Prosa Dispersa Obras Completas Vol. XX

Part 7

Chapter 73,920 wordsPublic domain

Esparcidos por todos lugares, después de la _débâcle_, los exseides de los Ezetas, tenían encargo de comprar a la Prensa extranjera poco escrupulosa. La diatriba y el odio se multiplicaron contra los antiguos amigos de Menéndez y los vencedores de la revolución encabezada por Gutiérrez. El autor de la _Historia Negra_ no fué de los menos atacados, y hasta la superchería de una falsa muerte fué propalada por diario como _La Estrella de Panamá_.

Mientras Antonio Ezeta pretendía inútilmente que Porfirio Díaz le ayudase a recuperar el Gobierno perdido, Carlos se divertía.

Sin la distinción y la habilidad de un _rasta_ de alto vuelo, de un ilustre americano, no podía aspirar a casar a sus hijas con un Morny, ni a figurar en el «tout Paris» en manera alguna. Dedicóse a gastar sus millones, y la vida parisiense le fué fácil para ese objeto.

Mas el nabab iba quedándose cada día con menos rentas, y buscó refugio en Monte-Carlo. Monte-Carlo le ha llevado a la ruina; ruina pregonada por la Prensa del mundo.

Es un hermoso capítulo de _Los presidentes en el destierro_--novela que espera un Daudet corregida por Juvenal.

* * * * *

Es en verdad digna de estudio la vida política de esos países centroamericanos. _South America_ no cuenta con ejemplares tan admirables de perfecta tiranía. Luego ¿no es asombroso que de republiquitas cuyos habitantes son los de un barrio de Buenos Aires, puedan extraer esos tiranuelos dineros con que ufanarse varias veces millonarios?

Un día, Emilio Castelar, ofrecía en su casa, de Madrid, un almuerzo al representante de una República centroamericana, antiguo colaborador de _La Nación_. Como éste viese en una _panoplia_, entre varios retratos de celebridades universales, uno de Carlos Ezeta, dijo, poco más o menos, al célebre tribuno:

--Voy, señor, a buscar en Madrid un retrato de San Martín o de Bolívar, de Bello o de Andrade, para que esté quien debe estar en el lugar que ocupa en esa panoplia el presidente del Salvador. ¿Sabe usted la historia política de Carlos Ezeta?

Sonriente, Castelar, se dirigió a un amigo suyo, invitado al almuerzo, el Sr. Abarzuza, que después ha sido ministro.

--Esos países, esos países, están aún en estado primitivo.

Y continuó en larga peroración, con su manera siempre oratoria y maravillosa. Habló de las frecuentes revoluciones americanas, de las tiranías nuestras desde Rosas a los Ezetas, pasando por Guzmán Blanco y Rufino Barrios y Zaldívar. Bien enterado de nuestras agitaciones y pequeñeces, disertó de modo magistral, concluyendo, optimista, por augurar un tiempo mejor. Y en cuanto a la particularidad del envío del retrato de Ezeta, habló de la pomposa dedicatoria, y de cómo no era el primer retrato de mandarín americano que hubiera recibido con dedicatorias semejantes.

El retrato del tirano salvadoreño le había llegado por medio de los hijos de su amigo Carlos Gutiérrez, el millonario de San Sebastián, los cuales eran agregados, si mal no recuerdo, a la Legación del Salvador, presidida por Enrique Soto.

De este ministro contó aventura tan peregrina, que quizá jamás se haya visto cosa semejante. Consultaba, nada menos, con Castelar, la manera de ser recibido por la reina Cristina, _sin pronunciar el discurso_ correspondiente...

¡Y cómo reía el maestro cuando narraba el caso!

Naturalmente, el embajador Carlos Ezeta tuvo que pronunciar su discurso, después de ser introducido por Zarco del Valle.

La compra de una casa-palacio en Madrid, según decires, fué hecha por un capitán, Francés y Roselló, y un señor Jerónimo Pou, ex secretario de Ruiz Zorrilla; Pou y Francés ayudaron a los Ezetas en su traición, estando ambos, en aquel tiempo, encargados de la escuela militar de la capital salvadoreña.

