Reina Valera New Testament of the Bible 1858
Part 10
8 haced, pues, frutos dignos de penitencia, y no comenceis á decir en vosotros mismos: [Por] padre tenemos á Abraham; porque os digo, que puede Dios, aun de estas piedras, levantar hijos á Abraham:
9 y ya tambien la hacha está puesta á la raiz de los árboles: todo árbol pues que no hace buen fruto, es talado, y echado en el fuego.
10 Y las compañías le preguntaban, diciendo: ¿Pues, qué haremos?
11 Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos ropas, dé al que no tiene; y él que tiene alimentos, haga lo mismo.
12 Y vinieron tambien [á él] los publicanos para ser bautizados, y le dijeron: ¿Maestro, qué haremos?
13 Y él les dijo: No demandeis mas de lo que os está ordenado.
14 Y le preguntaron tambien los soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y les dice: No maltrateis á nadie, ni oprimais; y sed contentos con vuestros salarios.
15 Y estando el pueblo esperando, y pensando todos de Juan en sus corazones, si él fuese el Cristo,
16 respondió Juan, diciendo á todos: Yo, á la verdad, os bautizo en agua: mas viene quien es mas valeroso que yo, que no soy digno de desatar la correa de sus zapatos: él os bautizará en Espíritu Santo y fuego:
17 el aventador del cual está en su mano; y limpiará su era, y juntará el trigo en su alfolí, y la paja quemará en fuego que nunca se apagará.
18 Así que amonestando otras muchas cosas tambien, anunciaba el Evangelio al pueblo.
19 Entonces Herodes el tetrarca, siendo reprendido por él de Herodías, mujer de Felipe su hermano, y de todas las maldades que habia hecho Herodes,
20 añadió tambien esto sobre todo, que encerró á Juan en la cárcel.
21 Y aconteció, que como todo el pueblo se bautizaba, y Jesus fuese bautizado, y orase, el cielo se abrió.
22 y descendió el Espíritu Santo en forma corporal, como paloma, sobre él, y fué hecha una voz del cielo que decia: Tú eres mi Hijo amado, en tí es mi placer.
23 Y EL mismo Jesus comenzaba á ser como de treinta años, hijo de Joseph, como se creia, que fué hijo de Elí,
24 que fué de Mathat, que fué de Leví, que fué de Melchi, que fué de Janne, que fué de Joseph,
25 que fué de Mathathías, que fué de Amós, que fué de Nahum, que fué de Heslí, que fué de Nagge,
26 que fué de Maath, que fué de Mathathías, que fué de Semei, que fué de Joseph, que fué de Judá,
27 que fué de Joanna, que fué de Resa, que fué de Zorobabél, que fué de Salathiél, que fué de Nerí,
28 que fué de Melchí, que fué de Addí, que fué de Cosán, que fué de Elmodán, que fué de Her,
29 que fué de Joseph, que fué de Eliezer, que fué de Jorim, que fué de Mathat, que fué de Leví,
30 que fué de Simeon, que fué de Judá, que fué de Joseph, que fué de Jonán, que fué de Eliacim,
31 que fué de Melea, que fué de Menan, que fué de Mathatha, que fué de Nathán, que fué de David,
32 que fué de Isaí, que fué de Obéd, que fué de Booz, que fué de Salmón, que fué de Naasán,
33 que fué de Aminadáb, que fué de Ram, que fué de Hesrón, que fué de Pharés, que fué de Judá,
34 que fué de Jacob, que fué de Isaac, que fué de Abraham, que fué de Tharé, que fué de Nachór,
35 que fué de Serúg, que fué de Reu, que fué de Phalég, que fué de Hebér, que fué de Salé,
36 que fué de Cainán, que fué de Arphaxad, que fué de Sem, que fué de Noé, que fué de Laméch,
37 que fué de Mathusalém, que fué de Henóch, que fué de Jaréd, que fué de Malaleél, que fué de Cainán,
38 que fué de Enós, que fué de Seth, que fué de Adam, que fué de Dios.
CAPITULO 4
1 Y JESUS, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y fué agitado del Espíritu al desierto,
2 por cuarenta dias, y era tentado del diablo. Y no comió cosa en aquellos dias: los cuales pasados, despues tuvo hambre.
3 Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, dí á esta piedra que se haga pan.
