Reina Valera New Testament of the Bible 1858

Part 11

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39 Y como vió [esto] el Fariséo que le habia llamado, dice en sí, diciendo: Este, si fuera profeta, conoceria quién y cuál es la mujer que le toca; que es pecadora.

40 Entonces respondiendo Jesus, le dijo: Simon, una cosa tengo que decirte. Y él le dice: Dí, Maestro.

41 Un acreedor tenia dos deudores: el uno le debia quinientos denarios, y el otro cincuenta:

42 y no teniendo ellos de qué pagar, soltó [la deuda] á ambos: dí, pues, ¿cuál de estos le amará mas?

43 Y respondiendo Simon, dijo: Pienso que aquel al cual soltó mas. Y él le dijo: Rectamente has juzgado.

44 Y vuelto á la mujer, dijo á Simon: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, no diste agua para mis piés; y esta ha regado mis piés con lágrimas, y limpiádo[los] con los cabellos de su cabeza.

45 No me diste beso: esta desde que entré no ha cesado de besar mis piés.

46 No ungiste mi cabeza con óleo; y esta ha ungido con ungüento mis piés.

47 Por lo cual te digo, [que] sus muchos pecados son perdonados, porque amó mucho: mas al que se perdona poco, poco ama.

48 Y á ella dijo: los pecados te son perdonados.

49 Y los que estaban juntamente sentados á la mesa, comenzaron á decir entre sí: ¿Quién es este, que tambien perdona pecados?

50 Y dijo á la mujer: Tu fé te ha salvado: vé en paz.

CAPITULO 8

1 Y ACONTECIÓ despues, que él caminaba por todas las ciudades y aldeas predicando, y anunciando el evangelio del reino de Dios; y los doce con él;

2 y algunas mujeres que habian sido curadas [de él] de malos espíritus, y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la cual habian salido siete demonios;

3 y Juana mujer de Chuzas, procurador de Herodes; y Susanna, y otras muchas que le servian de sus haciendas.

4 Y COMO se juntó una grande compañía, y los que estaban en cada ciudad vinieron á él, dijo por una parábola:

5 Uno que sembraba salió á sembrar su simiente; y sembrando, una [parte] cayó junto al camino, y fué hollada, y las aves del cielo la comieron.

6 Y otra [parte] cayó sobre piedra; y nacida, se secó, porque no tenia humedad.

7 Y otra [parte] cayó entre espinas; y naciendo las espinas juntamente, la ahogaron.

8 Y otra [parte] cayó en buena tierra; y cuando fué nacida, llevó fruto á ciento [por uno.] Diciendo estas cosas clamaba: El que tiene oidos para oir, oiga.

9 Y sus discípulos le preguntaron, qué era esta parábola.

10 Y él dijo: Á vosotros es dado conocer los misterios del reino de Dios: mas á los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan.

11 Es pues esta parábola: La simiente es la palabra de Dios.

12 Y los de junto al camino, estos son los que oyen; y luego viene el diablo, y quita la palabra de su corazon, porque no se salven creyendo.

13 Y los de sobre piedra, [son] los que habiendo oido, reciben la palabra con gozo: mas estos no tienen raices: que á tiempo creen, y en el tiempo de la tentacion se apartan.

14 Y lo que cayó entre espinas, estos son los que oyeron; mas idos son ahogados de los cuidados, y de las riquezas, y de los pasatiempos de la vida, y no llevan fruto.

15 Y lo que en buena tierra, estos son los que con corazon bueno y recto retienen la palabra oida, y llevan fruto en paciencia.

16 Ninguno empero que enciende el candil, le cubre con [algun] vaso, ó le pone debajo de la cama: mas le pone en un candelero, para que los que entran, vean la lumbre.

17 Porque no hay cosa oculta, que no haya de ser manifestada; ni cosa escondida que no haya de ser entendida, y de venir á luz.

18 Mirad pues como oís: porque á cualquiera que tuviere, le será dado; y á cualquiera que no tuviere, aun lo que parece tener será quitado de él.

19 Y VINIERON á él su madre y hermanos, y no podian llegar á él por causa de la multitud.

20 Y le fué dada aviso, diciendo: Tu madre, y tus hermanos están fuera, que quieren verte.

21 El entonces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen.

22 Y ACONTECIÓ un dia [que] él entró en un navío con sus discípulos, y les dijo: Pasemos de la otra parte del lago; y subieron.