* * * * *

Antes de Carlos Ezeta, la América Central ha tenido excepcionales ejemplares de tiranos, comenzando con Darrera y acabando con Sacasa.

La unión de las cinco Repúblicas sería el comienzo de una verdadera regeneración; pero las ambiciones personales y los intereses de partido dificultarán por mucho tiempo el sueño de Morazán, de Cabañas y de Jerez.

Los _pronunciamientos_ tienen por hoy raíces inextirpables, y de ellas no salieron Gobiernos buenos ni Gobiernos malos.

El imperio del militarismo triunfa, y los Presidentes de las Repúblicas no están seguros ni de los jefes de sus guardias de honor. Y no hay entre ellos más diferencia que la de la honradez: Menéndez, o Ezetas.

21-3-1895.

[Ilustración]

HORACIANAS

LA fidelidad une al traductor inglés (Gladstone) con el argentino. Así se explica que en las traducciones de Gladstone, como en las de Mitre, haya sus inversiones y construcciones más o menos obscuras. Muchos han querido ser el espejo fiel del poeta latino. Mas ¿cómo lograr, ni el uno con su violento y elíptico inglés, ni el otro, aun con las ventajas del español, dado los inconvenientes que hay para que exista un buen consorcio entre las musas y los hombres que manejan los asuntos del Estado, y, como la política, es muy poco compatible con las músicas de la lira?

Los Gobiernos, sobre todo los Gobiernos democráticos, han ignorado siempre--¡cuándo no han sido fatales para ellos!--a los grandes artistas. Algunos célebres conquistadores guerreros y reyes han tenido a bien recrearse con el cultivo de las artes y de las letras. Lino enseña a Heracles a tocar la lira; Alejandro, lee su Homero; Napoleón, no desdeña rimas alejandrinas; Enrique IV, invoca el amor en versos; Carlos IX, versifica; _Un ingenio de esta corte_, hace comedias. El genial Carnot, que hizo canciones, despide líricamente a Felicidad Glairez, que parte para París de Magdeburgo:

Félicité nous est ravie; Mon cœur en est déconcerté; Les Ris, les Grâces l'ont suivie; Pour nous plus de _félicité_.

Que le tendre amour l'accompagne, O Dieu des cœurs, par charité, Ramène-nous notre compagne Rends-nous notre Félicité.

En nuestros días, reyes y hombres ilustres de la política no han tenido a mal frecuentar un poco la lira. León XIII, Don Pedro II del Brasil. En las Cortes europeas hay más de una _bas-bleu_ conocida. La misma reina Victoria ha escrito su librito de recuerdos. El rey Humberto es un regular dantista, según se asegura. El rey de Grecia, versifica; el emperador de Alemania acaba de dar a luz su _Canto de Hegir_...

En cuanto a los hombres de Estado, Gambetta, hacía versos; Bismarck, no echa en olvido sus clásicos. En España, Cánovas tiene alto puesto entre los académicos poetas.

En Inglaterra es más común encontrar al político-literato. En todo inglés de cierta cultura está el _scholar_ que duerme... Un periódico inglés pregunta, con motivo de la reciente publicación del _Horacio_, de Gladstone:

«¿Gladstone es el último de los hombres de Estado que combinan el estudio de los clásicos con la política? Las citas latinas son ahora raras en las Cámaras y en los discursos electorales. El griego ha sido casi excluido. Desde luego, la poesía en general hace mal _menage_ con la política moderna. Los versos que se citan son sacados, probablemente, de ópera cómica... Felizmente, varios de nuestros hombres de Estado más en boga se distinguen por otras cualidades que las del político.»

No son muchos, por cierto, los casos que pueden citarse, en nuestras Repúblicas americanas, de hombres públicos que tengan amor a las letras y las cultiven. Sin referirnos, por supuesto, a los diletantismos gramaticales de Guzmán Blanco, apenas podemos recordar uno que otro nombre. Entre los primeros, el del actual jefe de la República de Colombia, Dr. Miguel Antonio Caro, a quien se debe, como es sabido, la mejor traducción de Virgilio en lengua castellana; el del inolvidable e ilustre doctor Rafael Núñez, que aun en los más agitados períodos de su vida de repúblico no pudo olvidar el cultivo de las letras; el de otro presidente, el del Ecuador, Dr. Luis Cordero, que es poeta filólogo y americanista consumado y que ya en el ejercicio del alto cargo que hoy desempeña, envió al Congreso de Huelva, en 1892, la contribución de un valiosísimo _Diccionario quichua_, y del general Bartolomé Mitre, que después de una larga vida de brega y triunfos civiles y militares, ofrece ejemplos de constancia, laboriosidad y vigor intelectual incomparables, obras como su versión completa del Dante, sus estudios lingüísticos y los frutos menores de sus descansos y vagares.

