus vestidos: Vuestra sangre [sea] sobre vuestra cabeza: yo limpio: desde ahora me iré á los Gentiles.

7 Y partiendo de allí, entró en casa de uno llamado Justo, temeroso de Dios, la casa del cual estaba junto á la sinagoga.

8 Y Crispo, el prepósito de la sinagoga, creyó al Señor con toda su casa: y muchos de los Corintios oyendo, creian, y eran bautizados.

9 Entonces el Señor dijo de noche en vision á Pablo: No temas, sino habla, y no calles:

10 porque yo estoy contigo, y ninguno te podrá hacer mal: porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad.

11 Y asentó [allí] un año y seis meses, enseñándoles la palabra de Dios.

12 Y siendo Gallion Procónsul de Achaya, los Judíos se levantaron de un ánimo contra Pablo, y le trajeron al tribunal,

13 diciendo: Que este persuade á los hombres honrar á Dios contra la ley.

14 Y comenzando Pablo á abrir la boca, Gallion dijo á los Judíos: Si fuera algun agravio, ó algun crímen enorme, oh Judíos, conforme á derecho yo os tolerara:

15 mas si son cuestiones de palabras, y de nombres, y de vuestra ley, vedlo vosotros: porque yo no quiero ser juez de esas cosas.

16 Y los echó del tribunal.

17 Entonces todos los Griegos tomando á Sóstenes, prepósito de la sinagoga, le herian delante del tribunal: y á Gallion nada se le daba de ello.

18 MAS Pablo habiendo esperado aun allí muchos dias, despidiéndose de los hermanos, navegó en Syria, y con él Priscila y Aquila, habiéndose trasquilado la cabeza en Cenchreas, porque tenia voto.

19 Y llegó á Efeso, y los dejó allí: y él entrando en la sinagoga, disputó con los Judíos.

20 Los cuales rogándole que se quedase con ellos por mas tiempo, no se lo concedió.

21 Antes se despidió de ellos, diciendo: Es menester que en todo caso tenga la fiesta que viene en Jerusalem: mas otra vez volveré á vosotros, queriendo Dios. Y se partió de Efeso.

22 Y descendido á Cesaréa, subió [á Jerusalem,] y saludó á la Iglesia, descendió á Antioquía.

23 Y habiendo estado allí algun tiempo, se partió, andando por órden la provincia de Galacia, y la Frigia confirmando á todos los discípulos.

24 Llegó entonces á Efeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varon elocuente, poderoso en las Escrituras.

25 Este era instruido en el camino del Señor, y ferviente de espíritu, hablaba y enseñaba diligentemente las cosas que son del Señor, enseñado solamente en el bautismo de Juan.

26 Y comenzó á tratar confiadamente en la sinagoga, al cual como oyeron Priscila y Aquila, le tomaron, y le declararon mas particularmente el camino de Dios.

27 Y queriendo él pasar á Achaya, los hermanos exhortados, escribieron á los discípulos que le recibiesen, y venido él, aprovechó mucho por la gracia á los que habian creido.

28 Porque con gran vehemencia convencia públicamente á los Judíos, mostrando por las Escrituras que era el Cristo.

CAPITULO 19

1 Y ACONTECIÓ, que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, andadas las regiones superiores, vino á Efeso, donde hallando ciertos discípulos,

2 díjoles: ¿Habeis recibido al Espíritu Santo despues que creisteis? Y ellos le dijeron: Antes ni aun hemos oido si hay Espíritu Santo.

3 Entonces les dijo: ¿En qué pues sois bautizados? Y ellos dijeron: En el bautismo de Juan.

4 Y dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de penitencia, diciendo al pueblo, que creyesen en el que habia de venir despues de él, es á saber, en Jesus el Cristo.

5 Oidas estas cosas fueron bautizados en el nombre del Señor Jesus.

6 Y como Pablo les puso las manos encima, vino sobre ellos el Espíritu Santo, y hablaban en lenguas, y profetizaban.

7 Y eran estos varones todos como doce.

8 Y entrando él dentro de la sinagoga, hablaba libremente por espacio de tres meses, disputando y persuadiendo del reino de Dios.

9 Mas endureciéndose algunos, y no creyendo, maldiciendo el camino [del Señor] delante de la multitud, apartándose de ellos, apartó los discípulos, disputando cada dia en la escuela de un señor:

10 y esto por dos años; de tal manera que todos los que habitaban en Asia, Judíos y Griegos, oyeron la palabra del Señor Jesus.