4 Y Jesus respondiéndole, dijo: Escrito está: Que no con pan solo vivirá el hombre, mas con toda palabra de Dios.
5 Y le llevó el diablo á un alto monte, y le mostró todos los reinos [de la tierra] habitada en un momento de tiempo.
6 Y le dijo el diablo: A tí te daré esta potestad toda, y la gloria de ellos: porque á mi es entregada, y á quien quiero la doy:
7 tú, pues, si adorares delante de mí, serán todos tuyos.
8 Y respondiendo Jesus, le dijo: Véte de mí, Satanás; porque escrito está: Al Señor Dios tuyo adorarás, y á él solo servirás.
9 Y le llevó á Jerusalem, y le puso sobre el cimborio del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo:
10 porque escrito está: Que á sus ángeles mandará de tí, que te guarden;
11 y que en las manos te llevarán, porque no dañes tu pié á piedra.
12 Y respondiendo Jesus, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios.
13 Y acabada toda tentacion, el diablo se fué de él por [algun] tiempo.
14 Y JESUS volvió en virtud del Espíritu á Galiléa, y salió la fama de él por toda la tierra de al rededor.
15 Y él enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado de todos.
16 Y vino á Nazaret, donde habia sido criado, y entró, conforme á su costumbre, el dia del sábado en la sinagoga, y se levantó á leer.
17 Y le fué dado el libro del profeta Isaías: y como abrió el libro, halló el lugar donde estaba escrito:
18 El Espíritu del Señor [es] sobre mí, por cuanto me ha ungido: para dar buenas nuevas á los pobres me ha enviado; para sanar los quebrantados de corazon; para pregonar á los cautivos libertad, y á los ciegos vista; para enviar en libertad á los quebrantados;
19 para predicar el año agradable del Señor.
20 Y cerrando el libro, como le dió al ministro, se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban atentos á él.
21 Y comenzó á decirles: Hoy se ha cumplido esta escritura en vuestros oidos.
22 Y todos le daban su testimonio, y estaban maravillados de sus palabras de gracia que salian de su boca, y decian: ¿No es este el hijo de Joseph?
23 Y les dijo: Sin duda me direis: Medico, cúrate á tí mismo: de tantas cosas que hemos oido haber sido hechas en Capharnaum, haz tambien aquí en tu tierra.
24 Y dijo: De cierto os digo, que ningun profeta es acepto en su tierra:
25 en verdad os digo, [que] muchas viudas habia en Israel en los dias de Elías, cuando el cielo fué cerrado por tres años y seis meses, que hubo grande hambre en toda la tierra:
26 mas á ninguna de ellas fué enviado Elías, sino á Sarepta de Sidón, á una mujer viuda:
27 y muchos leprosos habia en Israél en tiempo del profeta Eliséo: mas ninguno de ellos fué limpio, sino Naamán el Syro.
28 Entonces todos en la sinagoga fueron llenos de ira, oyendo estas cosas.
29 Y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte, sobre el cual la ciudad de ellos estaba edificada, para despeñarle.
30 Mas él, pasando por medio de ellos, se fué.
31 Y DESCENDIÓ á Capharnaum, ciudad de Galiléa, y allí los enseñaba en los sábados.
32 Y estaban fuera de sí de su doctrina: porque su palabra era con potestad.
33 Y estaba en la sinagoga un hombre que tenia un espíritu de un demonio inmundo, el cual exclamó á gran voz,
34 diciendo: Ah, ¿qué tenemos contigo, Jesus Nazareno? ¿has venido á destruirnos? yo te conozco quién eres, el Santo de Dios.
35 Y Jesus le riñó, diciendo: Enmudece, y sal de él. Entonces el demonio, derribándole en medio, salió de él; y no le hizo daño alguno.
36 Y fué espanto sobre todos, y hablaban unos á otros, diciendo: ¿Qué cosa es esta, que con autoridad y potencia manda á los espíritus inmundos, y salen?
37 Y la fama de él se divulgaba de todas partes por todos los lugares de la comarca.
38 Y levantándose Jesus de la sinagoga, se entró en casa de Simon: y la suegra de Simon estaba con una grande fiebre; y le rogaron por ella.
39 E inclinándose hácia ella, riñó á la fiebre, y la fiebre la dejó; y ella levantándose luego, les sirvió.
40 Y poniéndose el sol, todos los que tenian enfermos de diversas enfermedades, los traian á él: y él, poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba.