23 Y navegando ellos, se durmió. Y descendió una tempestad de viento en el lago; y se llenaban, y peligraban.

24 Y llegándose á él, le despertaron, diciendo: Maestro, maestro, [que] perecemos. Y despertado él, riño al viento y á la tempestad del agua, y cesaron: y fué hecha grande bonanza.

25 Y les dijo: ¿Qué es de vuestra fé? Y [ellos] temiendo, fueron maravillados, diciendo los unos á los otros: ¿Quién es este, que aun á los vientos y al agua manda, y le obedecen?

26 Y navegaron á la tierra de los Gadarenos, que está delante de Galiléa.

27 Y saliendo él á tierra, le salió al encuentro de la ciudad un hombre que tenia demonios ya de muchos tiempos; y no vestia vestido, ni estaba en casa, sino por los sepulcros.

28 El cual como vió á Jesus, exclamó, y postróse delante de él, y dijo á gran voz: ¿Qué tengo yo contigo, Jesus Hijo del Dios Altísimo? ruégote que no me atormentes.

29 (Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre: porque ya de muchos tiempos le arrebataba; y le guardaban preso con cadenas y grillos: mas rompiendo las prisiones era agitado del demonio por los desiertos.)

30 Y le preguntó Jesus, diciendo: ¿Qué nombre tienes? Y él dijo: Legion: porque muchos demonios habian entrado en él.

31 Y le rogaban que no les mandase que fuesen al abismo.

32 Y habia allí un hato de muchos puercos que pacian en el monte, y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y los dejó.

33 Y salidos los demonios del hombre, entraron en los puercos: y el hato de ellos se arrojó de un despeñadero en el logo, y se ahogó.

34 Y los pastores, como vieron lo que habia acontecido, huyeron; y yendo, dieron aviso en la ciudad y por las heredades.

35 Y salieron á ver lo que habia acontecido, y vinieron á Jesus; y hallaron sentado al hombre, del cual habian salido los demonios, vestido, y en seso, á los piés de Jesus; y tuvieron temor.

36 Y les contaron los que [lo] habian visto, como habia sido salvado aquel endemoniado.

37 Entonces toda la multitud de la tierra de los Gadarenos al rededor le rogaron, que se fuese de ellos: porque tenian gran temor. Y él subiendo en el navío se volvió.

38 Y aquel hombre, del cual habian salido los demonios, le rogó para estar con él: mas Jesus le despidió, diciendo:

39 Vuélvete á tu casa, y cuenta cuan grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y él se fué, predicando por toda la ciudad cuan grandes cosas habia Jesus hecho con él.

40 Y ACONTECIÓ que volviendo Jesus la compañía le recibió: porque todos le esperaban.

41 Y hé aquí, un varon llamado Jairo, el cual tambien era príncipe de la sinagoga vino, y cayendo á los piés de Jesus, le rogaba que entrase en su casa:

42 porque una hija única que tenia, como de doce años, se estaba muriendo. Y yendo, le apretaba la compañía.

43 Y una mujer que tenia flujo de sangre ya hacia doce años, la cual habia gastado en médicos toda su hacienda, y de ninguno habia podido ser curada,

44 llegándose por las espaldas tocó el borde de su vestido: y luego estancó el flujo de su sangre.

45 Entonces Jesus dijo: ¿Quién [es] el que me ha tocado? Y negando todos, dijo Pedro y los que estaban con él: Maestro, la compañía te aprieta y oprime, y dices: ¿quién [es] el que me ha tocado?

46 Y Jesus dijo: Me ha tocado alguien^: porque yo he conocido que ha salido virtud de mí.

47 Entonces como la mujer vió que no se escondia, vino temblando, y postrándose delante de él, le declaró delante de todo el pueblo la causa porque le habia tocado, y como luego habia sido sana.

48 Y él le dijo: Confia, hija, tu fe te ha salvado: vé en paz.

49 Estando aun él hablando, vino uno del príncipe de la sinagoga á decirle: Tu hija es muerta: no des trabajo al Maestro.

