Reina Valera New Testament of the Bible 1858

Part 2

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30 Y si la yerba del campo, que hoy es, y mañana es echada en el horno, Dios [la] vista así, ¿no [hará] mucho mas á vosotros, [hombres] de poca fé?

31 No os congojeis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, O qué beberemos, ó con qué nos cubriremos?

32 Porque los Gentiles buscan todas estas cosas: porque vuestro Padre celestial sabe que de todas estas cosas teneis necesidad.

33 Mas buscad primeramente el reino de Dios, y su justicia; y todas estas cosas os serán añadidas.

34 Así que, no os congojeis por lo de mañana; que la mañana traerá su congoja: baste al dia su afliccion.

CAPITULO 7

1 No juzgueis, porque tambien no seais juzgados.

2 Porque con el juicio con que juzgais, sereis juzgados; y con la medida que medis, [con ella] os volverán á medir.

3 Y ¿por qué mires la arista que [está] en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu ojo?

4 O ¿cómo dirás á tu hermano: Espera, echaré de tu ojo la arista; y, hé aquí, [una] viga en tu ojo?

5 ¡Hipócrita! echa primero la viga de tu ojo; y entonces mirarás en echar la arista del ojo de tu hermano.

6 No deis lo santo á los perros; ni echeis vuestras perlas delante de los puercos: porque no las rehuellen con sus piés, y vuelvan, y os despedacen.

7 Pedid, y se os dará: buscad, y hallareis: tocad, y se os abrirá.

8 Porque cualquiera que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que toca, se abre.

9 ¿Qué hombre hay de vosotros, á quien si su hijo pidiere pan, le dará una piedra?

10 ¿Y, si [le] pidiere pescado, le dará serpiente?

11 Pues, si vosotros, siendo malos, sabeis dar buenas dádivas á vuestros hijos, vuestro Padre que está en los cielos, ¿cuánto mas dará buenas cosas a los que piden de él?

12 Así que, todas las cosas que querriais que los hombres hiciesen con vosotros, así tambien haced vosotros con ellos: porque esta es la ley, y los profetas.

13 Entrad por la puerta estrecha: porque el camino, que lleva á perdicion, es ancho y espacioso; y los que van por él, [son] muchos.

14 Porque la puerta es estrecha, y angosto el camino que lleva á la vida; y pocos son los que lo hallan.

15 Tambien, guardáos de los falsos profetas, que vienen á vosotros con vestidos de ovejas: mas de dentro son lobos robadores.

16 Por sus frutos los conocereis. Cógense uvas de los espinos, ó higos de los cambrones?

17 De esta manera, todo buen árbol lleva buenos frutos: mas el árbol podrido lleva malos frutos.

18 No puede el buen árbol llevar malos frutos; ni el árbol podrido llevar buenos frutos.

19 Todo árbol que no lleva buen fruto, córtase, y échase en el fuego.

20 Así que por sus frutos los conocereis.

21 No cualquiera que me dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

22 Muchos me dirán en aquel dia Señor, Señor, ¿no profetizamos [en] tu nombre, y [en] tu nombre sacamos demonios, y [en] tu nombre hicimos muchas grandezas?

23 Y entonces les confesaré: Nunca os conocí: apartáos de mí, obradores de maldad.

24 Pues, cualquiera que me oye estas palabras, y las hace, le compararé al varon prudente, que edificó su casa sobre peña:

25 y descendió lluvia, y vinieron rios, y soplaron vientos, y combatieron aquella casa; y no cayó: porque estaba fundada sobre peña.

26 Y cualquiera que me oye estas palabras, y no las hace, le compararé al varon loco, que edificó su casa sobre arena:

27 que descendió lluvia, y vinieron rios, y soplaron vientos, e hicieron ímpetu en aquella casa; y cayó; y fué su ruina grande.

28 Y FUÉ [que] como Jesus acabó estas palabras, las compañías se espantaban de su doctrina:

29 porque los enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.

CAPITULO 8

1 Y COMO descendió del monte, le seguian muchas compañías.

2 Y, hé aquí, un leproso vino, y le adoró, diciendo: Señor, si quisieres, puedes limpiarme.

3 Y extendiendo Jesus su mano, le tocó, diciendo: Quiero: sé limpio. Y luego su lepra fué limpiada.

4 Entonces Jesus le dijo: Mira, no [lo] digas á nadie: mas vé, muéstrate al sacerdote, y ofrece el presente que mandó Moisés, para que les conste.

5 Y entrando Jesus en Capharnaum, vino á él el centurion, rogándole,

6 y diciendo: Señor, mi mozo está echado en casa paralítico, gravemente atormentado.

7 Y Jesus le dijo: Yo vendré, y le sanaré.

8 Y respondió el centurion, y dijo: Señor, no soy digno que entres debajo de mi techumbre: mas solamente dí con la palabra, y mi mozo sanará:

9 porque tambien yo soy hombre debajo de potestad; y tango debajo de mi [potestad] soldados; y digo á este: Vé, y va; y al otro: Ven, y viene; y á mi siervo: Haz esto, y [lo] hace.

10 Y oyéndo[lo] Jesus, se maravilló, y dijo á los que [le] seguian: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fé.

11 Mas [yo] os digo, que vendrán muchos del oriente, y del occidente, y se asentarán con Abraham, é Isaac, y Jacob, en el reino de los cielos.

12 Y los hijos del reino serán echados á las tinieblas de fuera: allí será el lloro, y el crujir de dientes.

13 Entonces Jesus dijo al centurion: Vé, y como creiste, sea hecho contigo. Y su mozo fué sano en el mismo momento.

14 Y vino Jesus á casa de Pedro, y vió á su suegra echada en la cama, y con fiebre.

15 Y tocó su mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó, y les servia.

16 Y como fué ya tarde, trajeron á él muchos endemoniados, y echó [de ellos] los demonios con la palabra, y sanó todos los enfermos:

17 para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta Isaías, que dijo: El tomó nuestras enfermedades, y llevó [nuestras] dolencias.

18 Y VIENDO Jesus muchas compañías al rededor de sí, mandó que se fuesen de la otra parte [del lago.]

19 Y llegóse un escriba, y díjole: Maestro, te seguiré donde quiera que fueres.

20 Y Jesus le dijo: las zorras tienen cavernas, y las aves del cielo nidos: mas el Hijo del hombre no tiene donde acueste su cabeza.

21 Y otro de sus discípulos le dijo: Señor, dáme licencia que vaya primero, y entierre á mi padre.

22 Y Jesus le dijo: Sígueme, y deja que los muertos entierren á sus muertos.

23 Y entrando él en [un] navío, sus discípulos le siguieron.

24 Y, hé aquí, fué hecho en la mar un gran movimiento, que el navío se cubria de las ondas; y él dormia.

25 Y llegándose sus discípulos, le despertaron, diciendo: Señor, sálvanos, perecemos.

26 Y [él] les dice: ¿Por qué temeis, [hombres] de poca fé? Entonces despierto reprendió á los vientos y á la mar; y fué grande bonanza.

27 Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué [hombre] es este, que aun los vientos y la mar le obedecen?

28 Y como él vino de la otra parte en la provincia de los Gergesenos, le vinieron al encuentro dos endemoniados que salian de los sepulcros, fieros en gran manera, que nadie podia pasar por aquel camino.

29 Y, hé aquí, clamaron, diciendo: ¿Qué tenemos contigo, Jesus, Hijo de Dios? ¿Has venido ya acá á molestarnos antes de tiempo?

30 Y estaba lejos de ellos un hato de muchos puercos paciendo.

31 Y los demonios le rogaron, diciendo: Si nos echas, permítenos que vamos en aquel hato de puercos.

32 Y les dijo: Id. Y ellos salidos, se fueron en aquel hato de puercos; y hé aquí, todo el hato de los puercos se precipitó de un despeñadero en la mar; y murieron en las aguas.

33 Y los porqueros huyeron, y viniendo á la ciudad, contaron todas las cosas, y lo que habia pasado con los endemoniados.

34 Y, hé aquí, toda la ciudad salió á recibir á Jesus: y cuando le vieron, le rogaban que se fuese de sus términos.

CAPITULO 9

1 ENTONCES entrando en el navío, pasó de la otra parte, y vino á su ciudad.

2 Y, hé aquí, le trajeron un paralítico echado en [una] cama: y viendo Jesus la fé de ellos, dijo al paralítico: Confia, hijo; tus pecados te son perdonados.

3 Y, hé aquí, algunos de los escribas decian dentro de sí: Este blasfema.

4 Y viendo Jesus sus pensamientos, dijo: ¿Por qué pensais mal en vuestros corazones?

5 ¿cuál es mas fácil, decir: los pecados te son perdonados; ó decir: Levántate, y anda?

6 mas porque sepais que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados (dice entonces al paralítico): Levántate, toma tu cama, y véte á tu casa.

7 Entonces él se levantó, y se fué á su casa.

8 Y las compañías viéndo[lo], se maravillaron, y glorificaron á Dios, que hubiese dado tal potestad á hombres.

9 Y PASANDO Jesus de allí, vió á un hombre, que estaba sentado al banco [de los públicos tributos], el cual se llamaba Matéo, y dícele: Sígueme. Y se levantó, y le siguió.

10 Y aconteció que estando él sentado á la mesa en casa, hé aquí que muchos publicanos y pecadores, que habian venido, se sentaron juntamente á la mesa con Jesus y sus discípulos.

11 Y viendo [esto] los Fariséos, dijeron á sus discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?

12 Y oyéndo[lo] Jesus, les dijo: los que están sanos, no tienen necesidad de médico; sino los enfermos.

13 Andad, antes aprended qué cosa es: Misericordia quiero, y no sacrificio: Porque no he venido á llamar los justos, sino los pecadores á penitencia.* {* A enmienda, á conversion.}

14 Entonces los discípulos de Juan vienen á él, diciendo: ¿Por qué nosotros y los Fariséos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan?

15 Y les dijo Jesus: ¿Pueden los que son de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Mas vendrán dias, cuando el esposo será quitado de ellos, y entonces ayunarán.

16 Y nadie echa remiendo de paño recio en vestido viejo: porque el tal remiendo tira del vestido, y se hace peor rotura.

17 Ni echan vino nuevo en cueros viejos: de otra manera los cueros se rompen, y el vino se derrama, y se pierden los cueros: mas echan el vino nuevo en cueros nuevos; y lo uno y lo otro se conserva juntamente.

18 HABLANDO él estas cosas á ellos, hé aquí, un principal vino, y le adoró, diciendo: Mi hija es muerta poco há: mas ven, y pon tu mano sobre ella, y vivirá.

19 Y se levantó Jesus, y le siguió, y sus discípulos.

20 Y, hé aquí, una mujer enferma de flujo de sangre doce años habia, llegándose por detrás, tocó la fimbria de su vestido:

21 porque decia entre sí: Si tocare solamente su vestido, seré libre.

22 Mas Jesus volviéndose, y mirándola, dijo: Confia, hija, tu fé te ha librado. Y la mujer fué libre desde aquella hora.

23 Y venido Jesus á casa del principal, viendo los tañedores de flautas, y la compañía que hacia bullicio,

24 díceles: Apartáos, que la moza no es muerta; mas duerme. Y se burlaban de él.

25 Y como la compañía fué echada fuera, entró, y la tomó de la mano; y la moza se levantó.

26 Y salió esta fama por toda aquella tierra.

27 Y pasando Jesus de allí, le siguieron dos ciegos dando voces, y diciendo: Ten misericordia de nosotros, Hijo de David.

28 Y venido á casa, vinieron á él los ciegos; y Jesus les dice: ¿Creeis que puedo hacer esto? Ellos dicen: Sí, Señor.

29 Entonces tocó los ojos de ellos, diciendo: Conforme á vuestra fé os sea hecho.

30 Y los ojos de ellos fueron abiertos; y Jesus les encargó [rigurosamente], diciendo: Mirad, nadie [lo] sepa.

31 Mas ellos salidos, divulgaron su fama por toda aquella tierra.

32 Y saliendo ellos, hé aquí, le trajeron un hombre mudo, endemoniado.

33 Y echado fuera el demonio, el mudo habló. Y las compañías se maravillaron, diciendo: Nunca ha sido vista cosa semejante en Israél.

34 Mas los Fariséos decian: Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios.

35 Y RODEABA Jesus por todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad, y toda flaqueza en el pueblo.

36 Y viendo las compañías, tuvo misericordia de ellas: que eran derramados y esparcidos, como ovejas que no tienen pastor.

37 Entonces dice á sus discípulos: A la verdad la mies es mucha: mas los obreros, pocos:

38 rogad pues al Señor de la mies, que envie obreros á su mies.

CAPITULO 10

1 ENTONCES llamando sus doce discípulos, les dió potestad contra los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y sanasen toda enfermedad, y toda flaqueza.

2 Y los nombres de los doce apóstoles son estos: El primero, Simon, que es dicho Pedro, y Andres su hermano: Jacobo [hijo] de Zebedéo, y Juan su hermano:

3 Felipe, y Bartolomé: Tomás, y Matéo el publicano; Jacobo [hijo] de Alféo, y Lebéo, por sobrenombre Tadéo:

4 Simon de Caná, y Judas Iscariote, que tambien le entregó.

5 Estos doce envió Jesus, á los cuales dió mandamiento, diciendo: Por el camino de los Gentiles no ireis, y en ciudad de Samaritanos no entreis:

6 mas id antes á las ovejas perdidas de la casa de Israel.

7 Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos ha llegado.

8 Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios: de gracia recibisteis, dad de gracia.

9 No poseais oro, ni plata, ni dinero en vuestras bolsas;

10 ni alforja para el camino, ni dos ropas de vestir, ni zapatos, ni bordon: porque el obrero digno es de su alimento.

11 Mas en cualquier ciudad ó aldea, donde entráreis, buscad [con diligencia] quien sea en ella digno, y reposad allí hasta que salgais.

12 Y entrando en la casa, saludadla.

13 Y si la casa fuere digna, vuestra paz vendrá sobre ella: mas si no fuere digna, vuestra paz se volverá á vosotros.

14 Y cualquiera que no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa ó ciudad, y sacudid el polvo de vuestros piés.

15 De cierto os digo: [Que el castigo] será mas tolerable á la tierra de los de Sodoma, y de los de Gomorrha en el dia del juicio, que á aquella ciudad.

16 Hé aquí, yo os envio como á ovejas en medio de lobos: sed pues prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.

17 Y guardáos de los hombres: porque os entregarán en concilios, y en sus sinagogas os azotarán.

18 Y aun á príncipes, y á reyes sereis llevados por causa de mí, para que les conste á ellos, y á los Gentiles.

19 Mas cuando os entregaren, no os congojeis cómo, ó qué habeis de hablar: porque en aquella hora os será dada que hableis.

20 Porque no sois vosotros los que hablais, sino el Espíritu de vuestro Padre, que habla en vosotros.

21 El hermano entregará al hermano á la muerte, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres, y los harán morir.

22 Y sereis aborrecidos de todos por mi nombre: mas el que soportare hasta el fin, este será salvo.

23 Mas cuando os persiguieren en esta ciudad, huid á la otra: porque de cierto os digo, [que] no acabareis de andar todas las ciudades de Israél, que no venga el Hijo del hombre.

24 El discípulo no es mas que su Maestro, ni el siervo mas que su Señor.

25 Bástele al discípulo ser como su Maestro, y al siervo como su Señor: si al [mismo] Padre de la familia llamaron Beelzebub, ¿cuánto mas á los de su casa?

26 Así que no los temais: porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; y [nada] oculto, que no haya de saberse.

27 Lo que os digo en tinieblas, decidlo en luz; y lo que ois á la oreja, predicadlo de los tejados.

28 Y no tengais miedo de los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar: temed antes á aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el quemadero.

29 ¿No se venden dos pajarillos por una blanca? y uno de ellos no cae á tierra sin vuestro Padre.

30 Y vuestros cabellos tambien, todos están contados.

31 No temais pues: mas valeis vosotros que muchos pajarillos.

32 Pues cualquiera que me confesare delante de los hombres, le confesaré yo tambien delante de mi Padre, que está en los cielos.

33 Y cualquiera que me negare delante de los hombres, le negaré yo tambien delante de mi Padre, que está en los cielos.

34 No penseis que he venido para meter paz en la tierra: no he venido para meter paz, sino cuchillo.

35 Porque he venido para hacer disension del hombre contra su padre, y de la hija contra su madre, y de la nuera contra su suegra.

