Proceso del Dr. José Rizal Mercado y Alonso

Part 2

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«La misión de la autoridad en estos casos es, á mi juicio, bien clara. Castigar duramente á los traidores convictos de su crimen, nunca sacrificar sin pruebas ni sentencia á los que acuse la pasión ó el estravío de entusiasmos ardientes, que pueden ser hasta nobles, pero equivocados en sus juicios. Para ciertas gentes las pruebas de carácter y de energía se dan fusilando á diestro y siniestro, á gusto del público, que suele ser apasionado, cuando es precisamente lo contrario: la energía se demuestra resistiendo todo género de imposiciones, y esa más que ninguna. Fusilar, es muy fácil; lo difícil es no fusilar.»

«Si en algo debe una autoridad extremar el severo cumplimiento de la ley es en la recta administración de justicia, que nunca ni por nada debe torcerse.» [págs. 65 y 68, de su Memoria]

Y porque no quiso dar cebo ni pasto á la opinión conjurada, fué relevado. «Bien pueden estar satisfechos y orgullosos--termina--los conjurados. Su triunfo ha sido completo y pueden vanagloriarse de haber derribado á un Gobernador y Capitán General de Filipinas mandando su Ejército frente al enemigo; pero yo daré por bien empleada mi horrible mortificación, mi sufrimiento y, ¿por qué no decirlo?, hasta la vergüenza, que aún ahora mismo me enrojece el rostro, si esa humillación sirve de ejemplo para que no se repitan nunca más hechos parecidos.» (pág. 78)

Polavieja, pues, fué la concesión á la opinión conjurada; y á lo que se negó Blanco, hízolo Polavieja: fusilar á Rizal. Porque, de no hacerse así, como dijo Cánovas á Pí y Margall, ¿«quién pondría entonces el cascabel al gato?». Había tal fiebre patriótica que el desvarío fué no más que consecuencia de estado tan morboso. Quizás, Jesús, previendo cosas por el estilo en las convulsiones sociales, dijo á sus discípulos: «Va á venir tiempo en que quien os matare, se persuada hacer un obsequio á Dios.» Tan terrible verdad, sobre todo, cuando median fanatismo, interés ú odios de raza, no debe olvidarla el historiador. Es propio del espíritu humano, escribe Federico el Grande, que los ejemplos no corrijan á nadie; las tonterías de los padres no enmiendan á los hijos; es necesario que cada generación haga las suyas. Y la generación de aquella aciaga época tuvo que pagar su escote á verdad tan humana.

Justo es declarar que hubo entonces espíritus serenos, imparciales. Blanco en primer término, y luego los hermanos Andrade y algún otro más. Polavieja mismo, á costa de dolorosísima experiencia, convencióse de su error y del de la situación que le trajo á las Islas, y dijo, á su regreso á España, lo que tanto deplora Fr. Matías Gómez: que los Religiosos no conocen el país ni al indio. «La verdad es, informó Blanco, que nadie sabía más, ni aún siquiera tanto como yo.»

Con la lección de los acontecimientos posteriores ¿no habría sido mejor haber seguido las indicaciones de Sinibaldo de Más, quien en 1842 propuso al Gobierno español medios tendentes á emancipar las Islas?

