Reina Valera New Testament of the Bible 1858

Part 18

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8 Porque las palabras que me diste, les he enseñado; y ellos [las] recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de tí, y han creido que tú me enviaste.

9 Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque tuyos son.

10 Y todas mis cosas son tus cosas, y tus cosas son mis cosas: y he sido glorificado en ellas.

11 Y ya no estoy en el mundo: mas estos están en el mundo, que yo á tí vengo. Padre santo, guárdalos por tu nombre; á los cuales me has dado, para que sean una cosa, como tambien nosotros.

12 Cuando [yo] estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba por tu nombre, á los cuales me diste: yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió sino el hijo de perdicion, para que la Escritura se cumpliese.

13 Mas ahora vengo á tí, y hablo esto en el mundo, para que tengan gozo cumplido en sí mismos.

14 Yo les enseñé tu palabra, y el mundo los aborreció: porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

15 No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.

16 No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

17 Santifícalos con tu verdad: tu palabra es la verdad.

18 Como tú me enviaste al mundo, tambien yo los he enviado al mundo.

19 Y por ellos yo me santifico á mí mismo, para que tambien ellos sean santificados con verdad.

20 Mas no ruego solamente por ellos; sino tambien por los que han de creer en mí por la palabra de ellos.

21 Para que todos sean una cosa: como tú, ¡oh Padre! en mí, y yo en tí; que tambien ellos en nosotros sean una cosa: para que el mundo crea que tú me enviaste.

22 Y yo la gloria que me diste, les he dado: para que sean una cosa, como tambien nosotros somos una cosa:

23 yo en ellos, y tú en mí, para que sean consumadamente una cosa, y que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado, como tambien á mí me has amado.

24 Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, ellos esten tambien conmigo: para que vean mi gloria que me has dado, por cuanto me has amado desde antes de la constitucion del mundo.

25 Padre justo, el mundo no te ha conocido: mas yo te he conocido; y estos han conocido que tú me enviaste.

26 Y yo les hice notorio tu nombre, y [le] haré notorio: para que el amor, con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.

CAPITULO 18

1 COMO Jesus hubo dicho estas cosas, salióse con sus discípulos tras el arroyo de Cedrón, donde estaba un huerto, en el cual entró Jesus, y sus discípulos.

2 Y tambien Judas, el que le entregaba, sabia aquel lugar, porque muchas veces Jesus se juntaba allí con sus discípulos.

3 Judas pues tomando una compañía [de soldados,] y criados de los pontífices y de los Fariséos, vino allí con linternas y antorchas, y con armas.

4 Empero Jesus, sabiendo todas las cosas que habian de venir sobre él, salió delante, y les dijo: ¿A quién buscais?

5 Respondiéronle: A Jesus Nazareno. Díceles Jesus: Yo soy. Y estaba tambien con ellos Judas el que le entregaba.

6 Y como les dijo: Yo soy: volvieron atrás, y cayeron en tierra.

7 Volvióles pues á preguntar: ¿A quién buscais? Y ellos dijeron: A Jesus Nazareno.

8 Respondió Jesus: [Ya] os he dicho que yo soy: pues si á mí buscais, dejad ir á estos:

9 para que se cumpliese la palabra que habia dicho: Que los que me diste, ninguno de ellos perdí.

10 Entonces Simon Pedro, que tenia cuchillo, le sacó, é hirió á un siervo del pontífice, y le cortó la oreja derecha; y el siervo se llamaba Malco.

11 Jesus entonces dijo á Pedro: Mete tu cuchillo en la vaina: ¿el vaso que el Padre me ha dado, no le tengo de beber?

12 Entonces la compañía [de los soldados,] y el tribuno, y los servidores de los Judíos prendieron á Jesus, y le ataron.

13 Y le trajeron primeramente á Annás, porque era suegro de Caifás, el cual era pontífice de aquel año.

14 Y era Caifás el que habia dado el consejo á los Judíos, que era necesario que un hombre muriese por el pueblo.

15 Y seguia á Jesus Simon Pedro, y otro discípulo; y aquel discípulo era conocido del pontífice, y entró con Jesus al patio del pontífice.

16 Mas Pedro estaba fuera á la puerta: y salió aquel discípulo que era conocido del pontífice, y habló á la portera, y metió dentro á Pedro.

17 Entonces la criada portera dijo á Pedro: ¿No eres tú tambien de los discípulos de este hombre? Dice él: No soy.

18 Y estaban en pié los siervos y los criados que habian allegado las ascuas, porque hacia frio, y se calentaban: y estaba tambien con ellos Pedro en pié calentándose.

19 Y el pontífice preguntó á Jesus de sus discípulos, y de su doctrina.

20 Jesus le respondió: Yo manifiestamente he hablado al mundo: yo siempre he enseñado en la sinagoga, y en el templo, donde se juntan todos los Judíos; y nada he hablado en oculto:

21 ¿qué me preguntas á mí? pregunta á los que han oido, qué les haya [yo] hablado: hé aquí, estos saben lo que yo he dicho.

22 Y como él hubo dicho esto, uno de los criados que estaba allí, dió una bofetada á Jesus, diciendo: ¿Así respondes al pontífice?

23 Respondióle Jesus: Si he hablado mal, da testimonio del mal: y si bien, ¿por qué me hieres?

24 Así le envió Annás atado á Caifás pontífice.

25 Estaba pues Pedro en pié calentándose: y le dijeron: ¿ No eres tú de sus discípulos? El negó, y dijo: No soy.

26 Uno de los siervos del pontífice, pariente de aquel á quien Pedro habia cortado la oreja, le dice: ¿No te ví yo en el huerto con él?

27 Y negó Pedro otra vez; y luego el gallo cantó.

28 Y llevan á Jesus de Caifás á la audiencia: y era por la mañana; y ellos no entraron en la audiencia por no ser contaminados, mas que comiesen [el cordero de] la Pascua.

29 Entonces salió Pilato á ellos fuera, y dijo: ¿Qué acusacion traeis contra este hombre?

30 Respondieron, y le dijeron: Si este no fuera malhechor, no te le hubiéramos entregado.

31 Díceles entonces Pilato: Tomádle vosotros, y juzgádle segun vuestra ley. Y los Judíos le dijeron: A nosotros no es lícito matar á nadie.

32 Para que se cumpliese el dicho de Jesus que habia dicho, dando á entender de que muerte habia de morir.

33 Así que Pilato volvióse á entrar en la audiencia, y llamó á Jesus, y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los Judíos?

34 Respondióle Jesus: ¿Dices tú esto de tí mismo, ó te lo han dicho otros de mí?

35 Pilato respondió: ¿Soy yo Judío? tu gente, y los pontífices, te han entregado á mí: ¿qué has hecho?

36 Respondió Jesus: Mi reino no es de este mundo: si de este mundo fuera mi reino, mis servidores pelearian para que [yo] no fuera entregado á los Judíos: ahora pues mi reino no es de aquí.

37 Díjole entonces Pilato: ¿Luego rey eres tú? Respondió Jesus: Tú dices que yo soy rey: yo para esto soy nacido, y para esto he venido al mundo, [es á saber,] para dar testimonio á la verdad: todo aquel que es [de la parte] de la verdad, oye mi voz.

38 Dícele Pilato: ¿Qué cosa es verdad? Y como hubo dicho esto, volvió á los Judíos, y les dice: Yo no hallo en él algun crímen:

39 empero vosotros teneis costumbre, que [yo] os suelte uno en la Pascua: ¿quereis pues que os suelte al rey de los Judíos?

40 Entonces todos dieron voces otra vez, diciendo: No á este, sino á Barrabás. Y este Barrabás era ladron.

CAPITULO 19

1 ASÍ que entonces tomó Pilato á Jesus, y le azotó.

2 Y los soldados entretejieron de espinas una corona, y la pusieron sobre su cabeza, y le vistieron de una ropa de grana,

3 y decian: Tengas gozo, Rey de los Judíos; y le daban de bofetadas.

4 Entonces Pilato salió otra vez fuera, y les dijo: Hé aquí, os le traigo fuera, para que entendais que ningun crímen hallo en él.

5 Así salió Jesus fuera llevando la corona de espinas, y la ropa de grana. Y díceles [Pilato:] Hé aquí el hombre.

6 Y como le vieron los príncipes de los sacerdotes. y los servidores, dieron voces, diciendo: Crucifícale, crucifícale. Díceles Pilato: Tomádle vosotros, y crucificadle: porque yo no hallo en él crimen.

7 Respondiéronle los Judíos: Nosotros tenemos ley, y segun nuestra ley debe morir, porque se hizo Hijo de Dios.

8 Pues como Pilato oyó esta palabra, tuvo mas miedo.

9 Y entró otra vez á la audiencia, y dijo á Jesus: ¿De dónde eres tú? Mas Jesus no le dió respuesta.

10 Entonces dícele Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿no sabes que tengo potestad para crucificarte, y que tengo potestad para soltarte?

11 Respondió Jesus: Ninguna potestad tendrias contra mí, si [esto] no te fuese dado de arriba: por tanto el que á tí me ha entregado, mayor pecado tiene.

12 Desde entonces procuraba Pilato de soltarle: mas los Judíos daban voces, diciendo: Si á este sueltas, no eres amigo de César: cualquiera que se hace rey, á César contradice.

13 Entonces Pilato oyendo este dicho, llevó fuera á Jesus, y se sentó en el tribunal, en el lugar que se dice Lithóstrotos, y en hebráico Gabbatha.

14 Y era la víspera de la Pascua, y como á las seis horas: entonces dijo á los Judíos: Hé aquí vuestro Rey.

15 Mas ellos dieron voces: Quita, quita, crucifícale. Díceles Pilato: ¿A vuestro Rey tengo de crucificar? Respondieron los pontífices: No tenemos rey, sino á César.

16 Así que entonces se le entregó para que fuese crucificado: y tomaron á Jesus, y le llevaron.

17 Y llevando la cruz para sí, vino al lugar que se dice el lugar de la Calavera, y en hebráico Gólgotha:

18 donde le crucificaron, y con él otros dos, de una parte y de otra, y Jesus en medio.

19 Y escribió tambien Pilato un título, el cual puso encima de la cruz: y el escrito era: JESUS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS.

20 Y muchos de los Judíos leyeron este título: porque el lugar donde estaba crucificado Jesus, era cerca de la ciudad: y era escrito en hebráico, y en griego, y en latin.

21 Y decian á Pilato los pontífices de los Judíos: No escribas: Rey de los Judíos; sino que él dijo: Rey soy de los Judíos.

22 Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito.

23 Y como los soldados hubieron crucificado á Jesus, tomaron sus vestidos, é hicieron cuatro partes (á cada soldado una parte), y la túnica era sin costura, toda tejida desde arriba;

24 y dijeron entre ellos: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella cuya será: para que se cumpliese la Escritura que dice: Partieron para sí mis vestidos, y sobre mi vestidura echaron suertes. Y los soldados ciertamente hicieron esto.

25 Y estaban junto á la cruz de Jesus su madre, y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofas, y María Magdalena.

26 Y como vió Jesus á la madre, y al discípulo que él amaba, que estaba presente, dice á su madre: Mujer, hé ahí tu hijo.

27 Y luego dice al discípulo: Hé ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió consigo.

28 Despues, sabiendo Jesus que todas las cosas eran ya cumplidas, para que la Escritura se cumpliese, dijo: Sed tengo.

29 Estaba pues [allí] un vaso lleno de vinagre. Entonces ellos llenaron una esponja de vinagre, y revuelta con hisopo se la llegaron á la boca.

30 Y como Jesus tomó el vinagre, dijo: Consumado es. Y bajada la cabeza, dió el espíritu.

31 Entonces los Judíos, porque los cuerpos no quedasen en la cruz en el sábado, porque [entonces] era la víspera [de la Pascua,] porque era el gran dia del sábado, rogaron á Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados.

32 Y vinieron los soldados, y á la verdad quebraron las piernas al primero, y al otro que habia sido crucificado con él:

33 mas como vinieron á Jesus, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas.

34 Empero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y luego salió sangre y agua.

35 Y el que lo vió da testimonio, y su testimonio es verdadero: y él sabe que dice verdad, para que vosotros tambien creais.

36 Porque estas cosas fueron hechas, para que se cumpliese la Escritura: Hueso no quebrantareis de él.

37 Y otra vez otra Escritura dice: Verán [á aquel] al cual traspasaron.

38 Pasadas estas cosas, rogó á Pilato Joseph de Arimathéa, el cual era discípulo de Jesus, mas secreto, por miedo de los Judíos, que [él] quitaria el cuerpo de Jesus: lo cual permitió Pilato. Entonces [él] vino, y quito el cuerpo de Jesus.

39 Entonces vino tambien Nicodemo, el que habia venido á Jesus de noche antes, trayendo un compuesto de mirra y de aloés, como cien libras.

40 Y tomaron el cuerpo de Jesus y envolviéronle en lienzos con especias, como es costumbre de los Judíos sepultar.

41 Y en aquel lugar, donde habia sido crucificado, habia un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aun no habia sido puesto alguno.

42 Allí pues, por causa de la víspera [de la Pascua] de los Judíos, porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron á Jesus.

CAPITULO 20

1 Y EL primer [dia] de los sábados, María Magdalena vino de mañana, siendo aun oscuro, al sepulcro, y vió la piedra quitada del sepulcro.

2 Entonces corrió, y vino á Simon Pedro, y al otro discípulo, al cual amaba Jesus, y les dice: Han llevado al Señor del sepulcro, y no sabemos donde le han puesto.

3 Y salió Pedro, y el otro discípulo, y vinieron al sepulcro.

4 Y corrian los dos juntos: mas el otro discípulo corrió mas presto que Pedro, y vino primero al sepulcro.

5 Y bajándose [á mirar,] vió los lienzos puestos: mas no entró.

6 Vino pues Simon Pedro siguiéndole, y entró en el sepulcro, y vió los lienzos puestos,

7 y el sudario que habia sido [puesto] sobre su cabeza, no puesto con los lienzos, sino aparte en un lugar envuelto.

8 Entonces pues entró tambien el otro discípulo, que habia venido primero al monumento; y vió, y creyó.

9 Porque aun no sabian la Escritura, que era menester que él resucitase de los muertos.

10 Y volvieron los discípulos á los suyos.

11 Empero María estaba llorando al sepulcro fuera, y estando llorando bajóse [á mirar] el sepulcro.

12 Y vió dos ángeles en ropas blancas que estaban sentados, el uno á la cabecera, y el otro á los piés, donde el cuerpo de Jesus habia sido puesto.

13 Y le dijeron: ¿Mujer, por que lloras? Díceles: Han llevado á mi Señor, y no sé donde le han puesto.

14 Y como hubo dicho esto, volvió atrás, y vió á Jesus que estaba [allí:] mas no sabia que era Jesus.

15 Dícele Jesus: ¿Mujer, por qué lloras? ¿á quien buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dice: Señor, si tú le has llevado, dime donde le has puesto, y yo le llevaré.

16 Dícele Jesus: María. Volviéndose ella, dícele: Rabboni, que quiere decir, Maestro.

17 Dícele Jesus: No me toques: porque aun no he subido á mi Padre: mas vé á mis hermanos; y díles: Subo á mi Padre, y á vuestro Padre, á mi Dios, y á vuestro Dios.

18 Vino María Magdalena dando las nuevas á los discípulos: Que habia visto al Señor, y estas cosas me dijo.

19 Y como fué tarde aquel dia, el primero de los sábados, y las puertas estaban cerradas, donde los discípulos estaban juntos por miedo de los Judíos, vino Jesus: y púsose en medio, y les dijo: Paz tengais.

20 Y como hubo dicho esto, mostróles las manos y el costado: entonces los discípulos se gozaron, viendo al Señor.

21 Entonces díceles otra vez: Paz tengais: como me envió el Padre, así tambien yo os envio.

22 Y como hubo dicho esto, sopló, y les dijo: Tomad el Espíritu Santo:

23 á los que soltáreis los pecados, les son sueltos: á los que los retuviéreis, serán retenidos.

24 Empero Tomás uno de los doce, que se dice el Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesus vino.

25 Dijéronle pues los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Y él les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.

26 Y ocho dias despues estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás: vino Jesus, las puertas cerradas, y se puso en medio, y dijo: Paz tengais.

27 Luego dice á Tomás: Mete tu dedo aquí, y ve mis manos; y da acá tu mano, y méte[la] en mi costado, y no seas incrédulo, sino fiel.

28 Entonces Tomás respondió, y le dice: Señor mio, y Dios mio.

29 Dícele Jesus: Porque me has visto, ¡oh Tomás! creiste: bienaventurados los que no vieron, y creyeron.

30 TAMBIEN muchas otras señales hizo Jesus en presencia de sus discípulos, que no están escritas en este libro.

31 Estas empero son escritas, para que creais que Jesus es el Cristo, Hijo de Dios; y para que creyendo, tengais vida en su nombre.

CAPITULO 21

1 DESPUES se manifestó Jesus otra vez á sus discípulos á la mar de Tiberias: y se manifestó de esta manera:

2 Estaban juntos Simon Pedro, y Tomás, que se dice el Dídimo y Nathanaél, el que era de Cana de Galiléa, y los [hijos] de Zebedéo, otros dos de sus discípulos.

3 Díceles Simon: A pescar voy. Dícenle: Vamos nosotros tambien contigo. Fueron, y subieron luego en un navío; y aquella noche no tomaron nada.

4 Y venida la mañana, Jesus se puso á la ribera; mas los discípulos no entendieron que era Jesus.

5 Así que díceles: ¿Mozos, teneis algo de comer? Respondiéronle: No.

6 Y él les dice: Echad la red á la mano derecha del navío, y hallareis. Entonces echaron, y no la podian en ninguna manera sacar, por la multitud de los peces.

7 Dijo entonces aquel discípulo, al cual amaba Jesus, á Pedro: El Señor es. Entonces Simon Pedro, como oyó que era el Señor, ciñóse la ropa, porque estaba desnudo, y echóse á la mar.

8 Y los otros discípulos vinieron con el navío (porque no estaban lejos de tierra, sino como doscientos codos), trayendo la red de peces.

9 Y como descendieron á tierra, vieron ascuas puestas, y un pez encima de ellas, y pan.

10 Díceles Jesus: Traed de los peces que tomasteis ahora.

11 Subió Simon Pedro, y trajo la red á tierra, llena de grandes peces, ciento y cincuenta y tres: y siendo tantos, la red no se rompió.

12 Díceles Jesus: Venid, comed. Y ninguno de los discípulos le osaba preguntar: ¿Tú, quién eres? sabiendo que era el Señor.

13 Así que viene Jesus, y toma el pan, y dáles, y asimismo del pez.

14 Esta [era] ya la tercera vez que Jesus se manifestó á sus discípulos, habiendo resucitado de los muertos.

15 Pues como hubieron comido, Jesus dijo á Simon Pedro: ¿Simon, [hijo] de Jonás, me amas mas que estos? Dícele: Sí, Señor: tú sabes que te amo. Dícele: Apacienta mis corderos.

16 Vuélvele á decir la segunda vez: ¿Simon, [hijo] de Jonás, me amas? Respóndele: Si, Señor: tú sabes que te amo. Dícele: Apacienta mis ovejas.

17 Dícele la tercera vez: ¿Simon, [hijo] de Jonás, me amas? Entristecióse Pedro de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? Y le dice: Señor, tú sabes todas las cosas: tú sabes que te amo. Dícele Jesus: Apacienta mis ovejas:

18 de cierto, de cierto te digo, [que] cuando eras mas mozo, te ceñias, é ibas donde querias: mas cuando ya fueres viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te pasará donde no querrias.

19 Y esto dijo, dando á entender con que muerte habia de glorificar á Dios. Y dicho esto, dícele: Sígueme.

20 Vuelto Pedro, ve á aquel discípulo, al cual amaba Jesus que seguia, el que tambien se habia recostado á su pecho en la cena, y [le] habia dicho: Señor, quién es el que te ha de entregar?

21 Así que, como Pedro vió á este, dice á Jesus: ¿Señor, y este qué?

22 Dícele Jesus: Si quiero que él quede hasta que [yo] venga, ¿qué [se te da] á tí? sígueme tú.

23 Salió pues este dicho entre los hermanos, que aquel discípulo no habia de morir: y Jesus no le dijo: No morirá; sino: Si quiero que él quede hasta que [yo] venga, ¿qué á tí?

24 ESTE es aquel discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas, y sabemos que su testimonio es verdadero.

25 Y hay tambien otras muchas cosas que hizo Jesus, que si se escribiesen cada una por sí, ni aun en el mundo pienso que cabrian los libros que se habrian de escribir. Amen.

LOS

ACTOS DE LOS APOSTOLES.

CAPITULO 1

1 HEMOS hablado primero, ¡oh Teófilo! de todas las cosas que Jesus comenzó á hacer, y á enseñar,

2 hasta el dia que, habiendo dado mandamientos por Espíritu Santo á los apóstoles que escogió, fué recibido arriba:

3 á los cuales, despues de haber padecido, se presentó vivo en muchas pruebas, apareciéndoles por cuarenta dias, y hablándoles del reino de Dios.

4 Y juntándolos, les mandó, que no se fuesen de Jerusalem, mas que esperasen la promesa del Padre, que oisteis, [dice,] de mí.

5 Porque Juan á la verdad bautizó en agua, mas vosotros sereis bautizados en Espíritu Santo no muchos dias despues de estos.

6 Entonces los que se habian juntado le preguntaron, diciendo: ¿Señor, restituirás el reino á Israél en este tiempo?

7 Y les dijo: No es vuestro saber los tiempos, ó las sazones que el Padre puso en su sola potestad:

8 mas recibireis la virtud del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros, y me sereis testigos en Jerusalem, y en toda Judea, y Samaria, y hasta lo último de la tierra.

9 Y habiendo dicho estas cosas, viéndole ellos, fué alzado, y una nube le recibió, y le quitó de sus ojos.

10 Y estando [ellos] con los ojos puestos en el cielo entre tanto que él iba, hé aquí, dos varones se pusieron junto á ellos en vestidos blancos;

11 los cuales tambien les dijeron: Varones Galiléos, ¿qué estais mirando al cielo? este Jesus que ha sido tomado arriba de vosotros al cielo, así vendrá, como le habeis visto ir al cielo.

12 Entonces se volvieron á Jerusalem del monte que se llama el Olivar, el cual está cerca de Jerusalem, camino de un sábado.

13 Y entrados, subieron al cenadero, donde estaban Pedro y Jacobo, Juan y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Matéo, Jacobo, [hijo] de Alféo, y Simon el Zeloso, y Judas [hermano] de Jacobo.

14 Todos estos perseveraban unánimes en oracion y ruego con las mujeres, y con María la madre de Jesus, y con sus hermanos.

15 Y EN aquellos dias Pedro, levantándose en medio de los discípulos, dijo: (y era la compañía junta como de ciento y veinte por nombre: )

16 Varones, hermanos, convino que se cumpliese esta escritura, la cual dijo antes el Espíritu Santo por la boca de David, de Judas, que fué el guia de los que prendieron á Jesus;

17 el cual era contado con nosotros, y tenia suerte en este ministerio.

18 Este pues adquirió el campo del salario de iniquidad, y colgándose reventó por medio, y todas sus entrañas se derramaron.

19 Y fué notorio á todos los moradores de Jerusalem, de tal manera que aquel campo sea llamado en su propia lengua Hacéldama, que es, Campo de Sangre.

20 Porque está escrito en el libro de los Salmos: Sea hecha desierta su habitacion, y no haya quien more en ella. Tambien: Tome otro su obispado.

21 Conviene, pues, que de estos varones, que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesus entró y salió entre nosotros,

22 comenzando desde el bautismo de Juan, hasta el dia que fué tomado arriba de [entre] nosotros, uno sea hecho testigo con nosotros de su resurreccion.

23 Y señalaron á dos, á Joseph, que se llama Barsabas, que tiene por sobrenombre el Justo, y á Matías.

24 Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cual escoges de estos dos,

25 para que tome la suerte de este ministerio, y del apostolado, del cual rebeló Judas, por irse á su lugar.

26 Y les pusieron las suertes; y cayó la suerte sobre Matías; y fué contado con los once apóstoles.

CAPITULO 2

1 COMO se cumplieron los dias de las siete semanas, estaban todos unánimes juntos.

2 Y de repente vino un estruendo del cielo como de un viento vehemente que venia [con ímpetu,] el cual llenó toda la casa donde estaban sentados.

3 Y les aparecieron [unas] lenguas repartidas como de fuego, que se asentó sobre cada uno de ellos.

4 Y fueron todos llenos de Espíritu Santo, y comenzaron á hablar en otras lenguas, como el Espíritu Santo les daba que hablasen.

5 (Moraban entonces en Jerusalem Judíos, varones religiosos de todas las naciones que [están] debajo del cielo.)

6 Y hecho este estruendo, se juntó la multitud: y estaban confusos, porque cada uno les oia hablar su propia lengua.

7 Y estaban todos atónitos y maravillados, diciendo los unos á los otros: Veis, ¿no son Galiléos todos estos que hablan?

8 ¿cómo, pues, los oímos nosotros [hablar] cada uno en su lengua en que somos nacidos?

9 Partos, y Medos, y Elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judéa, y en Capadocia, en el Ponto, y en Asia,