41 Y salian tambien demonios de muchos, dando voces, y diciendo: Tú eres el Cristo, Hijo de Dios: mas [él] riñiéndoles no los dejaba hablar, porque sabian que él era el Cristo.
42 Y siendo ya de dia salió, y se fué al lugar desierto; y las compañías le buscaban, y vinieron hasta él: y le detenian que no se fuese de ellos.
43 Y él les dijo: Que tambien á otras ciudades es menester que anuncie el evangelio del reino de Dios: porque para esto soy enviado.
44 Y predicaba en las sinagogas de Galiléa.
CAPITULO 5
1 Y ACONTECIÓ, que estando él junto al lago de Gennezaret, las compañías se derribaban sobre él por oir la palabra de Dios.
2 Y vió dos navíos que estaban cerca de la orilla del logo; y los pescadores, habiendo descendido de ellos, lavaban sus redes.
3 Y entrado en uno de estos navíos, el cual era de Simon, le rogó que le desviase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde el navío las compañías.
4 Y como cesó de hablar, dijo á Simon: Lleva en alto mar, y echad vuestras redes para tomar.
5 Y respondiendo Simon, le dijo: Maestro, habiendo trabajado toda la noche, nada hemos tomado: mas en tu palabra echaré la red.
6 Y habiéndolo hecho, encerraron gran multitud de pescado, que su red se rompia.
7 E hicieron señas á los compañeros que [estaban] en el otro navío, que viniesen á ayudarles; y vinieron, y llenaron ambos navíos de tal manera que se anegaban.
8 Lo cual viendo Simon Pedro, se derribó de rodillas á Jesus, diciendo: Salte de conmigo, Señor, porque soy hombre pecador.
9 Porque temor le habia rodeado, y á todos los que [estaban] con él, de la presa de los peces que habian tomado:
10 y asimismo á Jacobo y á Juan, hijos de Zebedéo, que eran compañeros de Simon. Y Jesus dijo á Simon: No temas: desde ahora tomarás hombres.
11 Y como llegaron á tierra los navíos, dejándolo todo, le siguieron.
12 Y ACONTECIÓ que estando en una ciudad, hé aquí un hombre lleno de lepra, el cual viendo á Jesus, postrándose sobre el rostro le rogó, diciendo: Señor, si quisieres, puedes limpiarme.
13 Entonces extendiendo la mano le tocó, diciendo: Quiero: sé limpio. Y luego la lepra se fué de él.
14 Y él le mandó que no lo dijese á nadie: Mas vé, (dice), muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza, como mandó Moisés, para que les conste.
15 Empero el hablar de él andaba mas; y se juntaban muchas compañías á oir, y ser sanadas por él de sus enfermedades.
16 Mas él se apartaba á los desiertos, y oraba.
17 Y aconteció un dia, que él estaba enseñando, y Fariséos y doctores de la ley estaban sentados, los cuales habian venido de todas las aldeas de Galiléa, y de Judéa, y Jerusalem; y la virtud del Señor estaba allí para sanarlos.
18 Y hé aquí, unos hombres, que traian en una cama un hombre que estaba paralítico; y buscaban [por donde] meterle, y ponerle delante de él.
19 Y no hallando por donde meterle á causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron con la cama en medio, delante de Jesus.
20 El cual, viendo la fé de ellos, le dice: Hombre, tus pecados te son perdonados.
21 Entonces los escribas y Fariséos comenzaron á pensar, diciendo: ¿Quién es este que habla blasfemias? ¿quien puede perdonar pecados, sino solo Dios?
22 Jesus entonces, conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les dijo: ¿Qué pensais en vuestros corazones?
23 ¿cuál es mas fácil; decir: Tus pecados te son perdonados; ó decir: Levántate, y anda?
24 pues porque sepais que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados, (dice al paralítico): Á tí digo : Levántate, toma tu cama; y véte á tu casa.
25 Y luego levantándose en presencia de ellos, y tomando aquello en que estaba echado, se fué á su casa glorificando á Dios.
26 Y tomó espanto á todos, y glorificaban á Dios; y fueron llenos de temor, diciendo: Que hemos visto maravillas hoy.
27 Y DESPUES de estas cosas salió, y vió á un publicano llamado Leví, sentado al banco [de los públicos tributos,] y le dijo: Sígueme.