11 Y hacia Dios maravillas no cualesquiera por la mano de Pablo.

12 De tal manera que aun se llevasen sobre los enfermos los sudarios y los pañuelos de su cuerpo; y las enfermedades se iban de ellos, y los malos espíritus salian de ellos.

13 Y algunos de los Judíos exorcistas vagabundos tentaron á invocar el nombre del Señor Jesus sobre los que tenian espíritus malos, diciendo: Os conjuramos por Jesus, el que Pablo predica.

14 Y habia unos siete hijos de un Sceva, Judío, príncipe de los sacerdotes, que hacian esto.

15 Y respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesus conozco, y á Pablo sé: mas, vosotros, ¿quién sois?

16 Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando en ellos, y enseñoreándose de ambos, pudo mas que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos.

17 Y esto fué notorio á todos, así Judíos como Griegos, los que habitaban en Efeso: y cayó temor sobre todos ellos, y era ensalzado el nombre del Señor Jesus.

18 Y muchos de los que habian creido, venian confesando, y dando cuenta de sus hechos.

19 Asimismo muchos de los que habian seguido curiosidades, trajeron los libros, y quemáronlos delante de todos: y echada cuenta del precio de ellos, hallaron [que montaban] cincuenta mil denarios.

20 Así crecia poderosamente la palabra del Señor, y prevalecia.

21 Y ACABADAS estas cosas, propuso Pablo por espíritu (andada Macedonia y Achaya) de partirse á Jerusalem, diciendo: Despues que hubiere estado allá, me será menester ver tambien á Roma.

22 Y enviando á Macedonia á dos de los que le ayudaban, [es á saber,] Timotéo y Erasto, él se estuvo por [algun] tiempo en Asia.

23 Entonces hubo un alboroto no pequeño acerca del camino [del Señor.]

24 Porque un platero, llamado Demetrio, el cual hacia de plata templos de Diana, daba á los artífices no poca ganancia.

25 A los cuales juntados con los oficiales de semejante oficio, dijo: Varones, ya sabeis que de este oficio tenemos ganancia:

26 y veis, y oís que este Pablo, no solamente en Efeso, mas aun grande multitud de casi toda la Asia, aparta con persuasion, diciendo: Que no son dioses los que se hacen con las manos.

27 Y no solamente hay peligro de que esta ganancia se nos vuelva en reproche, mas aun tambien que el templo de la grande diosa Diana sea estimado en nada, y comience á ser destruida su majestad, la cual honra toda la Asia, y el mundo.

28 Oidas estas cosas, se llenaron de ira, y dieron alarido, diciendo: ¡Grande Diana de los Efesios!

29 Y toda la ciudad se llenó de confusion, y unánimes arremetieron al teatro, arrebatando á Gayo y á Aristarco, Macedonios, compañeros de Pablo.

30 Y queriendo Pablo salir al pueblo, los discípulos no le dejaron.

31 Tambien algunos de los principales de Asia, que eran sus amigos, enviaron á él rogando que no se presentase en el teatro.

32 Y otros gritaban otro: porque la concurrencia era confusa, y los mas no sabian porque se habian juntado.

33 Y sacaron de entre la multitud á Alejandro, rempujándole los Judíos. Entonces Alejandro, pedido silencio con la mano, queria dar razon al pueblo.

34 Al cual como conocieron que era Judío, fué hecha una voz de todos que gritaron casi por dos horas: ¡Grande Diana de los Efesios!

35 Entonces el escribano apaciguando las compañías, dijo: Varones Efesios, porque ¿quién hay de los hombres que no sepa que la ciudad de los Efesios es honradora de la grande diosa Diana, y de la imágen venida de Júpiter?

36 así que pues esto no puede ser contradicho, conviene que os apacigüeis, y que nada hagais temerariamente:

37 que habeis traido á estos hombres, ni sacrílegos, ni blasfemadores de vuestra diosa:

38 que si Demetrio, y los oficiales que están con él, tienen negocio con alguno, audiencias se hacen, y procónsules hay, acúsense los unos á los otros:

39 y si demandais alguna otra cosa, en legítimo ayuntamiento se puede despachar:

40 que peligro hay de que seamos argüidos de sedicion por hoy: no habiendo ninguna causa por la cual podamos dar razon de este concurso. Y habiendo dicho esto, despidió el concurso.