50 Y oyéndo[lo] Jesus le respondió: No temas: cree solamente, y será salva.

51 Y entrado en casa, no dejó entrar á nadie [consigo,] sino á Pedro, y á Jacobo, y á Juan, y al padre y á la madre de la moza.

52 Y lloraban todos, y la plañian. Y él dijo: No lloreis: no es muerta, mas duerme.

53 Y hacian burla de él, sabiendo que estaba muerta.

54 Y él, echados todos fuera, y trabándola de la mano, clamó, diciendo: Moza, levántate.

55 Entonces su espíritu volvió, y se levantó luego; y él mandó que le diesen de comer.

56 Y sus padres estaban fuera de sí, á los cuales él mandó, que á nadie dijesen lo que habia sido hecho.

CAPITULO 9

1 Y JUNTANDO sus doce discípulos, les dió virtud y potestad sobre todos los demonios, y que sanasen enfermedades.

2 Y los envió á que predicasen el reino de Dios, y que sanasen los enfermos.

3 Y les dice: No tomeis nada para el camino, ni varas, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni tengais dos vestidos:

4 y en cualquiera casa que entráreis, quedad allí, y salid de allí:

5 y todos los que no os recibieren, saliéndoos de aquella ciudad, aun el polvo sacudid de vuestros piés en testimonio contra ellos.

6 Y saliendo [ellos,] rodeaban por todas las aldeas anunciando el Evangelio, y sanando por todas partes.

7 Y OYÓ Herodes el tetrarca todas las cosas que hacia, y estaba en duda, porque decian algunos: Que Juan ha resucitado de los muertos;

8 y otros: Que Elias habia aparecido; y otros: Que algun profeta de los antiguos habia resucitado.

9 Y dijo Herodes: A Juan yo [le] degollé: ¿quién pues será este, de quien yo oigo tales cosas? Y procuraba verle.

10 Y VUELTOS los apóstoles, le contaron todas las cosas que habian hecho. Y tomándolos, se apartó aparte á un lugar desierto de la ciudad que se llama Bethsaida.

11 Lo cual como las compañías entendieron, le siguieron; y él los recibió, y les hablaba del reino de Dios: y sanó los que tenian necesidad de cura.

12 Y el dia habia comenzado á declinar; y llegándose los doce, le dijeron: Despide las compañías, para que yendo á las aldeas, y heredades de al rededor, vayan y hallen viandas: porque aquí estamos en lugar desierto.

13 Y les dice: Dadles vosotros de comer. Y dijeron ellos: No tenemos mas de cinco panes y dos pescados, si no vamos nosotros á comprar viandas para toda esta compañía.

14 Y estaban como cinco mil hombres. Entonces dijo á sus discípulos: Hacedlos recostar por mesas de cincuenta en cincuenta.

15 Y así lo hicieron; y recostáronse todos.

16 Y tomando los cinco panes y los dos pescados, mirando al cielo los bendijo; y partió, y dió á sus discípulos para que pusiesen delante de las compañías.

17 Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que les sobró, los pedazos, doce esportones.

18 Y ACONTECIÓ, que estando él solo orando, estaban con él los discípulos, y les preguntó, diciendo: ¿Quién dicen las compañías que soy?

19 Y ellos respondieron, y dijeron: Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros, que algun profeta de los antiguos ha resucitado.

20 Y les dijo: ¿Y vosotros, quién decís que soy? Entonces respondiendo Simon Pedro, dijo: El Cristo de Dios.

21 Entonces él amenazándolos, les mandó que á nadie dijesen esto,

22 diciendo: Es menester que el Hijo del hombre padezca muchas cosas, y ser desechado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los Escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer dia.

23 Y decia á todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz cada dia, y sígame.

24 Porque cualquiera que quisiere salvar su alma, la perderá; y cualquiera que perdiere su alma por causa de mí, este la salvará.

25 Porque ¿qué aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y se pierda él á sí mismo, ó corra peligro de sí?

26 Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de este tal el Hijo del hombre se avergonzará, cuando vendrá en su gloria, y del Padre, y de los santos ángeles.

27 Y os digo de verdad, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que vean el reino de Dios.

28 Y ACONTECIÓ que despues de estas palabras, como ocho dias, tomó á Pedro, y á Juan, y á Jacobo, y subió al monte á orar.