Esos ejemplos son honra para el continente y deben parecer cosas extrañas para el europeo--con justicia prevenido desde antaño contra nuestro modo de ser moral y nuestra cultura--que mira realizar tamañas empresas y brillar intelectualmente a varones semejantes en el país de los sargentones y de los _rastas_--virgen del mundo, ¡América inocente!

Y noble y trascendental lección da el traductor americano de la _Divina Comedia_ a la generación que hoy se levanta en su patria, al ruido de tanto tráfico comercial y tanta agitación política y tanto y tan funesto olvido del espíritu. Bien habló a ese respecto en estas columnas el Dr. Maguasa.

Todos los intelectuales se quejan del actual decaimiento.

La mayor satisfacción para un hombre de letras--por no decir la única--es que sus producciones sean discutidas, criticadas y leídas.

No ha mucho hemos visto a nuestro general Mitre, al pie de una enorme, formidable montaña, a cuya cima se asciende por escalones de granito de hierro, de oro, de diamante, de desconocidos metales astrales: la montaña dantesca. Al poner el pie en el primer escalón: _Nel mezzo del Cammin_... alzó la vista a la altura y llenóle de temor la emprendida ascensión; más lejos, vió llameante el infierno _en donde pensó quedarse como traductor si le alcanzaba la condenación que acompaña a los traductores infieles: «traduttore traditore»_; más allá los prodigios del purgatorio; en la cumbre la gloria divina, la inmortal aurora del Paraíso. Y poseido de la fe en el arte y en su poeta, siguió hacia arriba, escalón por escalón, terceto por terceto, hasta poder escribir ya en la cima después de esfuerzos admirables, el verso ansiado de la coronación de la obra. _El amor que al sol mueve y las estrellas._ Después de todo, ¿quién sabe si refresca y halaga más a esa frente marcada por la guerra, el fresco y verde laurel de los poetas que las coronas ganadas en las luchas tribunicias, o las palmas de las batallas?

[Ilustración]

EL AMIGO AZAROFF

TENGO un amigo que se llama Azaroff. Es estudiante; vivía en un cuartillo estrecho y barato del barrio. ¿Es nihilista? No lo sé. Lo sospecho. Lo conocí en una conferencia de Mecislas Galberg, una noche, en el café Voltaire. Es un hermoso gigante rubio, de frente pensadora, ojos dulces, brazos fuertes, largos cabellos. Escribe sobre filosofía y sobre poesía y hace versos en su idioma. Es silencioso; mas en horas de amistad y de expansión mental se desborda en un francés puro--le conoce admirablemente--y ese eslavo, ese bárbaro parece un ardiente latino. ¡Cuántas noches hemos hablado de altas cosas, de nobles asuntos, recorriendo las orillas del moroso Sena! Ha sido amigo de Gorki y me ha contado curiosas anécdotas de la vida de ese sincero y grande escritor. ¿He dicho yo que Azaroff es muy pobre? Con un escasísimo puñado de rublos que recibe mensualmente de un pariente moscovita, logra todavía «proteger» a dos compañeros. Uno de ellos es una joven que estudia medicina y que es de una belleza soberbia e imponente. Ahora, sabed bien esto que parece extraordinario a mi sangre meridional y a mi idea de la existencia: Azaroff no tiene el menor interés sensual ni sentimental con esa cuerda y admirable amiga. Ella no le ama; él no la ama. Se quieren y se cuidan como dos camaradas buenos. Ella le hace el _menage_, le zurce la ropa; le pega el botón que le falta; le va a buscar las patatas fritas; le calienta el samovar. Él le lleva flores y libros usados de los _quais_. Leen juntos sus novelitas y sus poetas; van al concierto el domingo; una que otra vez al teatro. Después se separan con un cordial apretón de manos. Y él es para mí maravilloso así; y ella es honrada, como lo pueden asegurar sus vestidos más que humildes y sus zapatos gastados. ¡Con ese par de ojos, con esa tez de rosa fresca con ese cuerpo y en este París!