«Para conseguir este fin [de resolver la emancipación de Filipinas y prepararla para darle la libertad] se hace necesario adoptar un sistema cuasi diametralmente opuesto al primero [de retención perpetua de las Islas]. El objeto principal debe ser el que no se derrame sangre, que las relaciones de amistad y de comercio con la España no se interrumpan, que los españoles europeos que en ella se encuentra no pierdan sus bienes muebles ó inmuebles, y sobre todo que nuestra raza allí, los españoles filipinos, conserven sus haciendas y los derechos de naturalización y queden libres de la desgraciada suerte que les amenaza y aún que inevitablemente les espera, si se separa violentamente y en este momento la colonia. Es preciso fomentar la instrucción pública por todos los medios posibles, permitir periódicos sujetos á una liberal censura, establecer en Manila un colegio de medicina, cirujía y farmacia: romper las vallas que dividen las razas, amalgamándolas todas en una, á cuyo fin se admitirán para cadetes de los cuerpos militares, con perfecta igualdad á españoles del país, mestizos chinos y filipinos: se abolirá la contribución del tributo personal, ó se impondrá uno igual y general, al que estarán sujetos todos los españoles; este último plan me parece más conveniente por hallarse la capitación ya establecida y no ser oportuno hacer prueba de contribuciones nuevas cuando se trate de dejar al país que se gobierne por sí mismo. Como el tributo actual no es igual, se tomará el promedio y se fijará por consiguiente, á quince ó diez y seis reales por tributo entero, ó sea un peso fuerte anual para cada persona adulta tributante: este arreglo producirá un aumento en las rentas de 2 á 300,000 pesos fuertes, cuya suma se consagrará á dar impulso á la mezcla de las razas, protegiendo los matrimonios cruzados por medio de dotes concedidos á las solteras de este modo. A una mestiza china que se case con un filipino 100 ps. fs.; á una filipina que se case con un mestizo chino 100 ps. fs.; á una mestiza china que se case con un español 1,000 ps. fs.; á una española que se case con un mestizo chino, 2,000 ps. fs.; á una filipina que se case con un español 2,000 ps. fs.; á una española que se case con un principal filipino, 3 ó 4,000 ps. fs. Se nombrarán algunos alcaldes mayores de provincia mestizos y filipinos; se mandará que cuando un principal filipino vaya á casa de un español le dé asiento como á su igual, en fin, por éstos y otros medios se borrará de la mente de los naturales la idea de que ellos y los castilas son dos clases de gentes distintas, y se emparentarán las familias de tal modo que cuando libres del dominio castellano quisiesen algunos exaltados filipinos expulsar ó esclavituar á nuestra raza la hallasen tan entrelazada con la suya propia, que fuese su proyecto materialmente impracticable.

Al cabo de algunos años cuando esté la población desbastada suficientemente, se formará una asamblea de diputados del pueblo para que celebre sesiones en Manila durante dos ó tres meses cada año, en las cuales se tratará de los negocios públicos, particularmente de las contribuciones y presupuestos; y después de algún tiempo de tal educación política se podrá sin temor retirar nuestro gobierno, fijando antes el que haya de quedar establecido, que probablemente sería alguna Constitución análoga á las de Europa, con un príncipe real al frente escojido de entre nuestros infantes.

Mi tarea está concluída. Cual de los planes arriba analizados sea más justo ó conveniente seguir, no me toca á mí recomendar cuanto menos proponer.

Añadiré, sin embargo, una página para emitir mi opinión como individuo de la nación española. Si yo hubiese de elegir votaría por el último. No sé qué beneficios hayamos reportado de las colonias: la despoblación, la decadencia de las artes y la deuda pública nos vienen en gran parte de ellas. El interés de un Estado consiste, á mi modo de ver, en tener una población densa y bien educada; y no hablo solamente de educación literaria ó política, sino de aquella general que hace á cada uno perfecto en su oficio, quiero decir de aquella que constituye á un ebanista, tejedor, ó herrero, el mejor ebanista, tejedor, ó herrero posible. El mayor ó menor número de máquinas es en nuestro siglo un termómetro cuasi seguro para conocer el poder de los imperios.