CAPITULO 20

1 Y DESPUES que cesó el alboroto, llamando Pablo los discípulos, habiéndolos exhortado, se despidió, y se partió para ir á Macedonia.

2 Y despues que hubo andado aquellas partes, y exhortádolos con abundancia de palabra, vino á Grecia.

3 Donde habiendo estado tres meses, habiendo de navegar en Siria, le fueron puestas asechanzas por los Judíos: y tomó consejo de volverse por Macedonia.

4 Y le acompañaron hasta Asia Sopater Bereense; y Tesalonicenses, Aristarco y Segundo; y Gayo Derbéo; y Timotéo; y Asianos, Tychico y Trófimo.

5 Estos yendo delante, nos esperaron en Troas.

6 Y nosotros, pasados los dias de los panes sin levadura, navegamos de Filipos, y venimos á ellos á Troas en cinco dias, donde estuvimos siete dias.

7 Y el primero de los sábados, juntos los discípulos á partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de partir al dia siguiente; y alargó el sermon hasta la media noche.

8 Y habia muchas lámparas en el cenadero donde estaban congregados.

9 Y un mancebo llamado Euticho, que estaba sentado en una ventana, tomado de un sueño profundo, como Pablo disputaba largamente, derribado del sueño, cayó desde el tercer cenadero abajo; y fué alzado muerto.

10 Al cual como Pablo descendiese, se derribó sobre él, y abrazándole, dijo: No os alboroteis, que su alma está en él.

11 Y subiendo, y partiendo el pan, y gustando, habló largamente hasta el alba, y así se partió.

12 Y trajeron al mozo vivo, y fueron consolados no poco.

13 Y nosotros subiendo en el navío navegamos á Asón, para recibir de allí á Pablo: porque así habia determinado de venir por tierra.

14 Y como se juntó con nosotros en Asón, tomándole venimos á Mitilene.

15 Y navegando de allí, al dia siguiente venimos delante de Chio, y otro dia tomamos puerto en Samo; y habiendo reposado en Trogilio, el dia siguiente venimos á Mileto.

16 Porque Pablo habia propuesto de pasar adelante de Efeso, por no detenerse en Asia: porque se apresuraba por hacer el dia de Pentecostes, si le fuese posible, en Jerusalem.

17 Y ENVIANDO desde Mileto á Efeso, hizo llamar á los ancianos de la Iglesia.

18 los cuales como vinieron á él, les dijo: Vosotros sabeis que desde el primer dia que entré en Asia, como he sido con vosotros por todo el tiempo,

19 sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas y tentaciones que me han venido por las asechanzas de los Judíos:

20 como nada que os fuese útil, he rehuido de anunciaros, y enseñaros públicamente, y por las casas,

21 testificando á los Judíos, y á los Gentiles la conversion á Dios, y la fé en nuestro Señor Jesu Cristo.

22 Y ahora hé aquí, que yo atado del Espíritu, voy á Jerusalem sin saber lo que allá me ha de acontecer:

23 mas que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo: Que prisiones y tribulaciones me esperan.

24 Mas de ninguna cosa hago caso, ni estimo mi vida mas que á mí: solamente que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesus, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.

25 Y ahora hé aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros por quien he pasado predicando el reino de Dios, verá mas mi rostro.

26 Por tanto yo os protesto el dia de hoy, que yo soy limpio de la sangre de todos.

27 Porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios.

28 Por tanto mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la Iglesia de Dios, la cual ganó por su sangre.

29 Porque yo sé, que despues de mi partida entrarán en vosotros graves lobos, que no perdonarán ál ganado;

30 y que de vosotros mismos se levantarán hombres, que hablen cosas perversas, para llevar discípulos tras sí.

31 Por tanto velad, acordándoos que por tres años, de noche y de dia, no he cesado de amonestar con lágrimas á cada uno de vosotros.

32 Y ahora tambien, hermanos, os encomiendo á Dios, y á la palabra de su gracia, el cual es poderoso para sobreedificar, y daros herencia con todos los santificados.

33 La plata, ó el oro, ó el vestido de nadie he codiciado.

34 Antes vosotros sabeis, que para lo que me ha sido necesario, y á los que están conmigo, estas manos me han servido.

35 [En] todo os he enseñado, que trabajando así, es necesario sobrellevar á los enfermos, y acordarnos del dicho del Señor Jesus, el cual dijo: Bienaventurada cosa es dar, antes que recibir.