29 Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra; y su vestido blanco y resplandeciente.

30 Y hé aquí, dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés, y Elías,

31 que aparecieron en majestad, y hablaban de su salida, la cual habia de cumplir en Jerusalem.

32 Y Pedro, y los que estaban con él, estaban cargados de sueño; y como despertaron, vieron su majestad, y á aquellos dos varones que estaban con él.

33 Y aconteció, que apartándose ellos de él, Pedro dice á Jesus: Maestro, bien es que nos quedemos aquí; y hagamos tres cabañas, una para tí, y una para Moisés, y una para Elías; no sabiendo lo que se decia.

34 Y estando él hablando esto, vino una nube que los cubrió; y tuvieron temor entrando ellos en la nube.

35 Y vino una voz de la nube, que decia: Este es mi Hijo amado, á él oíd.

36 Y pasada aquella voz, Jesus fué hallado solo: y ellos callaron, y por aquellos dias no dijeron nada á nadie de lo que habian vista.

37 Y ACONTECIÓ el dia siguiente, que apartándose ellos del monte, gran compañía le salió al encuentro;

38 y hé aquí, que un hombre de la compañía clamó, diciendo: Maestro, ruégote que veas á mi hijo que tengo único:

39 y hé aquí, un espíritu le toma, y de repente da voces; y le despedaza con espuma, y apenas se aparta de él, quebrantándole:

40 y rogué á tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron.

41 Y respondiendo Jesus, dice: ¡Oh generacion infiel y perversa! ¿hasta cuándo tengo de estar con vosotros, y os sufriré? trae tu hijo acá.

42 Y como aun se acercaba, el demonio le derribó, y despedazó: mas Jesus riñó al espíritu inmundo, y sanó al muchacho, y le volvió á su padre.

43 Y TODOS estaban fuera de sí en la grandeza de Dios, y maravillándose todos de todas las cosas que hacia, dijo á sus discípulos:

44 Poned vosotros en vuestras orejas estas palabras: porque ha de acontecer que el Hijo del hombre será entregado en manos de hombres.

45 Mas ellos no entendian esta palabra: y les era encubierta para que no la entendiesen; y temian de preguntarle de esta palabra.

46 ENTONCES entraron en disputa, cual de ellos seria el mayor.

47 Mas Jesus, viendo los pensamientos del corazon de ellos, tomó un niño, y le puso junta á sí,

48 y les dice: Cualquiera que recibiere este niño en mi nombre, á mí recibe; y cualquiera que [me] recibiere á mí, recibe al que me envió: porque el que fuere el menor entre todos vosotros, este será el grande.

49 Entonces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos vista á uno que echaba fuera demonios en tu nombre, y se lo defendimos, porque no [te] sigue con nosotros.

50 Jesus le dijo: No [le] defendais, porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.

51 Y ACONTECIÓ [que] como se cumplió el tiempo en que habia de ser recibido arriba, él afirmó su rostro para ir á Jerusalem.

52 Y envió mensajeros delante de sí, los cuales fueron, y entraron en una ciudad de los Samaritanos, para aderezarle [allí.]

53 Mas no le recibieron, porque su rostro era de hombre que iba á Jerusalem.

54 Y viendo [esto] sus discípulos, Jacobo y Juan dijeron: Señor, ¿quieres que digamos que descienda fuego del cielo, y los consume, como hizo Elías?

55 Entonces volviendo él, les riñó, diciendo: Vosotros no sabeis de qué espíritu sois:

56 porque el Hijo del hombre no ha venido para perder las vidas de los hombres, mas para salvar[las.] Y se fueron á otra aldea.

57 Y ACONTECIÓ que yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, [yo] te seguiré donde quiera que fueres.

58 Y le dijo Jesus: las zorras tienen cuevas, y las aves de los cielos nidos: mas el Hijo del hombre no tiene donde recline la cabeza.

