Prosas Profanas Obras Completas Vol. II
Part 4
Unos y otras se pierden por la vía de rosa, Y el alma mía queda pensativa a su paso. --¡Oh! ¿qué hay en ti, alma mía? «¡Oh! ¿qué hay en ti, mi pobre infanta misteriosa? ¿Acaso piensas en la blanca teoría? Acaso ¿Los brillantes mancebos te atraen, mariposa?»
* * * * *
Ella no me responde. Pensativa se aleja de la obscura ventana, --Pensativa y risueña, De la Bella-durmiente-del-Bosque tierna hemana-- Y se adormece en donde Hace treinta años sueña.
* * * * *
Y en sueño dice: «¡Oh dulces delicias de los cielos! ¡Oh tierra sonrosada que acarició mis ojos! --¡Princesas, envolvedme con vuestros blancos velos! --¡Príncipes, estrechadme con vuestros brazos rojos!»
[Ilustración]
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COSAS DEL CID _A Francisco A. de Icaza._
CUENTA Barbey, en versos que valen bien su prosa Una hazaña del Cid, fresca como una rosa, Pura como una perla. No se oyen en la hazaña Resonar en el viento las trompetas de España, Ni el azorado moro las tiendas abandona Al ver al sol el alma de acero de Tizona.
_Babieca_ descansando del huracán guerrero, Tranquilo pace, mientras el bravo caballero Sale a gozar del aire de la estación florida. Ríe la primavera, y el vuelo de vida Abre lirios y sueños en el jardín del mundo. Rodrigo de Vivar pasa, meditabundo. Por una senda en donde, bajo el sol glorioso, Tendiéndole la mano, le detiene un leproso.
Frente a frente, el soberbio príncipe del estrago Y la victoria, joven, bello como Santiago, Y el horror animado, la viviente carroña Que infecta los suburbios de hedor y de ponzoña.
Y al Cid tiende la mano el siniestro mendigo, Y su escarcela busca y no encuentra Rodrigo. --¡Oh, Cid, una limosna!--dice el precito. --Hermano Te ofrezco la desnuda limosna de mi mano!-- Dice el Cid; y, quitando su férreo guante, extiende La diestra al miserable, que llora y que comprende.
* * * * *
Tal es el sucedido que el Condestable escancia Como un vino precioso en su copa de Francia. Yo agregaré este sorbo de licor castellano:
* * * * *
Cuando su guantelete hubo vuelto a la mano El Cid, siguió su rumbo por la primaveral Senda. Un pájaro daba su nota de cristal En un árbol. El cielo profundo desleía Un perfume de gracia en la gloria del día. Las ermitas lanzaban en el aire sonoro Su melodiosa lluvia de tórtolas de oro; El alma de las flores iba por los caminos A unirse a la piadosa voz de los peregrinos, Y el gran Rodrigo Díaz de Vivar, satisfecho, Iba cual si llevase una estrella en el pecho. Cuando de la campiña, aromada de esencia Sutil, salió una niña vestida de inocencia, Una niña que fuera una mujer, de franca Y angélica pupila, y muy dulce y muy blanca. Una niña que fuera un hada o que surgiera Encarnación de la divina primavera.
Y fué al Cid y le dijo: «Alma de amor y fuego, Por Jimena y por Dios un regalo te entrego, Esta rosa naciente y este fresco laurel.»
Y el Cid, sobre su yelmo las frescas hojas siente En su guante de hierro hay una flor naciente, Y en lo íntimo del alma como un dulzor de miel.
[Ilustración]
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DEZIRES, LAYES Y CANCIONES
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DECIRES, LAYES Y CANCIONES
_Dezir._
(A la manera de Johan de Duenyas.)
REINA Venus, soberana capitana de deseos y pasiones, en la tempestad humana por ti mama sangre de los corazones. Una copa me dió el sino y en ella bebí tu vino y me embriagué de dolor, pues me hizo experimentar que en el vino del amor hay la amargura del mar.