28 Y dejadas todas cosas, levantándose, le siguió.
29 E hizo Leví gran banquete en su casa, y habia mucha compañía de publicanos, y de otros, los cuales estaban á la mesa con ellos.
30 Y los escribas y los Fariséos murmuraban contra sus discípulos, diciendo: ¿Por qué comeis y bebeis con los publicanos y pecadores?
31 Y respondiendo Jesus, les dijo: los que están sanos no han menester médico, sino los que están enfermos:
32 no he venido á llamar á los justos, sino á los pecadores á penitencia.
33 Entonces ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces, y hacen oraciones, y asimismo los de los Fariséos; y tus discípulos comen y beben?
34 Y él les dijo: ¿Podeis hacer que los que son de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos?
35 empero vendrán dias cuando el esposo les será quitado: entonces ayunarán en aquellos dias.
36 Y les decia tambien una parábola: Nadie mete remiendo de paño nuevo en vestido viejo: de otra manera el nuevo rompe, y al viejo no conviene remiendo nuevo.
37 Y nadie echa vino nuevo en cueros viejos: de otra manera el vino nuevo romperá los cueros, y el vino se derramará, y los cueros se perderán.
38 Mas el vino nuevo en cueros nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se conserve.
39 Y ninguno que bebiere el viejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El viejo es mejor.
CAPITULO 6
1 Y ACONTECIÓ que pasando él por los sembrados en un sábado segundo del primero, sus discípulos arrancaban espigas, y comian, fregándolas con las manos.
2 Y algunos de los Fariséos les dijeron: ¿Por qué haceis lo que no es lícito hacer en sábados?
3 Y respondiendo Jesus, les dijo: ¿Ni aun esto habeis leido, que hizo David cuando tuvo hambre, él, y los que con él estaban?
4 ¿cómo entró en la casa de Dios, y tomó los panes de la proposicion, y comió, y dió tambien á los que [estaban] con él; los cuales no era lícito comer, sino á solos los sacerdotes?
5 Y les decia: El Hijo del hombre es Señor aun del sábado.
6 Y aconteció tambien en otro sábado, que él entró en la sinagoga y enseñó; y estaba allí un hombre que tenia la mano derecha seca.
7 Y le acechaban los escribas y los Fariséos, si sanaria en sábado, por hallar de qué le acusasen.
8 Mas él sabia los pensamientos de ellos; y dijo al hombre que tenia la mano seca: Levántate, y ponte en medio. Y él levantándose, se puso en pié.
9 Entonces Jesus les dice: Os preguntaré una cosa: ¿Es lícito en sábados bien hacer, ó mal hacer? ¿hacer salva [una] persona, ó matarla?
10 Y mirándolos á todos al rededor, dice al hombre: Extiende tu mano; y él lo hizo así, y su mano fué restituida sana como la otra.
11 Y ellos fueron llenos de locura, y hablaban los unos á los otros qué harian á Jesus.
12 Y ACONTECIÓ en aquellos dias, que fué al monte á orar, y pasó la noche orando á Dios.
13 Y como fué de dia, llamó á sus discípulos; y escogió doce de ellos, los cuales tambien llamó Apóstoles:
14 á Simon, al cual tambien llamó Pedro, y á Andrés su hermano, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé,
15 Matéo y Tomás, y Jacobo, [hijo] de Alféo, y Simon, el que se llama Zeloso,
16 Judas hermano de Jacobo, y Judas Iscariote, que tambien fué el traidor.
17 Y descendió con ellos, y se paró en un lugar llano; y la compañía de sus discípulos, y grande multitud de pueblo de toda Judéa, y de Jerusalem, y de la costa de Tyro y de Sidón, que habian venido á oirle, y para ser sanados de sus enfermedades;
18 y [otros] que habian sido atormentados de espíritus inmundos: y eran sanos.
19 Y toda la compañía procuraba, de tocarle: porque salia de él virtud, y sanaba á todos.
20 Y ALZANDO él los ojos á sus discípulos, decia: Bienaventurados los pobres: porque vuestro es el reino de Dios.
21 Bienaventurados los que ahora teneis hambre: porque sereis hartos. Bienaventurados los que ahora llorais: porque reireis.
22 Bienaventurados sereis cuando los hombres os aborrecieren, y cuando os esparcieren, y [os] denostaren, y rayeren vuestro nombre como malo, por el Hijo del hombre.
