# Reina Valera New Testament of the Bible 1858

## Part 12

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27 Y aconteció, que diciendo [él] estas cosas, una mujer de la compañía levantando la voz, le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y las tetas que mamaste.

28 Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan.

29 Y juntándose las compañías á él, comenzó á decir: Esta generacion mala es: señal busca, mas señal no le será dado, sino la señal de Jonás profeta.

30 Porque como Jonás fué señal á los Ninivitas, así tambien será el Hijo del hombre á esta generacion.

31 La reina del austro se levantará en juicio con los hombres de esta generacion, y los condenará: porque vino de los fines de la tierra á oir la sabiduria de Salomón: y hé aquí, mas que Salomón en este lugar.

32 los hombres de Nínive se levantarán en juicio con esta generacion, y la condenarán: porque á la predicacion de Jonás hicieron penitencia; y hé aquí, mas que Jonás en este lugar.

33 Nadie pone en oculto el candil encendido, ni debajo del almud; sino en el candelero, para que los que entran, vean la lumbre.

34 El candil del cuerpo es el ojo: pues si tu ojo fuere simple, tambien todo tu cuerpo será resplandeciente: mas si fuere malo, tambien tu cuerpo será tenebroso.

35 Mira pues, si la lumbre que en tí hay, es tinieblas.

36 Así que [siendo] todo tu cuerpo resplandeciente, no teniendo alguna parte de tiniebla, será todo luciente como cuando un candil de resplandor te alumbra.

37 Y DESPUES que hubo hablado, le rogó un Fariséo que comiese con él; y entrado Jesus, se sentó á la mesa.

38 Y el Fariséo como [lo] vio, se maravilló de que no se lavó antes de comer.

39 Y el Señor le dijo: Ahora vosotros los Fariséos lo de fuera del vaso y del plato limpiais: mas lo que está dentro de vosotros, está lleno de rapiña y de maldad.

40 Locos, ¿el que hizo lo de fuera, no hizo tambien lo de dentro?

41 Empero lo que resta, dad limosna: y hé aquí, todo os será limpio.

42 Mas ¡ay de vosotros Fariséos! que diezmais la menta, y la ruda, y toda hortaliza: mas el juicio y la caridad de Dios pasais [de largo.] Empero estas cosas era menester hacer, y no dejar las otras.

43 ¡Ay de vosotros Fariséos! que amais las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas.

44 ¡Ay de vosotros, escribas y Fariséos, hipócritas! que sois como sepulcros que no se parecen, y los hombres que andan encima no [lo] saben.

45 Y respondiendo uno de los doctores de la ley, le dice: Maestro, cuando dices esto, tambien nos afrentas á nosotros.

46 Y él dijo: ¡Ay de vosotros tambien, doctores de la ley! que cargais los hombres con cargas que no pueden llevar: mas vosotros, ni aun con un dedo tocais las cargas.

47 ¡Ay de vosotros! que edificais los sepulcros de los profetas, y los mataron vuestros padres.

48 Cierto dais testimonio que consentis en los hechos de vuestros padres: porque á la verdad ellos los mataron, mas vosotros edificais sus sepulcros.

49 Por tanto la sabiduría de Dios tambien dijo: Enviaré á ellos profetas y apóstoles, y de ellos [á unos] matarán, y [á otros] perseguirán.

50 Para que de esta generacion sea demandada la sangre de todos los profetas, que ha sido derramada desde la fundacion del mundo:

51 desde la sangre de Abel, hasta la sangre de Zacharías que murió entre el altar y la casa: así os digo, será demandada de esta generacion.

52 ¡Ay de vosotros, doctores de la ley! que [os] tomasteis la llave de la ciencia: vosotros no entrasteis, y á los que entraban impedisteis.

53 Y diciéndoles estas cosas, los escribas y los Fariséos comenzaron á apretarle en gran manera, y á provocarle á que hablase de muchas cosas,

54 acechándole, y procurando de cazar algo de su boca para acusarle.

CAPITULO 12

1 EN esto juntándose muchas compañías, tanto que unos á otros se hollaban, comenzó á decir á sus discípulos: Primeramente guardáos de la levadura de los Fariséos, que es hipocresía.