Di al olvido turbulento sentimiento, y hallé un sátiro ladino que dió a mi labio sediento nuevo aliento, nueva copa y nuevo vino. Y al llegar la primavera, en mi roja sangre fiera triple llama fué encendida: yo al flamante amor entrego la vendimia de mi vida bajo pámpanos de fuego.
En la fruta misteriosa, ámbar, rosa, su deseo sacia el labio, y en viva rosa se posa, mariposa, beso ardiente o beso sabio. ¡Bien haya el sátiro griego que me enseñó el dulce juego! En el reino de mi aurora no hay ayer, hoy ni mañana; danzo las danzas de ahora con la música pagana.
FFINIDA
Bella a quien la suerte avara ordenara martirizarme a ternuras, dió una negra perla rara Luzbel para tu diadema de locuras.
_Otro Dezir._
Ponte el traje azul que más conviene a tu rubio encanto. Luego, Mía, te pondrás otro, color de amaranto, y el que rima con tus ojos y aquel de reflejos rojos que a tu blancor sienta tanto.
En el obscuro cabello pon las perlas que conquistas; en el columbino cuello pon el collar de amatistas, y ajorcas en los tobillos de topacios amarillos y esmeraldas nunca vistas.
Un camarín te decoro donde sabrás la lección que dió a Angélica Medoro y a Belkiss dió Salomón; arderá mi sangre loca, y en el vaso de tu boca te sorberé el corazón.
Luz de sueño, flor de mito, tu admirable cuerpo canta la gracia de Hermafrodito con lo aéreo de Atalanta; y de tu beldad ambigua la evocada musa antigua su himno de carne levanta.
Del ánfora en que está el viejo vino anacreóntico bebe; Febo arruga el entrecejo y Juno arrugarlo debe, mas la joven Venus ríe y Eros su filtro deslíe en los cálices de Hebe.
_Lay._
(A la manera de Johan de Torres.)
¿Qué pude yo hacer para merecer la ofrenda de ardor de aquella mujer a quien, como a Ester, maceró el Amor?
Intenso licor, perfume y color me hiciera sentir su boca de flor; díle el alma por tan dulce elixir.
_Canción._
(A la manera de Valtierra.)
Amor tu ventana enflora y tu amante esta mañana preludia por ti una diana en la lira de la Aurora.
Desnuda sale la bella, y del cabello el tesoro pone una nube de oro en la desnudez de estrella: y en la matutina hora de la clara fuente mana la salutación pagana de las náyades a Flora.
En el baño al beso incita sobre el cristal de la onda la sonrisa de Gioconda en el rostro de Afrodita; y el cuerpo que la luz dora, adolescente, se hermana con las formas de Diana la celeste cazadora.
Y mientras la hermosa juega con el sonoro diamante, más encendido que amante el fogoso amante llega a su divina señora.
FFIN
Pan, de su flauta desgrana un canto que, en la mañana, perla a perla, ríe y llora.
_Que el amor no admite cuerdas reflexiones._
(A la manera de Santa Ffe.)
Señora, amor es violento, y cuando nos transfigura nos enciende el pensamiento la locura.
No pidas paz a mis brazos que a los tuyos tienen presos: son de guerra mis abrazos y son de incendio mis besos; y sería vano intento el tornar mi mente obscura si me enciende el pensamiento la locura.
Clara está la mente mía de llamas de amor, señora, como la tienda del día o el palacio de la aurora. Y al perfume de tu ungüento te persigue mi ventura, y me enciende el pensamiento la locura.
Mi gozo tu paladar rico panal conceptúa, como en el santo Cantar: _Mel et lac sub lingua tua._ La delicia de tu aliento en tan fino vaso apura, y me enciende el pensamiento la locura.
_Loor._
(A la manera del mismo.)
¿A qué comparar la pura arquitectura de tu cuerpo? ¿A una sutil torre de oro y marfil? ¿O de Abril a la loggia florecida? Luz y vida iluminan lo inferior, y el amor tiene su antorcha encendida.
