Prosa Política (Las Repúblicas Americanas) Obras Completas Vol. XIII

Part 4

Chapter 43,887 wordsPublic domain

El movimiento aduanero, siempre refiriéndose a datos de 1910, es como sigue: _Exportaciones_: 799.670.295 pesos _mil reis_ o sea £53.059.480. _Importaciones_: 499.286.976 pesos _mil reis_, o sea £33.204.041. _Saldo a favor_: 300.383.319 pesos _mil reis_, o sea £19.855.439. La _Deuda Interior_ es, en en pólizas, títulos de renta: £552.476.600. La _Deuda exterior_: Empréstitos diversos, con un valor total de 69.608.357 libras esterlinas, que representan en papel moneda al cambio de 15: por _mil reis_, 1.113.733.712 pesos. Total: 1.666.210.312 pesos _mil reis_. Siendo la población del Brasil de 22.000.000, se deduce que la deuda que gravita a prorrata sobre cada habitante es de 75,73 pesos por _mil reis_.

«La República se inició--dice en su citada monografía Barahona Vega--con una junta provisoria de Gobierno, presidida por el mariscal da Fonseca y compuesta de siete miembros más Benjamín Constant, Ruy Barbosa, Quintino Bocayuba, Edmundo Wanden Kolk, Aristides da Silveira Lobo, Manuel Ferraz de Campos Salles y Demetrio Nunes Ribeiro, las más elevadas personalidades representativas del movimiento que habían sido elegidas por los autores de la revolución republicana, como brazo de la idea. La preocupación especial de la Junta de Gobierno fué dictar la nueva Constitución, la cual tuvo una prolongada gestación en el Congreso Nacional. Por fin, en una sesión solemnísima, el 24 de Febrero de 1891, en el viejo palacio de los emperadores, transformado triunfalmente en anfiteatro de una convención republicana se hizo la promulgación del nuevo Código Fundamental del país. El Mariscal da Fonseca «soldado de alma brava y sencilla» resultó electo por el Congreso, y al siguiente día, Presidente Constitucional, hasta el 15 de Noviembre de 1894; pero por el golpe de estado del 5 de Noviembre de 1891, que fué mal visto de la nación, resignó el mando, veinte días después, en el Vicepresidente electo, Mariscal Floriano de Peixoto. Cumplido el período presidencial de da Fonseca por el Vicepresidente Peixoto, subió al poder el doctor Prudente de Moraes Barros. Con la exaltación de este ciudadano, sube con él el civilismo a la alta dirección de la República.

La evolución no podía ser más eficaz ni más rápida. Dos Gobiernos militares con un período de dictadura, habían dado pie a ciertas tendencias hacia el militarismo sectario; pero el primer gobierno civil que tomó el poder acabó con ellas. Para esto hubo que cerrar por tiempo indefinido la Escuela Militar, y se cerró; hubo que destruir la escuadra, y se deshizo. El mérito histórico de aquellos hombres fué saber ver con claridad en la confusión de los sucesos y de los días, y proceder a asegurar la suprema conquista con abnegación y energía. El 15 de Noviembre de 1898 recibió su investidura de jefe del Estado el doctor Manuel Ferraz de Campo Salles, y sin más interrupción que la brevísima del 19 de Octubre al 8 de Noviembre de 1900, en que fué subrogado por el Vicepresidente, doctor Francisco de Assis Rosa e Silva, continuó consagrando sus desvelos de estadista a la ejecución fiel del programa de reconstrucción de las finanzas, sin salirse un punto de esta línea de conducta. Para la magistratura suprema, en el siguiente período de 1901 a 1906, favorecieron los sufragios del pueblo, para Presidente, al doctor Francisco Rodríguez Alves, que no delegó el mando un solo día, y para Vicepresidente al doctor F. Silviano de Almeida Brandao. El Presidente Rodríguez Alves dedicó sus más tesoneros esfuerzos al saneamiento, transformación y embellecimiento de la ciudad de Río Janeiro, y mejoramiento de los puertos del país. El 15 de Noviembre de 1906, el Vicepresidente en ejercicio, doctor Alfonso Augusto Moreira Penna, pasó a ejercer la Presidencia de la República, y a llevar a la práctica, de un modo sostenido, el programa de población y viación del país y la difusión de la enseñanza, que había sido la hermosa y sincera plataforma de su candidatura presidencial. Por la muerte de este hombre de estado sucedióle el doctor Nilo Peçanha, que siguió estrictamente el mismo programa. Por último, fué electo, con aplauso general, el pundonoroso Mariscal Hermes da Fonseca, quien es un esclarecido jefe del Ejército, Exministro de la Guerra de la Administración anterior, y personalidad de rasgos enérgicos y francos, y de altas y atrevidas vistas patrióticas.