Esta mañana vino Azaroff a verme, muy temprano. Su visita era visita de despedida.--«Me voy me dijo, me voy en el tren de esta noche». Blandía un diario. Tenía en los ojos, suaves y azules relámpagos. Jamás le vi así. Recorría la habitación movido por sus nervios en tempestad. Comprendí lo que pasaba en su espíritu.--«Las noticias de su tierra... ¿no es así, mi querido amigo?»

--«Sí--me contestó con una voz que yo no le conocía.--¡Sí, por fin despierta Rusia, por fin despierta de un profundo sueño de siglos!»

Las noticias: el pueblo por primera vez alzando su voz de protesta; el Zar ignorante y como acorralado en su palacio titubeando entre la oleada de afuera y la opresión de adentro; la sangre sobre la nieve en plena capital autocrática; las tropas peleando y lanceando a la muchedumbre; un pope que lleva la voz de los que protestan y a su lado la simpatía de toda la tierra; el comienzo de una tragedia que será la repetición histórica de la gran tragedia francesa de la Revolución; así el paisano ruso no está a la altura del paisano de Francia, ni la monarquía del autócrata de San Petersburgo está en iguales condiciones que la elegante y culta monarquía que tenía por flor suprema el libro llamado _María Antonieta_, el evangelismo tolstoiano de Yasnaia Poliana transformándose en la acción violenta y la represalia, el «padrecito» convertido en verdugo de su pueblo.

--«El padrecito convertido en verdugo de su pueblo, quizá _malgré lui_»--dije a Azaroff.

--«Sacha, el padre de este «padrecito», fué despedazado por la dinamita--me contestó.--El fenómeno que hoy presencia la humanidad es el de la transformación de la protesta individual o de asociación, en protesta colectiva y unánime, en el grito general del pueblo ruso. Se ha cazado en las calles y sobre el Neva helado a las pobres gentes, como a patos. No sabe lo que hace el Gobierno, no sabe lo que ha hecho. Las célebres palabras: _C'est une émeute?_

--_No, sire c'est une revolution!_ tiene ahora una explicación justa. Se ha despertado a esa enorme Nación, en verdad, de su sueño de siglos. Es cierto que, en el fondo de las estepas, hay una pasividad casi de piedra y que se ignora todo; mas el Mujick mismo oirá estos clamores, y la sangre tiene una elocuencia irresistible. Son los trabajadores los que se levantan y son los intelectuales; y hay los creyentes y hay los que no creen. Os aseguro: en el ejército mismo hay una buena parte que está con nosotros.

Ha habido soldados, ha habido cosacos que han arrojado sus fusiles para no tirar contra sus infelices hermanos. Hay quienes opinan que es menos peligrosa para la Corona rusa la acción colectiva que la acción individual, yo digo que una no quita otra, y que no impide la obra revolucionaria el gesto anárquico y vengador de un Sasonoff. Hay quienes también censuran la oportunidad del movimiento, y dicen que no es de quienes buscan el bien de la patria el levantarse cuando el extranjero enemigo está venciendo al ejército nacional allá en Manchuria... A Manchuria debían haber ido a disparar sus rifles los asesinos de obreros, de mujeres y de viejos y de niños; a Manchuria debían haber ido a mostrarse valientes, y no contra los trabajadores desarmados que no han ido sino a pedir justicia; que no han solicitado más que ver al emperador, el cual ha evitado la entrevista por mal aconsejado o por miedoso, a pesar de la tranquila actitud popular y de las advertencias del bravo pope Gapon.»

Azaroff fumaba, y sus palabras, indignadas, salían envueltas en humo.