Una colonia no puede ser útil sino con el fin de llenar alguno de estos tres objetos. Hacer de ella un país tributario para aumentar la renta de la metrópoli; (como efectúa la Holanda por medio de un sistema compulsivo y exclusivo); erigirla en segunda patria y sitio de emigración para la población sobrante (como son más particularmente la Australia, Van-Diemen y Nueva Zelandia); en fin procurarse en ella una plaza para espender productos de la fábricas nacionales (que es el principal blanco de los establecimientos ultramarinos modernos). Para el primero ya hemos visto que las Filipinas son un pobre recurso y lo serán en mucho tiempo; y no me admiraré de que antes de perderlas nos cuesten al contrario algunos millones; para el segundo, son innecesarios; pues no tenemos población sobrante de que descargarnos; y para el tercero inútiles, pues carecemos de manufacturas que exportar. Barcelona que es el país más fabril de la Península no tiene con ellas la menor comunicación directa: todo lo que se lleva allí desde Cádiz consiste en un poco de papel, aceite y licores: sino fuese por el tabaco y los pasageros que van y vienen, uno ó dos buques anuales bastarían para encerrar todas las especulaciones mercantiles entre ambos países. Algunos observarán sin embargo, que si ahora nuestra industria está atrasada podrá dentro de algunos años hallarse al nivel de las más perfectas y contar en Filipinas con un rico mercado ... La separación no impedirá entonces esta ventaja: el comercio de Inglaterra con la América del Norte, es ahora cien veces mayor que cuando obedecía á sus leyes.--Que si no tenemos población sobrante podremos tenerla dentro de un siglo.... Entonces las Filipinas no estarán escasas de habitantes y sería preciso emigrar á las Marianas.--Que si dejamos el país, pronto se perderá, por lo menos entre los naturales, la religión cristiana.... Como no soy misionero, confieso que la objeción no me hace gran fuerza y creo que Dios basta por sí solo para cuidar de la salvación de sus pueblos....--Que atendida la dificultad de defender aquel país dividido en muchas islas y sus demás circunstancias no se puede dudar de que pronto caerían con alguna excusa ó sin ella en poder de la Inglaterra, Francia ú Holanda, de lo cual hasta ahora se ha librado por el respeto que se tiene á la España, y que si no en manos de potencias europeas caerían en las de naciones asiáticas, especialmente de los chinos, bajo cuyo yugo gemirían ya hace muchos años, si no hubiesen batallado para impedirlo soldados de Castilla, ó si no en las de los nacientes estados de Nueva Australia, Van-Diemen y Nueva Zelandia.... Por estos principios deberíamos erigirnos en caballeros andantes de todos los pueblos desvalidos: cuando tal caso llegue, los españoles establecidos en el país tendrán siempre el recurso de volver á su patria primitiva....--Que la España ha gastado por las islas más de 300 millones de pesos fuertes, á más de infinitas vidas, y es muy justo que nos reembolsemos.... También hemos gastado mucho oro en expediciones á la Tierra Santa, y no pensamos en recobrarle....--Que con un rey ó gobierno propio tendrían los filipinos que pagar más pesadas contribuciones que las que ahora de ellos se exigen como es fácil comprobar con el ejemplo de las naciones libres, sin exceptuar á la misma España.... Lo propio ha sucedido á los griegos, que están ahora más pobres y pagan más que antes de la insurrección, y sin embargo no llaman á los Osmanlis. Y si los filipinos nos echan de menos algún día, se acordarán entonces de nuestros tiempos con reconocimiento, y se arrepentirán de la ingratitud que muchos de ellos nos han manifestado...--Que la culpa de algunos no ha de caer sobre la cabeza de todos, que los que desean la ruina de nuestro dominio son los menos, los díscolos y los ambiciosos; y que si se preguntase á los habitantes uno por uno si querrían que nos marchásemos ó nos quedásemos los 90 por 100 votarían por lo último.... Suponiendo que sea ésto cierto, no me convence enteramente, porque sé que las mujeres turcas juzgan que su suerte es muy feliz y compadecen la de las Europeas y ésta no es sin embargo, una razón para creer que su condición es envidiable y que si conociesen otra vida que la del harem pensasen del mismo modo. En conclusión, si conservamos las islas por amor á los isleños, perdemos el tiempo y el mérito; porque el agradecimiento se encuentra á veces en las personas, más nunca debe esperarse de los pueblos; y si por amor nuestro, caemos en una anomalía porque ¿cómo combinar el que pretendamos para nosotros la libertad y queramos al mismo tiempo imponer la ley á pueblos remotos? ¿por qué negar á otros el beneficio que para nuestra patria deseamos? Por estos principios de moral y justicia universal y porque estoy persuadido de que en medio de las circunstancias políticas en que se halla la España se descuidará el estado de aquella colonia; no se adoptará (ésta es mi convicción) ninguna de las medidas que yo propongo para conservarla; y se emancipará violentamente, con pérdida de muchos bienes y vidas de españoles europeos y filipinos, pienso que sería infinitamente más fácil, más útil y más glorioso el adquirir nosotros el mérito de la obra, anticipándonos con la generosidad. Así los escritores extranjeros que tantas calumnias han estampado injustamente contra nuestros gobiernos ultramarinos, escritores de naciones que nunca satisfacen su hambre de colonias, tendrían por lo menos esta vez que decir; «los españoles, cruzando nuevos y remotos mares, extendieron el dominio de la geografía descubriendo las Islas Filipinas. Hallaron en ellas la anarquía y el despotismo, y establecieron el orden y la justicia: encontraron la esclavitud y la destruyeron imponiendo la igualdad política; rigieron á sus habitantes con leyes, y leyes benévolas; los cristianizaron, los civilizaron, los defendieron de chinos, de piratas moros y de agresores europeos; les llevaron mucho oro y luego les dieron la libertad.» (Política interior.... págs., 95 al 101).