Alma y certero brazo director de las relaciones internacionales, fué el recientemente fallecido barón de Río Branco, cuya desaparición ha sido lamentada en todas partes. Puede decirse que, por su tacto y pericia, llegó a ser el primer estadista del continente. Digno heredero de su ilustre padre, aumentó aún más el brillo de su nombre.

El Brasil intelectual es de una fuerza e intensidad dignas de mayor fama en el mundo. La lista de sus hombres eminentes llenaría más de una página nuestra. Básteme con citar a Joaquín Nabuco, Ruy Barbosa, Machado de Assis, Joao Ribeiro, José Verisimo, Araripe Junior, Taunay, Graça Aranha, Galvao, Olavo Bilac, y tantos otros dignos de figuración en cualquier nación europea. Su prensa, con órganos como el _Jornal do Comercio_ y _O Pais_, es de un gran prestigio. Y Río y Sao Paulo, gozan de un atractivo y de una celebridad ya mundiales. ¡Bello, soberbio, opulento país!

URUGUAY

[Ilustración]

Desde los trabajos de Azara hasta las impresiones y datos publicados por diferentes viajeros en épocas recientes, muchos son los libros en donde pueden conocerse la geografía, la historia, las riquezas y el progreso material y moral de la república del Uruguay. Una obra monumental fué publicada en 1910, en Montevideo, por el Sr. D. Carlos M. Maeso, en la cual se contienen variadísimas y detalladas informaciones. Se titula tal libro _El Uruguay a través de un siglo_, y en él se ve la creciente y brillante transformación, que, a pesar de las agitaciones políticas y luchas guerreras, ha hecho del país «oriental» un plantel de civilización y un emporio de trabajo.

He allí una tierra amable, feraz, con el encanto pintoresco de América, sin muchos de los inconvenientes de otras regiones, y en donde los habitantes, con un afán continuo desde la consecución de su independencia, han procurado, en las disciplinas de la paz, y aun a través de las bregas de las revoluciones, constituirse una patria digna de haber realizado, según la palabra de Anatole France, «un tipo superior de civilización».

¿Qué importan las fiebres del crecimiento, si se llega con vitalidad y empuje al libre desarrollo de un pueblo viril y brillante? Pues hay que advertir la bella aureola de romanticismo nacional que han tenido a los ojos extraños, tierras de lucha, gloriosas y legendarias, como la Grecia moderna en el continente europeo y el Uruguay en la América del Sur.

Uruguay, tierra de heroísmo. Es ciertamente, en su historia, una distintiva, entre las repúblicas de nuestra América, que han sido, en sus esfuerzos por personalizarse en el coro de las naciones, tierras de heroísmo. Es usual y fácil en el viejo mundo achacar un exceso de primitivismo y una irremediable propensión a los conflictos sangrientos, y a las revueltas intestinas a nuestras democracias; «se nos ha juzgado, dice el autor uruguayo que he citado, con un criterio especial, que no es el criterio humano que ha presidido el juzgamiento de los hechos fundamentales a que ha obedecido la evolución sufrida por las naciones europeas para llegar a la hora y al estado presentes. Nosotros habremos pasado por pruebas dolorosas para fundar principios de libertad y justicia, implantar la democracia triunfante y consolidar el derecho propio y el ajeno; pero esas pruebas no han tenido la intensidad terrible y feroz que para alcanzar idénticos fines han sufrido Estados europeos que figuran al frente del avance civilizador de esta época; la sangre que han derramado las revoluciones americanas forman un mísero arroyuelo comparado con los mares de sangre que se han vertido en Europa para satisfacer ambiciones de déspotas, o alcanzar la libertad apetecida». Nada más fuerte en razón, y es el hecho que algunas de esas repúblicas, entre las cuales se encuentra el Uruguay, están, en muchas de las ventajas de la civilización y de la humana cultura, a la par de las naciones principales de Europa, y aun llevan la delantera a otras. Cierto que lo que aquí se ha amalgamado en centurias, allá se ha improvisado en lustros.