--Ya veréis--continuó--cómo renace en un momento la energía de los indomables de antaño. Se dice que el Gobierno sabrá reprimir el movimiento. Sin embargo, el explosivo va, como el grisú, por lo subterráneo. Se agitará el pueblo en Varsovia, en Riga, en todas partes; los Centros revolucionarios que trabajan en el extranjero activan su labor. No será extraño, y será casi seguro, que los atentados aislados del nihilismo empiecen de nuevo. ¡Ah, pobre gigante ruso! ¡Por un lado, se hace destrozar por los hábiles japoneses, que ellos sí, a pesar de ser el Mikado descendiente de Dioses y a pesar de haber sido hasta ayer un pueblo bárbaro, tienen Constitución, tienen leyes que reglamentan el trabajo, tienen libertad de la Prensa, y por otro, se hace fusilar por los seides de la más absurda tiranía en pleno siglo XX!

¡Y esa riqueza, y ese robo, y ese peculado de arriba ante la miseria y los sufrimientos de abajo, y esa ignorancia y ese fanatismo, provechoso a quien no solamente es el Monarca absoluto, sino también el Papa, el jefe espiritual y sacrocesáreo de tantos millones de hombres! Y esos grandes duques, borrachos, que vienen a hacer escándalo a casa de Maxim, a los hoteles de la Riviera; esos aventureros haraganes, que desde que nacen tienen millonadas de rublos, honores, consideraciones, respetos... ¿Cuántos de esos Vladimiros y Cirilos andan a la cabeza de las tropas allí donde los infelices soldados están muriendo, sin saber casi por qué, y a los que no se les da más consuelo que iconos y bendiciones? La sangre derramada en la guerra y la de los obreros se juntan para la conciencia rusa, que no ve más que una causa: la secular oligarquía, que había de desaparecer al empuje de la Revolución rusa. Por más que murmuren los incrédulos, ya se verá en todo el mundo el resplandor que brotará de la ardiente hoguera de la Revolución rusa... Yo me voy; otros compañeros se van. Vamos exponiendo la vida, pero hay que cumplir con su deber. Aquí, en París, en otras partes de Europa, en los Estados Unidos, tenemos focos organizados, que alentarán de diferentes guisas al impulso. No ha de pasar mucho tiempo sin que grandes acontecimientos revelen a la Humanidad que el pueblo ruso no es un pueblo muerto. Allá serán capaces de matar a unos cuantos directores; matarán a Gorki, por ejemplo; pero hay muchos jacobinos que le reemplazarán. La protesta activa se hará también notar en otras partes, sobre todo en donde la población del Zar abunda, en donde somos los rusos de ideas libres vigilados y perseguidos... Y luego, repito que en el pueblo de allá no hay tanta ignorancia de lo que pasa. Los proverbios son, como sabéis, la sabiduría de las naciones. Y los proverbios nuestros dicen: «La Rusia es grande y el Zar es ancho». «Si el Zar nos da un huevo, nos toma una gallina». «La corona del Zar no le libra del dolor de cabeza». «Cuando el Zar muere, ni un mujick quisiera cambiarse por él». «Una lágrima del Zar cuesta al país muchos pañuelos». «Un Zar bien gordo no pesa más en las espaldas de la muerte que un mujick flaco». «La mano del Zar no tiene más que cinco dedos, como las otras». «El Zar mismo no puede apagar con su soplo el sol».

--¡Adiós!--me dijo Azaroff.--¡Quién sabe si volveremos a vernos!

--¡Adiós, Azaroff, amigo mío, puesto que vas a tu tierra a trabajar por la libertad de tu pueblo inmenso!

Luego he visto a su amiga, la hermosa estudianta. Le hablé del compañero que partía, y vi en su rostro admirable, en el gesto de sus frescos labios, en lo hondo de sus brillantes ojos, más orgullo que pesar.

--Qué, ¿no hay amor?--le pregunté.

--¡Sobre el amor--me dijo--está la libertad!

[Ilustración]

ONOFROFFISMO

La comedia psíquica

SEÑOR director de _La Nación_: _Misterium_ ha conversado conmigo sobre el artículo que hoy ha publicado en estas mismas columnas el señor Raoul Morlais. Me ha dicho asimismo que puedo comunicar a usted su respuesta.

_Misterium_ ha conocido a madame Blavatsky por las propias obras de ella, por la biografía que escribió la hermana, y por los apologistas del _Lucifer_, sin contar con el ferviente y apasionado libro de Sinnet, en que se trata de la renombrada y extraordinaria taumaturga.