Como los papeles que aquí exhumamos y reproducimos pertenecen al régimen español y son de procedencia española, nuestras notas se circunscriben también á homogéneas fuentes de información, así autógrafas, como manuscritas ó impresas, y de nuestra propiedad, con el objeto de indicar, de una manera autorizada, las distintas fases y aspiraciones de la política española en Filipinas, omitiendo, de las impresas, las de general conocimiento y de fácil adquisición.

Epifanio de los SANTOS CRISTOBAL.

C. de la Real Academia de Historia.

PROCESO

DEL

DR. JOSÉ RIZAL MERCADO Y ALONSO.

PLAZA DE MANILA. Año de 1897.

CAPITANIA GENERAL DE FILIPINAS

Juzgado de Instrucción, CAUSA. [1]

Instruída por rebelión, sedición y asociación ilícita contra el Dr. José Rizal Mercado y Alonso.

Empezaron las actuaciones en 3 de Diciembre de 1896. Fué preso el acusado en

Juez Instructor Secretario El Capitán de Infantería El Cabo E. del Regimiento No. 74 Don Manuel Carrillo y Ojeda [2] Juan González García

--Oficio del general Blanco. Manila. 2 Diciembre 1896 remitiendo al Juez instructor D. Rafael Domínguez, un «testimonio deducido de los autos, referente al encartado en ellos y detenido incomunicado en la Real Fuerza de Santiago D. José Rizal y Mercado Alonso» que con fecha 26 de Noviembre le había remitido el Juez instructor D. Francisco Olive.

[Coletilla de Blanco:]

«Lo que con inclusión del testimonio que se cita en el anterior inserto, traslado á Vd. á fin de que con el carácter de Juez y auxiliado del Secretario que tiene designado al efecto, proceda á incoar con la mayor actividad la correspondiente causa, haciéndole presente que el citado D. José Rizal y Mercado Alonso se halla preso incomunicado en la Real Fuerza de Santiago donde queda á su disposición.

--3 Dbre. 1896.--Queda aceptado el Secretario, Cabo europeo del Regimiento de Manila núm, 74 Juan González García.

--3 Dbre. 1896.--Diligencia de quedar unido el testimonio.

Un testimonio de los cargos que le resultan al Dr. D. José Rizal Mercado y Alonso, deducidos de la causa que se instruye en dicho Juzgado [militar de la Capitanía General, en la plaza de Manila] contra D. Benedicto Nijaga y otros individuos, por los delitos de rebelión y asociación ilícita. [Juez instructor, Coronel de Infantería D. Francisco Olive García; Secretario, el 1.er teniente del Regto. infantería n.o 73 D. José Fandos Novella.]