23 Gozáos en aquel dia, y alegráos: porque, hé aquí, vuestro galardon [es] grande en los cielos: porque así hacian sus padres á los profetas.
24 Mas ¡ay de vosotros ricos! porque teneis vuestro consuelo.
25 ¡Ay de vosotros, los que estais hartos! porque tendreis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentareis y llorareis.
26 ¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres dijeren bien de vosotros! porque así hacian sus padres á los falsos profetas.
27 Mas á vosotros los que oís, digo: Amad á vuestros enemigos: haced bien á los que os aborrecen.
28 Bendecid á los que os maldicen; y orad por los que os calumnian.
29 Y al que te hiriere en la mejilla, dále tambien la otra; y del que te quitare la capa, ni aun el sayo le defiendas.
30 Y á cualquiera que te pidiere, dá; y al que tomare lo que [es] tuyo, no vuelvas á pedir.
31 Y como quereis que os hagan los hombres, hacedles tambien vosotros así.
32 Porque si amais á los que os amen, ¿qué gracias tendreis? porque tambien los pecadores aman á los que los aman.
33 Y si hiciéreis bien á los que os hacen bien, ¿qué gracias tendreis? porque tambien los pecadores hacen lo mismo.
34 Y si prestáreis á aquellos de quienes esperais recibir, ¿qué gracias tendreis? porque tambien los pecadores prestan á los pecadores, para recibir otro tanto.
35 Amad pues á vuestros enemigos; y haced bien, y emprestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardon grande, y sereis hijos del Altísimo: porque él es benigno [aun] para con los ingratos y malos.
36 Sed pues misericordiosos, como tambien vuestro Padre es misericordioso.
37 No juzgueis, y no sereis juzgados: no condeneis, y no sereis condenados: perdonad, y sereis perdonados:
38 dad, y se os dará: medida buena, apretada, remecida, y rebosando darán en vuestro regazo: porque con la misma medida que midiéreis, os será vuelto á medir.
39 Y les decia una parábola: ¿Puede el ciego guiar al ciego? ¿no caerán ambos en el hoyo?
40 El discípulo no es sobre su maestro: mas cualquiera que fuere como el maestro, será perfecto.
41 ¿Por qué miras la paja que [está] en el ojo de tu hermano, y la viga que [está] en tu propio ojo no consideras?
42 ¿O cómo puedas decir á tu hermano: Hermano, deja, echaré fuera la paja que [está] en tu ojo, no mirando tú la viga que [está] en tu ojo? Hipócrita, echa fuera primero de tu ojo la viga; y entonces mirarás de echar fuera la paja que [está] en el ojo de tu hermano.
43 Porque no es buen árbol el que hace malos frutos; ni árbol malo el que hace buen fruto.
44 Porque cada árbol por su fruto es conocido: que no cogen higos de las espinas, ni vendimian uvas de las zarzas.
45 El buen hombre del buen tesoro de su corazon saca bien; y el mal hombre del mal tesoro de su corazon saca mal: porque de la abundancia de su corazon habla su boca.
46 ¿Por qué me llamais, Señor, Señor, y no haceis lo que digo?
47 Todo aquel que viene á mi, y oye mis palabras, y las hace, [yo] os ensenare á quien es semejante.
48 Semejante es al hombre que edifica una casa, que cavó y ahondó, y puso el fundamento sobre piedra; y habiendo avenida, el rio dió con ímpetu en aquella casa, mas no la pudo menear: porque estaba fundada sobre piedra.
49 Mas el que oyó, y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra sin fundamento, en la cual el rio dió con ímpetu, y luego cayó: y fué grande la ruina de aquella casa.
CAPITULO 7
1 Y COMO acabó todas sus palabras en oidos del pueblo, entró en Capharnaum.
2 Y el siervo de un centurion enfermo se iba muriendo, el cual él tenia en estima.
3 Y como oyó de Jesus, envió á él los ancianos de los Judíos, rogándole que viniese y librase á su siervo.
4 Y viniendo ellos á Jesus, rogáronle con diligencia, diciéndole: Porque es digno de concederle esto:
5 que ama nuestra nacion, y él nos edificó una sinagoga.
6 Y Jesus fué con ellos: mas como ya no estuviesen lejos de su casa, envió el centurion amigos á él, diciéndole: Señor, no tomes trabajo, que no soy digno que entres debajo de mi tejado:
7 por lo cual ni aun me tuve por digno de venir á tí: mas manda con la palabra, y mi criado será sano.