2 Porque nada hay encubierto, que no haya de ser descubierto; ni oculto, que no haya de ser sabido.

3 Por tanto las cosas que dijisteis en tinieblas, en lumbre serán oidas; y lo que hablasteis al oido en las camaras, será pregonado en los tejados.

4 Mas os digo, amigos mios: No temais de los que matan el cuerpo, y despues no tienen mas que hagan:

5 mas os enseñaré á quien temais: Temed á aquel que despues que hubiere muerto, tiene potestad de echar en el quemadero: así os digo: A este temed.

6 ¿No se venden cinco pajarillos por dos blancas, y uno de ellos no está olvidado de Dios?

7 Y aun los cabellos de vuestra cabeza, todos están contados. No temais pues: de mas estima sois [vosotros] que muchos pajarillos.

8 Pero os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, tambien el Hijo del hombre le confesará delante de los ángeles de Dios.

9 Mas el que me negare delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios.

10 Y todo aquel que dice palabra contra el Hijo del hombre, le será perdonado: mas al que blasfemare contra el Espíritu Santo, no [le] será perdonado.

11 Y cuando os trajeren á las sinagogas, y á los magistrados y potestades, no esteis solícitos cómo, ó qué hayais de responder, ó qué hayais de decir.

12 Porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que será menester decir.

13 Y LE dijo uno de la compañía: Maestro, dí á mi hermano que parta conmigo la herencia.

14 Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me puso por juez, ó partidor sobre vosotros?

15 Y les dijo: Mirad, y guardáos de avaricia: porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.

16 Y les dijo una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico habia llevado muchos frutos;

17 y [él] pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, que no tengo donde junte mis frutos?

18 Y dijo: Esto haré: derribaré mis alfolíes, y los edificaré mayores; y allí juntaré todos mis frutos y mis bienes;

19 y diré á mi alma: Alma, muchos bienes tienes en depósito para muchos años: repósate, come, bebe, huélgate.

20 Y le dijo Dios: ¡Loco! esta noche vuelven á pedir tu alma; ¿y lo que has aparejado, cuyo será?

21 Así [es] el que hace para sí tesoro, y no es rico en Dios.

22 Y dijo á sus discípulos: Por tanto os digo: No esteis solícitos de vuestra vida, qué comereis; ni del cuerpo, qué vestireis.

23 La vida mas es que la comida; y el cuerpo, que el vestido.

24 Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan: que ni tienen cillero, ni alfolí; y Dios los alimenta: ¿cuánto de mas estima sois vosotros que las aves?

25 ¿Quién de vosotros podrá con [su] solicitud añadir á su estatura un codo?

26 Pues si no podeis aun lo que es menos, ¿para qué estareis solícitos de lo demás?

27 Considerad los lirios, como crecen: no labran, ni hilan; y os digo, que ni Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos.

28 Y si así viste Dios á la yerba, que hoy está en el campo, y mañana es echada en el horno, ¿cuánto mas á vosotros, [hombres] de poca fé?

29 Vosotros, pues, no procureis qué hayais de comer, ó qué hayais de beber, y no andeis elevados:

30 porque todas estas cosas las gentes del mundo las buscan: que vuestro Padre sabe que habeis menester estas cosas.

31 Mas procurad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas.

32 No temais, oh manada pequeña, porque al Padre ha placido daros el reino.

33 Vended lo que poseeis, y dad limosna: hacéos bolsas que no se envejecen, tesoro en los cielos que nunca falte: donde ladron no llega, ni polilla corrompe.

34 Porque donde está vuestro tesoro, allí tambien estará vuestro corazon.

35 Estén ceñidos vuestros lomos, y [vuestros] candiles encendidos;

36 y vosotros, semejantes á hombres que esperan cuando su señor ha de volver de las bodas; para que cuando viniere y tocare, luego le abran.

37 Bienaventurados aquellos siervos, los cuales, cuando el señor viniere, hallare velando: de cierto os digo, que [él] se ceñirá, y hará que se sienten á la mesa, y pasando les servirá.

38 Y aunque venga á la segunda vela, y aunque venga á la tercera vela, y los hallare así, bienaventurados son los tales siervos.

39 Esto empero sabed, que si supiese el padre de familia á qué hora habia de venir el ladron, velaria ciertamente, y no dejaria minar su casa.