Quiera darme el garzón de Ida la henchida copa, y Juno la oriental pompa del pavón real, su cristal Castalia, y yo, apolonida, la dormida cuerda haré cantar por la luz que está dentro de tu cuerpo prendida.
La blanca pareja anida adormecida: aves que bajo el corpiño ha colocado el dios niño, rosa, armiño, mi mano sabia os convida a la vida. Por los boscosos senderos viene Eros a causar la dulce herida.
FFIN
Señora, suelta la brida y tendida la crin, mi corcel de fuego va; en él llego a tu campaña florida.
_Copla Esparça._
(A la manera del mismo.)
¡La gata blanca! En el lecho maya se encorva, se extiende. Un rojo rubí se enciende sobre los globos del pecho. Los desatados cabellos la divina espalda aroman. Bajo la camisa asoman dos cisnes de negros cuellos
TORNADA LIBRE
Princesa de mis locuras, que tus cabellos desatas, di, ¿por qué las blancas gatas gustan de sedas obscuras?
[Ilustración]
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LAS ANFORAS DE EPICURO
_La espiga._
MIRA el signo sutil que los dedos del viento Hacen al agitar el tallo que se inclina Y se alza en una rítmica virtud de movimiento. Con el áureo pincel de la flor de la harina Trazan sobre la tela azul del firmamento El misterio inmortal de la tierra divina Y el alma de las cosas que da su sacramento En una interminable frescura matutina.
Pues en la paz del campo la faz de Dios asoma. De las floridas urnas místico incienso aroma El vastor altar en donde triunfa la azul sonrisa;
Aún verde está y cubierto de flores el madero, Bajo sus ramas llenas de amor pace el cordero Y en la espiga de oro y luz duerme la misa.
_La fuente._
Joven, te ofrezco el don de esta copa de plata Para que un día puedas calmar la sed ardiente, La sed que con fuego más que la muerte mata. Mas debes abrevarte tan sólo en una fuente, Otro agua que la suya tendrá que serte ingrata, Busca su oculto origen en la gruta viviente Donde la interna música de su cristal desata, Junto al árbol que llora y la roca que siente.
Guíete el misterioso eco de su murmullo, Asciende por los riscos ásperos del orgullo, Baja por la constancia y desciende al abismo
Cuya entrada sombría guardan siete panteras: Son los Siete Pecados las siete bestias fieras. Llena la copa y bebe: la fuente está en ti mismo.
_Palabras de la Satiresa._
Un día oí una risa bajo la fronda espesa, Vi brotar de lo verde dos manzanas lozanas; Erectos senos eran las lozanas manzanas Del busto que bruñía de sol la Satiresa:
Era una Satiresa de mis fiestas paganas, Que hace brotar clavel o rosa cuando besa; Y furiosa y riente y que abrasa y que mesa, Con los labios manchados por las moras tempranas.
«Tú que fuiste, me dijo, un antiguo argonauta, Alma que el sol sonrosa y que la mar zafira, Sabe que está el secreto de todo ritmo y pauta
En unir carne y alma a la esfera que gira, Y amando a Pan y Apolo en la lira y la flauta, Ser en la flauta Pan, como Apolo en la lira.
_La anciana._
Pues la anciana me dijo: mira esta rosa seca Que encantó el aparato de su estación un día: El tiempo que los muros altísimos derrueca No privará este libro de su sabiduría.
En esos secos pétalos hay más filosofía Que la que darte pueda tu sabia biblioteca; Ella en mis labios pone la mágica armonía Con que en mi torno encarno los sueños de mi rueca.
«Sois un hada», le dije: «Soy un hada, me dijo: Y de la primavera celebro el regocijo Dándoles vida y vuelo a estas hojas de rosa.»
Y transformóse en una princesa perfumada, Y en el aire sutil, de los dedos del hada Vólo la rosa seca como una mariposa.