59 Y dijo á otro: Sígueme. Y él dijo: Señor, déjame que primero vaya, y entierre á mi padre.

60 Y Jesus le dijo: Deja los muertos que entierren á sus muertos; y tú vé, anuncia el reino de Dios.

61 Entonces tambien dijo otro: Te seguiré, Señor: mas déjame que me despida primero de los que están en mi casa.

62 Y Jesus le dijo: ninguno que poniendo su mano al arado mirare atrás, es apto para el reino de Dios.

CAPITULO 10

1 Y DESPUES de estas cosas, señaló el Señor aun otros setenta, los cuales envió de dos en dos, delante de sí á todas las ciudades y lugares á donde él habia de venir.

2 Y les decia: La mies á la verdad [es] mucha, mas los obreros pocos; por tanto rogad al Señor de la mies que envie obreros á su mies.

3 Andad, hé aquí, yo os envio como á corderos en medio de lobos.

4 No lleveis bolsa, ni alforja, ni zapatos; y á nadie saludeis en el camino.

5 En cualquier casa donde entráreis, primeramente decid: Paz [sea] á esta casa.

6 Y si hubiere allí algun hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá á vosotros.

7 Y posad en aquella misma casa comiendo y bebiendo lo que os dieren: porque el obrero digno es de su salario. No [os] paseis de casa en casa.

8 Y en cualquier ciudad donde entráreis, y os recibieren, comed lo que os pusieren delante;

9 y sanad los enfermos que en ella hubiere, y decidles: Se ha allegado á vosotros el reino de Dios.

10 Mas en cualquier ciudad donde entráreis, y no os recibieren, saliendo por sus calles, decid:

11 Aun el polvo que se nos ha pegado de vuestra ciudad sacudimos en vosotros: esto empero sabed que el reino de los cielos se ha allegado á vosotros.

12 Y os digo, que los de Sodoma tendrán mas remision aquel dia, que aquella ciudad.

13 ¡Ay de tí, Corazin! ¡Ay de tí, Bethsaida! que si en Tyro, y en Sidón fueran hechas las maravillas que han sido hechas en vosotras, ya dias ha, que sentados en cilicio y ceniza, hubieran hecho penitencia:

14 por tanto Tyro y Sidón tendrán mas remision que vosotras en el juicio.

15 Y tú, Capharnaum, que hasta los cielos estás levantada, hasta los enfiernos serás bajada.

16 El que á vosotros oye, á mí oye; y el que á vosotros desecha, á mí desecha; y el que á mí desecha, desecha al que me envió.

17 Y volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre.

18 Y les dijo: Yo veia á Satanás, como un rayo, que caia del cielo:

19 hé aquí, [yo] os doy potestad de hollar sobre las serpientes, y sobre los escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo; y nada os dañará:

20 mas no os goceis de esto, [á saber,] que los espíritus se os sujeten: mas antes gozáos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.

21 En aquella misma hora Jesus se alegró en espíritu, y dijo: Te confieso, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, que escondiste estas cosas los sábios y entendidos, y las has revelado á los pequeños: así Padre, porque así te agradó.

22 Todas las cosas me son entregadas de mi Padre; y nadie sabe quien sea el Hijo, sino el Padre; ni quien sea el Padre, sino el Hijo, y á quien el Hijo le quisiere revelar.

23 Y vuelto particularmente á sus discípulos, dijo: Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis:

24 porque os digo, que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no [lo] vieron; y oir lo que oís, y no [lo] oyeron.

25 Y HÉ aquí, [que] un doctor de la ley se levantó tentándole, y diciendo: Maestro, ¿haciendo qué cosa poseeré la vida eterna?

26 Y él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿cómo lees?

27 Y él respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazon, y de toda tu alma, y de todas tus fuerzas, y de todo tu entendimiento; y á tu prójimo, como á tí mismo.

28 Y le dijo: Bien has respondido: haz esto, y vivirás.

29 Mas él, queriéndose justificar á sí mismo, dijo á Jesus: ¿Y quién es mi prójimo?

30 Y respondiendo Jesus, dijo: Un hombre descendia de Jerusalem á Jericó, y cayó en ladrones; los cuales le despojaron, é hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto.

31 Y aconteció, que descendió un sacerdote por el mismo camino; y viéndole, se pasó del un lado.

32 Y asimismo un Levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, se pasó del un lado.

33 Y un Samaritano, que iba camino, viniendo cerca de él, y viéndole, fué movido á misericordia;

34 y llegándose, le vendó las heridas, echándole aceite y vino; y poniéndole sobre su cabalgadura, le llevó al meson, y le cuidó.