40 Vosotros, pues, tambien estad apercibidos: porque á la hora que no pensais, el Hijo del hombre vendrá.

41 Entonces Pedro le dijo: Señor, ¿dices esta parábola á nosotros, ó tambien á todos?

42 Y dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y prudente, al cual el señor pondrá sobre su familia, para que en tiempo les dé [su] racion?

43 Bienaventurado aquel siervo, al cual, cuando el señor viniere, hallare haciendo así.

44 En verdad os digo, que él le pondrá sobre todos sus bienes.

45 Mas si el tal siervo dijere en su corazon: Mi señor se tarda de venir y comenzare á herir los siervos y las criadas, y á comer, y á beber, y á borrachear,

46 vendrá el señor de aquel siervo el dia que [él] no espera, y á la hora que [él] no sabe; y le apartará, y pondrá su suerte con los infieles.

47 Porque el siervo que entendió la voluntad de su señor, y no [se] apercibió, ni hizo conforme á su voluntad, será azotado mucho.

48 Mas el que no entendió, é hizo por qué ser azotado, será azotado poco, porque á cualquiera que fué dado mucho, mucho será vuelto á demandar de él; y al que encomendaron mucho, mas será de él pedido.

49 Fuego vine á meter en la tierra, ¿y qué quiero, si ya está encendido?

50 Empero, de bautismo me es necesario ser bautizado, ¡y cómo me angustio hasta que sea cumplido!

51 ¿Pensais que he venido á la tierra á dar paz? No, os digo: mas disension.

52 Porque estarán de aquí adelante cinco en una casa divididos, tres contra dos, y dos contra tres.

53 El padre estará dividido contra el hijo, y el hijo contra el padre: la madre contra la hija, y la hija contra la madre: la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra.

54 Y decia tambien á las compañías: Cuando viéreis la nube que sale del poniente, luego decis: Agua viene; y es así.

55 Y cuando sopla el austro, decis: Que habrá calor; y lo hay.

56 ¡Hipócritas! Sabeis examinar la faz del cielo y de la tierra, ¿y este tiempo, cómo no lo examinais?

57 ¿Mas por qué aun de vosotros mismos no juzgais lo que es justo?

58 Pues cuando vas al magistrado con tu adversario, procura en el camino de librarte de él, porque no te traiga al juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te meta en la cárcel.

59 Te digo que no saldrás de allá hasta que hayas pagado hasta el postrer cornado.

CAPITULO 13

1 Y EN este mismo tiempo estaban allí unos que le contaban de los Galiléos, cuya sangre Pilato habia mezclado con sus sacrificios.

2 Y respondiendo Jesus, les dijo: ¿Pensais que estos Galiléos, porque han padecido tales cosas, hayan sido mas pecadores que todos los Galiléos?

3 No; [yo] os digo: antes si no os enmendáreis, todos perecereis así.

4 O aquellos diez y ocho, sobre los cuales cayó la torre en Silóe, y los mató, ¿pensais que ellos fueron mas deudores que todos los hombres que habitan en Jerusalem?

5 No; [yo] os digo: antes si no os enmendáreis, todos perecereis así.

6 Y decia esta parábola: Tenia uno una higuera plantada en su viña; y vino á buscar fruto en ella, y no halló.

7 Y dijo al viñero: Hé aquí, tres años ha que vengo á buscar fruto en esta higuera, y no [lo] hallo: córtala, ¿por qué ocupará aun la tierra?

8 El entonces respondiendo, le dijo: Señor, déjala aun este año, hasta que [yo] la escave, y la estercole.

9 Y si hiciere fruto, [bien;] y si no, la cortarás despues.

10 Y ENSEÑABA en una sinagoga en sábados.

11 Y hé aquí, una mujer que tenia espíritu de enfermedad diez y ocho años, y andaba agoviada que en ninguna manera podia mirar arriba.

12 Y como Jesus la vió, la llamó, y le dijo: Mujer, libre eres de tu enfermedad.

13 Y púsole las manos encima, y luego se enderezó, y glorificaba á Dios.

14 Y respondiendo un príncipe de la sinagoga, enojado que Jesus hubiese curado en sábado, dijo á la compañía: Seis dias hay en que es menester obrar: en estos pues venid, y sed curados; y no en dia de sábado.