_Ama tu ritmo..._
Ama tu ritmo y ritma tus acciones Bajo su ley, así como tus versos; Eres un universo de universos Y tu alma una fuente de canciones.
La celeste unidad que presupones Hará brotar en ti mundos diversos, Y al resonar tus números dispersos Pitagoriza en tus constelaciones.
Escucha la retórica divina Del pájaro del aire y la nocturna Irradiación geométrica adivina; Mata la indificencia taciturna Y engarza perla y perla cristalina En donde la verdad vuelca su urna.
_A los poetas risueños._
Anacreonte, padre de la sana alegría; Ovidio, sacerdote de la ciencia amorosa; Quevedo, en cuyo cáliz licor jovial rebosa; Banville, insigne orfeo de la sacra Harmonía,
Y con vosotros toda la grey hija del día, A quien habla el amante corazón de la rosa, Abejas que fabrican sobre la humana prosa En sus Himetos mágicos mieles de poesía:
Prefiero vuestra risa sonora, vuestra musa Risueña, vuestros versos perfumados de vino, A los versos de sombra y a la canción confusa
Que opone el numen bárbaro al resplandor latino; Y ante la fiera máscara de la fatal Medusa, Medrosa huye mi alondra de canto cristalino.
_La hoja de oro._
En el verde laurel que decora la frente Que besaron los sueños y pulieron las horas, Una hoja suscita como la luz naciente En que entreabren sus ojos de fuego las auroras;
O las solares pompas, o los fastos de Oriente, Preseas bizantinas diademas de Theodoras, O la lejana Cólquida que el soñador presiente Y adonde los Jasones dirigirán las proras.
Hoja de oro rojo, mayor es tu valía, Pues para tus colores imperiales evocas Con el triunfo de otoño y la sangre del día,
El marfil de las frentes, la brasa de las bocas, y la autumnal tristeza de las vírgenes locas Por la Lujuria, madre de la Melancolía.
_Marina._
Como al fletar mi barca con destino a Citeres Saludara a las olas, contestaron las olas Con un saludo alegre de voces de mujeres. Y los faros celestes prendían sus farolas, Mientras temblaba el suave crepúsculo violeta. «Adiós--dije--países que me fuisteis esquivos; Adiós peñascos enemigos del poeta; Adiós costas en donde se secaron las viñas, Y cayeron los términos en los vosques de olivos. Parto para una tierra de rosas y de niñas, Para una isla melodiosa Donde más de una musa me ofrecerá una rosa.» Mi barca era la misma que condujo a Gautier Y que Verlaine un día para Chipre fletó, Y provenía de El divino astillero del divino Watteau. Y era un celeste mar de ensueño, Y la luna empezaba en su rueca de oro A hilar los mil hilos de su manto sedeño. Saludaba mi paso de las brisas el coro Y a dos carrillos daba redondez a las velas. En mi alma cantaban celestes filomelas Cuando oí que en la playa sonaba como un grito. Volví la vista y vi que era una ilusión Que dejara olvidada mi antiguo corazón. Entonces, fijo del azur en lo infinito, Para olvidar del todo las amarguras viejas, Como Aquiles un día, me tapé las orejas. Y les dije a las brisas: «Soplad, soplad más fuerte; Soplad hacia las costas de la isla de la Vida.» Y en la playa quedaba desolada y perdida Una ilusión que aullaba como un perro a la Muerte.
_Dafne._
¡Dafne, divina Dafne! Buscar quiero la leve Caña que corresponda a tus labios esquivos; Haré de ella mi flauta e inventaré motivos Que extasiarán de amor a los cisnes de nieve.
Al canto mío el tiempo parecerá más breve; Como Pan en el campo haré danzar los chivos; Como Orfeo tendré los leones cautivos, Y moveré el imperio de Amor que todo mueve.
Y todo será, Dafne, por la virtud secreta Que en la fibra sutil de la caña coloca Con la pasión del dios el sueño del poeta;
Porque si de la flauta la boca mía toca El sonoro carrizo, su misterio interpreta Y la armonía nace del beso de tu boca.
_La gitanilla._
A Carolus Durán.
Maravillosamente danzaba. Los diamantes Negros de sus pupilas vertían su destello; Era bello su rostro, era un rostro tan bello Como el de las gitanas de don Miguel Cervantes.
Ornábase con rojos claveles detonantes La redondez obscura del casco del cabello, Y la cabeza firme sobre el bronce del cuello Tenía la patina de las horas errantes.
Las guitarras decían en sus cuerdas sonoras Las vagas aventuras y las errantes horas, Volaban los fandangos, daba el clavel fragancia;
La gitana, embriagada de lujuria y cariño, Sintió cómo caída dentro de su corpiño El bello luis de oro del artista de Francia.
_A maestre Gonzalo de Berceo._
Amo tu delicioso alejandrino Como el de Hugo, espíritu de España; Este vale una copa de champaña Como aquél vale «un vaso do bon vino».
Mas a uno y otro pájaro divino La primitiva cárcel es extraña; El barrote maltrata, el grillo daña, Que vuelo y libertad son su destino,
Así procuro que en la luz resalte Tu antiguo verso, cuyas alas doro Y hago brillar con mi moderno esmalte;
Tiene la libertad con el decoro Y vuelve, como al puño el gerifalte, Trayendo del azul rimas de oro.
_Alma mía._
Alma mía, perdura en tu idea divina; Todo está bajo el signo de un destino supremo; Sigue en tu rumbo, sigue hasta el ocaso extremo Por el camino que hacia la Esfinge te encamina.
Corta la flor al paso, deja la dura espina; En el río de oro lleva a compás el remo; Saluda el rudo arado del rudo Triptolemo, Y sigue como un dios que sus sueños destina...
Y sigue como un dios que la dicha estimula, Y mientras la retórica del pájaro te adula Y los astros del cielo te acompañan, y los
Ramos de la Esperanza surgen primaverales, Atraviesa impertérrita por el bosque de males Sin temer las serpientes; y sigue, como un dios...
_Yo persigo una forma..._
Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo, Botón de pensamiento que busca ser la rosa; Se anuncia con un beso que en mis labios se posa Al abrazo imposible de la Venus de Milo.
Adornan verdes palmas el blanco peristilo; Los astros me han predicho la visión de la Diosa; Y en mi alma reposa la luz como reposa El ave de la luna sobre un lago tranquilo.
Y no hallo sino la palabra que huye, La iniciación melódica que de la flauta fluye Y la barca del sueño que en el espacio boga;
Y bajo la ventana de mi Bella-Durmiente, El sollozo continuo del chorro de la fuente Y el cuello del gran cisne blanco que me interroga.
[Ilustración]
[Ilustración]
ÍNDICE
Págs.
PALABRAS LIMINARES 7
PROSAS PROFANAS
Era un aire suave 15
Divagación 23
Sonatina 33
Blasón 39
Del campo 43
Alaba los ojos negros de Julia 47
Canción de Carnaval 51
Para una cubana 57
Para la misma 59
Bouquet 63
El Faisan 65
Garçonnière 69
El país del sol 73
Margarita 77
Mía 79
Dice Mía 81
Heraldos 83
Ite, missa est 85
COLOQUIO DE LOS CENTAUROS 89
VARIA
El poeta pregunta por Stella 107
Pórtico 109
Elogio de la seguidilla 119
El cisne 123
La página blanca 125
Año nuevo 129
Sinfonía en gris mayor 133
La Dea 137
Epitalamio bárbaro 139
VERLAINE
Responso 143
Canto de la sangre 147
RECREACIONES ARQUEOLÓGICAS
I. Friso 153
II. Palimpsesto 159
EL REINO INTERIOR 165
Cosas del Cid 171
Dezires, layes y canciones 177
Las Anforas de Epicuro 189
[Ilustración]
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