36 Y como hubo dicho estas cosas, puesto de rodillas oró con todos ellos.

37 Entonces hubo un gran lloro de todos; y derribándose sobre el cuello de Pablo, le besaban,

38 doliéndose en gran manera por la palabra que dijo, que no habian de ver mas su rostro. Y le acompañaron al navío.

CAPITULO 21

1 COMO navegamos, arrancados de ellos, venimos camino derecho á Coos, y el dia siguiente á Rodas, y de allí á Pátara.

2 Y hallando un navío que pasaba á Phenicia, embarcámonos [en él,] y partimos.

3 Y como comenzó á mostrársenos Cipro, dejándola á mano izquierda, navegamos á Siria y venimos á Tyro: porque el navío habia de descargar allí su carga.

4 Y nos quedamos allí siete dias, hallados los discípulos, los cuales decian á Pablo por Espíritu, que no subiese á Jerusalem.

5 Y cumplidos aquellos dias, nos partimos, acompañándonos todos con sus mujeres é hijos hasta fuera de la ciudad; y puestos de rodillas en la ribera, oramos.

6 Y abrazándonos los unos á los otros, subimos en el navío; y ellos se volvieron á sus casas.

7 Y nosotros, cumplida la navegacion, venimos de Tyro á Tolemaida, y habiendo saludado á los hermanos, nos quedamos con ellos un dia.

8 Y otro dia, partidos Pablo y los que con él estabamos, venimos á Cesaréa; y entrando en casa de Felipe el evangelista, el cual era uno de los siete, posamos con él.

9 Y este tenia cuatro hijas doncellas que profetizaban.

10 Y reposando nosotros allí por muchos dias, descendió de Judéa un profeta llamado Agabo.

11 El cual como vino á nosotros, tomó el cinto de Pablo, y atándose los piés y las manos, dijo: Esto dice el Espíritu Santo: Al varon, cuyo es este cinto, así le atarán los Judíos en Jerusalem, y le entregarán en manos de los Gentiles.

12 Lo cual como oimos, rogamos nosotros, y los que estaban en aquel lugar, que no subiese á Jerusalem.

13 Entonces Pablo respondió: ¿Qué haceis llorando, y afligiéndome el corazon? porque yo no solo á ser atado, mas aun á morir en Jerusalem, estoy presto, por el nombre del Señor Jesus.

14 Y como no le pudimos persuadir, nos reposamos, diciendo: Hágase la voluntad del Señor.

15 Y despues de estos dias, apercibidos, subimos á Jerusalem.

16 Y vinieron tambien con nosotros de Cesaréa algunos de los discípulos, trayendo consigo á un Nasón Ciprio, discípulo antiguo con el cual posásemos.

17 Y como llegamos á Jerusalem, los hermanos nos recibieron de buena voluntad.

18 Y EL dia siguiente Pablo entró con nosotros á Jacobo, y todos los ancianos se juntaron.

19 A los cuales, como los hubo saludado, contó por menudo lo que Dios habia hecho entre los Gentiles por su ministerio.

20 Y ellos como [lo] oyeron, glorificaron al Señor; y le dijeron: Ya ves, hermano, cuantos millares de Judíos son los que han creido: mas todos son celadores de la ley:

21 y han oido de tí por relacion de otros, que enseñas á apartarse de Moisés á todos los Judíos que están entre los Gentiles; y que dices, que no han de circuncidar sus hijos, ni andar segun la costumbre:

22 ¿qué hay pues? en todo caso es menester que la multitud se junte: porque oirán que has venido:

23 haz, pues, esto que te decimos: Hay entre nosotros cuatro varones, que tienen voto sobre sí:

24 tomando á estos, santifícate con ellos, y gasta con ellos para que raigan sus cabezas: y que todos entiendan que no hay nada de lo que de tí han oido por fama; mas que tú tambien andas, guardando la ley:

25 empero cuanto á los que de los Gentiles han creido, nosotros hemos escrito: y determinamos, que no guarden nada de esto: solamente que se abstengan de lo que fuere sacrificado á los ídolos, y de sangre, y de ahogado, y de fornicacion.

26 Entonces Pablo, tomando á aquellos varones, santificado el dia siguiente, entró en el templo, denunciando ser cumplidos los dias de la santificacion, hasta ser ofrecida ofrenda por cada uno de ellos.