15 Entonces el Señor le respondió, y dijo: Hipócrita, ¿cada uno de vosotros no desata en sábado su buey, ó su asno del pesebre, y le lleva á beber?

16 Y á esta hija de Abraham, que hé aquí, que Satanás la habia ligado diez y ocho años. ¿no convino desatarla de esta ligadura en dia de sábado?

17 Y diciendo estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios: mas todo el pueblo se gozaba de todas las cosas que gloriosamente eran por él hechas.

18 Y decia: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y á qué le compararé?

19 Semejante es al grano de la mostaza, que tomándole el hombre le metió en su huerto; y creció, y fué hecho árbol grande; y las aves del cielo hicieron nidos en sus ramas.

20 Y otra vez dijo: ¿A qué compararé al reino de Dios?

21 Semejante es á la levadura, que tomándola la mujer, la esconde en tres medidas de harina hasta que todo sea leudado.

22 Y PASABA por todas las ciudades y aldeas enseñando, y caminando á Jerusalem.

23 Y le dijo uno: ¿Señor, son pocos los que se salvan? Y él les dijo:

24 Porfiad á entrar por la puerta angosta: porque [yo] os digo, que muchos procurarán de entrar, y no podrán;

25 despues que el padre de familias se levantare, y cerrare la puerta, y comenzareis á estar fuera, y tocar á la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos; y respondiendo [él,] os dirá: No os conozco de donde seais.

26 Entonces comenzareis á decir: Delante de tí hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste.

27 Y os dirá: Dígoos, que no os conozco de donde seais: apartáos de mí todos los obreros de iniquidad.

28 Allí será el lloro y el crujir de dientes, cuando viéreis á Abraham, y á Isaac, y á Jacob y á todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros ser echados fuera.

29 Y vendrán [otros] del oriente, y del occidente, y del norte, y del mediodía, y se sentarán á la mesa en el reino de Dios.

30 Y hé aquí, que son postreros, los que eran los primeros; y que son primeros, los que eran los postreros.

31 AQUEL mismo dia llegaron unos de los Fariséos, diciéndole: Sal, y véte de aquí: porque Herodes te quiere matar.

32 Y les dice: Id, y decid á aquella zorra: Hé aquí, echo fuera demonios y acabo sanidades hoy y mañana, y trasmañana soy consumado:

33 empero es menester que hoy, y mañana, y trasmañana camine: porque no es posible que profeta muera fuera de Jerusalem.

34 ¡Jerusalem, Jerusalem! que matas los profetas, y apedreas los que son enviados á tí, ¿cuántas veces quise juntar tus hijos, como el ave sus pollos debajo de sus alas, y no quisiste?

35 Hé aquí, os es dejada vuestra casa desierta: y os digo, que no me vereis, hasta que venga [tiempo] cuando digais: Bendito, el que viene en nombre del Señor.

CAPITULO 14

1 Y ACONTECIÓ que entrando en casa de un príncipe de los Fariséos un sábado á comer pan, ellos le acechaban.

2 Y hé aquí, un hombre hidrópico estaba delante de él.

3 Y respondiendo Jesus, dijo á los doctores de la ley, y á los Fariséos, diciendo: ¿Es lícito sanar en sábado?

4 Y ellos callaron. Entonces él tomándole, le sanó, y le envió.

5 Y respondiendo á ellos, dijo ¿El asno ó el buey de cuál de vosotros caerá en [algun] pozo, y [él] no le sacará luego en dia de sábado?

6 Y no le podian replicar á estas cosas.

7 Y dijo una parábola á los convidados, atento como escogian los primeros asientos á la mesa, diciéndoles:

8 Cuando fueres convidado de alguno á bodas, no te asientes en el primer lugar: porque podrá ser que otro mas honrado que tú sea convidado de él;

9 y viniendo el que te llamó á tí y á él, te diga: Da lugar á este; y entonces comiences con vergüenza á tener el postrer lugar.

10 Mas cuando fueres llamado, vé, asiéntate en el postrer lugar; porque cuando viniere el que te llamó, te diga: Amigo, sube arriba: entonces tendrás gloria delante de los que juntamente se asientan á la mesa.