Pero también ha leído--¡ay, desgraciadamente para su credulidad de poeta, y amigo de lo supra-terrestre!--los escritos de algunos señores que no son teósofos ni poetas, entre los cuales señores Andew Lang y Max Müller.

No es _Misterium_, por cierto, adorador de la ciencia; pero protestando y todo, a pesar de la sonada reciente bancarrota, se deja aplastar por el carro de Jagernant.

Antes--y ahora, cuando no sale del recinto de sus sueños--creía en una madame Blavatsky completamente maga; una madame Blavatsky que conversaba a millones de leguas con sus amigos y maestros, los mahatmas del Tibet; una madame Blavatsky que _hacía_ materia--, y la más preciosa: oro. Imaginábasela rodeada de sus elementales, como una reina de cuento azul de gnomos.

Quiso ser teósofo, y se dió a estudiar libros y revistas especiales, que tenían en las carátulas cabezas de Gistos sobre estrellas enormes, o frases en hebreo, o misteriosos paragramas. Pronunció muchísimas veces con la unción de un digno catecúmeno, la sagrada y mágica palabra _um_; y tan a pechos tomó la lectura de autores esotéricos, que, poco más, y le sucede lo que le sucedió al reverendo padre Valdecebro.

Cuando más vigorosamente se entusiasmaba y juraba por el coronel Olcott, bravísimo profeta de madame Blavatsky, y afianzaba más su fe al conocer como sabios de la talla de Crookes, presentaban a Katy King, encantadora difunta, como si fuese una señorita viva; y como la sociedad teosófica aumentaba sus numerosos adeptos, hindús, ingleses, yankees, franceses y españoles, cayeron en sus manos los escritos de los antiteosofistas.

Mucho tuvo que luchar _Misterium_ para no dejarse arrebatar su ilusión, que juzgaba verdadero tesoro.

Calificó de envidiosos y de cobardes a los que se atrevían a llamar vulgar espía político a la Papisa budhista, y, sobre todo, a negarla su potencia maravillosa.

Asistió todavía en espíritu al baile blanco que dió la duquesa de Pomar a la persona astral de María Estuardo, y se refugió en su ensueño para librarse de los mandatos de la ciencia oficial.

Mas hasta allí persiguiéronle los horribles hombres científicos, los cuales fueron los primeros en pronunciar las palabras que han llamado la atención del Sr. Morlais: «Monstruoso charlatanismo».

El Sr. De Morlais debe conocer la campaña emprendida contra madame Blaratsky y la doctrina que propagaba, sobre todo, con motivo de sus milagros y manifestaciones taumatúrgicas.

Mucho han defendido sus discípulos y apóstoles, a la innegablemente simpática e inteligentísima rusa, la cual obtuvo su maravillosa ciencia por don especial, pues sin haber frecuentado los libros, sabía tanto como muchos sabios.

Mas sus contrarios no cesan, a pesar de haber ella muerto; el número y calidad de ellos, sobre todo la calidad, son abrumadores.

* * * * *

¿Quiere el Sr. De Morlais una prueba recientísima?

Abra el último número llegado--número de febrero--de la _North American Review_, y lea las páginas escritas por Sedwidg Minot sobre «La comedia psíquica». La fuente no es, por cierto, de escasa o sospechosa autoridad.

Se ocupa el escritor en dinamitar esos dos Palacios de _Las mil y una noches_, que basados en una poética ciencia--¡cómo se entrechocan esas palabras!--son consoladoras y amables academias, para el alma y para la poesía: la _Sociedad Teosófica_ y la _Sociedad Psíquica_.

Sus ideas son claras y fuertes, y sus frases sin penachos.

¿Cuál es la causa de los recientes entusiasmos hiperespirituales? Según él, está en nuestra atmósfera mental. Algunas personas están satisfechas con el ideal cristiano y con la cristiana aceptación de los límites de la humana vida.

Su objeto es demostrar que la Theosophical Society, no merece una seria consideración, y que la Psychical Society, no observa las necesarias condiciones de investigación científica en sus rebuscas sobre transmisión de pensamiento--telepatía--y fantasmas, o aparecidos.