35 Y otro dia partiéndose, sacó dos dineros y los dió al huesped, y le dijo: Cuídale; y todo lo que de mas gastares, yo cuando vuelva, te lo pagaré.

36 ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fué el prójimo de aquel que cayó en ladrones?

37 Y él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesus le dijo: Vé, y haz tú lo mismo.

38 Y ACONTECIÓ, que yendo, entró él en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa.

39 Y esta tenia una hermana, que se llamaba María, la cual sentándose á los piés de Jesus oia su palabra.

40 Marta empero se distraia en muchos servicios; y sobreviniendo, dice: Señor, ¿no tienes cuidado que mi hermana me deja servir sola? díle, pues, que me ayude.

41 Respondiendo Jesus entonces, le dijo: Marta, Marta, cuidadosa estás, y con las muchas cosas estás turbada:

42 empero una cosa es necesaria: mas María escogió la buena parte, la cual no le será quitada.

CAPITULO 11

1 Y ACONTECIÓ que estando él orando en un lugar, como acabó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enseñanos á orar, como tambien Juan enseñó á sus discípulos.

2 Y les dijo: Cuando orareis, decid: Padre nuestro, que estás en los cielos, sea tu nombre santificado. Venga tu reino: sea hecha tu voluntad como en el cielo [así] tambien en la tierra.

3 El pan nuestro de cada dia dános[le] hoy.

4 Y perdónanos nuestros pecados, porque tambien nosotros perdonamos á todos los que nos deben. Y no nos metes en tentacion: mas líbranos de mal.

5 Les dijo tambien: ¿Quién de vosotros tendrá un amigo, é irá á él á media noche, y le dirá: Amigo, préstame tres panes,

6 porque un mi amigo ha venido á mí de camino, y no tengo que ponerle delante;

7 y él dentro respondiendo, diga, No me seas molesto: la puerta está ya cerrada, y mis niños están conmigo en la cama: no puedo levantarme, y darte?

8 Os digo, que aunque no se levante á darle por ser su amigo, cierto por su importunidad se levantará, y le dará todo lo que habrá menester.

9 Y yo os digo: Pedid, y se os dará: buscad, y hallareis: tocad, y os será abierto.

10 Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que toca, es abierto.

11 ¿Y cuál padre de vosotros, si su hijo le pidiere pan, le dará una piedra? ¿ó, si pescado, en lugar de pescado le dará una serpiente?

12 ¿ó, si [le] pidiere un huevo, le dará un escorpion?

13 Pues, si vosotros, siendo malos, sabeis dar buenas dádivas á vuestros hijos, ¿cuánto mas vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo á los que le pidieren de él?

14 TAMBIEN echó fuera un demonio, el cual era mudo; y aconteció, que salido fuera el demonio, el mudo habló, y las compañías se maravillaron.

15 Y algunos de ellos decian: En Beelzebul, príncipe de los demonios, echa fuera los demonios.

16 Y otros, tentando, pedian de él señal del cielo.

17 Mas él, conociendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo es asolado, y casa cae sobre casa.

18 Y si tambien Satanás está dividido contra sí, ¿cómo estará en pié su reino? porque decis, que en Beelzebul echo yo fuera los demonios.

19 Pues si yo echo fuera los demonios en Beelzebul, ¿vuestros hijos, en quién los echan fuera? por tanto ellos serán vuestros jueces.

20 Mas si en el dedo de Dios echo fuera los demonios, cierto el reino de Dios ha llegado á vosotros.

21 Cuando el fuerte armada guarda su palacio, en paz está lo que posee.

22 Mas si otro mas fuerte que él sobreviniendo le venciere, [le] toma todas sus armas en que confiaba, y reparte sus despojos.

23 El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no apaña, derrama.

24 Cuando el espíritu inmundo saliere del hombre, anda por lugares secos buscando reposo, y no hallándo[le], dice: Me volveré á mi casa, de donde salí.

25 Y viniendo, la halla barrida y adornada.

26 Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él, y entrados habitan allí; y son las postreras del tal hombre peores que las primeras.