Los uruguayos se enorgullecen con justicia de la hermosura de su suelo, de la riqueza que se encierra en él, del encanto urbano de esa joya de capital que se llama Montevideo, en donde al par que las actividades del negocio, florece la intelectualidad y se estimula el estudio, del que es _le morceau le plus digne d'envie, le coin le plus admirable du Nouveau Monde par sa topographie, par son climat, par sa géologie et son hidrographie, par sa fertilité_; como escribiera, ha tiempo, un sabio y eminente francés. Y si el estado actual de esa república es en extremo floreciente y envidiable, su futuro, cuando la inmigración aumente, al ser más conocidos los veneros de prosperidad y las fuentes de labor proficua que allí esperan brazos y voluntades, su futuro, digo, es de un engrandecimiento y esplendor incalculables.

Muchas son las maravillas con que la naturaleza ha ornado el país oriental, descriptas por notorios escritores y reproducidas por el lápiz, el pincel o la máquina fotográfica; costas vistosas, montes y sierras, llanuras extensas en que pastan miles de ganados, paisajes deliciosos, bellas y fecundadoras corrientes hidrográficas, fauna y flora de mucha variedad y exuberancia. Y si en la historia de la república del Uruguay resalta como signo distintivo, según ya he dicho, la singularidad heroica--Artigas es un personaje representativo y simbólico--en su vida constitucional se hace admirar un culto, desde antaño sostenido, por la libertad, y un deseo siempre constante de mejoramiento y de progreso.

Hay en su Carta asegurados derechos y principios de las modernas conquistas civiles que en otras naciones, a la cabeza de la civilización por muchos conceptos, no han sido todavía conseguidos. Así bien pudo asegurar ha tiempo un eminente abogado belga, M. Stocquart, que «el Uruguay es innegablemente, desde el punto de vista del derecho civil, el país más adelantado de la América del Sur». Una de las últimas y más plausibles leyes a este respecto fué la nueva de divorcio, que garantiza la disolución del matrimonio y deja absoluta libertad para contraer un nuevo vínculo.

Montevideo, de rítmico y sonoro nombre, es ciudad-presea entre las capitales hispano-americanas, y se distingue por la modernidad de su conjunto, por su ambiente de urbana actividad y alegría, y por la singular beldad de sus mujeres. He de insistir en el cultivo mental, en el amor y gusto por las especulaciones del espíritu, al lado del movimiento bancario, y del activo laborar de comerciantes y estancieros. La instrucción pública uruguaya se encuentra a una notable altura y se han ido introduciendo en ella las mejoras que en los países más avanzados del globo han producido resultados superiores, esto desde los tiempos en que José Pedro Varela, «el Horacio Mann uruguayo» hiciera como el gran argentino Sarmiento, viaje a los Estados Unidos, y visitara las escuelas norte-americanas; «y fué tal su admiración y entusiasmo, dice un informe oficial, por los métodos de enseñanza que vió aplicar en ellas, a la organización a que estaban sujetas, que se resolvió a dedicar todas sus energías al estudio de las más acreditadas obras pedagógicas, y al análisis de los múltiples problemas relativos a la enseñanza. Sorprendido a la vista de las instituciones políticas y sociales del pueblo que visitaba, fascinado por el carácter de la prensa, la libertad de los tributos, la organización de los partidos, su sistema electoral y el funcionamiento de todos los resortes de la administración pública, creyó descubrir la base de todo esto en la educación del ciudadano, y decidióse, una vez que hubo regresado al suelo nativo, a trabajar con objeto de introducir en ella cuanto había visto, respecto de instrucción pública, y pudiese contribuir a la regeneración de la patria uruguaya...» José Pedro Varela fué un bienhechor de su país y su nombre brilla entre los que constelan de gloria los anales de la República Oriental.

El movimiento comercial, dado el número de habitantes, supera al de otros estados americanos de mayor población, y los productos del país encuentran cada día mayor mercado en el mundo. «Somos, escribe el Sr. Maeso, actualmente, uno de los pueblos más comerciales de América, pudiendo ostentar con legítima satisfacción los guarismos de nuestra actividad en los negocios, porque ellos evidencian que, a pesar de tener aun poca población en comparación de otros Estados, superamos en mucho las cifras de su vida comercial. Baste con señalar que de 1862 a 1868, la importación y exportación reunidas, eran de pesetas 109.886.156; y de 1904 a 1908, ha llegado a pesetas 338.009.777. Mucho tiene que mejorar la agricultura en tan fecundo país; mas la suma de lo que por año produce en este ramo de sus progresos es ya de más de noventa millones de francos. Sus líneas férreas tienen un valor de trescientos setenta y siete millones de francos, su ganadería cuenta con treinta y siete millones de cabezas. Su porvenir económico, en fin, despierta las más brillantes y legítimas esperanzas. Un notable ingeniero francés ha manifestado su sentir en estas palabras: «El Uruguay tiene en sus tierras valores incalculables y tiene en sus hijos excelentes elementos de trabajo, que sabrán aprovecharlo». Es, pues, un pueblo dueño de su destino.

Montevideo se enorgullece de su espléndido puerto, de sus compañías de navegación y salvataje, en que es famoso universalmente el nombre de Lussich. La red hidráulica uruguaya cuenta con tesoros de «hulla blanca». La ganadería ha logrado un gran adelanto gracias a iniciadores eficaces como el Sr. Reyles y sus émulos; las riquezas del subsuelo sólo esperan el esfuerzo de las empresas; el inmigrante en pocas partes encontrará las ventajas que en el suelo del Uruguay.

¿Y la intelectualidad? Largamente podría escribirse sobre el desarrollo de la cultura y de la producción literaria en aquella nación, desde los tiempos de la colonia hasta nuestros días. Se ha llamado la atención sobre la tendencia a un marcado nacionalismo y al color local. Más allí, como en todas partes de América en que se habla el castellano, no ha habido sino dos grandes influencias en el dominio del pensar y el escribir: la influencia peninsular antaño, y la del movimiento que desde hace algún tiempo ha dado nuevos vuelos y libertades a los talentos, a la idea, a la creación artística. Saludemos los nombres de Acuña de Figueroa, Pacheco y Obes, Berro; a los románticos del tiempo de Juan Carlos Gómez y de Magariños Cervantes. Al fuerte Acevedo Díaz, a otros eminentes. Y luego, a los que representan la vitalidad y la gloria actuales, a la cabeza el conspicuo y alto Rodó; a un gran precursor admirado en su patria y fuera de ella, el noble poeta Juan Zorrilla de San Martín.

En resumen, la República Oriental del Uruguay es uno de los países que con mayor complacencia puede la América latina presentar ante los ojos del mundo civilizado, y uno de los más apropiados refugios para los ejércitos de inmigrantes que a nuestro continente vayan en busca de labor y bienestar.

PARAGUAY

[Ilustración]

Tierra de sol, tierra de épica historia, tierra de leyendas. Lo que hicieron sus hombres en la guerra terrible, se ha contado a los niños de América, como las hazañas de los héroes homéricos o los cuentos fabulosos. Porque allí se demostró con sangre y muerte, saber de patria y de sacrificio, quizás como en ninguna parte, y el poeta argentino de la barba florida pudo cantar:

Llora, llora, Urutaú En las ramas del yatay; Ya no existe el Paraguay Donde nací, como tú: ¡Llora, llora, Urutaú!

Y cuando los niños que quedaron fueron a su vez hombres, ya que no lucharon con el extranjero, lucharon y luchan entre ellos, como en otras tierras de nuestra América. ¡Fatalidad!

Y esa región es bella, ubérrima, digna de los halagos y de los beneficios del porvenir, si paz y trabajo hubiese en la concordia de sus hijos.

Leyendo la monografía de Lisoni, se admira el portento de ese suelo feraz que riegan las corrientes copiosas del Paraná y el Paraguay; sus bosques llenos de árboles preciosos; sus plantaciones de hierba-mate, verdadera mina vegetal que produce al año 17.600.000 libras; el _quebracho colorado_ y el _palo rosa_, aparte de otras maderas preciosas que son tesoros para la ebanistería, y el _árbol del incienso_ y el _bombax de seda_. Todo lo más rico, variado y bello que da la tierra fuerte, hay en aquella Mesopotamia gloriosa del Sur, en aquel país mediterráneo, privilegiado por la Naturaleza en el portento de su flora y en una primavera eterna y saludable. Solamente la cosecha de tabaco llega a 6.000.000 de libras por año. La institución agrícola oficial trabaja con celo y constancia y anualmente se multiplican los rendimientos agrarios.

Es grande la exportación de algodón paraguayo, de larga fibra, tan estimado en los mercados alemán, holandés y británico. El aceite de _petit-grain_--zumo de hojas de naranjo--es fabricado en varios establecimientos destiladores del distrito de Yaguarón. El cultivo del arroz se realiza con provechoso esmero, y la Sociedad Nacional de Agricultura otorga premios a los cultivadores del mejor grano.

El negocio pecuario durante los dos últimos lustros se ha desarrollado inmensamente, hasta el punto de que ganaderos argentinos y brasileros han sentado sus reales en el país, efectuando exportaciones continuas de tasajo a España, Brasil y Cuba, y de cueros a Europa, donde alcanzan altos precios.

No obstante los desórdenes revolucionarios frecuentes, los gobernantes paraguayos se preocupan de estimular la inmigración, y hay colonias italianas que han dado excelentes resultados. En la actualidad se piensa introducir familias asiáticas para el cultivo del tabaco, la caña dulce y el arroz.

En mineralogía no es escaso el Paraguay. Cuenta con minerales diversos, entre los cuales deben contarse el cuarzo, el caolín, el hierro, el manganeso, el cobre, el mercurio, y con piedras preciosas como el ópalo y la ágata.

Según los mejores cálculos estadísticos, el movimiento comercial paraguayo asciende a 12.000.000 de pesos anuales. En 1907, por ejemplo, llegó a la suma de 12.233.823 pesos. Todo lo cual indica de manera indudable que el Paraguay, gozando de paz sólida, sus hijos entregados a la noble labor de la riqueza nacional, podría llegar a un desarrollo inmenso, aportando producciones cuantiosas al mercado universal.

Hacer que llegue esa hora de concordia y de labor, debe ser la idea primordial de cada buen patriota en la linda tierra Guaraní.

A consecuencia de la guerra espantosa de 1865 a 1870 que desoló al Paraguay, llevándolo a una miseria inaudita, las ciudades y pueblos quedaron reducidos a escombros, y sólo restan de los tiempos de bravura heroica muy contados edificios. Entre ellos son de recordar, por su sobriedad y su belleza arquitectónicas, el palacio de Solano López y la iglesia Catedral de La Asunción, ciudad la más ilustre en época memorable, cuando fué el centro metropolitano del Sud-América, por su ruidoso fausto. En los arsenales de La Asunción se construían barcos, armas y municiones para la guerra, y ese gran desarrollo industrial animaba extraordinariamente la capital por aquel entonces, cuyos ecos ha sabido recoger y eternizar la historia en capítulo aparte.

Hoy el Paraguay trata de renacer, como el ave mitológica, de sus cenizas y escombros, y en el recuerdo de sus épicas desventuras se levanta en el continente americano, como un ejemplo admirable de patriotismo. El Paraguay es un ejemplo hoy que el águila yankee mira hacia el Sur, como orientándose para un vuelo de rapacidad conquistadora.

Véase lo que una pluma serena--aunque optimista en la actualidad--escribió sobre el Paraguay, haciéndose intérprete de la nueva era:

«Enclavado el Paraguay en el centro mediterráneo de Sud-América, rodeado de grandes ríos, pero apartado de los centros y vías oceánicas de comunicación directa con Europa, vióse obligado a permanecer muchos años como viuda feudal envuelta en sus negras tocas, a la húmeda sombra de sus terrones.

»Llegó, sin embargo, al Paraguay la gran revolución del siglo; tendió el progreso sobre la tierra los _rails_ de la ferrovía, por aire los alambres del telégrafo y teléfono, y el vapor por sus ríos navegables, y la heroica viuda, cumplido el luto por el fatal destino, abrió de nuevo su pecho a la esperanza, despojó a sus hijos de anticuadas preocupaciones, ensanchó sus estrechas creencias para que entrara en sus templos la luz de la fraternidad y de la tolerancia, dió a fundir para calderas de vapor el hierro de sus montañas, empleado antes en campanas, fusiles y cañones, compró segadoras y trilladoras para los colonos, cargó los trenes y navíos con las producciones naturales y desarrolló la industria y el comercio, que sirven de base a la prosperidad.

»Desde 1870, todo se ha modificado y transformado en el Paraguay en sentido favorable. El trabajo ha emancipado al pueblo de la miseria y de la orfandad en que lo dejaron los desastres pasados, mejorando su condición moral y social; la riqueza pública ha aumentado considerablemente, debido a las múltiples causas económicas, y el movimiento general en todas las esferas de la actividad es en la actualidad superior al de cualquier otra época pasada. El desenvolvimiento que adquieren las instituciones de crédito, las industrias que cada día se implantan, la rápida y creciente valoración de la propiedad y la importancia que han adquirido las transacciones comerciales por sus proporciones, son signos de prosperidad, que vienen a revelar que existen en el país gérmenes fecundos de vitalidad que, desarrollados convenientemente, concurrirán a la formación de la grandeza futura.»

La historia del valiente Paraguay es una epopeya _sui generis_. Pueblo fundado en condiciones tan especiales como las dispuestas por la real cédula de 1609, su organización fué única en el Continente.

Dice Lisoni en la monografía:

«Los jesuítas encargáronse de la sumisión de los nativos y de su conversión al cristianismo. Fundaron ciudades, construyeron templos y establecieron el régimen especial de las _reducciones_. Fué tal la organización de las misiones paraguayas y la educación que daban a los aborígenes, que no sólo desarrollaron enormes riquezas, sino que también cimentaron el poder religioso más grande que recuerden los fastos americanos.

»Dueños así de más de 160.000 indígenas, provocaron graves dificultades a los gobernadores españoles por fines netamente materiales, hasta que, cansado el Gobierno central, hubo de disponer su expulsión y la de todos los dominicos ibéricos, en 1767, pasando las misiones a poder de frailes franciscanos y mercedarios.

»La obra de los jesuítas vivió mientras ellos dominaron; pues como dice Héctor Decoud, el edificio social levantado por ellos se desplomó con su salida, dejando sólo el triste rastro de una funesta educación. Aquellos padres, en lugar de organizar pueblos con aspiraciones a la libertad y al progreso, formaron esclavos fanáticos sin ninguna iniciativa personal.

»Latente ese estado de cosas, llega el instante solemne de la Independencia, inspirada por Fulgencio Yegros y Pedro Juan Caballero. Realizóse el 14 de Mayo de 1811, sin efusión de sangre, merced a la energía y decisión de este último, a la adhesión incondicional del pueblo a la causa emancipadora y a la tentativa del gobernador español para restaurar el régimen de la colonia, constituyéndose la primera Junta gubernativa de la República con Bernardo de Velasco, como presidente, y los vocales Gaspar Rodríguez de Francia y Juan Valeriano Zeballos.