8 Porque tambien yo soy [hombre] puesto en potestad, que tengo debajo de mí soldados; y digo á este: Vé, y va; y al otro: Ven, y viene; y á mi siervo: Haz esto, y [lo] hace.
9 Lo cual oyendo Jesus, se maravilló de él, y vuelto, dijo á las compañías que le seguian: Os digo, [que] ni aun en Israel, he hallado tanta fé.
10 Y vueltos á casa los que habian sido enviados, hallaron sano al siervo que habia estado enfermo.
11 Y aconteció despues, que [él] iba á la ciudad que se llama Nain, é iban con él muchos de sus discípulos, y gran compañía.
12 Y como llegó cerca de la puerta de la ciudad, hé aquí, que sacaban un difunto, unigénito á su madre, la cual tambien era viuda; y habia con ella grande compañía de la ciudad.
13 Y como el Señor la vió, fué movido á misericordia de ella, y le dice: No llores.
14 Y acercándose, tocó las andas; y los que [le] llevaban, pararon, y dice: Mancebo, á tí digo, levántate.
15 Entonces, volvióse á sentar el que habia sido muerto, y comenzó á hablar; y le dió á su madre.
16 Y tomó á todos temor, y glorificaban á Dios, diciendo: Que profeta grande se ha levantado entre nosotros; y, que Dios ha mirado su pueblo.
17 Y salió esta fama de él por toda Judéa, y por toda la tierra de al rededor.
18 Y DIERON las nuevas á Juan de todas estas cosas sus discípulos; y llamó Juan unos dos de sus discípulos,
19 y envió á Jesus, diciendo: ¿Eres tú aquel que habia de venir, ó esperaremos á otro?
20 Y como los varones vinieron á él, dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado á tí, diciendo: ¿Eres tú aquel que habia de venir, ó esperaremos á otro?
21 Y en la misma hora sanó á muchos de enfermedades, y plagas, y de espíritus malos; y á muchos ciegos dió la vista.
22 Y respondiendo Jesus, les dijo: Id, dad las nuevas á Juan de lo que habeis visto y oido: Que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan, á los pobres es anunciado el Evangelio.
23 Y bienaventurado es el que no fuere escandalizado en mí.
24 Y como se fueron los mensajeros de Juan, comenzó á hablar de Juan á las compañías: Qué salisteis á ver al desierto? [¿alguna] caña que es agitada del viento?
25 Mas, ¿qué salisteis á ver? [¿algun] hombre cubierto de vestidos delicados? Hé aquí, que los que están en vestido precioso, y en delicias, en los palacios de los reyes están.
26 Mas, ¿qué salisteis á ver? [¿algun] profeta? Tambien os digo, y aun mas que profeta.
27 Este es de quien está escrito: Hé aquí, envio mi ángel delante de tu faz, el cual aparejará tu camino delante de tí.
28 Porque [yo] os digo [que] entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista: mas el mas pequeño en el reino de los cielos es mayor que él.
29 Y todo el pueblo oyéndo[le,] y los publicanos, justificaron á Dios, bautizándose con el bautismo de Juan.
30 Mas los Fariséos, y los sábios de la ley, desecharon el consejo de Dios contra sí mismos, no siendo bautizados de él.
31 Y dice el Señor: ¿Á quién pues compararé los hombres de esta generacion, y á qué son semejantes?
32 Semejantes son á los muchachos sentados en la plaza, y que dan voces los unos á los otros, y dicen: Os tañimos con flautas, y no bailasteis: os endechamos, y no llorasteis.
33 Porque vino Juan el Bautista que ni comia pan, ni bebia vino, y decís: Demonio tiene.
34 Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: Hé aquí, un hombre comilon, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores.
35 Mas la sabiduría es justificada de todos sus hijos.
36 Y LE rogó uno de los Fariséos, que comiese con él. Y entrado en casa del Fariséo, se sentó á la mesa.
37 Y hé aquí, una mujer que habia sido pecadora en la ciudad, como entendió que estaba á la mesa en casa de aquel Fariséo, trajo un [vaso de] alabastro de ungüento;
38 y estando detrás á sus piés, comenzó llorando á regar con lágrimas sus piés, y los limpiaba con los cabellos de su cabeza; y besaba sus piés, y ungía[los] con el ungüento.