[Fol. 4.]

[--Folios 2293 al 2230 vuelto. Declaración indagatoria del médico detenido D. José Rizal Mercado y Alonso.]

"Manila, á los veinte días del mes de Noviembre de mil ochocientos noventa y seis, compareció ante S. S.a y presente secretario el individuo anotado al margen, y habiendo sido preguntado convenientemente y advertido por S. S.a de la obligación que tiene de decir verdad, Dijo: Llamarse D. José Rizal Mercado y Alonso, natural de Calamba, Provincia de La Laguna, mayor de edad, de estado soltero, profesión médico, no ha estado procesado; y--Preguntado si conoce á Pío Valenzuela, si les une parentesco ó amistad, si están enemistados y si le tiene por sospechoso, Dijo: Que en Dapitan conoció un médico llamado D. Pío que

[Fol 4 vto.]

le llevó un enfermo de la vista, al que no conocía anteriormente ni volvió á ver y al que más bien le une amistad y reconocimiento por las atenciones que guardó á la familia del declarante durante el viaje y el regalo que le hizo de un botiquín.--Preguntado: si conoce á Martín Constantino Lozano, si les une parentesco ó amistad, si están enemistados ó si le tiene por sospechoso, Dijo: Que no conoce á ninguna persona de ese nombre, pero que pudiera ser que conozca al individuo si le viera; y Preguntado si conoce á Águedo del Rosario,... Dijo: que no conoce ningún individuo de ese nombre, pero pudiera suceder que le conociera personalmente; y Preguntado si conoce á José Reyes Tolentino..., Dijo: que no le conoce; y preguntado si conoce á Antonio Salazar,... Dijo: que conoce un sujeto apellidado Salazar que es dueño del Bazar del «Cisne,» donde se provee de zapatos el declarante, pero no le conoce personalmente ni sabe si su nombre es Antonio; y Preguntado si conoce á José Dizon, Dijo: Que ha oído nombrar á un grabador de ese nombre y apellido, pero no le conoce personalmente; y Preguntado si conoce á Moisés Salvador,... Dijo: que conoció á Moisés Salvador en 1890 en Madrid; que no les une parentesco, pero que en aquella echa tuvieron trato como paisanos, pero que no le tiene por sospechoso; y Preguntado: si conoce á Domingo Franco, comerciante en tabaco en rama que vive en Nagtajan, Dijo: Que no le conoce; y Preguntado: si conoce á Irineo Francisco, Dijo: que no le conoce; y Preguntado: si conoce á Deodato Arellano... Dijo: Que le conoce, porque cuando vino el declarante á Manila en 1887 le visitó para felicitarle por el «Noli me tangere»; que en 1890 tuvo el declarante algunos disgustos y rozamientos con Marcelo H. del Pilar, cuñado de Deodato Arellano y supo que éste último habló mal del declarante y hasta manifestó que estaba bien deportado en Dapitan por cuyo motivo le tiene por sospechoso; y Preguntado, si conoce al teniente D. Ambrosio Flores, presidente del Consejo Regional Masónico de Filipinas, Dijo: que no le conoce personalmente ni de nombre; y Preguntado si conoce á Teodoro Plata, Dijo: que no le conoce personalmente ni de nombre; y Preguntado si conoce á Ambrosio Salvador, Dijo: que le conoce por ser el padre de Moisés Salvador, al que le fué presentado por su hijo; y Preguntado si conoce á Bonifacio Arévalo, Dijo: Que le conoce porque estuvo á comer un domingo el declarante en la casa de Bonifacio Arévalo, al que no ha vuelto á ver desde entonces, y Preguntado: si conoce á Timoteo Páez... Dijo: Que le conoció en 1892, porque le fué presentado por Pedro Serrano, con el cual tuvo alguna intimidad en aquella fecha; pero luego ha sabido el declarante en Dapitan que estaba en contra suya; y Preguntado: si conoce á Francisco Cordero, Dijo: Que no le conoce personalmente ni de nombre; y Preguntado, si conoce á Estanislao Legazpi, que vive en la calle de Encarnación, núm. 36, de Tondo, Dijo: Que no le conoce personalmente ni de nombre, pero cree recordar alguna firma de Legazpi en alguna carta dirigido á Marcelo H. del Pilar ó alguna otra