11 Porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla será ensalzado.

12 Y decia tambien al que le habia convidado: Cuando haces comida ó cena, no llamas á tus amigos, ni á tus hermanos, ni á tus parientes, ni á tus vecinos ricos: porque tambien ellos no te vuelvan á convidar, y te sea hecha paga.

13 Mas cuando haces banquete, llama á los pobres, los mancos, los cojos, los ciegos;

14 y serás bienaventurado: porque no te pueden pagar: mas te será pagado en la resurreccion de los justos.

15 Y oyendo esto uno de los que juntamente estaban sentados á la mesa, le dijo: Bienaventurado el que comerá pan en el reino de los cielos.

16 El entonces le dijo: Un hombre hizo una grande cena, y llamó á muchos.

17 Y á la hora de la cena envió á su siervo á decir á los convidados: Venid, que ya todo está aparejado.

18 Y comenzaron todos á una á excusarse. El primero le dijo: He comprado un cortijo, y he menester de salir, y verle: te ruego que me tengas por excusado.

19 Y el otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy á probarlos; te ruego que me tengas por excusado.

20 Y el otro dijo: Me he casado; y por tanto no puedo venir.

21 Y vuelto el siervo, hizo saber estas cosas á su señor. Entonces el padre de la familia, enojado dijo su siervo: Vé presto por las plazas, y por las calles de la ciudad, y mete acá los pobres, los mancos, y cojos, y ciegos.

22 Y dijo el siervo: Señor, hecho es como mandaste, y aun hay lugar.

23 Y dijo el señor al siervo: Vé por los caminos, y por los vallados, y fuerzalos á entrar, para que se llene mi casa;

24 porque [yo] os digo, que ninguno de aquellos varones que fueron llamados, gustará mi cena.

25 Y MUCHAS compañías iban con él; y volviéndose les dijo:

26 Si alguno viene á mí, y no aborrece á su padre, y madre, y mujer, é hijos, y hermanos, y hermanas, y aun tambien su vida, no puede ser mi discípulo.

27 Y cualquiera que no trae su cruz, y viene en pos de mi, no puede ser mi discípulo.

28 Porque ¿cuál de vosotros, queriendo edificar una torre, no cuenta primero sentado los gastos, si tiene [lo que ha menester] para acabar[la?]

29 Porque despues que haya puesto el fundamento, y no pueda acabarla, todos los que lo vieren, no comiencen á hacer burla de él,

30 diciendo: Este hombre comenzó á edificar, y no pudo acabar.

31 ¿O cuál rey, habiendo de ir á hacer guerra contra otro rey, sentándose primero no consulta si puede salir al encuentro con diez mil al que viene contra él con veinte mil?

32 De otra manera, cuando aun el otro está lejos, le ruega por la paz, enviándole embajada.

33 Así pues cualquiera de vosotros que no renuncia á todas las cosas que posee, no puede ser mi discípulo.

34 Buena es la sal: mas si la sal fuere desvanecida, ¿con qué se adobará?

35 Ni para la tierra, ni para el muladar es buena: en la calle la echan. Quien tiene oidos para oir, oiga.

CAPITULO 15

1 SE llegaban á él todos los publicanos, y pecadores á oirle.

2 Y murmuraban los Fariséos y los escribas, diciendo: Este á los pecadores recibe, y con ellos come.

3 Y él les dice esta parábola, diciendo:

4 ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si perdiere una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va á la que se perdió, hasta que la halle?

5 Y hallada, [la] pone sobre sus hombros gozoso;

6 y viniendo á casa, junta á los amigos, y á los vecinos, diciéndoles: Dadme el parabien: porque he hallado mi oveja que se habia perdido.

7 Os digo, que así habrá gozo en el cielo de un pecador que se enmienda, [mas que] de noventa y nueve justos, que no han menester enmendarse.

8 ¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si perdiere la una dracma, no enciende el candil, y barre la casa, y busca con diligencia, hasta hallar[la?]

9 Y cuando [la] hubiere hallado, junta las amigas, y las vecinas, diciendo: Dadme el parabien: porque he hallado la dracma que habia perdido.

10 Así os digo, que hay gozo en los ángeles de Dios de un pecador que se enmienda.

11 Tambien dice: Un hombre tenia dos hijos;

12 y el mas mozo de ellos dijo á su padre: Padre, dáme la parte de la hacienda que [me] pertenece. Y [él] les repartió la hacienda.