27 Y como se acaban los siete dias, unos Judíos de Asia, como le vieron en el templo, alborotaron todo el pueblo, y le echaron mano,

28 dando voces: Varones Israelitas ayudad: este es el hombre que por todas partes enseña á todos contra el pueblo, y la ley, y este lugar; y aun ademas de esto ha metido los Gentiles en el templo, y ha contaminado este santo lugar.

29 (Porque antes habian visto Trófimo Efesio en la ciudad con él, el cual pensaban que Pablo habia metido en el templo.)

30 Así que toda la ciudad se alborotó, y se hizo un concurso de pueblo: y tomando á Pablo le traian [arrastrando] fuera del templo, y luego las puertas fueron cerradas.

31 Y procurando ellos de matarle, fué dado aviso al tribuno de la compañía, que toda la ciudad de Jerusalem estaba alborotada.

32 El cual luego tomando soldados y centuriones, corrió á ellos. Y ellos como vieron al tribuno y á los soldados, cesaron de herir á Pablo.

33 Entonces llegando el tribuno, le prendió, y le mandó atar con dos cadenas; y le preguntó quién era, y qué habia hecho.

34 Y otros daban voces de otra manera en la compañía: y como no podia entender nada de cierto á causa del alboroto, le mandó llevar al real.

35 Y como llegó á las gradas, aconteció que fué llevado á cuestas de los soldados á causa de la violencia del pueblo.

36 Porque multitud de pueblo venia detrás dando voces: Mátale.

37 Y como comenzaron á meter á Pablo en el real, dice al tribuno: ¿Me sera lícito hablarte algo? Y él dijo: ¿Griego sabes?

38 ¿no eres tú aquel Egipcio que levantaste una sedicion antes de estos dias, y sacaste al desierto cuatro mil hombres salteadores?

39 Entonces Pablo le dijo: Yo de cierto soy hombre Judío, vecino de Tarso, ciudad no oscura de Cilicia: empero ruégote que me permitas que hable al pueblo.

40 Y como él se lo permitió, Pablo estando en pié en las gradas, hizo señal con la mano al pueblo: y hecho grande silencio, habló en lengua Hebréa, diciendo:

CAPITULO 22

1 VARONES hermanos, y padres, oíd la razon que ahora os doy.

2 (Y como oyeron que les hablaba en lengua Hebréa, le dieron mas silencio:) y dijo:

3 Yo de cierto soy Judío, nacido en Tarso de Cilicia, mas criado en esta ciudad á los piés de Gamaliél, enseñado conforme á la verdad de la ley de la patria, zeloso de la ley, como todos vosotros sois hoy.

4 Que he perseguido este camino hasta la muerte, prendiendo y entregando en cárceles varones y mujeres,

5 como tambien el príncipe de los sacerdotes me es testigo, y todos los ancianos: de los cuales aun tomando cartas á los hermanos, iba á Damasco, para traer tambien presos á Jerusalem á los que estuviesen allí, para que fuesen punidos.

6 Mas aconteció, que yendo yo, y llegando cerca de Damasco, como á mediodía, de repente me rodeó mucha luz del cielo;

7 y caí en el suelo, y oí una voz que me decia: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?

8 Yo entonces respondí: ¿Quién eres, Señor? Y me dijo: Yo soy Jesus el Nazareno, á quien tú persigues.

9 Y los que estaban conmigo, vieron á la verdad la luz, y se espantaron: mas no oyeron la voz del que hablaba conmigo.

10 Y dije: ¿Qué haré, Señor? Y el Señor me dijo: Levántate, y vé á Damasco, y allí te será dicho todo lo que te conviene hacer.

11 Y como yo no veia por causa de la claridad de la luz, llevado de la mano por los que estaban conmigo, vine á Damasco.

12 Entonces un Ananías, varon pio conforme á la ley, que tenia [tal] testimonio de todos los Judíos que allí moraban,

13 viniendo á mí, y presentándose, me dijo: Saulo hermano, recibe la vista. Y yo en aquella hora le miré.

14 Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha predestinado, para que conocieses su voluntad, y vieses á aquel Justo, y oyeses la voz de su boca:

15 porque has de ser testigo suyo á todos los hombres de lo que has visto y oido:

16 ahora pues, ¿por qué te detienes? levántate, y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre.