Reina Valera New Testament of the Bible 1858

Part 19

Chapter 19 4,230 words Public domain Markdown

10 en Frigia y en Panfilia, en Egipto, y en las partes de Africa que están de la otra parte de Cirene, y Romanos extranjeros, y Judíos, y convertidos,

11 Cretenses, y Arabes: los oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.

12 Y estaban todos atónitos y maravillados, diciendo los unos á los otros: ¿Qué quiere ser esto?

13 Mas otros burlándose, decian: Que están [estos] llenos de mosto.

14 Entonces Pedro poniéndose en pié con los once, alzó su voz, y les habló, diciendo: Varones Judíos, y todos los que habitais en Jerusalem, esto os sea notorio, y oíd mis palabras:

15 porque estos no están borrachos, como vosotros pensais, siendo la hora de las tres del dia.

16 Mas esto es lo que fué dicho por el profeta Joel:

17 Y será en los postreros dias, (dice Dios,) derramaré de mi Espíritu sobre toda carne; y vuestros hijos, y vuestras hijas profetizarán, y vuestros mancebos verán visiones, y vuestros viejos soñarán sueños:

18 y de cierto sobre mis siervos, y sobre mis criadas en aquellos dias derramaré de mi Espíritu; y profetizarán:

19 y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre, y fuego, y vapor de humo:

20 el sol se volverá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el dia del Señor grande y manifiesto:

21 y será, que todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

22 Varones Israelitas, oíd estas palabras: Jesus Nazareno, varon aprobado de Dios entre vosotros en maravillas, y prodígios, y señales que Dios hizo por él en medio de vosotros, como tambien vosotros sabeis:

23 este, por determinado consejo y providencia de Dios entregado, tomándo[le vosotros,] le matasteis con manos inícuas, crucificándole.

24 Al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte; por cuanto era imposible ser detenido de ella.

25 Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí: porque le tengo á la diestra, no seré removido:

26 por lo cual mi corazon se alegró, y mi lengua se gozó, y aun mi carne descansará en esperanza:

27 que no dejarás mi alma en el infierno, ni darás á tu Santo que vea corrupcion:

28 me hiciste notorios los caminos de la vida: me llenarás de gozo con tu presencia.

29 Varones, hermanos, se os puede libremente decir del patriarca David, que murió, y fué sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el dia de hoy.

30 Así que siendo profeta, y sabiendo que con juramento le habia Dios jurado, que del fruto de su lomo cuanto á la carne, le levantaria el Cristo, que se asentaria sobre su silla:

31 viéndolo antes, habló de la resurreccion del Cristo, que su alma no haya sido dejada en el infierno, ni su carne haya visto corrupcion.

32 A este Jesus resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.

33 Así que levantado por la diestra de Dios, y recibiendo del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros ahora veis y oís.

34 Porque David no subió á los cielos: empero él dice: Dijo el Señor á mi Señor, Asiéntate á mi diestra,

35 hasta que ponga tus enemigos [por] estrado de tus piés.

36 Sepa pues certísimamente toda la casa de Israél, que á este ha hecho Dios el Señor y el Cristo, á este Jesus que vosotros crucificasteis.

37 Entonces oídas estas cosas, fueron compungidos de corazon, y dijeron á Pedro, y á los otros apóstoles: Varones, hermanos, ¿qué haremos?

38 Y Pedro les dice: Haced penitencia,* y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesu Cristo para perdon de los pecados; y recibireis el don del Espíritu Santo: {* Arrepentíos, ó, endmendáos.}

39 porque á vosotros es [hecha] la promesa, y á vuestros hijos, y á todos los que están lejos: á cuales quiera que el Señor nuestro Dios llamare.

40 Y con otras muchas palabras testificaba, y [los] exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generacion.

41 Así que los que recibieron su palabra fueron bautizados: y fueron añadidas [á la Iglesia] aquel dia como tres mil personas.

42 Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, y en la comunion, y en el partimiento del pan, y en las oraciones.

43 Y toda persona tenia temor: y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles.

44 Y todos los que creian estaban juntos; y tenian todas las cosas comunes.

45 Y vendian las posesiones y las haciendas, y las repartian á todos, como cada uno habia menester.

46 Y perseverando unánimes cada dia en el templo, y partiendo el pan en las casas, comian juntos con alegria y con sencillez de corazon,

47 alabando á Dios, y teniendo gracia acerca de todo el pueblo. Y el Señor añadia cada dia á la Iglesia los que habian de ser salvos.

CAPITULO 3

1 PEDRO y Juan subian juntos al templo á la hora de la oracion de las nueve.

2 Y un varon, que era cojo desde el vientre de su madre, era traido; al cual ponian cada dia á la puerta del templo, que se dice la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo.

3 Este como vió á Pedro y á Juan que comenzaban á entrar en el templo, [les] rogaba para haber limosna.

4 Y Pedro con Juan poniendo los ojos en él, dijo: Mira á nosotros.

5 Entonces él estuvo atento á ellos, esperando recibir de ellos algo.

6 Y Pedro dijo: Ni tengo plata ni oro: mas lo que tengo, eso te doy: en el nombre de Jesu Cristo, el Nazareno, levántate, y anda.

7 Y tomándole por la mano derecha, le levantó: y luego fueron afirmados sus piés y tobillos.

8 Y saltando, se puso en pié, y anduvo, y entró con ellos en el templo, andando y saltando, y alabando á Dios.

9 Y todo el pueblo le vió andar, y alabar á Dios.

10 Y le conocian, que él era el que se sentaba á la limosna á la puerta del templo, la Hermosa: y fueron llenos de miedo y de espanto de lo que le habia acontecido.

11 Y teniendo á Pedro y á Juan el cojo que habia sido sanado, todo el pueblo concurrió á ellos al portal que se llama de Salomón atónitos.

12 Lo cual viendo Pedro, respondió al pueblo: Varones Israelitas, ¿por qué os maravillais de esto? ¿ó por qué poneis los ojos en nosotros como si con nuestra virtud ó piedad hubiésemos hecho andar á este?

13 El Dios de Abraham, y de Isaac, y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado á su Hijo Jesus, al cual vosotros entregasteis, y negasteis delante de Pilato, juzgando él que habia de ser suelto.

14 Mas vosotros al Santo y al Justo negasteis, y pedisteis que se os diese un hombre homicida;

15 y matasteis al Autor de la vida, al cual Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos.

16 Y en la fé de su nombre, á este que vosotros veis y conoceis, ha confirmado su nombre: y la fé que por él [es], ha dado á este esta sanidad en presencia de todos vosotros.

17 Mas ahora, hermanos, [yo] sé que por ignorancia [lo] habeis hecho, como tambien vuestros príncipes.

18 Empero Dios lo que habia antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo habia de padecer, así lo ha cumplido.

19 Así que arrepentíos, y convertíos, para que sean raidos vuestros pecados: pues que los tiempos del refrigerio de la presencia del Señor son venidos:

20 el cual os ha enviado á Jesus el Cristo, que os ha sido antes anunciado:

21 al cual cierto es menester que el cielo tenga hasta los tiempos de la restauracion de todas las cosas: del cual habló Dios por boca de todos sus profetas que han sido desde el siglo.

22 Porque Moisés dijo á los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de vuestros hermanos, como yo: á él oireis, [haciendo] conforme á todas las cosas que os hablare:

23 y será, [que] cualquiera alma que no oyere á aquel profeta, será desarraigada del pueblo.

24 Y todos los profetas desde Samuél, y en adelante, todos los que han hablado, han prenunciado estos dias.

25 Vosotros sois los hijos de los profetas, y del concierto que Dios concertó con nuestros padres, diciendo á Abraham: Y en tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra.

26 A vosotros primeramente Dios, levantando á su Hijo Jesus, le envió que os bendijese, para que cada uno se convierta de su maldad.

CAPITULO 4

1 Y HABLANDO ellos al pueblo, sobrevinieron los sacerdotes, y el magistrado del templo, y los Saducéos,

2 pesándoles de que enseñasen el pueblo, y anunciasen en el nombre de Jesus la resurreccion de los muertos.

3 Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el dia siguiente: porque era ya tarde.

4 Mas muchos de los que habian oido el sermon creyeron: y fué hecho el número de los varones, como cinco mil.

5 Y aconteció el dia siguiente, que los príncipes de ellos se juntaron, y los ancianos, y los escribas, en Jerusalem;

6 y Annás, príncipe de los sacerdotes, y Caifás, y Juan, y Alejandro, y todos los que eran del linaje sacerdotal;

7 y haciéndolos presentar en medio, les preguntaron: ¿Con qué potestad, ó en qué nombre habeis hecho vosotros esto?

8 Entonces Pedro, lleno de Espíritu Santo, les dijo: Príncipes del pueblo, y ancianos de Israél:

9 pues que somos hay demandados acerca del beneficio [hecho] á un hombre enfermo, [es á saber,] de qué manera este haya sido sanado;

10 sea notorio á todos vosotros, y á todo el pueblo de Israél, que en el nombre de Jesu Cristo, el Nazareno, el que vosotros crucificasteis, y Dios le resucitó de los muertos, en esto este está en vuestra presencia sano:

11 este es la piedra reprobada de vosotros los edificadores, la cual es puesta por cabeza de esquina:

12 y en ningun otro hay salud: porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado á los hombres, en que podamos ser salvos.

13 Entonces viendo la constancia de Pedro y de Juan, sabido que eran hombres sin letras é idiotas, se maravillaban; y los conocian que habian estado con Jesus.

14 Y viendo al hombre que habia sido sanado, que estaba con ellos, no podian decir nada en contra.

15 Mas les mandaron que se saliesen fuera del concilio; y conferian entre sí,

16 diciendo: ¿Qué hemos de hacer á estos hombres? porque cierto señal manifiesta ha sido hecha por ellos, notoria á todos los que moran en Jerusalem, y no lo podemos negar.

17 Todavía, porque no se divulgue mas por el pueblo, amenacémosles que no hablen de aquí adelante á hombre ninguno en este nombre.

18 Y llamándolos les denunciaron que en ninguna manera hablasen, ni enseñasen en el nombre de Jesus.

19 Entonces Pedro y Juan respondiendo, les dijeron: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer antes á vosotros que á Dios:

20 porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oido.

21 Ellos entonces no hallando en qué castigarlos, los enviaron amenazándoles, por causa del pueblo: porque todos glorificaban á Dios de lo que habia sido hecho.

22 Porque el hombre en quien habia sido hecho este milagro de sanidad, era de mas de cuarenta años.

23 Sueltos [ellos,] vinieron á los suyos, y contaron lo que los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos les habian dicho.

24 los cuales habiéndolo oido, alzaron unánimes la voz á Dios, y dijeron: Señor, tú eres el Dios, que hiciste el cielo y la tierra, la mar, y todas las cosas que en ellas están:

25 que en Espíritu Santo por la boca de David tu siervo dijiste: ¿Por qué han bramado las gentes, y los pueblos han pensado cosas vanas?

26 asistieron los reyes de la tierra, y los príncipes se juntaron en uno contra el Señor, y contra su Cristo.

27 Porque verdaderamente se juntaron en esta ciudad contra tu Santo Hijo Jesus, al cual ungiste, Herodes, y Poncio Pilato, con los Gentiles, y los pueblos de Israél,

28 para hacer lo que tu mano y tu consejo antes habian determinado que habia de ser hecho.

29 Y ahora, Señor, pon los ojos en sus amenazas, y da á tus siervos que con toda confianza hablen tu palabra:

30 que extiendas tu mano á que sanidades, y milagros, y prodigios sean hechos por el nombre de tu Santo Hijo Jesus.

31 Y como hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló: y todos fueron llenos de Espíritu Santo, y hablaron la palabra de Dios con confianza.

32 Y DE la multitud de los que habian creido era un corazon y un alma; y ninguno decia ser suyo algo de lo que poseian, mas todas las cosas les eran comunes.

33 Y los apóstoles daban testimonio de la resurreccion del Señor Jesus con gran esfuerzo: y gran gracia era en todos ellos.

34 Que ningun necesitado habia entre ellos: porque todos los que poseian heredades ó casas, vendiéndolas, traian el precio de lo vendido,

35 y le depositaban á los piés de los apóstoles, y era repartido á cada uno como tenia la necesidad.

36 Entonces Joses, que fué llamado de los apóstoles por sobrenombre Barnabás, que declarado es, hijo de consolacion, Levita, natural de Cipro,

37 como tuviese una heredad, la vendió, y trajo el precio, y le depositó á los piés de los apóstoles.

CAPITULO 5

1 UN varon llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una posesion,

2 y defraudó del precio, sabiéndolo tambien su mujer; y trayendo una parte, la depositó á los piés de los apóstoles^.

3 Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazon á que mintieses al Espíritu Santo, y defraudáses del precio de la heredad?

4 quedándose, ¿no se te quedaba á tí? y vendida, ¿no estaba en tu potestad? ¿por qué pusiste esto en tu corazon? no has mentido á los hombres, sino á Dios.

5 Entonces Ananías, oyendo estas palabras, cayó, y espiró. Y fué hecho un gran temor sobre todos los que lo oyeron.

6 Y levantándose los mancebos, le tomaron: y sacándole, le sepultaron.

7 Y pasado espacio como de tres horas, tambien su mujer entró, no sabiendo lo que habia acontecido.

8 Entonces Pedro le dijo: Díme: ¿vendisteis en tanto la heredad? Y ella dijo: Sí, en tanto.

9 Y Pedro le dijo: ¿Por qué os concertasteis para tentar al Espíritu del Señor? hé aquí á la puerta los piés de los que han sepultado á tu marido: y te sacarán á [sepultar.]

10 Y luego cayó á los piés de él, y espiró: y entrados los mancebos, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto á su marido.

11 Y fué hecho un gran temor en toda la Iglesia, y en todos los que oyeron estas cosas.

12 Y POR las manos de los apóstoles eran hechos muchos milagros y prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes en el portal de Salomón.

13 Y de los otros, ninguno se osaba juntar con ellos: con todo eso el pueblo los alababa grandemente.

14 Y los que creian en el Señor se aumentaban mas, así de varones como de mujeres.

15 Tanto, que echaban los enfermos por las calles, y los ponian en camas y en lechos, para que viniendo Pedro, á lo menos su sombra tocase á alguno de ellos.

16 Y aun de las ciudades vecínas concurria multitud á Jerusalem, trayendo enfermos, y atormentados de espíritus inmundos: los cuales todos eran curados.

17 ENTONCES levantándose el príncipe de los sacerdotes, y todos los que estaban con él, que es la herejía de los Saducéos, fueron llenos de zelo.

18 Y echaron mano á los apóstoles, y los pusieron en la cárcel pública.

19 Mas el ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel, y sacándolos, dijo:

20 Id, y estando en el templo, hablad al pueblo todas las cosas de esta vida.

21 [Ellos] entonces, como oyeron, entraron por la mañana en el templo, y enseñaban. Viniendo pues el príncipe de los sacerdotes, y los que eran con él, convocaron el concilio, y á todos los ancianos de los hijos de Israél; y enviaron á la cárcel, para que fuesen traidos.

22 Y como vinieron los servidores no los hallaron en la cárcel, y vueltos, dieron aviso,

23 diciendo: Cierto la cárcel hallamos cerrada con toda diligencia, y los guardas que estaban delante de las puertas: mas como abrimos, á nadie hallamos dentro.

24 Entonces como oyeron estas palabras el pontífice, y el magistrado del templo, y los príncipes de los sacerdotes, dudaban que seria hecho de ellos.

25 Y viniendo uno, les avisó: Hé aquí, los varones que echasteis en la cárcel, están en el templo, y enseñan al pueblo.

26 Entonces el magistrado fué con los servidores, y los trajo sin violencia, porque tenian miedo del pueblo, de ser apedreados.

27 Y como los trajeron, los presentaron en el concilio: entonces el príncipe de los sacerdotes les preguntó,

28 diciendo: ¿No os denunciamos denunciando, que no enseñáseis en este nombre? y hé aquí, habeis llenado á Jerusalem de vuestra doctrina, ¿y quereis echar sobre nosotros la sangre de este hombre?

29 Y respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Obedecer es menester á Dios mas que á los hombres.

30 El Dios de nuestros padres levantó á Jesus, al cual vosotros matasteis colgándole en el madero:

31 á este enalteció Dios con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar á Israél penitencia y remision de pecados:

32 y nosotros le somos testigos de estas cosas, y tambien el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios á los que le han obedecido.

33 Ellos oyendo [esto] regañaban, y consultaban de matarlos.

34 Entonces levantándose en el concilio un Fariséo, llamado Gamaliél, doctor de la ley, venerable á todo el pueblo, mandó que sacasen fuera un poco á los apóstoles,

35 y les dijo: Varones Israelitas, mirad por vosotros acerca de estos hombres en lo que habeis de hacer.

36 Porque antes de estos dias fué un Teudas, diciendo que era alguien; al cual se allegaron un número de varones, como cuatrocientos, el cual fué matado: y todos los que le creyeron, fueron disipados, y vueltos en nada.

37 Despues de este fué Judas el Galiléo en los dias del empadronamiento; y llevó mucho pueblo tras sí: pereció tambien aquel, y todos los que consintieron con él, fueron derramados.

38 Y ahora os digo, dejáos de estos hombres, y dejádlos: porque si este consejo, ó esta obra, es de los hombres, se desvanecerá.

39 Mas si es de Dios, no la podreis deshacer: porque no parezca que quereis repugnar á Dios.

40 Y consintieron con él: y llamando á los apóstoles, habiendolos azotado, les denunciaron que no hablasen en el nombre de Jesus, y los soltaron.

41 Mas ellos iban gozosos de delante del concilio, de que fuesen tenidos por dignos de padecer afrenta por el nombre de Jesus.

42 Y todos los dias no cesaban en el templo, y por las casas, enseñando, y predicando el evangelio de Jesu Cristo.

CAPITULO 6

1 EN aquellos dias, creciendo el número de los discípulos, hubo murmuracion de los Griegos contra los Hebréos, de que sus viudas eran menospreciadas en el ministerio cuotidiano.

2 Así que los doce, convocada la multitud de los discípulos, dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, y sirvamos á las mesas:

3 considerad pues, hermanos, siete varones de vosotros de buen testimonio, llenos de Espíritu Santo y de sabiduría, los cuales pongamos en esta obra:

4 y nosotros instaremos en la oracion, y en el ministerio de la palabra.

5 Y plugo este parecer á toda la multitud; y eligieron á Estévan, varon lleno de fé y de Espíritu Santo, y á Felipe, y á Procoro, y á Nicanor, y á Timon, y á Parmenas, y á Nicolás extranjero de Antioquía.

6 A estos presentaron en presencia de los apóstoles: los cuales orando les pusieron las manos encima.

7 De manera que la palabra del Señor crecia; y el número de los discípulos se multiplicaba mucho en Jerusalem: mucha compañía de los sacerdotes tambien obedecia á la fé.

8 EMPERO Estévan, lleno de fé y de potencia, hacia prodigios y milagros grandes en el pueblo.

9 Levantáronse entonces unos de la sinagoga que se llama de los Libertinos, y Cirenéos, y Alejandrinos, y de los que eran de Cilicia, y de Asia, disputando con Estévan.

10 Mas no podian resistir á la sabiduría, y al Espíritu con que hablaba.

11 Entonces sobornaron á unos que dijesen que le habian oido hablar palabras blasfemas contra Moisés y Dios.

12 Y conmovieron al pueblo, y á los ancianos, y á los escribas; y arremetiendo, le arrebataron, y le trajeron al concilio.

13 Y pusieron testigos falsos que dijesen: Este hombre no cesa de hablar palabras blasfemas contra el lugar santo y la ley:

14 porque le hemos oido decir: Que este Jesus Nazareno destruirá este lugar, y mudará las tradiciones que nos dió Moisés.

15 Entonces todos los que estaban sentados en el concilio, puestos los ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel.

CAPITULO 7

1 EL príncipe de los sacerdotes dijo entonces: ¿Es esto así?

2 Y él dijo: Varones, hermanos, y padres, oíd. El Dios de gloria apareció á nuestro padre Abraham estando en Mesopotamia, antes que morase en Charan,

3 y le dijo: Sal de tu tierra, y de tu parentela, y ven á la tierra que te mostraré.