13 Y despues de no muchos dias, juntándolo todo el hijo mas mozo, se partió lejos, á una provincia apartada; y allí desperdició su hacienda viviendo perdidamente.

14 Y despues que lo hubo todo desperdiciado, vino una grande hambre en aquella provincia; y comenzóle á faltar.

15 Y fué, y se llegó á uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió á su cortijo, para que apacentase los puercos.

16 Y deseaba henchir su vientre de las mondaduras que comian los puercos; mas nadie se [las] daba.

17 Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!

18 me levantaré, é iré á mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo, y contra tí:

19 ya no soy digno de ser llamado tu hijo: hazme como á uno de tus jornaleros.

20 Y levantándose, vino á su padre. Y como aun estuviese lejos, le vió su padre, y fué movido á misericordia; y corriendo á él, se derribó sobre su cuello, y le besó.

21 Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo, y contra tí: ya no soy digno de ser llamado tu hijo.

22 Mas el padre dijo á sus siervos: Sacad el principal vestido, y vestidle; y poned anillo en su mano, y zapatos en sus piés;

23 y traed el becerro grueso, y matadle; y comamos, y hagamos banquete:

24 porque este mi hijo muerto era, y ha revivido: se habia perdido, y es hallado. Y comenzaron á hacer banquete.

25 Y su hijo el mas viejo estaba en el campo, el cual como vino, y llegó cerca de casa, oyó la sinfonía y las danzas;

26 y llamando uno de los siervos, le preguntó qué era aquello.

27 Y él le dijo: Tu hermano es venido; y tu padre ha muerto el becerro grueso, por haberle recibido salvo.

28 Entonces [él] se enojó, y no queria entrar. El padre entonces saliendo, le rogaba [que entrase.]

29 Mas él respondiendo, dijo al padre: Hé aquí, tantos años [ha que te] sirvo, que nunca he traspasado tu mandamiento, y nunca me has dado un cabrito para que haga banquete con mis amigos:

30 mas despues que vino este tu hijo, que ha engullido tu hacienda con rameras, le has matado el becerro grueso.

31 El entonces le dijo: Hijo, tu siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas:

32 mas hacer banquete y holgar[nos] era menester: porque este tu hermano muerto era, y revivió: habíase perdido, y es hallado.

CAPITULO 16

1 Y DECIA tambien á sus discípulos: Habia un hombre rico, el cual tenia un mayordomo; y este fué acusado delante de él, como disipador de sus bienes.

2 Y le llamó, y le dice: ¿Qué [es] esto [que] oigo de tí? da cuenta de tu mayordomía: porque ya no podrás mas ser mayordomo.

3 Entonces el mayordomo dijo dentro de sí: ¿Qué haré? que mi señor me quita la mayordomía: cavar, no puedo: mendigar, tengo vergüenza:

4 [yo] se lo que haré, para que cuando fuere quitado de la mayordomía, me reciban en sus casas.

5 Y llamando á cada uno de los deudores de su señor, dijo al primero: ¿Cuánto debes á mi señor?

6 Y él dijo: Cien batos de aceite. Y le dijo: Toma tu obligacion, y siéntate presto, y escribe cincuenta.

7 Después dijo á otro: ¿Y tú, cuánto debes? Y él dijo: Cien coros de trigo. Y él le dijo: Toma tu obligacion, y escribe ochenta.

8 Y alabó el señor al mayordomo malo, por haber hecho prudentemente: porque los hijos de este siglo mas prudentes son que los hijos de luz en su género.

9 Y yo os digo: Hacéos amigos de las riquezas de maldad, para que cuando faltáreis, seais recibidos en las moradas eternas.

10 El que es fiel en lo muy poco, tambien en lo mas es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, tambien en lo mas es injusto.

11 Pues si en las malas riquezas no fuisteis fieles, ¿lo que es verdadero, quién os lo confiará?

12 Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿lo que es vuestro, quién os lo dará?

13 Ningun siervo puede servir á dos señores: porque, ó aborrecerá al uno y amará al otro, ó se allegará al uno, y menospreciará al otro. No podeis servir á Dios, y á las riquezas.

14 Y oían tambien los Fariséos todas estas cosas, los cuales eran avaros; y burlaban de él.