[Fol 6.]

persona; y Preguntado si conoce á los hermanos Alejandro y Venancio Reyes, sastres establecidos en la Escolta, Dijo: Que conoce un compañero de Colegio que se apellida Reyes, que tiene sastrería en la Escolta, en la que se hizo un traje, pero no tiene amistad con el citado; y Preguntado: si conoce á D. Arcadio del Rosario,... Dijo: Que le conoció en Manila siendo niño el declarante y luego en Madrid tuvo con Don Arcadio algún trato; y Preguntado: si conoce á D. Apolinario Mabini, Dijo: Que no le conoce personalmente ni de nombre; y Preguntado si conoce á Pedro Serrano,... Dijo: Que le ha conocido en Manila en 1887, y luego han tenido alguna intimidad en Europa, pero luego ha sabido el declarante que le hacía la guerra, por lo que le tiene por sospechoso. Y Preguntado.--(sic) Además de llevarle un enfermo á Dapitan, ¿con qué otro objeto hizo el viaje Pío Valenzuela, y de qué asuntos le habló y dió conocimiento, Dijo: Que el médico D. Pío le habló al declarante de que iba á llevarse á cabo un levantamiento

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y que les tenía con cuidado lo que pudiera ocurrirle al declarante en Dapitan. El dicente le manifestó que la ocasión no era oportuna para intentar aventuras, porque no existía unión entre los diversos elementos de Filipinas, ni tenían armas, ni barcos, ni ilustración, ni los demás elementos de resistencia, y que tomaran ejemplo de lo que ocurría en Cuba, donde á pesar de contar con grandes medios, con el apoyo de una gran Potencia y de estar avezados á la lucha, no podían alcanzar sus deseos, y que cualquiera que fuera el resultado de la lucha, á España le convendría hacer concesiones á Filipinas, por lo que opinaba el declarante debía de esperarse; y Preguntado: si ha formado ó constituído en Madrid una Asociación de Filipinos, qué nombre ó denominación se le dio á la aludida Sociedad, y cuáles eran su objeto y fines, Dijo: Que con un nombre ó denominación que en este momento no recuerda, que el declarante constituyó una Asociación de Filipinos en Madrid, que tuvo corta existencia, y cuyo objeto era el de moralizar la Colonia Filipina. Y Preguntado qué relación existía entra la aludida Sociedad y el periódico La Solidaridad, Dijo: Que eran independientes una de otra; Que Mar-

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celo H. del Pilar hacía trabajos para que La Solidaridad y la Asociación fuesen dirigidas por el citado Marcelo; y encontrando el declarante marcada oposición por el citado Marcelo á sus deseos de que no se realizara la fusión, dejó la dirección de la Sociedad el declarante y se marchó á París. Y Preguntado: Qué tendencias políticas perseguía la repetida Sociedad, Dijo: Que ninguna; que la parte política estaba encomendada al periódico La Solidaridad, dirigido por Marcelo H. del Pilar. Y preguntado si ha dado comisión á alguna persona ó si ha hecho trabajos para la instalación de Logias Masónicas en Filipinas, Dijo: Que puede asegurar que no ha tenido la menor intervención de la Masonería en estas Islas. Y Preguntado si ha redactado los estatutos ó reglamentos para una Asociación denominada «Liga Filipina», y á qué persona remitía dichos estatutos, y con qué objeto, Dijo: Que en 1891 llegó á Hong-Kong el declarante y se hospedó en la casa de D. José Basa, cuyo sugeto, en las varias conversaciones que tuvieron, le dijo al dicente que la Masonería había tenido gran éxito en Filipinas; pero que los masones estaban muy quejosos en la parte

[Fol. 7 vto.]