4 Entonces salió de la tierra de los Chaldéos, y habitó en Charan: y de allí, muerto su padre, le traspasó á esta tierra, en la cual vosotros habitais ahora.

5 Y no le dió posesion en ella, ni aun una pisada de un pié: mas le prometió que se la daria en posesion, y á su simiente despues de él, no teniendo [aun] hijo.

6 Y le habló Dios así: Que su simiente seria extranjera en tierra ajena, y que los sujetarian en servidumbre, y que los maltratarian, por cuatrocientos años:

7 mas á la nacion á quien serán siervos, yo [la] juzgaré, dijo Dios: y despues de esto saldrán, y me servirán en este lugar.

8 Y le dió el concierto de la circuncision: y así engendró á Isaac, y le circuncidó al octavo dia: é Isaac á Jacob, y Jacob á los doce patriarcas.

9 Y los patriarcas, movidos de envidia, vendieron á Joseph para Egipto: mas Dios era con él;

10 y le libró de todas sus tribulaciones, y le dió gracia y sabiduría en la presencia de Pharaón, rey de Egipto, el cual le puso por gobernador sobre Egipto, y sobre toda su casa.

11 Vino entonces hambre en toda la tierra de Egipto y de Chanaán, y grande tribulacion: y nuestros padres no hallaban alimentos.

12 Y como oyese Jacob que habia trigo en Egipto, envió á nuestros padres la primera vez.

13 Y en la segunda, Joseph fué conocido de sus hermanos, y fué sabido de Pharaón el linaje de Joseph.

14 Y enviando Joseph, hizo venir á su padre Jacob, y á toda su parentela, en setenta y cinco personas.

15 Así descendió Jacob en Egipto, donde murió él, y nuestros padres,

16 los cuales fueron traspasados á Sichém, y fueron puestos en el sepulcro que compró Abraham á precio de dinero de los hijos de Hemór, [hijo] de Sichém.

17 Mas como se acercó el tiempo de la promesa la cual Dios habia jurado á Abraham, creció el pueblo, y se multiplicó en Egipto,

18 hasta que se levantó otro rey, que no conocia á Joseph.

19 Este, usando de astucia con nuestro linaje, maltrató á nuestros padres, que pusiesen á peligro [de muerte] sus niños, para que cesase la generacion.

20 En aquel mismo tiempo nació Moisés, y fué agradable á Dios: y fué criado tres meses en casa de su padre.

21 Mas siendo puesto al peligro, la hija de Pharaón le tomó, y le crió por su hijo.

22 Y fué enseñado Moisés en toda la sabiduría de los Egipcios: y era poderoso en sus dichos y hechos.

23 Y como se le cumplió el tiempo de cuarenta años, le vino en voluntad de visitar á sus hermanos los hijos de Israél.

24 Y como vió á uno que era injuriado, le defendió, é hiriendo al Egipcio, vengó al injuriado.

25 Pero él pensaba que sus hermanos entendian, que Dios les habia de dar salud por su mano: mas ellos no lo hablan entendido.

26 Y el dia siguiente riñiendo ellos, se les mostró, y los metia en paz, diciendo: Varones, hermanos sois, ¿por qué os injuriais los unos á los otros?

27 Entonces el que injuriaba á su prójimo, le rempujó, diciendo: ¿Quién te ha puesto [á tí] por príncipe y juez sobre nosotros?

28 ¿quieres tú matarme, como mataste ayer al Egipcio?

29 A esta palabra Moisés huyó: y se hizo extranjero en tierra de Madián, donde engendró dos hijos.

30 Y cumplidos cuarenta años, el ángel del Señor le apareció en el desierto del monte de Sinaí, en fuego de llama de un zarzal.

31 Entonces Moisés mirando, fué maravillado de la vision: y llegándose para considerar, fué hecha á él voz del Señor:

32 Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, y Dios de Isaac, y Dios de Jacob: mas Moisés temeroso no osaba mirar.

33 Y le dijo el Señor: Quita los zapatos de tus piés, porque el lugar en que estás tierra santa es:

34 he visto, he visto la afliccion de mi pueblo que está en Egipto, y el gemido de ellos he oido, y he descendido para librarlos: ahora pues ven, te enviaré á Egipto.