36 Y los enemigos del hombre, los de su casa.

37 El que ama á padre ó á madre mas que á mí, no es digno de mí; y el que ama á hijo ó á hija mas que á mí, no es digno de mí.

38 Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí.

39 El que hallare su vida, la perderá; y el que perdiere su vida por causa de mí, la hallará.

40 El que os recibe á vosotros, á mí recibe; y el que á mí recibe, recibe al que me envió.

41 El que recibe profeta en nombre de profeta, salario de profeta recibirá; y el que recibe justo en nombre de justo, salario de justo recibirá.

42 Y cualquiera que diere á uno de estos pequeñitos un jarro de [agua] fria solamente, en nombre de discípulo, de cierto os digo, [que] no perderá su salario.

CAPITULO 11

1 Y FUÉ, que acabando Jesus de dar mandamientos á sus doce discípulos, se fué de allí á ensenar y á predicar en las ciudades de ellos.

2 Y OYENDO Juan en la prision los hechos de Cristo, envióle dos de sus discípulos,

3 diciendo: ¿Eres tú aquel que habia de venir, ó esperaremos á otro?

4 Y respondiendo Jesus, les dijo: Id, haced saber á Juan las cosas que ois y veis.

5 los ciegos ven, y los cojos andan: los leprosos son limpiados, y los sordos oyen: los muertos son resucitados, y á los pobres es anunciada la alegre nueva.

6 Y bienaventurado es el que no fuere escandalizado en mí.

7 E idos ellos, comenzó Jesus á decir de Juan á las compañías: ¿Qué salisteis á ver al desierto? ¿[alguna] caña que es meneada del viento?

8 O ¿qué salisteis á ver? ¿un hombre cubierto de blandos vestidos? Cierto los que traen [vestidos] blandos, en las casas de los reyes están.

9 O ¿qué salisteis á ver? ¿profeta? Tambien os digo, y mas que profeta.

10 Porque este es de quien está escrito: Hé aquí, yo envio mi ángel delante de tu faz, que aparejará tu camino delante de tí.

11 De cierto os digo, [que] no se levantó entre los que nacen de mujeres otro mayor que Juan el Bautista: mas el que es muy pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él.

12 Desde los dias de Juan el Bautista hasta ahora al reino de los cielos se hace fuerza, y los valientes lo arrebatan.

13 Porque todos los profetas, y la ley, hasta Juan profetizaron.

14 Y si quereis recibir, él es aquel Elías que habia de venir.

15 El que tiene oidos para oir, oiga.

16 Mas, ¿á quien compararé esta generacion? Es semejante á los muchachos que se sientan en las plazas, y dan voces á sus compañeros,

17 y dicen: Os tañimos flauta, y no bailasteis: os endechamos, y no lamentasteis.

18 Porque vino Juan, que ni comia ni bebia, y dicen: Demonio tiene.

19 Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: Hé aquí un hombre comilon, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. Mas la sabiduría es aprobada de sus hijos.

20 ENTONCES comenzó á zaherir [el beneficio] á las ciudades en las cuales habian sido hechas muy muchas de sus maravillas, porque no se habian enmendado, [diciendo:]

21 ¡Ay de tí, Corazin! ¡Ay de tí, Bethsaida! porque si en Tyro y en Sidón fueran hechas las maravillas que han sido hechas en vosotras, en otro tiempo hubieran hecho penitencia en saco y en ceniza.

22 Por tanto [yo] os digo, [que] á Tyro y a Sidón será mas tolerable [el castigo] en el dia del juicio, que á vosotras.

23 Y tú, Capharnaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta los infiernos serás bajada: porque si en los de Sodoma fueran hechas las maravillas que han sido hechas en tí, hubieran quedado hasta el dia de hoy.

24 Por tanto [yo] os digo, [que] á la tierra de los de Sodoma será mas tolerable [el castigo] en el dia del juicio, que a tí.

25 En aquel tiempo respondiendo Jesus, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, que hayas escondido esto de los sabios y de los entendidos, y lo hayas revelado á los niños.

26 Así, Padre, pues que así agradó en tus ojos.

27 Todas las cosas me son entregadas de mi Padre; y nadie conoció al Hijo, sino el Padre: ni al Padre conoció alguno, sino el Hijo, y [aquel] á quien el Hijo le quisiere revelar.

28 Venid á mí, todos los que estais trabajados, y cargados, que yo os haré descansar.

29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazon, y hallareis descanso para vuestras almas.

30 Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.

CAPITULO 12

1 EN aquel tiempo iba Jesus por unos sembrados en sábado; y sus discípulos tenian hambre, y comenzaron á coger espigas, y á comer.

2 Y viéndo[lo] los Fariséos, le dijeron: Hé aquí, tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en sábado.

3 Y él les dijo: ¿No habeis leido, qué hizo David, teniendo hambre él, y los que estaban con él?

4 ¿Cómo entró en la casa de Dios, y comió los panes de la proposicion, que no le era lícito comer de ellos, ni a los que estaban con él, sino á solos los sacerdotes?

5 O ¿no habeis leido en la ley, que los sábados en el templo los sacerdotes profanan el sábado, y son sin culpa?

6 Pues os digo, que mayor que el templo está aquí.

7 Mas si supiéseis qué es: Misericordia quiero, y no sacrificio, no condenariais á los inocentes.

8 Porque Señor es aun del sábado el Hijo del hombre.

9 Y partiéndose de allí, vino á la sinagoga de ellos.

10 Y hé aquí, habia [allí] uno que tenia una mano seca; y le preguntaron, diciendo: ¿Es lícito curar en sábado? por acusarle.

11 Y él les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si cayere esta en una fosa en sábado, no le eche mano, y [la] levante?

12 ¿Pues cuánto mas vale un hombre que una oveja? Así que licito es en los sábados hacer bien.

13 Entonces dijo á aquel hombre: extiende tu mano. Y él [la] extendió, y [le] fué restituida sana como la otra.

14 Y salidos los Fariséos consultaron contra él para destruirle.

15 Mas sabiéndo[lo] Jesus, se apartó de allí; y le siguieron muchas compañías, y sanaba á todos.

16 Y él les defendia rigurosamente, que no le descubriesen:

17 para que se cumpliese lo que estaba dicho por el profeta Isaías, que dijo:

18 Hé aquí mi siervo, al cual he escogido, mi amado, en el cual se agrada mi alma: pondré mi Espíritu sobre él, y á los Gentiles anunciará juicio;

19 no contenderá, ni voceará, ni nadie oirá en las calles su voz:

20 la caña cascada no quebrará; y el pábilo que humea no apagará, hasta que saque á victoria el juicio;

21 y en su nombre esperarán los Gentiles.

22 ENTONCES fué traido á él un endemoniado, ciego y mudo; y le sanó, de tal manera que el ciego y mudo hablaba y veia.

23 Y las compañías estaban fuera de sí, y decian: ¿Es este aquel Hijo de David?

24 Mas los Fariséos, oyéndo[lo], decian: Este no echa fuera los demonios, sino por Beelzebub, príncipe de los demonios.

25 Y Jesus, como sabia los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo es desolado; y toda ciudad ó casa, dividida contra sí misma, no permanecerá.

26 Y Si Satanás echa fuera á Satanás, contra sí mismo está dividido: ¿cómo, pues, permanecerá su reino?

27 Y Si yo por Beelzebub echo fuera los demonios, ¿vuestros hijos, por quién [los] echan? Por tanto ellos serán vuestros jueces.

28 Y si por Espíritu de Dios yo echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado á vosotros el reino de Dios.

29 Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del valiente, y saquear sus alhajas, si primero no prendiere al valiente? y entonces saqueará su casa.

30 El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no coge, derrama.

31 Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado á los hombres: mas la blasfemia del Espíritu no será perdonada á los hombres.

32 Y cualquiera que hablare contra el Hijo del hombre, le será perdonado: mas cualquiera que hablare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo, ni en el venidero.

33 O haced el árbol bueno, y su fruto bueno; ó haced el árbol podrido, y su fruto podrido: porque del fruto es conocido el árbol.

34 Generacion de víboras, ¿cómo podeis hablar bien, siendo malos? porque de la abundancia del corazon habla la boca.

35 El buen hombre del buen tesoro del corazon saca buenas cosas; y el mal hombre del mal tesoro saca malas cosas.

36 Mas [yo] os digo, que toda palabra ociosa que hablaren los hombres, de ella darán cuenta en el dia del juicio.